La Ruta de Elvis: lugares que todo buen fan del Rey debe conocer

Cuarenta años no son nada. Este es el tiem­po que ha pasa­do des­de la muerte de Elvis un fatídi­co 16 de Agos­to de 1977 pero su figu­ra está más viva que nun­ca: más de 25 mil­lones de dólares al año siguen generan­do sus roy­al­ties y mer­chan­dise. Miles de imi­ta­dores a lo largo y ancho del mun­do con­tinúan inter­pre­tan­do sus can­ciones, cada día surge un nue­vo musi­cal inspi­ra­do en Elvis, exposi­ciones, hom­e­na­jes… Y una man­sión, Grace­land, que es la segun­da vivien­da, después de la Casa Blan­ca, más vis­i­ta­da de todo Esta­dos Unidos. Elvis fue el Rey del Rock pero en tér­mi­nos mon­e­tar­ios tam­bién sigue sien­do todo un sober­a­no: pocos músi­cos han sabido explotar tan bien su mar­ca.

Temática de Guitarra Música Póster

Pese a que Elvis sólo tocó cua­tro veces fuera de Esta­dos Unidos, su nom­bre es famoso en el mun­do entero. Y son muchos los fans que via­jan has­ta USA dis­puestos a hac­er el Elvis-Tour, ir a la bus­ca y cap­tura de los lugares que mar­caron un antes y un después en la vida del artista. Por tan­to, vamos a embar­carnos en una ruta de lo más rock­era, a rit­mo de “Hound Dog” y “Blue Suede Shoes”, para recor­rer los rin­cones claves de la elvis­man­ía. Y un últi­mo con­se­jo antes de ir: si quieres dis­fru­tar con más inten­si­dad estos lugares, inten­ta leerte la mejor biografía que se ha escrito sobre Elvis, “Last train to Mem­phis”. Es com­pletísi­ma y te ayu­dará a com­pren­der mejor cómo fue la vida del Rey, que pese a que saboreó las mieles del éxi­to, tam­bién hubo de lidiar con un mon­tón de prob­le­mas psi­cológi­cos y adver­si­dades.

El pueblo donde nació: Tupelo

Aunque la may­or parte de su vida la pasó en Mem­phis, Elvis vino al mun­do en 1935 en un pequeño pueblo de Mis­sis­sip­pi, Tupe­lo. Su casa natal, curiosa­mente, se encuen­tra en una calle que hoy lle­va el nom­bre del can­tante. Una pequeña casa de madera blan­ca que el padre de Elvis con­struyó con 180 dólares y que recibe medio mil­lón de vis­i­tantes al año. Tupe­lo además cuen­ta con var­ios pun­tos clave en la vida del artista, des­de la estat­ua que la ciu­dad lev­an­tó en su hon­or en E. Main Street (Elvis tiene más estat­uas que muchos pres­i­dentes de Esta­dos Unidos), la tien­da donde com­pró su primera gui­tar­ra (la Tupe­lo Hard­ware, que se mantiene prac­ti­ca­mente igual que en 1946), el Tupe­lo Auto­mo­bile Muse­um, donde se expo­nen dos coches de Elvis, la ham­bur­gue­sería John­nie’s Bar-B‑Q Dri­ve In, en la que Elvis solía meren­dar, la Lawhon Ele­men­tary School, la escuela donde estudió sus primeros años, o el Lee Coun­ty Cour­t­house, donde dio su primer concier­to en la radio.

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Graceland: la mansión donde vivió

De Grace­land ya os hablam­os largo y ten­di­do en el rela­to Via­je a Mem­phis, hog­ar de Elvis Pres­ley pero es un impre­scindible en esta ruta. Elvis com­pró su casa, la más famosa de Esta­dos Unidos, en 1957, cuan­do sólo tenía 22 años: sus padres se mudaron allí un mes antes de que lo hiciera él, que en ese momen­to se encon­tra­ba gra­ban­do el vídeo de “Jail­house Rock”. Pagó por ella poco más de 100.000 dólares, tiene 23 habita­ciones y lo primero que hizo fue añadir al jardín una pisci­na, sabi­en­do lo duros que eran los ver­a­nos en Mem­phis. En la puer­ta de su casa siem­pre había chi­cas esperan­do; el record se batió una noche en que lle­garon a jun­tarse más de 150 mujeres. Elvis era un rompec­o­ra­zones, qué duda cabe.

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Des­de que se abrió al públi­co, más de 20 mil­lones de per­sonas han vis­i­ta­do Grace­land. No está per­mi­ti­do el acce­so a la plan­ta supe­ri­or, para evi­tar el mor­bo que lev­an­taría pres­en­ciar el esce­nario de su muerte, el cuar­to de baño, que des­de ese día ha per­maneci­do igual, con sus pro­duc­tos de aseo per­son­al sobre el lavabo. Aparte de Priscil­la y Lisa Marie, la úni­ca per­sona que ha acce­di­do a las depen­den­cias pri­vadas ha sido el actor Nicholas Cage, que estu­vo casa­do con la hija de Elvis Pres­ley. Para el que no quiera pagar por el tour guia­do, recor­dar que de 07:30 a 08:30 la visi­ta a su tum­ba en el Med­i­ta­tion Gar­den es gra­tui­ta. El cuer­po de Elvis se trasladó a Grace­land, donde las medi­das de seguri­dad son extremas, después de que inten­taran robar su cadáver en el cemente­rio For­est Hill.

Cuan­do nosotros estu­vi­mos en Grace­land, aún fun­ciona­ba el Heart­break Hotel pero aho­ra este ha sido reem­plaza­do por el hotel Guest House, con 450 habita­ciones: las más baratas cues­tan 150 dólares la noche.

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Vis­i­tar Grace­land ha sido uno de mis sueños via­jeros cumpli­dos

Memphis: la ciudad que más amó 

La famil­ia de Elvis se mudó a Mem­phis bus­can­do una vida mejor cuan­do este sólo tenía 13 años. Y des­de ese momen­to Elvis con­sid­eró a Mem­phis su ver­dadero hog­ar y pese a que cuan­do alcanzó la fama se pasa­ba la vida via­jan­do por todo el país, siem­pre regresa­ba a la ciu­dad que más ama­ba. Era común ver­le paseán­dose por las calles de Mem­phis con­ducien­do alguno de sus Cadil­lac, rién­dose de la cara de estu­pe­fac­ción de los veci­nos cuan­do veían que el copi­lo­to era su chim­pancé Scat­ter.

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El Sun Stu­dio de Sam Philips es el lugar donde Elvis Pres­ley grabó sus primeras demos  con temas como “My Hap­pi­ness” y “That’s When Your Heartaches Begin”: le costó cua­tro dólares. Era el año 1953 y un jovencísi­mo Elvis, con ape­nas 18 años recién cumpli­dos, se iba a con­ver­tir en el may­or des­cubrim­ien­to musi­cal de la his­to­ria. Un blan­co con voz de negro capaz de atre­verse con todos los esti­los. Un dia­mante en bru­to que en los Sun Stu­dios se encar­garon de pulir. Podrás vis­i­tar el estu­dio donde Elvis reg­istró aque­l­los primeros temas e inclu­so fotografi­arte con el micró­fono que uti­lizó por primera vez.

El restau­rante Arcade fue otra de las vis­i­tas que hici­mos en Mem­phis. Y es que no sólo es la cafetería más antigua de la ciu­dad (se inau­guró en 1919) sino que tam­bién era la favorita de Elvis, quien venía aquí a menudo a com­er su sand­wich favorito, el de plá­tano con man­te­qui­l­la de cac­ahuete, un curioso empareda­do que aún hoy se sigue sirvien­do en su hon­or. Elvis sigu­ió sien­do cliente asid­uo inclu­so cuan­do su fama se dis­paró, aunque tenía la pre­cau­ción de sen­tarse cer­ca de la puer­ta trasera para salir huyen­do en caso de que se le echara enci­ma una avalan­cha de fans.

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Aunque el Arcade es el más famoso, no es el úni­co restau­rante que Elvis fre­cuenta­ba. Al can­tante le encanta­ba la piz­za del restau­rante ital­iano Colet­ta’s (1063 South Park­way East)y el restau­rante Griri­don, que esta­ba cer­ca de Grace­land (ya cer­ra­do).

En sus primeros tiem­pos en la ciu­dad, Elvis vivió con sus padres durante cua­tro años en los aparta­men­tos Laud­erdale Courts en la calle Exchange Avenue. Aho­ra el com­ple­jo se lla­ma Uptown Square pero los dueños no se han olvi­da­do quien fue el res­i­dente más ilus­tre, por lo que el aparta­men­to donde vivió Elvis, el 328, está abier­to al públi­co: fans de todo el mun­do vienen aquí para estam­par sus besos en los muros e inclu­so alquilar­lo. No todas las noches, pre­vio pago de 250 dólares, puede uno dormir en la mis­ma cama donde lo hacía Elvis. Jus­to en la esquina se encon­tra­ba la tien­da de dis­cos Pop Tunes, donde Elvis com­pró sus primeros vini­los y que cer­ró sus puer­tas en el año 2009.

La sigu­iente casa donde Elvis vivió se encuen­tra en el 1034 de Audubon Dri­ve, que com­pró por 29.000 dólares tras el éxi­to ines­per­a­do del sin­gle “Heart­break Hotel”. La famil­ia Pres­ley sólo vivió aquí un año antes de mudarse a Grace­land, ya que desea­ban may­or pri­vaci­dad. Des­de entonces la casa ha tenido ocho dueños difer­entes y para ale­gría de sus fans, aún está en pie.

Elvis fue al insti­tu­to Humes High School en North Man­as­sas Street: fue el primer miem­bro de la famil­ia que acaba­ba la enseñan­za secun­daria. Aquí dio su primer show ama­teur, cuan­do se pre­sen­tó al con­cur­so de músi­ca y lo ganó.

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En Beale Street, la calle más ani­ma­da de Mem­phis, no sólo hay una estat­ua ded­i­ca­da a Elvis, en la que este baila con su gui­tar­ra col­ga­da al cuel­lo. Si te vas al 126 de la calle encon­trarás la tien­da de Lanky Bros. , donde Elvis com­pró muchos de sus primeros tra­jes ¿qué mejor sitio para hac­erte con “unos zap­atos de ante azul”? La tien­da creó en 2001 una línea de ropa lla­ma­da Cloth­ier to the king inspi­ra­da en el can­tante. En Beale Street, no obstante, com­pro­barás que hay un mon­tón de tien­das con mem­o­ra­bil­ia de Elvis de todo tipo.

Y una últi­ma curiosi­dad: cuan­do Elvis quería ir al cine, direc­ta­mente alquil­a­ba la sala entera. Esto es lo que hacía a menudo en el Mem­phi­an The­ater, que aho­ra se lla­ma The Cir­cuit Play­house y en el que habit­ual­mente proyectan pelícu­las de Elvis. Pres­ley se llev­a­ba a todos sus cole­gas, se ase­gura­ba de que la tien­da estu­viera has­ta arri­ba de refres­cos y palomi­tas, se senta­ba en la quin­ta fila… y no per­mitía que nadie se le pusiera delante.

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El coche fúne­bre con el cuer­po de Elvis da su últi­mo adiós a Mem­phis, acom­paña­do de un corte­jo de lim­ou­si­nas blan­cas y ante el respetu­oso silen­cio de 200.000 per­sonas que salieron a las calles a des­pedirle

La semana de Elvis Presley en Memphis

Cada mes de Agos­to, con­mem­o­ran­do el aniver­sario de la fecha de su muerte, Mem­phis vive su sem­ana grande. El 15 de Agos­to por la tarde comien­za en Grace­land la vig­ilia en la que las pro­tag­o­nistas son las velas, las flo­res y los miles de fans que pasan la noche en el exte­ri­or de la man­sión, recor­dan­do en silen­cio frente a su tum­ba al míti­co can­tante. Hay difer­entes tick­ets : des­de el más caro, que cues­ta 1.500 dólares y da acce­so a todos los even­tos, a entradas indi­vid­uales de poco más de 10 dólares. Reuniones de fans, jor­nadas de baile, sub­as­tas de obje­tos de Elvis (no quer­e­mos ni pen­sar los din­erales que se pagarán), con­fer­en­cias, concier­tos trib­u­to e inclu­so una misa cuyo acce­so es total­mente gra­tu­ito.

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A Elvis le encanta­ba pasearse por las calles de Mem­phis en sus Cadil­lac o en sus motos, inclu­so ya sien­do una cele­bri­dad

Elvis también era actor: su vida en Los Angeles

Polifacéti­co a más no poder, Elvis no sólo se lim­itó a can­tar y a bailar (que era lo mejor se le daba) sino que tam­bién tuvo una fruc­tífera car­rera como actor, lle­gan­do a grabar una trein­te­na de pelícu­las en ape­nas trece años. La ver­dad es que muchas de ellas eran bas­tante malil­las, que no nos niegue el fanatismo, pero al menos nos per­mi­tieron ten­er más doc­u­men­tos grá­fi­cos para la pos­teri­dad.

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Rodar en Hol­ly­wood le obligó a pasar mucho tiem­po en Los Ange­les. Solía quedarse en el hotel Bev­er­ly Wilshire, que pop­u­lar­izó años después la pelícu­la “Pret­ty Woman”; se cuen­ta que cuan­do John Lennon se sep­a­ró de Yoko Ono durante un tiem­po, se vino a vivir aquí sólo porque fue res­i­den­cia de Elvis. La may­oría de las pelícu­las las grabó para los estu­dios Para­mount Pic­tures, que se encuen­tran en Mel­rose Avenue y ofre­cen tours guia­dos de dos horas de duración. Otro hotel en el que Elvis se quedó fue el Knicker­bock­er, mien­tras rod­a­ba su primer film “Love me ten­der”, en la habitación 106 más conc­re­ta­mente.

Pero Elvis no sólo fue a L.A. a rodar pelícu­las. Tam­bién grabó var­ios dis­cos en los estu­dios Radio Recorders, por donde tam­bién pasaron otros míti­cos como Jimi Hen­drix o John­ny Cash. Cuan­do encon­tra­ba un rato entre sesión y sesión, le encanta­ba irse a De Neve Square Park a jugar al base­ball. E iba a cenar al Can­ter’s Deli, otro de los restau­rantes favoritos de una bue­na ami­ga suya, Mar­i­lyn Mon­roe.

En el museo Petersen Auto­motibe se exhibe el coche De Toma­so Pan­tera que Elvis regaló a su novia Lin­da en 1974. Lo curioso es que un día al coche le dio por no arran­car y Elvis, en un arreba­to de furia, pegó tres tiros a la car­ro­cería.

En Cal­i­for­nia, en Palm Springs, tam­bién se encuen­tra House of Tomor­row, la casa donde Elvis y Priscil­la pasaron su luna de miel. Y se puede vis­i­tar.

Y un últi­mo dato: no olvides ir a ver sus dos estrel­las en el sue­lo en el Paseo de la Fama de Hol­ly­wood: Elvis se las ganó con cre­ces.

Hawaii: el paraíso al que Elvis siempre quería volver

Cualquiera que haya vis­i­ta­do Grace­land y haya vis­to la Jun­gle Room, sabrá de sobra que Elvis era un enam­ora­do de las islas Hawaii. La may­oría de las veces solía alo­jarse en el Hilton Hawai­ian Vil­lage en Waiki­ki y era allí donde daba tam­bién sus ruedas de pren­sa. Otro de los hote­les donde se quedó fue en el Ilikai, muy cer­cano al Hilton. Cuan­do via­ja­ba con Priscil­la se reg­is­tra­ban con un nom­bre fal­so: el mat­ri­mo­nio Car­pen­ter.

En la base de Pearl Har­bor, Elvis, que tam­bién había servi­do durante dos años en las fuerzas armadas, dio un concier­to bené­fi­co en el que se recau­daron más de 54.000 dólares que se des­ti­naron a un memo­r­i­al.

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Elvis grabó en Hawaii tres pelícu­las (“Blue Hawaii”, “Girls, girls, girls!” y “Par­adise, Hawai­ian Style”), además de uno de sus concier­tos más leg­en­dar­ios, “Alo­ha from Hawaii”, en el Hon­olu­lu Inter­na­tion­al Con­ven­tion Cen­ter , donde tam­bién hay una estat­ua de Elvis. Era tal su amor por estas islas par­adis­ía­cas que inclu­so se escribió un libro sobre sus via­jes allí, “Elvis in Hawaii”.

¡Viva Las Vegas!

Es uno de sus temas más cono­ci­dos, ese “Viva Las Vegas!” que grabó para la pelícu­la del mis­mo nom­bre. Elvis era un enam­ora­do de la ciu­dad del juego, has­ta el pun­to de que aquí se casó con Priscil­la en una suite del hotel Aladdin (hoy hotel Plan­et Hol­ly­wood). Entre 1969 y 1976, Elvis escogió Las Vegas para dar en el Inter­na­tion­al (aho­ra Las Vegas Casi­no) más de 800 concier­tos con­sec­u­tivos a los que asistieron más de dos mil­lones y medio de per­sonas. Frente al hotel, como no, hay un mon­u­men­to de Elvis.

Sobra decir que cuan­do paseas por Las Vegas te encuen­tras a cien­tos de imi­ta­dores por la calle, que uno de ellos te puede casar en las dece­nas de capil­las des­ti­nadas a este fin, que es posi­ble hac­er un tour por la ciu­dad en un Cadil­lac rosa mien­tras escuchas “Can’t help falling in love” y que siem­pre hay algún musi­cal inspi­ra­do en la músi­ca de Elvis Pres­ley.

 

Nashville

En el Coun­try Music Hall of Fame and Muse­um ten­emos otro de los coches de Elvis, un Cadil­lac rosa de 1960. La entra­da al museo tam­bién te per­mite vis­i­tar los estu­dios RCA, donde Elvis grabó muchas de sus can­ciones. Elvis tam­bién tocó con ape­nas 19 años en el Ryman Audi­to­ri­um, una ver­sión rock­a­bil­ly del “Blue Moon of Ken­tucky”, aunque en esta ocasión con más pena que glo­ria. Sin embar­go, el propi­etario de la tien­da de dis­cos The Ernest Tubb (que aún sigue abier­ta, la estu­vi­mos vis­i­tan­do cuan­do fuimos a Nashville) ofre­ció a Elvis dar un show en la trastien­da esa mis­ma noche.

Alemania

Es curioso que pese a lo famoso que era Elvis en todo el mun­do, sólo toca­ba en Esta­dos Unidos, a excep­ción de cua­tro concier­tos que dio en Canadá. La úni­ca vez que vino a Europa fue para el ser­vi­cio mil­i­tar: estu­vo 17 meses des­ti­na­do en Ale­ma­nia y cuan­do llegó se encon­tró a miles de fans gri­tan­do su nom­bre. Fue allí donde cono­ció a Priscil­la, hija de un alto man­do y que en aquel momen­to sólo tenía 14 años, nueve menos que Elvis. Se enam­oró per­di­da­mente de ella.

Elvis pasó la may­or parte del tiem­po en la pequeña ciu­dad de Bad Nauheim (aunque hizo escapadas a París, Frank­furt y Munich) y has­ta uti­lizó la ima­gen de la puer­ta del castil­lo como por­ta­da de uno de sus dis­cos. Elvis vivió un tiem­po en el hotel Grunewald — aún se con­ser­va la Elvis Room y cer­ca una colum­na con­mem­o­ra­ti­va — y en el 14 de la calle Goethes­trasse. Des­de hace 17 años se cel­e­bra un fes­ti­val de hom­e­na­je a Elvis en dicha local­i­dad, con proyec­ción de pelícu­las y ban­das de ver­siones.


En Chaf­fee Cross­ing (Arkansas) se hizo la famosa foto en la bar­bería en la que Elvis se cortó el pelo antes de ir al ser­vi­cio mil­i­tar. Como curiosi­dad, se guar­da la car­ta que tres fans enviaron al pres­i­dente Eisen­how­er declaran­do que se sui­ci­darían si a Elvis le afeita­ban sus famosísi­mas patil­las.

En Apache Junc­tion (Ari­zona) podemos encon­trar una capil­la ded­i­ca­da a Elvis. En este mis­mo esta­do, en la ciu­dad de Phoenix, se expone una gui­tar­ra de Elvis en el Musi­cal Instru­ment Muse­um.

En Pigeon Forge (Ten­nessee) se encuen­tra el Elvis Muse­um, que exhibe una de las colec­ciones pri­vadas más impor­tantes del mun­do. Hay otro pare­ci­do en Cor­nelia (Geor­gia) y en Los Fres­nos (Texas), este últi­mo cono­ci­do como Lit­tle Grace­land.

Cada mes de Sep­tiem­bre, en el pequeño pueblo de Porth­cawl (Gales) se cel­e­bra un fes­ti­val con imi­ta­dores de Elvis venidos de todas las partes del mun­do.

Aparte de esto, Elvis tiene estat­uas en Kobe (Japón), Shreve­port (Louisiana), Neve Ilan y Tel Aviv (Israel), Seat­tle (con esta tam­bién me fotografié en su día), un memo­r­i­al en el Mel­bourne Gen­er­al Ceme­tery (Aus­tralia), otro en el Mar­ket Square Are­na de Indi­anapo­lis y otro más en Auck­land (Nue­va Zelan­da).

Aquí te dejamos el pro­gra­ma de radio que dedicamos a Mem­phis en nue­stro pro­gra­ma La Ruta 61 de Radio Via­jera…

 


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2 Comments

  1. stacobalsky

    at

    Me ha encan­ta­do 😍😍😍

  2. Me ale­gro!! 😉

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