Primer viaje a Cuba

Una de las cosas que más me gus­ta a la hora de pon­erme con el blog de via­jes es que me obliga a revivir recuer­dos que se te quedan ahí escon­di­dos en el subconsciente.Según pasa el tiem­po después de via­jar a algún lado,a veces se pier­den en la bru­ma de la memo­ria muchos datos de los lugares por donde hemos pasa­do y esta es la mejor man­era de reavivarlos.Eso me está ocur­rien­do con este via­je a Cuba, ya que echan­do cuen­tas me he per­cata­do de que hace la friol­era de seis años de mi via­je a la isla. Así que he saca­do mis guías de la estantería para volver a remem­o­rar nombres,sitios y caras y me da la sat­is­fac­to­ria sen­sación de estar via­jan­do allí por segun­da vez.

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La ver­dad es que este es uno de los pocos via­jes que he hecho casi por casu­al­i­dad y sin ape­nas preparar­lo. Bueno,esto no es del todo cier­to. Llev­a­ba bas­tantes años leyen­do libros sobre Cuba, así como blogs de otros via­jeros, y era algo que tenía en mente hac­er con el tiem­po. Sin embar­go, coin­cidió que tenía un par de sem­anas libres entre Mayo y Junio y decidi­mos aprovechar para escaparnos fuera pero esta vez saltán­dome la nor­ma de saber con mucha antelación el des­ti­no elegi­do (soy así de maniáti­ca, me encan­ta preparar mis via­jes a con­cien­cia!).

Así que empecé a ojear las ofer­tas de últi­ma hora en inter­net y de repente me topé con un via­je de últi­mo min­u­to de 9 días a La Habana por 600 euros. Es cier­to que siem­pre me gus­ta pil­lar yo a mi rol­lo vue­los, hote­les y demás. Tam­bién es ver­dad que me hubiera gus­ta­do ir más días. Pero sin­ce­ra­mente, quería vis­i­tar Cuba antes de la muerte de Cas­tro, algo que puede ocur­rir en cualquier momen­to, y siem­pre habría tiem­po para volver otra vez,porque me quedé con las ganas de cono­cer sobre todo San­ti­a­go de Cuba, ciu­dad que se encuen­tra en mejor esta­do de con­ser­vación que La Habana.

Para empezar, empecé a bus­car avión para las mis­mas fechas y sólo por el vue­lo ya me clava­ban 500 euros. Y para seguir, en real­i­dad no era un via­je orga­ni­za­do sino un paque­te de vuelo+el hotel que tú eligieras. En cuan­to al alojamiento,aparte de que no quería quedarme en la zona de El Veda­do, que es la zona res­i­den­cial donde se agol­pan la may­oría de los hote­les, en una especie de micro­mun­do para tur­is­tas que poco tiene que ver con el ambi­ente de La Habana real del día a día (aquí es donde vivían los esta­dounidens­es ricos antes de que tri­un­fara la revolución,aunque es recomend­able que vis­iteis el Hotel Nacional y el Habana Libre), se me ofrecía la posi­bil­i­dad de entre var­ios hote­les, escoger el Ambos Mun­dos, en ple­na Habana Vie­ja, del que os hablaré más ade­lante. Así que nos liamos la man­ta a la cabeza, en diez min­u­tos lo con­trata­mos y cuan­do pagué, pen­sé “ahi va!que me voy para allá en sólo dos sem­anas!” Así que a preparar todo deprisa y cor­rien­do pero eso tam­bién es lo boni­to de la impro­visación!!

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Otra de las razones que nos empu­jaron a ele­gir Cuba es que ten­emos una ami­ga cubana que vive en pleno corazón de La Habana. Podríamos haber­nos queda­do en su casa pero sabi­en­do las caren­cias que sufre la población en gen­er­al, prefe­r­i­mos quedarnos en un hotel, aunque la viéramos todos los días. Des­de aquí quiero agrade­cer a Milay­dis, una per­sona excep­cional como pocas, que nos acer­cara a la Cuba de ver­dad, a sus gentes, que nos mostrara muchísi­mas cosas que se pierde el via­jero cuan­do lle­ga a este mar­avil­loso país. Y es que Cuba,pese a la prox­im­i­dad de los cubanos, su hos­pi­tal­i­dad, su ansia por hablar con quien sea y donde sea (Mila nos relata­ba como inten­tar leer un libro en un par­que es tarea imposible;siempre hay alguien que se te acer­ca a darte palique), tiene al mis­mo tiem­po el incon­ve­niente de exhibir en su códi­go penal un deli­to que se lla­ma “acoso al tur­ista” y que pone en muchas oca­siones tra­bas a la relación con los locales. A menudo, ví a policías exigien­do la car­tilla de iden­ti­fi­cación a cubanos que habla­ban con extran­jeros. Me pare­ció tristísi­mo. Por ese moti­vo, que Mila nos pre­sen­tara a sus ami­gos, nos hicier­an de guías, nos aco­gier­an en sus casas, ofre­cién­donos la poca comi­da que tenían, nos metier­an en la Cuba que no venden los fol­letos turís­ti­cos, fue una expe­ri­en­cia impagable. E inolvid­able tam­bién. Gra­cias, Mila, por tu hos­pi­tal­i­dad y por ten­er un corazón tan grande.

Todos los trámites de visa­do y demás nos lo ges­tionaron la mis­ma gente de Atra­pa­lo, así que fue un engor­ro que nos quita­mos de encima.El vuelo,directo des­de Madrid y si no recuer­do mal, dura como unas 11 horas. Tuvi­mos la suerte de que estu­viera despe­ja­do y ver des­de el avión la ima­gen embria­gado­ra de las Bahamas. A miles de met­ros de altura, es algo espec­tac­u­lar.

Lleg­amos a Cuba cer­ca de las nueve de la noche. Y os ase­guro que he vis­to pocas adu­a­nas tan sur­re­al­is­tas como la de La Habana. Colas kilo­métri­c­as de via­jeros (creo que tar­damos como una hora en pasar, sus policías son igual de estric­tos o más que los yan­kees) y mien­tras tan­to, yo ensimis­ma­da con el espec­tácu­lo. Mien­tras las pare­des esta­ban cubier­tas de carte­les con la leyen­da No Fumar (obvi­a­mente, es un aerop­uer­to) allí no sólo fum­a­ban los via­jeros sino has­ta los pro­pios policías con total tran­quil­i­dad. Mirad, yo reconoz­co que, como fumado­ra, se me hizo más ame­na la espera. Pero esta­ba asom­bradísi­ma de poder fumarme un cig­a­r­ro en una aduana,qué queréis que os diga!

Cuba es una fuente de anéc­do­tas des­de el primer momen­to en que pones el pie en el país. Y en mi caso fue total­mente lit­er­al. Según salíamos del aerop­uer­to, se nos acer­có un policía, muy serio él, y nos dice así por lo baji­nis “señori­ta, no habrá traí­do ust­ed algu­na revista de España ¿no?” Así que me acordé de las para­noias comu­nistas y de cómo hay libros y pub­li­ca­ciones que tienen pro­hibi­da su entra­da a la isla (menos mal que no eché una biografía de Fidel Cas­tro que esta­ba leyen­do, que lo mis­mo me la con­sid­er­a­ban suber­si­va). Le dije que sólo llev­a­ba un par de revis­tas de via­je y cuan­do las iba a sacar de la bol­sa, me dice “ahh no, no, esas no me intere­san! me refer­ía al “Hola”,“Lecturas”,“Diez Min­u­tos”, ya sabe ust­ed, las revis­tas donde sale Rocío Dúr­cal, que a mi mujer le gus­tan mucho!!” Me quedé a cuadros recor­dan­do lo que me había con­ta­do una ami­ga que estu­vo aquí acer­ca de lo mucho que les gus­tan a los cubanos las revis­tas de cotilleos. De hecho, es que estando nosotros allí, fue cuan­do fal­l­e­ció Rocío Jura­do y no os podéis ni imag­i­nar la que había montada,más que en España.¡Alucinando me hal­la­ba!

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Una de las cosas que más choca cuan­do lle­gas a La Habana de noche es que la pro­duc­ción de elec­t­ri­ci­dad les resul­ta tan cos­tosa que qui­tan­do un par de calles en el cen­tro cer­ca del Capi­to­lio, el resto de la ciu­dad se encuen­tra com­ple­ta­mente a oscuras, no fun­ciona ni una faro­la. Ese ya es el primer indi­cio de la can­ti­dad de caren­cias con las que se vive aquí. Por eso me revien­ta tan­to la acti­tud de cier­tos tur­is­tas tiquis­miquis, que des­gra­ci­ada­mente no son casos ais­la­dos, que se que­jan de que si el aire acondi­ciona­do hace rui­do, que si hay descon­chones en la pin­tu­ra de la habitación, que si que poca var­iedad en el desayuno… Pues mira, si vas bus­can­do lujo y boa­to, vete a Pun­ta Cana a un resort de esos que te ponen la pulseri­ta. Pero ser tan insol­i­dario con la situación de esta gente me parece un insul­to, sobre todo cuan­do ves como todo el mun­do se esfuerza y se las inge­nia para con lo poco que cuen­tan respec­to a todo, inten­tar lle­var una vida digna.

Comen­to esto porque nue­stro hotel, el Ambos Mun­dos, pese a ten­er la cat­e­goría “ofi­cial” de un tres estrel­las, en la prác­ti­ca en España no creo que le hubier­an dado más que una.¿Y qué? ¿No es preferi­ble no ten­er la como­di­dad de un Meliá pero estar en un un autén­ti­co hotel colo­nial, con su piano en el hall, sus ven­ti­ladores de techo, su ascen­sor (siem­pre estro­pea­do!) de cierre de reja? Es ver­dad que quizás sus insta­la­ciones son modestas,más aún en las habita­ciones, pero tiene tan­tos encan­tos que no se pueden encon­trar en otros hote­les de La Habana…

Por un lado,es pre­cioso (ahí aba­jo le tenéis, el edi­fi­cio rosa­do). Tiene un siglo de antigüedad (ha sido varias veces restau­ra­do) y su hue­sped más ilus­tre fue Ernest Hem­ing­way, quien no sólo vivió aquí sino que escribió entre estas pare­des su obra cum­bre “Por quién doblan las cam­panas?”. Hem­ing­way es un autén­ti­co heroe en Cuba, ya que fue alguien muy afín al rég­i­men cas­trista y vivió en la isla veinte años, has­ta el pun­to de que la habitación donde se alo­jó durante tan­to tiem­po hoy se mantiene de exposi­ción con el mobil­iario que había entonces, máquina de escribir inclu­i­da. El ganador del pre­mio Pulitzer escribió tam­bién en Cuba “El viejo y el mar” y, a día de hoy, prob­a­ble­mente sea el escritor más admi­ra­do por cualquier cubano, pese a su iróni­co ori­gen esta­dounidense. Quien sea muy fan de su obra, puede acer­carse a vis­i­tar la fin­ca El Vigía, donde vivió var­ios años, a 12 kms del cen­tro de La Habana.

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Otro de los atrac­tivos del Ambos Mun­dos es su ubi­cación, en ple­na calle Obis­po (como una mini Gran Via ver­sión cubana, donde hay cua­tro “tien­das” en plan econo­ma­to (para el cubano esta es una calle súper com­er­cial) pero que tiene una vida increíble, por su situación en pleno corazón habanero: entre el Capi­to­lio, la Plaza de Armas y a cin­co min­u­tos del Malecón.

Aparte de esto, lo mejor es su mar­avil­losa azotea, donde se ubi­ca el come­dor al aire libre y donde ni os imag­ináis lo extra­or­di­nario que era desayu­nar cada mañana con las mejores vis­tas de La Habana. Y no lo digo por decir: todos los días vis­ita­ban el hotel un mon­tón de tur­is­tas para hac­er fotos des­de la azotea. Ya nos acos­tum­bramos a ver­les cada mañana mien­tras nos tomábamos las tostadas. Inclu­so ten­go que agrade­cer el buenísi­mo tra­to de todo el per­son­al del hotel; el día que nos fuimos le com­pré un bote de per­fume a la limpiado­ra y se lo dejé en la cama con una nota. Cuan­do lleg­amos, la primera noche nos metieron en una habitación inte­ri­or y con la humedad que hay en el Caribe no había quien dur­miera. Al día sigu­iente hablé con recep­ción y no sólo nos cam­biaron a una exte­ri­or sino que enci­ma nos invi­taron a una cena en la ter­raza de la azotea y un par de moji­tos por las moles­tias.

Vamos con algunos datos prác­ti­cos. En Cuba se puede fun­cionar per­fec­ta­mente con euros o dólares pero siem­pre vas a salir per­di­en­do con los cam­bios, así que en cuan­to llegues, cam­bia el dinero en pesos con­vert­ibles cubanos (aprox­i­mada­mente, un euro=un peso con­vert­ible). Este es el dinero con el que se mueven los extran­jeros; los cubanos entre sí fun­cio­nan direc­ta­mente con el peso cubano, de mucho menos val­or. Es siem­pre recomend­able que lleveis enci­ma dinero en metáli­co pues pese a que hay cajeros y yo saqué dinero sin problemas,si las líneas tele­fóni­cas se cor­tan (algo que pasa a menudo por los cortes de sum­in­istro o por tor­men­tas) te quedas tiradísi­mo. Así que mejor pre­venir que curar.

Ni se os ocur­ra tam­poco venir a la isla sin haber con­trata­do un seguro médi­co. Yo sue­lo usar los de Inter­mundi­al, que aparte de económi­cos, no te oblig­an como otros seguros a ade­lan­tar tú los gas­tos médi­cos y ellos te lo reem­bol­san sino que tienen acuer­dos con clíni­cas de todo el mun­do y te atien­den direc­ta­mente en donde estés. Sobra decir que cualquier medica­men­to, ropa y sobre todo pro­duc­tos de higiene per­son­al como tam­pones o cham­pú aquí va a ser recibido con los bra­zos abier­tos. Yo me llevé una male­ta extra has­ta arri­ba de un mon­tón de artícu­los de primera necesi­dad para regalar. Las far­ma­cias cubanas no tienen ape­nas de nada, son cua­tro estanterías con tres med­i­c­i­nas tiradas de cualquier man­era y además son para cubanos; a los via­jeros, en las “far­ma­cias para tur­is­tas”, les pegan unos palos de impre­sión. Yo me tatué estando allí y gra­cias a Mila, que com­pró en una far­ma­cia “cubana”, la cre­ma cica­trizante me costó diez veces menos que si la hubiera com­pra­do yo.

Tened en cuen­ta además que la sanidad cubana, aunque públi­ca, es tan pre­caria como para que los pacientes ten­gan que lle­var al hos­pi­tal su comi­da y su propia ropa de cama, por lo que un seguro médi­co os ase­gu­ra que en caso de cualquier per­cance, os atien­den en cualquier clíni­ca pri­va­da al niv­el que en España. En el caso de las per­sonas con minus­valías o prob­le­mas de movilidad,tened en cuen­ta que en las calles de La Habana hau unos socavones de impre­sión y está muy poco adap­ta­do a gente con sil­las de ruedas.

Otra cosa a ten­er en cuen­ta es la época elegi­da para ir, ya que aunque en Cuba hace calor todo el año, en ver­a­no es época de hura­canes y la sen­sación de humedad se mul­ti­pli­ca. Vivir un huracán aquí no es moco de pavo. Al estar la may­oría de las vivien­das en mal esta­do, es algo habit­u­al que los bal­cones lit­eral­mente se caigan a cachos. Nosotros, pese a ir a finales de Mayo, ya nota­mos la ola de calor veran­ie­ga: ponte has­ta arri­ba de pro­tec­ción solar.

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Tema gas­tronomía. La comi­da cubana (o criol­la) des­gra­ci­ada­mente cuen­ta con muy pocos ingre­di­entes para moverse. Aquí los pro­duc­tos “de lujo” (pesca­do, marisco, ver­du­ra y, sobre todo, carne, has­ta el pun­to de que es el pro­pio gob­ier­no el que con­tro­la el gana­do vac­uno y la carne sólo puede servirse en los restau­rantes estatales) están guarda­dos celosa­mente para los extran­jeros y el cubano medio se las ve y se las desea para vari­ar su ali­mentación con lo que da de sí la car­tilla de racionamien­to. La leche se les reti­ra a los niños a los siete años (ahí sí estoy de acuer­do, yo no tomo leche des­de hace muchos años y os ase­guro que, como la may­oría de los cubanos, mis análi­sis no rev­e­lan ningu­na fal­ta de cal­cio), a cada famil­ia le toca una media de un par de pol­los por año y todo lo demás se reduce a poco más que arroz, fri­joles, plá­tano frito y ensal­adas. Aun así, como digo, el inge­nio de los cubanos es des­bor­dante y hacen mar­avil­las con lo poco que tienen. El pla­to estrel­la son los moros y cris­tianos (arroz con fri­joles) pero en algunos restau­rantes tam­bién puedes encon­trar ostiones (ostras con sal­sa de tomate y zumo de lima), lan­gos­ta (bas­tante más insíp­i­da que la de otros país­es), camarones (lo que para nosotros son los lan­gosti­nos), y no olvides pro­bar la yuca con mojo, está exquisi­ta.

Hablan­do de gas­tronomía, lleg­amos al tema “pal­adares”. Los pal­adares son restau­rantes caseros de has­ta doce comen­sales como mucho que el gob­ier­no per­mi­tió entrar en vig­or para ayu­dar a la mal­trecha economía de las famil­ias habaneras. Os recomien­do que os acerquéis a alguno porque tiene su encan­to pero en gen­er­al me parecieron caros para el niv­el de vida de la isla, por lo que sólo fuimos un par de veces. Al final, acabábamos muchas noches cenan­do en un restau­rante pre­cioso que hay frente al Capi­to­lio, El Asturi­an­i­to, y donde inex­plic­a­ble­mente te ponían unos platos estupendos,variados y grandotes y al cam­bio salíamos como a seis euros por cabeza.

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Vamos con las vis­i­tas, ya que men­cionábamos el Capi­to­lio, que como veis, es casi una répli­ca del de Wash­ing­ton. Para construirlo,se nece­sitó el tra­ba­jo de 5.000 obreros durante más de tres años y tuvo un coste total de 17 mil­lones de dólares. En la actu­al­i­dad es el edi­fi­cio más vis­i­ta­do de la ciu­dad; en el pasa­do alber­ga­ba la sede del Con­gre­so pero actual­mente acoge a la Acad­e­mia de Cien­cias de Cuba y la Bib­liote­ca Nacional de Cien­cia y Téc­ni­ca. Den­tro se alza la estat­ua de la Repúbli­ca, una figu­ra de una mujer de 17 met­ros que la hacen la ter­cera escul­tura bajo techo más alta del mun­do, después del Buda de Nara (Japón) y el mon­u­men­to a Lin­coln de Wash­ing­ton DC. Jus­to detrás del Capi­to­lio se encuen­tra la Real Fábri­ca de Taba­cos Partagás,tam­bién recomend­able.

A sólo dos min­u­tos andan­do de nue­stro hotel se encuen­tra la Plaza de la Cat­e­dral, prob­a­ble­mente una de las más boni­tas de toda Améri­ca.La pre­side la Cat­e­dral de San Cristóbal de La Habana y fue descri­ta por su belleza como “músi­ca con­ver­ti­da en piedra”. La facha­da bar­ro­ca, dis­eña­da por el ital­iano Bor­ro­mi­ni, luce aún mucho más cuan­do cae la noche, aunque te recomien­do que la vis­ites durante la misa de los domin­gos a las 10:30. Cer­ca de la Cat­e­dral se encuen­tra el Pala­cio de los Mar­que­ses de Aguas Claras, cuyo restau­rante El Patio, con mesas al aire libre, siem­pre está pla­ga­do de gente. Al otro lado de la plaza tienes la Casa de Lom­bil­lo, del siglo XVIII, y el Pala­cio del Mar­qués de Arcos, que en la actu­al­i­dad es la ofic­i­na de telecorreo inter­na­cional. Además, en el Pala­cio de los Con­des de Bay­ona podrás vis­i­tar el Museo de Arte Colo­nial, ded­i­ca­do al mobil­iario colo­nial.

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La Plaza De Armas se encon­tra­ba tam­bién a un min­u­to del Ambos Mun­dos y des­de el primer día se con­vir­tió en uno de mis lugares favoritos por su ambi­ente bohemio, sus puestos de libros donde te podías tirar horas y horas oje­an­do antic­ual­las (encon­tré algunos libros bas­tante intere­santes acer­ca de la evolu­ción del comu­nis­mo en el país y una fan­tás­ti­ca Antología del Cuen­to en Cuba). En el cen­tro se alza impo­nente la estat­ua de Car­los Manuel de Céspedes,quien con­du­jo a Cuba a la inde­pen­den­cia en 1868 y en su parte ori­en­tal el Pala­cio de los Cap­i­tanes Gen­erales. Tam­bién aquí se encuen­tra el Museo de la Ciu­dad, abier­to de 09:00 a 18:00, el Pala­cio del Segun­do Cabo, el fab­u­loso Castil­lo de la Real Fuerza, la for­t­aleza colo­nial más antigua de toda Améri­ca (1558) y el Museo de la Cerámi­ca Artís­ti­ca Cubana.

La Habana está reple­ta de plazas mar­avil­losas, aunque la de Armas y la de la Cat­e­dral sean las más cono­ci­das. Tam­bién en la zona cen­tro se ubi­ca la plaza de San Fran­cis­co de Asís, con la Lon­ja del Com­er­cio, y la basíli­ca de San Fran­cis­co, que actual­mente se uti­liza como sala de concier­tos. Tam­poco hay que dejar de venir a la Plaza Vie­ja, del siglo XVI, que has­ta 1835 fue un mer­ca­do al aire libre. Al sur de la plaza se encuen­tra el estrafalario Museo del Naipe y al lado el Cen­tro de Arte La Casona. Y jus­to al sur de la plaza, impre­sio­n­antes tem­p­los como la Igle­sia y Con­ven­to de San­ta Clara, la Igle­sia Par­ro­quial del Espíritu San­to (la más antigua de La Habana, de 1640, y cono­ci­da por sus crip­tas), el Con­ven­to de Nues­tra Seño­ra de las Mer­cedes y la Igle­sia de San Fran­cis­co de Paula, para mí la más boni­ta de todas.

Volvien­do de nue­vo al Capi­to­lio, al norte de éste tienes el Cen­tro Gal­lego, antiguo club social fun­da­do por los inmi­grantes a prin­ci­p­ios de siglo y el impre­sio­n­ante Gran Teatro de La Habana, con 2.000 buta­cas y el orgul­lo de ser el más antiguo de toda Sudaméri­ca. En la sala Gar­cía Lor­ca se puede dis­fru­tar del Bal­let Nacional de Cuba (el mejor del mun­do) y de la Ópera Nacional.

Des­de aquí puedes acer­carte a ver el hotel Inglater­ra y el Bule­var de San Rafael, donde vende­dores ambu­lantes venden cualquier cosa que te puedas imag­i­nar. Por cier­to, enfrente del Inglater­ra tienes el Par­que Cen­tral, que ofrece un espec­tácu­lo úni­co en el mun­do. La primera vez que nos acer­camos a dar un paseo, nos encon­tramos a una mul­ti­tud de hom­bres y mujeres chillán­dose unos a otros como locos, con esa pasión tan caribeña de ellos: este es el pun­to de reunión para que los afi­ciona­dos al beis­bol ven­gan a defend­er con vehe­men­cia a sus equipos. De ver­dad, es una expe­ri­en­cia ver las que mon­tan en lo que ellos lla­man “la esquina caliente”.

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Otro lugar por el que es un gus­ta­zo darse una vuelta es el paseo de Martí, aunque todos los cubanos lo cono­cen como Paseo del Pra­do y me record­a­ba a cuan­do se hacía la Feria del Dis­co en el Paseo de Reco­le­tos pero este coman­da­do por pin­tores calle­jeros. El paseo data de 1770 y en mi opinión es la aveni­da más boni­ta de toda la cap­i­tal; aquí se encuen­tran edi­fi­cios impo­nentes como el pala­cio Velas­co,sede de la emba­ja­da españo­la, la Igle­sia del San­to Angel Cus­to­dio o el par­que de los Enam­ora­dos, donde se con­ser­va parte de la cár­cel colo­nial.

Al otro lado de la calle, el Castil­lo de San Sal­vador de la Pun­ta, aunque se encon­tra­ba cer­ra­do cuan­do nosotros fuimos por obras de restau­ración. El Paseo final­iza en las cer­canías del Malecón, el autén­ti­co sím­bo­lo de La Habana.Y la ver­dad es que en vivo es aún más her­moso que en las fotos, pese a que a la caí­da de la noche se encuen­tre total­mente a oscuras por la fal­ta de elec­t­ri­ci­dad. Este fab­u­loso dique de ocho kilómet­ros de lon­gi­tud es la arte­ria más viva de la ciu­dad, siem­pre llena de gente pase­an­do o hacien­do deporte, de niños que saltan al mar des­de las rocas, de bus­cav­i­das y de músi­cos. Es inevitable que si te alo­jas en La Habana, al menos bajes un rato todos los días a pasear por allí.

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Esta pre­ciosi­dad de aquí arri­ba es el par­que Históri­co-Mil­i­tar del Mor­ro, famoso entre los vis­i­tantes por su cer­e­mo­nia del cañon­a­zo, que se cel­e­bra a diario. El Castil­lo de los Tres Reyes Magos del Mor­ro se con­struyó en 1589, vio batal­las entre británi­cos y españoles, la con­struc­ción del primer faro de Cuba y hoy en día alber­ga el Museo Marí­ti­mo. Por otro lado está la for­t­aleza de San Car­los de la Cabaña, de las más grandes de Améri­ca, con calles empe­dradas y fos­os; en el foso de los Lau­re­les era donde se fusil­a­ba a los patri­o­tas cubanos. Los dic­ta­dores Macha­do y Batista la usaron como prisión mil­i­tar, el Ché Gue­vara como su cuar­tel gen­er­al y, sor­pren­den­te­mente, hoy en día está con menos tur­is­tas que El Mor­ro, pre­cisa­mente porque inex­plic­a­ble­mente las agen­cias no la incluyen en sus vis­i­tas.

Imper­don­able tam­bién perder­se el Museo de la Rev­olu­ción, situ­a­do en el antiguo Pala­cio Pres­i­den­cial. Aquí se pro­du­jo un inten­to frustra­do de asesina­to de Batista y hoy en día es una exposi­ción inmen­sa de todo el pro­ce­so rev­olu­cionario en Cuba. Se encuen­tra en la calle Refu­gio 1 y está abier­to de 10:00 a 17:00. Os lo recomien­do.

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La zona de la Col­i­na Uni­ver­si­taria tam­bién se merece un buen recorrido,pese a que cuan­do nosotros fuimos hacía un calor de mil demo­ni­os. La Uni­ver­si­dad de La Habana es famosa en el mun­do entero; aquí tienes la Bib­liote­ca, el Museo de His­to­ria Nat­ur­al y el Antropológi­co Mon­tané, el Museo Napoleóni­co (con más de 7.000 obje­tos rela­ciona­dos con Bona­parte) y el esta­dio uni­ver­si­tario José Abra­hantes.

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Cole­gio en La Habana

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Lleg­amos a otro de los pun­tos emblemáti­cos de La Habana: la Plaza de la Rev­olu­ción. Por el día aque­l­lo es una solan­era de impre­sión, así que aprovecha para ir a primera hora de la mañana o a últi­ma de la tarde. Las dos imá­genes más fotografi­adas de la plaza son el mon­u­men­to a José Martí, de 142 met­ros de altura (puedes subir has­ta su mirador a 129 ms.) y el enorme mur­al de Ché Gue­vara con su cono­ci­do “Has­ta la vic­to­ria siem­pre” en la facha­da del Museo del Inte­ri­or. Detrás se hal­la el Comité Cen­tral del Par­tido Comu­nista de Cuba, donde está el despa­cho de Cas­tro y al oeste el Teatro Nacional de Cuba.

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Aho­ra voy a hablaros de dos lugares bas­tante curiosos en La Habana, que no todo el mun­do visi­ta y a los que nos llevó Milay­dis, lo cual le agradez­co una bar­bari­dad. El primero es Chi­na­town (o lo que que­da de él). Pese a que entre los años 40 y 50 fue el Chi­na­town más grande de todo Sudaméri­ca, inclu­so había aquí una sucur­sal del Ban­co de Chi­na o un cono­ci­do casi­no, el Chung Wha. Pero cuan­do llegó la rev­olu­ción en 1959, la may­oría de las propiedades de los chi­nos fueron con­fis­cadas y casi todos se fueron del país. El bar­rio quedó en un esta­do de total aban­dono, has­ta que a medi­a­dos de los 90, pro­movi­do por la Emba­ja­da de Chi­na en La Habana,  se empezaron a abrir restau­rantes y Chi­na­town recu­peró su col­ori­do. Pero lo espec­tac­u­lar de todo esto es que al no exi­s­tir ape­nas descen­di­entes de aque­l­los asiáti­cos que se fueron, lo que te encuen­tras en los restau­rantes son ¡cubanos dis­fraza­dos de chi­nos! De ver­dad, el inge­nio de esta gente no tiene límite.

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El segun­do lugar del que quiero hac­er ref­er­en­cia es un lugar encan­ta­dor lla­ma­do el Calle­jón de Hamel. Afortunadamente,es un sitio con un aro­ma muy espe­cial que no se pub­lici­ta en las revis­tas ni lo recomien­dan las agen­cias, por lo que aquí puedes encon­trar la Cuba más autén­ti­ca. Este calle­jón, que debe su nom­bre a un norteam­er­i­cano famoso por su gen­erosi­dad con los cubanos, se encuen­tra entre las calles Aram­bu­ru y Hos­pi­tal, en el dis­tri­to de Cen­tro Habana (en el pop­u­lar bar­rio de Cayo Hue­so). La activi­dad máx­i­ma acon­tece los domin­gos por la mañana, entre las 11:00 y las 14:00, cuan­do gente de todo tipo viene aquí a rendir cul­to a las reli­giones afrocubanas, aún tan influyentes entre la población, y la calle se llena de músi­ca. Esa es una de las cosas que más me gus­ta de Cuba: vayas por donde vayas, siem­pre hay alguien tocan­do una gui­tar­ra, una radio sonan­do den­tro de una casa, una voz que espon­tanea­mente can­ta en la calle.

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Como curiosi­dad, en el Jardín Botáni­co de La Habana hay un jardín japonés. Y no puedes irte de la ciu­dad sin haber pasa­do por una de las heladerías más famosas del mun­do, la Cop­pelia, con casi 50 años de antigüedad. La heladería aún cobró más fama gra­cias a la pelícu­la “Fre­sa y Choco­late” (una de mis pelícu­las favoritas), aunque actual­mente está reci­bi­en­do muchas críti­cas debido al bajón de cal­i­dad de sus hela­dos, que ya sólo ofre­cen tres sabores debido a la caren­cia de leche que sufre la isla. Aun así, se siguen cre­an­do colas kilo­métri­c­as para com­prar­los: nadie quiere irse de La Habana sin un hela­do del Cop­pelia.

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Los auto­bus­es cubanos…

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A muy pocos kilómet­ros de La Habana, si te gus­ta la playa, te recomien­do que te acerques a la de Trop­ic­o­co, una de las mejores de las Playas del Este. Una de las cosas que me tira­ba para atrás cuan­do pens­a­ba en venir a Cuba es la de mil­lones de tur­is­tas que hay, por eso rec­haz­amos la opción de com­bi­nar La Habana con Varadero (aunque a Varadero nos acer­camos a pasar el día, ahí más aba­jo os lo cuen­to…) Por ello, la playa de Trop­ic­o­co es ide­al, ya que basi­ca­mente es una playa para cubanos (igual o más boni­ta que la de Vardero) y ape­nas hay extran­jeros. Aquí nos comi­mos una lan­gos­ta gigan­tesca por un pre­cio irriso­rio (creo que unos 15 dólares) y el taxi des­de la ciu­dad tam­poco nos costó caro, unos diez dólares por trayec­to (ten en cuen­ta que las playas están a unos 20 kilómet­ros). El taxista que nos llevó era un inge­niero nuclear (!!) y de camino nos explicó como en un edi­fi­cio enorme que vimos des­de la car­retera se había alo­ja­do a niños rusos afec­ta­dos por la radiación de Cher­nobyl ‚invi­ta­dos por el gob­ier­no cubano, que pen­só que el cli­ma caribeño sería bueno para su mejoría.

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Lo de ir otro día a Varadero, más que por la propia playa en sí, nos motiva­ba por el hecho de atrav­es­ar toda la zona de Matan­zas, que es súper selváti­ca, ofrece unos paisajes pre­ciosos y es el munici­pio más despobla­do del país. En el sur aparece la Cié­na­ga de Zap­a­ta, el may­or humedal del país, y al norte Cár­de­nas con sus pozos de petróleo, nosotros vimos un mon­tón des­de el coche.

Hablan­do de coche, le alquil­am­os sólo por un día y el pre­cio carísi­mo, como unos 70 dólares pero es lo que tiene que haya tan pocas agen­cias en La Habana y estén con­tro­ladas por el Esta­do: te meten unos palos de alucinar.La autopista (¿?) esta­ba prac­ti­ca­mente vacía, son muy pocos los cubanos con coche y aún menos los que pueden costearse la gasoli­na, pese a que la isla se autoabastece. Eso sí, un show recor­rerla. La con­struyeron los soviéti­cos y es una inmen­si­dad de un mon­tón de car­riles rol­lo las de Los Angeles,con la difer­en­cia de que aquí hay unos socavones donde cabe un coche entero y te encuen­tras a menudo car­ro­matos tira­dos por bur­ros en mitad de la autopista. Prefe­r­i­mos por tan­to que con­du­jera un ami­go cubano,más acos­tum­bra­do a moverse por ter­renos de este tipo…

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En cuan­to a la propia playa de Varadero, pues bueno… sí, real­mente boni­ta pero a mí es que estas playas tan turís­ti­cas, donde has­ta hace no tan­to no per­mitían ni siquiera la entra­da a los cubanos a no ser que fuer­an con­ti­go, como era el caso de nue­stros ami­gos, pues como que no me ter­mi­nan de con­vencer. Pero he de recono­cer que sus 20 kilómet­ros de playa son bel­lísi­mos y que merece la pena la escapa­da des­de La Habana para pasar el día.

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Como pese a que en La Habana hay miles de sitios para ver, nos estábamos orga­ni­zan­do bas­tante bien en cuan­to a itin­er­ar­ios y nos esta­ba cun­di­en­do un mon­tón el tiem­po, decidi­mos dedicar otro de los días a recor­rer la provin­cia de Pinar del Río y así de paso ver el Valle de Viñales, uno de los más boni­tos y espec­tac­u­lares del mundo.La UNESCO otorgó a Viñales al com­ple­to el títu­lo de Pat­ri­mo­nio de la Humanidad y os ase­guro que se lo tiene mere­ci­do porque es pre­cioso!

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El Valle se encuen­tra en la Sier­ra de los Organos, en la cordillera de Guaniguani­co, y tiene paisajes de ensueño. Para empezar, los mogotes, una for­ma­ción geológ­i­ca sólo com­pa­ra­ble a los que tam­bién exis­ten en Chi­na y Mala­ca. Para explicar de un modo no muy téc­ni­co lo que es un mogote, imag­i­nad que hace mil­lones de años todo el valle fuera una gigan­tesca cue­va pre­históri­ca de kilómet­ros de exten­sión. Pues bien, los mogotes eran las “colum­nas” de dicha cue­va; al der­rum­barse el colos­al techo de la gru­ta, los mogotes pasaron a ser col­i­nas enormes cubier­tas de veg­etación. El techo (aho­ra sue­lo) dió ori­gen al ter­reno más idó­neo del mun­do para el cul­ti­vo de taba­co, y es aquí, en Pinar del Río, donde se fab­ri­can los mejores habanos del plan­e­ta. Nosotros aprovechamos pre­cisa­mente para acer­carnos a una fábri­ca de taba­co que ofrecía vis­i­tas y donde puedes ver como los habanos se elab­o­ran a mano, de un modo total­mente arte­sanal. Hablan­do de habanos, nun­ca los com­préis en la calle. Ni el ron tam­poco. La may­oría son imita­ciones.

Estos son los curiosos mogotes…

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En Pinar del Río puedes acer­carte a ver la Cue­va del Indio, real­mente boni­ta y con la posi­bil­i­dad de como nosotros hici­mos recor­rerla en bar­co…

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Aprovechamos para parar a com­er en la pequeña cap­i­tal de provin­cia, la propia Pinar del Río, donde por todos lados se res­pi­ra su ambi­ente taba­calero. No obstante, aquí se gen­era el 80% de toda la pro­duc­ción nacional.

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Otro sitio atípi­co en Viñales: el Mur­al de la Pre­his­to­ria

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Y así se mueven los cubanos entre un pueblo y otro ¡como bue­na­mente pueden!

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A la vuelta a La Habana nos tocó una tor­men­ta trop­i­cal que ríete tú de las de la gota fría valen­ciana. Aun así, con llu­via y todo, nos fuimos a recor­rer el pre­cioso bar­rio de Mira­mar, donde vivía la clase alta cubana antes de la rev­olu­ción y que fueron forza­dos a aban­donar sus lujosas man­siones de los años 30, aho­ra muchas de ellas sedes de emba­jadas extran­jeras. Su calle prin­ci­pal es la Quin­ta Aveni­da, con­sid­er­a­da como la más bel­la de toda Cuba, y yo coin­ci­do total­mente. Tiene edi­fi­cios muy curiosos,como el de la Emba­ja­da de Rusia,que es una oda abso­lu­ta al comu­nis­mo (un edi­fi­cio mas­todón­ti­co) pero en gen­er­al son casi todo mar­avil­losas casas de época, de ver­dad que pocos bar­rios he vis­to en mi vida tan boni­tos como éste.

Y una últi­ma cosa:me acerqué en La Habana a “La Bode­gui­ta del Medio”, el céle­bre restaurante,y aguan­té cin­co min­u­tos de la can­ti­dad de tur­is­tas que se agol­pan allí, es hor­ro­roso. Merece la pena ver­lo porque es un lugar históri­co para la ciu­dad, han pasa­do infinidad de per­son­ajes impor­tantes por allí, pero la aflu­en­cia tan masi­va de gente le qui­ta todo el encan­to. Algo que, sin embar­go, no me impidió dis­fru­tar del resto de todos los lugares donde estu­vi­mos, quizás porque yen­do en Mayo aún no era tem­po­ra­da altísi­ma.

Resum­ien­do: un via­je mar­avil­loso. MARAVILLOSO con todas las letras. Por todas las expe­ri­en­cias sur­re­al­is­tas, por la can­ti­dad de buenísi­ma gente que conoci­mos (los cubanos son gente muy, muy espe­cial, cultísi­mos, hos­pi­ta­lar­ios y con un sen­ti­do del humor admirable vista cómo está la situación), por los moji­tos al anochecer, por la de his­to­rias que vivi­mos y nos con­taron, por lo que moral­mente te enseña un país donde la gente no tiene ape­nas nada y aún así a todo le ven el lado pos­i­ti­vo. Un ejem­p­lo de como vivir en las cir­cun­stan­cias más duras le hace a uno ser más fuerte pero, sobre todo, ver la vida de otra man­era.


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