Cuando uno empieza a mirar precios de cruceros ocurre algo bastante curioso. Ves una semana navegando por el Mediterráneo, el Caribe o los fiordos noruegos por una cantidad que, en ocasiones, parece incluso demasiado baja y enseguida aparece la sospecha «ya, pero seguro que luego dentro hay que pagar por todo». Y algo de razón hay, porque las compañías de cruceros se han convertido en auténticas especialistas en ofrecernos tentaciones una vez a bordo. Restaurantes exclusivos, paquetes de bebidas, excursiones, tratamientos de spa, fotografías, tiendas, experiencias extraordinarias, cocktails, videojuegos, helados de marca o zonas reservadas pueden conseguir que la factura final engorde considerablemente. Sin embargo, entre tanta actividad de pago se nos olvida algo importante: en un crucero hay muchísimas cosas incluidas en el precio y algunas son bastante menos evidentes de lo que pensamos.
De hecho, es perfectamente posible subir a un barco, pasar una semana estupenda y gastar muy poco dinero adicional, más allá de los conceptos obligatorios o de aquellos que hayamos decidido contratar voluntariamente. La clave está en saber distinguir lo que está incluido de aquello por lo que nos van a cobrar, porque las navieras no siempre hacen demasiado esfuerzo por recordarnos todas las alternativas gratuitas que tenemos a nuestra disposición.
Después de todo, el negocio funciona también gracias a lo que gastamos una vez a bordo. Por eso veremos enormes carteles anunciando tratamientos de spa, restaurantes de especialidades o paquetes de bebidas, mientras que nadie necesita colocar un luminoso gigantesco para avisarnos de que podemos desayunar tranquilamente sin pagar un euro adicional.
Y aquí empiezan las sorpresas.
Antes de continuar conviene hacer una aclaración importante: no todas las compañías de cruceros incluyen exactamente lo mismo. Lo que es gratuito en MSC puede no serlo en Royal Caribbean, Costa, Norwegian, Carnival o Celebrity, e incluso dentro de una misma compañía puede haber diferencias entre barcos, tarifas e itinerarios. Por eso siempre merece la pena comprobar las condiciones concretas de nuestra reserva. Dicho esto, hay una enorme cantidad de servicios que habitualmente están incluidos y que muchos pasajeros desconocen o simplemente no aprovechan.
Puedes comer durante todo el día
Probablemente sea lo más conocido de un crucero pero también una de las cosas que peor aprovechamos. Cuando contratamos el viaje, gran parte de la comida ya está incluida en el precio, y esto va bastante más allá de desayunar, comer y cenar.
Los grandes barcos suelen disponer de un buffet que abre durante buena parte del día y de uno o varios restaurantes principales incluidos en la tarifa. Dependiendo del barco pueden existir además pizzerías, puestos de comida rápida, cafeterías o pequeños establecimientos donde determinados platos tampoco tienen suplemento. Esto significa que no tenemos ninguna obligación de pisar un restaurante de especialidades durante todo el viaje.

Los restaurantes de pago son uno de los grandes reclamos comerciales de los cruceros modernos. Los hay italianos, japoneses, mexicanos, asadores, restaurantes de marisco, experiencias gastronómicas dirigidas por chefs famosos y prácticamente cualquier modalidad imaginable. Pero pagar por ellos es completamente voluntario. Y aquí aparece una de las primeras cosas que sorprenden a los cruceristas primerizos: la cena del restaurante principal normalmente también está incluida.
No estamos hablando necesariamente de un buffet donde tenemos que levantarnos con la bandeja. En muchos barcos podemos sentarnos en una mesa, recibir una carta, pedir entrante, plato principal y postre y ser atendidos por camareros como en cualquier restaurante tradicional sin pagar por cada plato.
Incluso hay compañías en las que es posible pedir más de un entrante o probar diferentes platos sin suplemento, aunque las políticas cambian y algunas navieras han comenzado a cobrar determinados extras o segundos platos concretos. Conviene preguntar antes de pedir pero la idea de que para cenar bien en un crucero hay que reservar cada noche un restaurante de pago es completamente falsa.
El desayuno en el restaurante principal
Esta es una de esas pequeñas cosas que muchos pasajeros descubren cuando ya llevan varios días navegando. El desayuno suele asociarse automáticamente con el buffet. Nos levantamos, subimos junto con medio barco, buscamos una mesa libre y empezamos la peregrinación entre bandejas de huevos, tostadas, fruta y bollería. Pero en muchos cruceros el restaurante principal también abre para desayunar y está incluido en el precio.

Personalmente me parece una opción mucho más agradable cuando no tenemos prisa por desembarcar. Nos sentamos, pedimos lo que queremos y nos lo sirven en la mesa, evitando buena parte del caos que puede formarse en el buffet durante las horas punta.No siempre funciona todos los días ni en todos los barcos, y los horarios suelen ser bastante más reducidos que los del buffet, por lo que merece la pena consultar el programa diario.
Lo curioso es que muchos pasajeros pasan todo el viaje sin probarlo.
Hay bebidas que no necesitan ningún paquete
Aquí encontramos probablemente una de las mayores fuentes de confusión de cualquier crucero. Nada más reservar empiezan a aparecer ofertas de paquetes de bebidas y es muy fácil terminar convencidos de que, si no compramos uno, vamos a pasar una semana bebiendo agua del grifo del camarote. No es así.
Aunque depende de la naviera, normalmente existen determinadas bebidas básicas incluidas, especialmente en las zonas de buffet. Agua, café americano, té y algunas bebidas de dispensador pueden estar disponibles sin suplemento. En determinadas compañías también encontramos limonada, leche, infusiones o zumos de dispensador durante determinadas horas.
Lo que normalmente no está incluido son los refrescos de lata o botella, el agua mineral embotellada, los cafés especiales, los zumos recién exprimidos y, por supuesto, la mayoría de las bebidas alcohólicas, salvo promociones o tarifas que las incorporen.
Esto cambia muchísimo de una compañía a otra, así que hay que comprobarlo antes de embarcar, pero hay algo que conviene calcular: un paquete de bebidas no es automáticamente una buena compra. Si apenas bebemos alcohol y durante el día nos conformamos con agua, café o las bebidas gratuitas disponibles, quizá resulte muchísimo más barato pagar individualmente ese par de cervezas o cócteles que nos apetezcan. Antes de comprar un paquete hay que hacer números y, sobre todo, leer qué incluye exactamente.
El agua del barco es potable
Esta suele provocar cierta desconfianza pero el agua utilizada a bordo está sometida a sistemas de tratamiento y controles sanitarios. Los barcos pueden producir buena parte de su propia agua potable mediante procesos como evaporación u ósmosis inversa y también abastecerse de agua potable en puerto, dependiendo de la operación del buque. Eso no significa que todo el mundo vaya a disfrutar de su sabor. Algunas personas prefieren comprar agua embotellada pero eso es una cuestión diferente.
En numerosos barcos encontraremos agua incluida en los restaurantes o dispensadores habilitados para los pasajeros, por lo que no necesariamente necesitamos comprar continuamente botellas.

Un detalle importante: no debemos rellenar nuestra botella personal poniendo la boca de la botella directamente contra el dispensador si las normas sanitarias del barco lo prohíben. En muchos casos se pide llenar primero un vaso y después pasar el agua a nuestra botella reutilizable. Parece una tontería pero una botella reutilizable puede ahorrarnos bastante dinero durante una semana de crucero.
Los espectáculos del teatro
Cada noche pueden celebrarse espectáculos diferentes: musicales, actuaciones de cantantes, números de baile, magia, humor, acrobacias, homenajes musicales y producciones creadas específicamente para determinados barcos. En tierra pagaríamos una entrada para muchos de estos espectáculos. A bordo, la mayoría de las producciones del teatro principal están incluidas en el precio del crucero.
Eso sí, que sean gratuitas no significa necesariamente que podamos aparecer dos minutos antes y encontrar sitio. En los barcos más grandes algunas actuaciones requieren reserva previa, aunque la reserva no tenga coste. Este es uno de los primeros consejos que daría al embarcar: entrar en la aplicación de la naviera, mirar qué espectáculos necesitan reserva y asegurar las plazas cuanto antes.
Música en directo cada noche
No todo sucede dentro del gran teatro. Uno de los mayores atractivos de los cruceros es que por la noche el barco prácticamente se transforma. Podemos encontrar un pianista en un salón, una banda tocando rock en otro, música latina en una zona diferente, un dúo acústico, karaoke o un DJ junto a la piscina. Y normalmente podemos ir saltando de un sitio a otro sin pagar entrada.
Podemos sentarnos a escuchar música sin necesidad de pedir una copa cada vez. Evidentemente habrá camareros ofreciendo bebidas, pero estar en el local y disfrutar de la actuación no implica necesariamente consumir.
Piscinas y jacuzzis
Puede parecer evidente pero merece una explicación porque los barcos modernos han complicado bastante el asunto. Las piscinas principales y buena parte de los jacuzzis suelen estar incluidos en el precio del crucero. Podemos utilizarlos tantas veces como queramos dentro de sus horarios de funcionamiento sin comprar ningún pase.
Sin embargo, muchos barcos disponen también de zonas premium, spas, circuitos termales, piscinas exclusivas para determinadas categorías de camarote o áreas reservadas para adultos que pueden funcionar con reglas diferentes. Por eso no hay que confundir piscina con spa. Podemos encontrarnos con una piscina exterior completamente gratuita y, unos metros más allá, una piscina de hidroterapia perteneciente al spa para la que necesitamos pagar.

Lo mismo sucede con las tumbonas. Las situadas alrededor de las piscinas y en muchas cubiertas exteriores normalmente son de libre utilización, aunque existe un problema casi universal en los cruceros: los pasajeros que aparecen a primera hora de la mañana, colocan una toalla sobre una tumbona y desaparecen durante tres horas. Cada vez más compañías intentan controlar esta práctica.
El gimnasio
Otra sorpresa para mucha gente. Entrar en el gimnasio y utilizar las máquinas de musculación, bicicletas estáticas, cintas de correr, elípticas y pesas suele estar incluido en numerosos barcos. Lo que puede tener suplemento son determinadas clases dirigidas, entrenamientos personales, programas especiales o servicios relacionados con el spa. Pero si simplemente queremos entrenar por nuestra cuenta, normalmente podemos hacerlo sin pagar.
Además, hay pocos gimnasios con unas vistas comparables. Correr en una cinta viendo el Mediterráneo, el Caribe o los fiordos noruegos a través de enormes ventanales consigue que hasta hacer ejercicio durante las vacaciones resulte algo más soportable.
Las pistas deportivas
Baloncesto, fútbol, voleibol, minigolf, ping-pong… Todo depende del barco. Los cruceros actuales son prácticamente pequeñas ciudades flotantes y algunos disponen de instalaciones deportivas sorprendentes. Muchas pueden utilizarse gratuitamente, aunque determinadas experiencias más sofisticadas sí pueden tener suplemento o necesitar reserva. Por eso merece la pena hacer algo que muy poca gente hace antes de viajar: estudiarse el barco. No solamente el itinerario.
Cuando reservamos un crucero solemos investigar Roma, Atenas, Santorini, Dubrovnik o los puertos en los que vayamos a parar pero apenas miramos qué hay dentro del buque en el que vamos a pasar tantas horas. Y podemos estar perdiéndonos una enorme cantidad de cosas que ya hemos pagado.
Las fiestas temáticas
La noche blanca, en la que se invita a los pasajeros a vestirse completamente de blanco, es probablemente la más conocida pero dependiendo de la compañía podemos encontrarnos fiestas de los años 70, 80 o 90, fiestas latinas, noches tropicales, celebraciones en la piscina o eventos especiales relacionados con el destino. Participar normalmente es gratuito.
La información suele aparecer en el programa diario o en la aplicación del barco y conviene revisarla con antelación porque algunas fiestas se convierten en uno de los momentos más divertidos del viaje.

Los concursos y juegos
Trivials, concursos musicales, karaoke, juegos de preguntas, competiciones por equipos, búsquedas del tesoro y actividades organizadas por el equipo de animación aparecen constantemente en los programas diarios. La mayoría son gratuitas. Hay que distinguirlas, evidentemente, del bingo, el casino y otras actividades en las que sí interviene dinero.
Los trivials son especialmente populares en algunas compañías y pueden celebrarse varios al día, desde preguntas de cultura general hasta concursos dedicados exclusivamente al cine, música o determinados países. Y sí, a veces hay premio. No esperemos volver a casa con un crucero gratuito bajo el brazo. Lo habitual es recibir algún pequeño recuerdo, merchandising de la compañía o simplemente el importantísimo derecho a presumir de haber ganado.
Amaneceres y atardeceres inolvidables
Esta es completamente gratis y, curiosamente, una de las cosas que más fácilmente olvidamos. Estamos en medio del mar. No hace falta reservar un restaurante panorámico, pagar una excursión ni buscar un rooftop. Basta con averiguar por qué lado del barco va a ponerse el sol, subir a una cubierta exterior y esperar.
Algunos de los mejores momentos de un crucero no ocurren durante las excursiones ni dentro de los restaurantes de especialidades. Suceden precisamente cuando parece que no está ocurriendo nada: salir a cubierta temprano, encontrarse el barco prácticamente vacío y ver cómo empieza a aparecer la costa de una ciudad nueva en el horizonte. Y eso sí que no lleva suplemento.
Las vistas durante las entradas y salidas de puerto
Hay puertos en los que merece muchísimo la pena madrugar. Venecia ya no permite el mismo tránsito de grandes cruceros por el corazón de la ciudad que hace años pero existen muchas otras aproximaciones espectaculares: Estambul, Estocolmo y su archipiélago, Kotor y la bahía montenegrina, Malta, los fiordos noruegos o determinados puertos de las islas griegas pueden ofrecernos un espectáculo magnífico simplemente desde cubierta.
Muchas veces estamos pagando una cantidad considerable por un camarote con balcón y, paradójicamente, permanecemos durmiendo mientras el barco realiza una de las partes más bonitas de todo el recorrido. Yo siempre miraría la hora prevista de llegada al puerto del día siguiente y preguntaría aproximadamente cuándo empieza la aproximación interesante. Porque viajar en crucero no consiste solamente en bajar del barco. A veces el propio trayecto es uno de los lugares que hemos venido a ver.
Desayunar en el camarote
Esta es una de esas cosas que yo comprobaría nada más subir al barco porque puede cambiar bastante la forma de empezar el día. Estamos acostumbrados a pensar que pedir comida al camarote es uno de esos pequeños lujos que inevitablemente terminan apareciendo en la cuenta pero no siempre es así. Algunas navieras mantienen determinadas opciones de desayuno continental sin suplemento, aunque esto no significa que todo el servicio de habitaciones sea gratuito.

Royal Caribbean, por ejemplo, incluye actualmente los productos del desayuno continental de su carta de room service, mientras que si queremos huevos, tortillas u otros platos más completos ya entramos en opciones con cargo. Carnival también contempla desayuno continental gratuito dentro de su política de servicio de habitaciones. En otras compañías puede existir una tarifa de servicio aunque determinados alimentos aparezcan como incluidos, así que aquí la clave está en leer la carta y no dar por hecho ni que todo es gratis ni que todo es de pago.
Merece la pena comprobarlo, sobre todo si tenemos camarote con balcón. Hay pocas maneras mejores de empezar una jornada de crucero que desayunando tranquilamente mientras vemos aparecer la costa en el horizonte y, sin embargo, mucha gente ni siquiera se plantea esta posibilidad porque presupone que pedir cualquier cosa al camarote cuesta dinero.
Pizza, helados y pequeños snacks
Otro error bastante habitual es pensar que lo incluido se limita al buffet y al restaurante principal. Dependiendo del barco podemos encontrar bastantes más opciones, algunas abiertas hasta muy tarde. Hay navieras que incluyen pizzerías, establecimientos de comida rápida, pequeños cafés con determinados productos gratuitos e incluso helado de máquina.
Royal Caribbean, por ejemplo, incluye en muchos de sus barcos la pizza de Sorrento’s y establecimientos como Café Promenade, mientras que Carnival ofrece pizza durante buena parte del día y helado de máquina y yogur helado incluidos en la tarifa. Esto no quiere decir que cualquier heladería o cafetería que veamos a bordo sea gratuita, porque precisamente ahí está la trampa: en el mismo barco puede existir un dispensador de helado incluido y, unas cubiertas más abajo, una heladería de marca donde todo se paga.
Por eso merece la pena localizar las opciones gratuitas el primer día. Es bastante absurdo pagar por una porción de pizza o por un pequeño tentempié simplemente porque desconocíamos que había otra alternativa incluida dos cubiertas más arriba.
El cine también puede estar incluido
Otra actividad que pasa bastante desapercibida son las películas. Algunos barcos cuentan con grandes pantallas exteriores junto a la piscina y otros organizan sesiones en diferentes espacios interiores. Evidentemente, esto depende completamente del barco, pero cuando las proyecciones forman parte del programa habitual de entretenimiento, suelen estar incluidas. Una película al aire libre, tumbados en una hamaca y rodeados por el mar, no es precisamente algo que podamos hacer cualquier martes cuando estamos en casa.
Conviene consultar el programa diario porque muchas actividades gratuitas no tienen una ubicación permanente. Un día puede haber cine, otro karaoke, otro un concurso y otro una fiesta temática, y si solamente nos dedicamos a recorrer físicamente el barco esperando encontrar cosas, podemos perdernos buena parte de ellas.
Los niños pueden tener su propio club
Quienes viajen en familia deberían comprobar esto antes de gastar dinero en actividades adicionales. Muchas grandes navieras cuentan con programas infantiles y juveniles incluidos durante determinadas franjas horarias, con espacios separados según edades y actividades supervisadas.
No estamos hablando simplemente de una habitación con juguetes. Dependiendo del barco pueden organizar juegos, actividades deportivas, fiestas, manualidades, concursos, sesiones de cine y programas específicos para adolescentes. Royal Caribbean incluye buena parte de su programa Adventure Ocean y Norwegian también incluye programación infantil y juvenil dentro de la tarifa, aunque existen excepciones, edades concretas, horarios y servicios adicionales que pueden tener coste.
Esto significa que los padres pueden disponer de algunas horas para ir tranquilamente a la piscina, entrenar, leer o simplemente hacer absolutamente nada, que también es una actividad perfectamente válida durante las vacaciones.

Atracciones
Esta es probablemente una de las cosas que más sorprende cuando vemos determinados barcos actuales. Simuladores de surf, paredes de escalada, minigolf, pistas de patinaje sobre hielo, carruseles, parques acuáticos, pistas deportivas e incluso algunas tirolinas pueden estar incluidas en el precio dependiendo del buque.
No significa que todas las grandes atracciones de todos los cruceros sean gratuitas. Algunas experiencias especiales sí llevan suplemento y las políticas pueden cambiar pero no debemos mirar una atracción espectacular y asumir automáticamente que cuesta dinero. Y volvemos al mismo consejo: hay que investigar el barco antes de viajar. Podemos haber pagado ya por actividades que en tierra nos costarían bastante dinero y regresar a casa sin haberlas probado simplemente porque pensábamos que llevaban suplemento.
WiFi (a veces)
Parece que todos hemos desarrollado una especie de pánico moderno a quedarnos sin internet. Nada más embarcar aparece la tentación de comprar un paquete WiFi y, dependiendo de la duración del crucero y de cuántas personas viajemos, la cantidad puede terminar siendo considerable (la media suele oscilar entre 15 y 20 euros diarios).
Sin embargo, no siempre necesitamos contratar internet para utilizar las funciones básicas de la aplicación oficial del barco. Las navieras han desarrollado aplicaciones que permiten consultar horarios, mapas, restaurantes, reservas y el programa diario conectándonos a la red interna del buque, aunque no tengamos contratado acceso abierto a internet. Incluso existen compañías que permiten determinadas funciones de comunicación entre pasajeros a través de su aplicación, aunque esto cambia según la naviera y el barco.
Esto puede resultar especialmente práctico si viajamos varias personas. Antes de comprar varios paquetes de internet conviene averiguar qué podemos hacer gratuitamente desde la aplicación. Y hay otro truco: cuando llegamos a puerto podemos volver a disponer de nuestra conexión móvil si estamos en un país incluido en nuestra tarifa de roaming. En un crucero europeo esto puede hacer que mucha gente ni siquiera necesite internet durante las horas de navegación.
Eso sí, muchísimo cuidado con dejar el teléfono conectado a redes marítimas o satelitales pensando que seguimos utilizando el roaming normal. Aquí sí podemos llevarnos una sorpresa bastante menos agradable al regresar a casa.
Llamar de un camarote a otro
Si viajamos en grupo o en familia y tenemos varios camarotes, merece la pena comprobar el teléfono de la habitación. En determinadas compañías las llamadas internas entre camarotes están incluidas. Parece algo completamente anticuado hasta que estamos en mitad del mar sin internet y queremos localizar a nuestros compañeros de viaje.
En Norwegian, por ejemplo, las llamadas internas de camarote a camarote aparecen entre los servicios incluidos, mientras que las llamadas desde el barco hacia tierra son de pago. Así que ese teléfono que parece un simple elemento decorativo sobre la mesilla puede terminar siendo bastante útil.
Bibliotecas y otros espacios tranquilos
Los barcos más grandes están diseñados para llamar nuestra atención constantemente: luces, piscinas, restaurantes, música, tiendas, casino, pantallas gigantes… Pero también suelen esconder espacios mucho más tranquilos. Dependiendo del buque podemos encontrar biblioteca, salas de lectura, zonas con juegos de mesa y pequeños salones desde los que contemplar el mar. Utilizarlos normalmente no supone ningún coste adicional.
Personalmente, una de las cosas que haría el primer día sería recorrer el barco entero, especialmente las cubiertas superiores y los extremos de las zonas públicas. Hay barcos con pequeños espacios exteriores que prácticamente nadie utiliza porque la mayoría de los pasajeros se concentra alrededor de la piscina. Y encontrar uno de esos rincones durante un día de navegación puede ser casi como conseguir un balcón privado sin haber pagado por él.

Subastas de arte
Algunas compañías organizan subastas de arte como parte de la programación a bordo y asistir no cuesta dinero. Norwegian, por ejemplo, incluye las subastas de arte entre sus actividades sin cargo, aunque naturalmente cualquier obra que decidamos comprar se paga aparte. No hace falta tener intención alguna de comprar.
Para algunas personas simplemente resulta entretenido asistir y ver cómo funciona una subasta, especialmente si nunca han estado en una. Eso sí, conviene tener clarísimo dónde termina la actividad gratuita y dónde empieza nuestra tarjeta de crédito. Algo parecido ocurre con muchas presentaciones comerciales que se organizan a bordo. Asistir puede ser gratuito; comprar lo que intentan vendernos ya es otra historia.
Charlas y presentaciones
Dependiendo especialmente del tipo de crucero y del itinerario, podemos encontrar conferencias, presentaciones sobre los destinos, charlas de navegación, encuentros relacionados con la historia de los lugares que vamos a visitar o actividades educativas. En los cruceros por Alaska, fiordos, regiones polares o itinerarios culturales este tipo de programación puede tener bastante más importancia que en un crucero puramente vacacional por el Mediterráneo.
No todas las charlas son necesariamente gratuitas y algunas pueden estar vinculadas a servicios comerciales pero muchas forman parte del programa general. Yo las miraría especialmente antes de una escala. Una buena presentación sobre el lugar al que vamos a llegar puede ayudarnos a comprender mucho mejor lo que veremos al día siguiente.
Juegos de mesa
Otro pequeño detalle que puede salvar una tarde de mal tiempo. En determinados barcos encontramos cartas, ajedrez, damas y otros juegos disponibles en bibliotecas o salas específicas. No es precisamente la atracción que aparece en la portada del catálogo del crucero pero cuando llevamos varios días viajando, el tiempo no acompaña y queremos alejarnos durante un rato del ruido de la piscina, puede convertirse en un plan estupendo. Y no cuesta nada.
Discotecas y bares
Entrar en un bar del barco no significa necesariamente tener que consumir. Podemos escuchar música, bailar o disfrutar del ambiente aunque no queramos comprar una bebida. Lo mismo ocurre generalmente con las discotecas y clubes nocturnos incluidos en las zonas de entretenimiento. No estamos pagando una entrada como haríamos en determinados locales en tierra. Naturalmente, las bebidas sí pueden tener coste si nuestra tarifa o paquete no las incluye.

Hielo para el camarote
Parece una tontería hasta que lo necesitamos. El servicio de camarote puede proporcionarnos determinadas cosas básicas sin coste y el hielo suele ser una de las peticiones habituales, aunque nuevamente conviene comprobar las condiciones concretas de la compañía. Si queremos tener agua fresca, hemos llevado una botella reutilizable o simplemente necesitamos hielo por cualquier motivo, podemos preguntar al encargado del camarote en lugar de empezar a buscar dónde comprarlo.
Además, el personal de camarote es probablemente una de las mejores fuentes de información durante el viaje. Si tenemos dudas sobre qué podemos conseguir, qué está incluido o dónde encontrar determinada cosa, preguntar suele ser mucho más eficaz que asumir que tendremos que pagar.
Dispensadores de agua caliente
En numerosos buffets existen dispensadores de agua caliente, café normal y diferentes infusiones incluidas. Esto significa que quienes acostumbren a tomar té pueden hacerlo sin necesidad de acudir constantemente a una cafetería de especialidad.
La diferencia entre «café incluido» y «cafetería incluida» es importante. El café convencional puede formar parte de la tarifa mientras que un espresso, cappuccino, latte o café de una determinada marca tiene suplemento. Lo mismo ocurre con determinadas bebidas y zumos. Hay pasajeros que terminan comprando un paquete de bebidas simplemente porque quieren tomar café varias veces al día cuando quizá el café básico ya estaba incluido.
El helado puede ser gratis
Podemos tener un dispensador de helado incluido en una cubierta y una atractiva heladería de pago en otra. Los dos venden, en esencia, algo parecido, pero uno está incluido y el otro no.
Carnival incluye actualmente helado soft y yogur helado dentro de su oferta habitual y Royal Caribbean dispone de helado soft gratuito en determinados barcos. Esto no convierte en gratuitos todos los establecimientos de helados del buque. Es exactamente la misma lógica que encontramos con el café, la pizza, las hamburguesas o determinados snacks: antes de pagar, hay que preguntarse si existe una alternativa incluida.
¿Sabías que puedes…?
Surfear en mitad del océano sin pagar por hacerlo
Una de las actividades más conocidas de Royal Caribbean es FlowRider, un simulador que genera una corriente continua de agua sobre una superficie inclinada para que podamos intentar surfear o utilizar una tabla tumbados. La utilización normal de FlowRider está incluida en determinados barcos, aunque las clases privadas sí pueden tener coste.Y precisamente esta diferencia es importante porque se repite constantemente en los cruceros: la actividad puede ser gratuita mientras que aprender a realizarla con un instructor de manera privada no lo es.
No hace falta saber surfear y, de hecho, buena parte del entretenimiento consiste en observar cómo los demás intentan mantenerse sobre la tabla durante más de unos segundos. Si conseguimos dominarlo, estupendo. Si terminamos saliendo despedidos hacia atrás, al menos no habremos pagado por la caída.
Tirarnos por una tirolina sobre el propio barco
En determinados barcos de la clase Oasis de Royal Caribbean podemos atravesar una parte del barco suspendidos varios pisos por encima del Boardwalk. La compañía incluye actualmente la tirolina entre las experiencias gratuitas de esta clase de barcos. No estamos volando sobre el océano, como algunas fotografías pueden hacernos imaginar, sino sobre una de las grandes zonas interiores abiertas del barco pero la sensación de estar a semejante altura dentro de un buque sigue siendo bastante peculiar. Y podemos hacerlo sin comprar una entrada adicional.
Naturalmente existen restricciones de peso, altura o seguridad para determinadas atracciones y no todo el mundo puede utilizarlas, algo que conviene consultar antes de hacernos ilusiones.

Escalar una pared con el mar a nuestra espalda
Las paredes de escalada son otra de esas actividades que parecen propias de un parque de aventuras y que, sin embargo, pueden formar parte de la tarifa. Royal Caribbean incluye el rocódromo entre las actividades gratuitas de numerosos barcos y en algunos casos las paredes alcanzan una altura considerable sobre la cubierta.
Aunque no tengamos ninguna intención de convertirnos en escaladores, la actividad tiene un aliciente añadido: las vistas. Llegar arriba con el barco navegando y el mar extendiéndose detrás de nosotros probablemente sea bastante más memorable que subir por una pared en un gimnasio de nuestra ciudad.
Patinar sobre hielo mientras navegamos
Probablemente sea una de las combinaciones más extrañas que podemos imaginar: estar navegando por el Caribe y unas horas después ponernos unos patines y meternos en una pista de hielo. Pero existe. Algunos barcos de Royal Caribbean cuentan con pista de hielo y tanto determinadas sesiones de patinaje como los espectáculos realizados sobre ella forman parte de las experiencias incluidas.
Aquí también conviene mirar horarios porque una misma instalación puede utilizarse para diferentes funciones durante el viaje y no permanecer abierta permanentemente para los pasajeros.
Es precisamente este tipo de actividad la que demuestra por qué merece la pena estudiar el barco antes de reservar. Dos cruceros pueden realizar un itinerario prácticamente idéntico y ofrecer una experiencia completamente diferente durante los días de navegación.
Montarnos en coches de choque
Sí, también existen coches de choque en alta mar. Algunos barcos de Royal Caribbean cuentan con espacios multifuncionales donde se organizan sesiones de bumper cars y la compañía los incluye entre determinadas actividades sin suplemento.
Es difícil imaginar algo más alejado de la imagen tradicional del crucero de hace unas décadas, cuando el entretenimiento consistía básicamente en tomar el sol, cenar y asistir al espectáculo nocturno. Los barcos modernos compiten precisamente por ofrecer experiencias cada vez más llamativas y eso beneficia al pasajero cuando esas actividades forman parte de la tarifa.
Tirarnos por enormes toboganes de agua
Los parques acuáticos son cada vez más habituales en los grandes barcos y muchos de sus toboganes están incluidos. Carnival, por ejemplo, especifica entre lo incluido en la tarifa el acceso a piscinas, jacuzzis y toboganes acuáticos, además del gimnasio y buena parte de su entretenimiento. Royal Caribbean también incluye numerosos toboganes y zonas acuáticas en determinados barcos, aunque existen experiencias concretas que pueden tener suplemento.
Y aquí volvemos a encontrarnos con una diferencia enorme entre barcos. Hay buques relativamente tranquilos con una piscina convencional y otros que parecen un parque acuático flotante. Si viajamos con niños —o somos adultos que seguimos disfrutando de un buen tobogán— yo miraría esto incluso antes de decidir qué barco reservar.
Ver espectáculos acuáticos
Los AquaTheater de determinados barcos de Royal Caribbean son probablemente uno de los ejemplos más espectaculares. Se trata de producciones realizadas en un espacio especialmente diseñado para espectáculos acuáticos y acrobáticos y, en los barcos donde se ofrecen como parte de la programación incluida, no necesitamos comprar una entrada adicional.
Evita hacer esto
Comprar comida durante una escala sin necesidad
Esta es una cuestión bastante personal porque probar la gastronomía local forma parte del viaje y yo soy la primera que prefiero comer algo típico cuando llego a determinados destinos. Pero hay escalas donde la gastronomía no es nuestra prioridad o donde simplemente queremos ahorrar.
Podemos desayunar bien antes de desembarcar y regresar al barco para comer si los horarios de la escala lo permiten. La comida incluida sigue esperándonos a bordo. Eso puede suponer un ahorro considerable en itinerarios por destinos caros. Si hacemos un crucero por Noruega, Islandia o determinadas ciudades del norte de Europa, comer todos los días fuera puede terminar representando una cantidad importante.
Lo que no debemos hacer es sacar comida del barco sin comprobar las normas del país de destino. Muchos lugares tienen restricciones sobre la entrada de frutas, carnes, productos frescos y otros alimentos, por lo que la idea de prepararnos un picnic con el buffet puede acabar siendo bastante menos ingeniosa de lo que parecía.
Pagar excursión organizada en todos los puertos
Las excursiones son uno de los grandes negocios de los cruceros y también uno de los apartados donde podemos ahorrar más.Hay lugares en los que contratar una excursión tiene muchísimo sentido, especialmente cuando el atractivo principal está lejos del puerto, el transporte público es complicado o los horarios son ajustados. Pero hay otros donde el barco nos deja prácticamente dentro de la ciudad.
En esos casos podemos bajar caminando y organizar nuestra propia visita. Antes de reservar nada buscaría tres cosas: dónde atraca exactamente el barco, qué distancia existe hasta aquello que queremos visitar y cuál es la hora límite para regresar. Hay puertos europeos que se prestan especialmente bien a recorrer por libre, mientras que otros necesitan bastante más planificación.
La ventaja de las excursiones oficiales del crucero es la tranquilidad logística que ofrecen cuando los desplazamientos son largos. Si una excursión organizada por la propia naviera se retrasa, la compañía gestiona la situación; si somos nosotros quienes regresamos tarde de una excursión independiente, el problema puede ser nuestro. Por eso ahorrar sí, pero con cabeza.

Pagar el autobús lanzadera sin mirar primero dónde estamos
Esta me parece especialmente importante. En algunos puertos las navieras ofrecen autobuses que trasladan a los pasajeros hasta el centro de la ciudad y pueden tener coste. Lo que no siempre queda tan claro es si realmente necesitamos utilizarlos.
Antes de comprar el billete miraría la distancia en el mapa. Puede ocurrir que el centro esté a veinte o treinta minutos andando y prefiramos dar un paseo. También puede existir transporte público mucho más barato. O puede suceder exactamente lo contrario y que el shuttle sea la opción más cómoda del mundo. La cuestión es no comprarlo automáticamente nada más bajar.
Comprar todas las fotografías que nos hacen a bordo
El fotógrafo aparece cuando embarcamos, durante las cenas, en las noches especiales y probablemente en el momento en que menos preparados estamos para que nadie nos haga una fotografía. Después encontraremos las imágenes expuestas o disponibles digitalmente y llegará la tentación. Comprar una fotografía que nos encanta puede ser un recuerdo estupendo. Comprar veinte porque «ya que estamos…» puede salir bastante caro.
Hoy viajamos con teléfonos que hacen fotografías excelentes. Podemos buscar una cubierta bonita al atardecer, vestirnos para la cena y hacernos nuestras propias fotografías. Y serán gratis.
Comprar recuerdos dentro del barco
Las tiendas duty free pueden tener ofertas interesantes en determinados productos pero la palabra «duty free» no significa automáticamente «barato». Hay que comparar. Perfumes, cosmética, relojes, joyería, alcohol y productos de marca ocupan buena parte de las tiendas de los grandes barcos y durante el viaje veremos promociones constantes.
«Solo hoy». «Últimas unidades». «Oferta especial de navegación». El barco sabe crear sensación de urgencia extraordinariamente bien. Si realmente queremos comprar algo, comprobaría antes cuánto cuesta en tierra.
Creernos las demostraciones gratuitas
Una actividad puede ser gratuita y aun así tener una finalidad comercial. En los cruceros encontraremos presentaciones sobre tratamientos de belleza, productos de salud, joyería, arte, relojes, cosméticos y muchos otros servicios. Asistir puede no costar nada pero el objetivo final suele ser que terminemos comprando.
No significa que tengamos que evitarlas. Simplemente debemos saber a qué vamos.
Conclusión: yo dedicaría la primera hora a algo que puede parecer poco emocionante pero que probablemente nos ahorre bastante dinero durante el resto del viaje: investigar. Abriría la aplicación de la naviera y localizaría los restaurantes incluidos, miraría dónde están los dispensadores de agua y bebidas, comprobaría qué actividades necesitan reserva, guardaría los horarios de los espectáculos que realmente quiero ver y recorrería físicamente las cubiertas principales para saber dónde está cada cosa.
Después miraría el programa del primer día. Y solamente entonces empezaría a reservar cosas de pago. Porque si algo he aprendido preparando este artículo es que podemos subir a un barco pensando que hemos comprado simplemente camarote, comida y transporte y descubrir que nuestra tarifa también nos permite ver espectáculos, utilizar piscinas y gimnasio, comer a prácticamente cualquier hora, practicar deportes y, dependiendo del barco, tirarnos por un tobogán, escalar, surfear, patinar sobre hielo o atravesar una cubierta en tirolina
Lo gratis no es realmente gratis: ya lo hemos pagado. Y esta sería para mí la conclusión más importante de todo el artículo. He utilizado continuamente la palabra gratis porque es la forma en que todos buscamos esta información pero en realidad las piscinas, los espectáculos, el buffet, el restaurante principal o el gimnasio no son regalos de la compañía. Los hemos pagado con nuestro billete. Precisamente por eso me parece todavía más absurdo no utilizarlos.
La mejor manera de ahorrar en un crucero no consiste en pasar una semana diciendo que no a todo. Consiste en saber a qué podemos decir que sí sin sacar la tarjeta.
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