Cómo exprimir al máximo un viaje a Marrakech

Mar­rakech prob­a­ble­mente sea una de las ciu­dades del mun­do que más sen­timien­tos con­tra­dic­to­rios me despier­ta cada vez que me acuer­do de ella.Por un lado,tiene rin­cones tan fascinantes,se res­pi­ra tan bien el exo­tismo de Mar­rue­cos y sobre todo el aro­ma desér­ti­co bereber,que enamora.Por el otro,toda esa atrac­ción por una ciu­dad con zonas real­mente encan­ta­do­ras puede desa­pare­cer por el ago­b­io tan exager­a­do a que se puede some­ter al turista,Leí en una guía que el 95% (el 95%!) de los tur­is­tas que van a Mar­rue­cos por primera vez y lo hacen a través de Marrakech,se lle­van una impre­sión tan nefas­ta del tra­to al vis­i­tante que no vuel­ven jamás.No les quito razón.Yo afor­tu­nada­mente había esta­do antes en Mar­rue­cos y me lo había imag­i­na­do pero no pen­sé que se lle­gara a esos extremos,sobre todo cuan­do en ningu­na otra ciu­dad mar­ro­quí me he vis­to forza­da a esa coacción,al contrario,me he sen­ti­do inmejorable­mente tratada.El gobierno,por medio de la creación de la policía turística,ha inten­ta­do paliar un poco el tema pero aun así,asume que te van a venir tres mil buscavidas,la may­oría con muy mal­os modales (es una pena que den esa ima­gen de la ciu­dad cuan­do a cam­bio tam­bién conoci­mos per­sonas amabilísimas).Lo mejor que puedes hac­er es pasar de ellos y no hac­er­les ni caso,por muy insis­tentes que se pongan.Y sobre todo,paciencia y buen humor.En Mar­rakech muchas veces no que­da otra.

Pese a todo,considero que sí,Marrakech es prob­a­ble­mente la ciu­dad más intere­sante y embria­gado­ra de todo Marruecos.La pena es que ese aire bohemio y rebelde se mit­igue tan fre­cuente­mente por lo que comenta­ba antes,el no dejar al via­jero ni respirar.Pero quizás por ello hay que ser un poco más benévo­lo a la hora de juz­gar a Marrakech.Ahora,también os digo que,como Milán,es de las pocas ciu­dades del mun­do que me he prometi­do no volver a pisar,excepto para aprovechar algu­na conex­ión de trans­porte (y Mar­rakech es,vía aeropuerto,una entra­da ide­al para el sur de Marruecos).Siento ser así de rígi­da pero habi­en­do otros sitios tan fasci­nantes en nue­stro país veci­no y habi­en­do vis­i­ta­do ya Marrakech,ni me lo planteo.No obstante,es un via­je del que guar­do muy buen recuerdo,hubo muchísi­mas cosas de la ciu­dad que me enam­oraron y el grupo de ami­gos que fuimos nos lo pasamos en gen­er­al bas­tante bien,con un mon­tón de anéc­do­tas en la mochi­la de vuelta.

 
Easy­jet ha quita­do la ruta Madrid-Mar­rakech que antes sí oper­a­ba y que es la que nosotros uti­lizamos pero he vis­to que Ryanair sí vuela allí.Asi que con antelación y un poco de suerte,te plan­tas en dos horas a las puer­tas del desier­to por 60 euros ida y vuelta..El taxi des­de el aerop­uer­to de Menara al centro,calcula unos cien dirhams (diez euros).Ten en cuen­ta que aunque vayais seis,que era nue­stro caso,entrar en un coche,entrais,con male­tas y todo.Los mar­ro­quíes tienen sus “propias” leyes de tráfico.Eso sí,dejad el pre­cio apal­abra­do antes de mon­taros.
 

Una de las cosas que sí que me encan­ta de Mar­rakech y que le da una iden­ti­dad propia frente a sus europeizadas ciu­dades vecinas,las norteñas,es que Mar­rue­cos es la ciu­dad africana por excelencia.El desier­to está a un paso,muy poca gente habla español (pero sí francés),al con­trario de lo que ocurre en el norte.Pese a ser la ciu­dad más turís­ti­ca del país y con una población de más de mil­lón y medio de personas,a día de hoy con­tinúa sien­do una ciu­dad mucho más con­ser­vado­ra y afer­ra­da a las tradi­ciones que Rabat o Casablanca.Marrakech es la cap­i­tal del ter­ri­to­rio bere­ber y es pre­cisa­mente una leyen­da de los bere­beres la que expli­ca que sea la “ciu­dad roja” por el col­or de sus casas:cuando se edi­ficó la pre­ciosísi­ma mezqui­ta de la Koutoubia en el corazón de la ciudad,ésta manó tan­ta san­gre que todas las fachadas de Mar­rakech quedaron teñi­das de carmesí.

 
 

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En mi opinión te recomien­do que te alo­jes en la zona vie­ja de la medina,que es mucho más auténtica.Y así,llegamos al tema de los hote­les y dos ten­go para recomendarte.El primero es el hotel Aganoue (1 Rue De La Recette Riad Mokha).Está sólo dos min­u­tos andan­do del pun­to con más ebul­li­ción de todo Marrakech,la Plaza de Dje­maa el-Fna (de la que os hablaré más ade­lante) y sale bas­tante bien de pre­cio, 50 euros la doble con desayuno.Por cierto,que se desayu­na en un salón mori­co pre­cioso situ­a­do en una de las plan­tas superiores.El personal,amabilísimo:una de las mañanas teníamos que coger un bus bas­tante tem­pra­no y nos sirvieron el desayuno una hora antes de la habitual.Esos detalles se agrade­cen.

 

La otra opción de alo­jamien­to que os doy prob­a­ble­mente sea el mejor riad en el que haya esta­do nun­ca en Marruecos.Y no por sus lujos,que sé que los hay mucho más exuberantes,sino por otros encan­tos que a veces el dinero no puede comprar.Está escon­didísi­mo en las calles de la med­i­na vie­ja (tan­to que el primer día le dimos a un chavalín una propina para que fuera capaz de guiarnos entre ese laber­in­to de calle­jones inter­minables que es la med­i­na de Mar­rakech) pero quizás eso sea lo mejor,te encuen­tras inmer­so día y noche en la vida cotid­i­ana de los marroquíes,aquí no se ve ni un turista,a no ser que estén alo­ja­dos en este o algún otro riad escondido.El Dar Lila sólo tiene cin­co habita­ciones (pese a que es bas­tante amplio) y cuan­do estu­vi­mos nosotros prác­ti­ca­mente las monopolizamos,aparte nues­tra sólo había una chi­ca de Zaragoza con su hija.Nos con­tó que se alo­ja­ba en el Dar Lila varias veces al año porque esta­ba abso­lu­ta­mente enam­ora­da de Mar­rakech y no había en su opinión mejor lugar para quedarse a dormir que éste.

 

Lo llev­a­ba (y espero que aún lo lleve,es un hom­bre bas­tante vieji­to) un señor educadísimo,con esa ama­bil­i­dad tan ele­gante de la que hacen gala los caballeros mar­ro­quíes de 70 años para arriba.Nos prepara­ba en el patio unos desayunos caseros espléndidos,nos per­mitía usar la coci­na para traer­nos comi­da a casa cuan­do quisiéramos (ese era otro gustazo,poder cenar en ese patio!!) y has­ta nos llevó a una tien­da de un ami­go donde poder sacar comi­da prepara­da a pre­cios mar­ro­quíes para gente marroquí.Para que os hagais una idea,una de las noches nos tra­ji­mos dos pol­los asa­dos, patatas, dos ensal­adas y las bebidas para seis por algo así como siete euros.Por cierto,este señor sólo habla árabe y francés,ni una pal­abra de español.Nosotros tuvi­mos la suerte de que dos de las chi­cas que venían hablaran francés pero para que lo ten­gais en cuenta.De todas formas,el hom­bre se inten­ta hac­er enten­der de todas las man­eras posibles,es muy majo.Ah,el precio.Tiradísimo.40 euros la doble con desayuno.Y el gus­ta­zo de estar a cin­co min­u­tos andan­do de las mural­las de Marrakech,que son fran­ca­mente espec­tac­u­lares!

 

En Mar­rakech hace un calor que te mueres.Quizás en invier­no sea más ase­quible pero como yo he ido en ver­a­no y he tenido unas olas de calor desér­ti­co de espanto,aviso que vayais prepara­dos de cre­ma solar,gafas y gorra.Y eviteis las prin­ci­pales horas del día donde más apri­eta Lorenzo,de doce de la mañana a siete de la tarde.Parece un poco surrealista,lo sé,porque son jus­to las horas que la gente cuan­do via­ja inten­ta aprovechar. Pero Mar­rue­cos es un mun­do aparte y más en verano,que las temperaturas,os lo digo yo,pueden con­ver­tir tus vis­i­tas en un infierno.Ellos hacen lo lógico,adaptarse al clima,y si un sue­co o un litu­ano no con­ciben cer­rar una tien­da todo el día y abrir­la a las nueve de la noche y cer­rar­la a las dos de la madru­ga­da es porque no se han puesto aquí a ple­na solana a bus­car un taxi a las tres de la tarde sin una som­bra cerca.Y mirad que yo el calor,pese a que me guste mil veces más el frío,lo lle­vo bien en gen­er­al y en sitios húmedos,como el Sud­este Asiático,me pego bue­nas caminatas.Pero es que el de Mar­rakech es sequísimo,casi pal­pas con la lengua el sabor de la are­na del desierto.Asi que a mi me encan­ta que se viva allí,sobre todo, de noche.

Vis­tas de la Plaza de Dje­maa el-Fna cuan­do empiezan a caer los rayos de sol

 

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Por ese motivo,por el de vivir de noche,la Plaza de Dje­maa el-Fna está desier­ta a las cua­tro de la tarde,quitando cua­tro tur­is­tas despistados,y sin embar­go en ple­na ebul­li­ción a las once de la noche,llena de fal­sos encan­ta­dores de ser­pi­entes (no fomenteis su sustento,las arran­can los colmil­los y las tienen semidrogadas),aguadores,unos pin­torescos per­son­ajes que ofre­cen agua fres­ca atavi­a­dos de un modo muy pecu­liar, chirin­gui­tos con ban­cos y mesas para cenar, puestos de zumo, guias ofi­ciales y no ofi­ciales, mar­ro­quíes, tur­is­tas, más marroquíes,más turistas.Un hervidero de gente dese­an­do tomar esta inmen­sa explana­da después de horas ale­tar­ga­dos en restau­rantes, cafeterías, hote­les y piscinas.La plaza de Dje­maa el-Fna es fascinante,tanto para bien como para mal por las razones que aho­ra os comen­to y que me hacen vivir con ella una relación de amor odio,pese a con­sid­erársela el corazón de Marrakech:no enten­der Dje­maa el-Fna es no enten­der a Mar­rakech y quizás por ello,muchos tur­is­tas no vuel­ven aquí,como decía la guía turística,y lo que es peor aún,a Marruecos.Con lo que se pier­den por una sen­sación que en mi opinión no se repite en otras pre­ciosas ciu­dades mar­ro­quíes y donde la gente,obviamente,también tiene necesi­dad de bus­carse la vida pero sin perder por ello la com­pos­tu­ra ni ser male­d­u­ca­do.

Aunque los pre­juicios de mucha gente imp­i­dan verlo,en gen­er­al a mí la mar­ro­quí me parece una de las pobla­ciones más educada,solícita y hos­pi­ta­lar­ia con el via­jero que haya vis­to en mis viajes.De hecho,hace poco sal­ió una noti­cia de que jun­to a tai­lan­deses, cana­di­ens­es, irlan­deses y por­tugue­ses, eran con­sid­er­a­dos los “anfitri­ones” más agradables,y esto vota­do por los pro­pios turistas.Por eso me da pena que mucha gente se pue­da quedar con la idea equiv­o­ca­da de que en Mar­rakech hay mucha gente bor­de y esto se extien­da al resto de Mar­rue­cos porque no,no es así.Al contrario.Simplemente,Marrakech es la ciu­dad más turís­ti­ca del país y aquí pare­cen con­cen­trarse todos los bus­cav­i­das de Mar­rue­cos.

 
 

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Sigu­ien­do con Dje­maa el-Fna,como comento,en mi opinión es mucho mejor dis­fru­tar­la por las noches.Es cuan­do se pone has­ta arri­ba de gente y los camareros se lan­zan a una lucha encar­niza­da por con­seguir que los tur­is­tas cenen en sus puestos.Yo,insisto,soy una per­sona que suele ten­er más pacien­cia que el san­to Job cuan­do voy a Marruecos.Soy de la filosofía de que cuan­do via­jas a otro país,eres tú el que debe adap­tarse a las cos­tum­bres locales y no al contrario,como pare­cen creer muchos via­jeros que van de sobra­dos por la vida.Pero repito,creo que en la plaza ese ago­b­io es exce­si­vo y cito como anéc­do­ta que cuan­do nos quisi­mos dar cuenta,varios de nosotros nos vimos zaran­dea­d­os por var­ios camareros,llegando a tirarnos cada uno de un brazo.Hasta que explota­mos y diji­mos “bueno,ya está bien!cenaremos donde nos dé la real gana!” En cualquier otro lugar,una de dos,o se enfadan con tu reac­ción o te piden disculpas.En Mar­rakech, que es un mun­do aparte,lo que con­seguimos es que nos encer­raran en un cír­cu­lo la mitad de los camareros de la plaza y empezaran a jalearnos y darnos palmas,por lo que no nos quedó otra que acabar rién­donos con ellos de lo sur­re­al­ista de la situación.Por cierto,hago exten­si­va esa pre­sión infini­ta a las tat­u­ado­tas de henna.Las expliqué tres mil veces que yo los úni­cos tat­u­a­jes que me hago son los de verdad,los que llevo,y que lo de la hen­na siem­pre me ha pare­ci­do la típi­ca tur­is­ta­da para que la extran­jera de turno se sien­ta exóti­ca por unos días.Pues nada,ellas como el que oye llover.Cuando te dabas cuenta,ya tenías pin­ta­da media mano y enci­ma se molesta­ban cuan­do se la retirabas ya de mal­os mod­os y las decías que,obviamente,no las ibas a pagar un dirham.Insisto de nue­vo para que nadie pue­da hac­erse una idea equiv­o­ca­da que este tra­to tan huraño lo noté bási­ca­mente en la plaza y poco más.En cuan­to te sales a calles menos turís­ti­cas parece que los locales se rela­jan.

Por cierto,que lo que os he con­ta­do no os merme las ganas de cenar aquí:la comi­da está riquísi­ma y es muy económica,aparte de que cenas vien­do el espec­tácu­lo de cien­tos de per­sonas ocu­padas en mil men­esteres diferentes.Y otro apunte:no dejes de subir a tomar un té a algu­na de las cafeterías que bor­dean la plaza y que sue­len ten­er las mesas en las azoteas,hay unas vis­tas increíbles.Nosotros hems subido varias noches a algu­nas de ellas a dis­fru­tar las pues­tas de sol (increíbles…siempre lo digo,no hay anocheceres en este mun­do que puedan com­para­rse a los roji­zos de Mar­rue­cos) y es una expe­ri­en­cia bien bonita.En una de esas cafeterías donde pernoctábamos,la Argana,pocos años después estal­ló una bom­ba en un aten­ta­do que dejó quince muertos.Se me partía el corazón cuan­do veía las imá­genes en los per­iódi­cos.

 

Nos vamos aho­ra a los zocos,también en la med­i­na vieja.Miles de calle­jones ati­bor­ra­dos de tien­das de todo tipo,una pro­fusión de col­ores descomunal.Aunque los pre­cios ya se han equipara­do mucho,aún sigue ahor­rán­dote mucha pas­ta el com­prar artícu­los de piel y arte­sanía de todo tipo.Yo siem­pre me acabo trayen­do algu­na lám­para de piel de cabra,que aparte de orig­i­nales (no hay ningún dis­eño exac­ta­mente igual) salen por la mitad de pre­cio que aquí;la pena es que con el tiem­po la piel siem­pre se aca­ba resquebrajando.Lo que te da la excusa para volver a por más jeje.Con los puffs pasa lo mismo.Son indis­pens­ables en el salón de nues­tra casa y como nos los destrozan los gatos,allí puedes reponerlos,tienes miles de dis­eños pre­ciosos para escoger.Por cierto,que con­trari­a­mente a lo que esper­a­ba vis­to el ago­b­io de la plaza,los vende­dores son bien amables.Así sí se tra­ta al viajero.Fieles a su hos­pi­tal­i­dad de sacarse un té y un tabu­rete en cuan­to cam­bias dos fras­es con ellos.Intentad,eso sí,dejar las com­pras para el últi­mo día,siempre lo recomien­do.

 

Como siem­pre recomien­do tam­bién en cualquier via­je a Marruecos:visita una curtiduría.Da igual que ya hayas esta­do antes.Siempre es una expe­ri­en­cia ver como tra­ba­jan los mar­ro­quíes arte­sanal­mente los tintes sin sus­tan­cia quími­ca ninguna.Y ver después los pro­duc­tos terminados,las alfom­bras secán­dose sobre los muros.Qué buen gus­to tiene esta gente.¡Insisto!

 
 

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Otra visi­ta impre­scindible en Mar­rakech, de hecho es su ima­gen más cono­ci­da, es la de la Koutoubia,la mezqui­ta más impor­tante de la ciu­dad y una de las más boni­tas de todo Marruecos,aparte de la más alta con sus 70 metros..Muy cer­ca de la Place de Fou­cauld se alza esta torre imponente,construída por los almo­hades en el siglo XII, y her­mana­da con otros dos minaretes espec­tac­u­lares (la Giral­da de Sevil­la y la Torre Has­san de Rabat).Su nom­bre proviene de la pal­abra árable “koutoub” (libros) ya que antigua­mente existía aquí un mer­cadil­lo de libros.La otra gran mezqui­ta de la ciu­dad es la de Ali ben Youssef,dentro de la medina,aunque no per­mite la entra­da a los no musul­manes.

 
 

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Antes de seguir con el rela­to del viaje,os recomien­do si vais en pleno verano,aunque lo vereis por vosotros mismos,moveros de un pun­to a otro de la ciu­dad en taxi.El trans­porte públi­co es esca­so y caóti­co y los taxis están tira­dos (entre uno y dos euros por trayecto).Recordad que los petit taxis son los que real­izan los trayec­tos urbanos y los grand taxis los que os lle­varán a las excur­siones de los alrede­dores.

 

Quizás la visi­ta que más me gustó de todo Mar­rakech fue la del Palais el-Badi.Y eso que el pobrecito es ya sólo una som­bra dis­tor­sion­a­da de lo que fue y se encuen­tra com­ple­ta­mente en ruinas.Pero cuan­do se construyó,en la época de Ahmed al-Man­sour a finales del siglo XVI,estaba con­sid­er­a­do uno de los más bel­los del mun­do y se le conocía como El Incomparable.Para su construcción,se tra­jo már­mol ital­iano y min­erales y telas de lugares tan remo­tos como la India.La realeza mar­ro­quí no esca­timó en gastos.Y es que qué bien han vivi­do siem­pre los jer­i­faltes de este país,en triste con­tra­posi­ción con sus tocayos ple­be­yos.

 
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Como os digo,el Pala­cio el-Badi actual­mente está semiabandonado.Al ilu­mi­na­do de Moulay Ismail se le ocur­rió en 1696 despo­jar­le de todos sus lujosos mate­ri­ales para irse al norte a con­stru­ir una nue­va cap­i­tal para el reino,Meknes.Asi que en la actu­al­i­dad lo úni­co que permanece,semicomido por la arena,son los antigu­os edificios.Pero aun así,el recin­to es enorme y da una fiel idea de la impor­tan­cia en sus tiem­pos de lustre:la Koub­ba al-Kham­siniyya, un hall enor­mísi­mo que acogía las recep­ciones oficiales,se cubría bajo 50 colum­nas de mármol.Imaginaos el resto.
 
 

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La entra­da al recin­to cues­ta sólo un euro y merece un mon­tón la pena.Lo mejor es que inten­teis venir a primera hora (abren a las 08:30) y así os evi­tais las horas más duras de calor.Lo mejor es que puedes recor­rer a tu bola todo y hay un mon­tón de pasadi­zos sub­ter­rá­neos que pare­cen saca­dos de una pelícu­la de aventuras.Encima de estos calle­jones en el subsuelo,se alz­a­ban más de 300 habita­ciones dec­o­radas con oro y turquesas.Qué pena que ya no quede nada de aquello.Por cierto,cuando acabes la visita,que estarás asfix­i­a­do de calor,puedes tomarte una cerveza en algunos locales más pijines que tienen azotea con asper­sores y demás.Es un tópi­co eso de que en Mar­rue­cos es imposi­ble beber alcohol.En estos sitios con­ta­dos y en muchos hote­les de esti­lo occi­den­tal, se puede.Otra cosa es que te lo claven a pre­cio de oro (entre seis y siete euros la cerveza).

 

Aho­ra al otro gran pala­cio de Mar­rakech, el Palais de la Bahia.Este tam­bién es bas­tante baratito,un euro como el-Badi,y aunque sea menos espec­tac­u­lar que otros pala­cios orientales,a mí me gustó un montón.Salvando las distancias,hubo más de un patio que me traía a la cabeza La Alham­bra y la verdad,para el caos de todo que es Marrakech,allí den­tro te sen­tías en un paraí­so de fres­cor y silencio.Como en una bur­bu­ja arabesca.

 
 

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El Palais de la Bahia era en el siglo XIX la res­i­den­cia ofi­cial de Bou Ahmed,el Gran Visir del sultán Moulay al-Has­san I.Aunque no se puede vis­i­tar al completo,ya que la famil­ia real uti­liza parte de sus edi­fi­cios para uso per­son­al cuan­do vienen aquí,la parte vis­itable da para bas­tante y es bien interesante.Lo curioso del pala­cio es que todas las habita­ciones se encuen­tran vacías.Ni un solo mueble.A la muerte del visir,se desa­lo­jó todo el recinto.Lo sor­pren­dente es que este arrasamien­to fuera per­pre­ta­do por el sultán y sus esposas.

 
 

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Los Jar­dines de la Menara,otro lugar que te recomien­do no pas­es por alto.Está algo ale­ja­do del centro,a unos cua­tro kilómetros,pero en taxi lle­gas en un momen­to y es otro reman­so de paz,qué tran­quil­i­dad da pasear por allí.Con sus altísi­mas palmeras y sus estanques grandísimos,casi lagos,de aguas serenas.Otros jar­dines muy boni­tos den­tro de Mar­rakech son los Jar­dines Majorelle,ideados por el pin­tor francés que les da nom­bre pero que actual­mente pertenecen a Yves Saint Laurent.El pre­cio sí es algo más caro (cin­co euros).Los Jar­dines de la Menara,sin embargo,son total­mente gra­tu­itos.

 
 

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Más sitios que no puedes ir sin recorrer:la Mel­lah o Bar­rio Judío.Este bar­rio es uno de los más antigu­os de Marrakech.Se fundó en el siglo XVI y para evi­tar con­flic­tos entre musul­manes y judíos se instaló a estos últi­mos en un espa­cio cer­cano al Pala­cio Real, rodea­d­os por una mural­la y con sólo dos puer­tas de acce­so a la medina.Aquí lle­garon a vivir más de 16.000 judíos pero en la actu­al­i­dad quedan poco más de 300,los más ancianos,y ni siquiera viv­en ya aquí sino en la Ciu­dad Nueva.Conocida como el Gueliz, la Ciu­dad Nue­va o Ville Nouvelle,a mí tam­poco me dijo gran cosa:es la parte mod­er­na de la ciudad,muy europea,llena de cines y restau­rantes con terrazas,bordeando la inmen­sa Aveni­da de Mohamed V,de tres kilómet­ros de longitud.Quitando los cita­dos Jar­dines Majorelle,el Hotel Mamou­nia y el Teatro Real,no le encon­tré yo muchos más atrac­tivos.
 

Volvien­do al Bar­rio Judío,pues pese a que no que­den ya judíos ni les veas con sus tirabu­zones col­gan­do como en las calles de Nue­va Cork,el bar­rio con­tin­ua sien­do una autén­ti­ca preciosidad,la ver­dad sea dicha.Tiene un mer­ca­do cubier­to chulísi­mo (aquí pude com­prar telas para casa tiradas de precio,a un ter­cio que en España),como un mini Gran Bazar de Estambul.Cuenta con rin­cones encantadores,caso de la Place de Flerbantiers,donde se agol­pan las tien­das de obje­tos de met­al ele­gan­te­mente labrados.O el zoco de las especias,donde se encuen­tran algu­nas de las mejores far­ma­cias nat­u­rales de Marrakech.Herbolisterías gigan­tescas con miles de póci­mas y reme­dios nat­u­rales a base de mil sus­tan­cias distintas.Te ven­drás cargado,ya verás.Yo me tra­je des­de car­mín nat­ur­al has­ta infu­siones para difer­entes dolen­cias, mas­car­il­las para la piel, esmaltes…Y oye,os digo que funcionan,no es palabrería.Yo nor­mal­mente huyo de la med­i­c­i­na tradi­cional y paso los catar­ros a base de leche y miel pero qué bien nos ven­drían estas far­ma­cias arte­sanas y con esos pre­cios populares.Se las conoce allí como las “bot­i­cas bere­beres” y no sola­mente venden remedios,también tienes espe­cias de todo tipo (traete hanouté,es una mez­cla de 35 espe­cias difer­entes para aliño de carnes),aceite de argán, jabones, pro­duc­tos de maquillaje…En fin.Que son estu­pen­das.

 

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Has­ta aquí los aspec­tos que con­sidero más impor­tantes para una visi­ta a la Ciu­dad Roja.Espero te hayan servi­do de utilidad.Porque ya os digo que yo probablemente,no volvería por los motivos que enu­meré antes.Pero tam­bién os digo que me ha encan­ta­do haber­la conocido.Porque son sus pros y con sus contras,es una ciu­dad única.Sólo hay que echarle un ojo a su skyline:las casas son de hace tres siglos.Pero todas con su ante­na parabóli­ca.

 
 
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4 Comments

  1. Es seguro via­jar a Mar­rakech?

  2. Total­mente!!!

  3. Mariluz (Siente Marruecos)

    at

    Un post muy com­ple­to! Total­mente de acuer­do con lo que comen­tas de la ciu­dad al ini­cio: yo sue­lo recomen­dar “entre­nar” pre­vi­a­mente yen­do a ciu­dades del norte del país y dejar Mar­rakech para una segun­da o ter­cera ocasión, ya una vez hayamos tenido sufi­cientes expe­ri­en­cias.

    De hecho, has­ta que no he lle­ga­do a localizarme en la med­i­na y apren­di­do a andar sin prisas pero sin pausa, y sin deten­erme en exce­so en ningún lugar, no he sido capaz de que no se me peguen los bus­cav­i­das.

    Y coin­ci­do con todas las recomen­da­ciones: por ampli­ar, den­tro del bar­rio judío yo entraría en la Sin­a­goga Alazmah. Y den­tro de la activi­dad museís­ti­ca, recomen­daría tam­bién el Museo Boucharouite.

    De todas for­mas, si no te es moles­tia, te adjun­to un enlace con mi guía de Mar­rakech, que creo puede resul­tar útil a los lec­tores.

    Un salu­do!

    https://www.sientemarruecos.viajes/Marrakech/

  4. Anónimo

    at

    Nos ha encantado…Marrakech es una ciu­dad fasci­nante. Un lugar vibrante que no se parece en nada al resto de Mar­rue­cos, donde cada día es difer­ente.
    https://www.kanamitravel.com/circuitos-por-marruecos-ofertas

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