¿Vas de crucero? Estas cosas son gratis y muchos pasajeros no lo saben

buffet en un crucero

Cuan­do uno empieza a mirar pre­cios de cruceros ocurre algo bas­tante curioso. Ves una sem­ana nave­gan­do por el Mediter­rá­neo, el Caribe o los fior­dos norue­gos por una can­ti­dad que, en oca­siones, parece inclu­so demasi­a­do baja y ensegui­da aparece la sospecha «ya, pero seguro que luego den­tro hay que pagar por todo». Y algo de razón hay, porque las com­pañías de cruceros se han con­ver­tido en autén­ti­cas espe­cial­is­tas en ofre­cer­nos tenta­ciones una vez a bor­do. Restau­rantes exclu­sivos, paque­tes de bebidas, excur­siones, tratamien­tos de spa, fotografías, tien­das, expe­ri­en­cias extra­or­di­nar­ias, cock­tails, video­jue­gos, hela­dos de mar­ca o zonas reser­vadas pueden con­seguir que la fac­tura final engorde con­sid­er­able­mente. Sin embar­go, entre tan­ta activi­dad de pago se nos olvi­da algo impor­tante: en un crucero hay muchísi­mas cosas inclu­idas en el pre­cio y algu­nas son bas­tante menos evi­dentes de lo que pen­samos.

De hecho, es per­fec­ta­mente posi­ble subir a un bar­co, pasar una sem­ana estu­pen­da y gas­tar muy poco dinero adi­cional, más allá de los con­cep­tos oblig­a­to­rios o de aque­l­los que hayamos deci­di­do con­tratar vol­un­tari­a­mente. La clave está en saber dis­tin­guir lo que está inclu­i­do de aque­l­lo por lo que nos van a cobrar, porque las navieras no siem­pre hacen demasi­a­do esfuer­zo por recor­darnos todas las alter­na­ti­vas gra­tu­itas que ten­emos a nues­tra dis­posi­ción.

Después de todo, el nego­cio fun­ciona tam­bién gra­cias a lo que gas­ta­mos una vez a bor­do. Por eso ver­e­mos enormes carte­les anun­cian­do tratamien­tos de spa, restau­rantes de espe­cial­i­dades o paque­tes de bebidas, mien­tras que nadie nece­si­ta colo­car un lumi­noso gigan­tesco para avis­arnos de que podemos desayu­nar tran­quil­a­mente sin pagar un euro adi­cional.

Y aquí empiezan las sor­pre­sas.

Antes de con­tin­uar con­viene hac­er una aclaración impor­tante: no todas las com­pañías de cruceros incluyen exac­ta­mente lo mis­mo. Lo que es gra­tu­ito en MSC puede no ser­lo en Roy­al Caribbean, Cos­ta, Nor­we­gian, Car­ni­val o Celebri­ty, e inclu­so den­tro de una mis­ma com­pañía puede haber difer­en­cias entre bar­cos, tar­i­fas e itin­er­ar­ios. Por eso siem­pre merece la pena com­pro­bar las condi­ciones conc­re­tas de nues­tra reser­va. Dicho esto, hay una enorme can­ti­dad de ser­vi­cios que habit­ual­mente están inclu­i­dos y que muchos pasajeros descono­cen o sim­ple­mente no aprovechan.

Con­tenido de este artícu­lo

Puedes comer durante todo el día

Prob­a­ble­mente sea lo más cono­ci­do de un crucero pero tam­bién una de las cosas que peor aprovechamos. Cuan­do con­trata­mos el via­je, gran parte de la comi­da ya está inclu­i­da en el pre­cio, y esto va bas­tante más allá de desayu­nar, com­er y cenar.

Los grandes bar­cos sue­len dispon­er de un buf­fet que abre durante bue­na parte del día y de uno o var­ios restau­rantes prin­ci­pales inclu­i­dos en la tar­i­fa. Depen­di­en­do del bar­co pueden exi­s­tir además pizzerías, puestos de comi­da ráp­i­da, cafeterías o pequeños establec­imien­tos donde deter­mi­na­dos platos tam­poco tienen suple­men­to. Esto sig­nifi­ca que no ten­emos ningu­na obligación de pis­ar un restau­rante de espe­cial­i­dades durante todo el via­je.

chica sirviéndose comida en buffet de crucero

Los restau­rantes de pago son uno de los grandes reclam­os com­er­ciales de los cruceros mod­er­nos. Los hay ital­ianos, japone­ses, mex­i­canos, asadores, restau­rantes de marisco, expe­ri­en­cias gas­tronómi­cas dirigi­das por chefs famosos y prác­ti­ca­mente cualquier modal­i­dad imag­in­able. Pero pagar por ellos es com­ple­ta­mente vol­un­tario. Y aquí aparece una de las primeras cosas que sor­pren­den a los cruceris­tas primer­i­zos: la cena del restau­rante prin­ci­pal nor­mal­mente tam­bién está inclu­i­da.

No esta­mos hablan­do nece­sari­a­mente de un buf­fet donde ten­emos que lev­an­tarnos con la ban­de­ja. En muchos bar­cos podemos sen­tarnos en una mesa, recibir una car­ta, pedir entrante, pla­to prin­ci­pal y postre y ser aten­di­dos por camareros como en cualquier restau­rante tradi­cional sin pagar por cada pla­to.

Inclu­so hay com­pañías en las que es posi­ble pedir más de un entrante o pro­bar difer­entes platos sin suple­men­to, aunque las políti­cas cam­bian y algu­nas navieras han comen­za­do a cobrar deter­mi­na­dos extras o segun­dos platos con­cre­tos. Con­viene pre­gun­tar antes de pedir pero la idea de que para cenar bien en un crucero hay que reser­var cada noche un restau­rante de pago es com­ple­ta­mente fal­sa.

El desayuno en el restaurante principal

Esta es una de esas pequeñas cosas que muchos pasajeros des­cubren cuan­do ya lle­van var­ios días nave­gan­do. El desayuno suele aso­cia­rse automáti­ca­mente con el buf­fet. Nos lev­an­ta­mos, subi­mos jun­to con medio bar­co, bus­camos una mesa libre y empezamos la pere­gri­nación entre ban­de­jas de huevos, tostadas, fru­ta y bollería. Pero en muchos cruceros el restau­rante prin­ci­pal tam­bién abre para desayu­nar y está inclu­i­do en el pre­cio.

matrimonio desayunando en crucero

Per­sonal­mente me parece una opción mucho más agrad­able cuan­do no ten­emos prisa por desem­bar­car. Nos sen­ta­mos, ped­i­mos lo que quer­e­mos y nos lo sir­ven en la mesa, evi­tan­do bue­na parte del caos que puede for­marse en el buf­fet durante las horas punta.No siem­pre fun­ciona todos los días ni en todos los bar­cos, y los horar­ios sue­len ser bas­tante más reduci­dos que los del buf­fet, por lo que merece la pena con­sul­tar el pro­gra­ma diario.

Lo curioso es que muchos pasajeros pasan todo el via­je sin pro­bar­lo.

Hay bebidas que no necesitan ningún paquete

Aquí encon­tramos prob­a­ble­mente una de las may­ores fuentes de con­fusión de cualquier crucero. Nada más reser­var empiezan a apare­cer ofer­tas de paque­tes de bebidas y es muy fácil ter­mi­nar con­ven­ci­dos de que, si no com­pramos uno, vamos a pasar una sem­ana bebi­en­do agua del gri­fo del camarote. No es así.

Aunque depende de la naviera, nor­mal­mente exis­ten deter­mi­nadas bebidas bási­cas inclu­idas, espe­cial­mente en las zonas de buf­fet. Agua, café amer­i­cano, té y algu­nas bebidas de dis­pen­sador pueden estar disponibles sin suple­men­to. En deter­mi­nadas com­pañías tam­bién encon­tramos limon­a­da, leche, infu­siones o zumos de dis­pen­sador durante deter­mi­nadas horas.

Lo que nor­mal­mente no está inclu­i­do son los refres­cos de lata o botel­la, el agua min­er­al embotel­la­da, los cafés espe­ciales, los zumos recién exprim­i­dos y, por supuesto, la may­oría de las bebidas alco­hóli­cas, sal­vo pro­mo­ciones o tar­i­fas que las incor­poren.

Esto cam­bia muchísi­mo de una com­pañía a otra, así que hay que com­pro­bar­lo antes de embar­car, pero hay algo que con­viene cal­cu­lar: un paque­te de bebidas no es automáti­ca­mente una bue­na com­pra. Si ape­nas bebe­mos alco­hol y durante el día nos con­for­mamos con agua, café o las bebidas gra­tu­itas disponibles, quizá resulte muchísi­mo más bara­to pagar indi­vid­ual­mente ese par de cervezas o cócte­les que nos apetez­can. Antes de com­prar un paque­te hay que hac­er números y, sobre todo, leer qué incluye exac­ta­mente.

El agua del barco es potable

Esta suele provo­car cier­ta descon­fi­an­za pero el agua uti­liza­da a bor­do está someti­da a sis­temas de tratamien­to y con­troles san­i­tar­ios. Los bar­cos pueden pro­ducir bue­na parte de su propia agua potable medi­ante pro­ce­sos como evap­o­ración u ósmo­sis inver­sa y tam­bién abaste­cerse de agua potable en puer­to, depen­di­en­do de la operación del buque. Eso no sig­nifi­ca que todo el mun­do vaya a dis­fru­tar de su sabor. Algu­nas per­sonas pre­fieren com­prar agua embotel­la­da pero eso es una cuestión difer­ente.

En numerosos bar­cos encon­traremos agua inclu­i­da en los restau­rantes o dis­pen­sadores habil­i­ta­dos para los pasajeros, por lo que no nece­sari­a­mente nece­si­ta­mos com­prar con­tin­u­a­mente botel­las.

mujer sirviendo agua en crucero

Un detalle impor­tante: no debe­mos rel­lenar nues­tra botel­la per­son­al ponien­do la boca de la botel­la direc­ta­mente con­tra el dis­pen­sador si las nor­mas san­i­tarias del bar­co lo pro­híben. En muchos casos se pide llenar primero un vaso y después pasar el agua a nues­tra botel­la reuti­liz­able. Parece una ton­tería pero una botel­la reuti­liz­able puede ahor­rarnos bas­tante dinero durante una sem­ana de crucero.

Los espectáculos del teatro 

Cada noche pueden cel­e­brarse espec­tácu­los difer­entes: musi­cales, actua­ciones de can­tantes, números de baile, magia, humor, acroba­cias, hom­e­na­jes musi­cales y pro­duc­ciones creadas especí­fi­ca­mente para deter­mi­na­dos bar­cos. En tier­ra pagaríamos una entra­da para muchos de estos espec­tácu­los. A bor­do, la may­oría de las pro­duc­ciones del teatro prin­ci­pal están inclu­idas en el pre­cio del crucero.

Eso sí, que sean gra­tu­itas no sig­nifi­ca nece­sari­a­mente que podamos apare­cer dos min­u­tos antes y encon­trar sitio. En los bar­cos más grandes algu­nas actua­ciones requieren reser­va pre­via, aunque la reser­va no ten­ga coste. Este es uno de los primeros con­se­jos que daría al embar­car: entrar en la apli­cación de la naviera, mirar qué espec­tácu­los nece­si­tan reser­va y ase­gu­rar las plazas cuan­to antes.

Música en directo cada noche

No todo sucede den­tro del gran teatro. Uno de los may­ores atrac­tivos de los cruceros es que por la noche el bar­co prác­ti­ca­mente se trans­for­ma. Podemos encon­trar un pianista en un salón, una ban­da tocan­do rock en otro, músi­ca lati­na en una zona difer­ente, un dúo acús­ti­co, karaoke o un DJ jun­to a la pisci­na. Y nor­mal­mente podemos ir saltan­do de un sitio a otro sin pagar entra­da.

Podemos sen­tarnos a escuchar músi­ca sin necesi­dad de pedir una copa cada vez. Evi­den­te­mente habrá camareros ofre­cien­do bebidas, pero estar en el local y dis­fru­tar de la actuación no impli­ca nece­sari­a­mente con­sumir.

Piscinas y jacuzzis

Puede pare­cer evi­dente pero merece una expli­cación porque los bar­cos mod­er­nos han com­pli­ca­do bas­tante el asun­to. Las pisci­nas prin­ci­pales y bue­na parte de los jacuzzis sue­len estar inclu­i­dos en el pre­cio del crucero. Podemos uti­lizar­los tan­tas veces como quer­amos den­tro de sus horar­ios de fun­cionamien­to sin com­prar ningún pase.

Sin embar­go, muchos bar­cos dispo­nen tam­bién de zonas pre­mi­um, spas, cir­cuitos ter­males, pisci­nas exclu­si­vas para deter­mi­nadas cat­e­gorías de camarote o áreas reser­vadas para adul­tos que pueden fun­cionar con reglas difer­entes. Por eso no hay que con­fundir pisci­na con spa. Podemos encon­trarnos con una pisci­na exte­ri­or com­ple­ta­mente gra­tui­ta y, unos met­ros más allá, una pisci­na de hidroter­apia perteneciente al spa para la que nece­si­ta­mos pagar.

gente en piscina de crucero

Lo mis­mo sucede con las tum­bonas. Las situ­adas alrede­dor de las pisci­nas y en muchas cubier­tas exte­ri­ores nor­mal­mente son de libre uti­lización, aunque existe un prob­le­ma casi uni­ver­sal en los cruceros: los pasajeros que apare­cen a primera hora de la mañana, colo­can una toal­la sobre una tum­bona y desa­pare­cen durante tres horas. Cada vez más com­pañías inten­tan con­tro­lar esta prác­ti­ca.

El gimnasio

Otra sor­pre­sa para mucha gente. Entrar en el gim­na­sio y uti­lizar las máquinas de mus­cu­lación, bici­cle­tas estáti­cas, cin­tas de cor­rer, elíp­ti­cas y pesas suele estar inclu­i­do en numerosos bar­cos. Lo que puede ten­er suple­men­to son deter­mi­nadas clases dirigi­das, entre­namien­tos per­son­ales, pro­gra­mas espe­ciales o ser­vi­cios rela­ciona­dos con el spa. Pero si sim­ple­mente quer­e­mos entre­nar por nues­tra cuen­ta, nor­mal­mente podemos hac­er­lo sin pagar.

Además, hay pocos gim­na­sios con unas vis­tas com­pa­ra­bles. Cor­rer en una cin­ta vien­do el Mediter­rá­neo, el Caribe o los fior­dos norue­gos a través de enormes ven­tanales con­sigue que has­ta hac­er ejer­ci­cio durante las vaca­ciones resulte algo más soportable.

Las pistas deportivas

Balon­ces­to, fút­bol, volei­bol, minigolf, ping-pong… Todo depende del bar­co. Los cruceros actuales son prác­ti­ca­mente pequeñas ciu­dades flotantes y algunos dispo­nen de insta­la­ciones deporti­vas sor­pren­dentes. Muchas pueden uti­lizarse gra­tuita­mente, aunque deter­mi­nadas expe­ri­en­cias más sofisti­cadas sí pueden ten­er suple­men­to o nece­si­tar reser­va. Por eso merece la pena hac­er algo que muy poca gente hace antes de via­jar: estu­di­arse el bar­co. No sola­mente el itin­er­ario.

Cuan­do reser­va­mos un crucero sole­mos inves­ti­gar Roma, Ate­nas, San­tori­ni, Dubrovnik o los puer­tos en los que vayamos a parar pero ape­nas miramos qué hay den­tro del buque en el que vamos a pasar tan­tas horas. Y podemos estar perdién­donos una enorme can­ti­dad de cosas que ya hemos paga­do.

Las fiestas temáticas

La noche blan­ca, en la que se invi­ta a los pasajeros a vestirse com­ple­ta­mente de blan­co, es prob­a­ble­mente la más cono­ci­da pero depen­di­en­do de la com­pañía podemos encon­trarnos fies­tas de los años 70, 80 o 90, fies­tas lati­nas, noches trop­i­cales, cel­e­bra­ciones en la pisci­na o even­tos espe­ciales rela­ciona­dos con el des­ti­no. Par­tic­i­par nor­mal­mente es gra­tu­ito.

La infor­ma­ción suele apare­cer en el pro­gra­ma diario o en la apli­cación del bar­co y con­viene revis­ar­la con antelación porque algu­nas fies­tas se con­vierten en uno de los momen­tos más diver­tidos del via­je.

gente vestida de blanco bailando

Los concursos y juegos 

Triv­ials, con­cur­sos musi­cales, karaoke, jue­gos de pre­gun­tas, com­peti­ciones por equipos, búsquedas del tesoro y activi­dades orga­ni­zadas por el equipo de ani­mación apare­cen con­stan­te­mente en los pro­gra­mas diar­ios. La may­oría son gra­tu­itas. Hay que dis­tin­guir­las, evi­den­te­mente, del bin­go, el casi­no y otras activi­dades en las que sí inter­viene dinero.

Los triv­ials son espe­cial­mente pop­u­lares en algu­nas com­pañías y pueden cel­e­brarse var­ios al día, des­de pre­gun­tas de cul­tura gen­er­al has­ta con­cur­sos ded­i­ca­dos exclu­si­va­mente al cine, músi­ca o deter­mi­na­dos país­es. Y sí, a veces hay pre­mio. No esper­e­mos volver a casa con un crucero gra­tu­ito bajo el bra­zo. Lo habit­u­al es recibir algún pequeño recuer­do, mer­chan­dis­ing de la com­pañía o sim­ple­mente el impor­tan­tísi­mo dere­cho a pre­sumir de haber gana­do.

Amaneceres y atardeceres inolvidables

Esta es com­ple­ta­mente gratis y, curiosa­mente, una de las cosas que más fácil­mente olvi­damos. Esta­mos en medio del mar. No hace fal­ta reser­var un restau­rante panorámi­co, pagar una excur­sión ni bus­car un rooftop. Bas­ta con averiguar por qué lado del bar­co va a pon­erse el sol, subir a una cubier­ta exte­ri­or y esper­ar.

Algunos de los mejores momen­tos de un crucero no ocur­ren durante las excur­siones ni den­tro de los restau­rantes de espe­cial­i­dades. Suce­den pre­cisa­mente cuan­do parece que no está ocur­rien­do nada: salir a cubier­ta tem­pra­no, encon­trarse el bar­co prác­ti­ca­mente vacío y ver cómo empieza a apare­cer la cos­ta de una ciu­dad nue­va en el hor­i­zonte. Y eso sí que no lle­va suple­men­to.

Las vistas durante las entradas y salidas de puerto

Hay puer­tos en los que merece muchísi­mo la pena madru­gar. Vene­cia ya no per­mite el mis­mo trán­si­to de grandes cruceros por el corazón de la ciu­dad que hace años pero exis­ten muchas otras aprox­i­ma­ciones espec­tac­u­lares: Estam­bul, Esto­col­mo y su archip­iéla­go, Kotor y la bahía mon­tene­g­ri­na, Mal­ta, los fior­dos norue­gos o deter­mi­na­dos puer­tos de las islas grie­gas pueden ofre­cer­nos un espec­tácu­lo mag­ní­fi­co sim­ple­mente des­de cubier­ta.

Muchas veces esta­mos pagan­do una can­ti­dad con­sid­er­able por un camarote con bal­cón y, paradóji­ca­mente, per­manece­mos dur­mien­do mien­tras el bar­co real­iza una de las partes más boni­tas de todo el recor­ri­do. Yo siem­pre miraría la hora pre­vista de lle­ga­da al puer­to del día sigu­iente y pre­gun­taría aprox­i­mada­mente cuán­do empieza la aprox­i­mación intere­sante. Porque via­jar en crucero no con­siste sola­mente en bajar del bar­co. A veces el pro­pio trayec­to es uno de los lugares que hemos venido a ver.

Desayunar en el camarote 

Esta es una de esas cosas que yo com­pro­baría nada más subir al bar­co porque puede cam­biar bas­tante la for­ma de empezar el día. Esta­mos acos­tum­bra­dos a pen­sar que pedir comi­da al camarote es uno de esos pequeños lujos que inevitable­mente ter­mi­nan apare­cien­do en la cuen­ta pero no siem­pre es así. Algu­nas navieras mantienen deter­mi­nadas opciones de desayuno con­ti­nen­tal sin suple­men­to, aunque esto no sig­nifi­ca que todo el ser­vi­cio de habita­ciones sea gra­tu­ito.

desayuno dentro de camarote

Roy­al Caribbean, por ejem­p­lo, incluye actual­mente los pro­duc­tos del desayuno con­ti­nen­tal de su car­ta de room ser­vice, mien­tras que si quer­e­mos huevos, tor­tillas u otros platos más com­ple­tos ya entramos en opciones con car­go. Car­ni­val tam­bién con­tem­pla desayuno con­ti­nen­tal gra­tu­ito den­tro de su políti­ca de ser­vi­cio de habita­ciones. En otras com­pañías puede exi­s­tir una tar­i­fa de ser­vi­cio aunque deter­mi­na­dos ali­men­tos aparez­can como inclu­i­dos, así que aquí la clave está en leer la car­ta y no dar por hecho ni que todo es gratis ni que todo es de pago.

Merece la pena com­pro­bar­lo, sobre todo si ten­emos camarote con bal­cón. Hay pocas man­eras mejores de empezar una jor­na­da de crucero que desayu­nan­do tran­quil­a­mente mien­tras vemos apare­cer la cos­ta en el hor­i­zonte y, sin embar­go, mucha gente ni siquiera se plantea esta posi­bil­i­dad porque pre­supone que pedir cualquier cosa al camarote cues­ta dinero.

Pizza, helados y pequeños snacks

Otro error bas­tante habit­u­al es pen­sar que lo inclu­i­do se limi­ta al buf­fet y al restau­rante prin­ci­pal. Depen­di­en­do del bar­co podemos encon­trar bas­tantes más opciones, algu­nas abier­tas has­ta muy tarde. Hay navieras que incluyen pizzerías, establec­imien­tos de comi­da ráp­i­da, pequeños cafés con deter­mi­na­dos pro­duc­tos gra­tu­itos e inclu­so hela­do de máquina.

Roy­al Caribbean, por ejem­p­lo, incluye en muchos de sus bar­cos la piz­za de Sor­ren­to’s y establec­imien­tos como Café Prom­e­nade, mien­tras que Car­ni­val ofrece piz­za durante bue­na parte del día y hela­do de máquina y yogur hela­do inclu­i­dos en la tar­i­fa. Esto no quiere decir que cualquier heladería o cafetería que veamos a bor­do sea gra­tui­ta, porque pre­cisa­mente ahí está la tram­pa: en el mis­mo bar­co puede exi­s­tir un dis­pen­sador de hela­do inclu­i­do y, unas cubier­tas más aba­jo, una heladería de mar­ca donde todo se paga.

Por eso merece la pena localizar las opciones gra­tu­itas el primer día. Es bas­tante absur­do pagar por una por­ción de piz­za o por un pequeño ten­tem­pié sim­ple­mente porque desconocíamos que había otra alter­na­ti­va inclu­i­da dos cubier­tas más arri­ba.

El cine también puede estar incluido

Otra activi­dad que pasa bas­tante desapercibi­da son las pelícu­las. Algunos bar­cos cuen­tan con grandes pan­tallas exte­ri­ores jun­to a la pisci­na y otros orga­ni­zan sesiones en difer­entes espa­cios inte­ri­ores. Evi­den­te­mente, esto depende com­ple­ta­mente del bar­co, pero cuan­do las proyec­ciones for­man parte del pro­gra­ma habit­u­al de entreten­imien­to, sue­len estar inclu­idas. Una pelícu­la al aire libre, tum­ba­dos en una hamaca y rodea­d­os por el mar, no es pre­cisa­mente algo que podamos hac­er cualquier martes cuan­do esta­mos en casa.

Con­viene con­sul­tar el pro­gra­ma diario porque muchas activi­dades gra­tu­itas no tienen una ubi­cación per­ma­nente. Un día puede haber cine, otro karaoke, otro un con­cur­so y otro una fies­ta temáti­ca, y si sola­mente nos dedicamos a recor­rer físi­ca­mente el bar­co esperan­do encon­trar cosas, podemos perder­nos bue­na parte de ellas.

Los niños pueden tener su propio club 

Quienes via­jen en famil­ia deberían com­pro­bar esto antes de gas­tar dinero en activi­dades adi­cionales. Muchas grandes navieras cuen­tan con pro­gra­mas infan­tiles y juve­niles inclu­i­dos durante deter­mi­nadas fran­jas horarias, con espa­cios sep­a­ra­dos según edades y activi­dades super­visadas.

No esta­mos hablan­do sim­ple­mente de una habitación con juguetes. Depen­di­en­do del bar­co pueden orga­ni­zar jue­gos, activi­dades deporti­vas, fies­tas, man­u­al­i­dades, con­cur­sos, sesiones de cine y pro­gra­mas especí­fi­cos para ado­les­centes. Roy­al Caribbean incluye bue­na parte de su pro­gra­ma Adven­ture Ocean y Nor­we­gian tam­bién incluye pro­gra­mación infan­til y juve­nil den­tro de la tar­i­fa, aunque exis­ten excep­ciones, edades conc­re­tas, horar­ios y ser­vi­cios adi­cionales que pueden ten­er coste.

Esto sig­nifi­ca que los padres pueden dispon­er de algu­nas horas para ir tran­quil­a­mente a la pisci­na, entre­nar, leer o sim­ple­mente hac­er abso­lu­ta­mente nada, que tam­bién es una activi­dad per­fec­ta­mente vál­i­da durante las vaca­ciones.

Niños piscina bolas barco

Atracciones 

Esta es prob­a­ble­mente una de las cosas que más sor­prende cuan­do vemos deter­mi­na­dos bar­cos actuales. Sim­u­ladores de surf, pare­des de escal­a­da, minigolf, pis­tas de pati­na­je sobre hielo, car­ruse­les, par­ques acuáti­cos, pis­tas deporti­vas e inclu­so algu­nas tiroli­nas pueden estar inclu­idas en el pre­cio depen­di­en­do del buque.

No sig­nifi­ca que todas las grandes atrac­ciones de todos los cruceros sean gra­tu­itas. Algu­nas expe­ri­en­cias espe­ciales sí lle­van suple­men­to y las políti­cas pueden cam­biar pero no debe­mos mirar una atrac­ción espec­tac­u­lar y asumir automáti­ca­mente que cues­ta dinero. Y volve­mos al mis­mo con­se­jo: hay que inves­ti­gar el bar­co antes de via­jar. Podemos haber paga­do ya por activi­dades que en tier­ra nos costarían bas­tante dinero y regre­sar a casa sin haber­las proba­do sim­ple­mente porque pen­sábamos que llev­a­ban suple­men­to.

WiFi (a veces)

Parece que todos hemos desar­rol­la­do una especie de páni­co mod­er­no a quedarnos sin inter­net. Nada más embar­car aparece la tentación de com­prar un paque­te WiFi y, depen­di­en­do de la duración del crucero y de cuán­tas per­sonas via­je­mos, la can­ti­dad puede ter­mi­nar sien­do con­sid­er­able (la media suele oscilar entre 15 y 20 euros diar­ios).

Sin embar­go, no siem­pre nece­si­ta­mos con­tratar inter­net para uti­lizar las fun­ciones bási­cas de la apli­cación ofi­cial del bar­co. Las navieras han desar­rol­la­do apli­ca­ciones que per­miten con­sul­tar horar­ios, mapas, restau­rantes, reser­vas y el pro­gra­ma diario conec­tán­donos a la red inter­na del buque, aunque no teng­amos con­trata­do acce­so abier­to a inter­net. Inclu­so exis­ten com­pañías que per­miten deter­mi­nadas fun­ciones de comu­ni­cación entre pasajeros a través de su apli­cación, aunque esto cam­bia según la naviera y el bar­co.

Esto puede resul­tar espe­cial­mente prác­ti­co si via­jamos varias per­sonas. Antes de com­prar var­ios paque­tes de inter­net con­viene averiguar qué podemos hac­er gra­tuita­mente des­de la apli­cación. Y hay otro tru­co: cuan­do lleg­amos a puer­to podemos volver a dispon­er de nues­tra conex­ión móvil si esta­mos en un país inclu­i­do en nues­tra tar­i­fa de roam­ing. En un crucero europeo esto puede hac­er que mucha gente ni siquiera nece­site inter­net durante las horas de nave­gación.

Eso sí, muchísi­mo cuida­do con dejar el telé­fono conec­ta­do a redes marí­ti­mas o satelitales pen­san­do que seguimos uti­lizan­do el roam­ing nor­mal. Aquí sí podemos lle­varnos una sor­pre­sa bas­tante menos agrad­able al regre­sar a casa.

Llamar de un camarote a otro

Si via­jamos en grupo o en famil­ia y ten­emos var­ios camarotes, merece la pena com­pro­bar el telé­fono de la habitación. En deter­mi­nadas com­pañías las lla­madas inter­nas entre camarotes están inclu­idas. Parece algo com­ple­ta­mente antic­ua­do has­ta que esta­mos en mitad del mar sin inter­net y quer­e­mos localizar a nue­stros com­pañeros de via­je.

En Nor­we­gian, por ejem­p­lo, las lla­madas inter­nas de camarote a camarote apare­cen entre los ser­vi­cios inclu­i­dos, mien­tras que las lla­madas des­de el bar­co hacia tier­ra son de pago. Así que ese telé­fono que parece un sim­ple ele­men­to dec­o­ra­ti­vo sobre la mesil­la puede ter­mi­nar sien­do bas­tante útil.

Bibliotecas y otros espacios tranquilos

Los bar­cos más grandes están dis­eña­dos para lla­mar nues­tra aten­ción con­stan­te­mente: luces, pisci­nas, restau­rantes, músi­ca, tien­das, casi­no, pan­tallas gigantes… Pero tam­bién sue­len escon­der espa­cios mucho más tran­qui­los. Depen­di­en­do del buque podemos encon­trar bib­liote­ca, salas de lec­tura, zonas con jue­gos de mesa y pequeños salones des­de los que con­tem­plar el mar. Uti­lizar­los nor­mal­mente no supone ningún coste adi­cional.

Per­sonal­mente, una de las cosas que haría el primer día sería recor­rer el bar­co entero, espe­cial­mente las cubier­tas supe­ri­ores y los extremos de las zonas públi­cas. Hay bar­cos con pequeños espa­cios exte­ri­ores que prác­ti­ca­mente nadie uti­liza porque la may­oría de los pasajeros se con­cen­tra alrede­dor de la pisci­na. Y encon­trar uno de esos rin­cones durante un día de nave­gación puede ser casi como con­seguir un bal­cón pri­va­do sin haber paga­do por él.

mujer leyendo en la biblioteca de un barco

Subastas de arte

Algu­nas com­pañías orga­ni­zan sub­as­tas de arte como parte de la pro­gra­mación a bor­do y asi­s­tir no cues­ta dinero. Nor­we­gian, por ejem­p­lo, incluye las sub­as­tas de arte entre sus activi­dades sin car­go, aunque nat­u­ral­mente cualquier obra que deci­damos com­prar se paga aparte. No hace fal­ta ten­er inten­ción algu­na de com­prar.

Para algu­nas per­sonas sim­ple­mente resul­ta entretenido asi­s­tir y ver cómo fun­ciona una sub­as­ta, espe­cial­mente si nun­ca han esta­do en una. Eso sí, con­viene ten­er clarísi­mo dónde ter­mi­na la activi­dad gra­tui­ta y dónde empieza nues­tra tar­je­ta de crédi­to. Algo pare­ci­do ocurre con muchas pre­senta­ciones com­er­ciales que se orga­ni­zan a bor­do. Asi­s­tir puede ser gra­tu­ito; com­prar lo que inten­tan vender­nos ya es otra his­to­ria.

Charlas y presentaciones

Depen­di­en­do espe­cial­mente del tipo de crucero y del itin­er­ario, podemos encon­trar con­fer­en­cias, pre­senta­ciones sobre los des­ti­nos, char­las de nave­gación, encuen­tros rela­ciona­dos con la his­to­ria de los lugares que vamos a vis­i­tar o activi­dades educa­ti­vas. En los cruceros por Alas­ka, fior­dos, regiones polares o itin­er­ar­ios cul­tur­ales este tipo de pro­gra­mación puede ten­er bas­tante más impor­tan­cia que en un crucero pura­mente vaca­cional por el Mediter­rá­neo.

No todas las char­las son nece­sari­a­mente gra­tu­itas y algu­nas pueden estar vin­cu­ladas a ser­vi­cios com­er­ciales pero muchas for­man parte del pro­gra­ma gen­er­al. Yo las miraría espe­cial­mente antes de una escala. Una bue­na pre­sentación sobre el lugar al que vamos a lle­gar puede ayu­darnos a com­pren­der mucho mejor lo que ver­e­mos al día sigu­iente.

Juegos de mesa

Otro pequeño detalle que puede sal­var una tarde de mal tiem­po. En deter­mi­na­dos bar­cos encon­tramos car­tas, aje­drez, damas y otros jue­gos disponibles en bib­liote­cas o salas especí­fi­cas. No es pre­cisa­mente la atrac­ción que aparece en la por­ta­da del catál­o­go del crucero pero cuan­do lle­va­mos var­ios días via­jan­do, el tiem­po no acom­paña y quer­e­mos ale­jarnos durante un rato del rui­do de la pisci­na, puede con­ver­tirse en un plan estu­pen­do. Y no cues­ta nada.

Discotecas y bares

Entrar en un bar del bar­co no sig­nifi­ca nece­sari­a­mente ten­er que con­sumir. Podemos escuchar músi­ca, bailar o dis­fru­tar del ambi­ente aunque no quer­amos com­prar una bebi­da. Lo mis­mo ocurre gen­eral­mente con las dis­cote­cas y clubes noc­turnos inclu­i­dos en las zonas de entreten­imien­to. No esta­mos pagan­do una entra­da como haríamos en deter­mi­na­dos locales en tier­ra. Nat­u­ral­mente, las bebidas sí pueden ten­er coste si nues­tra tar­i­fa o paque­te no las incluye.

mujeres bailando en discoteca

Hielo para el camarote

Parece una ton­tería has­ta que lo nece­si­ta­mos. El ser­vi­cio de camarote puede pro­por­cionarnos deter­mi­nadas cosas bási­cas sin coste y el hielo suele ser una de las peti­ciones habit­uales, aunque nue­va­mente con­viene com­pro­bar las condi­ciones conc­re­tas de la com­pañía. Si quer­e­mos ten­er agua fres­ca, hemos lle­va­do una botel­la reuti­liz­able o sim­ple­mente nece­si­ta­mos hielo por cualquier moti­vo, podemos pre­gun­tar al encar­ga­do del camarote en lugar de empezar a bus­car dónde com­prar­lo.

Además, el per­son­al de camarote es prob­a­ble­mente una de las mejores fuentes de infor­ma­ción durante el via­je. Si ten­emos dudas sobre qué podemos con­seguir, qué está inclu­i­do o dónde encon­trar deter­mi­na­da cosa, pre­gun­tar suele ser mucho más efi­caz que asumir que ten­dremos que pagar.

Dispensadores de agua caliente

En numerosos buf­fets exis­ten dis­pen­sadores de agua caliente, café nor­mal y difer­entes infu­siones inclu­idas. Esto sig­nifi­ca que quienes acos­tum­bren a tomar té pueden hac­er­lo sin necesi­dad de acud­ir con­stan­te­mente a una cafetería de espe­cial­i­dad.

La difer­en­cia entre «café inclu­i­do» y «cafetería inclu­i­da» es impor­tante. El café con­ven­cional puede for­mar parte de la tar­i­fa mien­tras que un espres­so, cap­puc­ci­no, lat­te o café de una deter­mi­na­da mar­ca tiene suple­men­to. Lo mis­mo ocurre con deter­mi­nadas bebidas y zumos. Hay pasajeros que ter­mi­nan com­pran­do un paque­te de bebidas sim­ple­mente porque quieren tomar café varias veces al día cuan­do quizá el café bási­co ya esta­ba inclu­i­do.

El helado puede ser gratis

Podemos ten­er un dis­pen­sador de hela­do inclu­i­do en una cubier­ta y una atrac­ti­va heladería de pago en otra. Los dos venden, en esen­cia, algo pare­ci­do, pero uno está inclu­i­do y el otro no.

Car­ni­val incluye actual­mente hela­do soft y yogur hela­do den­tro de su ofer­ta habit­u­al y Roy­al Caribbean dispone de hela­do soft gra­tu­ito en deter­mi­na­dos bar­cos. Esto no con­vierte en gra­tu­itos todos los establec­imien­tos de hela­dos del buque. Es exac­ta­mente la mis­ma lóg­i­ca que encon­tramos con el café, la piz­za, las ham­bur­gue­sas o deter­mi­na­dos snacks: antes de pagar, hay que pre­gun­tarse si existe una alter­na­ti­va inclu­i­da.

¿Sabías que puedes…?

Surfear en mitad del océano sin pagar por hacerlo

Una de las activi­dades más cono­ci­das de Roy­al Caribbean es FlowRid­er, un sim­u­lador que gen­era una cor­ri­ente con­tin­ua de agua sobre una super­fi­cie incli­na­da para que podamos inten­tar sur­fear o uti­lizar una tabla tum­ba­dos. La uti­lización nor­mal de FlowRid­er está inclu­i­da en deter­mi­na­dos bar­cos, aunque las clases pri­vadas sí pueden ten­er coste.Y pre­cisa­mente esta difer­en­cia es impor­tante porque se repite con­stan­te­mente en los cruceros: la activi­dad puede ser gra­tui­ta mien­tras que apren­der a realizarla con un instruc­tor de man­era pri­va­da no lo es.

No hace fal­ta saber sur­fear y, de hecho, bue­na parte del entreten­imien­to con­siste en obser­var cómo los demás inten­tan man­ten­erse sobre la tabla durante más de unos segun­dos. Si con­seguimos dom­i­narlo, estu­pen­do. Si ter­mi­namos salien­do des­pe­di­dos hacia atrás, al menos no habre­mos paga­do por la caí­da.

Tirarnos por una tirolina sobre el propio barco

En deter­mi­na­dos bar­cos de la clase Oasis de Roy­al Caribbean podemos atrav­es­ar una parte del bar­co sus­pendi­dos var­ios pisos por enci­ma del Board­walk. La com­pañía incluye actual­mente la tiroli­na entre las expe­ri­en­cias gra­tu­itas de esta clase de bar­cos. No esta­mos volan­do sobre el océano, como algu­nas fotografías pueden hac­er­nos imag­i­nar, sino sobre una de las grandes zonas inte­ri­ores abier­tas del bar­co pero la sen­sación de estar a seme­jante altura den­tro de un buque sigue sien­do bas­tante pecu­liar. Y podemos hac­er­lo sin com­prar una entra­da adi­cional.

Nat­u­ral­mente exis­ten restric­ciones de peso, altura o seguri­dad para deter­mi­nadas atrac­ciones y no todo el mun­do puede uti­lizarlas, algo que con­viene con­sul­tar antes de hac­er­nos ilu­siones.

mujer haciendo tirolina crucero

Escalar una pared con el mar a nuestra espalda

Las pare­des de escal­a­da son otra de esas activi­dades que pare­cen propias de un par­que de aven­turas y que, sin embar­go, pueden for­mar parte de la tar­i­fa. Roy­al Caribbean incluye el rocó­dro­mo entre las activi­dades gra­tu­itas de numerosos bar­cos y en algunos casos las pare­des alcan­zan una altura con­sid­er­able sobre la cubier­ta.

Aunque no teng­amos ningu­na inten­ción de con­ver­tirnos en escal­adores, la activi­dad tiene un ali­ciente aña­di­do: las vis­tas. Lle­gar arri­ba con el bar­co nave­gan­do y el mar extendién­dose detrás de nosotros prob­a­ble­mente sea bas­tante más mem­o­rable que subir por una pared en un gim­na­sio de nues­tra ciu­dad.

Patinar sobre hielo mientras navegamos

Prob­a­ble­mente sea una de las com­bi­na­ciones más extrañas que podemos imag­i­nar: estar nave­gan­do por el Caribe y unas horas después pon­er­nos unos patines y meter­nos en una pista de hielo. Pero existe. Algunos bar­cos de Roy­al Caribbean cuen­tan con pista de hielo y tan­to deter­mi­nadas sesiones de pati­na­je como los espec­tácu­los real­iza­dos sobre ella for­man parte de las expe­ri­en­cias inclu­idas.

Aquí tam­bién con­viene mirar horar­ios porque una mis­ma insta­lación puede uti­lizarse para difer­entes fun­ciones durante el via­je y no per­manecer abier­ta per­ma­nen­te­mente para los pasajeros.

Es pre­cisa­mente este tipo de activi­dad la que demues­tra por qué merece la pena estu­di­ar el bar­co antes de reser­var. Dos cruceros pueden realizar un itin­er­ario prác­ti­ca­mente idén­ti­co y ofre­cer una expe­ri­en­cia com­ple­ta­mente difer­ente durante los días de nave­gación.

Montarnos en coches de choque 

Sí, tam­bién exis­ten coches de choque en alta mar. Algunos bar­cos de Roy­al Caribbean cuen­tan con espa­cios mul­ti­fun­cionales donde se orga­ni­zan sesiones de bumper cars y la com­pañía los incluye entre deter­mi­nadas activi­dades sin suple­men­to.

Es difí­cil imag­i­nar algo más ale­ja­do de la ima­gen tradi­cional del crucero de hace unas décadas, cuan­do el entreten­imien­to con­sistía bási­ca­mente en tomar el sol, cenar y asi­s­tir al espec­tácu­lo noc­turno. Los bar­cos mod­er­nos com­piten pre­cisa­mente por ofre­cer expe­ri­en­cias cada vez más lla­ma­ti­vas y eso ben­e­fi­cia al pasajero cuan­do esas activi­dades for­man parte de la tar­i­fa.

Tirarnos por enormes toboganes de agua

Los par­ques acuáti­cos son cada vez más habit­uales en los grandes bar­cos y muchos de sus tobo­ganes están inclu­i­dos. Car­ni­val, por ejem­p­lo, especi­fi­ca entre lo inclu­i­do en la tar­i­fa el acce­so a pisci­nas, jacuzzis y tobo­ganes acuáti­cos, además del gim­na­sio y bue­na parte de su entreten­imien­to. Roy­al Caribbean tam­bién incluye numerosos tobo­ganes y zonas acuáti­cas en deter­mi­na­dos bar­cos, aunque exis­ten expe­ri­en­cias conc­re­tas que pueden ten­er suple­men­to.

Y aquí volve­mos a encon­trarnos con una difer­en­cia enorme entre bar­cos. Hay buques rel­a­ti­va­mente tran­qui­los con una pisci­na con­ven­cional y otros que pare­cen un par­que acuáti­co flotante. Si via­jamos con niños —o somos adul­tos que seguimos dis­fru­tan­do de un buen tobogán— yo miraría esto inclu­so antes de decidir qué bar­co reser­var.

Ver espectáculos acuáticos

Los AquaThe­ater de deter­mi­na­dos bar­cos de Roy­al Caribbean son prob­a­ble­mente uno de los ejem­p­los más espec­tac­u­lares. Se tra­ta de pro­duc­ciones real­izadas en un espa­cio espe­cial­mente dis­eña­do para espec­tácu­los acuáti­cos y acrobáti­cos y, en los bar­cos donde se ofre­cen como parte de la pro­gra­mación inclu­i­da, no nece­si­ta­mos com­prar una entra­da adi­cional.

Evita hacer esto

Comprar comida durante una escala sin necesidad

Esta es una cuestión bas­tante per­son­al porque pro­bar la gas­tronomía local for­ma parte del via­je y yo soy la primera que pre­fiero com­er algo típi­co cuan­do llego a deter­mi­na­dos des­ti­nos. Pero hay escalas donde la gas­tronomía no es nues­tra pri­or­i­dad o donde sim­ple­mente quer­e­mos ahor­rar.

Podemos desayu­nar bien antes de desem­bar­car y regre­sar al bar­co para com­er si los horar­ios de la escala lo per­miten. La comi­da inclu­i­da sigue esperán­donos a bor­do. Eso puede supon­er un ahor­ro con­sid­er­able en itin­er­ar­ios por des­ti­nos caros. Si hace­mos un crucero por Norue­ga, Islandia o deter­mi­nadas ciu­dades del norte de Europa, com­er todos los días fuera puede ter­mi­nar rep­re­sen­tan­do una can­ti­dad impor­tante.

Lo que no debe­mos hac­er es sacar comi­da del bar­co sin com­pro­bar las nor­mas del país de des­ti­no. Muchos lugares tienen restric­ciones sobre la entra­da de fru­tas, carnes, pro­duc­tos fres­cos y otros ali­men­tos, por lo que la idea de prepararnos un pic­nic con el buf­fet puede acabar sien­do bas­tante menos inge­niosa de lo que parecía.

Pagar excursión organizada en todos los puertos

Las excur­siones son uno de los grandes nego­cios de los cruceros y tam­bién uno de los aparta­dos donde podemos ahor­rar más.Hay lugares en los que con­tratar una excur­sión tiene muchísi­mo sen­ti­do, espe­cial­mente cuan­do el atrac­ti­vo prin­ci­pal está lejos del puer­to, el trans­porte públi­co es com­pli­ca­do o los horar­ios son ajus­ta­dos. Pero hay otros donde el bar­co nos deja prác­ti­ca­mente den­tro de la ciu­dad.

En esos casos podemos bajar cam­i­nan­do y orga­ni­zar nues­tra propia visi­ta. Antes de reser­var nada bus­caría tres cosas: dónde atra­ca exac­ta­mente el bar­co, qué dis­tan­cia existe has­ta aque­l­lo que quer­e­mos vis­i­tar y cuál es la hora límite para regre­sar. Hay puer­tos europeos que se prestan espe­cial­mente bien a recor­rer por libre, mien­tras que otros nece­si­tan bas­tante más plan­i­fi­cación.

La ven­ta­ja de las excur­siones ofi­ciales del crucero es la tran­quil­i­dad logís­ti­ca que ofre­cen cuan­do los desplaza­mien­tos son lar­gos. Si una excur­sión orga­ni­za­da por la propia naviera se retrasa, la com­pañía ges­tiona la situación; si somos nosotros quienes regre­samos tarde de una excur­sión inde­pen­di­ente, el prob­le­ma puede ser nue­stro. Por eso ahor­rar sí, pero con cabeza.

gente desembarcando de un crucero

Pagar el autobús lanzadera sin mirar primero dónde estamos

Esta me parece espe­cial­mente impor­tante. En algunos puer­tos las navieras ofre­cen auto­bus­es que trasladan a los pasajeros has­ta el cen­tro de la ciu­dad y pueden ten­er coste. Lo que no siem­pre que­da tan claro es si real­mente nece­si­ta­mos uti­lizar­los.

Antes de com­prar el bil­lete miraría la dis­tan­cia en el mapa. Puede ocur­rir que el cen­tro esté a veinte o trein­ta min­u­tos andan­do y pre­fi­ramos dar un paseo. Tam­bién puede exi­s­tir trans­porte públi­co mucho más bara­to. O puede suced­er exac­ta­mente lo con­trario y que el shut­tle sea la opción más cómo­da del mun­do. La cuestión es no com­prar­lo automáti­ca­mente nada más bajar.

Comprar todas las fotografías que nos hacen a bordo

El fotó­grafo aparece cuan­do embar­camos, durante las cenas, en las noches espe­ciales y prob­a­ble­mente en el momen­to en que menos prepara­dos esta­mos para que nadie nos haga una fotografía. Después encon­traremos las imá­genes expues­tas o disponibles dig­i­tal­mente y lle­gará la tentación. Com­prar una fotografía que nos encan­ta puede ser un recuer­do estu­pen­do. Com­prar veinte porque «ya que esta­mos…» puede salir bas­tante caro.

Hoy via­jamos con telé­fonos que hacen fotografías exce­lentes. Podemos bus­car una cubier­ta boni­ta al atarde­cer, vestirnos para la cena y hac­er­nos nues­tras propias fotografías. Y serán gratis.

Comprar recuerdos dentro del barco

Las tien­das duty free pueden ten­er ofer­tas intere­santes en deter­mi­na­dos pro­duc­tos pero la pal­abra «duty free» no sig­nifi­ca automáti­ca­mente «bara­to». Hay que com­parar. Per­fumes, cos­méti­ca, relo­jes, joy­ería, alco­hol y pro­duc­tos de mar­ca ocu­pan bue­na parte de las tien­das de los grandes bar­cos y durante el via­je ver­e­mos pro­mo­ciones con­stantes.

«Solo hoy». «Últi­mas unidades». «Ofer­ta espe­cial de nave­gación». El bar­co sabe crear sen­sación de urgen­cia extra­or­di­nar­i­a­mente bien. Si real­mente quer­e­mos com­prar algo, com­pro­baría antes cuán­to cues­ta en tier­ra.

Creernos las demostraciones gratuitas 

Una activi­dad puede ser gra­tui­ta y aun así ten­er una final­i­dad com­er­cial. En los cruceros encon­traremos pre­senta­ciones sobre tratamien­tos de belleza, pro­duc­tos de salud, joy­ería, arte, relo­jes, cos­méti­cos y muchos otros ser­vi­cios. Asi­s­tir puede no costar nada pero el obje­ti­vo final suele ser que ter­minemos com­pran­do.

No sig­nifi­ca que teng­amos que evi­tar­las. Sim­ple­mente debe­mos saber a qué vamos.

 

Con­clusión: yo dedi­caría la primera hora a algo que puede pare­cer poco emo­cio­nante pero que prob­a­ble­mente nos ahorre bas­tante dinero durante el resto del via­je: inves­ti­gar. Abriría la apli­cación de la naviera y localizaría los restau­rantes inclu­i­dos, miraría dónde están los dis­pen­sadores de agua y bebidas, com­pro­baría qué activi­dades nece­si­tan reser­va, guardaría los horar­ios de los espec­tácu­los que real­mente quiero ver y recor­rería físi­ca­mente las cubier­tas prin­ci­pales para saber dónde está cada cosa.

Después miraría el pro­gra­ma del primer día. Y sola­mente entonces empezaría a reser­var cosas de pago. Porque si algo he apren­di­do preparan­do este artícu­lo es que podemos subir a un bar­co pen­san­do que hemos com­pra­do sim­ple­mente camarote, comi­da y trans­porte y des­cubrir que nues­tra tar­i­fa tam­bién nos per­mite ver espec­tácu­los, uti­lizar pisci­nas y gim­na­sio, com­er a prác­ti­ca­mente cualquier hora, prac­ticar deportes y, depen­di­en­do del bar­co, tirarnos por un tobogán, escalar, sur­fear, pati­nar sobre hielo o atrav­es­ar una cubier­ta en tiroli­na

Lo gratis no es real­mente gratis: ya lo hemos paga­do. Y esta sería para mí la con­clusión más impor­tante de todo el artícu­lo. He uti­liza­do con­tin­u­a­mente la pal­abra gratis porque es la for­ma en que todos bus­camos esta infor­ma­ción pero en real­i­dad las pisci­nas, los espec­tácu­los, el buf­fet, el restau­rante prin­ci­pal o el gim­na­sio no son rega­los de la com­pañía. Los hemos paga­do con nue­stro bil­lete. Pre­cisa­mente por eso me parece todavía más absur­do no uti­lizar­los.

La mejor man­era de ahor­rar en un crucero no con­siste en pasar una sem­ana dicien­do que no a todo. Con­siste en saber a qué podemos decir que sí sin sacar la tar­je­ta.


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