15 pueblos por los que me enamoré perdidamente de Andalucía

Andalucía. Su pro­pio nom­bre evo­ca imá­genes de sol, largas playas, mac­etas con flo­res y pueb­los blan­cos. Pocos lugares en el mun­do con­ser­van en su haber tan­ta his­to­ria, tan­ta cul­tura y tan­ta esen­cia como tiene el sur de España. No extraña que el últi­mo año 12 mil­lones de tur­is­tas eligier­an estas tier­ras para pasar sus vaca­ciones: seguro que bue­na parte de ellos repe­tirán una y mil veces. Porque el que pisa Andalucía una vez, que­da engan­cha­do de por vida.

Aunque soy madrileña de corazón y aho­ra resi­do en la tier­ra que me vio nac­er, fueron cua­tro años los que pasé vivien­do en Huel­va. Cua­tro años en los que aprendí a degus­tar con cal­ma (porque sí, aquí el rit­mo con el que se vive es dis­tin­to) las cos­tum­bres andaluzas. Dis­fru­tar de desayu­nar en una ter­raza en man­ga cor­ta en pleno mes de Diciem­bre una tosta­da con man­te­ca col­orá, apren­der a com­pren­der el fla­men­co y que se me empañaran los ojos en un fes­ti­val de cante jon­do, des­cubrir que era capaz de hablar en poco tiem­po un nue­vo idioma (¡no ni ná!), vivir cada ver­a­no el sopor de la cal­i­ma, acos­tum­brarme a que en la nev­era siem­pre hubiera un par de cuen­cos con salmore­jo y ensal­adil­la de gam­bas y, ante todo, tomarme la vida con buen humor (a mi me encanta­ba eso de “insul­tarse car­iñosa­mente”, algo tan pop­u­lar allí lo de lla­marte “japu­ta” en plan amoroso). Porque si un prob­le­ma puede solu­cionarse, lo solu­cionas, y si no se puede, para qué pre­ocu­parse. Esa es la acti­tud.

Tenía muchas ganas de dedicar un amplio artícu­lo a esos pueblecitos mar­avil­losos andaluces en los que el tiem­po corre más despa­cio, en los que a la hora de la sies­ta se puede escuchar el vue­lo de una mari­posa y a la del anochecer no fal­ta en los bul­li­ciosos bares la caña con la tapi­ta. Esos pueb­los que des­cubrí en algunos casos antes de vivir en Andalucía, en los que pro­fundicé aún más en mi vida andaluza y a los que he regre­sa­do tras retomar mi vida en Madrid. Esos pueb­los entrañables, hos­pi­ta­lar­ios y acoge­dores como pocos, en los que me sien­to como en casa. Porque Andalucía fue durante años mi hog­ar y como mi segun­do hog­ar seguiré vién­dola el resto de mi vida.

Cortegana (Huelva)

Corte

He queri­do comen­zar mi itin­er­ario por “mis pueb­los andaluces” por una zona fasci­nante y, afor­tu­nada­mente, aún poco explo­ra­da por el tur­is­mo: la sier­ra de Huel­va. Ya le dediqué unas cuan­tas líneas en el artícu­lo Pueb­los con encan­to en la sier­ra de Huel­va pero jus­to es por mi parte volver a rendir pleitesía a una región espec­tac­u­lar, con­sid­er­a­da Reser­va de la Bios­fera por su alto val­or medioam­bi­en­tal. Han sido muchos los fines de sem­ana que he pasa­do hacien­do senderis­mo por la mon­taña, perdién­dome en aldeas minús­cu­las como Cas­taño del Rob­le­do, empa­pán­dome del encan­to andalusí de la mezqui­ta de Almonaster, dis­fru­tan­do de las pre­ciosas vis­tas de la Peña Arias Mon­tano en Alá­jar y aca­ban­do la tarde comien­do carne ibéri­ca en Fuente­heri­dos.

Me ha costa­do mucho decidirme por un pueblo ser­ra­no onubense porque para mi cada uno tiene su aquel. Es como que te pre­gun­ten a cuál de tus hijos quieres más. Al final me he deci­di­do por Corte­gana porque creo que resume estu­pen­da­mente lo que vas a encon­trarte en la sier­ra de Huel­va. Un pueblecito de casas blan­cas, escon­di­do entre mon­tañas pla­gadas de alcornoques y cas­taños (mi época favorita para via­jar por aquí es el otoño, aunque a prin­ci­p­ios de Agos­to puedes dis­fru­tar de las fies­tas medievales). Con mucha his­to­ria en sus entrañas, como ese castil­lo extra­or­di­nario que es la obra cum­bre de la Ban­da Gal­le­ga, ese cin­turón de for­ti­fi­ca­ciones repar­tidas por toda la comar­ca para repel­er los ataques ene­mi­gos de antaño.

Las ermi­tas onubens­es han sido declar­adas Bien de Interés Cul­tur­al y la sier­ra está pla­ga­da de ellas. En Corte­gana hay cua­tro ermi­tas, la de Nues­tra Seño­ra de la Piedad, la de San Sebastián, la de Jesús Nazareno y la de la Trinidad: recomend­able vis­i­tar las cua­tro, aunque en mi opinión la más intere­sante es la de la Piedad, con ocho sig­los de vida a sus espal­das. No menos intere­santes son las numerosas fuentes que encon­trarás dis­em­i­nadas por el pueblo, como la del Pra­do o la del Calle­jón. Hay que recor­dar que aunque a muchos cueste creer­lo, este es uno de los lugares más llu­viosos de España y por eso al aden­trarte con el coche por esas car­reteras imposi­bles, te parez­ca más estar en Gali­cia que en tier­ras de Andalucía: todo lo que ves a tu alrede­dor es verde inten­so.

Olvera (Cádiz)

Olvera

Como veis, en este artícu­lo va a haber buen hue­co para los cono­ci­dos como pueb­los blan­cos, en mi opinión los más boni­tos de Andalucía y de los que tan­tos y pecu­liares ejem­p­los ten­emos. Olvera for­ma parte de la Ruta de los Pueb­los Blan­cos, uno de los may­ores atrac­tivos de la provin­cia de Cádiz. Casi una vein­te­na de pueb­los en los que con­viv­en las influ­en­cias árabes, cris­tianas y romanas, las his­to­rias de ban­doleros y una arqui­tec­tura pop­u­lar úni­ca y car­ac­terís­ti­ca.

Olvera es un pueblo algo may­or que Corte­gana pero no por ello ha per­di­do su atmós­fera de población pequeñi­ta en la que todo el mun­do se conoce y se salu­da al cruzarse por la calle (que es algo que echo mucho de menos de Andalucía, esa sen­sación de cama­radería en las pobla­ciones chiq­ui­tas). Por aquí tran­scurre la Vía Verde de la Sier­ra (la úni­ca ruta de interés turís­ti­co recono­ci­da en Andalucía y galar­don­a­da con el pre­mio a la mejor vía de Europa). Un recor­ri­do de casi 40 kilómet­ros sigu­ien­do un antiguo camino fer­roviario que deja unas vis­tas impre­sio­n­antes de la sier­ra.

Hablan­do de las vis­tas, obten­drás unas de las mejores del pueblo des­de el Mirador de la Igle­sia: sober­bia esa ima­gen de casas encal­adas. El castil­lo de ori­gen árabe (siglo XII), situ­a­do a 600 met­ros sobre el niv­el del mar, for­mó parte de esas cade­nas defen­si­vas de las que antes os habla­ba: de la for­t­aleza ini­cial que­da poco más que la torre del hom­e­na­je y un aljibe. El pin­toresco bar­rio de la Vil­la, en el que aún se con­ser­van parte de las antiguas mural­las, es el lugar ide­al para bus­car una ter­raci­ta en la que tomarse una tosta­da con aceite de oli­va vir­gen , el pro­duc­to estrel­la de estas cál­i­das tier­ras.

Pampaneira (Granada)

Capileira

Pam­paneira, más que un pueblo, es una aldea de ape­nas 300 habi­tantes, esen­cia pura de la Alpu­jar­ra granad­i­na. Acon­se­jo al que se aden­tre en estas tier­ras que antes lea un libro tan encan­ta­dor y diver­tido como “Entre limones” (del que hablam­os en Nov­e­las via­jeras que deberías haber bus­ca­do en la Feria del Libro), para así irse acli­matan­do a la curiosa idios­in­cra­sia de los alpu­jar­reños (y sus con­tun­dentes desayunos).

Pam­paneira, escogi­do con razón uno de los pueb­los más boni­tos de España, se encuen­tra en el bar­ran­co de La Poqueira y es un pre­cioso pueblecito blan­co en el que desta­ca una car­ac­terís­ti­ca arqui­tec­tóni­ca muy propia de zonas rurales de Grana­da y Almería: los tinaos (o tina­dos), estruc­turas a base de vigas sobre las que se sitúan ter­razas, azoteas o estancias sim­i­lares. Solían servir como refu­gio de las inclemen­cias del tiem­po para los veci­nos, por eso son tan pop­u­lares en las zonas de las Alpu­jar­ras, donde en invier­no hace tan­to frío. Por ello tam­bién, como decía antes, los menús son tan ricos en calorías, dan­do mucha impor­tan­cia a chori­zos, mor­cil­las, pota­jes, gachas y sopas calen­ti­tas.

Otra cosa muy típi­ca de Pam­paneira son las jara­pas, que se con­tinúan con­fec­cio­nan­do de modo arte­sanal: en época nazarí llegó a haber en este área más de 5.000 telares aunque aho­ra sólo sobre­viv­en una doce­na. De hecho nosotros ten­emos una en casa des­de hace muchos años y ahí se mantiene, estu­pen­da y como nue­va.

Conil de la Frontera (Cádiz)

Conil

El úni­co prob­le­ma que tiene Conil de la Fron­tera es que si vas en pleno ver­a­no, no cabe un alfil­er y está todo carísi­mo. Así, os recomien­do ir fuera de tem­po­ra­da alta para dis­fru­tar de uno de los pueb­los más boni­tos de Andalucía. Tal vez no haga sufi­ciente calor para bañarse en la playa (recor­dad que las aguas de Cádiz son fresquitas) pero os vais a encon­trar Conil con muy pocos tur­is­tas, mucho más tran­qui­lo y con un encan­to espe­cial. Os ase­guro que, para mi gus­to, en invier­no gana muchos pun­tos.

Pasear por su cen­tro históri­co, con sus cal­lecitas reple­tas de geran­ios, darse un paseo al caer la tarde por la inter­minable playa de la Fontanil­la, pegarse un atracón de atún rojo en algún restau­rante (es la espe­cial­i­dad local ¡y lo preparan de mil man­eras difer­entes!), admi­rar cómo se esconde el sol en las coque­tas calas de Roche o en la cer­cana playa de El Pal­mar o irte pase­an­do entre las dunas has­ta el leg­en­dario cabo de Trafal­gar son sólo algu­nas de las opciones que brin­da este paraí­so de la bien lla­ma­da Cos­ta de la Luz.

Mijas (Málaga)

Mijas

Damos un salto a la Cos­ta del Sol para irnos a Mijas, un pueblo situ­a­do en la sier­ra malagueña, a 400 met­ros de altura, tan blan­co-tan blan­co que deslum­bra cuan­do vas lle­gan­do con el coche y lo ves en la lejanía. Mijas se divide en tres áreas, Las Lagu­nas, La Cala y Mijas pueblo. Pero en mi opinión es este últi­mo el real­mente intere­sante. Un laber­in­to de casitas albi­nas que se puede admi­rar des­de el Mirador de la Peña (el primer sitio que has de vis­i­tar para obten­er las mejores panorámi­cas). Después toca subir y bajar cues­tas y perder­se entre esos calle­jones en los que es común ver a las veci­nas bar­rien­do con ale­gría las entradas a sus casas. Uno de los rin­cones más boni­tos del pueblo es la Plaza de la Con­sti­tu­ción, tan recogidi­ta ella y tan típi­ca­mente andaluza. Para com­prar arte­sanía local, recomien­do recor­rer la calle San Sebastián, que aparte de ser una pre­ciosi­dad, cuen­ta con una ermi­ta del siglo XVII.

Mijas se siente muy orgul­loso de los restos de su mural­la árabe y la for­t­aleza medieval, así como de su pat­ri­mo­nio gas­tronómi­co, en el que desta­ca el ajoblan­co con uvas, el gaz­pachue­lo, la ensal­a­da mijeña y un mon­tón de sopas a cuál más rica (la de limón, de tomate, de ajos, de maimones…¡un mon­tón para ele­gir!). Si quieres lle­varte un sou­venir de recuer­do, ninguno mejor que cualquier pro­duc­to hecho de espar­to: en pocos lugares encon­trarás may­or var­iedad que aquí.

Ronda (Málaga)

Ronda Malaga

De Ron­da os hablam­os largo y ten­di­do cuan­do os nar­ramos nue­stro via­je allí en Ron­da: un pueblo al bor­de del abis­mo. Pero no está de más regre­sar sobre nue­stros pasos para recor­dar dicho via­je. Ron­da, con todo el dere­cho del mun­do, está con­sid­er­a­do uno de los pueb­los más boni­tos de Europa y cada año recibe miles de tur­is­tas que se quedan sin habla cuan­do se ven en lo alto de ese bar­ran­co no apto para los que sufren de vér­ti­go. Una de las imá­genes más impac­tantes de Andalucía. Recuer­do que cuan­do paseábamos por allí coin­cidi­mos con una chi­ca core­ana que nos pidió hac­er­le una foto y que nos con­fesa­ba emo­ciona­da no haber vis­to en su vida nada igual.

Errónea­mente llegué a Ron­da con la impre­sión de que aparte del Puente Nue­vo, poco habría que ver. Qué equiv­o­ca­da esta­ba. Resultó Ron­da ser un pueblo extra­or­di­nario, con la esen­cia más andaluza incrus­ta­da has­ta las entrañas. Rodea­do de mural­las, heren­cia de su época musul­mana (tam­bién se con­ser­van los baños árabes, unos de los mejor con­ser­va­dos del mun­do), es una deli­cia pasear entre sus calle­jue­las y al atarde­cer sen­tarse en el boni­to par­que de la Alame­da del Tajo, un refu­gio de fres­cor en un pueblo donde el ver­a­no puede ser implaca­ble en lo que a tem­per­at­uras se refiere.

Arcos de la Frontera (Cádiz)

Arcos de la Frontera

Regre­samos a Cádiz, la provin­cia estrel­la de este artícu­lo, para cono­cer Arcos de la Fron­tera, uno de los pueb­los más sin­gu­lares de nue­stro país. Aunque sea el may­or pueblo de la sier­ra de Cádiz (aún así tiene poco más de 10.000 habi­tantes) y uno de los más cono­ci­dos de los Pueb­los Blan­cos, Arcos de la Fron­tera ha sabido sal­va­guardar, pese al bom­bardeo turís­ti­co, su gen­uino carác­ter.

Sólo hay que ver la foto para asumir que cuan­do uno lle­ga a Arcos, ubi­ca­do en lo alto de un cer­ro donde la leyen­da dice que duerme un dragón, le quedan por delante muchas cues­tas, muchas subidas y bajadas y mucho entre­nar geme­los y pan­tor­ril­las. Pero todo esfuer­zo con­ll­e­va su cor­re­spon­di­ente rec­om­pen­sa. Y ésta toma for­ma en los patios escon­di­dos, ati­bor­ra­dos de mac­etas y flo­res, en el castil­lo que se alza en lo más alto del pueblo, en el calle­jón de las Mon­jas y sus palacetes o en las fachadas blan­cas, salpic­a­das de ven­tanales enre­ja­dos que antaño servían para que de noche flirtear­an los enam­ora­dos cuan­do los veci­nos dor­mían.

Frigiliana (Málaga)

Frigiliana

De nue­vo regre­samos a la provin­cia de Mála­ga para desplazarnos has­ta la parte más ori­en­tal, a la comar­ca de la Axar­quía. Aquí el autén­ti­co pro­tag­o­nista es el pueblo de Frig­iliana, una pequeña vil­la de ape­nas 3.000 habi­tantes que en varias oca­siones ha sido elegi­do por los pro­pios malagueños como el pueblo más boni­to de su tier­ra. Un lugar encan­ta­dor que, sin embar­go, pasa desapercibido para muchos tur­is­tas que bajan a la cos­ta bus­can­do playas y chirin­gui­tos. Cuan­do, curiosa­mente, bue­na parte de la población de Frig­iliana, casi un ter­cio, es extran­jera y se encuen­tra tan cer­ca de una local­i­dad tan turís­ti­ca como Ner­ja, la mis­ma que pop­u­lar­izó “Ver­a­no Azul”. Qué cosas.

Frig­iliana, cuya región es cono­ci­da por el cul­ti­vo del man­go (una de mis fru­tas favoritas, aquí encuen­tras todos los pro­duc­tos imag­in­ables elab­o­ra­dos a base de este ingre­di­ente), invi­ta a vis­i­tar­la en invier­no, cuan­do el cli­ma es más salud­able. Su cer­canía al Par­que Nat­ur­al de las Sier­ras de Almi­jara, Teje­da y Alhama dota a sus alrede­dores de unos paisajes lindísi­mos, que con­trastan con la belleza indis­cutible de este pueblo blan­que­ci­no. Las mejores vis­tas se obtienen des­de el cer­ro del Fuerte, des­de donde se lan­z­a­ban los sol­da­dos árabes para evi­tar que les cap­turasen las tropas españo­las hace unos cuan­tos sig­los.

El corazón de Frig­iliana se encuen­tra en el Bar­rib­ar­to, el cas­co históri­co, donde se res­pi­ra a cada paso su heren­cia morisca. Frig­iliana, como otros tan­tos pueb­los de Andalucía, vio con­vivir en el pasa­do a árabes, cris­tianos y judíos, por lo que cada ver­a­no cel­e­bran el fes­ti­val de las Tres Cul­turas, donde se enorgul­le­cen de su mul­ti­cul­tur­al­i­dad. Y es que, como comenta­ba antes, aho­ra con­tinúan resi­di­en­do en el pueblo muchos extran­jeros, como ingle­ses o ale­manes.

Ayamonte (Huelva)

Ayamonte

Aya­monte era pueblo de para­da oblig­a­to­ria cada vez que cogíamos el coche y nos íbamos al Algarve por­tugués. Algo que hacíamos muy a menudo ya que de Huel­va a Por­tu­gal ape­nas se tar­da una hora y es una de mis regiones favoritas de nue­stro país veci­no: no olvides echar un ojo a nues­tra guía del Algarve si quieres preparar un via­je por dicha zona, merece mucho la pena.

Aya­monte se encuen­tra en la mis­ma fron­tera, has­ta el pun­to de que el puente que sep­a­ra Por­tu­gal y España fue con­stru­i­do a medias por ambos país­es. Este pasa por enci­ma del río Gua­di­ana, que ejerce como fron­tera nat­ur­al entre ambas naciones. De hecho, durante parte de su his­to­ria Aya­monte perteneció al reino de Por­tu­gal, por lo que su her­man­dad con nue­stros queri­dos lusi­tanos no sólo responde a motivos geográ­fi­cos. Hoy en día es habit­u­al ver a muchos por­tugue­ses pase­an­do por las calles aya­mon­ti­nas, espe­cial­mente los fines de sem­ana.

Des­de el Parador Nacional se obtienen unas pre­ciosas panorámi­cas de Aya­monte y su ani­ma­do bar­rio de la Vil­la, el cen­tro históri­co que cae en cas­ca­da, a base de antiguas casas encal­adas y donde se dan cita algu­nas de las calle­jue­las más car­ac­terís­ti­cas del munici­pio. Igual de intere­sante es el bar­rio de la Rib­era, sede del ayun­tamien­to, de con­cur­ri­das plazas y de las calles más com­er­ciales. Pero si por algo me gus­ta Aya­monte es por su fab­u­loso entorno nat­ur­al, con mar­avil­las como Isla Canela, con sus bel­lísi­mas playas rodeadas de maris­mas, y la pre­ciosa Pun­ta del Moral con su bohemio ambi­en­to marinero.

Carmona (Sevilla)

Carmona

Sevil­la es mucho Sevil­la pero no es menos cier­to que en la provin­cia hay pueb­los con mucha his­to­ria que bien mere­cen una escapa­da. Uno de ellos es Car­mona, una población cuyo nacimien­to se remon­ta a hace 3.000 años (se dice pron­to) y que en época romana se con­vir­tió en uno de los núcleos más impor­tantes del sur de His­pania. De aque­l­la época se con­ser­van el anfiteatro y la necrópo­lis. Des­de entonces, su rel­e­van­cia a niv­el históri­co y cul­tur­al no decayó pese a la lle­ga­da de difer­entes cul­turas, que enriquecieron aún más su vas­to pat­ri­mo­nio.

Puedes comen­zar el recor­ri­do por la Puer­ta de Cór­do­ba (la curiosi­dad es que, en su esti­lo, es la úni­ca de España con tres arcos de entra­da) y lle­gar al Alcázar del rey don Pedro, donde encon­tramos el Parador de Tur­is­mo. A niv­el reli­gioso, desta­can el Con­ven­to de San­ta Clara o las igle­sias de san­ta María, de san Pedro y san Bar­tolomé. El Alcázar de Sevil­la (donde dice la leyen­da que si pasas bajo los arcos con los ojos cer­ra­dos se cumplirán tus deseos) es otra de las vis­i­tas imperdi­bles.

Zuheros (Córdoba)

Zuheros Andalucia

Aún no habíamos pisa­do la provin­cia de Cór­do­ba y lo hace­mos para cono­cer Zuheros. Un pueblecito que más que un pueblo es una aldea grande, pro­te­gi­da por las col­i­nas de la sier­ra y los olivos que pueblan los ter­renos cer­canos. A Zuheros hay que ir adrede  (está a unos 75 kilómet­ros de Cór­do­ba cap­i­tal) pero os ase­guro que merece la pena y mucho. Verse pase­an­do por esas calles sin­u­osas, que ser­pen­tean entre casitas de muros inmac­u­la­dos, es una expe­ri­en­cia inolvid­able.

Esta encan­ta­do­ra vil­la fun­da­da por los árabes hace más de un mile­nio ha per­maneci­do deteni­da en el tiem­po, con­ser­van­do sus calles ser­pen­teantes y el castil­lo arabesco que antaño se llamó Sujayra y cuyo nom­bre es el ori­gen del de Zuheros. Además, en los alrede­dores podemos dis­fru­tar de vari­adas entretenidas rutas de senderis­mo, como la del río Bailón, o vis­i­tar la Cue­va de los Mur­ciéla­gos, que se des­cubrió en ple­na Guer­ra Civ­il y en cuyo inte­ri­or se encon­traron pin­turas rupestres y restos funer­ar­ios.

Cazorla (Jaén)

Cazorla

La elec­ción en la provin­cia de Jaén es Cazor­la, en la sier­ra del mis­mo nom­bre, prob­a­ble­mente el para­je nat­ur­al más cono­ci­do de la comar­ca. Cazor­la es un pueblo, tam­bién ser­ra­no, ubi­ca­do en la Peña de los Hal­cones y en un entorno úni­co. Desta­ca en la lejanía el Castil­lo de la Yedra dom­i­nan­do el pueblo, tes­ti­go de cien­tos de años de his­to­ria, y que como todos los castil­los, cuen­ta con su propia leyen­da, en este caso la de una prince­sa mitad mujer, mitad ser­pi­ente, cuyo alma sigue vagan­do tras las mural­las.

En Cazor­la impre­siona vis­i­tar las ruinas de la igle­sia de San­ta María, que al igual que muchas abadías escoce­sas, carece de techa­do y su parte supe­ri­or, lo que hace de ella un mon­u­men­to de lo más espe­cial. Pero lo real­mente impac­tante es hac­er un alto para regalarse unas cuan­tas horas pate­an­do la sier­ra de Cazor­la, donde con un poco de suerte podrás cruzarte con cabras mon­te­sas.

Mojácar (Almería)

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Mojá­car es, con difer­en­cia, uno de mis pueb­los favoritos en Andalucía. Almería está llena de pueb­los pre­ciosos pero ninguno puede igualarse a esta mar­avil­la situ­a­do en lo alto de Sier­ra Cabr­era. Insis­ti­mos en que una cosa es Mojá­car pueblo y otras Mojá­car Playa (que es un paseo marí­ti­mo cualquiera). A nosotros el que nos encan­ta es el pueblo, que dis­fru­ta­mos muchísi­mo y cuya visi­ta te con­ta­mos en el artícu­lo De via­je en coche por la provin­cia de Almería.

Mojá­car, un pueblo con más de un mile­nio de antigüedad, es una de las grandes joyas alme­riens­es. Es uno de los lugares del sur que mejor ha podi­do y sabido con­ser­var su heren­cia de la época de Al-Andalus y ello hace de él un lugar mági­co. El bar­rio del Arra­bal, curiosa­mente habita­do por sefardíes, es uno de los más boni­tos, con esas cal­lecitas estre­chas reple­tas de tiestos.

Setenil de las Bodegas (Cádiz)

Setenil de las Bodegas

Sete­nil de las Bode­gas es uno de los pueb­los más curiosos que hemos vis­to ya no sólo en España sino en el mun­do. Y es que bas­ta con echar un ojo a la fotografía para darse cuen­ta de en las curiosas cir­cun­stan­cias que moran sus habi­tantes. Lit­eral­mente devo­ra­dos por las rocas, piedras colos­ales que se han con­ver­tido en las amas y seño­ras de la vil­la.

Las calles Cuevas del Sol y Cuevas de la Som­bra (donde, evi­den­te­mente, ape­nas lle­gan los rayos del sol) son pre­cisa­mente las más pop­u­lares y a las que se diri­gen todos los tur­is­tas, pues aunque hay otras en las que se ven las casas adosadas a las rocas, es aquí donde el esce­nario se con­tonea en las for­mas más pecu­liares. Un pueblo extrañísi­mo, con casas fun­di­das con la piedra, en el que com­pren­des ese miedo irra­cional que tenía Obélix, el de que el cielo se nos cay­era enci­ma.

Jerez de la Frontera (Cádiz)

Jerez

Acabo mi elec­ción de mis 15 pueb­los favoritos de Andalucía (no creáis que la selec­ción ha sido fácil) con Jerez de la Fron­tera, otro pueblo gadi­tano que reparte ele­gan­cia y salero a partes iguales. Jerez es famoso por sus bode­gas (posi­ble­mente las más cono­ci­das de todo el ter­ri­to­rio andaluz) pero tam­bién por su riquísi­mo pat­ri­mo­nio artís­ti­co e históri­co. Otro pueblo fun­da­do por musul­manes que se ha con­ver­tido en una más de las heren­cias del impe­rio andalusí.

Jerez con­ser­va de aque­l­la primera época árabe un extra­or­di­nario alcázar con baños, mezqui­ta y jar­dines. De épocas pos­te­ri­ores, la impre­sio­n­ante cat­e­dral, los Claus­tros de San­to Domin­go o el boni­to bar­rio de San­ti­a­go, de aire mucho más pop­u­lar que otras zonas de Jerez. Y recuer­da que nada hay más jerezano que los taban­cos, esas taber­nas donde se ado­ra al vino, néc­tar de dios­es, y que son los rin­cones favoritos de los locales para pasar la tarde con los ami­gos. Imí­tales y brin­da con ellos por la belleza inigual­able de esta mar­avil­losa tier­ra que ten­emos la suerte de ten­er tan cer­ca: Andalucía.


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2 Comments

  1. Andalucía es un tesoro!!! <3 Vejer de la Fron­tera, en Cádiz, es uno de mis must!!! Todos los ver­a­nos procuro hac­er una escapa­da allí. 🙂

    https://viajeracinefila.org/

  2. Anónimo

    at

    Muy bue­na reseña de estos pueblo de Andalu­cia ver tan­ta belle­sa pueb­los blan­cos bel­lisi­mos mas toda la cul­tura de los arabes con con­stru­ciones arquite­ton­i­cas inigual­ables todo bel­lisi­mo …. ……….
    FELICITACIONES …👏👏🤗

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