Viaje a Seúl, una de las ciudades más bonitas de Asia

 

Preparativos previos

Cuan­do comen­zamos a preparar este via­je a Corea del Sur, nos encon­tramos ante una curiosa situación: no conocíamos abso­lu­ta­mente a nadie, físi­ca­mente hablan­do me refiero, que hubiera esta­do allí. El hecho nos resulta­ba aún más excep­cional si ten­emos en cuen­ta que para for­tu­na nues­tra ten­emos un mon­tón de buenos ami­gos via­jeros con los que gus­ta­mos de inter­cam­biar expe­ri­en­cias antes de via­jar a un lugar u otro. Sin embar­go, en esta ocasión no lográbamos encon­trar a nadie que nos pudiera hablar de un via­je core­ano; son muchos los que como primera expe­ri­en­cia asiáti­ca eli­gen Tai­lan­dia, Japón o la India pero Corea del Sur (ni hablam­os ya la del norte) parecía ser una gran descono­ci­da para el via­jero medio. Nues­tras sospe­chas se con­fir­maron cuan­do con­trasta­mos en inter­net que tam­poco eran muchos españoles los que habían pasa­do por aque­l­los lares y que por cada blog ded­i­ca­do a Corea encon­tra­bas cien ded­i­ca­dos a Japón o Tai­lan­dia. En mi caso sería mi octa­vo via­je asiáti­co y el quin­to para mi mari­do: ¿quizás habríamos riza­do el rizo eligien­do des­ti­no? En cualquier caso, esto hacía doble­mente estim­u­lante nues­tra aven­tu­ra.

Al comen­tar entre nues­tras amis­tades que nos íbamos a Corea, siem­pre nos dábamos de bruces con la mis­ma pre­gun­ta: “¿Por qué Corea?”. Y nues­tra respues­ta era siem­pre la mis­ma : “¿Y por qué no?”. Después de tan­tas veces en Asia buscábamos un des­ti­no que se saliera un poco de la nor­ma pero que al mis­mo tiem­po nos pro­por­cionara lo que siem­pre bus­camos cuan­do via­jamos a dicho con­ti­nente: la sen­sación de encon­trarnos en un mun­do diame­tral­mente opuesto al nue­stro. Y en ese sen­ti­do Corea cumple de sobra. Por otro lado, al ir 16 días, buscábamos un país no demasi­a­do grande que no nos obligara a recor­rer largas dis­tan­cias. Corea del Sur es sólo un poco más grande que Andalucía, por lo que era otro req­ui­si­to que nos cuadra­ba al cien por cien. En cuestión de pre­cios, de los ocho via­jes que he hecho a Asia, este ha sido prob­a­ble­mente el más bara­to. Os detal­laré los gas­tos mas aba­jo pero suman­do todo, hemos sali­do a 1.300 euros por cabeza, lo que me parece una autén­ti­ca gan­ga vien­do los tiem­pos que cor­ren. Os puedo ase­gu­rar que ya habi­en­do regre­sa­do y hacien­do bal­ance, nos ha pare­ci­do tremen­da­mente económi­co para todo el jugo que le hemos saca­do.

Relato de un viaje a seul

Datos prácticos: gastos

Vuelos

Lo cogi­mos con mucha antelación, cer­ca de ocho meses, pero volábamos aún en tem­po­ra­da alta (medi­a­dos de Sep­tiem­bre) y de todos los vue­los que he com­pra­do para Asia, el más bara­to: 440 euros por per­sona. Volam­os Madrid-Seúl con British Air­ways hacien­do escala en Lon­dres. Si tiráis por esta opción, inten­tad que la escala en Lon­dres sea al menos de hora y media-dos horas porque te oblig­an a volver a pasar por los con­troles de seguri­dad y hay unas colas tremendas.No nece­si­ta­mos visa­do para entrar al país aunque logi­ca­mente se pasa inmi­gración: nos encan­ta eso de que nos plas­men sel­l­os en el pas­aporte.

 

Seguro

 

De nue­vo con Inter­mundi­al aunque aprovechamos que han saca­do una nue­va opción, la Trav­el Mini, para en vez de pagar los 90 euros habit­uales dejar­lo en 54 euros por per­sona. La cober­tu­ra médi­ca os cubre más que de sobra en el caso de que tengáis algún per­cance así como can­cela­ciones, pér­di­da de equipa­je y demás. Insis­to, como siem­pre, en via­jar con seguro: lo nor­mal es que no te ocur­ra nada y en nue­stro caso, por suerte, nun­ca hemos debido uti­lizar­lo pero lle­var­lo es fun­da­men­tal: las fac­turas médi­cas en caso de acci­dente pueden ser astronómi­cas. No es en prin­ci­pio oblig­a­to­ria ningu­na vac­u­na a no ser que ven­gas de país­es con ries­go de fiebre amar­il­la; no obstante, nosotros ya nos habíamos vac­u­na­do por otros via­jes a Asia de tétanos, hepati­tis y tifus y como tienen una duración de diez años, íbamos despre­ocu­pa­dos.

 

Hoteles

Si lo com­para­mos con los pre­cios que nos move­mos en Europa y ya no dig­amos en USA, nos han pare­ci­do baratísi­mos. Os detal­lare­mos en cada eta­pa con pelos y señales los que reser­va­mos (todos a través de Book­ing) pero el bal­ance final es de unos 400 euros por per­sona, todos con desayuno incluí­do. La relación cal­i­dad-pre­cio, bas­tante alta, nos gus­taron todos muchísi­mo. En Corea es muy habit­u­al, si aún así queréis econ­o­mizar más el via­je, el alo­jamien­to en lo que ellos cono­cen como Love Motels, vamos, los pic­a­deros de toda la vida. Sue­len salir por unos 35–40 euros la noche (tam­bién se pueden coger por horas) y hay tan­tos que podéis pre­sen­taros en la ciu­dad cor­re­spon­di­ente sin reser­va pre­via, no ten­dréis prob­le­ma para encon­trar cama. Sin embar­go, aunque están en gen­er­al bas­tante limpios (y has­ta muchos tienen habita­ciones temáti­cas) en la prác­ti­ca nos parecieron algo sór­di­dos y vis­to el pre­cio bajo del alo­jamien­to en gen­er­al, nos ale­gramos de haber escogi­do hote­les más “a nue­stro gus­to”. Pero es una opción que podéis ten­er en cuen­ta.

 

Traslados interiores

El tren Seúl-Gyeongju / Busan-Seúl es la mejor opción para hac­er el trián­gu­lo de ciu­dades que nosotros llevábamos planea­do. El KTX es un tren de alta veloci­dad sim­i­lar a nue­stro AVE que es comod­ísi­mo, rápi­do y además con un mon­tón de trayec­tos al día, prac­ti­ca­mente cada hora. Los trayec­tos tam­bién se pueden realizar en bus pero la difer­en­cia de pre­cio era de ape­nas 20 euros (en bus se tar­da unas cua­tro horas y media y en tren poco más de dos). Como además nos encan­ta via­jar en tren, lo tuvi­mos claro. El pre­cio del trayec­to de ida y vuelta 87 euros por per­sona.

Los bil­letes los com­pramos direc­ta­mente allí sin ningún tipo de prob­le­ma unos días antes (se puede pagar con tar­je­ta, de Seúl salen de la Seoul Sta­tion y de Busan de la Busan Sta­tion). El trayec­to entre Gyeongju y Busan lo hici­mos en bus y tam­bién com­pramos allí mis­mo los bil­letes: ape­nas cua­tro euros y medio por per­sona y un trayec­to de 50 min­u­tos. Comen­to que los auto­bus­es en Corea son una goza­da: asien­tos muy amplios gra­cias a que en vez de cua­tro asien­tos por fila son tres.

 

Dinero

En Seúl no hay prob­le­ma en encon­trar cajeros que admi­tan tar­je­tas extran­jeras pero en Gyeongju tuvi­mos que ir has­ta la antigua estación de trenes para encon­trar cajeros en los que poder sacar. Lo recomend­able es que cam­biéis dinero al lle­gar a Corea y luego saquéis en las ciu­dades grandes. Además hay muchísi­mos restau­rantes que no acep­tan tar­je­tas de crédi­to, siem­pre es bueno lle­var efec­ti­vo. Cuan­do hemos esta­do, el cam­bio era de 1000 won = 80 cén­ti­mos de euro. En gen­er­al pre­cios más bajos que en España, no al niv­el de otros país­es asiáti­cos como Indone­sia o Viet­nam pero fácil­mente puedes tirar con unos 25 euros al día sin pri­varte de nada y si sabes mon­tárte­lo. Nosotros en 16 días hemos gas­ta­do unos 360 euros por per­sona.

 

Electricidad / Comunicaciones

Los enchufes son como los de España, asi que despre­ocu­paos de lle­var adap­ta­dor. Hay wifi prac­ti­ca­mente en cada rincón del país, incluí­do el metro. La com­pañía más pop­u­lar es Olleh. Recuer­da que Corea del Sur es el país del mun­do con más telé­fonos móviles por habi­tante y, además, es el hog­ar de Sam­sung: cuan­do ibas en el metro prac­ti­ca­mente todo el mun­do iba engan­cha­do a su telé­fono.

 

Seguridad

País segurísi­mo, al niv­el de Japón. Ello no qui­ta para que ten­gas las lóg­i­cas pre­cau­ciones que dic­ta el sen­ti­do común pero en gen­er­al nos ha pare­ci­do un país la mar de tran­qui­lo. Y eso que hemos vis­to tam­bién gente muy pasa­da pero todos la mar de ami­ga­bles. Hay que ten­er en cuen­ta que hay policía por todos sitios y ves muchísi­mos miltares por las calles (la may­oría jovencísi­mos) debido al con­flic­to exis­tente con Corea del Norte, del que hablare­mos a lo largo del rela­to.

 

Guías de viaje

Nos nut­ri­mos basi­ca­mente de dos. La guía en inglés de Lone­ly Plan­et y, sobre todo, la pági­na ofi­cial de tur­is­mo, Vis­it Korea, que está en español y es com­pletísi­ma, te puedes tirar horar y horas reca­ban­do infor­ma­ción. De todas for­mas, al con­trario que en otros via­jes, en este dejamos mucha cabi­da a la impro­visación: pese a que en Corea ape­nas hay tur­is­mo occi­den­tal (de eso tam­bién os hablare­mos) sí hay mucho ¡muchísi­mo! tur­is­mo core­ano y es increíble lo bien prepara­dos que están para el tur­is­mo. Por todos lados te ofre­cen mapas, guías, fol­letos, hay un mon­tón de ofic­i­nas de tur­is­mo… En serio, una pasa­da. En ese sen­ti­do, son un ver­dadero ejem­p­lo.

 

Idioma

Core­ano, evi­den­te­mente. Aunque habíamos leí­do que casi nadie habla en inglés, en Seúl encon­tramos un mon­tón de gente que sí lo habla­ba. En ciu­dades más pequeñas como Gyeongju en muchos sitios (tien­das y restau­rantes) no hablan ni papa pero es cier­to que todos los sitios turís­ti­cos, así como las esta­ciones de metro, están per­fec­ta­mente señal­iza­dos en inglés. Pese a no enten­der el idioma, en la prác­ti­ca (y a veces con mími­ca) no tuvi­mos prob­le­ma para comu­ni­carnos.

 
 

Dicho todo esto a modo intro­duc­to­rio ¡comence­mos nue­stro via­je!

 
 
 

Seul Corea del Sur

 
 

Había lle­ga­do el gran día. Después de dos años sin pis­ar Asia, echábamos mucho de menos ver­nos en aque­l­las tier­ras. Para unos Asia-adic­tos como nosotros. suponía demasi­a­do tiem­po sin ir a  Ori­ente y de hecho en nue­stros planes via­jeros hemos inten­ta­do autoim­pon­er­nos esa máx­i­ma: no dejar más de dos años sin ir al con­ti­nente amar­il­lo. Gen­eral­mente lo hemos ido alter­nan­do con escapadas a Améri­ca, al otro lado del Atlán­ti­co, pero en vista de lo mucho que han subido los pre­cios en Esta­dos Unidos (no así en otros des­ti­nos amer­i­canos, que con­tin­u­amos incluyen­do en nues­tras rutas, prue­ba de ello es que den­tro de un par de meses volver­e­mos a Cuba), lo más prob­a­ble es que las escapadas asiáti­cas pasen a ten­er una asiduidad anu­al. Ha habido años que inclu­so hemos ido a Asia dos veces: hay tan­to por des­cubrir allí que en real­i­dad lo que nos fal­ta el tiem­po.

 

Como comen­té en la entra­da de los prepar­a­tivos pre­vios, habíamos reser­va­do los bil­letes var­ios meses antes. Una bue­na cos­tum­bre que ten­go es la de estar apun­ta­da a las difer­entes newslet­ters de las com­pañías aéreas para ir reci­bi­en­do las ofer­tas que vayan sacan­do en cada momen­to y, nun­ca mejor dicho, coger­las al vue­lo. Sabi­en­do con mucha antelación que nue­stro des­ti­no este año sería Corea del Sur, cuan­do me llegó la aler­ta en Enero de un Madrid-Seúl por 440 euros ida y vuelta ni nos lo pen­samos: es raro que los pre­cios fuer­an a bajar más, tenien­do en cuen­ta que ese ya era el gas­to final del bil­lete. Hacía ya años que no via­ja­ba con British Air­ways pero mis expe­ri­en­cias siem­pre habían sido bue­nas. Con­fir­mamos que la escala en Lon­dres nos deja­ba sufi­ciente tiem­po para los trámites y los reser­va­mos.

 

Sin embar­go, en la prác­ti­ca nue­stro via­je no comen­z­a­ba con buen pie: por niebla en el aerop­uer­to de Heathrow nos avis­a­ban en Bara­jas que nue­stro vue­lo des­de Madrid se retrasa­ba. Nos entraron los nervios pen­san­do que aunque British tenía la obligación de colarnos en el sigu­iente vue­lo a Seúl, nos arries­gábamos a que este fuera un día después y así perder un día de via­je. Para col­mo, al ater­rizar en Lon­dres nos dimos de bruces con unas colas inmen­sas y tuvi­mos que volver a pasar dos veces por el scan­ner, algo que no logro enten­der si ya has pasa­do el reg­istro en Madrid. ¿Resul­ta­do? Ir cor­rien­do por toda la Ter­mi­nal 5, que es inmen­sa, y lle­gar con la lengua fuera al embar­que: éramos los últi­mos pasajeros y entrábamos por los pelos. Pero allí estábamos por fin ¡rum­bo a Corea!

 

Antes de par­tir, sabíamos que el tur­is­mo occi­den­tal es mín­i­mo en Corea del Sur pero lo con­fir­mamos aún más en el momen­to en que pusi­mos el pie den­tro del avión. Acos­tum­bra­dos en nues­tras escapadas asiáti­cas a aviones gigan­tescos, este era mucho más pequeño y excep­tuan­do un par de ingle­ses, éramos los úni­cos no-core­anos de todo el pasaje. Gen­eral­mente, en los vue­los a Asia hay un fifty-fifty: la mitad de los pasajeros son occi­den­tales y la otra mitad asiáti­cos que regre­san a casa. Sin embar­go, en esta ocasión los core­anos parecían ser los úni­cos que real­iz­a­ban la ruta Lon­dres-Seúl.

Esto nos motivó aún más y nos hizo felic­i­tarnos de nue­vo por el des­ti­no escogi­do. El via­je, de poco más de diez horas, se me hizo más cor­to que en otras oca­siones. Per­son­al de vue­lo ama­bil­isi­mo (volvi­mos a coin­cidir con ellos al regre­so y obvi­a­mente nos record­a­ban, como os digo están poco acos­tum­bra­dos a que hagan esta ruta europeos), bue­na selec­ción de los últi­mos lan­za­mien­tos cin­e­matográ­fi­cos (aproveché para pasarme unas risas con la últi­ma pelícu­la de los her­manos Cohen “Hail Cae­sar”) y además tuvi­mos la opor­tu­nidad de ele­gir menú hindú.

 

Ater­rizábamos en Seúl a las 07:50 de la mañana. Gen­eral­mente, dicho horario es la tóni­ca habit­u­al cuan­do volam­os a Asia: al lle­gar al amanecer, has de ir con las pilas bien car­gadas porque al can­san­cio del via­je y al cam­bio horario hay que sumar­le que te que­da por delante un día entero de pateo. Habrá gente que vea en esto un incon­ve­niente pero a mí me parece ide­al, ya que nada más lle­gar ya estás meti­do de lleno en la real­i­dad del país en cuestión.

 

Un apunte que hago antes de comen­zar a des­gra­nar Seúl es que escogi­mos la segun­da quin­ce­na de Sep­tiem­bre para evi­tarnos los calores core­anos, que son bru­tales. Pues bien, pese a que, opti­mis­tas de nosotros, echamos un par de cazado­ras por si aca­so, no lleg­amos a usar­las: durante todo el via­je nos hizo un calor sofo­cante, húme­do y pega­joso, y un sol de jus­ti­cia: el primer día por la noche ya teníamos las mar­cas del sol que nos había deja­do la camise­ta. En ese sen­ti­do, pese al calor, el tiem­po nos dio tregua para poder vis­i­tar todo lo que quisi­mos sin com­pli­ca­ciones, lo que fue de agrade­cer. A excep­ción de un día en Busan que nos llovió a cán­taros, el cli­ma nos fue más que favor­able. Pero advier­to lo de las altas tem­per­at­uras para que sepáis que el ver­a­no en Corea en real­i­dad se puede alargar mucho más de lo que es habit­u­al en Europa. Y es curioso porque, sin embar­go, sobre todo en la zona norte del país, luego sufren unos invier­nos durísi­mos, con tem­per­at­uras de var­ios gra­dos bajo cero.

 

Aunque el aerop­uer­to de Incheon se encuen­tra casi 50 kilómet­ros de la cap­i­tal, está muy buen comu­ni­ca­do. Aunque tienes la opción del auto­bús, que tiene el incon­ve­niente de encon­trarte con atas­cos, y el Express Train, que es más caro, yo recomien­do coger direc­ta­mente el metro: el Express Train tar­da 43 min­u­tos y el metro 58 min­u­tos pero vale la mitad, 4250 won (aprox­i­mada­mente unos tres euros y medio). Además, des­de el aerop­uer­to el metro fun­ciona des­de las cin­co y media de la mañana has­ta casi las doce de la noche. Puedes sacar los bil­letes en las máquinas que hay den­tro del aerop­uer­to. Nosotros aprovechamos para cam­biar en una de las ofic­i­nas euros por won: como el val­or del won es tan bajo (1000 won= 80 cén­ti­mos de euro) ya nos pasa­ba como en Indone­sia, que llevábamos la cartera llena de bil­letes y a duras penas podíamos cer­rar­la.

 

Aunque como os comen­té en la eta­pa de los prepar­a­tivos en Corea en gen­er­al el alo­jamien­to es bas­tante bara­to, sin embar­go en Seúl, al ser la cap­i­tal, los pre­cios son más altos y a la hora de bus­car hote­les me encon­tra­ba con el mis­mo prob­le­ma que en Japón: las habita­ciones eran minús­cu­las. Buscábamos además un sitio cén­tri­co ya que aparte de que la may­oría de los atrac­tivos turís­ti­cos se con­cen­tran en ese área, Seúl es gigan­tesca (hablam­os de una megaci­u­dad de más de diez mil­lones de habi­tantes) y tam­poco queríamos perder mucho tiem­po cogien­do trans­portes.

Así que después de mucho bus­car y con­trastar opin­iones de unos y otros, logramos encon­trar un hostal encan­ta­dor en la zona de Mapo, a ape­nas un par de paradas de Seoul Sta­tion. Lo cogi­mos por Book­ing, se lla­ma Han Riv­er Res­i­dence Guest­house y nos sal­ió tira­do de pre­cio: ape­nas 48 euros la habitación con desayuno incluí­do. Eso sí, el desayuno te lo preparas tú mis­mo, era curioso lo de freirte tú los huevos a la vista del resto de clientes. Las habita­ciones eran grandísi­mas, has­ta incluían coci­na con nev­era y mena­je com­ple­to y un pequeño cuar­ti­to para ten­der la ropa y enci­ma están muy chu­las en plan dec­o­ración, a nosotros nos tocó una azul pre­ciosa inspi­ra­da en “Ali­cia en el País de las Mar­avil­las”. El baño es asiáti­co (algo habit­u­al en los hote­les de Corea, esto es sin mam­para, lo ide­al es que dejéis unas chan­clas en la mis­ma puer­ta).

 

Nues­tra acoge­do­ra habitación en el Han Riv­er Res­i­dence

 

Han river residence seul

 

Lo regen­tan unos chavales súper amables que además se brin­dan a subirte al hostal en coche des­de la estación de Mapo. Y es que ese era el úni­co pero que podíamos pon­er­le, que pese a que llevábamos un mapa impre­so con las indi­ca­ciones para lle­gar, nos volvi­mos locos el primer día, menos mal que una core­ana la mar de amable se brindó a lla­mar­les por telé­fono y nos bajaron a bus­car. Así que si lo reserváis, os detal­lo el “camino rápi­do”: cuan­do sal­gáis de la estación de Mapo, haced­lo por la sal­i­da 3, andáis has­ta la esquina donde veáis un establec­imien­to que se lla­ma Boss, giráis a la derecha y cuan­do lleguéis has­ta una frutería que os quedará a la izquier­da, cogéis la cues­ta a la derecha (una cues­ta de órda­go, por eso se ofre­cen a ir a bus­carte) y en cin­co min­u­tos estáis en el hostal. Lo bueno es que al estar en lo alto de la col­i­na y escon­di­do en un calle­jón es súper tran­qui­lo y por la noche no se escucha ni un rui­do. A nosotros el bar­rio de Mapo nos gustó bas­tante porque era core­ano 100% y además había cien­tos de sitios para com­er. Eso sí, la may­oría sin menú en inglés y debías lim­i­tarte a señalar la fotografía del pla­to que quisieras. Y que la suerte te son­ría porque en gen­er­al la comi­da core­ana, de la que os hablaré más ade­lante, es muy, muy picante. Pero qué rica está.

Para moverte por Seúl, lo más cómo­do es hac­erte con una T‑Money Card. Es una tar­je­ta al esti­lo de la Suica o Pas­mo que tan­tas veces hemos usa­do en Tokio: cues­ta 2.500 won (2 euros) y la puedes ir recar­gan­do en las máquinas del metro, no os pre­ocupéis que las instruc­ciones vienen en inglés. Puedes hac­erte con ellas en los 7‑Eleven o GS25 (los GS25 son los 7‑Eleven core­anos, te los encon­trarás por todos lados)y sir­ven para el metro y el auto­bús. Lo úni­co que tienes que hac­er es pasar­la por el lec­tor de los torni­quetes del metro o el que hay al lado del con­duc­tor en los auto­bus­es y te va descon­tan­do el pre­cio del bil­lete.

La chulísi­ma T‑Money Card que me tra­je de recuer­do (hay var­ios mod­e­los para ele­gir)

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En gen­er­al el trans­porte públi­co en Corea me pare­ció bara­to, a una media de 1.300 won (un euro) cada via­je. El metro de Seúl es comod­ísi­mo y muy mod­er­no, me record­a­ba mucho al de Tokio con sus bar­reras de cristal para que la gente no salte a la vía y con tras­bor­dos enormes que se han con­ver­tido en gigan­tescas galerías com­er­ciales, puedes encon­trarte tien­das de todo tipo. Y otro pun­to a su favor respec­to a muchos met­ros europeos: en todas las esta­ciones hay cuar­tos de baño.

Así de boni­tas son algu­nas de las esta­ciones…

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Hablan­do del metro, una de las cosas que los core­anos ven como si tal cosa porque están acos­tum­bra­dos pero que des­de luego choca mucho a los extran­jeros y, las cosas como son, estremece, es que en todas las esta­ciones hay vit­ri­nas como las que veis aquí aba­jo, con sus cor­re­spon­di­entes más­caras de gas y víveres para usar en un hipotéti­co ataque quími­co de sus veci­nos de Corea del Norte. El país se encuen­tra des­de hace décadas en un esta­do de alar­ma con­stante y de hecho cuan­do nosotros fuimos, sólo una sem­ana antes Corea del Norte había esta­do real­izan­do ensayos con bom­bas nuclear­es, bom­bas cuya poten­cia super­a­ba a la que cayó en Hiroshi­ma, y var­ios cazas esta­dounidens­es esper­a­ban en la fron­tera entre ambos país­es. No es para tomárse­lo a bro­ma y de hecho los sur­core­anos no lo hacen.Nos dimos cuen­ta de que el con­flic­to con Corea del Norte es uno de los motivos que más asus­ta al tur­is­mo occi­den­tal y por esa razón ape­nas nos encon­tramos con extran­jeros. De dicho con­flic­to os hablare­mos cuan­do llegue­mos al Museo de His­to­ria Con­tem­poránea de Corea para que entendáis algo mejor lo que esta rival­i­dad supone en la vida diaria de los core­anos, tan­to para los del norte como los del sur.

Vit­ri­nas con más­caras anti­gas en el metro de Seúl

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Seúl en gen­er­al nos pare­ció una ciu­dad fasci­nante y la ver­dad sea dicha: es una lás­ti­ma que tan­tos occi­den­tales se pier­dan cono­cer­la por el moti­vo béli­co que comen­tábamos antes o lo eclip­sa­do turís­ti­ca­mente que Corea del Sur se encuen­tra respec­to a Japón (nosotros mis­mos habíamos esta­do en Japón tres veces y a Corea habíamos lle­ga­do casi de casu­al­i­dad). Y no será porque la Ofic­i­na de Tur­is­mo no se esfuerce en pub­lic­i­tar el país: su labor es elo­giable. Quien no ven­ga aquí no será porque no haya infor­ma­ción, que la hay de sobra. Como os comen­té, el tur­is­mo nacional es exager­a­do, a los core­anos les encan­ta via­jar por su país y razones no les fal­tan: hay miles de rin­cones pre­ciosos para ver y todo está muy bien indi­ca­do. Como digo, un aplau­so por los tra­ba­jadores de Vis­it Korea, gra­cias a los que hemos des­cu­bier­to un mon­tón de lugares intere­santes.

La que es la cuar­ta ciu­dad más rica de Asia (lo que vista la com­pe­ten­cia es todo un méri­to) y la quin­ta más grande del mun­do (aquí viv­en una cuar­ta parte de los sur­core­anos) es fiel refle­jo del auge económi­co que vive Corea del Sur, jus­to todo lo opuesto a sus veci­nos. Aquí el cap­i­tal­is­mo se ha dis­para­do has­ta nive­les des­or­bi­tantes: vas a encon­trar pocas ciu­dades en el mun­do con tan­ta tien­da por metro cuadra­do. A los core­anos les chi­fla com­prar y gas­tarse el dinero; nosotros, curiosa­mente, qui­tan­do unos cuan­tos palil­los de acero inox­id­able (en Corea su uso es lo habit­u­al en vez de los de madera, mucho más respetu­osos los metáli­cos con el medioam­bi­ente que los de usar y tirar), los imanes para la nev­era de rig­or, unos pares de zap­atil­las, algu­nas cosas de mer­cería para mis man­u­al­i­dades y sobre todo muu­u­ucha cos­méti­ca core­ana, con­sid­er­a­da la mejor del mun­do, tam­poco com­pramos mucho. En la era en que en inter­net puedes encon­trar prac­ti­ca­mente todo, tam­poco nos sor­prendieron demasi­a­do los artícu­los que vimos (al con­trario que en Japón) y en cuestión ves­ti­men­ta lo cier­to es que nos pare­ció que tam­poco tenían muy buen gus­to. Pero en gen­er­al para las com­pras nos pare­ció tam­bién un país bara­to: a las tien­das y cen­tros com­er­ciales hay que sumar­le los miles de puestos calle­jeros que vas a encon­trarte en cualquier rincón. Sí insis­to en lo de la cos­méti­ca core­ana porque hay tien­das a por­ril­lo y es bue­na y bara­ta. Dos mar­cas a destacar, Tony Moly y las tien­das de Nature Repub­lic, cuyos pro­duc­tos son todos total­mente nat­u­rales.

Seúl se encuen­tra divi­di­do por el río Han y rodea­da de mon­tañas; al norte del río es donde se hal­lan la may­oría de los pun­tos de interés aunque el sur tam­bién lo tocarás si como nosotros, por ejem­p­lo, te acer­cas a vis­i­tar el dis­tri­to de Gang­man. Por cier­to, aquí los 25 dis­tri­tos admin­is­tra­tivos, bar­rios gigan­tescos, se denom­i­nan gu. Para recor­rer­los sin prisas, dimos a Seúl seis noches; aún así, pese a todo lo que pateamos, con jor­nadas mara­to­ni­anas de doce horas diarias andan­do, siem­pre te volverás con la sen­sación de que aún te quedan lugares por vis­i­tar, la ciu­dad es inmen­sa. Aunque fue destruí­da prac­ti­ca­mente por com­ple­to durante la guer­ra de Corea, que se alargó durante tres años a prin­ci­p­ios de 1950, casi todos los edi­fi­cios históri­cos han sido recon­struí­dos en su total­i­dad, man­tenién­dose total­mente fieles a los orig­i­nales y uti­lizan­do los mis­mos mate­ri­ales con los que se con­struyeron ini­cial­mente.

Como siem­pre recomien­do en ciu­dades tan exten­sas, lo mejor que puedes hac­er es dividir los días por áreas. Exis­ten unos bus­es turís­ti­cos que por 12.000 won diar­ios (9 euros) te per­miten subir y bajar las veces que quieras en un recor­ri­do fijo (hay cua­tro para ele­gir) si por lo que sea sólo vas a estar en la ciu­dad un par de días. Como no era nue­stro caso, no lo usamos y fuimos a todos los lugares en metro. Pero para que sepas que ahí está la opción.

Nosotros comen­zamos a recor­rer Seúl por el área de Gwangh­wa­mun: las dos esta­ciones de metro más próx­i­mas son la propia de Gwangh­wa­mun (lin­ea 5) y la de Gyeong­bok­gung (línea 3). Nada más a salir del metro vas a darte con una de las imá­genes más cono­ci­das de Seúl, seguro que la recuer­das por la can­ti­dad de veces que ha sali­do en la tele cuan­do en los noti­cia­r­ios se infor­ma del con­flic­to core­ano: la Plaza de Gwangh­wa­mun, situ­a­da en la calle más pop­u­lar de Seúl, la Sejong-ro. Es larguísi­ma, más de medio kilómetro de lon­gi­tud, y en ella desta­can dos estat­uas, la del almi­rante Yi Sun Sin, quien en el siglo XVI defendió al país de los ataques nipones y que se encuen­tra rodea­da de chor­ros de agua en hon­or a las batal­las que libró, y otra del rey Sejon el Grande. Detrás de esta últi­ma, se puede divis­ar el per­fil de la mon­taña Bukhansan, donde a los seu­lens­es les encan­ta ir a hac­er senderis­mo.

Plaza de Gwanghwamun Seul

Mon­u­men­to a Sejon el Grande. Ojo a los policías que lo cus­to­di­an: para los core­anos, como para la may­oría de los asiáti­cos, una piel more­na es sinón­i­mo de pobreza, por eso en cuan­to apri­eta un poco el sol van con el paraguas a todos lados.

 

Monumento a Sejon el Grande Seul

 

En esta larga aveni­da se encuen­tran emba­jadas como la de Aus­tria, Fin­lan­dia y Aus­tralia pero lo que más nos llamó la aten­ción fue cuan­do pasamos por delante de la de Esta­dos Unidos porque era un autén­ti­co búnker: esta­ba cus­to­di­a­da por varias fur­gone­tas poli­ciales y la rode­a­ban un mon­tón de sol­da­dos. Evi­den­te­mente, ni se nos ocur­rió fotografi­ar­la pero igual­mente os lo con­ta­mos.

 

En Seúl se con­ser­van cua­tro pala­cios prin­ci­pales (y uno más secun­dario) y el primero que fuimos a vis­i­tar es Gyeong­bok­gung, donde pre­cisa­mente aca­ba la aveni­da Sejong-ro. Puedes com­prar una entra­da com­bi­na­da para ver los cua­tro pala­cios y que te sal­ga algo más bara­to (se supone que dicho tick­et se puede adquirir en cualquiera de los cua­tro) pero cuan­do lo inten­ta­mos, la bue­na mujer que atendía la taquil­la no habla­ba ni papa de inglés y al final por gestos nos indicó que no se podía com­prar allí (¿?). Final­mente com­pramos la entra­da suelta, tam­poco nos importó mucho porque una de las cosas bue­nas de Corea es que las entradas a los mon­u­men­tos son en gen­er­al muy baratas: esta, por ejem­p­lo, fueron 3.000 won (2,40 euros). Ten en cuen­ta que este pala­cio cier­ra los martes.

 
 

Entra­da prin­ci­pal del Pala­cio de Gyeong­bok­gung

 

Palacio de Gyeongbokgung Seul

 

Nos interesa­ba bas­tante pres­en­ciar el cam­bio de guardia de los Sumun­gung ya que, las cosas como son, es muy pin­toresca. Se real­iza varias veces al día en la puer­ta prin­ci­pal, la Gwangh­wa­mun Gate (por donde antigua­mente cruz­a­ba el emper­ador), el pis­to­le­ta­zo de sal­i­da lo da el gong de la cam­pana y la cer­e­mo­nia es pre­ciosa, impre­siona un mon­tón ver a los guardias con esos tra­jes tan col­ori­dos y esas bar­bas tan largas. Además, les encan­ta que la gente se fotografíe con ellos una vez final­iza la cer­e­mo­nia y así aproveché para com­pro­bar si las bar­bas eran de ver­dad (y sí, lo eran). Hay gente que cree que el rit­u­al es un poco peliculero porque has­ta lo va nar­ran­do en inglés una señori­ta en plan epopeya pero a nosotros nos pare­ció que merecía mucho la pena y además, es algo muy típi­co y car­ac­terís­ti­co de Seúl.

 

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Las otras tres puer­tas de entra­da son la Geonchun­mun, que uti­liz­a­ba la prince­sa y su corte, la Yeongchu­mun (la Puer­ta de Bien­veni­da al Otoño), reser­va­da a ofi­ciales y civiles, y por últi­mo la Sin­mu­mun Gate, que era la menos usa­da de las cua­tro. Frente a las mural­las palac­i­e­gas aún se con­ser­va la Dongsi­b­ja­gak Tow­er, una torre de vig­i­lan­cia que aho­ra se encuen­tra en mitad de una inter­sec­ción.

 

El Pala­cio de Gyeong­bok­gung, en cuan­to a exten­sión, es el más grande de todos los de Seúl, nada más y nada menos que 500.000 met­ros cuadra­dos, bue­na prue­ba del poder que acu­mu­la­ba la dinastía Joseon durante aque­l­la época. Se con­struyó hace 600 años, cuan­do la cap­i­tal del país se trasladó de Goryeo a Seúl, y se le conocía como Pala­cio del Norte. En for­ma de rec­tán­gu­lo, se encuen­tra com­ple­ta­mente amu­ral­la­do.

 

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El Geun­jeong­jeon Hall, el Salón del Trono, es donde el monar­ca real­iz­a­ba las audi­en­cias ofi­ciales con sus pro­pios coman­dantes y donde recibía a los emis­ar­ios extran­jeros, aparte de ser el lugar elegi­do para la coro­nación del nue­vo emper­ador. En el patio se cel­e­bra­ban cer­e­mo­nias menos pom­posas, como fies­tas hom­e­na­je a los sirvientes más ancianos o exámenes mil­itares a los ofi­ciales. Es uno de los edi­fi­cios más impor­tantes del com­ple­jo y en su facha­da exte­ri­or se pueden admi­rar tal­la­dos aves fénix, ese pájaro míti­co que renacía de sus cenizas, así como los doce sig­nos zodi­a­cales. En el inte­ri­or, drag­ones con gar­ras dec­o­ran el techo y encon­tramos escul­turas de haetaes: el haetae era un ani­mal mitológi­co, mitad uni­cornio mitad león, cuya fun­ción era defend­er a Hanyang (la antigua Seúl) de las catástro­fes nat­u­rales. En los lat­erales se mantienen los pabel­lones que antigua­mente fun­ciona­ban como bib­liote­cas de la famil­ia real y atrás, los aposen­tos del rey y la reina.

 

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Algo que nos llamó la aten­ción cuan­do lleg­amos al pala­cio fue encon­trarnos a un mon­tón de chi­cas con el tra­je típi­co core­ano, el han­bok. No es que sea espe­cial­mente boni­to si por ejem­p­lo lo com­paras con los pre­ciosos kimonos japone­ses (este nos pare­ció un poco “saco”) pero aún hoy en día muchas pare­jas core­anas se casan con han­bok y muchas lo uti­lizan para hac­erse las fotos de com­pro­miso. Lo de fotografi­arse en pare­ja es algo que le gus­ta mucho a los core­anos, lo vimos en Seúl en mul­ti­tud de oca­siones, con fotó­grafos real­izan­do a los novios el book cor­re­spon­di­ente.

 
 

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Para mí una de las imá­genes más boni­tas no sólo de Seúl sino de Corea: la del Pabel­lón Hyang­won­jeong (El Pala­cio de la Fra­gan­cia) con su estanque de flo­res de loto atrav­es­a­do por el puente Chwi­hyang­gyo. Espec­tac­u­lar.

 
 

Pabellón Hyangwonjeong Seul

 

No menos espec­tac­u­lar es el Gyeong­hoeru, que se uti­liz­a­ba para dar fies­tas en hon­or de los vis­i­tantes extran­jeros. Den­tro del recin­to tam­bién se encuen­tra el Museo Nacional de Corea, donde se exhiben más de 20.000 reliquias pertenecientes a la dinastía Joseon, que fue la que con­struyó los cua­tro pala­cios de la cap­i­tal. Los core­anos tienen muchísi­mo car­iño al Pala­cio de Gyeong­bok­gung ya que durante la ocu­pación japone­sa, los nipones se apoder­aron de él, destruyeron var­ios pabel­lones e insta­laron aquí su cen­tro de man­do; además, asesinaron a la emper­a­triz Myeongseong (que­maron su cuer­po y se dice que sólo sobre­vivió un dedo), por lo que cuan­do los core­anos recu­per­aron el pala­cio, éste fue el mejor sím­bo­lo exis­tente para rep­re­sen­tar la autonomía de Corea del Sur como país.

 
 

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En algu­nas estancias del recin­to palac­i­ego se puede pres­en­ciar la tradi­cional cer­e­mo­nia del té, que como veis no es un rit­u­al exclu­si­vo de Japón. En Corea el té más pop­u­lar. el verde, es el nokcha y según la estación del año que sea, la cer­e­mo­nia se desar­rol­la de una for­ma u otra. El té se suele acom­pañar con dul­ces de arroz.

 

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Los Dol Hareubang son los totems de la isla de Jeju y se pueden admi­rar den­tro del Museo Nacional de Corea, como veis aquí. Estas fig­uras tan típi­cas del folk­lore core­ano solían situ­arse a la entra­da de los pueb­los para ahuyen­tar a los demo­ni­os que pre­tendían hac­er la vida imposi­ble a los habi­tantes. Su acti­tud pro­tec­to­ra jus­ti­fi­ca así que se les conociera como los “viejos abue­los”. Muchos de ellos poseen for­mas fáli­cas porque pre­cisa­mente rep­re­sen­tan la fer­til­i­dad.

 
 

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Los jangse­ung son otro tipo de totems tam­bién muy pop­u­lares en Corea. Igual­mente sir­ven para ahuyen­tar a los mal­os espíri­tus.

 
 

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Los core­anos tienen, como los chi­nos, su pro­pio zodi­a­co: curiosa­mente, en la antigüedad, cuan­do aún no existían los relo­jes, en Corea se dividía el tiem­po gra­cias a estas dei­dades (la Hora del Tigre, la Hora del Dragón…). Mi mari­do y yo, según el año en que naci­mos, al pare­cer en Corea pertenece­mos al sig­no del Cone­jo y nos definen como sen­si­bles, diver­tidos y con bue­nas cual­i­dades artís­ti­cas. Pues habrá que creérse­lo 😉

 
 

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Como cogía cer­ca, cuan­do sal­imos del Gyeong­bok­gung nos fuimos a vis­i­tar el Museo Nacional de His­to­ria Con­tem­poránea Core­ana. El acce­so es gra­tu­ito y lo que nos llamó la aten­ción es que ape­nas había vis­i­tantes, estábamos prac­ti­ca­mente solos. Hay tours guia­dos en inglés los jueves a las 14,30 pero como todo está muy bien indi­ca­do en inglés, puedes hac­er­lo per­fec­ta­mente por tu cuen­ta.

 

A lo largo de cua­tro plan­tas, el museo recoge la his­to­ria reciente de Corea  (no sólo la del Sur) des­de el año 1800. Hay que recor­dar que des­de 1948 Corea se encuen­tra divi­di­da en dos país­es diame­tral­mente opuestos. Por un lado, la her­méti­ca Corea del Norte, donde sus ciu­dadanos están sufrien­do una tiranía atroz dis­fraza­da de rég­i­men comu­nista (¡ay si Karl Marx lev­an­tara la cabeza!) y por el otro Corea del Sur, la oda máx­i­ma al cap­i­tal­is­mo y que se ha con­ver­tido en una poten­cia económi­ca, gra­cias tam­bién en parte a las muchas inver­siones que aquí realizaron los esta­dounidens­es. Son muchos los core­anos (por no decir todos) que sueñan con una reunifi­cación de ambos país­es y se han dado tími­dos pasos para ello, como la con­struc­ción de una línea de fer­ro­car­ril que conec­ta ambas naciones (aunque en la prác­ti­ca ningún tren real­ice dicho trayec­to). Pero durante los últi­mos años las ten­siones políti­cas han aumen­ta­do y des­de Pyongyang, la cap­i­tal nor­core­ana, con­tin­u­a­mente se ame­naza con lan­zar un mis­il nuclear que borre a Corea del Sur de la faz de la tier­ra. Así están los áni­mos entre ambas naciones. Sin lugar a dudas, este, al igual que Cisjor­da­nia, es uno de los lugares más con­flic­tivos de nue­stro plan­e­ta.

 

Hablan­do de esto, los pocos tur­is­tas occi­den­tales que se dejan caer por aquí gus­tan de hac­er la excur­sión, muy pub­lic­i­ta­da en difer­entes agen­cias, a la DMZ, la Zona Desmil­i­ta­riza­da. Nosotros nos neg­amos a ir porque aparte de pare­cer­nos eso, una tur­is­ta­da, creemos que anal­iza de un modo bas­tante frívo­lo la situación políti­ca tan com­pli­ca­da que sufren ambos país­es y mucho peor nos parece que se haga dinero a cos­ta de unos cuan­tos excur­sion­istas. Por ese moti­vo, descar­ta­mos la visi­ta de nue­stros planes en la ciu­dad.

 

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Para cer­rar la visi­ta a este área, os recomien­do que os deis un paseo por Hangeul Gaon-Gil Street, una calle donde se encuen­tran var­ios edi­fi­cios ded­i­ca­dos al estu­dio y exposi­ción de todo lo referi­do al alfa­beto core­ano, el hangeul, o vis­i­tar el Cheong Wa Dae Sarangchae (acce­so gra­tu­ito), donde se recorre la vida de los pres­i­dentes de la nación y otros aspec­tos de la vida core­ana.

 

Otro de los días lo comen­zamos vis­i­tan­do uno de los que se con­vir­tió en uno de mis rin­cones favoritos de Seúl: Buk­chon Hanok Vil­lage. La mejor for­ma para lle­gar aquí es en la línea 3 de metro, para­da Anguk (sal­i­da 2). Buk­chon (que en core­ano sig­nifi­ca “pueblo norteño”) es un pre­ciosísi­mo bar­rio que acoge más de 900 hanok. Los hanok son las casas tradi­cionales core­anas y antigua­mente sus estancias se dividían en tres espa­cios: el anchae, donde vivían las mujeres y los niños, el sarangchae, donde se alo­ja­ban los ancianos y los invi­ta­dos, y el haen­rangchae, donde dor­mían los sirvientes.

 

Pasear por Buk­chon es una expe­ri­en­cia inolvid­able ya que te sientes trans­porta­do sei­scien­tos años atrás. Aquí vivía en la antigüedad la aris­toc­ra­cia y las famil­ias más ric­as y actual­mente es un bar­rio donde exis­ten múlti­ples cen­tros de arte, pequeños museos que explo­ran la cerámi­ca, pin­tu­ra y escul­tura core­ana y coque­tas cafeterías que han sabido respetar las mar­avil­losas vivien­das que las rodean. Perder­se entre esos angos­tos calle­jones o tomarse un té en algu­na de las ter­rac­i­tas con boni­tas vis­tas de las calle­jue­las emp­inadas puede pro­por­cionarte una de las mañanas más exquis­i­tas del via­je. A nosotros fue de lo que más nos gustó en Seúl.

 

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Bukchon Hanok Village Seul

 

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Ya que estás por esta zona, acér­cate a dar una vuelta por la calle Sam­cheong, donde tam­bién hay algunos hanok (y en algunos de ellos has­ta podrás pres­en­ciar dan­zas tradi­cionales). Además tienes cer­ca el Chang­gyeong­gung Palace (cier­ra los lunes, entra­da 1000 won) y la joya de la coro­na, con el que comen­zare­mos la segun­da parte del blog de Seúl: Changdeok­gung Palace.

 

Changdeok­gung, con difer­en­cia, es con­sid­er­a­do el pala­cio más boni­to de toda Corea y razón no les fal­ta a los que apoy­an esta afir­ma­ción. Fijaos ya sólo en su entra­da prin­ci­pal: de quedarse sin habla.

 

Changdeokgung Seul

 

Pat­ri­mo­nio de la Humanidad de la UNESCO des­de 1997, fue res­i­den­cia real durante sig­los has­ta que en 1592, durante la invasión japone­sa, los pro­pios ciu­dadanos le prendieron fuego y hubo de ser recon­struí­do 19 años después.

 

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Aquí un sim­páti­co grupo de cole­giales core­anos…

 

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Lo recomend­able es que ya que vais com­préis la entra­da com­ple­ta (8000 won) que tam­bién da acce­so al Secret Gar­den, ya que el jardín ocu­pa nada más y nada menos que un 60% del área. Como nosotros vimos que el tour en inglés por el jardín no era has­ta mediodía (la visi­ta al Secret Gar­den sólo puede hac­erse guia­da) decidi­mos apun­tarnos al tour en chi­no. Y claro, los chi­nos nos pre­gunt­a­ban “¿pero vosotros sabéis chi­no?”. Y nosotros “pues no, ni una pal­abra” y claro, se morían de la risa. Menudo show ver­nos allí entre ellos. No nos enter­amos nada de lo que decía el guía (que tam­bién se destern­il­l­a­ba con la situación) pero qué bien nos lo pasamos.

 

El Jardín Secre­to era un paraí­so escon­di­do en la ciu­dad, un oasis de fres­cor donde la famil­ia real se refu­gia­ba del abrasador ver­a­no core­ano. Aquí no sólo pasa­ban el tiem­po escri­bi­en­do poe­mas entre estanques sino que tam­bién ofrecían mul­ti­tu­di­nar­ios ban­quetes y recep­ciones ofi­ciales. En el jardín, que tam­bién se conoce como Buk­won, podremos admi­rar el Pabel­lón Juham­nu, que en tiem­pos antiquísi­mos sirvió como bib­liote­ca y sala de estu­dio del monar­ca.

 

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Aunque mucho más pequeño, merece hac­er una breve visi­ta al Unhyeongung Palace, que tam­bién fue res­i­den­cia real. Además, la entra­da es gra­tui­ta.

 

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Gastronomía coreana

 

Vamos a hac­er una breve para­da entre visi­ta y visi­ta para intro­ducirnos en la gas­tronomía core­ana. En Occi­dente es habit­u­al encon­trar a la vuelta de la esquina restau­rantes chi­nos, hin­dues, japone­ses o tai­lan­deses ¿pero core­anos? En Madrid tuvi­mos que dar varias vueltas para encon­trar uno (se lla­ma Seoul y nos encan­tó): en gen­er­al, la comi­da core­ana sigue sien­do una gran descono­ci­da para el via­jero europeo. Para nosotros el tema culi­nario es un fac­tor fun­da­men­tal a la hora de via­jar y nos dice mucho de un país el esmero que le pon­gan a la hora de coci­nar. Por eso este via­je en ese aspec­to fue una goza­da: los core­anos tienen una gas­tronomía estu­pen­da y además baratísi­ma: com­er en cualquier restau­rante core­ano (y además buenos restau­rantes, aunque tam­bién estu­vi­mos en autén­ti­cos tugu­rios e igual­mente comi­mos de fábu­la) puede salir a una media de 8 euros por per­sona.

 

Pero ¿qué comen los core­anos? Pues aquí os lo vamos a con­tar, que para eso esta­mos. En gen­er­al, avisamos de que la comi­da core­ana puede ser muy,muy picante. espe­cial­mente el kim­chi, que en la foto de aba­jo es ese plati­to de la izquier­da col­or anaran­ja­do: troc­i­tos de repol­lo fer­men­ta­do que harán que tu boca eche fuego. El kim­chi es para los core­anos lo que para nosotros es el pan: el acom­pañamien­to de cualquier comi­da. Y esto incluye el desayuno, se nos salían los ojos de las órbitas al ver cómo eran capaces de engul­lir­lo tan tem­pra­no. A nosotros,que nos chi­fla el picante, el kim­chi nos encan­tó pero tam­bién adver­ti­mos que es mejor con­sumir­lo en pequeñas dosis y con mod­eración.

 

El bol grande de ver­duras y arroz es bibim­bap (se tra­duce como “arroz mez­cla­do”), uno de los platos más pop­u­lares de Corea. Fue uno de mis favoritos a lo largo del via­je, se suele servir acom­paña­do de una sopa, gen­eral­mente de algas. El bibim­bap tam­bién suele aderezarse con sal­sa picante: otra dura prue­ba para nue­stro estó­ma­go.

 

`Bibimbap Corea

 

Otra de las cosas que me encanta­ba cuan­do nos sen­tábamos a com­er (muchas veces, como en Japón, en mesas baji­tas como las japone­sas, donde te sien­tas descal­zo y en el sue­lo) es que pedías el menú y te empez­a­ban a traer platos, platos y más platos. Fijaos el fes­tín ante el que nos encon­trábamos día sí y día tam­bién.

 

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Como véis, en el cen­tro hay una plan­cha redon­da, algo muy habit­u­al en los restau­rantes core­anos, donde te traen la carne cru­da y tú mis­mo te la preparas saltea­da con ver­duras y brotes de soja. Aunque la carne sea el pla­to prin­ci­pal, esta lle­ga con este mon­tón de platil­los de acom­pañamien­to, que pueden ser de lo más vari­a­dos: sopas, arroz, ensal­a­da, kim­chi, algas, tofu añi­la­do, pesca­do seco, ver­duras al vapor… Todos estos platil­los se denom­i­nan ban­chan y son un clási­co de las mesas core­anas. A nosotros nos encanta­ba ver­nos con la mesa tan llena.

 

Nosotros tam­bién fuimos los primeros sor­pren­di­dos: a los core­anos les encan­tan los chur­ros. Los hacen algo más grue­sos que los nue­stros, con mucho azú­car y los toman de las for­mas más inverosímiles. ¡Pero están riquísi­mos!

 

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Y como en Japón, en algunos restau­rantes tam­bién tienen répli­cas de cera de los platos para que veas qué es lo que te espera den­tro del local.

 

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Si hay algo que les pir­ra a los core­anos es el pulpo. Y lo más curioso es que hay var­ios locales donde la gente va a comérse­los cuan­do aún están vivos (a nosotros nos parecía una aber­ración pero podéis ver vídeos en Youtube). Lo preparan de mil y una man­eras pero una de las más pop­u­lares es Nakji Bokkeum, que con difer­en­cia fue la comi­da más picante que probé en todo el via­je. Has­ta me llora­ban los ojos.

 

 Restau­rante de Seúl espe­cial­iza­do en pulpo

 

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Otro de los platos estrel­la de la comi­da core­ana es el bul­go­gi (“carne de fuego”). Está deli­cioso. Es carne de tern­era mari­na­da en sal­sa de soja, tiernísi­ma, y tam­bién la degus­ta­mos varias veces a lo largo del via­je. O las riquísi­mas sopas, que gen­eral­mente vienen en un pequeño recip­i­ente negro, el dduk­bae­gi, que no veais cómo aguan­ta el calor: los core­anos (como nosotros) son muy soper­os, asi que en ese aspec­to estábamos encan­ta­dos porque probamos un mon­tón difer­entes, des­de la guk­bap (de arroz) a la kalguk­su (de fideos) o la gom­tang (de tern­era)… qué ric­as todas. Otra cosa que os recomien­do pro­bar son los gim­bap, que para que lo entendáis, es el sushi core­ano (de hecho fueron los japone­ses los que lo tra­jeron durante la ocu­pación), los rol­li­tos son más grue­sos que en el sushi japonés y tam­bién bas­tante más picantes. Además es muy bara­to, una ban­de­ja solía costar unos dos euros.

Y a niv­el bebi­da, las cervezas nos parecieron bas­tante nor­mal­i­tas, las más pop­u­lares son la Hite y la Cass, pero tam­bién se pueden encon­trar un mon­tón de bares donde pudi­mos tomar bir­ras de importación y no eran caras. Pero a los core­anos en real­i­dad lo que les gus­ta es el soju, un licor de arroz que beben a cualquier hora del día y que podrás encon­trar en bue­na parte de los restaurantes.A lo largo de nue­stro rela­to, no obstante, os ire­mos dan­do más detalles de algu­nas de las sor­pre­sas gas­tronómi­cas con las que nos fuimos encon­tran­do.

 

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Con­tin­u­amos nue­stro recor­ri­do por Seúl con el Deok­su­g­ung Palace. Para ello, hemos de irnos en metro has­ta la estación de City Hall (líneas 1 y 2). Efec­ti­va­mente, lo has adiv­ina­do: aquí se encuen­tra el Ayun­tamien­to en pleno down­town. El antiguo se encuen­tra enfrente del nue­vo y actual­mente es una bib­liote­ca que acoge más de 200.00 volúmenes. El nue­vo lle­va fun­cio­nan­do des­de el 2008 y la verde explana­da que se extiende a sus puer­tas, la Seoul Plaza, es uno de los lugares favoritos de los seu­lens­es para venir a pasear.

 

Seoul Plaza

 

Y hablan­do de paseos: las mural­las que rodean el Deok­su­g­ung Palace han sido elegi­das como uno de los lugares más boni­tos de Corea para pasear. Es el lugar escogi­do por miles de oficin­istas en su rati­to de des­can­so para bajar a esti­rar las pier­nas y tomarse un café. En este área tam­bién podrás vis­i­tar el teatro Jeong­dong (que el año pasa­do tuvo más de un mil­lón de espec­ta­dores), donde se rep­re­sen­tan obras de arte tradi­cional core­ano: tienes entradas a par­tir de 25 euros y todos los días hay doble fun­ción, una a las cua­tro de la tarde y otra a las ocho de la noche.

 

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El Deok­su­g­ung Palace cier­ra los lunes, ten­lo en cuen­ta a la hora de venir. La entra­da sólo cues­ta 1000 won (80 cèn­ti­mos), aunque el cam­bio de guardia se real­iza a pie de calle, por lo que este es total­mente gra­tu­ito. La cer­e­mo­nia se lle­va a cabo a diario a las 11:00, las 14:00 y las 15:30. Como podéis com­pro­bar, es de lo más vis­tosa, nos gustó tan­to como la de Gyeong­bok­gung.

 

Cambio de Guardia Seul Corea

 

Cambio de Guardia Seul Corea

 

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El Deok­bu­gung Palace, como sus otros pala­cios-her­manos en Seúl, sirvió como res­i­den­cia de los monar­cas de la dinastía Joseon. Los difer­entes reyes fueron ocu­pan­do simul­tane­a­mente unos pala­cios y otros, tenían la suerte de poder ele­gir. El pala­cio, que antigua­mente se conocía como Gyeongun­gung, se dejó de uti­lizar como mora­da real en el año 1919.

 

Deokbugung Palace Seul

 

Una de las par­tic­u­lar­i­dades del Deok­su­g­ung es que den­tro del recin­to se pueden encon­trar tam­bién edi­fi­cios de corte occi­den­tal como el Seokjo­jeon Hall, que en el pasa­do fue una galería de arte abier­ta al públi­co y en la actu­al­i­dad, además de ser la sede de la exposi­ción del Tesoro de Pala­cio, acoge el Cen­tro Nacional de Arte Mod­er­no.

 

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Puedes ir aca­ban­do la visi­ta a este área en dos museos que, además, son total­mente gra­tu­itos: el Museo de Arte (cier­ra los lunes) y el Museo de His­to­ria de Seúl (tam­bién cer­ra­do los lunes). Des­de allí nos podemos ir andan­do has­ta la Sungnye­mun Gate, una de las puer­tas de la ciu­dad, por la Sejong-daero, una de las calles com­er­ciales más impor­tantes de la cap­i­tal.

 

Sungnyemun Gate Seul

 

Aunque como os digo al final en este via­je no com­pramos ape­nas cosas porque no nos atraía demasi­a­do lo que veíamos, nos encan­tan los mer­ca­dos y por ello no queríamos dejar pasar el gas­tar unas horas en Nam­dae­mun, el más grande de Seúl. Para ello has de ir en la línea 4 has­ta la estación de Hoe­hyeon. El úni­co día que cier­ra es el domin­go pero el resto de la sem­ana es una locu­ra de miles de tien­das, de clientes en bus­ca de la últi­ma gan­ga y de famil­ias enteras que vienen aquí a pasar el día. Ropa, alfom­bras, comi­da, cos­méti­ca, uten­sil­ios para el hog­ar, flo­res, per­fumes, male­tas, con­ser­vas, juguetes… y, curiosa­mente, la may­or con­cen­tración de ópti­cas del país. Te puedes tirar horas y horas calle­je­an­do; eso sí, inten­ta venir antes de las 17:00, que es cuan­do comien­zan a recoger los puestos. Por la tarde, puedes acer­carte a la Seoul Tow­er, cuyo obser­va­to­rio (entra­da 10.000 won) per­manece abier­to has­ta las once de la noche.

 

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Hablan­do de mer­ca­dos, y ya que en nue­stro próx­i­mo recor­ri­do vamos a andar por allí cer­ca, otro área muy com­er­cial es Myeong-dong (estación de mis­mo nom­bre en línea 4). Hay un mon­tón de cen­tros com­er­ciales, a cual más grande, jun­to a la cat­e­dral de Myeong-dong, la más impor­tante de la ciu­dad, y la Korea House, donde se pro­gra­man diari­a­mente difer­entes activi­dades.

 

Des­de ahí nos vamos a ir andan­do en una larga cam­i­na­ta has­ta el bar­rio de Jong­no (las líneas de metro 1,3 y 5 pasan por aquí). Fue uno de los vecin­dar­ios que nos pare­ció más autén­ti­cos de la ciu­dad y tam­bién de los mejores lugares donde comi­mos: gas­tronomía core­ana de cal­i­dad y baratísi­ma. Hay calles que lit­eral­mente son un restau­rante detrás de otro.

 

En esta zona podemos dar un paseo por Cheong­gyecheon Stream. Con más de ocho kilómet­ros de lon­gi­tud, este es un larguísi­mo paseo peaton­al por donde a los core­anos les encan­ta cam­i­nar, sen­tarse al sol o mon­tar en bici­cle­ta. En Noviem­bre se con­vierte en uno de los pun­tos más vis­i­ta­dos de la ciu­dad al cel­e­brarse aquí el Fes­ti­val de las Lin­ter­nas. Además, en una ciu­dad donde el calor puede lle­gar a ser sofo­cante, es un refu­gio para escapar de las altas tem­per­at­uras. Y no es un decir, aquí hay una media de cua­tro gra­dos menos que en el resto de Seúl. Curiosa­mente, en sus aledaños (al menos en esta zona) había cien­tos de fer­reterías: a los core­anos parece que les gus­ta mucho sen­tirse como el pre­sen­ta­dor de Brico­manía.

 

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Otro de los lugares que más nos gustó fue el par­que Tap­gol, el preferi­do de los jubi­la­dos core­anos (parecía que nosotros éramos los úni­cos menores de 70 años). Se le conoce tam­bién como Pago­da Park y fue el primer par­que “mod­er­no” que se con­struyó en Seúl. Para los core­anos tiene un sig­nifi­ca­do muy espe­cial ya que aquí se ini­cia­ron las primeras protes­tas a favor de la inde­pen­den­cia en el año 1919.

 

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Parque Tapgol Seul

 

En Seúl los tem­p­los antiquísi­mos con­trastan con el fenó­meno del K‑Pop (Kore­an Pop): aquí los can­tantes y gru­pos de este esti­lo, con mil­lones de seguidores no sólo en Corea sino en todo el mun­do, son autén­ti­cos ído­los de masas que llenan esta­dios.

 

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Vamos a irnos aho­ra a la zona de Insa-dong Street, ya que si quieres hac­erte con sou­venirs típi­ca­mente core­anos (cerámi­ca, aban­i­cos, tra­jes tradi­cionales, pin­turas) en esta larguísi­ma aveni­da vas a encon­trar cien­tos de tien­das, espe­cial­mente en Ssamzig­il, una pequeña y acoge­do­ra placita donde se encuen­tran los establec­imien­tos más refi­na­dos. Los calle­jones que nacen en Insa-dong ofre­cen además una amplia var­iedad de restau­rantes core­anos fab­u­losos así como casas tradi­cionales de té.

 

  A los core­anos, como buenos asiáti­cos que son, les chi­flan los peluches gigantes

 

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 En este área puedes encon­trarte con algunos de los ras­ca­cie­los más impor­tantes de la ciu­dad y curiosas escul­turas como esta (Seúl está llena de escul­turas chulísi­mas).

 

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El Bosin­gak Bel­fry (que veis aquí aba­jo) es un san­tu­ario famosísi­mo porque cada 1 de Enero aquí sue­na la cam­pana que da ini­cio al año nue­vo.

 

Bosingak Belfry Seul

 

Uno de los lugares que más ganas teníamos de vis­i­tar era el tem­p­lo Jogye­sa. Es el tem­p­lo bud­ista más impor­tante de toda Corea. Escon­di­do entre altísi­mos árboles, es uno de los rin­cones más boni­tos de toda la ciu­dad. Por cier­to, mucha gente cuan­do viene a Asia, se sor­prende de ver en muchos tem­p­los la esvás­ti­ca que pos­te­ri­or­mente se apropi­arían los nazis: este es un sím­bo­lo muy habit­u­al en el mun­do ori­en­tal, sus orí­genes vienen del sán­scrito y aunque a lo largo de la his­to­ria siem­pre ha tenido difer­entes sig­nifi­ca­dos, casi siem­pre se le aso­cia a feli­ci­dad y sabiduría.

 

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Nues­tra sigu­iente para­da será en Dong­dae­mun (estación con el mis­mo nom­bre en la línea 1 y 4). Aquí se encuen­tra la mar­avil­losa plaza dis­eña­da por una de las mejores arqui­tec­tas del mun­do, Zaha Hadid (quien fal­l­ecía pre­cisa­mente este año). De todos mis via­jes a Asia, prob­a­ble­mente a niv­el mod­er­no este es uno de los espa­cios que más me ha impacta­do: 40.000 pan­e­les de alu­minio dec­o­ran este pabel­lón gigan­tesco.

 

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Este bar­rio es otro paraí­so de las com­pras, aquí sí aprovechamos para adquirir algu­nas cosas. Des­de los grandísi­mos cen­tros com­er­ciales como Appar­el Malls al Gwang­jang Mar­ket (este es el mejor para telas) y el Pyeongh­wa Mar­ket, este últi­mo con más de 2.000 tien­das de ropa. Entre tien­da y tien­da se nos fue toda la tarde.

 

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Ya que estábamos por esta zona nos acer­camos a ver la Heung­in­jimun Gate y las mural­las de la ciu­dad que se con­ser­van jus­to al lado.

 

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Hong­dae, el bar­rio uni­ver­si­tario (estación Hongik Uni­ver­si­ty, línea 2), es otro de los lugares donde os recomien­do pasar algu­na mañana. Es el bar­rio bohemio por exce­len­cia, lleno de galerías de arte, cen­tros de exposi­ciones, pequeñas tien­decitas, teatros y muchos clubs donde cada noche tocan los gru­pos musi­cales de la ciu­dad. En la calle San­su-dong hay un mon­tón de pre­ciosos cafés (fue una de las cosas que más me gustó de Corea, lo boni­tas que son muchas cafeterías) y tam­bién podrás dar un paseo por el curioso cemente­rio Yangh­wa­jin, donde reposan los restos de 500 extran­jeros que amaron a Corea tan­to o más que los pro­pios core­anos.

 

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Itae­won fue otro de los vecin­dar­ios que más nos gustó (metro Itae­won, línea 6). Es el bar­rio más cos­mopoli­ta de Seúl y si en com­para­ción con otras ciu­dades asiáti­cas en Seúl no viv­en muchos extran­jeros, ten pre­sente que los pocos que haya los vas a encon­trar aquí. La propia calle Itae­won es una larguísi­ma aveni­da llena de restau­rantes occi­den­tales (y creo que fue de las pocas veces que opta­mos por la comi­da no-core­ana) y tam­bién hay muchos establec­imien­tos de este tipo en la calle Gyeong­nidan-gil. Itae­won es además cono­ci­da por con­tar con algu­nas de las mejores tien­das de antigüedades de la ciu­dad.

 

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En Itae­won has­ta nos sor­prendió encon­trarnos con un pequeñi­to bar­rio árabe (fueron los úni­cos árabes que vimos en todo el via­je) en los alrede­dores de la mezqui­ta, la Seoul Cen­tral Masjid.

 

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Y cer­ramos nue­stro recor­ri­do por Seúl , que como veréis ha dado para mucho, en el bar­rio que en los últi­mos años se ha hecho famoso en el mun­do entero gra­cias a ese tema tan pegadi­zo que era “Gang­nam Style”: el bar­rio de Gang­nam. Gente de todo Seúl viene a los sub­ter­rá­neos de su estación de metro, un enorme den­tro com­er­cial bajo tier­ra. Pero lo mejor se encuen­tra en la super­fi­cie: dece­nas de ras­ca­cie­los con tien­das, bares, clubs y restau­rantes.

 

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Pero a mí si había algo que me atraía de Gang­nam, más que sus luces de neón, era el lugar con el que mejor me podía des­pedir de Seúl: Kukki­won. Durante muchos años prac­tiqué artes mar­ciales y con 15 años ya tenía el cin­turón negro de karate, por lo que para mí tan­to Japón como Corea rep­re­senta­ban lo máx­i­mo en estas artes antiquísi­mas (que mucha gente, equiv­o­cada­mente, tacha de vio­len­tas cuan­do son deportes de autode­fen­sa que sólo se uti­lizan en caso de extrema necesi­dad y que dan una impor­tan­cia supre­ma al auto­con­trol y la paz inte­ri­or). Por ello tenía muchas ganas de vis­i­tar Kukki­won, ya que a niv­el taek­won­do es el cen­tro más impor­tante del mun­do y te per­miten entrar para ver entre­nar a algunos de los mejores taek­wondis­tas del mun­do. Yo, como com­pren­deréis, me lo pasé pipa admi­ran­do a estos autén­ti­cos genios de las artes mar­ciales. La mejor des­pe­di­da que hubiera podi­do desear antes de irnos hacia la segun­da ciu­dad de nue­stro via­je: Gyeongju.

 

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2 Comments

  1. Cinthia

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    Hola una pre­gun­ta, son racis­tas los core­anos? Ten­go un poco de miedo por ese lado ir a Corea del Sur, gra­cias

  2. Con nosotros se por­taron estu­pen­da­mente. Creo que el prob­le­ma tiene más que ver con los japone­ses por los años de invasión, les tienen bas­tante tir­ria. Eso sí, nacional­is­tas son un rato.

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