COREA DEL SUR – Seúl

Preparativos previos

Cuando comenzamos a preparar este viaje a Corea del Sur, nos encontramos ante una curiosa situación: no conocíamos absolutamente a nadie, físicamente hablando me refiero, que hubiera estado allí. El hecho nos resultaba aún más excepcional si tenemos en cuenta que para fortuna nuestra tenemos un montón de buenos amigos viajeros con los que gustamos de intercambiar experiencias antes de viajar a un lugar u otro. Sin embargo, en esta ocasión no lográbamos encontrar a nadie que nos pudiera hablar de un viaje coreano; son muchos los que como primera experiencia asiática eligen Tailandia, Japón o la India pero Corea del Sur (ni hablamos ya la del norte) parecía ser una gran desconocida para el viajero medio. Nuestras sospechas se confirmaron cuando contrastamos en internet que tampoco eran muchos españoles los que habían pasado por aquellos lares y que por cada blog dedicado a Corea encontrabas cien dedicados a Japón o Tailandia. En mi caso sería mi octavo viaje asiático y el quinto para mi marido: ¿quizás habríamos rizado el rizo eligiendo destino? En cualquier caso, esto hacía doblemente estimulante nuestra aventura.

Al comentar entre nuestras amistades que nos íbamos a Corea, siempre nos dábamos de bruces con la misma pregunta: “¿Por qué Corea?”. Y nuestra respuesta era siempre la misma : “¿Y por qué no?”. Después de tantas veces en Asia buscábamos un destino que se saliera un poco de la norma pero que al mismo tiempo nos proporcionara lo que siempre buscamos cuando viajamos a dicho continente: la sensación de encontrarnos en un mundo diametralmente opuesto al nuestro. Y en ese sentido Corea cumple de sobra. Por otro lado, al ir 16 días, buscábamos un país no demasiado grande que no nos obligara a recorrer largas distancias. Corea del Sur es sólo un poco más grande que Andalucía, por lo que era otro requisito que nos cuadraba al cien por cien. En cuestión de precios, de los ocho viajes que he hecho a Asia, este ha sido probablemente el más barato. Os detallaré los gastos mas abajo pero sumando todo, hemos salido a 1.300 euros por cabeza, lo que me parece una auténtica ganga viendo los tiempos que corren. Os puedo asegurar que ya habiendo regresado y haciendo balance, nos ha parecido tremendamente económico para todo el jugo que le hemos sacado.

Comencemos con los datos prácticos: gastos.

Vuelo: Lo cogimos con mucha antelación, cerca de ocho meses, pero volábamos aún en temporada alta (mediados de Septiembre) y de todos los vuelos que he comprado para Asia, el más barato: 440 euros por persona. Volamos Madrid-Seúl con British Airways haciendo escala en Londres. Si tiráis por esta opción, intentad que la escala en Londres sea al menos de hora y media-dos horas porque te obligan a volver a pasar por los controles de seguridad y hay unas colas tremendas.No necesitamos visado para entrar al país aunque logicamente se pasa inmigración: nos encanta eso de que nos plasmen sellos en el pasaporte.

Seguro: De nuevo con Intermundial aunque aprovechamos que han sacado una nueva opción, la Travel Mini, para en vez de pagar los 90 euros habituales dejarlo en 54 euros por persona. La cobertura médica os cubre más que de sobra en el caso de que tengáis algún percance así como cancelaciones, pérdida de equipaje y demás. Insisto, como siempre, en viajar con seguro: lo normal es que no te ocurra nada y en nuestro caso, por suerte, nunca hemos debido utilizarlo pero llevarlo es fundamental: las facturas médicas en caso de accidente pueden ser astronómicas. No es en principio obligatoria ninguna vacuna a no ser que vengas de países con riesgo de fiebre amarilla; no obstante, nosotros ya nos habíamos vacunado por otros viajes a Asia de tétanos, hepatitis y tifus y como tienen una duración de diez años, íbamos despreocupados.

Hoteles: Si lo comparamos con los precios que nos movemos en Europa y ya no digamos en USA, nos han parecido baratísimos. Os detallaremos en cada etapa con pelos y señales los que reservamos (todos a través de Booking) pero el balance final es de unos 400 euros por persona, todos con desayuno incluído. La relación calidad-precio, bastante alta, nos gustaron todos muchísimo. En Corea es muy habitual, si aún así queréis economizar más el viaje, el alojamiento en lo que ellos conocen como Love Motels, vamos, los picaderos de toda la vida. Suelen salir por unos 35-40 euros la noche (también se pueden coger por horas) y hay tantos que podéis presentaros en la ciudad correspondiente sin reserva previa, no tendréis problema para encontrar cama. Sin embargo, aunque están en general bastante limpios (y hasta muchos tienen habitaciones temáticas) en la práctica nos parecieron algo sórdidos y visto el precio bajo del alojamiento en general, nos alegramos de haber escogido hoteles más “a nuestro gusto”. Pero es una opción que podéis tener en cuenta.

Traslados interiores: El tren Seúl-Gyeongju / Busan-Seúl es la mejor opción para hacer el triángulo de ciudades que nosotros llevábamos planeado. El KTX es un tren de alta velocidad similar a nuestro AVE que es comodísimo, rápido y además con un montón de trayectos al día, practicamente cada hora. Los trayectos también se pueden realizar en bus pero la diferencia de precio era de apenas 20 euros (en bus se tarda unas cuatro horas y media y en tren poco más de dos). Como además nos encanta viajar en tren, lo tuvimos claro. El precio del trayecto de ida y vuelta 87 euros por persona. Los billetes los compramos directamente allí sin ningún tipo de problema unos días antes (se puede pagar con tarjeta, de Seúl salen de la Seoul Station y de Busan de la Busan Station). El trayecto entre Gyeongju y Busan lo hicimos en bus y también compramos allí mismo los billetes: apenas cuatro euros y medio por persona y un trayecto de 50 minutos. Comento que los autobuses en Corea son una gozada: asientos muy amplios gracias a que en vez de cuatro asientos por fila son tres.

Dinero: En Seúl no hay problema en encontrar cajeros que admitan tarjetas extranjeras pero en Gyeongju tuvimos que ir hasta la antigua estación de trenes para encontrar cajeros en los que poder sacar. Lo recomendable es que cambiéis dinero al llegar a Corea y luego saquéis en las ciudades grandes. Además hay muchísimos restaurantes que no aceptan tarjetas de crédito, siempre es bueno llevar efectivo. Cuando hemos estado, el cambio era de 1000 won = 80 céntimos de euro. En general precios más bajos que en España, no al nivel de otros países asiáticos como Indonesia o Vietnam pero fácilmente puedes tirar con unos 25 euros al día sin privarte de nada y si sabes montártelo. Nosotros en 16 días hemos gastado unos 360 euros por persona.

Electricidad / Comunicaciones: Los enchufes son como los de España, asi que despreocupaos de llevar adaptador. Hay wifi practicamente en cada rincón del país, incluído el metro. La compañía más popular es Olleh. Recuerda que Corea del Sur es el país del mundo con más teléfonos móviles por habitante y, además, es el hogar de Samsung: cuando ibas en el metro practicamente todo el mundo iba enganchado a su teléfono.

Seguridad: País segurísimo, al nivel de Japón. Ello no quita para que tengas las lógicas precauciones que dicta el sentido común pero en general nos ha parecido un país la mar de tranquilo. Y eso que hemos visto también gente muy pasada pero todos la mar de amigables. Hay que tener en cuenta que hay policía por todos sitios y ves muchísimos miltares por las calles (la mayoría jovencísimos) debido al conflicto existente con Corea del Norte, del que hablaremos a lo largo del relato.

Recursos: Nos nutrimos basicamente de dos. la guía en inglés de Lonely Planet y, sobre todo, la página oficial de turismo, Visit Korea, que está en español y es completísima, te puedes tirar horar y horas recabando información. De todas formas, al contrario que en otros viajes, en este dejamos mucha cabida a la improvisación: pese a que en Corea apenas hay turismo occidental (de eso también os hablaremos) sí hay mucho ¡muchísimo! turismo coreano y es increíble lo bien preparados que están para el turismo. Por todos lados te ofrecen mapas, guías, folletos, hay un montón de oficinas de turismo… En serio, una pasada. En ese sentido, son un verdadero ejemplo.

Idioma: Coreano, evidentemente. Aunque habíamos leído que casi nadie habla en inglés, en Seúl encontramos un montón de gente que sí lo hablaba. En ciudades más pequeñas como Gyeongju en muchos sitios (tiendas y restaurantes) no hablan ni papa pero es cierto que todos los sitios turísticos, así como las estaciones de metro, están perfectamente señalizados en inglés. Pese a no entender el idioma, en la práctica (y a veces con mímica) no tuvimos problema para comunicarnos.

Dicho todo esto a modo introductorio ¡comencemos nuestro viaje!

SEUL

 

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Había llegado el gran día. Después de dos años sin pisar Asia, echábamos mucho de menos vernos en aquellas tierras. Para unos Asia-adictos como nosotros. suponía demasiado tiempo sin ir a  Oriente y de hecho en nuestros planes viajeros hemos intentado autoimponernos esa máxima: no dejar más de dos años sin ir al continente amarillo. Generalmente lo hemos ido alternando con escapadas a América, al otro lado del Atlántico, pero en vista de lo mucho que han subido los precios en Estados Unidos (no así en otros destinos americanos, que continuamos incluyendo en nuestras rutas, prueba de ello es que dentro de un par de meses volveremos a Cuba), lo más probable es que las escapadas asiáticas pasen a tener una asiduidad anual. Ha habido años que incluso hemos ido a Asia dos veces: hay tanto por descubrir allí que en realidad lo que nos falta el tiempo.

Como comenté en la entrada de los preparativos previos, habíamos reservado los billetes varios meses antes. Una buena costumbre que tengo es la de estar apuntada a las diferentes newsletters de las compañías aéreas para ir recibiendo las ofertas que vayan sacando en cada momento y, nunca mejor dicho, cogerlas al vuelo. Sabiendo con mucha antelación que nuestro destino este año sería Corea del Sur, cuando me llegó la alerta en Enero de un Madrid-Seúl por 440 euros ida y vuelta ni nos lo pensamos: es raro que los precios fueran a bajar más, teniendo en cuenta que ese ya era el gasto final del billete. Hacía ya años que no viajaba con British Airways pero mis experiencias siempre habían sido buenas. Confirmamos que la escala en Londres nos dejaba suficiente tiempo para los trámites y los reservamos.

Sin embargo, en la práctica nuestro viaje no comenzaba con buen pie: por niebla en el aeropuerto de Heathrow nos avisaban en Barajas que nuestro vuelo desde Madrid se retrasaba. Nos entraron los nervios pensando que aunque British tenía la obligación de colarnos en el siguiente vuelo a Seúl, nos arriesgábamos a que este fuera un día después y así perder un día de viaje. Para colmo, al aterrizar en Londres nos dimos de bruces con unas colas inmensas y tuvimos que volver a pasar dos veces por el scanner, algo que no logro entender si ya has pasado el registro en Madrid. ¿Resultado? Ir corriendo por toda la Terminal 5, que es inmensa, y llegar con la lengua fuera al embarque: éramos los últimos pasajeros y entrábamos por los pelos. Pero allí estábamos por fin ¡rumbo a Corea!

Antes de partir, sabíamos que el turismo occidental es mínimo en Corea del Sur pero lo confirmamos aún más en el momento en que pusimos el pie dentro del avión. Acostumbrados en nuestras escapadas asiáticas a aviones gigantescos, este era mucho más pequeño y exceptuando un par de ingleses, éramos los únicos no-coreanos de todo el pasaje. Generalmente, en los vuelos a Asia hay un fifty-fifty: la mitad de los pasajeros son occidentales y la otra mitad asiáticos que regresan a casa. Sin embargo, en esta ocasión los coreanos parecían ser los únicos que realizaban la ruta Londres-Seúl. Esto nos motivó aún más y nos hizo felicitarnos de nuevo por el destino escogido. El viaje, de poco más de diez horas, se me hizo más corto que en otras ocasiones. Personal de vuelo amabilisimo (volvimos a coincidir con ellos al regreso y obviamente nos recordaban, como os digo están poco acostumbrados a que hagan esta ruta europeos), buena selección de los últimos lanzamientos cinematográficos (aproveché para pasarme unas risas con la última película de los hermanos Cohen “Hail Caesar”) y además tuvimos la oportunidad de elegir menú hindú.

Aterrizábamos en Seúl a las 07:50 de la mañana. Generalmente, dicho horario es la tónica habitual cuando volamos a Asia: al llegar al amanecer, has de ir con las pilas bien cargadas porque al cansancio del viaje y al cambio horario hay que sumarle que te queda por delante un día entero de pateo. Habrá gente que vea en esto un inconveniente pero a mí me parece ideal, ya que nada más llegar ya estás metido de lleno en la realidad del país en cuestión.

Un apunte que hago antes de comenzar a desgranar Seúl es que escogimos la segunda quincena de Septiembre para evitarnos los calores coreanos, que son brutales. Pues bien, pese a que, optimistas de nosotros, echamos un par de cazadoras por si acaso, no llegamos a usarlas: durante todo el viaje nos hizo un calor sofocante, húmedo y pegajoso, y un sol de justicia: el primer día por la noche ya teníamos las marcas del sol que nos había dejado la camiseta. En ese sentido, pese al calor, el tiempo nos dio tregua para poder visitar todo lo que quisimos sin complicaciones, lo que fue de agradecer. A excepción de un día en Busan que nos llovió a cántaros, el clima nos fue más que favorable. Pero advierto lo de las altas temperaturas para que sepáis que el verano en Corea en realidad se puede alargar mucho más de lo que es habitual en Europa. Y es curioso porque, sin embargo, sobre todo en la zona norte del país, luego sufren unos inviernos durísimos, con temperaturas de varios grados bajo cero.

Aunque el aeropuerto de Incheon se encuentra casi 50 kilómetros de la capital, está muy buen comunicado. Aunque tienes la opción del autobús, que tiene el inconveniente de encontrarte con atascos, y el Express Train, que es más caro, yo recomiendo coger directamente el metro: el Express Train tarda 43 minutos y el metro 58 minutos pero vale la mitad, 4250 won (aproximadamente unos tres euros y medio). Además, desde el aeropuerto el metro funciona desde las cinco y media de la mañana hasta casi las doce de la noche. Puedes sacar los billetes en las máquinas que hay dentro del aeropuerto. Nosotros aprovechamos para cambiar en una de las oficinas euros por won: como el valor del won es tan bajo (1000 won= 80 céntimos de euro) ya nos pasaba como en Indonesia, que llevábamos la cartera llena de billetes y a duras penas podíamos cerrarla.

Aunque como os comenté en la etapa de los preparativos en Corea en general el alojamiento es bastante barato, sin embargo en Seúl, al ser la capital, los precios son más altos y a la hora de buscar hoteles me encontraba con el mismo problema que en Japón: las habitaciones eran minúsculas. Buscábamos además un sitio céntrico ya que aparte de que la mayoría de los atractivos turísticos se concentran en ese área, Seúl es gigantesca (hablamos de una megaciudad de más de diez millones de habitantes) y tampoco queríamos perder mucho tiempo cogiendo transportes. Así que después de mucho buscar y contrastar opiniones de unos y otros, logramos encontrar un hostal encantador en la zona de Mapo, a apenas un par de paradas de Seoul Station. Lo cogimos por Booking, se llama Han River Residence Guesthouse y nos salió tirado de precio: apenas 48 euros la habitación con desayuno incluído. Eso sí, el desayuno te lo preparas tú mismo, era curioso lo de freirte tú los huevos a la vista del resto de clientes. Las habitaciones eran grandísimas, hasta incluían cocina con nevera y menaje completo y un pequeño cuartito para tender la ropa y encima están muy chulas en plan decoración, a nosotros nos tocó una azul preciosa inspirada en “Alicia en el País de las Maravillas”. El baño es asiático (algo habitual en los hoteles de Corea, esto es sin mampara, lo ideal es que dejéis unas chanclas en la misma puerta).

Nuestra acogedora habitación en el Han River Residence

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Lo regentan unos chavales súper amables que además se brindan a subirte al hostal en coche desde la estación de Mapo. Y es que ese era el único pero que podíamos ponerle, que pese a que llevábamos un mapa impreso con las indicaciones para llegar, nos volvimos locos el primer día, menos mal que una coreana la mar de amable se brindó a llamarles por teléfono y nos bajaron a buscar. Asi que si lo reserváis, os detallo el “camino rápido”: cuando salgáis de la estación de Mapo, hacedlo por la salida 3, andáis hasta la esquina donde veáis un establecimiento que se llama Boss, giráis a la derecha y cuando lleguéis hasta una frutería que os quedará a la izquierda, cogéis la cuesta a la derecha (una cuesta de órdago, por eso se ofrecen a ir a buscarte) y en cinco minutos estáis en el hostal. Lo bueno es que al estar en lo alto de la colina y escondido en un callejón es súper tranquilo y por la noche no se escucha ni un ruido. A nosotros el barrio de Mapo nos gustó bastante porque era coreano 100% y además había cientos de sitios para comer. Eso sí, la mayoría sin menú en inglés y debías limitarte a señalar la fotografía del plato que quisieras. Y que la suerte te sonría porque en general la comida coreana, de la que os hablaré más adelante, es muy, muy picante. Pero qué rica está.

Para moverte por Seúl, lo más cómodo es hacerte con una T-Money Card. Es una tarjeta al estilo de la Suica o Pasmo que tantas veces hemos usado en Tokio: cuesta 2.500 won (2 euros) y la puedes ir recargando en las máquinas del metro, no os preocupéis que las instrucciones vienen en inglés. Puedes hacerte con ellas en los 7-Eleven o GS25 (los GS25 son los 7-Eleven coreanos, te los encontrarás por todos lados)y sirven para el metro y el autobús. Lo único que tienes que hacer es pasarla por el lector de los torniquetes del metro o el que hay al lado del conductor en los autobuses y te va descontando el precio del billete.

La chulísima T-Money Card que me traje de recuerdo (hay varios modelos para elegir)

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En general el transporte público en Corea me pareció barato, a una media de 1.300 won (un euro) cada viaje. El metro de Seúl es comodísimo y muy moderno, me recordaba mucho al de Tokio con sus barreras de cristal para que la gente no salte a la vía y con trasbordos enormes que se han convertido en gigantescas galerías comerciales, puedes encontrarte tiendas de todo tipo. Y otro punto a su favor respecto a muchos metros europeos: en todas las estaciones hay cuartos de baño.

Así de bonitas son algunas de las estaciones…

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Hablando del metro, una de las cosas que los coreanos ven como si tal cosa porque están acostumbrados pero que desde luego choca mucho a los extranjeros y, las cosas como son, estremece, es que en todas las estaciones hay vitrinas como las que veis aquí abajo, con sus correspondientes máscaras de gas y víveres para usar en un hipotético ataque químico de sus vecinos de Corea del Norte. El país se encuentra desde hace décadas en un estado de alarma constante y de hecho cuando nosotros fuimos, sólo una semana antes Corea del Norte había estado realizando ensayos con bombas nucleares, bombas cuya potencia superaba a la que cayó en Hiroshima, y varios cazas estadounidenses esperaban en la frontera entre ambos países. No es para tomárselo a broma y de hecho los surcoreanos no lo hacen.Nos dimos cuenta de que el conflicto con Corea del Norte es uno de los motivos que más asusta al turismo occidental y por esa razón apenas nos encontramos con extranjeros. De dicho conflicto os hablaremos cuando lleguemos al Museo de Historia Contemporánea de Corea para que entendáis algo mejor lo que esta rivalidad supone en la vida diaria de los coreanos, tanto para los del norte como los del sur.

Vitrinas con máscaras antigas en el metro de Seúl

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Seúl en general nos pareció una ciudad fascinante y la verdad sea dicha: es una lástima que tantos occidentales se pierdan conocerla por el motivo bélico que comentábamos antes o lo eclipsado turísticamente que Corea del Sur se encuentra respecto a Japón (nosotros mismos habíamos estado en Japón tres veces y a Corea habíamos llegado casi de casualidad). Y no será porque la Oficina de Turismo no se esfuerce en publicitar el país:su labor es elogiable. Quien no venga aquí no será porque no haya información, que la hay de sobra. Como os comenté, el turismo nacional es exagerado, a los coreanos les encanta viajar por su país y razones no les faltan: hay miles de rincones preciosos para ver y todo está muy bien indicado. Como digo, un aplauso por los trabajadores de Visit Korea, gracias a los que hemos descubierto un montón de lugares interesantes.

La que es la cuarta ciudad más rica de Asia (lo que vista la competencia es todo un mérito) y la quinta más grande del mundo (aquí viven una cuarta parte de los surcoreanos) es fiel reflejo del auge económico que vive Corea del Sur, justo todo lo opuesto a sus vecinos. Aquí el capitalismo se ha disparado hasta niveles desorbitantes: vas a encontrar pocas ciudades en el mundo con tanta tienda por metro cuadrado. A los coreanos les chifla comprar y gastarse el dinero; nosotros, curiosamente, quitando unos cuantos palillos de acero inoxidable (en Corea su uso es lo habitual en vez de los de madera, mucho más respetuosos los metálicos con el medioambiente que los de usar y tirar),los imanes para la nevera de rigor, unos pares de zapatillas, algunas cosas de mercería para mis manualidades y sobre todo muuuucha cosmética coreana, considerada la mejor del mundo, tampoco compramos mucho. En la era en que en internet puedes encontrar practicamente todo, tampoco nos sorprendieron demasiado los artículos que vimos (al contrario que en Japón) y en cuestión vestimenta lo cierto es que nos pareció que tampoco tenían muy buen gusto. Pero en general para las compras nos pareció también un país barato: a las tiendas y centros comerciales hay que sumarle los miles de puestos callejeros que vas a encontrarte en cualquier rincón. Sí insisto en lo de la cosmética coreana porque hay tiendas a porrillo y es buena y barata. Dos marcas a destacar, Tony Moly, y las tiendas de Nature Republic, cuyos productos son todos totalmente naturales.

Seúl se encuentra dividido por el río Han y rodeada de montañas; al norte del río es donde se hallan la mayoría de los puntos de interés aunque el sur también lo tocarás si como nosotros, por ejemplo, te acercas a visitar el distrito de Gangman. Por cierto, aquí los 25 distritos administrativos, barrios gigantescos, se denominan gu. Para recorrerlos sin prisas, dimos a Seúl seis noches; aún así, pese a todo lo que pateamos, con jornadas maratonianas de doce horas diarias andando, siempre te volverás con la sensación de que aún te quedan lugares por visitar, la ciudad es inmensa. Aunque fue destruída practicamente por completo durante la guerra de Corea, que se alargó durante tres años a principios de 1950, casi todos los edificios históricos han sido reconstruídos en su totalidad, manteniéndose totalmente fieles a los originales y utilizando los mismos materiales con los que se construyeron inicialmente.

Como siempre recomiendo en ciudades tan extensas, lo mejor que puedes hacer es dividir los días por áreas. Existen unos buses turísticos que por 12.000 won diarios (9 euros) te permiten subir y bajar las veces que quieras en un recorrido fijo (hay cuatro para elegir) si por lo que sea sólo vas a estar en la ciudad un par de días. Como no era nuestro caso, no lo usamos y fuimos a todos los lugares en metro. Pero para que sepas que ahí está la opción.

Nosotros comenzamos a recorrer Seúl por el área de Gwanghwamun: las dos estaciones de metro más próximas son la propia de Gwanghwamun (linea 5) y la de Gyeongbokgung (línea 3). Nada más a salir del metro vas a darte con una de las imágenes más conocidas de Seúl, seguro que la recuerdas por la cantidad de veces que ha salido en la tele cuando en los noticiarios se informa del conflicto coreano: la Plaza de Gwanghwamun, situada en la calle más popular de Seúl, la Sejong-ro. Es larguísima, más de medio kilómetro de longitud, y en ella destacan dos estatuas, la del almirante Yi Sun Sin, quien en el siglo XVI defendió al país de los ataques nipones y que se encuentra rodeada de chorros de agua en honor a las batallas que libró, y otra del rey Sejon el Grande. Detrás de esta última, se puede divisar el perfil de la montaña Bukhansan, donde a los seulenses les encanta ir a hacer senderismo.

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Monumento a Sejon el Grande. Ojo a los policías que lo custodian: para los coreanos, como para la mayoría de los asiáticos, una piel morena es sinónimo de pobreza, por eso en cuanto aprieta un poco el sol van con el paraguas a todos lados.

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En esta larga avenida se encuentran embajadas como la de Austria, Finlandia y Australia pero lo que más nos llamó la atención fue cuando pasamos por delante de la de Estados Unidos porque era un auténtico búnker: estaba custodiada por varias furgonetas policiales y la rodeaban un montón de soldados. Evidentemente, ni se nos ocurrió fotografiarla pero igualmente os lo contamos.

En Seúl se conservan cuatro palacios principales (y uno más secundario) y el primero que fuimos a visitar es Gyeongbokgung, donde precisamente acaba la avenida Sejong-ro. Puedes comprar una entrada combinada para ver los cuatro palacios y que te salga algo más barato (se supone que dicho ticket se puede adquirir en cualquiera de los cuatro) pero cuando lo intentamos, la buena mujer que atendía la taquilla no hablaba ni papa de inglés y al final por gestos nos indicó que no se podía comprar allí (¿?). Finalmente compramos la entrada suelta, tampoco nos importó mucho porque una de las cosas buenas de Corea es que las entradas a los monumentos son en general muy baratas: esta, por ejemplo, fueron 3.000 won (2,40 euros). Ten en cuenta que este palacio cierra los martes.

Entrada principal del Palacio de Gyeongbokgung

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Nos interesaba bastante presenciar el cambio de guardia de los Sumungung ya que, las cosas como son, es muy pintoresca. Se realiza varias veces al día en la puerta principal, la Gwanghwamun Gate (por donde antiguamente cruzaba el emperador), el pistoletazo de salida lo da el gong de la campana y la ceremonia es preciosa, impresiona un montón ver a los guardias con esos trajes tan coloridos y esas barbas tan largas. Además, les encanta que la gente se fotografíe con ellos una vez finaliza la ceremonia y así aproveché para comprobar si las barbas eran de verdad (y sí, lo eran). Hay gente que cree que el ritual es un poco peliculero porque hasta lo va narrando en inglés una señorita en plan epopeya pero a nosotros nos pareció que merecía mucho la pena y además, es algo muy típico y característico de Seúl.

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Las otras tres puertas de entrada son la Geonchunmun, que utilizaba la princesa y su corte, la Yeongchumun (la Puerta de Bienvenida al Otoño), reservada a oficiales y civiles, y por último la Sinmumun Gate, que era la menos usada de las cuatro. Frente a las murallas palaciegas aún se conserva la Dongsibjagak Tower, una torre de vigilancia que ahora se encuentra en mitad de una intersección.

El Palacio de Gyeongbokgung, en cuanto a extensión, es el más grande de todos los de Seúl, nada más y nada menos que 500.000 metros cuadrados, buena prueba del poder que acumulaba la dinastía Joseon durante aquella época. Se construyó hace 600 años, cuando la capital del país se trasladó de Goryeo a Seúl, y se le conocía como Palacio del Norte. En forma de rectángulo, se encuentra completamente amurallado.

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El Geunjeongjeon Hall, el Salón del Trono, es donde el monarca realizaba las audiencias oficiales con sus propios comandantes y donde recibía a los emisarios extranjeros, aparte de ser el lugar elegido para la coronación del nuevo emperador. En el patio se celebraban ceremonias menos pomposas, como fiestas homenaje a los sirvientes más ancianos o exámenes militares a los oficiales. Es uno de los edificios más importantes del complejo y en su fachada exterior se pueden admirar tallados aves fénix, ese pájaro mítico que renacía de sus cenizas, así como los doce signos zodiacales. En el interior, dragones con garras decoran el techo y encontramos esculturas de haetaes: el haetae era un animal mitológico, mitad unicornio mitad león, cuya función era defender a Hanyang (la antigua Seúl) de las catástrofes naturales. En los laterales se mantienen los pabellones que antiguamente funcionaban como bibliotecas de la familia real y atrás, los aposentos del rey y la reina.

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Algo que nos llamó la atención cuando llegamos al palacio fue encontrarnos a un montón de chicas con el traje típico coreano, el hanbok. No es que sea especialmente bonito si por ejemplo lo comparas con los preciosos kimonos japoneses (este nos pareció un poco “saco”) pero aún hoy en día muchas parejas coreanas se casan con hanbok y muchas lo utilizan para hacerse las fotos de compromiso. Lo de fotografiarse en pareja es algo que le gusta mucho a los coreanos, lo vimos en Seúl en multitud de ocasiones, con fotógrafos realizando a los novios el book correspondiente.

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Para mí una de las imágenes más bonitas no sólo de Seúl sino de Corea: la del Pabellón Hyangwonjeong (El Palacio de la Fragancia) con su estanque de flores de loto atravesado por el puente Chwihyanggyo. Espectacular.

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No menos espectacular es el Gyeonghoeru, que se utilizaba para dar fiestas en honor de los visitantes extranjeros. Dentro del recinto también se encuentra el Museo Nacional de Corea, donde se exhiben más de 20.000 reliquias pertenecientes a la dinastía Joseon, que fue la que construyó los cuatro palacios de la capital. Los coreanos tienen muchísimo cariño al Palacio de Gyeongbokgung ya que durante la ocupación japonesa, los nipones se apoderaron de él, destruyeron varios pabellones e instalaron aquí su centro de mando; además, asesinaron a la emperatriz Myeongseong (quemaron su cuerpo y se dice que sólo sobrevivió un dedo), por lo que cuando los coreanos recuperaron el palacio, éste fue el mejor símbolo existente para representar la autonomía de Corea del Sur como país.

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En algunas estancias del recinto palaciego se puede presenciar la tradicional ceremonia del té, que como veis no es un ritual exclusivo de Japón. En Corea el té más popular. el verde, es el nokcha y según la estación del año que sea, la ceremonia se desarrolla de una forma u otra. El té se suele acompañar con dulces de arroz.

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Los Dol Hareubang son los totems de la isla de Jeju y se pueden admirar dentro del Museo Nacional de Corea, como veis aquí. Estas figuras tan típicas del folklore coreano solían situarse a la entrada de los pueblos para ahuyentar a los demonios que pretendían hacer la vida imposible a los habitantes. Su actitud protectora justifica así que se les conociera como los “viejos abuelos”. Muchos de ellos poseen formas fálicas porque precisamente representan la fertilidad.

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Los jangseung son otro tipo de totems también muy populares en Corea. Igualmente sirven para ahuyentar a los malos espíritus.

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Los coreanos tienen, como los chinos, su propio zodiaco: curiosamente, en la antigüedad, cuando aún no existían los relojes, en Corea se dividía el tiempo gracias a estas deidades (la Hora del Tigre, la Hora del Dragón…). Mi marido y yo, según el año en que nacimos, al parecer en Corea pertenecemos al signo del Conejo y nos definen como sensibles, divertidos y con buenas cualidades artísticas. Pues habrá que creérselo 😉

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Como cogía cerca, cuando salimos del Gyeongbokgung nos fuimos a visitar el Museo Nacional de Historia Contemporánea Coreana. El acceso es gratuito y lo que nos llamó la atención es que apenas había visitantes, estábamos practicamente solos. Hay tours guiados en inglés los jueves a las 14,30 pero como todo está muy bien indicado en inglés, puedes hacerlo perfectamente por tu cuenta.

A lo largo de cuatro plantas, el museo recoge la historia reciente de Corea  (no sólo la del Sur) desde el año 1800. Hay que recordar que desde 1948 Corea se encuentra dividida en dos países diametralmente opuestos. Por un lado, la hermética Corea del Norte, donde sus ciudadanos están sufriendo una tiranía atroz disfrazada de régimen comunista (¡ay si Karl Marx levantara la cabeza!) y por el otro Corea del Sur, la oda máxima al capitalismo y que se ha convertido en una potencia económica, gracias también en parte a las muchas inversiones que aquí realizaron los estadounidenses. Son muchos los coreanos (por no decir todos) que sueñan con una reunificación de ambos países y se han dado tímidos pasos para ello, como la construcción de una línea de ferrocarril que conecta ambas naciones (aunque en la práctica ningún tren realice dicho trayecto). Pero durante los últimos años las tensiones políticas han aumentado y desde Pyongyang, la capital norcoreana, continuamente se amenaza con lanzar un misil nuclear que borre a Corea del Sur de la faz de la tierra. Así están los ánimos entre ambas naciones. Sin lugar a dudas, este, al igual que Cisjordania, es uno de los lugares más conflictivos de nuestro planeta.

Hablando de esto, los pocos turistas occidentales que se dejan caer por aquí gustan de hacer la excursión, muy publicitada en diferentes agencias, a la DMZ, la Zona Desmilitarizada. Nosotros nos negamos a ir porque aparte de parecernos eso, una turistada, creemos que analiza de un modo bastante frívolo la situación política tan complicada que sufren ambos países y mucho peor nos parece que se haga dinero a costa de unos cuantos excursionistas. Por ese motivo, descartamos la visita de nuestros planes en la ciudad.

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Para cerrar la visita a este área, os recomiendo que os deis un paseo por Hangeul Gaon-Gil Street, una calle donde se encuentran varios edificios dedicados al estudio y exposición de todo lo referido al alfabeto coreano, el hangeul, o visitar el Cheong Wa Dae Sarangchae (acceso gratuito), donde se recorre la vida de los presidentes de la nación y otros aspectos de la vida coreana.

Otro de los días lo comenzamos visitando uno de los que se convirtió en uno de mis rincones favoritos de Seúl: Bukchon Hanok Village. La mejor forma para llegar aquí es en la línea 3 de metro, parada Anguk (salida 2). Bukchon (que en coreano significa “pueblo norteño”) es un preciosísimo barrio que acoge más de 900 hanok. Los hanok son las casas tradicionales coreanas y antiguamente sus estancias se dividían en tres espacios: el anchae, donde vivían las mujeres y los niños, el sarangchae, donde se alojaban los ancianos y los invitados, y el haenrangchae, donde dormían los sirvientes.

Pasear por Bunchok es una experiencia inolvidable ya que te sientes transportado seiscientos años atrás. Aquí vivía en la antigüedad la aristocracia y las familias más ricas y actualmente es un barrio donde existen múltiples centros de arte, pequeños museos que exploran la cerámica, pintura y escultura coreana y coquetas cafeterías que han sabido respetar las maravillosas viviendas que las rodean. Perderse entre esos angostos callejones o tomarse un té en alguna de las terracitas con bonitas vistas de las callejuelas empinadas puede proporcionarte una de las mañanas más exquisitas del viaje. A nosotros fue de lo que más nos gustó en Seúl.

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Ya que estás por esta zona, acércate a dar una vuelta por la calle Samcheong, donde también hay algunos hanok (y en algunos de ellos hasta podrás presenciar danzas tradicionales). Además tienes cerca el Changgyeonggung Palace (cierra los lunes, entrada 1000 won) y la joya de la corona, con el que comenzaremos la segunda parte del blog de Seúl: Changdeokgung Palace.

Changdeokgung, con diferencia, es considerado el palacio más bonito de toda Corea y razón no les falta a los que apoyan esta afirmación. Fijaos ya sólo en su entrada principal: de quedarse sin habla.

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Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 1997, fue residencia real durante siglos hasta que en 1592, durante la invasión japonesa, los propios ciudadanos le prendieron fuego y hubo de ser reconstruído 19 años después.

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Aquí un simpático grupo de colegiales coreanos…

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Lo recomendable es que ya que vais compréis la entrada completa (8000 won) que también da acceso al Secret Garden, ya que el jardín ocupa nada más y nada menos que un 60% del área. Como nosotros vimos que el tour en inglés por el jardín no era hasta mediodía (la visita al Secret Garden sólo puede hacerse guiada) decidimos apuntarnos al tour en chino. Y claro, los chinos nos preguntaban “¿pero vosotros sabéis chino?”. Y nosotros “pues no, ni una palabra” y claro, se morían de la risa. Menudo show vernos allí entre ellos. No nos enteramos nada de lo que decía el guía (que también se desternillaba con la situación) pero qué bien nos lo pasamos.

El Jardín Secreto era un paraíso escondido en la ciudad, un oasis de frescor donde la familia real se refugiaba del abrasador verano coreano. Aquí no sólo pasaban el tiempo escribiendo poemas entre estanques sino que también ofrecían multitudinarios banquetes y recepciones oficiales. En el jardín, que también se conoce como Bukwon, podremos admirar el Pabellón Juhamnu, que en tiempos antiquísimos sirvió como biblioteca y sala de estudio del monarca.

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Aunque mucho más pequeño, merece hacer una breve visita al Unhyeongung Palace, que también fue residencia real. Además, la entrada es gratuita.

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Vamos a hacer una breve parada entre visita y visita para introducirnos en la gastronomía coreana. En Occidente es habitual encontrar a la vuelta de la esquina restaurantes chinos, hindues, japoneses o tailandeses ¿pero coreanos? En Madrid tuvimos que dar varias vueltas para encontrar uno (se llama Seoul y nos encantó): en general, la comida coreana sigue siendo una gran desconocida para el viajero europeo. Para nosotros el tema culinario es un factor fundamental a la hora de viajar y nos dice mucho de un país el esmero que le pongan a la hora de cocinar. Por eso este viaje en ese aspecto fue una gozada: los coreanos tienen una gastronomía estupenda y además baratísima: comer en cualquier restaurante coreano (y además buenos restaurantes, aunque también estuvimos en auténticos tugurios e igualmente comimos de fábula) puede salir a una media de 8 euros por persona.

Pero ¿qué comen los coreanos? Pues aquí os lo vamos a contar, que para eso estamos. En general, avisamos de que la comida coreana puede ser muy,muy picante. especialmente el kimchi, que en la foto de abajo es ese platito de la izquierda color anaranjado: trocitos de repollo fermentado que harán que tu boca eche fuego. El kimchi es para los coreanos lo que para nosotros es el pan: el acompañamiento de cualquier comida. Y esto incluye el desayuno, se nos salían los ojos de las órbitas al ver cómo eran capaces de engullirlo tan temprano. A nosotros,que nos chifla el picante, el kimchi nos encantó pero también advertimos que es mejor consumirlo en pequeñas dosis y con moderación.

El bol grande de verduras y arroz es bibimbap (se traduce como “arroz mezclado”), uno de los platos más populares de Corea. Fue uno de mis favoritos a lo largo del viaje, se suele servir acompañado de una sopa, generalmente de algas. El bibimbap también suele aderezarse con salsa picante: otra dura prueba para nuestro estómago.

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Otra de las cosas que me encantaba cuando nos sentábamos a comer (muchas veces, como en Japón, en mesas bajitas como las japonesas, donde te sientas descalzo y en el suelo) es que pedías el menú y te empezaban a traer platos, platos y más platos. Fijaos el festín ante el que nos encontrábamos día sí y día también.

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Como véis, en el centro hay una plancha redonda, algo muy habitual en los restaurantes coreanos, donde te traen la carne cruda y tú mismo te la preparas salteada con verduras y brotes de soja. Aunque la carne sea el plato principal, esta llega con este montón de platillos de acompañamiento, que pueden ser de lo más variados: sopas, arroz, ensalada, kimchi, algas, tofu añilado, pescado seco, verduras al vapor… Todos estos platillos se denominan banchan y son un clásico de las mesas coreanas. A nosotros nos encantaba vernos con la mesa tan llena.

Nosotros también fuimos los primeros sorprendidos: a los coreanos les encantan los churros. Los hacen algo más gruesos que los nuestros, con mucho azúcar y los toman de las formas más inverosímiles. ¡Pero están riquísimos!

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Y como en Japón, en algunos restaurantes también tienen réplicas de cera de los platos para que veas qué es lo que te espera dentro del local.

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Si hay algo que les pirra a los coreanos es el pulpo. Y lo más curioso es que hay varios locales donde la gente va a comérselos cuando aún están vivos (a nosotros nos parecía una aberración pero podéis ver vídeos en Youtube). Lo preparan de mil y una maneras pero una de las más populares es Nakji Bokkeum, que con diferencia fue la comida más picante que probé en todo el viaje. Hasta me lloraban los ojos.

Restaurante de Seúl especializado en pulpo

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Otro de los platos estrella de la comida coreana es el bulgogi (“carne de fuego”). Está delicioso. Es carne de ternera marinada en salsa de soja, tiernísima, y también la degustamos varias veces a lo largo del viaje. O las riquísimas sopas, que generalmente vienen en un pequeño recipiente negro, el ddukbaegi, que no veais cómo aguanta el calor: los coreanos (como nosotros) son muy soperos, asi que en ese aspecto estábamos encantados porque probamos un montón diferentes, desde la gukbap (de arroz) a la kalguksu (de fideos) o la gomtang (de ternera)… qué ricas todas. Otra cosa que os recomiendo probar son los gimbap, que para que lo entendáis, es el sushi coreano (de hecho fueron los japoneses los que lo trajeron durante la ocupación), los rollitos son más gruesos que en el sushi japonés y también bastante más picantes. Además es muy barato, una bandeja solía costar unos dos euros. Y a nivel bebida, las cervezas nos parecieron bastante normalitas, las más populares son la Hite y la Cass, pero también se pueden encontrar un montón de bares donde pudimos tomar birras de importación y no eran caras. Pero a los coreanos en realidad lo que les gusta es el soju, un licor de arroz que beben a cualquier hora del día y que podrás encontrar en buena parte de los restaurantes.A lo largo de nuestro relato, no obstante, os iremos dando más detalles de algunas de las sorpresas gastronómicas con las que nos fuimos encontrando.

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Continuamos nuestro recorrido por Seúl con el Deoksugung Palace. Para ello, hemos de irnos en metro hasta la estación de City Hall (líneas 1 y 2). Efectivamente, lo has adivinado: aquí se encuentra el Ayuntamiento en pleno downtown. El antiguo se encuentra enfrente del nuevo y actualmente es una biblioteca que acoge más de 200.00 volúmenes. El nuevo lleva funcionando desde el 2008 y la verde explanada que se extiende a sus puertas, la Seoul Plaza, es uno de los lugares favoritos de los seulenses para venir a pasear.

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Y hablando de paseos: las murallas que rodean el Deoksugung Palace han sido elegidas como uno de los lugares más bonitos de Corea para pasear. Es el lugar escogido por miles de oficinistas en su ratito de descanso para bajar a estirar las piernas y tomarse un café. En este área también podrás visitar el teatro Jeongdong (que el año pasado tuvo más de un millón de espectadores), donde se representan obras de arte tradicional coreano: tienes entradas a partir de 25 euros y todos los días hay doble función, una a las cuatro de la tarde y otra a las ocho de la noche.

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El Deoksugung Palace cierra los lunes, tenlo en cuenta a la hora de venir. La entrada sólo cuesta 1000 won (80 cèntimos), aunque el cambio de guardia se realiza a pie de calle, por lo que este es totalmente gratuito. La ceremonia se lleva a cabo a diario a las 11:00, las 14:00 y las 15:30. Como podéis comprobar, es de lo más vistosa, nos gustó tanto como la de Gyeongbokgung.

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El Deokbugung Palace, como sus otros palacios-hermanos en Seúl, sirvió como residencia de los monarcas de la dinastía Joseon. Los diferentes reyes fueron ocupando simultaneamente unos palacios y otros, tenían la suerte de poder elegir. El palacio, que antiguamente se conocía como Gyeongungung, se dejó de utilizar como morada real en el año 1919.

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Una de las particularidades del Deoksugung es que dentro del recinto se pueden encontrar también edificios de corte occidental como el Seokjojeon Hall, que en el pasado fue una galería de arte abierta al público y en la actualidad, además de ser la sede de la exposición del Tesoro de Palacio, acoge el Centro Nacional de Arte Moderno.

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Puedes ir acabando la visita a este área en dos museos que, además, son totalmente gratuitos: el Museo de Arte (cierra los lunes) y el Museo de Historia de Seúl (también cerrado los lunes). Desde allí nos podemos ir andando hasta la Sungnyemun Gate, una de las puertas de la ciudad, por la Sejong-daero, una de las calles comerciales más importantes de la capital.

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Aunque como os digo al final en este viaje no compramos apenas cosas porque no nos atraía demasiado lo que veíamos, nos encantan los mercados y por ello no queríamos dejar pasar el gastar unas horas en Namdaemun, el más grande de Seúl. Para ello has de ir en la línea 4 hasta la estación de Hoehyeon. El único día que cierra es el domingo pero el resto de la semana es una locura de miles de tiendas, de clientes en busca de la última ganga y de familias enteras que vienen aquí a pasar el día. Ropa, alfombras, comida, cosmética, utensilios para el hogar, flores, perfumes, maletas, conservas, juguetes… y, curiosamente, la mayor concentración de ópticas del país. Te puedes tirar horas y horas callejeando; eso sí, intenta venir antes de las 17:00, que es cuando comienzan a recoger los puestos. Por la tarde, puedes acercarte a la Seoul Tower, cuyo observatorio (entrada 10.000 won) permanece abierto hasta las once de la noche.

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Hablando de mercados, y ya que en nuestro próximo recorrido vamos a andar por allí cerca, otro área muy comercial es Myeong-dong (estación de mismo nombre en línea 4). Hay un montón de centros comerciales, a cual más grande, junto a la catedral de Myeong-dong, la más importante de la ciudad, y la Korea House, donde se programan diariamente diferentes actividades.

Desde ahí nos vamos a ir andando en una larga caminata hasta el barrio de Jongno (las líneas de metro 1,3 y 5 pasan por aquí). Fue uno de los vecindarios que nos pareció más auténticos de la ciudad y también de los mejores lugares donde comimos: gastronomía coreana de calidad y baratísima. Hay calles que literalmente son un restaurante detrás de otro.

En esta zona podemos dar un paseo por Cheonggyecheon Stream. Con más de ocho kilómetros de longitud, este es un larguísimo paseo peatonal por donde a los coreanos les encanta caminar, sentarse al sol o montar en bicicleta. En Noviembre se convierte en uno de los puntos más visitados de la ciudad al celebrarse aquí el Festival de las Linternas. Además, en una ciudad donde el calor puede llegar a ser sofocante, es un refugio para escapar de las altas temperaturas. Y no es un decir, aquí hay una media de cuatro grados menos que en el resto de Seúl. Curiosamente, en sus aledaños (al menos en esta zona) había cientos de ferreterías: a los coreanos parece que les gusta mucho sentirse como el presentador de Bricomanía.

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Otro de los lugares que más nos gustó fue el parque Tapgol, el preferido de los jubilados coreanos (parecía que nosotros éramos los únicos menores de 70 años). Se le conoce también como Pagoda Park y fue el primer parque “moderno” que se construyó en Seúl. Para los coreanos tiene un significado muy especial ya que aquí se iniciaron las primeras protestas a favor de la independencia en el año 1919.

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En Seúl los templos antiquísimos contrastan con el fenómeno del K-Pop (Korean Pop): aquí los cantantes y grupos de este estilo, con millones de seguidores no sólo en Corea sino en todo el mundo, son auténticos ídolos de masas que llenan estadios.

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Vamos a irnos ahora a la zona de Insa-dong Street, ya que si quieres hacerte con souvenirs típicamente coreanos (cerámica, abanicos, trajes tradicionales, pinturas) en esta larguísima avenida vas a encontrar cientos de tiendas, especialmente en Ssamzigil, una pequeña y acogedora placita donde se encuentran los establecimientos más refinados. Los callejones que nacen en Insa-dong ofrecen además una amplia variedad de restaurantes coreanos fabulosos así como casas tradicionales de té.

A los coreanos, como buenos asiáticos que son, les chiflan los peluches gigantes

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En este área puedes encontrarte con algunos de los rascacielos más importantes de la ciudad y curiosas esculturas como esta (Seúl está llena de esculturas chulísimas).

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El Bosingak Belfry (que veis aquí abajo) es un santuario famosísimo porque cada 1 de Enero aquí suena la campana que da inicio al año nuevo.

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Uno de los lugares que más ganas teníamos de visitar era el templo Jogyesa. Es el templo budista más importante de toda Corea. Escondido entre altísimos árboles, es uno de los rincones más bonitos de toda la ciudad. Por cierto, mucha gente cuando viene a Asia, se sorprende de ver en muchos templos la esvástica que posteriormente se apropiarían los nazis: este es un símbolo muy habitual en el mundo oriental, sus orígenes vienen del sánscrito y aunque a lo largo de la historia siempre ha tenido diferentes significados, casi siempre se le asocia a felicidad y sabiduría.

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Nuestra siguiente parada será en Dongdaemun (estación con el mismo nombre en la línea 1 y 4). Aquí se encuentra la maravillosa plaza diseñada por una de las mejores arquitectas del mundo, Zaha Hadid (quien fallecía precisamente este año). De todos mis viajes a Asia, probablemente a nivel moderno este es uno de los espacios que más me ha impactado: 40.000 paneles de aluminio decoran este pabellón gigantesco.

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Este barrio es otro paraíso de las compras, aquí sí aprovechamos para adquirir algunas cosas. Desde los grandísimos centros comerciales como Apparel Malls al Gwangjang Market (este es el mejor para telas) y el Pyeonghwa Market, este último con más de 2.000 tiendas de ropa. Entre tienda y tienda se nos fue toda la tarde.

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Ya que estábamos por esta zona nos acercamos a ver la Heunginjimun Gate y las murallas de la ciudad que se conservan justo al lado.

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Hongdae, el barrio universitario (estación Hongik University, línea 2), es otro de los lugares donde os recomiendo pasar alguna mañana. Es el barrio bohemio por excelencia, lleno de galerías de arte, centros de exposiciones, pequeñas tiendecitas, teatros y muchos clubs donde cada noche tocan los grupos musicales de la ciudad. En la calle Sansu-dong hay un montón de preciosos cafés (fue una de las cosas que más me gustó de Corea, lo bonitas que son muchas cafeterías) y también podrás dar un paseo por el curioso cementerio Yanghwajin, donde reposan los restos de 500 extranjeros que amaron a Corea tanto o más que los propios coreanos.

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Itaewon fue otro de los vecindarios que más nos gustó (metro Itaewon, línea 6). Es el barrio más cosmopolita de Seúl y si en comparación con otras ciudades asiáticas en Seúl no viven muchos extranjeros, ten presente que los pocos que haya los vas a encontrar aquí. La propia calle Itaewon es una larguísima avenida llena de restaurantes occidentales (y creo que fue de las pocas veces que optamos por la comida no-coreana) y también hay muchos establecimientos de este tipo en la calle Gyeongnidan-gil. Itaewon es además conocida por contar con algunas de las mejores tiendas de antigüedades de la ciudad.

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En Itaewon hasta nos sorprendió encontrarnos con un pequeñito barrio árabe (fueron los únicos árabes que vimos en todo el viaje) en los alrededores de la mezquita, la Seoul Central Masjid.

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Y cerramos nuestro recorrido por Seúl , que como veréis ha dado para mucho, en el barrio que en los últimos años se ha hecho famoso en el mundo entero gracias a ese tema tan pegadizo que era “Gangnam Style”: el barrio de Gangnam. Gente de todo Seúl viene a los subterráneos de su estación de metro, un enorme dentro comercial bajo tierra. Pero lo mejor se encuentra en la superficie: decenas de rascacielos con tiendas, bares, clubs y restaurantes.

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Pero a mí si había algo que me atraía de Gangnam, más que sus luces de neón, era el lugar con el que mejor me podía despedir de Seúl: Kukkiwon. Durante muchos años practiqué artes marciales y con 15 años ya tenía el cinturón negro de karate, por lo que para mí tanto Japón como Corea representaban lo máximo en estas artes antiquísimas (que mucha gente, equivocadamente, tacha de violentas cuando son deportes de autodefensa que sólo se utilizan en caso de extrema necesidad y que dan una importancia suprema al autocontrol y la paz interior). Por ello tenía muchas ganas de visitar Kukkiwon, ya que a nivel taekwondo es el centro más importante del mundo y te permiten entrar para ver entrenar a algunos de los mejores taekwondistas del mundo. Yo, como comprenderéis, me lo pasé pipa admirando a estos auténticos genios de las artes marciales. La mejor despedida que hubiera podido desear antes de irnos hacia la segunda ciudad de nuestro viaje: Gyeongju.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Cinthia dice:

    Hola una pregunta, son racistas los coreanos? Tengo un poco de miedo por ese lado ir a Corea del Sur, gracias

    Le gusta a 1 persona

    1. Con nosotros se portaron estupendamente. Creo que el problema tiene más que ver con los japoneses por los años de invasión, les tienen bastante tirria. Eso sí, nacionalistas son un rato.

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