Lago Tahoe: tesoro natural en Estados Unidos

Lago Tahoe

 

35 kilómet­ros de largo y 19 kilómet­ros de ancho a mitad de camino entre los esta­dos de Cal­i­for­nia y Neva­da. Estas son las dimen­siones del lago Tahoe, uno de los más pecu­liares de toda Améri­ca (se encuen­tra a casi 2.000 met­ros de alti­tud) y tam­bién uno de los más espec­tac­u­lares a niv­el visu­al por sus aguas cristali­nas y las mon­tañas nevadas que le rodean. Casi tres mil­lones de vis­i­tantes al año (la may­oría esta­dounidens­es) lo con­vierten en uno de los des­ti­nos pun­teros de la Cos­ta Oeste: su cer­canía a San Fran­cis­co, a sólo cua­tro horas de coche, hacen del Tahoe una atrac­ti­va opción para escapar del estrés de la gran ciu­dad. Si por el con­trario, estás de vaca­ciones en la cos­ta opues­ta y quieres darte el capri­cho, te recor­damos que la aerolínea Jet­Blue ofrece vue­los direc­tos entre el aerop­uer­to JFK de Nue­va York y el de Reno a pre­cios muy com­pet­i­tivos. Otros aerop­uer­tos cer­canos son los de Oak­land y Sacra­men­to. Inclu­so si quieres lle­gar en tren, ano­ta la opción del Cal­i­for­nia Zephyr Train, que va des­de Emeryville (Cal­i­for­nia) a Chica­go (Illi­nois) y real­iza una para­da en el pueblo de Truc­k­ee.

La mejor época para vis­i­tar el lago Tahoe es des­de prin­ci­p­ios de Junio a medi­a­dos de Sep­tiem­bre, cuan­do las tem­per­at­uras son más agrad­ables y se pueden prac­ticar un mon­tón de activi­dades al aire libre (paseos en bar­ca, snorkel, golf, senderis­mo…). Pero si tú eres más de invier­no, el Tahoe es en dicha época uno de los mejores lugares de USA para esquiar: las cum­bres cer­canas sue­len ten­er nieve des­de Noviem­bre a primeros de Mayo. Y aún así, si lo tuyo no son los deportes, ni los de ver­a­no ni los de invier­no, éste sigue sien­do un des­ti­no de lo más sug­er­ente si quieres ir de com­pras, vis­i­tar casi­nos o sim­ple­mente cenar con unas vis­tas de quitar el habla.

La región más vis­i­ta­da de este área es South Lake Tahoe. En ella se hal­la Heav­en­ly Val­ley, un impor­tante resort de esquí, y mul­ti­tud de casi­nos (antes de que Las Vegas gozara del boom turís­ti­co, Reno era con­sid­er­a­da la cap­i­tal del juego). Es el lugar más fácil para encon­trar alo­jamien­to: hay un mon­tón de hote­les e inclu­so en tem­po­ra­da alta sería raro que te quedaras sin habitación, no es difí­cil encon­trar hote­les por  unos 30 dólares la noche. La segun­da ciu­dad en impor­tan­cia es Tahoe, situ­a­da al noroeste del lago. Mucho menos abar­ro­ta­da de tur­is­tas, con­ser­va su atmós­fera hip­pie de antaño, con un mon­tón de tien­decitas encan­ta­do­ras: si bus­cas relax pero al mis­mo tiem­po ten­er a mano restau­rantes y agen­cias donde alquilar equipos para deportes var­ios, Tahoe es mucho más recomend­able que South Lake Tahoe.

¿Bus­cas aún más tran­quil­i­dad? Opciones no te fal­tan. Tienes Truc­k­ee, un pequeño pueblo cer­ca de la I‑80 que ha sabido con­ser­var su sabor históri­co y que al mis­mo tiem­po ofrece en ver­a­no un mon­tón de concier­tos de ban­das locales. Otra alter­na­ti­va sería Home­wood, a pocos kilómet­ros de Tahoe City, con un museo marí­ti­mo de lo más intere­sante donde se expo­nen embar­ca­ciones de época. O King’s Beach, en un área algo más res­i­den­cial y des­ti­na­do prin­ci­pal­mente a famil­ias con niños pequeños (es uno de los lugares más baratos para alo­jarse). Al norte de King’s Beach se encuen­tra Crys­tal Bay, una de las vil­las más exclu­si­vas de la zona y con casi­nos ele­gan­tísi­mos (uno de sus mejores clientes era Frank Sina­tra).

En cuan­to a las playas, las mejores son las de Sand Har­bor, Cham­ber’s Land­ing, Meek’s Bay, Emer­ald Bay y Neva­da Beach. Además podrás darte el hom­e­na­je de un crucero (el Tahoe Queen en un bar­co de palas pre­cioso, al esti­lo de los que sur­can el Mis­sis­sip­pi). Eso sí, te recor­damos que para acced­er a las playas y moverte entre los pueblecitos es mejor que dispon­gas de tu pro­pio vehícu­lo ya que aquí el trans­porte públi­co deja bas­tante que desear. Y una últi­ma recomen­dación: mucho cuida­do con los osos. Lo mejor es evi­tar dejar comi­da a la vista (la hue­len a kilómet­ros) y nun­ca guardar la basura den­tro de casa.


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