Viajar en pareja (y volver sanos y salvos)

Los datos dan pavor: un 31% de las pare­jas se sep­a­ran después de haber pasa­do jun­tos las vaca­ciones. O lo que es lo mis­mo, una de cada tres. A mí me siguen alu­ci­nan­do estas estadís­ti­cas porque con­sidero que si quieres a tu pare­ja y entre sem­ana la ves menos de lo que te apeteciera pre­cisa­mente porque ambos tra­ba­jáis ¿no es pre­cisa­mente un via­je lo ide­al para haceros sen­tir más unidos? Aunque claro, luego me acuer­do de cuán­tas veces sal­imos a cenar y ten­emos en la mesa de al lado a una pare­ja que comen pero no se hablan o lo que es peor, cada uno está miran­do su móvil (y digo yo, para eso ¿por qué no mejor te quedas en casa?). Exis­ten tam­bién mul­ti­tud de pare­jas que son inca­paces de ir de vaca­ciones sin ami­gos por un moti­vo que muchas con­fiesan abier­ta­mente: son inca­paces de sopor­tarse el uno al otro durante tan­tos días. Y otras tan­tas que se van de vaca­ciones “porque es lo que hay que hac­er cuan­do lle­ga Agos­to” aunque des­de hace años no ten­gan nada que decirse el uno al otro. Entonces sí entien­do que haya tan­tas sep­a­ra­ciones y divor­cios. Pero entonces no creo que ten­ga que ver con las vaca­ciones sino con que en real­i­dad tu relación está muer­ta y enter­ra­da des­de el Pale­olíti­co.

Hay muchas for­mas de via­jar y todas ellas te dan plac­eres difer­entes. En mi caso, por ejem­p­lo, echo la vista atrás y me doy cuen­ta que he via­ja­do de todas las man­eras posi­bles: con famil­ia, sola por tra­ba­jo, sola por plac­er, con ami­gos, con pare­ja, con pare­ja y con ami­gos, con otras pare­jas… La may­oría de los via­jes, un 90%, han sido estu­pen­dos, quizás porque todos hemos puesto de nues­tra parte. Luego está ese otro 10% del que algún día escribiré un artícu­lo, los com­pañeros de via­je insufribles con los que todos más tarde o más tem­pra­no lidi­amos algu­na vez. Pero he de recono­cer que de todo estos via­jes, los que he hecho a solas con mis respec­ti­vas pare­jas han sido los que más he dis­fru­ta­do. Y especi­f­i­can­do aún más, los que he hecho con mi mari­do, los mejores de todos. No entien­do a esas pare­jas que se que­jan de que “si vamos los dos solos, qué abur­rim­ien­to”. Yo con mi mari­do es con quien mejor me lo paso en Madrid, imag­i­na entonces estando de via­je. Soy de las per­sonas que cree que tu pare­ja, por enci­ma de todo, ha de ser tu mejor ami­go. Y si con tu mejor ami­go no sabes dis­fru­tar de la vida, entonces tienes un prob­le­ma y además de los gor­dos.

¿Estáis preparados para viajar juntos?

Creo que ese es el primer pun­to del que hay que par­tir a la hora de plan­i­ficar un via­je jun­tos. ¿Vues­tra relación es sana?¿Lo pasáis bien jun­tos? Entonces ade­lante. No hay que ago­b­iarse si en un momen­to dado surge cualquier ren­cil­la, todas las pare­jas tienen sus más y sus menos y no debe dárse­le impor­tan­cia ningu­na: lo impor­tante es que la base sea sól­i­da y vosotros mis­mos os podáis reir un rato después de esas mis­mas dis­cu­siones. Obse­sion­arse con ten­er la relación per­fec­ta es de ton­tos, has­ta de las cosas en las que no os pongáis de acuer­do podréis apren­der algo.

Ya hemos decidido salir de viaje. Ahora la cuestión es ¿a dónde?

Cada per­sona es un mun­do y mien­tras muchos a lo que aspi­ran en vaca­ciones es a irse a un resort de cin­co estrel­las, pon­erse una pulsera de todo inclu­i­do y no lev­an­tarse de la hamaca, a otros lo que les mueve es lev­an­tarse a las cin­co de la mañana para ver amanecer en un tem­p­lo per­di­do en mitad de la sel­va. Si no tenéis deci­di­do el des­ti­no y el rit­mo que vais a lle­var sin estar ambos con­ven­ci­dos, esto puede con­ll­e­var com­pli­ca­ciones futuras. No hay que forzar a nadie a hac­er un via­je que no le apetez­ca porque al final todo lo va a ver en plan neg­a­ti­vo: recuer­do una vez que via­jé con unas ami­gas y una de ellas ya esta­ba que­ján­dose nada más lle­gar al aerop­uer­to porque en real­i­dad íbamos a un des­ti­no que no le apetecía: evi­den­te­mente, y como era pre­vis­i­ble, su via­je se con­vir­tió en un infier­no y esta­ba dese­an­do regre­sar. Cuan­do volvi­mos, la acon­se­jé no volver a hac­er algo así: había gas­ta­do dinero a lo ton­to y enci­ma había mal­gas­ta­do las vaca­ciones. Así que antes de escoger des­ti­no, ase­gu­raos de que a ambos os ilu­siona y de que vue­stro planteamien­to de via­je es sim­i­lar, os evi­taréis muchos dis­gus­tos. En ese sen­ti­do, Juan y yo ten­emos mucha suerte porque nos atraen los mis­mos des­ti­nos, es decir, todos menos la India y cier­tos país­es de Sudaméri­ca, aunque luego cada uno tiene sus propias debil­i­dades. Si por él fuera, estaríamos todos los años en Japón. Cuan­do fuimos a Mar­rue­cos, fui yo la que la con­vencí porque yo ya era una enam­ora­da del país pero sabía que era un lugar que a él no le atraía demasi­a­do: aún así, especi­fiqué que si el via­je no le gusta­ba, no teníamos por qué volver. Y sí, regre­samos a los pocos meses. Por pon­er otro ejem­p­lo, en el caso de Corea del Sur, íbamos los dos verdísi­mos: era un país del que no sabíamos casi nada y nos tiramos a la pisci­na sin mirar, a ver qué salía. Ha sido uno de los mejores via­jes que hemos hecho nun­ca.

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Preparativos: que sean un disfrute y no una pesadilla

Lle­ga el momen­to de la preparación, que no es moco de pavo. Preparar un via­je de varias sem­anas en la otra pun­ta del mun­do puede ser de lo más grat­i­f­i­cante… y a la vez puede ser super estre­sante porque ves que se te echa el tiem­po enci­ma y te quedan mil cosas por cer­rar. Yo reconoz­co que en dicho aspec­to sue­lo ser bas­tante metic­u­losa (antes iba muchas veces con casi nada prepara­do) pre­cisa­mente porque a fuerza de enfrentarme a situa­ciones en las que he per­di­do mucho tiem­po bus­can­do hotel porque no había reser­va­do o plane­an­do rutas en el últi­mo momen­to, me ha hecho apren­der que cuan­to más lleves ade­lan­ta­do des­de casa, mejor. Y ya no sólo por tiem­po sino tam­bién por dinero, espe­cial­mente si via­jas en tem­po­ra­da alta. A mi mari­do le ocur­ría como a los novios/maridos de otras ami­gas: que se rela­ja­ban dicien­do “lo dejo todo en tus manos porque ¿quién lo va hac­er mejor que tú?”. Mi argu­men­to es que entonces todas las rutas y sitios para vis­i­tar recaen en la decisión de una sola per­sona. Y luego regre­sas de via­je y el otro te dice “¡pues nos quedó esto por ver!”. Para que eso no te ocur­ra, y si tu pare­ja no está muy por la labor de colab­o­rar, lo recomend­able es que te acerques a la bib­liote­ca, cojas un par de guías y las ojeéis entre los dos. Así podréis plan­i­ficar las rutas a vue­stro gus­to, incluyen­do tardes de des­can­so cuan­do creáis que las nece­sitáis. Y es bueno que os dis­tribuyáis el tra­ba­jo respec­to a lo que más os atraiga a cada uno. A mí, por ejem­p­lo, me aburre sober­ana­mente com­parar alquil­eres de coches, así que esa tarea se la dejo a él. Sin embar­go, dis­fru­to com­para­n­do los hote­les, así que esco­jo unos cuan­tos, espero a que me dé el vis­to bueno de los que más le gus­tan y a par­tir de ahí los reser­vo. Lo impor­tante es que los dos os sin­táis parte del via­je y que tengáis la sen­sación de apor­tar vue­stro gran­i­to de are­na. Y si hay cosas que no os apetece mucho hac­er, poned de vues­tra parte si véis que al otro le hace ver­dadera ilusión pues os gus­tará que al con­trario con vosotros hagan lo mis­mo.

Comienza el viaje

Vamos a salir de casa con lo mín­i­mo e impre­scindible. Que ya sabe­mos que muchos hom­bres y mujeres pecan de lle­var un maletón enorme para una escapa­da de un par de días. ¡Mal! ¿Para qué quieres car­gar con la casa entera si te vas a pon­er una déci­ma parte de la ropa que llevas? Como se suele decir, las male­tas se llenan de “por­si­a­ca­sos” pero es que en la prác­ti­ca, si vue­las en una bajo coste, vas a ten­er que pagar un extra innece­sario, car­gar como un ton­to con el bul­to de turno y enci­ma estar aguan­tan­do al otro/a repi­tién­dote trein­ta veces “te lo dije”. Sé prác­ti­co y coge sólo lo que real­mente vayas a usar: pre­scinde del secador de pelo si sabes que en el hotel hay uno, com­pra los pro­duc­tos de aseo per­son­al en des­ti­no cuan­do llegues, no ech­es mil pares de zap­atos si en real­i­dad sólo vas a usar las deporti­vas y unas chan­clas, pre­scinde de la toal­la de playa si en el alo­jamien­to te la pro­por­cio­nan, en vez de lle­var libros de papel (que abul­tan un mon­tón y enci­ma se estro­pean con el trote) mete unos cuan­tos libros elec­tróni­cos en la tablet. Inclu­so via­jan­do a Asia tres sem­anas, en más de una ocasión he ido con sólo una male­ta de cab­i­na: la ropa inte­ri­or y las camise­tas, que al final es lo que te cam­bias a diario, lo puedes lavar en la lavan­dería del hotel y al día sigu­iente te dan tu ropa limpi­ta y dobla­da. Com­pren­do que hay mucha gente que nece­si­ta lle­var tres mil mod­eli­tos difer­entes para no repe­tir indu­men­taria cuan­do sub­an las fotos a las redes sociales, lo cual me parece ridícu­lo, pero créeme, no es lo acon­se­jable. No te com­pliques ni le com­pliques la exis­ten­cia a tu pare­ja.

Los via­jes lar­gos en avión, de esos de ocho o diez horas, pueden ser de lo más tediosos. Así que cada uno que los dis­frute como le apetez­ca y le de la gana. Juan, por ejem­p­lo, es de los que reparte su tiem­po durmiendo/oyendo los cascos/viendo pelícu­las y yo, sin embar­go, soy de las que va leyen­do. Es bueno ten­er no sólo en el vue­lo sino durante todo el via­je un espa­cio per­son­al. Como se suele decir, tam­poco hay que ir jun­tos has­ta al ser­vi­cio: prob­a­ble­mente haréis el 90% de las cosas jun­tas pero no pasa nada si a uno una tarde le apetece quedarse echan­do la sies­ta y otro quiere ir a darse una vuelta. No hay nada más frus­trante que quedarse con ganas de vis­i­tar algo en un lugar al que no sabes si volverás algu­na vez.

¿Y si algo sale mal cuando estás en tu destino soñado?

¿Que el hotel no cumple las expec­ta­ti­vas y tiene poco que ver con lo que viste pre­vi­a­mente en inter­net? Qué se le va a hac­er, lo impor­tante es que esté limpio y total, sólo lo vas a uti­lizar para ducharte y dormir. Si aún así ves que tu habitación es un zulo y es supe­ri­or a tus fuerzas lo de pasar una noche allí, no pasa nada, can­céla­lo y bus­ca otro. Inclu­so aunque sea a cos­ta de perder dinero. Siem­pre será eso mejor que estar con mala cara cada vez que abras la puer­ta de la habitación… ¡coño, que estás de vaca­ciones! Y si llueve, pues coges un paraguas o bus­cas la alter­na­ti­va de vis­i­tar sitios cer­ra­dos (los museos sue­len ser bien socor­ri­dos) o irte de com­pras. Y si hace un calor de 45º, pues mejor excusa para aprovechar la pisci­na del hotel.

¿Que te ha entra­do la diar­rea del via­jero y estás que te quieres morir? Pues aprovechad para des­cansar, que os ven­drá bien para las futuras jor­nadas, y a base de zumos, que así elim­ináis tox­i­nas y depuráis el organ­is­mo. Y además, cuidaréis uno del otro y os sen­tiréis más pro­te­gi­dos. Cada situación incó­mo­da e ines­per­a­da con la que os encon­tréis será una prue­ba para demostrar que no per­mi­tiréis que nada ni nadie os vaya a amar­gar las vaca­ciones. Que para eso estáis esperán­dolas todo un año entero y vue­stro buen dinero os cues­ta. Lo impor­tante es tomarse con buen humor cualquier con­tratiem­po. Imag­i­naos nues­tra cara la primera vez que fuimos a Asia y nos dejaron nues­tras male­tas en la escala de París. Por no ten­er, no teníamos ni unas tristes bra­gas ni un cepil­lo de dientes. Vamos, nada que no se pudiera solu­cionar nada más lle­gar a Bangkok y acer­carme al mer­cadil­lo de al lado del hostal. Y esa mis­ma noche ahí andábamos toman­do cervezas, que las male­tas ya apare­cerían cuan­do tuvier­an que apare­cer.

No te culpes si algo sale mal. La vida no es per­fec­ta y no por ello se aca­ba el mun­do. A mí mis­ma me ha frustra­do equiv­o­carme al hac­er reser­vas, olvi­darme algo en casa que era nece­sario, perder una cámara de fotos en mitad de un via­je. ¿Y qué vas a hac­er, cor­tarte las venas? En el caso de las fotos, teníamos las del móvil; en cuan­to a lo que había olvi­da­do, acabé encon­trán­do­lo en una tien­da aunque me tocó dar muchas vueltas. Y si el hotel era una sober­ana por­quería, acabé rién­dome del sitio tan cos­tra en el que habíamos acaba­do. Pero lo impor­tante es pen­sar que has hecho todo con la mejor inten­ción y que tu pare­ja te apoye y sepa que todo el mun­do puede equiv­o­carse. E impor­tante: des­ig­nar quién de los dos lle­va los doc­u­men­tos impor­tantes, caso de los pas­aportes, aunque es bueno que el otro lleve copias. Con el dinero lo mis­mo, mejor lle­var­lo repar­tido por lo que pue­da pasar. Que la respon­s­abil­i­dad sea mutua.

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Unas cuantas recomendaciones extras

Sé hon­esto con­ti­go mis­mo y con tu pare­ja. Si algo no te gus­ta, estáis a tiem­po de cam­biar­lo. No tiene la may­or impor­tan­cia cam­biar de planes si veis que no es lo que esper­abais. Qué más da. Seguro que la nue­va prop­ues­ta os sat­is­face el doble.

Via­jar en pare­ja no sig­nifi­ca ais­larse del resto de la humanidad. Al con­trario, ya que estáis solos, es la mejor ocasión para inter­ac­tu­ar con otras per­sonas, des­de los pro­pios lugareños a com­pañeros de hostal, gente que conozcáis en algún cur­sil­lo o activi­dad… En los via­jes es muy fácil hac­er bue­nas amis­tades que en muchos casos luego per­du­ran en el tiem­po y han naci­do en el mejor de los esce­nar­ios.

Com­par­tir intere­ses cuan­do se via­ja es otra for­ma de reafir­mar vues­tra relación. A veces no hemos proba­do cosas nuevas sim­ple­mente porque no hemos tenido opor­tu­nidad: si a tu chico/a le encan­ta la escal­a­da ¿por qué no pro­bar y ver qué tal se te da? Si ves que eres un nega­do, siem­pre puedes volver al hotel y esper­ar leyen­do un libro o ir a vis­i­tar algún mon­u­men­to. Y si com­partís afi­ciones, mejor que mejor. Una de las nues­tras es la de recor­rer tien­das de dis­cos cuan­do via­jamos por el extran­jero. ¿Veis? Otra de las cosas que se ocu­pa Juan cuan­do via­jamos, la de hac­er una lista de las que hay en cada ciu­dad.

Con­vierte tu via­je en una pequeña aven­tu­ra, aunque sólo sea una escapadil­la a Cuen­ca. Siem­pre digo que no impor­ta el lugar al que vayas sino la ilusión con que lo vivas. No te lim­ites a vis­i­tar los mon­u­men­tos que va a ver todo el mun­do: bus­ca rin­cones orig­i­nales, restau­rantes que se sal­gan de la nor­ma, playas escon­di­das. Esto hará mucho más exci­tante el via­je y te dejará un mon­tón de recuer­dos difer­entes y curiosos.

Aprovecha para ten­er un detalle: aunque este parez­ca que no ten­ga impor­tan­cia, para el otro puede ser un mun­do. Si ves algo en una tien­da que tu pare­ja está dese­an­do ten­er, es el momen­to. Si vais a un lugar donde casual­mente hacen una exposi­ción de su pin­tor favorito, dale una sor­pre­sa de últi­ma hora. Si han abier­to un restau­rante que esta­ba dese­an­do cono­cer, qué mejor ocasión para salir a com­er. Y si como a mi mari­do os encan­tan las cervezas arte­sanales, ahí estoy yo siem­pre inda­gan­do para des­cubrir cuál es la mejor cerve­cería y que com­par­ta­mos una bir­ra jun­tos.

Ríete. Mucho. Has­ta de lo más sur­re­al­ista que te ocur­ra. Mi mejor momen­to en Indone­sia fue cuan­do con otra pare­ja ami­ga nos perdi­mos en unos arroza­les, noso­tras con unas san­dalias de platafor­ma que no podíamos ni andar, mien­tras nue­stros mari­dos nos mira­ban con cara de cir­cun­stan­cias. Allí que acabamos los cua­tro, cayén­dosenos los lag­ri­mones de la risa por lo estúpi­do de la situación. Una vez que estás meti­do en un guiri­gay, lo mejor que puedes hac­er es tomárte­lo con buen humor.

Via­jar con la per­sona que quieres puede supon­er una de las expe­ri­en­cias más román­ti­cas del mun­do y hay des­ti­nos que invi­tan a sen­tirse aún más unido a tu pare­ja. Hemos pasea­do de la mano por los canales de Vene­cia, dormi­do en riads mar­ro­quíes, vis­to el anochecer en una playa de Bali, bebido moji­tos en las vibrantes calles de La Habana y esta­do alo­ja­dos en inolvid­ables ryokans de Kyoto. Son expe­ri­en­cias mar­avil­losas que saben bien cuan­do se dis­fru­tan con ami­gos pero aún mucho más cuan­do es con tu pare­ja con quien lo com­partes. Y aunque estés de vaca­ciones, bus­ca siem­pre una noche que sea “la espe­cial” para salir a cenar a un sitio dis­tin­to y cel­e­brar que seguís jun­tos con­tra vien­to y marea. A nosotros muchas veces nos han coin­ci­di­do estando de via­je cumpleaños o aniver­sar­ios pero otras veces sim­ple­mente lo hemos cel­e­bra­do porque sí. Porque nos quer­e­mos de una man­era total­mente sin­cera y eso ya es más de lo que puede decir mucha gente.


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8 Comments

  1. Silvia

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    Mari­bel, que razón tienes !! Me ha encan­ta­do tu entra­da, y además, pien­so exac­ta­mente igual que tu. Yo via­jo con mi mari­do des­de hace muchos años y es lo mejor del mun­do, aunque en los últi­mos via­jes se apun­ta otra pare­ja, con la que nos lle­va­mos genial, y están salien­do tam­bién unos via­jes estu­pen­dos. Como bien dices, si la relación es sana y sól­i­da, via­jar jun­tos, es una muy gra­ta expe­ri­en­cia. Y lo mejor, son recuer­dos que siem­pre estarán ahí para cuan­do seamos may­ores. Que mas se puede pedir ??.

  2. Sil­via, encan­ta­da de que te haya gus­ta­do el artícu­lo, te ase­guro que en este caso está escrito des­de el corazón! Como bien dices, es boni­to saber que esos recuer­dos per­manecerán en el futuro y serán partes de una vida jun­tos, creo que hay pocas cosas más boni­tas para com­par­tir que un viaje.¡Gracias por tu com­ment y espero seguir vién­dote por aquí, un abra­zo!

  3. Yo tam­bi­en he via­ja­do en pare­ja o con ami­gos o sola y dis­frute de todos pero con mi pare­ja creamos los mejores recuer­dos!

  4. Total­mente de acuer­do, son via­jes muy espe­ciales sin desmere­cer por ello a los demás. Y si com­par­tis pasión por los des­ti­nos que vis­itáis, se dis­fru­tan el doble 😉

  5. Hola! he empeza­do hace muy poco en este mun­do del blog y aún ando un poco per­di­da pero gra­cias a que tú me has encon­tra­do yo te he encon­tra­do a ti, pues me noti­f­i­can por e‑mail de tus entradas y me han encan­ta­do tus relatos. Estoy total­mente de acuer­do con tu filosofía de pare­ja: “ tu pare­ja, por enci­ma de todo, ha de ser tu mejor ami­go” y si esto es bási­co, el resto de pun­tos que refieres son exac­ta­mente la “fór­mu­la mág­i­ca” para via­jar en pare­ja con altas posi­bil­i­dades de éxi­to no solo en vaca­ciones si no por “la ruta de la vida” que no siem­pre es la “ruta de la seda”, puede haber muchos o pocos bach­es, pero siem­pre con humor, pacien­cia y car­iño y sobre todo vien­do el lado bueno de las cosas se dis­fru­ta de todos los via­jes y de todas las rutas elegi­das. Aplic­a­ble tam­bién cuan­do la famil­ia crece y en lugar de dos somos cua­tro los via­jeros, como refiero en mi “recién naci­do” blog, pero no dejar nun­ca de lado las escapadas para dos!!!!! siem­pre que se pue­da, aunque sea una pequeña escapa­di­ta.
    Un salu­do y muchas gra­cias.

  6. Mil gra­cias por suscribirte al blog, es la for­ma más cómo­da de estar al día de todos nue­stros artícu­los. Me ale­gro muchísi­mo que hayas esta­do de acuer­do con el repor­ta­je ya que via­jar en pare­ja es mucho más fácil de lo que parece si ambos ponen de su parte. Y como bien comen­tas, aunque lleguen nuevos miem­bros a la famil­ia, siem­pre es bueno seguir dejan­do un hue­co para escapadas en pare­ja. ¡Esper­amos seguir tenién­dote por aquí! Un abra­zo!!

  7. Real­mente es todo un reto. Yo reconoz­co que nos peleamos un poco más pero tam­bién dis­fru­ta­mos mucho más del tiem­po jun­tos que no podemos pasar durante el año debido al tra­ba­jo. Por otra parte, cuan­do volve­mos a la ruti­na cada uno vuelve a ten­er sus pro­pios espa­cios de ocio y soledad y tam­bién es algo que a veces se echa de menos.

    En defin­i­ti­vo, yo creo que la cuestión está en el equi­lib­rio, pasar tiem­po jun­tos sin renun­ciar al tiem­po por sep­a­ra­do en soledad o con otras per­sonas.

  8. Gra­cias por tu comen­tario, Nuria. Muy bueno tu apunte ya que es cier­to que después de unas vaca­ciones has­ta sien­ta bien volver a recu­per­ar algo de espa­cio per­son­al, muy cier­to!

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