Viaje a Bali por libre

El primer recuer­do que ten­go de Bali es cuan­do de pequeña mi madre traía a casa revis­tas del corazón en plan el “Diez Min­u­tos” y salían pub­li­ca­dos repor­ta­jes glam­ourosos de pare­jas de famosos pasan­do allí su luna de miel,un capri­cho que sólo podían per­mi­tirse cua­tro rica­chones. Supon­go que no soy la úni­ca per­sona que ha cre­ci­do con esa idea, la de que Bali era un des­ti­no inac­ce­si­ble para el resto de los mor­tales. Pero os recuer­do que Bali, a pesar de toda la atmós­fera que desprende de lujo y sofisti­cación, sigue pertenecien­do a Indone­sia, uno de los país­es más baratos del sud­este asiáti­co, y pese a que cueste creer­lo al prin­ci­pio ya que la ima­gen que ten­emos de la isla es la de hote­les de cin­co estrel­las a pie de playa, existe tam­bién ese otro Bali para pre­supuestos más ajus­ta­dos y que, aún así, te va a per­mi­tir darte un mon­tón de “capri­chos” que en nue­stro país de ori­gen (ya no dig­amos en lugares como Escan­di­navia) nos pare­cerían inase­quibles.

Que no os engañen las agen­cias de via­jes: esta es una aven­tu­ra que per­fec­ta­mente puedes realizar por tu cuen­ta sin la ayu­da de inter­me­di­ar­ios extras lleván­dose comisión. Bien­venidos por tan­to a este blog en el que te desve­laré los secre­tos para dis­fru­tar por muy poco dinero de uno de los lugares más fasci­nantes del mun­do: la Isla de los Dios­es.

 

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Empece­mos. Quizás lo úni­co que pue­da encar­e­certe un poco el via­je es pre­cisa­mente el tema de los vue­los, sobre todo si quieres hac­er úni­ca­mente Bali y esto te obliga a volar direc­ta­mente has­ta allí (pasan­do antes, gen­eral­mente, por Jakar­ta). Sin embar­go, como nosotros teníamos 22 días y no queríamos quedarnos las tres sem­anas allí sino com­bi­na­rlo con otros des­ti­nos (en Bali en una sem­ana y orga­nizán­dote bien puedes ver lo más impor­tante), lo que hici­mos fue incluir­lo den­tro de uno de nue­stros via­jes por el sud­este asiáti­co. De este modo, y como habréis leí­do en entradas ante­ri­ores del blog, lo que hici­mos fue hac­er­nos un com­bi­na­do Sin­ga­pur-Indone­sia-Mala­sia y ahí incluir una semani­ta en Bali. La ver­dad es que una vez final­iza­do el via­je, con­stata­mos que estu­vieron todos los días super bien repar­tidos.

 

De este modo, volam­os a Bali des­de el aerop­uer­to de Yogyakar­ta. Y un apunte: al pare­cer hay unas tasas por los vue­los, inclu­so aunque sean nacionales, así que recor­dad que al mostrar el pas­aporte tenéis que pagar 35.000 rupias (que al cam­bio es muy poco, algo más de 2 euros, pero me llamó la aten­ción que inclu­so den­tro del país hubiera que pagar tasas). Para los que vengáis direc­ta­mente a Bali, recor­daros que a la entra­da a Indone­sia debéis pagar el visa­do, que son 25 dólares, y otra tasa de sal­i­da de unos 10 euros cuan­do os vayáis del país. En cuan­to al aerop­uer­to de Yogyakar­ta, como ya comen­té en la entra­da de Java, no sólo es muy pequeñi­to sino que además no lo abren has­ta las cin­co de la mañana (nue­stro vue­lo salía a las 06:15 y nos tocó esper­ar cola con otro mon­tón de pasajeros), te lo avi­so para que tam­poco te pegues un madrugón innece­sario.

Para lle­gar a Bali des­de Java puedes hac­er­lo en fer­ry (el trayec­to dura sólo media hora). Pero como yo ya había tenido malas expe­ri­en­cias con los bar­cos en Asia y además esto nos oblig­a­ba a trasladarnos en bus des­de Yogyakar­ta has­ta el puer­to de Keta­pang, opta­mos por volar con Air Asia, que el vue­lo nos costa­ba sólo 30 euros y en poco más de una hora estás en el aerop­uer­to de Ngu­rah Rai a sólo 13 kilómet­ros de la cap­i­tal de la isla, Den­pasar.

El aerop­uer­to es el ter­cero de Indone­sia con más trá­fi­co aéreo (aquí lle­gan tur­is­tas de todo el mun­do) pero aún así, mantiene su atmós­fera de “aerop­uer­to trop­i­cal” pre­cisa­mente por su cer­canía al mar (mola un mon­tón bajarse del avión vien­do el océano) e inclu­so a pie de pista, mien­tras bajas las esca­ler­il­las, verás que en las propias pis­tas de ater­riza­je hay puer­tas de tem­p­los bali­ne­ses, lo que le da al aerop­uer­to un aro­ma muy espe­cial. Ahí sí que empiezas a sen­tir el hormigueo de “uauh!estoy en el paraí­so!” Por cier­to, primer pun­to para comen­zar a ahor­rar en tu aven­tu­ra bali­ne­sa: ni caso a los cien­tos de fol­letos con excur­siones que se expo­nen en los stands de lle­gadas. Cogí un par por con­trastar pre­cios con lo que nosotros pen­sábamos hac­er y, efec­ti­va­mente, sale muchísi­mo más caro con­tratar excur­siones en las agen­cias locales que con­tratar un con­duc­tor y hac­er­lo todo por tu cuen­ta.

 

En cuan­to al trans­fer, como nos iba a costar más o menos lo mis­mo un taxi des­de el aerop­uer­to, decidi­mos dejar­lo cer­ra­do antes de ir con los de nue­stro bun­ga­low para que nos vinier­an a bus­car en fur­gone­ta. El pre­cio por trayec­to fueron 200.000 rupias (unos 13 euros). Tened en cuen­ta que íbamos cua­tro pasajeros y que Ubud está como a una hora y media en coche del aerop­uer­to por lo que el pre­cio está tira­do. Por cier­to, a la cap­i­tal, Den­pasar, la ver­dad que ni nos acer­camos. Es cono­ci­da por ten­er unos bru­tales atas­cos de tráfico,un con­sid­er­able número de car­ter­is­tas (algo que, sin embargo,no apre­ci­amos en el resto de la isla, que nos pare­ció muy segu­ra) y con pocos pun­tos de interés, así que ni nos molesta­mos.

Eso sí, una vez que lle­gas a Bali, ya te das cuen­ta de que lo bien que se tra­ta al tur­ista en com­para­ción con el resto de Indone­sia: las calles están muchísi­mo más limpias y de las infraestruc­turas ni hablam­os. Cómo se nota que donde va el extran­jero, viene el dinero detrás. El tur­is­mo ha ben­e­fi­ci­a­do a Bali en muchos aspec­tos, obvi­a­mente. Pero en mi opinión, en los últi­mos tiem­pos ese hor­ror de libro (y de pelícu­la) que es “Com­er, beber, amar” ha dado una ima­gen muy dis­tor­sion­a­da de la isla y provo­ca­do el alu­vión de tur­is­tas que quieren emu­lar a Julia Roberts. Aun así,no os pre­ocupéis: Bali con­ser­va aún, por suerte, mul­ti­tud de rin­cones con muchísi­mo encan­to.

 

Otro de los lugares a los que nos neg­amos a ir y que, sin embar­go, es el des­ti­no elegi­do por muchos de los que ater­rizan en Bali, que van bus­can­do fies­ta y cachon­deo, es la playa de Kuta. Nosotros no íbamos bus­can­do ese tipo de via­je y no habíamos recor­ri­do tam­poco miles de kilómet­ros para rodearnos de sur­fis­tas bor­ra­chu­zos ni de McDon­alds, Burg­er Kings y dis­cote­cas con músi­ca a todo trapo. Respeta­mos que haya gente que quiera gas­tarse su dinero en ese tipo de tur­is­mo pero para nosotros, como dirían los ingle­ses, it’s not my cup of tea. Además, con­trari­a­mente a lo que mucha gente cree, Bali tiene bue­nas playas para hac­er surf pero en abso­lu­to son esas de aguas turque­sas que yo había dis­fru­ta­do en Tai­lan­dia. Nues­tra prin­ci­pal moti­vación no era play­era sino cul­tur­al y aunque fuimos a la playa algún día, como os comen­taré más ade­lante, os ase­guro que en España ten­emos dece­nas de playas mucho más espec­tac­u­lares que las de Bali (insis­to en que si vais bus­can­do playas par­a­disi­a­cas eli­jáis las tai­lan­desas).

Por ese moti­vo escogi­mos para quedarnos el acoge­dor pueblo de Ubud, ya en el inte­ri­or de la isla, ale­ja­do total­mente de ese tur­is­mo super­fi­cial que azo­ta bue­nas partes de la cos­ta y, sobre todo, el autén­ti­co corazón artís­ti­co de Bali. Aquí se agol­pan las galerías, los mer­ca­dos de arte, las escue­las con cur­sos de todo tipo. Y aunque evi­den­te­mente no es el pueblo minús­cu­lo que era hace unos años y ha absorbido a aldeas veci­nas como Padan­gte­gal, Cam­puan, Pen­es­tanan o Pen­gosekan, aún sigue con­ser­van­do la aut­en­ti­ci­dad de las ciu­dades pequeñi­tas. Por nada del mun­do hubiera cam­bi­a­do mi estancia por otro lugar de Bali.

Vamos con nue­stro alo­jamien­to en Ubud, los Bali Breeze Bun­ga­lows . Lo cier­to es que estuve varias sem­anas com­para­n­do unos alo­jamien­tos y otros, pues ya que aparte de con ami­gos, via­ja­ba con mi pare­ja, buscábamos para los dos solos un lugar super espe­cial para quedarnos. Y ten­go que recono­cer que acerté de lleno, prob­a­ble­mente el mejor lugar que he alquila­do jamás. Tan­to fue así que cuan­do lleg­amos, dejamos las male­tas y uno de los encar­ga­dos nos empezó a enseñar la vil­la, al ver que no hablábamos nos pre­gun­tó “¿qué ocurre? ¿no os gus­ta?”, a lo que le con­tes­ta­mos “¡no,no,al contrario!¡es que nos hemos queda­do lit­eral­mente sin pal­abras!

Qué mar­avil­la de casa. 300 met­ros repar­tidos en dos plan­tas con todas las como­di­dades: baño gigan­tesco con luz exte­ri­or, camas con dosel, sue­los de madera, coci­na equipadísi­ma (aunque vis­tos los pre­cios de los restau­rantes, lo cier­to es que la usamos poco), un porche enorme, jardín pri­va­do y pisci­na tam­bién pri­va­da con una pre­ciosa estat­ua de Gane­sha para dar el toque exóti­co defin­i­ti­vo (ahí aba­jo tenéis las fotos). Wifi gra­tu­ito, desayuno incluí­do (todas las mañanas nos lo traía una bali­ne­sa ama­bilísi­ma con la ban­de­ja en la cabeza) y lo mejor, que al haber sólo cua­tro vil­las en todo el resort, por las noches no escuch­abas ni una mosca. De hecho, lo úni­co que me des­perta­ba por la noche era el sonido de las tor­men­tas porque has­ta con eso tuvi­mos suerte: sólo llovía por las noches y nos hizo un tiem­po mag­ní­fi­co (nosotros estu­vi­mos a primeros de sep­tiem­bre, la mejor época para ir es el ver­a­no ya que a par­tir de octubre comien­za la tem­po­ra­da de lluvias…no es que varíen mucho las tem­per­at­uras pero te pueden caer aguaceros impor­tantes).

Mi chico y yo quedamos encan­ta­dos con la vil­la, sobre todo tenien­do en cuen­ta que nos había sali­do baratísi­ma de pre­cio (entre los dos, 380 euros toda la sem­ana). Eso sí, tened en cuen­ta que no admiten pago con tar­je­ta, sólo en metáli­co. Al cam­bio, se nos iba la cuen­ta a los seis mil­lones de rupias, por lo que decidi­mos dárse­lo al encar­ga­do en un par de veces ya que en oca­siones los cajeros cer­canos no disponían de tan­to dinero (bromeábamos con que para pagar la cuen­ta deberíamos ir con una car­retil­la has­ta arri­ba de bil­letes en plan el tío Gili­to XD).

 

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Otra de las cosas bue­nas de los Bali Breeze es que no se encuen­tran en pleno Mon­key For­est Road, que es la calle prin­ci­pal de Ubud (en real­i­dad se lla­ma Jl Wanara Wana pero todo el mun­do la conoce por el otro nom­bre) sino en una zona muchísi­mo más tran­quila aba­jo del pueblo pero a tiro de piedra de super­me­r­ca­dos, restau­rantes, cen­tros de masajes, cafeterías… vamos, que cualquier cosa que nece­sitéis la teneis a mano. Además, Ketut (el encar­ga­do) es un señor super agrad­able que se brin­da a subirte en fur­gone­ta a la calle prin­ci­pal a cualquier hora del día y de la noche. Aún así, nosotros como algu­nas noches bajamos bas­tante tarde por la noche, nos cogi­mos un taxi y lis­to, que no salía por más de 40.000 rupias (poco más de dos euros).

De hecho,el primer día nada más lle­gar nos recomendó para cenar esa noche uno de los restau­rantes que más nos gus­taron en Ubud, el Ibu Rai, elegi­do por el per­iódi­co The Guardian como uno de los lugares con más encan­to para com­er de Bali (repeti­mos algu­na noche más). Suele estar siem­pre lleno; aún así, nun­ca tuvi­mos prob­le­ma para coger mesa, es grandísi­mo, con dos estancias sep­a­radas al aire libre y una dec­o­ración bali­ne­sa espec­tac­u­lar. Lo mejor sus cala­mares rel­lenos de mousse de pesca­do, los rol­li­tos viet­na­mi­tas, el pato cru­jiente y el ten­der­loin steak. Con postres,bebidas y café incluí­dos no sales a más de diez/doce euros por per­sona e insis­to en que el local es de autén­ti­co lujo y muy, muy román­ti­co.

Ya que nos mete­mos con el tema gas­tronómi­co, impre­scindible sí o sí que pruebes la cerveza nacional indone­sia (la Bin­tang… bin­tang sig­nifi­ca estrel­la en indone­sio, la mis­ma que aparece en la eti­que­ta). Está riquísi­ma (no obstante, la fab­ri­ca Heineken a niv­el local) y aunque hay otras dos cervezas indone­sias, la Anker y la Bali Hai, a nosotros la Bin­tang fue la que más nos gustó; además, te la ponen en botel­las de 66 cl y así no se te aca­ba en un sus­piro.

 

Sig­amos con las recomen­da­ciones de restau­rantes en Ubud. Otra de las noches fuimos a cenar con una pare­ja ami­ga nues­tra al Three Mon­keys (tam­bién situ­a­do en la Mon­key For­est Road, la ver­dad que casi todos los restau­rantes chu­los se encuen­tran aquí). Es otra pre­ciosi­dad de local con un lagui­to lleno de nenú­fares en mitad de un jardin (hay que ver cómo se cur­ran la dec­o­ración los bali­ne­ses, en este tenían las mesas dec­o­radas con antor­chas esti­lo tiki). Sir­ven has­ta carne aus­traliana aunque yo en esta ocasión opté por su deli­ciosa mous­sa­ka grie­ga. Las piz­zas caseras no creáis que se qued­a­ban atrás.

 

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Otro sitio súper espe­cial para cenar, este tam­bién con vis­tas a los arroza­les (¡y qué arroza­les!) es Pun­di-Pun­di, en Pen­gosekan Street. Tienen un pesca­do sabrosísi­mo (pedid el grilled fish Jim­baran) y al igual que los otros restau­rantes recomen­da­dos, muy bien de pre­cio (unos ocho euros por comen­sal). Hablan­do de arroza­les, hay otro restau­rante al que fuimos otra noche a las afueras del pueblo, el Sawah Indah, donde cenas arrodil­la­do en unas mesas baji­tas rodea­do por los cam­pos de arroz. La direc­ción es Jalan Raya Goa Gajah. Y mi últi­ma recomen­dación en Ubud va a ser el restau­rante mex­i­cano Taco Casa en Jalan Pen­gosekan. Nos pil­l­a­ba muy cerqui­ta del bun­ga­low por lo que fuimos tam­bién un par de veces (eso sí, id pron­to que a las 22:00 empiezan a echar el cierre, en Ubud en gen­er­al cenan bas­tante pron­to). Muy buenos los bur­ri­tos, las enchi­ladas y los nachos.

 

Jar­dines del Pun­di-Pun­di

 

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Y otro apunte más:para tomar algo en Ubud, el XL Shisha Lounge Bar, para tomarte una shisha de fru­tas en un ambi­ente bas­tante acoge­dor, y el Roy­al Steak­house Bar, donde varias noches por sem­ana hay músi­ca en direc­to (y no veais cómo tocan los bali­ne­ses ¡rockeros a tope!)

 

El lugar más vis­i­ta­do de todo Ubud (y no sólo por los que nos quedamos aquí,viene gente de muchos otros pun­tos de Bali) es el Mon­key For­est o Reser­va Sagra­da del Bosque de los Monos. Ofi­cial­mente lla­ma­do Mndala Wisa­ta Wanara Wana, está abier­to de 08:30 a 18:00, la entra­da cues­ta 10.000 rupias (70 cén­ti­mos) y es una enorme exten­sión de jungla con tres tem­p­los sagra­dos donde los monos cam­pan a sus anchas y donde hay más de cien especies de árboles difer­entes.

En cuan­to llegues,ya verás a los traviesos maca­cos en la mis­ma entra­da (de hecho muchas veces salen a las calles aledañas), inten­tan­do quitar a los vis­i­tantes cualquier cosa de val­or y bus­can­do comi­da en sus bol­sos. Tened cuida­do con ellos, sobre todo con los machos grandes, que pueden lle­gar a los 10 kilos de peso, y nun­ca les deis de com­er direc­ta­mente cac­ahuetes en la mano, que a algunos les da por morder. Hay más de 600 monos en total lib­er­tad cor­rien­do de aquí para allá y uno de los espec­tácu­los es ver cómo se divierten tirán­dose en plan­cha en los estanques. La figu­ra del mono es muy respeta­da en la cul­tura bali­ne­sa ya que rep­re­sen­tan, en un mis­mo ser, tan­to las fuerzas neg­a­ti­vas como las pos­i­ti­vas y por todo Ubud podrás encon­trarte mul­ti­tud de escul­turas de pri­mates.

 

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Como veis,los monos no se cor­tan nada.Aquí uno está peinán­dome.

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Recor­rer el Mon­key For­est es como sen­tirse den­tro de una pelícu­la de explo­radores: escali­natas de piedra comi­das por la veg­etación, tem­p­los entre la maleza y el sonido de los pájaros y los monos chil­lan­do mien­tras algún rayo de luz lucha por abrirse paso. Den­tro del bosque los tres tem­p­los sagra­dos son el Pura Pra­jap­ati (que se uti­liza para las crema­ciones), el Holy Bathing Tem­ple y el más impor­tante, el Pura Dalem Agung (el Tem­p­lo de la Muerte). El Pura Dalem Agung, que fue el primer tem­p­lo que vimos en Bali, es una bue­na rep­re­sentación del resto de los tem­p­los de la isla. Y aquí es donde aprove­cho para hablaros del hin­duis­mo, de los tem­p­los bali­ne­ses y de la devo­ción con la que los locales prac­ti­can su religión en el día a día.
 

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Bali es el úni­co lugar de Indone­sia donde la may­or parte de la población no es musul­mana sino hin­duista. Al igual que en la India, tam­bién se mueven por un sis­tema de cas­tas, aunque aquí, por for­tu­na para ellos, no existe la cas­ta de los “into­ca­bles” (ya sabéi­is, esos pobres a los que les está veda­do cualquier tipo de avance social y se les encar­gan los tra­ba­jos más den­i­grantes): el 90% de los bali­ne­ses pertenecen a la cas­ta Sudra, aunque la influ­en­cia de las cas­tas en real­i­dad se percibe sola­mente en los ritos reli­giosos.
 
La men­tal­i­dad del bal­inés está fuerte­mente afer­ra­da al con­cep­to de comu­nidad: las per­sonas pertenecen a la vez a la famil­ia, la cas­ta, el clan y el pueblo. Este sen­timien­to es el que ha hecho de la bali­ne­sa una sociedad pro­fun­da­mente sol­i­daria: los locales nos comenta­ban que es muy difí­cil que alguien no encuen­tre tra­ba­jo porque siem­pre hay algún famil­iar, veci­no o cono­ci­do dis­puesto a ayu­dar­le en ese aspec­to.
 

Aunque los bali­ne­ses sean hin­duis­tas, el hin­duis­mo que se prac­ti­ca en Bali es muy difer­ente al de la India. Cuan­do los Majapahit lle­garon a Bali e intro­du­jeron el hin­duis­mo, los bali­ne­ses lo absorbieron pero con­tin­uaron con­ser­van­do muchas de sus cos­tum­bres reli­giosas pre­de­ce­so­ras (algo pare­ci­do a lo que ocur­rió en Cuba cuan­do el cris­tian­is­mo pre­tendió bor­rar del mapa a las reli­giones afrocubanas). En este sen­ti­do, aunque como en la India se rinde cul­to a un trío de dios­es prin­ci­pales (Brahma,Shiva y Vish­nu), los bali­ne­ses añadieron uno más, Sanghyang Widi. Sin embar­go, es muy raro que los bali­ne­ses rep­re­sen­ten a dichos ído­los: para ellos un trono des­ocu­pa­do o un san­tu­ario vacío ya es un men­saje sufi­cien­te­mente explíc­i­to.

Al igual que en otros país­es de Asia, en Bali la super­sti­ción está a la orden del día y se sigue otor­gan­do una impor­tan­cia pri­mor­dial a la pres­en­cia de espíri­tus: los buenos habi­tan en las mon­tañas , los mal­os en los bosques y playas desier­tas y los gigantes y demo­ni­os bajo el mar. Todas las mañanas los bali­ne­ses real­izan en las puer­tas de las casas y de los tem­p­los ofren­das flo­rales para apaciguar a todos los espíri­tus, tan­to a los nocivos como a los bon­da­dosos (las verás a miles).

 
 

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En cuan­to a los tem­p­los, el bal­inés los conoce como “pura” (espa­cio rodea­do por un muro). Es impor­tante la ori­entación que ten­gan (hacia las mon­tañas, el mar o la sal­i­da del sol) y prác­ti­ca­mente todos los pueb­los cuen­tan con un mín­i­mo de tres tem­p­los (pese a que Bali es más pequeña que Mal­lor­ca, se cal­cu­la que en la isla hay repar­tidos ¡más de 300.000 tem­p­los!). De estos tres tem­p­los prin­ci­pales, el más impor­tante es el Pura Puseh (Tem­p­lo de Orí­gen), el ded­i­ca­do a los fun­dadores de la local­i­dad en cuestión. En el cen­tro del pueblo se situa el Pura Desa, que alo­ja a los espíri­tus pro­tec­tores de la comu­nidad. Y por últi­mo se encuen­tra el Pura Dalem (Tem­p­lo de la Muerte), situ­a­do jun­to al cemente­rio local.

Así, de este modo, las famil­ian ven­er­an a sus dios­es en los tem­p­los famil­iares, los clanes, en los tem­p­los de los clanes, y el pueblo al com­ple­to en el Pura Puseh. La may­or parte del año los tem­p­los bali­ne­ses per­manecen desier­tos, a excep­ción de los días sagra­dos en que los espíri­tus bajan al mun­do ter­re­nal y se suce­den las dan­zas y las obras de teatro (como mín­i­mo, una vez al año bal­inés, que con­s­ta de 210 días).

 

Y hablan­do de dan­zas, uno de los mejores sou­venirs que te puedes traer de vuelta a España es una más­cara de Barong o de Rang­da (nosotros nos com­pramos la de Barong, la roja de arri­ba a la derecha de la fotografía y ahí la ten­emos col­ga­da en la entra­da de casa,dando la bien­veni­da a los invi­ta­dos). Barong es un ser mitológi­co, un león-mar­i­one­ta gigante den­tro del que van dos hom­bres y rep­re­sen­ta al bien: su cometi­do es pro­te­ger a la población de la mal­va­da bru­ja Rang­da. En las dan­zas Barong entra en el tem­p­lo y se ve apoy­a­do por sus seguidores (hom­bres con puñales indone­sios), se bate en due­lo con Rang­da, un ser mon­stru­oso que usa vísceras humanas como col­lares y uti­lizan a los hom­bres-puñales como armas arro­jadizas. Al final, como era pre­vis­i­ble y tras una dura batal­la, el bien aca­ba tri­un­fan­do sobre el mal.

 

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Hablan­do de sou­venirs, otra de las vis­i­tas que hici­mos en Ubud fue a Pasar Seni,el mer­ca­do de arte­sanía de Ubud, muy cer­ca del Puri Saren Palace. Es un mer­ca­do grandísi­mo (aquí te puedes tirar horas) y para el que vaya bus­can­do arte bal­inés, es el lugar ide­al: sarongs, más­caras, pla­ta, ces­tería, ropa, tal­las de madera, pinturas…todo se com­pra y se vende (y, por supuesto, todo se regatea). En cuan­to a la pla­ta, a nosotros nos gus­ta bas­tante y estu­vi­mos en una platería donde los orfebres nos enseñaron como las tra­ba­jan a mano pero al ten­er que traer­la des­de Java, su pre­cio se encar­ece y par­tic­u­lar­mente no nos pare­ció que mereciera la pena com­prar nada.

 

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Para recor­rer la isla, hablam­os con Ketut para que nos pusiera en con­tac­to con algún chófer con el que pudiéramos apal­abrar las rutas que queríamos hac­er. Nos sal­ió estu­pen­da­mente de pre­cio porque en rutas de 12 horas (solíamos salir sobre las 08:00 y volver a las 20:00), nos cobra­ba a los seis, gasoli­na inclu­i­da unos 40 euros (entre los seis, aclaro, el pre­cio es por furgoneta/día, no por número de pasajeros). Vamos, que por siete euros por cabeza te ten­gan todo el día para arri­ba y para aba­jo eligien­do tú mis­mo donde quieres parar y donde no me parece una autén­ti­ca bic­o­ca. Así que vamos a ir des­granan­do algu­nas de las vis­i­tas que hici­mos.

 
 

Inten­ta ir pron­to, que fue lo que hici­mos nosotros, para no encon­trarte con avalan­chas de tur­is­tas, ya que es uno de los más boni­tos de Bali y por lo tan­to de los más vis­i­ta­dos. Con­struí­do en 1634 y tem­p­lo prin­ci­pal del antiguo reino Meng­wi, es amplísi­mo: tiene un pre­cioso par­que que lo pre­cede (no obstante se lla­ma el Tem­p­lo del Bel­lo Jardín), le rodea un foso de agua y desta­can sus pre­ciosos teja­dos pirami­dales, al pare­cer inspi­ra­dos en el Monte Meru (de hecho, ese es el nom­bre de estos teja­dos, meru). Los merus pueden lle­gar a alcan­zar una altura máx­i­ma de once nive­les y rep­re­sen­tan el ascen­so del alma por medio de la reen­car­nación has­ta la meta del Nir­vana pero tam­bién el lugar por donde bajan los dios­es a reunirse con los mortales.En los tem­p­los famil­iares su altura deter­mi­na la cas­ta en cuestión: la más común, la Sudra, suele ten­er de uno a tres pisos, los altos aristócratas, de cin­co a nueve, y los reyes son los úni­cos que lle­gan a once. En el caso del Taman Ayun los tres tem­p­los prin­ci­pales se lev­an­taron en hon­or de los dios­es de las mon­tañas: 9 merus están ded­i­ca­dos al dios del lago Bratan, otros 9 al del monte Batur y 11 más al del monte Agung.

La entra­da cues­ta 3.300 rupias y abre has­ta las seis de la tarde. Su puer­ta, la can­di bentar,es fran­ca­mente espec­tac­u­lar: este tipo de puer­tas, semi­a­bier­tas, son habit­uales en los tem­p­los bali­ne­ses y su for­ma simétri­ca con­fir­ma la sep­a­ración entre lo ter­re­nal y lo celes­tial, aparte de servir para ahuyen­tar a los mal­os espíri­tus. Por cier­to, ahí aba­jo os dejo la foto del car­tel que pro­híbe a las mujeres la entra­da a los tem­p­los mien­tras ten­gan la men­struación: es con­sid­er­a­do una fal­ta de respeto hacia los dios­es y puede arras­trar a la deshon­ra a todo el clan famil­iar de la mujer que se salte esa nor­ma. Lo que me pre­gun­to es cómo harán para saber quién está men­struan­do o quien no, supon­go que se fiarán de la “hon­esti­dad” de las vis­i­tantes.

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Bedugul Botanic Garden

 

Una visi­ta real­mente boni­ta. Cono­ci­do tam­bién como Kebun Raya Eka Karya, el Jardín Botáni­co abar­ca más de 150 hec­táreas. Tiene más de 2000 especies de plan­tas difer­entes (entre las que desta­ca el jardín de orquídeas, con 300 tipos dis­tin­tos). Se encuen­tra a unos 60 kilómet­ros de Den­pasar y la entra­da cues­ta 18.000 rupias (poco más de un euro). Sus para­jes son tan impre­sio­n­antes que cuan­do fuimos nos topamos con una sesión de fotos que esta­ban hacien­do a unas mod­e­los. Desta­ca a la entra­da la alu­ci­nante y colos­al estat­ua de Kumb­hakar­na, uno de los per­son­ajes míti­cos del Ramayana, la epopeya hindú. Pese a su aspec­to de fero­ci­dad (se le rep­re­sen­ta comién­dose a var­ios monos para hac­er alarde de su poder), es un per­son­aje benig­no. Recal­car que Begudul es uno de los pocos sitios de Bali donde hay musul­manes.

 

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Pura Ulan Danu

 

Prob­a­ble­mente la ima­gen más cono­ci­da de Bali y en mi opinión el más bel­lo de toda la isla, nos quedamos sin habla cuan­do nos vimos allí. Qué lugar más increíble. Con­struí­do en el siglo XVII en el lago Bratan, el segun­do más grande de Bali, está ded­i­ca­do a Dewi Danu, la diosa del agua, y es lugar de pere­gri­nación sobre todo para campesinos, que acu­d­en aquí para pedir agua para sus cose­chas.

El lago Bratan, for­ma­do en el cráter del antiguo vol­cán Mount Batur, se encuen­tra a unos 1.200 met­ros de alti­tud, rodea­do de verdes mon­tañas y cubier­to por una suave nebli­na. Todo ello, en con­jun­to, com­pone una estam­pa de ensueño. No por nada esta ima­gen dec­o­ra los bil­letes de 50.000 rupias. Cuan­do lo visi­ta­mos tuvi­mos la suerte de encon­trarnos con una mul­ti­tu­di­nar­ia cer­e­mo­nia, como podeis ver en las fotos. La entra­da cues­ta sólo 10.000 rupias Y una recomen­dación: no comáis en los restau­rantes cer­ca del tem­p­lo, que os cla­van. Nue­stro chófer nos acer­có a un buf­fet asiáti­co situ­a­do a dos min­u­tos en coche y nos sal­ió la comi­da por poco menos de seis euros.

 

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 Terrazas de arrozales en Pacung

 

Local­izadas cer­ca del pueblecito de Batu­ri­ti, después de las de Tegal­lalang son las más vis­i­tadas de Bali por sus inmejorables vis­tas.

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Alas Kedaton

 

Su nom­bre cien­tí­fi­co es Ptero­pus Vampyrus pero se les conoce común­mente como los zor­ros voladores, los mur­ciéla­gos gigantes, los más grandes del mun­do. Si quieres ver­los has de acer­carte a la Reser­va Sagra­da de Alas Keda­ton, en la regen­cia de Tabanan. La entra­da a este tem­p­lo cues­ta 10.000 rupias y os voy a ser sin­cera, es uno de los pocos lugares que me decep­cionó en Bali no por el lugar en sí sino por el ver­gonzoso com­por­tamien­to de los humanos que tra­ba­jan allí den­tro (y que,para más inri, se dis­frazan de ONG protectora…¡pues menu­da pro­tec­ción!)

Soy una defen­so­ra acér­ri­ma de los ani­males, ten­go en casa dos gatos y cuan­do sal­go de via­je, sólo admi­to con­tem­plar ani­males que estén en su hábi­tat nat­ur­al en total lib­er­tad. De hecho, he crit­i­ca­do siem­pre cualquier espec­tácu­lo en el que las per­sonas se lucren con la explotación ani­mal y me ponen mala esos tur­is­tas que fomen­tan la ley de la ofer­ta y la deman­da dán­dose paseos a lomos de ele­fantes y bar­bari­dades sim­i­lares. Por ello, cuan­do entramos ya me llamó la aten­ción ver que los cer­ca de 600 monos que por allí vaga­ban se encon­tra­ban ater­ror­iza­dos ante la pres­en­cia de los humanos, lo que achaqué a que var­ios de los guías (que, en real­i­dad, son vende­dores del recin­to que luego te quieren encas­que­tar algún pareo) fuer­an arma­dos con varas para man­ten­er­los a raya.

Pero lo que real­mente me molestó y me hizo arrepen­tirme de haber paga­do la entra­da (y no por el pre­cio, que era ridícu­lo, sino por el com­por­tamien­to de estos gol­fos) fue que al lle­gar a la zona donde están los mur­ciéla­gos gigantes me encon­tré a un mon­tón de tur­is­tas hacién­dose fotos cogien­do a los ani­males, extendién­doles las alas y enci­ma atavi­a­dos con una ridícu­la coro­na que les haría sen­tirse “exóti­cos por un día”. La ver­dad, mi gozo en un pozo. Me encan­tó ver a estos ani­males (total­mente inofen­sivos, se ali­men­tan sólo de fru­ta) porque son un prodi­gio de la nat­u­raleza. Pero me dio mucha vergüen­za aje­na com­pro­bar como la cod­i­cia humana no tiene límites y algo que hubiera sido pre­cioso de con­tem­plar en su hábi­tat se ha con­ver­tido en un cir­co para que unos cuan­tos espa­bi­la­dos se llenen los bol­sil­los.

 

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Pura Tanah Lot

 

El lugar más fotografi­a­do de todo Bali. Muy boni­to, cier­to es, pero tan ati­bor­ra­do de tur­is­tas (sobre todo al anochecer) que la can­ti­dad de gente aglom­er­a­da allí y el mer­cadil­lo mon­ta­do alrede­dor, con cien­tos de tien­das de sou­venirs y vende­dores ambu­lantes a patadas, le aca­ba qui­tan­do todo su encan­to, al menos para mi gus­to. Según la leyen­da, al tem­p­lo le pro­te­gen un mil­lar de ser­pi­entes. Pues no creo yo que sea de los tur­is­tas. Cuan­do la marea sube, eso sí es ver­dad, su ima­gen con el sol detrás es fasci­nante.

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Pura Tirta Empul

 

Uno de los tem­p­los más impor­tantes de Bali y donde viví una expe­ri­en­cia mar­avil­losa. Des­de hace mil años (el tem­p­lo se fundó en el 926), habi­tantes de toda la isla se acer­can a estos man­an­tiales sagra­dos, bus­can­do en estas aguas sus propiedades cura­ti­vas y sobre todo con la inten­ción de alcan­zar la purifi­cación extrema. La leyen­da cuen­ta que el Tem­p­lo de Agua Cristali­na fue crea­do por Indra, el dios hindú, quien con­cedió a estas aguas que fluyen del río Pakrisan fac­ul­tades mila­grosas.

Los bali­ne­ses lle­van a cabo un rit­u­al lla­ma­do melukat en el que se sumer­gen en las tres aguas más sagradas de Bali (las del Tir­ta Empul, las de Tir­ta Bungkah y las de Tir­ta Selukat), aunque las de Tir­ta Empul son con­sid­er­adas las más impor­tantes a niv­el reli­gioso. Para purifi­carse uno ha de sumer­girse en las aguas casi con­ge­ladas total­mente vesti­do y atavi­a­do con un sarong y pasar pos­te­ri­or­mente por los doce chor­ros de agua sagra­da (a los no-bali­ne­ses se nos per­mite uti­lizar los nueve primeros). Lo cier­to es que cuan­do estu­vi­mos allí yo fui de las poquísi­mas extran­jeras que optó por bañarse con los bali­ne­ses y pese a salir empa­pa­da y ten­er que cam­biarme después de ropa,no cam­bio la expe­ri­en­cia por nada del mun­do ¡me encan­tó!

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Volcán Batur

 

En un principio,habíamos pen­sa­do realizar la ascen­sión al vol­cán Batur. Pero vien­do que eso supon­dría que para hac­er el trekking nos deberían recoger a las 2 de la madru­ga­da, pasar varias horas de cam­i­na­ta y estar para el arras­tre al día sigu­iente para hac­er excursiones,perdiendo una valiosa jor­na­da de vis­i­tas, decidi­mos sac­ri­fi­car­lo y acer­carnos a ver­lo des­de la dis­tan­cia. Y lo cier­to es que tam­bién mere­ció mucho la pena.

 

El Gunung Batur es un vol­cán que impre­siona, mucho, sobre todo tenien­do en cuen­ta que aún se encuen­tra en ple­na activi­dad. Tiene casi 1.800 met­ros de alti­tud y a lo largo de su his­to­ria ha sufri­do un mon­tón de erup­ciones, la últi­ma en 1974, aunque la de 1917 mató a más de un mil­lar de per­sonas y destrozó 2.000 tem­p­los; de hecho se pueden con­tem­plar en el valle las inmen­sas mar­cas dejadas por la lava en el pasa­do, en lugares donde ‚aún así, ha vuel­to a cre­cer la veg­etación.

Como comento,la activi­dad del vol­cán sigue intac­ta y hace sólo dos años una explosión sub­acuáti­ca liberó sul­furo y provocó el fal­l­ec­imien­to de miles de peces. Queríamos haber­nos acer­ca­do a Trun­yan, el pueblo donde se deja a los fal­l­e­ci­dos al aire libre, pero nos lo desacon­se­jaron por el mal esta­do de las bar­cas que han de sur­car el lago para acer­carte a la vil­la.

 

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Taman Tira Gangga

 

Aunque su ver­dadero nom­bre es “el agua que viene del Ganges”, se le conoce común­mente como el Pala­cio del Agua. Si os alo­jais por la zona de Can­di­dasa, os pil­la bas­tante cerqui­ta, al lado del pueblo de Amla­pu­ra, y en mi opinión es una visi­ta indis­pens­able. El pala­cio fue con­stru­i­do en 1948 por el rajá de Karangasem pero en 1963 fue arrasa­do por una erup­ción del Monte Agung y, afor­tu­nada­mente, recon­stru­i­do después con la ele­gan­cia de antaño. Todo el pala­cio está pla­ga­do de estanques con fig­uras de demo­ni­os (los lagui­tos se pueden atrav­es­ar pasan­do por blo­ques de piedra) e inclu­so hay un estanque arti­fi­cial donde puedes darte un baño rela­jante en un lugar real­mente idíli­co.

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Pura Besakih

 

El lla­ma­do Tem­p­lo Madre, el más grande de Bali, el más respeta­do por los creyentes, es una mar­avil­la arqui­tec­tóni­ca que, sin embar­go, tiene una cara oscu­ra: la de los guías estafadores. Es tal la avalan­cha de tur­is­tas que se acer­can al Besak­ih que los lis­til­los de turno se han mon­ta­do un nego­cio que de reli­gioso tiene bien poco. El caso es que si quieres hac­er la visi­ta por tu cuen­ta, te ponen mil y una tra­bas para que no puedas acced­er a los pisos supe­ri­ores porque, según ellos, ”por ley sólo se puede hac­er con guía”. Y te ponen tan­tísi­mas pegas y obje­ciones que por abur­rim­ien­to acabas por acced­er pero deberían darse cuen­ta que esta pre­sión gra­tui­ta al vis­i­tante en vez de atraer al tur­is­mo lo que hace es espan­tar­lo.

Es cier­to que el guía te expli­ca todo muy bien y luego tú le das lo que quieres (ni se os ocur­ra más de dos o tres euros) pero me parece increíble que has­ta los pro­pios bali­ne­ses se avergüen­cen de la caradu­ra que tienen algunos paisanos. Suma a las 7.500 rupias de la entra­da otras 20.000 que te cobran por alquilarte un sarong que, sin embar­go, en la may­oría de los tem­p­los te prestan gra­tuita­mente.

 

Pero vayamos al tem­p­lo en sí. Sus­pendi­do a casi mil met­ros de altura en la ladera del Gunung Agung, es un com­ple­jo exten­sísi­mo de 22 tem­p­los inter­rela­ciona­dos (de ellos el más impor­tante es el Pura Penataran Agung). El Penataran es ver­dadera­mente grandioso: con­stru­i­do en seis nive­les a modo de ter­razas, lo mejor fue ascen­der esas boni­tas escali­natas mien­tras observá­mos lle­gar en comi­ti­va a los fieles con sus ofren­das en uno de los múlti­ples fes­ti­vales que allí se cel­e­bran a lo largo del año. El Pura Besak­ih es con­sid­er­a­do doble­mente sagra­do por los bali­ne­ses, ya que en la erup­ción de 1963 escapó por sólo unos met­ros del furor de la lava y en Bali se cree que esta sal­vación fue cosa de los dios­es.

 

El tem­p­lo está divi­di­do en difer­entes sec­ciones: el Bale Kulkul (donde se encuen­tran los gongs de madera), Bale Pew­er­dayan, donde los sac­er­dotes recitan los tex­tos sagra­dos ‚el Pegongan, donde la orques­ta toca durante las cer­e­mo­nias, Bale Agung, donde se cel­e­bran las reuniones y donde se encuen­tra el pag­gun­gan, el altar en el cual se real­izan las dis­tin­tas ofren­das, Bale Pepe­lik (el altar para ofren­das a Vish­nu, Shi­va y Brah­ma) y el Sang­gar Agung, que es donde se supone bajan a reposar los dios­es. Aparte hay dis­em­i­na­dos un mon­tón de merus ded­i­ca­dos a difer­entes dei­dades.

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Goa Lawah (Cueva de los Murciélagos)

Vis­tos los mag­ní­fi­cos tem­p­los que hay dis­em­i­na­dos por la isla, lo cier­to es que el Goa Lawah no parece demasi­a­do impo­nente y es bas­tante pequeñi­to. Pero hay dos detalles que le otor­gan una espe­cial impor­tan­cia. Uno de ellos es que pertenece al grupo de los seis tem­p­los Sad Kahyan­gan (los con­sid­er­a­dos “pilares de Bali”, los restantes son Besak­ih, Lem­puyang, Uluwatu, Batukaru y Puser­ing Jagat) y que se supone que son tem­p­los “colec­tivos”, es decir, admiten a todo el mun­do.

Pero es el segun­do detalle el que lo hace aún es más curioso y este no es otro que la denom­i­na­da Cue­va de los Mur­ciéla­gos, una cue­va sagra­da donde viv­en cien­tos de estos ani­males (el rui­do es ensode­ce­dor) y donde habi­tan tam­bién dos ser­pi­entes pitón que ni nece­si­tan salir a ali­men­ta­rse ya que tienen la “comi­da en casa”. Los mur­ciéla­gos sí salen cada noche en bus­ca de su menú cor­re­spon­di­ente.

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Playa de Amed

 

Como pre­tendíamos huir de playas has­ta arri­ba de gente y aún más de las súper exclu­si­vas de hote­les de cin­co estrel­las, decidi­mos acer­carnos a pasar el día a Amed, en el este de Bali. Esta pre­ciosa playa casi desértica,pequeñita y acoge­do­ra como ella sola, no tiene ape­nas vis­i­tantes… sólo te dejo el dato que las líneas tele­fóni­cas no lle­garon aquí has­ta el año 2003, para el que crea que en esta isla aún no quedan rin­cones per­di­dos con mucho encan­to. Al ser una playa remo­ta, el tur­is­mo es casi inex­is­tente y la población local vive de la pesca y la pro­duc­ción de sal.

 

Amed es una playa de are­nas negras ide­al para el snorkel, que fue en lo que gas­ta­mos nosotros la tarde. Por 70.000 rupias te alquilan las ale­tas, el chale­co y las gafas…¡y hala, a bucear! Un mon­tón de peces de col­ores, muchísi­mos corales (oji­to con rozarles,primero para no romperlos,ya que tar­dan muchos años en volver a cre­cer, sed respetu­osos con el medioam­bi­ente, y segun­do, para no cor­tarte tú mis­mo) e inclu­so restos de tem­p­los sumergi­dos, que fue una de las cosas que más nos impre­sionó. Cuidado,eso sí, con acer­carte a los riscos del final de la playa donde las olas son más agre­si­vas. Y para com­er os recomien­do que os acerquéis al encan­ta­dor Sama-Sama (direc­ción Jl I Ketut Jemeluk Pur­wak­erthi), donde la espe­cial­i­dad es la bar­racu­da, yo era la primera vez que la prob­a­ba y me pare­ció exquisi­ta.

 

Playa de Amed al anochecer

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Más recomen­da­ciones de Bali. Si eres de los que te encan­ta meterte entre los fogones y exper­i­men­tar en la cocina,como es mi caso, apún­tate a un cur­sil­lo de coci­na balinesa. Yo elegí para hac­er­lo en Ubud el restau­rante Bum­bu Bali (Suwe­ta Street No. 1) y el pre­cio muy razon­able, 300.000 rupias (20 euros) por una mañana entera de clase, en la prác­ti­ca seis horas. Primero te lle­van al mer­ca­do local para enseñarte las dis­tin­tas espe­cias típi­cas de la zona con las que vas a coci­nar (galan­gal, tumerik, una raíz que se uti­liza tam­bién como anti­sép­ti­co, jen­gi­bre, difer­entes tipos de chilli, limas, que en indone­sio se cono­cen como kef­fir…) Hay algu­nas cosas muy difí­ciles de encon­trar en España, las salam leaves, por ejem­p­lo, que pueden susti­tuirse por laurel,o la pas­ta de gam­bas, que debido a su olor fran­ca­mente desagrad­able puede cam­biarse por sal­sa de ostras.
 

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Una de nues­tras deli­ciosas crea­ciones

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Otra de las cosas que has de pro­bar en Bali sí o sí es su afama­do masaje bal­inés. Aunque nosotros, ya puestos, nos dimos un tratamien­to que incluía de todo y que nos llevó más de tres horas, sal­imos como nuevos. Ibamos a haber ido a un spa que nos habían recomen­da­do, el Zen Bali Spa, pero esa tarde no tenían hora así que nos decanta­mos por el Dupra­di Spa en el Sahade­wa Resort (direc­ción Jl Hanoman, Ubud). Escogi­mos un paque­te de 180 min­u­tos (¡por sólo 22 euros!!) que incluía reflex­ología (masaje de pies + baño de sal), masaje tradi­cional bal­inés, exfo­liante com­ple­to, masaje con yogourt, tratamien­to facial y baño con péta­los de rosas. ¡Una gan­ga!
 

No quiero acabar este blog de Bali sin hablaros de la cer­e­mo­nia que más nos impactó en toda la sem­ana que pasamos en la isla, la cremación colec­ti­va o ngaben. En Ubud se lle­va a la prác­ti­ca sólo una vez cada cin­co años y nosotros nos sen­ti­mos muy priv­i­le­gia­dos de que jus­to nos cogiera allí para poder pres­en­cia­r­la porque es emo­cio­nante. Se nos pusieron los pelos de pun­ta al ver­la en vivo y en direc­to.

 

En Bali las crema­ciones son extremada­mente caras, has­ta el pun­to de que se pueden ir has­ta los 8.000 euros para famil­ias cuyo suel­do medio men­su­al no supera los 150 euros. Una autén­ti­ca bar­bari­dad, por lo que lo que se hace es cel­e­brar crema­ciones con­jun­tas que abarat­en los gas­tos. Has­ta que se cel­e­bra la cremación colec­ti­va, la famil­ia guar­da al cadáver en casa, con­serván­do­lo con aceites y sán­da­lo, has­ta que llegue la hora del adiós.

Y cuan­do éste ocurre… ¡es algo mági­co! No tiene nada que ver con nue­stros entier­ros, tan tristes y llenos de dolor, sino que el pueblo al com­ple­to, atavi­a­do con sus mejores galas, sale a la calle a pasear a sus difun­tos entre músi­ca y gri­tos de ale­gría para cel­e­brar su entra­da en un lugar mejor que este mun­do nue­stro (lo curioso es que en Ubud los respon­s­ables de la orques­ta, el game­lan, eran todos niños).

Los sar­cófa­gos de los muer­tos se llenan has­ta arri­ba de las ofren­das de los seres queri­dos y pos­te­ri­or­mente, después de haber­los pasea­do por varias calles, se intro­duce a los fal­l­e­ci­dos (hom­bres) en una figu­ra de toro si son brah­manes y a las mujeres en una de vaca, la cas­ta de los guer­reros y príncipes en un león ala­do y los campesinos (de la cas­ta Sudra) en una figu­ra mitad ele­fante-mitad pez. Pero todos bus­can el mis­mo des­ti­no: las lla­mas. Es el rito de purifi­cación que lib­er­ará al espíritu de su caparazón ter­re­nal y que puede alargarse durante varias horas.

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Has­ta aquí este blog de Bali,un lugar del que hemos regre­sa­do fasci­na­dos y al que si teneis ocasión de ir, os recomien­do que piséis algu­na vez en vues­tra vida. Son tan­tas las sen­sa­ciones que te trans­miten estas tier­ras y sus gentes que una vez pisadas…¡ya nun­ca las olvi­das!

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