Nuestro viaje a Chicago, la ciudad de los gangsters

Y por fin la últi­ma eta­pa de este larguísi­mo via­je por Esta­dos Unidos, en el que hemos recor­ri­do más de 5.000 kilómet­ros. Regresábamos a la ciu­dad donde ater­rizábamos, el prin­ci­pio y el fin de nues­tra ruta: Chica­go. La ter­cera ciu­dad más grande de USA tras Nue­va York y Los Ange­les y una de las más turís­ti­cas del mun­do. Su impre­sio­n­ante sky­line nos daba la bien­veni­da bajo un cielo total­mente despe­ja­do y una tem­per­atu­ra veran­ie­ga de lo más agrad­able.

Entre todos los ras­ca­cie­los de la ciu­dad, que son muchos (en ese sen­ti­do sí que es ver­dad que te sientes como en Nue­va York, como una pequeña hormi­gu­i­ta) desta­ca la Willis Tow­er, tam­bién cono­ci­da como la Torre Sears, que con sus 442 met­ros de altura es la segun­da más alta de Esta­dos Unidos tras la Free­dom Tow­er de Nue­va York. Se puede subir al mirador, el Sky­deck, pero entre que el tick­et nos parecía exce­si­vo (unos 20 euros) y que bas­tante gente nos había comen­ta­do que era tal la aglom­eración de per­sonas hacién­dose self­ies que se perdía todo el encan­to, decidi­mos admi­rar­la des­de aba­jo.

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Como ya os comen­té en eta­pas pre­vias, el alo­jamien­to en Chica­go es carísi­mo, a una media de 150 dólares la doble si quieres alo­jarte en el cen­tro en un hotel medio decente. Por ello opta­mos de nue­vo por Airbnb para salir del paso: una casa chulísi­ma con su porche por unos 600 dólares 4 días. Si tienes en cuen­ta que íbamos cua­tro per­sonas, nos salía por la mitad que un hotel. Además, al encon­trarse en un bar­rio res­i­den­cial a unos diez min­u­tos en coche del cen­tro, no teníamos prob­le­ma ninguno para aparcar. El bar­rio la ver­dad que era bas­tante tran­qui­lo y teníamos bas­tante cer­ca un super­me­r­ca­do que nos solu­ciona­ba el tema de las cenas por las noches. Lo comen­to porque de largo Chica­go nos pare­ció la ciu­dad más cara de todo el via­je y lo de abaste­certe en los super para desayunos y cenas te puede supon­er un ahor­ro de dinero con­sid­er­able.

Como comen­to, Chica­go es una ciu­dad muy cara, al niv­el de Nue­va York. El park­ing en el cen­tro por 12 horas suponía una media de 30 dólares, tened­lo en cuen­ta (sigo pen­san­do que aún así, si vais var­ios, com­pen­sa). Tam­bién es cier­to que tiene fama de ser la ciu­dad más peli­grosa del país, inclu­so por enci­ma de Los Ange­les, pero nosotros en la prác­ti­ca no tuvi­mos ningún prob­le­ma. Tam­poco está de más que te informes de cuáles son los bar­rios a evi­tar, espe­cial­mente por las noches. La zona sur y oeste del Loop sue­len ser bas­tante con­flic­ti­vas al caer el sol: recuer­da que en USA se da la curiosa cir­cun­stan­cia de que sólo un par de man­zanas pueden sep­a­rar un bar­rio medi­ana­mente seguro de otro que no lo sea.

Prob­a­ble­mente vas a comen­zar el recor­ri­do por la ciu­dad en el Loop, el corazón del dis­tri­to financiero y cuya seña más iden­ti­fica­ti­va es esa can­ti­dad de trenes ele­va­dos que vereis pasar por enci­ma de vues­tras cabezas cada tres o cua­tro min­u­tos. El Loop, después de Man­hat­tan, es la zona com­er­cial y financiera más impor­tante de todo el país.

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Una de las estat­uas más boni­tas de Chica­go, The Gen­tle­men, se encuen­tra frente al hotel Lang­ham: once estat­uas de bronce obra del artista tai­wanés Ju Ming.

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Mirad qué pre­cioso el río Chica­go a su paso por la ciu­dad. Durante las cel­e­bra­ciones de San Patri­cio las aguas se tiñen de verde en hom­e­na­je al patrón irlandés. A medi­a­dos de 1800 Chica­go fue una de las ciu­dades esta­dounidens­es que recibió más inmi­grantes irlan­deses.

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El lago Michi­gan pertenece a los cin­co Grandes Lagos, esos que se situ­an en la fron­tera entre USA y Canadá (los otros cua­tro son Supe­ri­or, Huron, Erie y Ontario; el Michi­gan es el úni­co que se encuen­tra en su total­i­dad den­tro de Esta­dos Unidos). Tiene una exten­sión sim­i­lar a la de Croa­cia, imag­i­nad su mag­ni­tud, y en Chica­go cuen­ta con varias playas donde la gente va a hac­er deporte o rela­jarse. El Navy Pier, un muelle de más de un kilómetro de lon­gi­tud, es uno de los lugares favoritos para locales y tur­is­tas a la hora de dar un paseo (yo os recomien­do que lo hagais cuan­do aún haya luz, que por las noches bajan bas­tante las tem­per­at­uras, os recuer­do además que a Chica­go se la conoce como la Ciu­dad del Vien­to pre­cisa­mente por los ven­davales que la azotan).

El Navy Pier, el muelle más famoso de Chica­go, se encuen­tra en el bar­rio de Streeter­ville y el próx­i­mo año cumplirá su primer siglo de vida. Aquí se ofre­cen diver­sos cruceros por el lago (algunos con cena incluí­da). Una de sus prin­ci­pales atrac­ciones es la Fer­ris Wheel, esta gigan­tesca noria de casi 50 met­ros de altura.
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El boni­to car­rusel ady­a­cente, cuyos 56 ani­males de madera están todos pin­ta­dos a mano…

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Inte­ri­or del pre­cioso edi­fi­cio que acoge el Museo de los Niños

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Así de boni­to luce el sky­line de Chica­go

Chicago

Uno de los grandes sím­bo­los de Chica­go, las Mari­na City Tow­ers, con su curiosa for­ma de mazor­ca de maíz (de hecho, uno de los días dejamos el coche allí aparca­do, ya veis en la foto que las plan­tas de park­ings lle­gan has­ta el infini­to).

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El Mil­le­ni­um Park fue uno de los lugares que más nos gustó de Chica­go. Se comen­zó a con­stru­ir a finales de 1998 para cel­e­brar pre­cisa­mente la entra­da en el segun­do mile­nio de nues­tra era y a su inau­gu­ración, cuyas cel­e­bra­ciones se extendieron durante tres días, acud­ieron más de 300.000 per­sonas. Uno de sus rin­cones más encan­ta­dores se encuen­tra en Wrigley Square, donde se hal­la el Mil­le­ni­um Mon­u­ment, clara ref­er­en­cia de la arqui­tec­tura grie­ga y que es una répli­ca de un mon­u­men­to ante­ri­or que se encon­tra­ba en Grant Park (el Mil­le­ni­um en real­i­dad for­ma parte del Grant Park).

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El Jay Pritzk­er Pavil­lion tiene capaci­dad para 7.000 espec­ta­dores y es una de las con­struc­ciones más van­guardis­tas de la ciu­dad. Es la sede ofi­cial de los concier­tos que ofrece la Orques­ta Sin­fóni­ca aunque se orga­ni­zan even­tos de todo tipo a lo largo del año.

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La Cloud Gate, cono­ci­da car­iñosa­mente por los locales como The Bean por su for­ma sim­i­lar a una judía, es uno de los mon­u­men­tos más vis­i­ta­dos de Chica­go. Es obra del escul­tor indio Anish Kapoor y lo chu­lo, como veis en las instan­táneas, es fotografi­ar vue­stro pro­pio refle­jo en la escul­tura.

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La Crown Foun­tain fue dis­eña­da por unartista catalán, Jaume Plen­sa, y es otro de los grandes orgul­los de Chica­go. Son dos tor­res de cristal de 15 met­ros que dejan el agua cor­rer, gen­eral­mente entre Mayo y Octubre (no veais los niños como chapote­a­ban descal­zos, se lo pasa­ban pipa). Cada pocos min­u­tos se van proyectan­do en la fuente imá­genes de difer­entes per­sonas.

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Tuvi­mos la suerte tam­bién de pil­lar aún en acti­vo (sólo estará has­ta Diciem­bre de 2015) la exposi­ción “Por­traits”, tam­bién de Jaume Plen­sa, inspi­ra­da en niñas pequeñas.

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Ya sabéis que Chica­go es el pun­to de par­ti­da y lle­ga­da de la Ruta 66 y aquí se encuen­tran sus cor­re­spon­di­entes señales…

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Hablan­do de la Ruta 66, para nosotros era total­mente impre­scindible acer­carnos a cono­cer el Lou Mitchel­l’s, fun­da­do en 1923 y prob­a­ble­mente el restau­rante más famoso de toda la ruta, ya que es tradi­ción que los que recor­ren la Moth­er Road, como se conoce en USA, hagan su primera comi­da aquí antes de comen­zar el camino.

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Y ya que andamos con el tema gas­tronómi­co, si hay algo que car­ac­ter­i­za a Chica­go y es su comi­da más típi­ca esta es la Deep Dish Piz­za, que se sirve abier­ta y cuya masa es ver­dadera­mente grue­sa. Está espec­tac­u­lar. Nosotros fuimos a pro­bar­la a uno de los locales más leg­en­dar­ios de la ciu­dad, el Lou Mal­nati’s.

Deep Dish Pizza Chicago

Hablaré aho­ra más ade­lante de los gang­sters pero fanáti­cos del cine, si hay un lugar imperdi­ble en vues­tra visi­ta es la Union Sta­tion, donde entre otras muchas pelícu­las se grabó “Los into­ca­bles de Elliot Ness”, ya sabéis, esa famosa esce­na donde un car­ri­to de bebé caía por las escaleras mien­tras Kevin Cost­ner y Andy Gar­cía intenta­ban deten­er a Al Capone. La estación es inmen­sa (6.000 met­ros cuadra­dos y diez entradas, en cuan­to a asiduidad de trenes, es la ter­cera más impor­tante de Esta­dos Unidos).

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Aunque a muchos habi­tantes de Chica­go no les guste demasi­a­do recor­dar el pasa­do de la ciu­dad durante los años 20 como hog­ar de los gang­sters más famosos (y peli­grosos) de todos los tiem­pos, lo cier­to es que esa parte de su his­to­ria con­tinúa sien­do uno de los may­ores reclam­os turís­ti­cos y has­ta hay empre­sas que ofre­cen tours por los lugares donde estos vivían, salían a com­er y beber y de paso se asesin­a­ban entre ellos, como el lugar de la Masacre de San Valen­tín (2122 N. Clark Street), donde fueron acribil­la­dos a bal­a­zos siete mafiosos, el cemente­rio de Mount Carmel, donde se encuen­tra enter­ra­do Al Capone, o el teatro Bio­graph, a cuyas puer­tas fue asesina­do John Dillinger.

Ima­gen del Hard Rock Cafe de Chica­go

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Y otro clási­co de la músi­ca rock: el House of Blues

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La Mag­ni­fi­cient Mile es la aveni­da más glam­ourosa de la ciu­dad: aquí se acu­mu­lan las tien­das de carísi­mas mar­cas como Bul­gari, Pra­da, Hugo Boss o Tifan­ny’s. Por aquí pasan más de 20 mil­lones de per­sonas al año.

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Mon­u­men­to de hom­e­na­je a George Wash­ing­ton

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La Water Tow­er, otro de los edi­fi­cios más emblemáti­cos de Chica­go. Actual­mente acoge la Ofic­i­na de Tur­is­mo y fue uno de los pocos edi­fi­cios que se salvó del gran incen­dio de 1871.

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Y uno no se puede ir de Chica­go sin haber pasa­do algu­na noche en uno de sus fan­tás­ti­cos clubs de blues, los más impor­tantes de todo el país. Todas las noches hay una inigual­able agen­da de concier­tos de la ciu­dad: nosotros escogi­mos el Blues Chica­go para ver tocar a una de las ban­das locales. ¡El mejor broche de des­pe­di­da que podíamos imag­i­nar!

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Aquí tienes el pro­gra­ma de La Ruta 61 en Radio Via­jera que dedicamos a Chica­go…


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