Cómo no comportarte como un cretino cuando sales de viaje

Hace unos meses que tenía pen­di­ente escribir uno de esos artícu­los polémi­cos míos que dan tan­to juego y que tan ameno os hace el día. Venía la idea a raíz de aque­l­la noti­cia que saltó sobre la insta­gram­mer Dul­cei­da, esa chi­ca más dicharachera que el reportero de Bar­rio Sésamo que se ha con­ver­tido en la gurú de las mar­cas y lo mis­mo te anun­cia un per­fume que unas com­pre­sas. A la poderosa influ­encer (esa “pro­fe­sión” a la que todo el mun­do aspi­ra) le encan­ta via­jar por el mun­do pro­mo­cio­nan­do infinidad de pro­duc­tos, pese a que Insta­gram deje muy claro que la pub­li­ci­dad encu­bier­ta está pro­hibidísi­ma. Cualquier momen­to es bueno para ensalzar las vir­tudes de un suje­ta­dor o un pin­ta­l­abios. La cuestión es ganar dinero a espuer­tas deján­dote la éti­ca olvi­da­da en un rincón si ello supone de paso hac­erte con un puña­do más de seguidores (o fol­low­ers, que parece que lo de seguidores es de car­cas). Todo vale.

El caso es que aquí la ami­ga decidió irse de via­je a Sudáfrica con su novia con la excusa de pro­mo­cionar sus becas para apren­der inglés y de paso dar ellas mis­mas ejem­p­lo. Que digo yo que sería un cur­so inten­si­vo porque el via­je ape­nas duró unos días pero las mentes priv­i­le­giadas es lo que tienen, que se hacen con un idioma en el tiem­po que tú tar­das en leerte una revista. Pron­to quedó claro, sin embar­go, que ambas parecían estar más intere­sadas en dedicar las horas lec­ti­vas a tar­eas más lucra­ti­vas como subir fotos a las redes sociales. Y ahí lle­ga­ba la primera instan­tánea de Alba, la pare­ja de Dul­cei­da, rela­ján­dose en una bañera cubier­ta de espuma. Que el via­je esta­ba sien­do de lo más duro y una se merecía su momen­to de relax. Todo muy boni­to e idíli­co si no fuera porque Ciu­dad del Cabo, debido a la sequía, esta­ba sufrien­do serias restric­ciones, pro­hibién­dose a la población tirar de la cade­na o lavar el coche. Cada per­sona sólo podía con­sumir 50 litros diar­ios (una ducha de ape­nas dos min­u­tos ya se lle­va 30). Ciu­dad del Cabo ha sido la primera ciu­dad del mun­do en recono­cer que la fal­ta de agua va a condi­cionar sí o sí la vida de sus habi­tantes.

Por si esto no fuera sufi­ciente, Dul­cei­da quiso demostrarnos que pese a esa ima­gen que tiene de mujer super­fi­cial, en su inte­ri­or late un corazón de lo más sol­i­dario. Que le dan mucha pena esos niños negri­tos que vemos en la tele desnu­tri­dos y rodea­d­os de moscas. Así que ni cor­ta ni pere­zosa se fue a un pobla­do, enganchó a tres críos y les colocó unas gafas de sol Miss Hamp­tons (efec­ti­va­mente, mar­ca que pro­mo­ciona). Al min­u­to subió la foto a Insta­gram con el tex­to “¡Una hora con ellos no ha sido sufi­ciente! Feliz por haber­los hecho son­reír”. Qué feliz esta­ba Dul­cei­da, la de likes que iba a con­seguir con aque­l­la ima­gen. Esta­mos seguros de que tras subir la foto, las gafas regre­saron a su bol­sil­lo, que no es cuestión de ir rega­lan­do cosas así como así. Y además, si esos niños fijo que tenían las pupi­las más que acos­tum­bradas al abrasador sol africano, tam­poco las iban a echar de menos.

africa_Easy-Resize.com

A Dul­cei­da, como a tan­tos que via­jan a África, parecía impor­tar­le poco que esos niños estu­vier­an más nece­si­ta­dos de una escuela o un hos­pi­tal cer­ca de sus chami­zos. Eran meras her­ramien­tas para su lucimien­to per­son­al y dudamos que se acor­dara de sus penurias cuan­do un par de horas más tarde esta­ba tira­da a la bar­to­la en un resort de lujo cuyas habita­ciones lle­gan a costar 3.000 euros la noche. La pobre Dul­cei­da, al regre­sar a España, llorique­a­ba cuan­do vio la de críti­cas a su friv­o­l­i­dad que había orig­i­na­do la foto de mar­ras. Indig­na­da y dol­i­da, se excus­a­ba dicien­do “que desconocía la situación de sequía del país” (es lo que tiene ser una desin­for­ma­da) y que su foto con los negri­tos sólo bus­ca­ba regalar­les un momen­to de feli­ci­dad. Que es que los pobres mor­tales no com­pren­demos lo estre­sante que es la vida de estas influ­encers de pacotil­la, que no pueden per­mi­tirse el más mín­i­mo des­cui­do.

Hemos elegi­do a Dul­cei­da como rep­re­sen­tante de ese gremio de tur­is­tas, cada vez más numeroso, al que le impor­ta bien poco las vicisi­tudes con las que luchan las per­sonas que viv­en en los país­es que vis­i­tan. Hay una cita que dice “el via­jar es malo para los pre­juicios, la intol­er­an­cia y la estrechez de mente” pero cada día que pasa estoy más con­ven­ci­da de que via­jar a país­es lejanos sirve de poco para mucha gente. Son muchos los tur­is­tas que “via­jan sin mirar”, a los que les res­bala la situación de pobreza, desigual­dad o fal­ta de lib­er­tad que sufren mil­lones de per­sonas. Via­jan uni­ca­mente intere­sa­dos en hac­erse el self­ie de turno para vac­ilar en la ofic­i­na de que han esta­do en tal o cual país. Pero les da igual lo que han vis­to, son inca­paces de empa­ti­zar con las des­gra­cias aje­nas. En ningún momen­to se pre­ocu­pan de saber de qué for­ma podrían colab­o­rar acti­va­mente para con­stru­ir un mun­do mejor.

Cuan­do uno via­ja, debe haber una labor pre­via y con­cien­zu­da de infor­ma­ción acer­ca de lo que se va encon­trar. La excusa de Dul­cei­da de”¡es que no lo sabía!” no sirve. ¿Aca­so te deja de mul­tar un agente de trá­fi­co cuan­do te saltas un STOP y le respon­des que igno­ras para qué sirve esa señal? Si exigís con ahín­co a los que vienen de fuera que se adapten a nues­tras cos­tum­bres, que aquí lo de ensalzar el orgul­lo patrio está cada vez más a la orden del día, a lo mejor tú mis­mo podrías predicar con el ejem­p­lo hacien­do lo mis­mo. Espe­cial­mente cuan­do se via­ja a país­es en vías de desar­rol­lo, existe el ries­go de toparse con situa­ciones com­pli­cadas que hay que cono­cer. Sobre todo cuan­do estas tienen por cóm­plices a los pro­pios tur­is­tas. ¿El ejem­p­lo más claro? El tur­is­mo de orfanatos.

Turismo de orfanatos

Si no has oído hablar de ello, es bue­na prue­ba de que nece­si­tas con­cien­cia­rte con lo que hay ahí fuera. Porque es uno de los más graves prob­le­mas a los que se enfrentan las sociedades de los país­es pobres. Has­ta el pun­to de que Save the Chil­dren ha emi­ti­do un informe ver­i­f­i­can­do que cua­tro de cada cin­co niños que viv­en en orfanatos no son real­mente huér­fanos. ¿Esto que impli­ca? Que famil­ias sin recur­sos, deses­per­adas, ceden a sus hijos a insti­tu­ciones sin escrúpu­los para que los hagan pasar por huér­fanos. Los respon­s­ables de dichas insti­tu­ciones bus­can en las zonas rurales de país­es como Nepal, Ugan­da, Myan­mar o Ghana a famil­ias en esta situación y les con­ven­cen hacién­doles creer que darán a sus hijos una vida mejor. Cuan­do lle­gan a los orfanatos, fal­si­f­i­can su doc­u­mentación, les cam­bian los nom­bres y les nie­gan cualquier con­tac­to pos­te­ri­or con sus famil­ias ver­daderas.

Turismo Orfanatos

¿Qué papel jue­gan los tur­is­tas en este trá­fi­co de seres humanos? El más impor­tante. Se espera de ellos sus dona­ciones, sus mues­tras de gen­erosi­dad, a cam­bio de lle­varse a uno de estos huér­fanos a com­er un hela­do. En muchos casos sin super­visión de los respon­s­ables de las insti­tu­ciones, por lo que estos niños son pre­sa fácil para cualquier ped­eras­ta. Se arries­gan a ser secuestra­dos, vio­la­dos o asesina­dos. Un des­ti­no no mucho mejor que su vida diaria, donde las pal­izas en los orfanatos son con­tin­uas y las raciones de comi­da, míseras (algunos de ellos se ven oblig­a­dos a com­er ratones). Estos niños no van a la escuela, viv­en rodea­d­os de suciedad y cuan­do cre­cen y no sir­ven “para dar pena”, quedan exclu­i­dos social­mente.

A may­or número de tur­is­tas, may­or pro­lif­eración de orfanatos. Es el caso de Cam­boya, donde estu­vi­mos hace unos meses y no se nos pasó por la imag­i­nación acer­carnos a alguno de estos orfanatos-atra­p­a­tur­is­tas. Si durante los últi­mos años el tur­is­mo ha cre­ci­do en el país un 75%, lo ha hecho en igual medi­da el número de orfanatos. ¿No sue­na raro que aho­ra haya muchos más huér­fanos que durante la dic­tadu­ra de Pol Pot? Son muchos los vol­un­tar­ios que con la mejor de las inten­ciones se prestan a ayu­dar a estos orfanatos y no menos los tur­is­tas que con­movi­dos por tan­ta mis­e­ria, dejan unos cuan­tos bil­letes. Pero a lo úni­co que están con­tribuyen­do es a un nego­cio basa­do en la esclav­i­tud. ¿Quieres ser tú tam­bién partícipe? Si te pre­ocu­pa el futuro de muchos de estos niños, des­ti­na tus dona­tivos a ONGs acred­i­tadas y cuya labor está super­visa­da como la de Vicente Fer­rer. No a estos explota­dores sin escrúpu­los.

Cuando los niños viven del turismo

Que el tur­is­mo está con­tribuyen­do a la nula cal­i­dad de vida de muchos infantes es más que evi­dente, por mucho que a los via­jeros de país­es del Primer Mun­do nos cueste recono­cer­lo. Muchos de estos niños que viv­en en país­es pobres ven en el tur­ista una bil­letera con patas. Alen­ta­dos por sus famil­ias, aban­do­nan las escue­las y comien­zan a bus­carse la vida en las calles, mendi­gan­do unas mon­edas a cam­bio de venderte una postal, un sou­venir, limpiarte los zap­atos o direc­ta­mente pidién­dote limosna. He vivi­do en mis carnes esa situación mil­lones de veces y sí, lo paso fatal pero jamás, jamás con­tribuyo a que esos niños sigan tra­ba­jan­do cuan­do deberían estar apren­di­en­do a leer y escribir. Com­pren­do que cuan­do un mon­tón de críos se te engan­chan del pan­talón con la mano exten­di­da dicien­do “pleaseeee, madameeee, mon­ey!!”, a una le cues­ta no dar­les unas cuan­tas mon­edas. Pero es lo peor que puedes hac­er. A más de uno le he pre­gun­ta­do por qué no está en el cole­gio y te dan respues­tas vagas como “es que estu­dio por la tarde” o “hoy el cole­gio está cer­ra­do”. Eso lo dice todo.

Muchos de estos niños no solo deam­bu­lan por las calles sino que tam­bién tra­ba­jan des­de que tienen siete u ocho años en restau­rantes, tien­das o hote­les. Si te encuen­tras con esta situación, no dudes en avis­ar a la policía. En muchas oca­siones estos niños han sido rap­ta­dos y tra­ba­jan allí en con­tra de su vol­un­tad, ni siquiera sus famil­ias saben donde se encuen­tran. Sobra decir que si estás alo­ja­do en un hotel o hostal donde tra­ba­jen niños, cojas tus bár­tu­los y te largues.

Cuan­do uno via­ja y hay niños por medio, hay muchas cosas que debe­mos ten­er en cuen­ta. La primera es que los niños no son atrac­ciones turís­ti­cas, por lo tan­to no vayas a vis­i­tar lugares donde los util­i­cen como reclamo (esto en Asia se ve mucho). Y mucho menos pagues porque te dejen fotografi­arte con ellos. Siem­pre que fotografío a un niño para ilus­trar este blog, lo hago con su per­miso o el de su madre y sin dar mon­edas a cam­bio. Si puedo fotografi­ar a la famil­ia entera, mejor que mejor. Y si no quieren, lo respeto, están en su dere­cho de negarse.

niños india

Cuan­do das una limosna a un niño, a lo úni­co a que estás con­tribuyen­do es a demostrar que su méto­do fun­ciona y a ani­mar­le a que con­tinúe mendi­gan­do. Los niños que lo vean quer­rán hac­er lo mis­mo y así se amplía el prob­le­ma. No podemos dejar que nos ven­za la lás­ti­ma: la lás­ti­ma es que estos niños no estén sen­ta­dos delante de un pupitre. Ni tam­poco que esos niños no nos vean como per­sonas con las que inter­ac­tu­ar ni de las que apren­der algo sino como tur­is­tas a los que sacar­les el dinero. Además, muchos de estos niños ni siquiera entre­gan el dinero a su famil­ia para poder com­er sino que lo gas­tan en pega­men­to para esni­far. Estás con­tribuyen­do a que su vida futu­ra sea un infier­no.

En país­es como la India cada vez son más las mafias que secues­tran niños, les amputan un bra­zo o una pier­na y les ponen a mendi­gar en las calles. Nada se puede hac­er por los que han sido lisi­a­dos pero sí por los próx­i­mos. Si los tur­is­tas no les dan dinero, a estas mafias explota­do­ras se les aca­ba el chol­lo. A esto le podemos añadir el tema del tur­is­mo sex­u­al, una autén­ti­ca lacra en país­es como Tai­lan­dia, donde es común ver a extran­jeros sesen­tones con niñas de doce años de la mano. Cuan­do pres­en­cies algo de esto, no inter­ven­gas (prob­a­ble­mente el prox­ene­ta esté cer­ca, dis­puesto a par­tirte las pier­nas): denún­cia­lo en la comis­aría más cer­cana.

Te hemos dicho lo que no debes hac­er para ser parte de este cír­cu­lo vicioso. Pero tam­bién te vamos a dar unos cuan­tos con­se­jos acer­ca de cómo puedes ayu­dar y que nosotros mis­mos inten­ta­mos lle­var a la prác­ti­ca siem­pre que podemos. Ponte en con­tac­to con orga­ni­za­ciones fiables, tan­to en tu país como en el que vis­ites, para que te infor­men de qué man­era puedes ayu­dar. A lo largo de mi vida he par­tic­i­pa­do en infinidad de acciones de vol­un­tari­a­do donde ves de primera mano los ben­efi­cios de tu tra­ba­jo desin­tere­sa­do. Muchas veces no se tra­ta sólo de donar dinero: se puede ayu­dar de muchas man­eras y estarán encan­ta­dos de aseso­rarte. Si te infor­mas, verás que hay mul­ti­tud de orga­ni­za­ciones que regen­tan tien­das o restau­rantes cuyos ben­efi­cios se des­ti­nan a colec­tivos des­fa­vore­ci­dos: gás­tate allí tu dinero. Si quieres lle­var pro­duc­tos de primera necesi­dad, pre­gun­ta por lo que se nece­si­ta más, no por lo que creas tú que mejor les va a venir. Inter­ac­túa con los pequeños, déjales que te muestren cosas de su cul­tura que les hagan sen­tirse orgul­losos, ofrécete a enseñar­les unas pal­abras en inglés o a hac­er unos dibu­jos. Has de hac­er­les sen­tir niños, que es lo que son.

Ser viajero y racista: una total contradicción

El prin­ci­pal ali­a­do de los pre­juicios es la intol­er­an­cia. Hay gente que via­ja con muchos de estos pre­juicios en la mochi­la y con­tin­ua vien­do a los que son de otra raza como seres infe­ri­ores, pese a que tú seas el via­jero blan­co en un país de negros: aquí parece que se nos ha queda­do impreg­na­do nue­stro pasa­do colo­nial­ista. Cuan­do he via­ja­do a otros país­es, he pres­en­ci­a­do acti­tudes aber­rantes por parte de muchos tur­is­tas. Des­de los amer­i­canos sober­bios que tratan en Méx­i­co a los locales como si fuer­an sus lacayos a muchos france­ses que en Viet­nam veían a los viet­na­mi­tas como ciu­dadanos de segun­da cat­e­goría, sim­ple­mente porque habían vivi­do bajo dominio francés durante demasi­a­dos años. Gente que via­ja a Lati­noaméri­ca y susurra por lo bajo “cómo viv­en estos suda­cas”, pasajeros de avión  que se ponen lívi­dos cuan­do se sien­ta al lado un musul­mán con bar­ba y chi­l­a­ba (no vaya a lle­var una bom­ba enci­ma), via­jeros que en país­es pobres ven a los locales como igno­rantes anal­fa­betos. Pero lo peor en los últi­mos años ha sido esa fobia a los país­es musul­manes debido a los ataques ter­ror­is­tas de ISIS.

interracial_Easy-Resize.com

¿Se puede ser tan cenu­trio como para creer que 1.200 mil­lones de musul­manes van por el mun­do con un cin­turón de explo­sivos ata­dos a la cin­tu­ra? ¿Que todos están de acuer­do con las bar­bari­dades de los talibanes?¿Que no hay mujeres musul­manas que van sin bur­ka? He via­ja­do infinidad de veces a país­es musul­manes y todas mis expe­ri­en­cias han sido extra­or­di­nar­ias. Gente ama­bilísi­ma, hos­pi­ta­lar­ia, mucho más abier­ta de mente que lo que nos quieren vender por tele­visión. Respetu­osos con los demás, como esper­an que tú lo seas con su cul­tura. No me ha impor­ta­do taparme las pier­nas o los bra­zos para acced­er a una mezqui­ta porque me adap­to a sus nor­mas sociales como a nosotros nos gus­ta que se adapten a las nues­tras. Via­jar es sinón­i­mo de respetar, de apren­der de lo difer­ente, de enrique­cerse emo­cional­mente. De asim­i­lar de una vez por todas que bajo pieles de difer­entes col­ores lat­en los mis­mos cora­zones.

¿Turismo con animales? ¡No, gracias!

Una de las cosas que no aguan­to cuan­do voy de via­je es pres­en­ciar la can­ti­dad de tur­is­tas que par­tic­i­pan en espec­tácu­los donde los ani­males son el prin­ci­pal reclamo. He vis­to a tan­tísi­ma gente extasi­a­da ante la idea de fotografi­arse a lomos de un ele­fante que poco a poco voy per­di­en­do la fe en que ter­mine de impon­erse ese tur­ista respon­s­able que inten­ta pon­erse en el pelle­jo de estos pobres ani­males esclav­iza­dos. No impor­ta en las condi­ciones que se encuen­tren estos ani­males: lo rel­e­vante es lle­varte tu self­ie sin­tién­dote un mahara­ja por un día. Cueste lo que cueste.

Si miras a la colum­na de tu derecha, verás que ten­emos otor­ga­do el títu­lo de Blog­ger Respon­s­able que FAADA, la Fun­dación para el Aseso­ramien­to y Acción en Defen­sa de los Ani­males, da a las empre­sas y blogs que se nie­gan a pub­lic­i­tar activi­dades en las que haya ani­males por medio y que a cam­bio apoye­mos las vis­i­tas a cen­tros de con­ser­vación y rescate de ani­males. Cen­tros que deben estar per­fec­ta­mente homolo­ga­dos y super­visa­dos, pues son muchos, como los refu­gios para tigres en Tai­lan­dia, que en real­i­dad escon­den la per­se­cu­ción de un ben­efi­cio económi­co y tienen a estos tigres semi­dro­ga­dos sólo para que los tur­is­tas se fotografíen con ellos.

Unos de los peo­res para­dos de esta explotación ani­mal son los ele­fantes. Los tur­is­tas han cre­ci­do soñan­do con expe­di­ciones por la sel­va y quieren sen­tirse “aven­tureros” a lomos de un ele­fante. Aunque la “aven­tu­ra” sea bam­bolearse durante una hora jun­to a un cuidador que pega con un mar­tillo en la cabeza al ani­mal cada vez que este no aca­ta sus órdenes. Penoso ¿ver­dad? Pues hay gente que paga por ello. Y cuan­do hay deman­da, hay ofer­ta (un 50% de los que via­jan a Asia recono­cen estar intere­sa­dos en mon­tar en ele­fante), por eso está en nues­tra mano parar este deplorable nego­cio.

Turismo elefantes

Miles de ele­fantes viv­en en país­es como India, Tai­lan­dia, Sri Lan­ka, Laos o Cam­boya en condi­ciones infrahu­manas. Des­de bebés se sep­a­ra a las crías de sus madres, pegán­doles para que apren­dan a obe­de­cer y acos­tum­brán­doles a la vida que les espera. Jor­nadas de doce o catorce horas pase­an­do a tur­is­tas, sin acce­so a agua ni comi­da y sopor­tan­do tem­per­at­uras que sobrepasan los 40 gra­dos. Cuan­do aca­ban, se les ata a una cade­na de escasa lon­gi­tud y ape­nas pueden moverse ni rela­cionarse con otros ani­males de su especie. Se les ali­men­ta de mala man­era, no tienen con­troles vet­eri­nar­ios  y sufren los estra­gos psíquicos de estar expuestos a los gri­tos de los tur­is­tas. El ele­fante, uno de los ani­males más inteligentes del mun­do, en lib­er­tad está habit­u­a­do a explo­rar y desar­rol­lar sus capaci­dades por sí mis­mo; en cau­tivi­dad se ve forza­do a lim­i­tarse a acatar órdenes, por lo que sufren estrés y prob­le­mas de com­por­tamien­to. Aquí aba­jo podéis ver un vídeo de cómo se mal­tra­ta a los ele­fantes des­de que ape­nas tienen seis meses.

A los ele­fantes, espe­cial­mente en la India, se les obliga a par­tic­i­par en fes­ti­vales con músi­ca estri­dente y rodea­d­os de mul­ti­tudes. Yo he vivi­do situa­ciones como ver a ele­fantes paseán­dose por el cen­tro de Bangkok entre medias de los coches y que a la may­oría de la gente le pareciera la situación más nor­mal del mun­do. Pero no, no lo es. El habi­tat nat­ur­al de un ele­fante es en la sel­va, no en mitad de una de las ciu­dades más caóti­cas de nue­stro plan­e­ta.

Pero los ele­fantes, lam­en­ta­ble­mente, no son los úni­cos per­ju­di­ca­dos por este tur­is­mo cru­el y despi­ada­do. Des­de que se puso de moda lo de hac­erse self­ies, tor­tu­gas, monos o koalas han de ver como desapren­sivos se les pasan de mano en mano para hac­erse la foto. Aún está en la mente de todos aque­l­la noti­cia en que un bebé de delfín murió en una playa de Mojá­car después de que un mon­tón de imbé­ciles le sacaran del agua para fotografi­arse con él. Este prob­le­ma, el de sacar a ani­males sal­va­jes de su habi­tat para hac­erse self­ies, se está agra­van­do en lugares como el Ama­zonas.

Como via­jeros ¿qué podemos hac­er para evi­tar estas bar­bari­dades? Algo muy sen­cil­lo: no par­tic­i­par en ellas. Esta­mos tan acos­tum­bra­dos a los zoos y los acuar­ios que no somos con­scientes del daño que hacen ni cómo viv­en los ani­males allí encer­ra­dos. Si quieres que tu hijo se divier­ta, llé­vate­lo al cam­po a jugar al balón, no a ver como orcas y delfines dan saltos y pasan por aros. Estos ani­males son sep­a­ra­dos de sus famil­ias, oblig­án­doles a vivir en pisci­nas minús­cu­las y nadar en cír­cu­los durante horas. Los delfines, jun­to al hom­bre, son los úni­cos seres capaces de quitarse la vida de for­ma con­sciente. Muchos de estos delfines viv­en con tal tris­teza que se sui­ci­dan golpeán­dose la cabeza con­tra las pare­des de los estanques o negán­dose a salir a la super­fi­cie a res­pi­rar. Pre­fieren la muerte a una vida llena de sufrim­ien­to.

Las mujeres jirafa de Tailandia

Mujeres Jirafa

Cua­tro veces he ido a Tai­lan­dia y cua­tro veces me he nega­do a vis­i­tar a las Mujeres Jirafa. Una excur­sión que ado­ran los tur­is­tas sin pasarse a pen­sar la dura real­i­dad que se esconde tras la vida de estas mujeres. Miem­bros de la tribu Kayah, ellas y sus ami­gos y famil­iares son refu­gia­dos bir­manos que escaparon de la guer­ra y a los que Tai­lan­dia ofre­ció asi­lo políti­co en la fron­tera entre Tai­lan­dia y Myan­mar. Al ser refu­gia­dos, se les puso todas las tra­bas del mun­do para bus­carse la vida. Así que deci­dieron con­ver­tir a las mujeres en atrac­ciones de feria.

La tradi­ción de ir colo­can­do aros sobre el cuel­lo no está claro de donde viene. Unos dicen que era para pre­venir los ataques de los tigres, que solían morder en esta parte del cuer­po, otros que para realzar la belleza de las mujeres. Lo cier­to es que a día de hoy algu­nas de estas mujeres prac­ti­can gus­tosas dicha tradi­ción pero otras se ven forzadas a ello ya que son el prin­ci­pal sus­ten­to de la economía trib­al al vivir de los dona­tivos de los más de 40.000 tur­is­tas que las vis­i­tan cada año, aunque a ellas les lle­ga un por­centa­je mín­i­mo de ese dinero: el suel­do medio es de 40 euros men­su­ales. A muchas tur­is­tas las encan­ta pro­barse ellas mis­mos esos aros para fotografi­arse con ellos puestos, sin pararse a pen­sar en lo irre­spetu­oso del gesto.

A la edad de cin­co años, las niñas comien­zan a añadir aros alrede­dor del cuel­lo. No es que el cuel­lo se estire sino que se defor­man las clavícu­las, lo que es igual de doloroso si ten­emos en cuen­ta que estos aros lle­gan a pesar cin­co kilos. Para quitárse­los nece­si­tan la ayu­da de otra per­sona y el pro­ce­so dura unas dos horas. La may­oría de estas niñas no asis­ten a la escuela y se ganan la vida ven­di­en­do sou­venirs. Viv­en en un pueblo sin elec­t­ri­ci­dad porque se quiere dar al tur­ista la impre­sión de vivir ajenos a la tec­nología, con todas las inco­mo­di­dades que ello con­ll­e­va; las mujeres que osan ten­er un telé­fono móvil ven como rap­i­da­mente se les con­fis­ca. Tam­poco tienen seguri­dad social ni esper­an­za de ten­er una vida fuera del pueblo. Los miem­bros de la tribu tam­poco pueden salir de la provin­cia sin pedir un per­miso al gob­ier­no tai­landés.

Aunque algu­nas de estas mujeres han recibido ofer­tas de asi­lo políti­co de país­es como Nue­va Zelan­da o Fin­lan­dia, el gob­ier­no de Tai­lan­dia lo ha dene­ga­do. No quieren perder a la gal­li­na de los huevos de oro. Aunque sea a cos­ta de con­denar a estas infe­lices mujeres a for­mar parte de un zoo humano.

 No es más limpio el que más limpia sino el que menos ensucia

¿Te has para­do a pen­sar cuan­tos tur­is­tas via­jan por el mun­do cada año? 900 mil­lones. Se dice pron­to ¿ver­dad? Imag­i­na entonces la can­ti­dad de basura que pueden gener­ar estas per­sonas. Ser respon­s­able con los des­perdi­cios que gen­eras es fun­da­men­tal. Si vas a la playa, recoge toda la basura que pro­duz­cas (sí, col­il­las inclu­idas) y la que veas cer­ca tuya, que algún otro se habrá olvi­da­do de ser tan edu­ca­do como tú. Evi­ta el uso del plás­ti­co lle­van­do tu propia mochi­la; si vas a tomar un café, haz­lo en el bar y no lo lleves con­ti­go, ese vaso de papel te lo puedes ahor­rar. En los hote­les sigue la políti­ca de ahor­rar agua (dúchate en vez de bañarte, cier­ra el gri­fo mien­tras te lavas los dientes) y a no ser que estén mugri­en­tas, inten­ta usar las toal­las un par de días. Cuan­do sal­gas de la habitación, apa­ga la luz y el aire acondi­ciona­do. En la medi­da de lo posi­ble, uti­liza el trans­porte públi­co, que con­t­a­m­i­na menos que los vehícu­los pri­va­dos.

Unos cuantos consejos para apoyar la cultura local

En los pueb­los pequeños, aún se mantiene esa ben­di­ta tradi­ción de com­er­ciar con pro­duc­tos arte­sanos. Que tu dinero vaya para los artis­tas locales. Y tam­bién para agricul­tores y granjeros ¡que viva la fru­ta orgáni­ca!

Antes de via­jar, aprende todo lo que puedas de las cos­tum­bres que te esper­an. Pasa por la bib­liote­ca y toma presta­dos unos cuan­tos libros, visu­al­iza doc­u­men­tales, déjate acon­se­jar por ami­gos que ya conoz­can el país. Y si esto no te parece sufi­ciente, en cuan­to llegues vete a vis­i­tar el museo que rela­ta la his­to­ria de la ciu­dad (casi todas cuen­tan con uno): famil­iarízate con las nor­mas de eti­que­ta fun­da­men­tales.

Inten­ta com­er en restau­rantes famil­iares, no en fran­qui­cias. La comi­da es más autén­ti­ca, más bara­ta y tu dinero no pasará por inter­me­di­ar­ios. Si la expe­ri­en­cia es bue­na, después cuén­tase­lo al mun­do hacien­do tu review en pági­nas como Tri­pad­vi­sor o Yelp: estos pequeños establec­imien­tos te agrade­cerán la pub­li­ci­dad.

Respetar las nor­mas de indu­men­taria y ves­ti­men­ta es bási­co, espe­cial­mente en tem­p­los y lugares sagra­dos. Obser­va cómo vis­ten los locales y si aún tienes dudas, pregún­tales direc­ta­mente.

Haz caso de cualquier indi­cación, no te las saltes a la tor­era. Si pone bien clar­i­to no hac­er fotos, no las hagas. No sólo por la mul­ta sino por una cuestión moral.

Criticar lo que no te gus­ta de un país cuan­do aún estás allí no sólo es con­trapro­du­cente sino señal de mala edu­cación. Puedes ten­er tu propia opinión, está claro, pero guár­datela para ti y no vayas ofen­di­en­do a nadie. En el mun­do se vive de muchas man­eras difer­entes y cada una tiene su razón de ser.

¿Es común dar propinas en el lugar donde estás? Entonces no seas araña ni te hagas el loco. Muchos de los camareros y botones tienen suel­dos mis­er­ables y a veces sobre­viv­en gra­cias a las propinas.

No cues­ta nada apren­der a decir en el idioma local un “hola”, un “adios” pero sobre todo un “por favor” y un “muchas gra­cias”. Verás la de puer­tas que se te abren.

Inten­ta vis­i­tar pueb­los pequeños. Allí el tur­is­mo es menor y están más nece­si­ta­dos de tur­is­mo. Además la gente suele ser más abier­ta y espon­tánea.

Inter­ac­túa con la gente local: no te van a morder. Par­to de la base de que la gente es bue­na por nat­u­raleza. Y te darán recomen­da­ciones que no encon­trarás en las guías.

Piérdete por bar­rios a los que no van los tur­is­tas. Te lle­varás agrad­ables sor­pre­sas.


Descubre más desde Mil y un viajes por el mundo

Suscrí­bete y recibe las últi­mas entradas en tu correo elec­tróni­co.

20 Comments

  1. Me he queda­do loca con lo del “tur­is­mo de orfanatos”. Loca.

    Muy buen artícu­lo.

  2. Lo del tur­is­mo de orfanatos es gravísi­mo. Y va a más.

  3. Que razón tienes, me ha gus­ta­do mucho tu artícu­lo.

  4. Exce­lente, empa­ti­zo con tu pen­samien­to. Para via­jar hay que dejar los pre­juicios en casa, pref­er­ente­mente en el tacho de basura y ser con­scientes de que hay real­i­dades muy aje­nas a las real­i­dad que uno vive diari­a­mente

  5. Vagan­do­por­mundopo­lis gra­cias!

  6. Tafi­ta ‑IvanaTaft- Me ale­gra que te haya gus­ta­do. Como bien dices, a la hora de via­jar es bási­co pon­erse en la piel de los demás. Un abra­zo!

  7. Muy buen post, suscri­bo todo lo que decís y cada vez inten­to con­cien­ciar más a los que me siguen y a los que ten­go alrede­dor de todas estas cosas.
    ¡Hay que seguir ‘dan­do la vara’!

  8. Qué buen artícu­lo y qué nece­sario. Hay que crear con­cien­cia de estas lacras que afectan a la sociedad en que vivi­mos. Muchas gra­cias. Un abra­zo.

  9. Lo más grave de todo es que la gran may­oría de esas cosas pasan en todos los país­es…
    Qué triste y qué mal sabor me deja esa gente que me cru­zo en cad via­je hace años…

    Inclu­so he pelea­do con muchas per­sonas por algu­nas de esas cosas.

    Las fotos con los niños de la calle, pobres, fotos dejan­do dinero, etc me dan una rabia increíble; una vez más, la vida fic­ti­cia dig­i­tal estu­pid­izan­do a la especie.

    Quien en ver pobres, vayan a la esquina de sus casas, dónde están pidi­en­do una mon­e­da y ayú­da­los sin sacar una foto!

    “Las per­sonas via­jan a des­ti­nos dis­tantes para obser­var, fasci­nadas, el tipo de gente que igno­ran cuan­do están en casa”. – Dagob­ert D. Runes

  10. Este­lamgm: Con­cien­ciar es vital y me ale­gro que tú tam­bién lo hagas. ¡Un abra­zo!

  11. Vocación Via­jera: Gra­cias por tus pal­abras. Sí, efec­ti­va­mente creíamos que este artícu­lo es más que nece­sario. De hecho en sus tres primeros días de vida ha tenido más de 7.000 lec­turas. ¡Gra­cias a todos!

  12. Tin­ta y Mapa: “Quieren ver pobres, vayan a la esquina de sus casas, dónde están pidi­en­do una mon­e­da y ayú­da­los sin sacar una foto!” — No puedo estar más de acuer­do con esta infor­ma­ción. A menudo estos a los que les gus­ta dar limosna fuera se olvi­dan de ser sol­i­dar­ios luego con su veci­no de enfrente. ¡Un abra­zo!

  13. Me encan­tó tu artícu­lo!

  14. Via­jer­afor­tu­na mil­lones de gra­cias!

  15. Acabo de des­cubrir tu blog y me encan­ta!! Estoy leyen­do var­ios artícu­los y éste me ha pare­ci­do intere­san­tísi­mo! Es increíble la can­ti­dad de gente que se com­por­ta como un cretino cuan­do via­ja… Me pone negra… Y me ale­gra que la gente alce la voz para denun­cia­r­lo!
    Espero que poco a poco todos nos con­cien­ciemos de este tema y empece­mos a respetar el entorno, a no mal­tratar ani­males, a no ensu­ciar y uti­lizar cada vez menos plás­ti­co, a no hac­er­nos fotos con niños cam­boy­anos como si fuer­an ani­males de feria y a no menos­pre­ciar la cul­tura de los lugares que visi­ta­mos… Seguro que lo con­seguire­mos!!

  16. Gra­cias por tus pal­abras, Car­la. Este artícu­lo bus­ca­ba haceros reflex­ionar acer­ca de lo impor­tante que es nues­tra acti­tud a la hora de via­jar y lo mucho que esta influye en todo (y todos) lo que nos rodea. Con­cien­cia­rse es algo total­mente fun­da­men­tal. Un abra­zo!

  17. […] a través de Cómo no com­por­tarte como un cretino cuan­do sales de via­je — Mil y un via­jes por el mun­do […]

  18. Gra­cias por la infor­ma­ción. Tienes mucha razón en todo lo que dices.

  19. Mil y un Viajes por el Mundo

    at

    Me ale­gra que estés de acuer­do ¡un abra­zo!

  20. Alien Rockstar

    at

    La Dul­cei­da esa ya se podría haber ido a hac­er la idiotez al Vacie de Sevil­la o a la calle Anto­nio Cabezón de Madrid. No sólo habría sido más inteligente de su parte, tam­bién se hubiera ahor­ra­do el pastón del via­je a Sudáfrica. Le hubiera sali­do más bara­to, vamos.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Descubre más desde Mil y un viajes por el mundo

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo