Bienvenidos al Palacio de Laredo

Madrid es una caja de sor­pre­sas no sólo para tur­is­tas (el año pasa­do acogi­mos a más de seis mil­lones) sino tam­bién para los pro­pios madrileños, que aún nos sor­pren­demos a nosotros mis­mos dán­donos cuen­ta de la de lugares que nos quedan por cono­cer en nues­tra propia casa. En ese sen­ti­do, alabamos de corazón cada prop­ues­ta difer­ente que nos ayude a cono­cer nues­tra ciu­dad. Defin­i­ti­va­mente, entre estos proyec­tos una de las mejores ini­cia­ti­vas creadas por la Comu­nidad de Madrid es Bien­venidos a Pala­cio , que ya lle­va seis edi­ciones. Su capaci­dad de con­vo­ca­to­ria es tal que cada año, el día que se da el pis­to­le­ta­zo de sal­i­da para la reser­va pre­via de plazas, la web se colap­sa y son muchos los que se las ven y se las desean para lograr coger hue­co. Pero ¿en qué con­siste real­mente esta boni­ta ini­cia­ti­va?

 

Palacio Laredo

El pro­gra­ma per­mite acer­carnos a una expe­ri­en­cia úni­ca: ten­er acce­so a cer­ca de 30 inmue­bles, gen­eral­mente pala­cios y palacetes, que tienen el acce­so restringi­do porque sue­len ser sedes de organ­is­mos ofi­ciales. En la edi­ción de este año, entre Abril de 2019 y Enero de 2020, son 12.000 los afor­tu­na­dos que podrán dis­fru­tar de vivien­das excep­cionales cuyos inte­ri­ores no se abren nor­mal­mente al públi­co. Entre ellos, pala­cios como el del Duque de San­toña, el de los Mar­que­ses de Argüe­so, el de Godoy, el de Zur­bano, el de la Duque­sa de Par­cent, el Par­que Flori­do o el Pala­cio de Viana.

Las vis­i­tas guiadas no son los úni­cos even­tos que se orga­ni­zan ya que tam­bién se cel­e­bran concier­tos de cámara, con­fer­en­cias y has­ta vis­i­tas teatral­izadas como la del Pala­cio de Fer­nán Núñez, sede de la Fun­dación de los Fer­ro­car­riles Españoles y donde se recrea cómo era la vida antaño den­tro de este edi­fi­cio seño­r­i­al. Es por tan­to una man­era de lo más ame­na de acer­carse a estos edi­fi­cios históri­cos de los que debe­mos tan orgul­losos sen­tirnos.

Palacio Laredo Alcala Henares

Nosotros en esta ocasión tuvi­mos la suerte de que nos tocaran dos plazas para la visi­ta del Pala­cio de Lare­do de Alcalá de Henares. Curiosa coin­ci­den­cia ya que habíamos ido numerosas veces a Alcalá (¿recuer­das cuan­do le dedicamos a esta boni­ta ciu­dad el artícu­lo Mer­ca­do Cer­van­ti­no: el mer­ca­do medieval más grande de Europa?) y habíamos pasa­do muchas veces por delante del pala­cio al cam­i­nar por el Paseo de la Estación, admirán­donos de la vis­tosi­dad de su facha­da, espe­cial­mente el tor­reón y el minarete con el reloj. Pues bien: ya era hora de cono­cer­lo por den­tro y apren­der un poquito más de lo que hay detrás de tan orig­i­nal edi­fi­cio. Y qué mejor que una com­pletísi­ma visi­ta guia­da.

Así que allí estábamos Juan y yo a primera hora de un domin­go cualquiera, fieles a nues­tra cita cul­tur­al. Si vienes de visi­ta des­de fuera de Madrid, alquilar un coche e incluir a Alcalá de Henares den­tro de una ruta por los alrede­dores de la cap­i­tal puede ser una buenísi­ma idea. Sobre todo tenien­do en cuen­ta lo que ofrece a niv­el cul­tur­al la ciu­dad de Cer­vantes y a niv­el gas­tronómi­co, lo bien que puedes tapear en la mul­ti­tud de bares y restau­rantes que com­piten por ver quién da más a mejor pre­cio.

Palacio Laredo

Al Pala­cio de Lare­do, que data del año 1882, se le conoce tam­bién como Quin­ta La Glo­ria ya que en real­i­dad era eso: una quin­ta de recreo. Es decir, que el ori­gen aris­tocráti­co del que goz­a­ban otros pala­cios de Madrid en este caso era inex­is­tente. Su ubi­cación tam­bién tiene una expli­cación: en el siglo XIX lle­ga­ba el fer­ro­car­ril a Alcalá de Henares. Se con­struye a las afueras (las afueras de entonces, claro) la estación de tren que aún per­du­ra y que se uniría con el cen­tro históri­co medi­ante un paseo que atrav­es­aría las eras de San Isidro. Y es en esta dehe­sa donde las famil­ias adin­er­adas deci­den con­stru­ir sus quin­tas de vaca­ciones. Las grandes man­siones (grandes en sen­ti­do lit­er­al, el Pala­cio de Lare­do sólo con­ser­va un 10% de su ter­reno ini­cial) esta­ban sep­a­radas por enormes arboledas, lo que preserv­a­ba su intim­i­dad, por lo que este área res­i­den­cial esta­ba muy cod­i­ci­a­da.

Aho­ra el paisaje que rodea al Pala­cio de Lare­do es bien dis­tin­to ya que en el siglo XX se dis­para la indus­tri­al­ización y en algún lugar había que alo­jar a los miles de tra­ba­jadores, sec­cionán­dose la may­or parte de estas amplias parce­las y con­struyén­dose edi­fi­cios más mod­er­nos. Por dicho moti­vo, el Pala­cio de Lare­do y su exóti­ca facha­da neo­mudé­jar desta­ca tan­to en la aveni­da y lla­ma tan­to la aten­ción de los paseantes.

Podéis ver cómo era la situación de Alcalá en la fan­tás­ti­ca maque­ta de aquí aba­jo…

Palacio Laredo Alcala

El dueño del Pala­cio de Lare­do (y quien da nom­bre a la man­sión) fue el alavés Manuel José de Lare­do y Ordoño, quien llegó a con­ver­tirse en con­ce­jal y después alcalde de Alcalá de Henares. Sien­do niño se trasladó con su famil­ia a Madrid y se le obligó a estu­di­ar Dere­cho ya que su padre era juez. Sin embar­go, pron­to se olvidó de la abo­gacía para dedi­carse a sus autén­ti­cas pasiones: la pin­tu­ra y la arqui­tec­tura. Pasiones que quedarían mar­cadas de por vida en la casa de sus sueños, en la que invir­tió toda su ilusión y for­tu­na, has­ta el pun­to de hipote­carse tres veces. Y además, lo hizo reivin­di­can­do un esti­lo y unas cos­tum­bres arqui­tec­tóni­cas que se esta­ban per­di­en­do, con­vir­tién­dose en un rara avis de su época. En real­i­dad, seguía los pasos de William Mor­ris, uno de los grandes dis­eñadores del siglo XIX, y líder del movimien­to Arts and Crafts. Algunos de vosotros aca­so no hayáis escucha­do nun­ca nada acer­ca de esta cor­ri­ente artís­ti­ca que se inspira­ba en el góti­co rur­al británi­co pero influyó enorme­mente en Lare­do, como se puede com­pro­bar en la impor­tan­cia que se dio a la madera para la con­struc­ción.

Palacio Laredo

Otra de las grandes inspira­ciones para el dis­eño del Pala­cio de Lare­do fue la arque­ología: ya des­de la época de Car­los III, sien­do este rey de Nápoles, comien­zan a llenarse los palacetes europeos de piezas, estat­uas y bus­tos encon­tra­dos en excava­ciones de los antigu­os impe­rios griego y romano. Lare­do era un gran colec­cionista e inten­tó ate­so­rar todo lo que pudo. Y lo hizo a lo grande, lle­gan­do a traerse artes­on­ados com­ple­tos, no creáis que se lim­ita­ba a un par de jar­ronci­tos. Lare­do era una per­sona muy cul­ta, que había leí­do miles de libros, y este ansia extremo por el apren­diza­je quedó patente en la que sería su casa.

Pero ¿cómo llegó este impac­tante edi­fi­cio a manos de la Uni­ver­si­dad de Alcalá? Dos años antes de fal­l­e­cer en Madrid, Lare­do se vio oblig­a­do a vender­lo al prestamista suizo Lardet, aca­ban­do tras la Guer­ra Civ­il en manos de la famil­ia Duque, que decidió frac­cionar la fin­ca, aunque tenien­do el buen cri­te­rio de man­ten­er el palacete, que fue cedi­do al Ayun­tamien­to. Sin embar­go, la casa guber­na­men­tal se encon­tra­ba así con un rega­lo enve­ne­na­do, ya que no con­ta­ba con medios ni dinero para con­ser­var seme­jante mon­u­men­to. Es algo que ocurre muy a menudo en nue­stro país: muchos castil­los pasan de los ayun­tamien­tos a las comu­nidades autóno­mas y de ahí a Hacien­da, quien se aca­ba ocu­pan­do de su gestión. En este caso, se cedió el man­ten­imien­to a la Uni­ver­si­dad, quien real­izó una con­cien­zu­da restau­ración en los años 90. Y así pasó a con­ver­tirse en el Museo Cis­ne­r­i­ano (ded­i­ca­do al Car­de­nal Cis­neros, fun­dador de la Uni­ver­si­dad) y sede de deter­mi­na­dos even­tos. En cualquier caso, uno de los edi­fi­cios más boni­tos de la Comu­nidad de Madrid, no sólo de Alcalá de Henares.

Curiosa­mente, el pala­cio nun­ca se con­cibió como una vivien­da (aunque hay dos pequeñas estancias des­ti­nadas a Lare­do y su hija) sino como una bril­lante galería en la que el artista pudiera mostrar a ami­gos y cono­ci­dos sus crea­ciones: un inmen­so catál­o­go de artes dec­o­ra­ti­vas. Y eso pese a que Lare­do ape­nas vivió aquí unos pocos meses.

Una de las estancias más boni­tas es la Sala Árabe (aunque debiera mejor lla­marse Sala Nazarí), con un zóca­lo de azule­jos del siglo XV que se encon­tra­ba en el pala­cio de Pedro I el Cru­el. Lare­do, amante apa­sion­a­do de la His­to­ria, tenía un espe­cial interés en la Baja Edad Media, tan­to cris­tiana como musul­mana. Se inspiró en La Alham­bra para la dec­o­ración de las yeserías: un tra­ba­jo de chi­nos.

Sala Arabe Palacio Laredo

Sala Arabe Palacio Laredo Alcala

Es curiosa la var­iedad que se puede encon­trar en el inte­ri­or del pala­cio cuan­do des­cub­ri­mos que jus­to al lado ten­emos una sala de inspiración vic­to­ri­ana, con su espe­jo, arcos apun­ta­dos y vidri­eras. Lare­do se con­fesa­ba un seguidor incans­able de las cor­ri­entes arqui­tec­tóni­cas británi­cas (algo no muy habit­u­al en dicha época, tenien­do en cuen­ta la rival­i­dad exis­tente entre España y Gran Bre­taña, tras sig­los de dis­putas entre españoles e ingle­ses, bus­can­do dom­i­nar el mun­do).

Aún se con­ser­va tam­bién una ter­raza-galería, aunque aho­ra en vez de árboles, nos rodean edi­fi­cios de cristal y hormigón. A Lare­do le encanta­ba orga­ni­zar excur­siones arque­ológ­i­cas bus­can­do ruinas y de Loran­ca de Tajuña (Guadala­jara) se tra­jo unas colum­nas que son las que actual­mente aquí se ven. Pertenecen a una pen­i­ten­cia­ría jesuíti­ca que se aban­donó en el siglo XVIII. La ter­raza se sitúa sobre la plan­ta sótano, donde se encon­tra­ban las “estancias prác­ti­cas” de la casa, como la coci­na o la sala de calderas. Al con­trario que en otras casonas, el ser­vi­cio aquí vive tam­bién en el sótano, quizás porque a Lare­do le importa­ba más el sen­ti­do estéti­co y se reserv­a­ba las plan­tas altas para él. Además, emu­la­ba a sus idol­a­tra­dos aristócratas británi­cos, inten­tan­do mezclarse lo menos posi­ble con don­cel­las y cri­a­dos.

Palacio Laredo
Detalle de un dragón en la facha­da del pala­cio

En el Pala­cio de Lare­do se expo­nen las Bib­lias Polí­glotas. La Bib­lia ini­cial fue escri­ta en arameo, una lengua hebrea; después se tra­duciría al griego, de ahí al latín y pos­te­ri­or­mente a las lenguas romances. Cuan­do se inven­tó la imprenta, con­sti­tuyó una rev­olu­ción abso­lu­ta para el mun­do lit­er­ario (como el que supu­so sig­los después para el tec­nológi­co la apari­ción de inter­net). De ese modo, el 20% de la población que no era anal­fa­be­ta podía acced­er a los libros a unos pre­cios ase­quibles: has­ta entonces esta­ban reser­va­dos a sólo unos pocos priv­i­le­gia­dos como cléri­gos o nobles. Y de aque­l­las primeras imprentas surgieron estas bib­lias que aquí se guardan: se edi­taron cer­ca de 600 en el mun­do y ape­nas ha sobre­vivi­do un cen­te­nar.

La sala que más nos gustó de todas ¡porque es sen­cil­la­mente mag­ní­fi­ca! es el Salón de Reyes, situ­a­do bajo el gran tor­reón. A excep­ción del mobil­iario, todo lo que ves a tu alrede­dor es obra de Lare­do. Mar­avil­losos los retratos al óleo de los monar­cas castel­lanos que reinaron entre Alfon­so XI y Car­los I. Tiene la curiosi­dad de con­tar con una cúpu­la en la que se rep­re­sen­ta el fir­ma­men­to y los sig­nos zodi­a­cales y que es uno de los plan­e­tar­ios más antigu­os del mun­do, del siglo XIV más conc­re­ta­mente. Y el detalle de que el pro­pio autor se autor­re­trató entre los reyes, hacien­do gala de su ego­cen­tris­mo.

Palacio Laredo Salon Reyes

Para acabar la visi­ta, unos escalones nos lle­van a los dor­mi­to­rios de Lare­do y su hija Natalia, ambos jun­to a un aseo que era toda una mod­ernidad para su época: se con­ser­van muy pocos baños del siglo XIX. Ya en el exte­ri­or, se con­ser­va uno de los pocos jar­dines de esti­lo román­ti­co que quedan en Alcalá, con tesoros como parte de una colum­na romana o dos sar­cófa­gos visigo­dos.

La Uni­ver­si­dad de Alcalá orga­ni­za vis­i­tas guiadas al Pala­cio de Lare­do

HORARIOS: Sába­dos, domin­gos y fes­tivos: 10:30, 11:30, 12:30, 13:30, 16:30, 17:30, 18:30, 19:30. Lunes a Viernes: Las vis­i­tas real­izadas de lunes a viernes se ges­tionarán siem­pre en com­bi­nación con el Cole­gio May­or y la Capil­la de San Ilde­fon­so, requir­ién­dose un mín­i­mo de 5 per­sonas.

La entra­da se adquirirá min­u­tos antes de las horas estable­ci­das en el Cole­gio May­or de San Ilde­fon­so.

TARIFAS: Las entradas se ges­tio­nan des­de el Cole­gio May­or de San Ilde­fon­so. A par­tir de 2,5 € la tar­i­fa bási­ca y 2 € la entra­da reduci­da. Tam­bién dispo­nen de tar­i­fas para gru­pos y entradas com­bi­nadas con vis­i­tas a otras depen­den­cias y edi­fi­cios de la Uni­ver­si­dad.

Más infor­ma­ción en visitasalcala.es

Emailvisitas.guiadas@uah.es

Recuer­da que puedes alquilar coche y así aprovechar para recor­rer el Corre­dor del Henares, donde aún se con­ser­van var­ios castil­los en la zona de Guadala­jara.


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1 Comment

  1. Qué her­moso rela­to! Gra­cias.

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