Lisboa secreta: un paseo por sus rincones más sorprendentes

Lisboa Guia

¡Ay lo que nos gus­ta Lis­boa! Esta­mos más felices allí que Mac­Gyver de invi­ta­do en “Brico­manía”. Y eso que, reconozcá­moslo, durante los últi­mos años han salta­do las alar­mas ya que Lis­boa se ha con­ver­tido en la “cap­i­tal de moda” y son muchos los que temen que pudiera con­ver­tirse en una nue­va Vene­cia, debido a la sat­u­ración turís­ti­ca. Los pre­cios de hote­les y hostales (estos últi­mos se han ren­o­va­do y algunos se con­sid­er­an de los más inno­vadores de Europa) se dis­paran en ver­a­no, puentes y Navi­dades. Alquila un coche , inten­ta huir de dichas tem­po­radas altas para dis­fru­tar de una Lis­boa descon­ges­tion­a­da y sigue los con­se­jos que te vamos a dar en este artícu­lo para perderte en la cara más descono­ci­da de la cap­i­tal por­tugue­sa.

Los amantes de los libros ten­emos una cita ine­ludi­ble en la Livraria Bertrand, recono­ci­da por el libro Guin­ness de los Records como la más antigua del mun­do (al menos que esté aún en acti­vo). Abier­ta des­de 1732, el primer local fue una pequeña tien­decita en Rua Dire­ito do Lore­to: pos­te­ri­or­mente cam­bió de ubi­cación has­ta en once oca­siones. Aho­ra se encuen­tra en el 73 de R. Gar­rett, en el bar­rio de Chi­a­do: en sus seis salas se acu­mu­lan cer­ca de 70.000 libros. Aunque es aquí, en Lis­boa, donde está la libr­ería orig­i­nal, tienen más de 50 locales repar­tidos por el resto del país.

Livraria Bertrand Lisboa

Hablan­do de libr­erías, aquí en Lis­boa tam­bién se encuen­tra una de las más pequeñas del mun­do, la Livraria Simão, que pese a ten­er sólo 4 met­ros cuadra­dos, alber­ga en su inte­ri­or casi 3.000 libros. Entre ellos, edi­ciones úni­cas de las mejores obras del mejor escritor por­tugués de todos los tiem­pos: Fer­nan­do Pes­soa.

Uno de los even­tos más curiosos que se cel­e­bra en Lis­boa es el Fes­ti­val de Más­caras Ibéri­c­as. Si quieres saber en qué fecha toca cada año, echa un vis­ta­zo a la web ofi­cial . Es el fes­ti­val pagano más impor­tante de Europa y reúne a casi un mil­lar de par­tic­i­pantes no sólo por­tugue­ses sino tam­bién españoles (la may­oría vienen de Gali­cia, Zamo­ra, Asturias y Andalucía). Ya te hablam­os de esta curiosa tradi­ción en el artícu­lo Care­tos de Lazarim: los demo­ni­os de Por­tu­gal .

Caretos Portugal
Foto: Wikipedia

Uno de los par­ques más boni­tos de Lis­boa es el de Eduar­do VII, donde se cel­e­bra cada año la Feria del Libro. Lla­ma­do así en hon­or del monar­ca inglés, quien vis­itó Lis­boa en 1903 para reafir­mar las rela­ciones británi­co-por­tugue­sas, acoge dos jar­dines botáni­cos, cono­ci­dos como est­u­fas, en los que podrás dis­fru­tar de cien­tos de plan­tas exóti­cas. Al ser el may­or par­que del cen­tro de Lis­boa, es habit­u­al que a lo largo del año puedas encon­trarte con diver­sas exhibi­ciones y even­tos.

Parque Eduardo VII Lisboa

Hablan­do de even­tos úni­cos, sólo dos veces al año se abren al públi­co las galerías romanas (puedes inten­tar hac­er la reser­va aquí ) que se des­cubrieron después de que el ter­re­mo­to de 1755 destrozara la ciu­dad. Mien­tras se llev­a­ba a cabo la recon­struc­ción de un edi­fi­cio, salieron a la luz estos túne­les sub­ter­rá­neos de la Rua da Con­ceição. Puedes com­ple­men­tar esta visi­ta yen­do a ver el Museu do Teatro Romano, que mues­tra cómo era el teatro que mandó con­stru­ir el emper­ador Augus­to.

En un pequeño jardín cer­ca  del Museo de la Ciu­dad (Cam­po Grande 382) podemos encon­trar las excén­tri­c­as fig­uras de porce­lana del artista del siglo XIX Rafael Bor­dal­lo Pin­heiro, agru­padas alrede­dor de una fuente deca­dente.

Bordallo Lisboa

¿Sabías que uno de los más sádi­cos asesinos en serie de Por­tu­gal no era por­tugués sino gal­lego? Hablam­os de Dio­go Alves, quien en sólo cua­tro años (entre 1836 y 1840) asesinó a 70 per­sonas. Como tan­tos otros gal­le­gos, emi­gró a Lis­boa bus­can­do tra­ba­jo. Lo encon­tró de sirviente pero le des­pi­dieron por sus repenti­nos ataques de ira. Fue entonces cuan­do comen­zó a delin­quir: en lo alto del Acue­duc­to de Aguas Libres, rob­a­ba de noche a sus víc­ti­mas y después las lan­z­a­ba al vacío, a más de 60 met­ros de altura.

La policía final­mente le atrapó y le acabó con­de­nan­do a la hor­ca. Pero su figu­ra se hizo tan pop­u­lar (se cree que fue el primer asesino en serie de Por­tu­gal) que has­ta se rodaron pelícu­las con­tan­do su his­to­ria. Pero lo más escabroso es que un pres­ti­gioso ciru­jano con­sigu­ió que le dejaran preser­var la cabeza del crim­i­nal para estu­di­ar­la (ingen­u­a­mente el médi­co creía que la for­ma del crá­neo le ayu­daría a desen­trañar el mis­te­rio de la mente de Alves). Y aho­ra esta se expone en un bote de for­mol en la Fac­ul­tad de Med­i­c­i­na de Lis­boa. La mala noti­cia, si te gus­tan estas his­to­rias sinies­tras, es que esta parte de la Uni­ver­si­dad sólo es acce­si­ble para los estu­di­antes de med­i­c­i­na. Pero nun­ca está de más saber lo que se guar­da entre estas cua­tro pare­des.

Diogo Alves

Ofi­cial­mente se lla­ma Museu Nacional dos Coches (nosotros lo cono­ce­mos como Museo de Car­ru­a­jes) y es una de las exposi­ciones más vis­i­tadas de Por­tu­gal. Se encuen­tra cer­ca de Belem y des­de hace más de un siglo, está con­sid­er­a­do el museo más impor­tante del mun­do de car­rozas antiguas. Son dos salas enormes donde se acu­mu­lan infinidad de medios de trans­porte que pertenecieron a la realeza de var­ios país­es (aunque tam­bién hay uno que uti­liz­a­ba el ser­vi­cio de Corre­os) y entre ellos se pueden encon­trar des­de cochecitos de bebé a car­rozas que nece­sita­ban diez cabal­los para ser movi­das u otras con camas den­tro para los lar­gos via­jes noc­turnos.

Algu­nas de estas car­rozas tienen sei­scien­tos años de antigüedad. Sor­prende lo bien que han aguan­ta­do el paso del tiem­po, sobre todo tenien­do en cuen­ta lo elab­o­radas que están y el bar­ro­quis­mo del que hacen gala y las emp­inadas (y empe­dradas) calles de Lis­boa por las que tran­sita­ban.

Museo Carruajes de Lisboa

El Hos­pi­tal de Bonecas, en prin­ci­pio, parece un lugar des­ti­na­do al públi­co infan­til pero algunos de los muñe­cos que aquí se encuen­tran son tan antigu­os que pare­cen extraí­dos de la más espeluz­nante pelícu­la de ter­ror. No obstante, si yo via­jara con niños, les lle­varía a vis­i­tar­lo para que com­pren­dan lo difer­ente que era la infan­cia antaño y en aña­didu­ra los juguetes que se usa­ban hace un siglo.

Esta curiosa expo se encuen­tra en el número 7 de la Plaza Figueira, en el cen­tro mis­mo de la cap­i­tal por­tugue­sa, cer­ca de la estación de Rossio. En real­i­dad, su fun­ción más impor­tante es la de taller, ya que aquí se reciben muñe­cos lle­ga­dos de todo el mun­do que bus­can ser repara­dos. La may­oría de ellos, antiquísi­mos, tienen un alto val­or sen­ti­men­tal para sus dueños. Tenien­do en cuen­ta que el nego­cio es famil­iar y la entra­da ape­nas cues­ta 2 euros, otra visi­ta que recomen­darte para apun­tar en tu agen­da.

Hospital Bonecas Lisboa
©Hos­pi­tal de Bonecas

Del Pavil­hão Chinês ya te hablam­os en nue­stro últi­mo via­je a Lis­boa pero es que es un sitio tan espe­cial que no nos resistíamos a volver a recor­dar­lo. Nue­stro con­se­jo es que vayáis a tomar algo a primera hora de la tarde, cuan­do hay menos gente. Y aunque los pre­cios no son baratos para ser Por­tu­gal ¡merece tan­to la pena! Es como regre­sar a uno de esos recar­ga­dos salones de 1900, que has­ta echas de menos no haber venido con tu tra­je de gala al verte entre aque­l­las ati­bor­radas vit­ri­nas. Una mez­cla de salón de bil­lar, museo y whiskería. En mi opinión, el bar más pin­toresco y con más encan­to de Lis­boa.

Pavilhão Chinês Lisboa

El bar­rio de Estrela es uno de los grandes olvi­da­dos cuan­do se recorre la cap­i­tal por­tugue­sa y es una lás­ti­ma ya que es bas­tante boni­to, espe­cial­mente en pri­mav­era cuan­do los árboles tiñen de col­or las avenidas. Man­siones del siglo XVIII o el Jardim do Estrela (donde suele haber músi­ca en direc­to), así como el Cemente­rio de los Ingle­ses, el más antiguo de Lis­boa.

Uno de los museos más “jovenci­tos” de Lis­boa es el Museo de Ori­ente ya que abrió sus puer­tas hace poco más de diez años. Pero no por ello es menos intere­sante que otros de la cap­i­tal, ya que aquí se expo­nen casi 1.500 piezas traí­das de var­ios país­es asiáti­cos con los que Por­tu­gal tuvo rela­ciones com­er­ciales a lo largo de la His­to­ria. Podrás dis­fru­tar has­ta de armaduras de samu­rais.

Lis­boa es una de las ciu­dades del mun­do donde más impor­tan­cia se le da al arte calle­jero, con espe­cial predilec­ción por el graf­fit­ti, siem­pre que éste esté hecho con gus­to y clase. El graf­fit­tero más impor­tante es Alexan­dre Far­to “Vhils”, recono­ci­do a niv­el inter­na­cional, quien gra­cias a su tra­ba­jo, ha con­segui­do que las autori­dades, por medio de la Galería de Arte Urbano, apoyen y sub­ven­cio­nen a los artis­tas locales. En Amor­eiras se encuen­tran algunos de los mejores murales aunque este de aquí aba­jo podrás dis­fru­tar­lo en el Jardim do Taba­co. Lo curioso es que una arqui­tec­ta por­tugue­sa ha tenido la genial idea de dar cur­sil­los a jubi­la­dos para que apren­dan a graf­fit­tear. ¡Cha­peau por ella!

Lisboa Graffitti

Otra de las for­mas difer­entes de cono­cer Lis­boa es a bor­do de un tuk-tuk, esos pequeños cochecil­los amar­il­los que tan­tas veces hemos usa­do en el sud­este asiáti­co. Lo curioso es que aquí se alquilan por horas y los puedes con­ducir tú mis­mo (tienen capaci­dad para dos per­sonas). Tam­bién fun­ciona el Hip­po Trip, un auto­bús anfibio que como por arte de magia se con­vierte en bar­co. En este caso el via­je vale unos 25 euros.

Si bus­cas un mer­cadil­lo que se sal­ga de lo típi­co, acér­cate a la Rua Rodrigues de Faria para cono­cer el LX Fac­to­ry, mer­ca­do ubi­ca­do en una antigua fábri­ca. Son muchos los jóvenes artis­tas que aprovechan­do los bajos alquil­eres de los locales han venido aquí a desar­rol­lar sus proyec­tos. Además de que las tien­das ofre­cen cosas real­mente orig­i­nales, hay un mon­tón de bares y restau­rantes: entre ellos desta­ca La Can­ti­na, un antiguo come­dor para los tra­ba­jadores donde, como antaño, las mesas son com­par­tidas. Por cier­to, otro mer­cadil­lo de lo más orig­i­nal es la Feira da Buz­i­na (Mer­ca­do de la Boci­na): aquí los vende­dores expo­nen sus pro­duc­tos de segun­da mano en el maletero de los coches. Se cel­e­bra el últi­mo fin de sem­ana del mes en el Jardim Arco do Cego.

El Pala­cio de los Mar­que­ses de Fron­teira es una joya escon­di­da que no sue­len vis­i­tar muchos tur­is­tas (y que os recomen­damos que incluyáis en vues­tra ruta jun­to al Pala­cio Nacional de Aju­da). Y eso que su jardín es uno de los más boni­tos del país, en el que desta­ca una vas­ta colec­ción de azule­jos de dis­tin­tos tipos y col­ores (aunque siem­pre sobre­sale el azul). De hecho, a la Sala de las Batal­las se la conoce como la Capil­la Six­ti­na de los Azule­jos.

Palacio Fronteira Lisboa
Foto: Wikipedia

¿Recuer­das el artícu­lo Pou­sadas de Por­tu­gal: cómo alo­jarte en castil­los y monas­te­rios ? Échale un ojo si bus­cas hote­les con encan­to (algo caros, eso sí): entre ellos te recomendábamos el Hotel Solar do Caste­lo y el Pes­tana Palace Lis­boa.

A las afueras de Lis­boa puedes encon­trar en Setubal el Mer­ca­do de Livra­men­to , con­sid­er­a­do uno de los mer­ca­dos locales más autén­ti­cos del mun­do. Den­tro del inmen­so local, con muros for­ra­dos de bel­los azule­jos, podrás dis­fru­tar de gigan­tescas estat­uas que rep­re­sen­tan difer­entes ofi­cios mien­tras los vende­dores a gri­tos pro­mo­cio­nan sus pro­duc­tos. El pesca­do fres­co es el más solic­i­ta­do pero aquí se vende de todo: cara­coles (que a los por­tugue­ses, como a los españoles, tam­bién les gus­tan mucho), que­sos, vino o flo­res. Además, hay pequeños barecitos donde podrás dis­fru­tar de buenos aper­i­tivos. Y no te vayas sin pro­bar la gin­jin­ha, ese licor de cereza tan típi­co por­tugués, que está riquísi­mo y se vende en pequeños vasitos al módi­co pre­cio de 1 euro.

Otra excur­sión cer­cana y aprovechan­do que llevas coche , si te gus­tan las playas, puede ser a Cos­ta da Capari­ca, el que se con­sid­era el may­or are­nal de Europa. Tras salir con el coche por el puente 25 de Abril, te lo encon­trarás a una dece­na de kilómet­ros. Estas largas playas están muy limpias e invi­tan a hac­er surf: puedes recor­rerlas, si vas entre el 1 de Junio y el 30 de Sep­tiem­bre, en el tren Transpra­ia, que sólo cues­ta 2,50 euros.

El Pala­cio de Queluz es uno de los más boni­tos de Por­tu­gal y está cer­ca de Lis­boa. Este ele­gante pala­cio del siglo XVIII  fue res­i­den­cia prin­ci­pal de la realeza has­ta que esta se vio oblig­a­da a exil­iarse en Brasil. Pos­te­ri­or­mente pasó a manos del Esta­do y llegó a servir como res­i­den­cia de diplomáti­cos. Hoy se puede vis­i­tar pre­vio pago de 10 euros.

Queluz Lisboa

Aquí tienes los dos pro­gra­mas que dedicamos a Lis­boa


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3 Comments

  1. Lis­boa secreta…preciosos detalles para via­jeros o no! Gracias…Te lo tomo presta­do para compartir!!Puedo?

  2. Mil y un Viajes por el Mundo

    at

    Si, claro que puedes com­par­tir­lo, muchas gra­cias! 😍

  3. Gra­cias, es una muy com­ple­ta pági­na de via­je, mate­ria nece­sario de con­sul­ta. Abra­zo

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