Mercado Cervantino: el mercado medieval más grande de Europa

Está considerado, junto a William Shakespeare, el escritor más grandioso de la literatura universal. Hablamos de Miguel de Cervantes, quien dejó para la posteridad si no la mejor, una de las novelas más brillantes de todos los tiempos, “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha”. Pese a que es una obra de lectura casi obligatoria en colegios e institutos de nuestro país, sólo dos de cada diez españoles lo hemos leído alguna vez en la vida, lo que, sinceramente, dice bastante poco del ansia cultural que nos gastamos por estos lares. Que un 80% de la población reconozca sin tapujos ni remordimientos de conciencia que no ha comenzado ni un solo capítulo es, cuanto menos, preocupante. En mi caso, es un libro que suelo volver a releer cada dos o tres años, que compré en una edición bastante cara porque la ocasión así lo merecía y que en cada nueva lectura vuelve a descubrirme muchos detalles escondidos (de ahí su grandeza). Una tragicomedia perfecta que ridiculizaba ya hace cuatro siglos muchos tópicos que los españolitos aún continuan arrastrando y que mostraba al mundo los grandes problemas sociales de la época, que por otro lado no se alejaban tanto de los que sufrían otros países europeos.

Alcalá de Henares tiene mucho que agradecerle a Miguel de Cervantes no sólo a nivel cultural sino también económico ya que el escritor se ha convertido en el mejor reclamo turístico de la ciudad, vienen personas de todo el mundo a conocer la villa que le vio nacer. Precisamente el año pasado se cumplían 400 años de la muerte del escritor (y pese a la leyenda que gira en torno a dicho dato, no, no murió el mismo día que Shakespeare) y Alcalá lo celebró por todo lo alto: exposiciones, obras de teatro, lecturas públicas de El Quijote, coloquios, conciertos, ciclos de cine, concursos literarios… La ciudad no escatimó esfuerzos ni gastos para rendir homenaje al que, sin duda, ha sido el mejor embajador de la literatura española. Pero Alcalá no es la única que tiene mucho que ver con Cervantes. En Madrid podemos encontrar incontables huellas de su vida y obra, desde el precioso monumento en su honor y el de El Quijote y Sancho Panza en Plaza de España (hay otra estatua más en la Plaza de las Cortes) a la casa donde vivió y falleció en el Barrio de las Letras (en la calle Cervantes, obviamente), el Convento de las Trinitarias donde se encuentra enterrado, la Sociedad Cervantina, de donde salió la primera edición de El Quijote, el Teatro Español, anteriormente conocido como El Corral del Príncipe y donde logró que se estrenaran varias de sus obras, el prestigioso Instituto Cervantes (con sucursales repartidas por todo el mundo para promover la lengua castellana) o el bonito Tren de Cervantes que une Madrid y Alcalá y donde actores ataviados con la indumentaria del Siglo de Oro representan obras cervantinas.

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Don Quijote, montado en Rocinante, paseando por las calles de Alcalá de Henares

Pero regresando a Alcalá de Henares, ciudad que por otro lado presenció la primera entrevista entre Cristóbal Colón y los Reyes Católicos y que tiene el título de Patrimonio de la Humanidad, cualquiera que desee seguir las huellas del escritor ha de comenzar visitando su casa natal, situada en la siempre bulliciosa calle Mayor. Convertida en un museo dedicado a su figura, el ayuntamiento local se preocupó de reacondicionar las diferentes estancias para recrear la decoración y costumbres que imperaban en el siglo en que vivió el literato. Además, durante todo el año se organizan en su interior diferentes talleres, cursos y exposiciones, así como la muestra de distintas ediciones de El Quijote en lenguas de todo el mundo, incluyendo una ilustrada por Dalí. En la puerta de entrada de la casa tenemos además una entrañable estatua de El Quijote y Sancho Panza sentados en un banco y que es uno de los lugares más fotografiados tanto por los alcalaínos como por los turistas.

Haciendo esquina con la calle de la Imagen tenemos La Calzonera, la casa del tío del escritor, Juan de Cervantes, y muy cerca el Hospital de Antezana, donde ejercía como médico su padre, Rodrigo de Cervantes, y que atendía a personas sin recursos: hoy en día el hospital sigue viviendo de la caridad. La antigua Plaza del Mercado pasó a convertirse en la Plaza de Cervantes, con el monumento al escritor presidiéndola y el Quiosco de la Música, y aún pervive la Capilla del Oidor donde fue bautizado. En la calle Libreros se encontraba la imprenta donde se editó “La Galatea” (la primera novela de Cervantes) y aunque el edificio ya no existe como tal, lo recuerda una placa conmemorativa; puedes acercarte a ver la Universidad, fundada por el Cardenal Cisneros, donde cada año se entrega el prestigioso Premio Cervantes, el más alto galardón de la literatura española, o el Convento de las Descalzas Reales, donde su hermana Luisa fue priora y donde está enterrada. Y si estas te parecen excusas insuficientes para acercarte a visitar Alcalá (que a mí me sigue pareciendo una de las ciudades más bonitas de nuestro país), tienes también el Corral de Comedias (el más antiguo de España), donde aún se conserva el pozo o el “gallinero” donde se ubicaba a las mujeres y donde aún se siguen llevando a cabo representaciones teatrales (además, cada 9 de Octubre se hace una lectura popular de El Quijote), la Catedral Magistral de los Santos Niños Justo y Pastor, el antiguo Hospital de Santa María, donde se atendía a los peregrinos, o el Palacio Arzobispal, que se puede visitar en el Antiquarium, y las murallas que lo rodeaban, de las que se conservan dieciséis torres. En el Museo Arqueológico podremos admirar diferentes restos de la época romana, cuando Alcalá se conocía como Complutum. Precisamente Complutum es el nombre del sitio arqueológico donde aún quedan restos romanos entre los que destaca la Casa de los Grifos, que perteneció a una familia acomodada del imperio y que sirvió de residencia durante más de 250 años. Se considera que su pintura mural es la más importante perteneciente a un solo edificio que se conserva en España de dicha época.

Pero si tenemos que recomendarte una época del año para visitar Alcalá es a principios de Octubre, cuando se celebra el aniversario del bautismo de Cervantes durante la Semana Cervantina, ya que aparte de tener ocasión la Feria del Libro Antiguo o la Procesión Cívica, se organiza el mercado medieval más grande y más importante de toda Europa. Desde hace veinte años se convierte en la estrella absoluta de la semana grande de Alcalá de Henares: nosotros este año, aprovechando el buen tiempo que nos permitía recorrerlo en manga corta, quisimos acercarnos a verlo con unos amigos, precisamente el día que se inauguraba, y así pasar el día disfrutando de una jornada realmente especial. El año pasado más de 200.000 personas visitaron el Mercado Cervantino: este se pretende superar dicha cifra. Te aconsejamos que dejes el coche en casa y vengas en tren: RENFE rebaja estos días un 20% los billetes a Alcalá de Henares (3,40 euros el trayecto) y se tarda sólo 39 minutos desde Atocha.

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Los 400 puestos que dan forma el mercado y que dan trabajo a más de 1.300 personas se ubican principalmente en la calle Mayor, que con sus casi 400 metros es la calle soportolada más larga de España y está considerada una de las más bonitas de nuestro país. No se puede imaginar una calle más idónea para celebrar un mercadillo medieval ya que, efectivamente, pasear por la calle Mayor es dar un salto en el tiempo: la que era en época medieval principal calle comercial de la judería, varios siglos más tarde continúa siendo la más importante arteria de Alcalá. Los judíos disponían de sus comercios en la planta baja, con soportales que protegían a los clientes del sol y la lluvia, y sus viviendas se encontraban en las plantas superiores, comunicadas por galerías que conectaban los hogares de los distintos vecinos. Fue precisamente en estas viviendas donde comenzaron a usarse las primeras mirillas, que dejaban ver quién era el visitante y así podían lanzarle las llaves desde arriba. Que hayan permanecido intactas estas casas de dos plantas permite pasear por el centro de la calle bajo la luz del sol y además te da la sensación de hacerlo por un pequeño pueblo, no por esa grandísima ciudad que es en realidad Alcalá de Henares, la más importante de la zona este de Madrid: no hay que olvidar, sin embargo, que la ciudad vivió momentos funestos cuando la Universidad cerró en 1836 y dos tercios de la población decidieron emigrar, permaneciendo sólo 5.000 habitantes y utilizándose muchas de las casas de la calle Mayor como cuarteles o prisiones. Afortunadamente, la ciudad volvió a recuperar su esplendor y hoy la calle Mayor está repleta de comercios, principalmente restaurantes, bares, cafeterías y tiendas de ropa. Estos se encuentran rodeados de columnas de piedra que sustituyeron a las antiguas bases de madera. Y no olvides mirar al suelo y admirar los bonitos canalones con sus cabezas de dragón.

Aunque en el Mercado Cervantino vas a tener oportunidad de degustar manjares artesanales que no son muy habituales en las tiendas, hay tres delicias que se pueden disfrutar en Alcalá durante todo el año: las almendras garrapiñadas, la costrada (una especie de milhojas) y las rosquillas de Alcalá, presentes las tres en muchas pastelerías. En el mercado se pueden encontrar puestos de todo tipo, en los que se vende desde artesanía a muñecos de trapo, licores, bisutería, coronas de flores medievales que se animaban a ponerse muchas chicas o zapatos hechos a mano (nosotros aprovechamos para comprar unas sandalias de cuero lindísimas). Pero el mercado está principalmente dedicado al “buen yantar”, por lo que son los puestos de comida los más numerosos y sí, toda artesanal y preparada con mucho mimo: caramelos artesanos, empanadas, miel, hogazas de pan recién hecho, repostería casera, quesos de todos los colores y sabores, patatas fritas de las de verdad (de esas que apenas se parecen a las de bolsa), té a granel… ¡hasta un cordero entero vimos asándose! Eso sí, mi recomendación es que no dejéis de probar las aceitunas rellenas de queso de Cabrales ¡qué exquisitez! También puedes aprovechar para descubrir si es cierta esa fama que tiene Alcalá como uno de los mejores lugares de España para salir de tapas: en el Indalo, Maimónides, La Taberna de Rusty, El Tapón, el mesón Las Cuadras de Rocinante, El Hidalgo (decorado con azulejos de Talavera) y el Café Morales es donde se sirven las mejores. Las migas alcalaínas, los quebrantos (huevos revueltos con chorizo y tocino), la sopa de ajo o el asado de cabrito es lo más típico de la ciudad. Pero si quieres saber cómo era exactamente la gastronomía del siglo XVII, aprovecha para ir a comer a alguno de los restaurantes que también a principios de Octubre suelen participar en las Jornadas Cervantinas, con menús que rondan los 30 euros y que incluyen platos tan atractivos como codornices al vino viejo, pastel de perdiz confitada o la carne a la Dorotea.

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Huerta del Obispo

Los puestos del mercado no sólo están extraordinariamente caracterizados, como si fueran de hace varios siglos, con sus balanzas antiquísimas, sino que además los propios comerciantes van vestidos con trajes de época y se les anima a no utilizar sus teléfonos móviles para no estropear “la puesta en escena” (me encanta que se cuiden este tipo de detalles). Varias veces al día se pasean entre el público dos actores vestidos de El Quijote y Sancho Panza: este último debe acabar con unas melopeas considerables porque constantemente va bebiendo vino de una bota. También presenciamos conciertos de música celta o al hombre-árbol fotografiándose con un montón de niños.

En la Huerta del Obispo del Palacio Arzobispal se ha aprovechado esta extensa explanada para crear un museo medieval al aire libre, en la que destacan los tiovivos y barcos vikingos para los más pequeños y diferentes eventos que se suceden a lo largo de toda la semana, desde torneos medievales (entrada cuatro euros), teatros de títeres y cuentacuentos y multitud de conciertos renacentistas. Imposible aburrirse en este fabuloso Mercado Cervantino que, con razón, se ha convertido en uno de los mayores atractivos turísticos de todo nuestro país y que brilla cada año un poco más que el anterior.

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