Odiamos volar con Ryanair (pero todos seguimos haciéndolo)

Y de pronto nació Ryanair…

Si quisiéramos bus­car un símil gas­tronómi­co, Ryanair sería el McDon­alds de las aerolíneas. Pre­cios que a pri­ori son bajísi­mos (otras veces no tan­to) pero al final no hay más vueltas que dar­le: el menú es una mier­da. Y no nos engañe­mos, com­er bara­to no sig­nifi­ca ten­er que com­er mal. Por la mitad de lo que vale una ham­bur­gue­sa de plás­ti­co, en el bar de al lado te plan­tan un boca­ta de cala­mares “de los que qui­tan el sen­tío”. El prob­le­ma es que esos bocatas no puedes encon­trar­los en todos sitios pero el McDon­alds sí. Es el gran incon­ve­niente de las fran­qui­cias agre­si­vas, que sin embar­go más de uno ve como una ven­ta­ja.

La lle­ga­da de Ryanair al mun­do de las com­pañías aéreas supu­so un maza­zo para las grandes com­pañías, acos­tum­bradas a monop­o­lios dic­ta­to­ri­ales en los que ponían los pre­cios que les daba la gana. Lo com­paro a cuan­do en España la úni­ca com­pañía de la que disponíamos era Tele­fóni­ca y te cobra­ban cin­co mil pelas por estar un rato char­lan­do con un ami­go de Barcelona. Luego resultó que lle­garon las demás (Voda­fone, Jaz­z­tel u Orange) y ¡oh,milagro! se demostró que te podías tirar hablan­do las 24 horas del día con cualquier otra provin­cia sin que te cobraran un duro de más, bien­venido al mun­do de las lla­madas ilim­i­tadas. Nos sen­tíamos felices con este chol­lo ines­per­a­do pero nos costa­ba acor­darnos de todo el tiem­po que nos habían esta­do toman­do el pelo y la de dinero que nos hubiéramos ahor­ra­do si hubiera exis­ti­do la libre com­pe­ten­cia.

Con Ryanair pasó algo pare­ci­do: de repente surgía una aerolínea que vendía los vue­los ¡a un cén­ti­mo! Y no era bro­ma ni un engañoso reclamo pub­lic­i­tario: en aque­l­los primeros tiem­pos, fueron varias las veces que enganché var­ios bil­letes en los que sólo pagué las tasas aero­por­tu­ar­ias. Recuer­do que mucha gente decía “¡eso es imposible!¡esos bil­letes al final no se encuen­tran nun­ca!”. Pues sí, se encon­tra­ban y tam­poco hacía fal­ta esforzarse mucho. Quién me iba a decir a mí que iba a volar a Ale­ma­nia (y regre­sar luego) por 17 euros los dos trayec­tos. Nos salía más bara­to irnos de via­je el fin de sem­ana que quedarnos en casa.

Odiamos volar con Ryanair

El tiem­po, que es muy sabio, nos comen­zó a demostrar que sin embar­go no es oro todo lo que reluce. Porque a la larga nadie da duros a pese­tas. Y volar con Ryanair sig­nifi­ca­ba pagar aun alto pre­cio en lo que a la cal­i­dad de otros ser­vi­cios se refiere. Ser­vi­cios a los que estábamos tan acos­tum­bra­dos cuan­do volábamos con otras aerolíneas que no nos dimos cuen­ta de lo mucho que los echábamos de menos has­ta que nos los quitaron.

Aeropuertos en medio de la nada

Por un lado, está el tema de los aerop­uer­tos. En Madrid ten­emos suerte porque sólo con­ta­mos con un aerop­uer­to, el de Bara­jas, y no les que­da más reme­dio que volar des­de allí. Pero en otras ciu­dades el aerop­uer­to está donde Cristo perdió el mechero. Pon­go el caso, porque lo he sufri­do en mis carnes, del aerop­uer­to de Frank­furt Hahn. Lo del nom­bre es una mera coin­ci­den­cia: la ciu­dad de Frank­furt se encuen­tra a 125 kilómet­ros. Muchos de estos aerop­uer­tos secun­dar­ios donde Ryanair opera porque las tasas que pagan son bajísi­mas están per­di­dos en medio de la nada. Cier­to es que ponen ser­vi­cios de bus­es que enlazan con la ciu­dad pero en el caso de Oslo, por pon­er otro ejem­p­lo, está tan lejos que el pre­cio del bil­lete del auto­bús te cues­ta sólo un poco menos que lo que te ha costa­do el vue­lo, vamos, que hay que sumar ese extra al bil­lete y entonces, era obvio, la gan­ga ya no es tan­ta gan­ga.

Añadamos que la may­oría de estos aerop­uer­tos son fran­ca­mente depri­mentes: minús­cu­los, sin ape­nas tien­das (y las que hay tienen pre­cios pro­hibitivos) y un mon­tón de gente pegán­dose por subir al auto­bús. Que haya ser­vi­cio de lan­zadera no sig­nifi­ca que vayas a ten­er sitio en el primer bus que llegue, muchas veces te toca esper­ar media hora a que llegue el sigu­iente. ¿Con­clusión? Que entre las dos horas que hay que estar antes en el aerop­uer­to más la hora de trayec­to y la otra hora extra para lle­gar pron­to a la estación y ase­gu­rarte asien­to, al final te tiras más tiem­po en los prepar­a­tivos pre­vios que volan­do.

Cualquier servicio extra, a precio de oro

Ojalá estos fuer­an los úni­cos car­gos extras a los que uno se enfrenta cada vez que vuela con Ryanair. Porque son tan­tos los des­cui­dos que se penal­izan que cuan­do uno reser­va un vue­lo está con los mis­mos nervios que cuan­do hace la declaración de la renta: como se te olvide algo, te pegan un palo que te dejan más tieso que la rodil­la de un Click. Para empezar, no te que­da otra que hac­er la fac­turación online y por nada del mun­do dejarte en casa la tar­je­ta de embar­que. Como la olvides, te cla­van 15 euros por imprimírtela (45 si direc­ta­mente se te pasó hac­er el check-in pre­vio). ¿Ocurre lo mis­mo en otras com­pañías de bajo coste? En abso­lu­to: por pon­er un ejem­p­lo, Easy­jet no cobra nada por dicho ser­vi­cio.

Si resul­ta que has com­pra­do un bil­lete pero no puedes via­jar y quieres cedérse­lo a alguien, es decir, un cam­bio del nom­bre del tit­u­lar, la bro­ma te sale cara: 160 euros si el cam­bio se real­iza en el mis­mo aerop­uer­to y 110 si lo haces en casa. Si lo que quieres es cam­biar las fechas del vue­lo, los pre­cios oscilan entre 45 y 90 euros por trayec­to. En defin­i­ti­va, que la may­oría de las veces sale mejor perder el dinero y com­prar un bil­lete nue­vo.

Tema equipa­je. Esto sí que ha dado que­braderos de cabeza a los clientes (y lo sigue dan­do). Al prin­ci­pio, sólo te deja­ban una male­ta de cab­i­na por per­sona y nada de bol­sos extras: te hacían meter el bol­so den­tro de la male­ta para embar­car. Además, las medi­das de la male­ta (55cmx40cmx20cm) son infe­ri­ores a las del resto de aerolíneas (56cmx45cmx25cm). Luego rela­jaron la políti­ca y te deja­ban lle­var el bol­so fuera. Pero no, no suponía un detalle con los pasajeros: era sólo el pról­o­go de lo que ha lle­ga­do aho­ra. Sólo puedes lle­var un bol­so o mochi­la y la male­ta de cab­i­na, si quieres subir­la con­ti­go, cues­ta seis euros por trayec­to; en caso de que no quieras pagar­lo, te la envían a la bode­ga y a esper­ar que sal­ga por la cin­ta cuan­do ater­rices. Esto va en con­tra de los dere­chos de los pasajeros ya que cualquier aerolínea, aunque sea de bajo coste, te per­mite subir con tu equipa­je de mano. ¿Y a qué responde esta nue­va políti­ca? A que en real­i­dad en cab­i­na sólo tienen espa­cio para noven­ta male­tas. Que viva la golfer­ía.

Las male­tas fac­turadas de has­ta 20 kilos tienen un pre­cio fijo de 25 euros por trayec­to (com­párense con los 10 euros que cobra Air Asia). Si vue­las en fechas clave como Navi­dad, Sem­ana San­ta o los meses de ver­a­no la fac­turación pasa de ser a 40 euros por male­ta. Eso sí, si la male­ta se añade cuan­do ya tienes una reser­va hecha, a pos­te­ri­ori, pasa a costar 40 euros. Y si a los 20 kilos quieres añadir peso, cada kilo extra cues­ta 10 libras. Como véis, el pre­cio-chol­lo ini­cial del bil­lete con­tinúa incre­men­tán­dose.

Una de las cos­tum­bres a las que me he vis­to oblig­a­da al volar con Ryanair es a lle­var con­mi­go mi propia comi­da. Si el vue­lo dura más de dos horas, sue­lo echar un bocadil­lo y una pieza de fru­ta. Me niego a pagar tres euros por una botel­li­ta de agua o seis por un sand­wich con tan mal aspec­to que se te revuelve el estó­ma­go sólo por mirar­lo. Ojo, que estos no son los úni­cos abu­sos a ten­er en cuen­ta. Ryanair, una com­pañía sol­i­daria como pocas, no ofrece asis­ten­cia a per­sonas con dis­capaci­dad como inv­i­dentes ni tam­poco les per­mite via­jar solos, por lo que estos se ven oblig­a­dos a pagar un bil­lete extra para ir acom­paña­dos, y cobra 50 libras a los pasajeros que por enfer­medad nece­si­tan oxígeno. Y sólo les per­miten embar­car si el vue­lo dura menos de 250 min­u­tos. Si no puedes pagar el oxígeno, pues te jodes y te mueres.

Si via­jas con un bebé, aunque este vaya en tus bra­zos, has de pagar 20 libras extras por trayec­to. Si el niño tiene más de dos años, paga igual que un adul­to. Lo curioso es que la aerolínea no per­mite via­jar a menores de 16 años si estos no van acom­paña­dos pero recien­te­mente obligó a una madre mal­lorquina a pagar la elec­ción de asien­to para poder via­jar jun­to a su pequeña de tres años. Si quieres ele­gir asien­to, paga. Si quieres embar­que pri­or­i­tario, paga. Si quieres asien­to en la sal­i­da de emer­gen­cia, paga. Nos van a cobrar has­ta porque las azafa­tas nos den los buenos días.

Aviones que da miedo verlos

Los aviones tam­bién son para ver­los. No he vis­to unos asien­tos más estre­chos en la vida, la medi­da estandar es para anoréx­i­cos. Cuan­do ater­rizas, bajas con un cuer­po que parece que has cor­ri­do el maratón de Nue­va York. Aho­ra dicen que van a ampli­ar la anchu­ra en dos cen­tímet­ros, coño qué enr­rol­la­dos (ver­e­mos cómo entran esos que para no pagar male­tas extras suben al avión con cin­co jer­seys uno enci­ma de otro). Por no ten­er, en los asien­tos no tienes ni la bol­sa de redecil­la donde se sue­len colo­car las revis­tas de las aerolíneas y que tan bien vienen para dejar tus libros: antes existían pero las han quita­do, que fijo que cada una vale un cén­ti­mo y no es cuestión de der­rochar. Las bol­sas de papel por si te mar­eas y vom­i­tas tam­bién bril­lan por su ausen­cia: les deben salir carísi­mas.

Cuan­do subes a un avión de Ryanair, entien­des lo que siente mucha gente que en África vuela en algu­na de esas aerolíneas que no entien­des cómo obtienen los per­misos para oper­ar. Todo es tan cutre que da miedo. Para aumen­tar esa sen­sación de “avión de mer­cadil­lo”, hay pub­li­ci­dad por todos lados: com­pra, com­pra, paga, paga… hay que ver lo que le gus­ta a esta gente que nos rasque­mos el bol­sil­lo. Como si no hubiéramos tenido bas­tante al reser­var el vue­lo con los anun­cios de las com­pañías de coches de alquil­er, las de los hote­les y cal­cetines a cin­cuen­ta cén­ti­mos. A mitad de vue­lo las azafa­tas, a las que sólo les fal­ta un megá­fono por el que voceen “¡otra muñe­ca cho­choooon­aaaa!”, real­izan rifas ver­ben­eras, que te parece estar en los coches de choque de las fies­tas del bar­rio.

Bole­tos no es lo úni­co que venden: a nosotros nos han inten­ta­do encas­que­tar el Cuore con el reclamo de que “esta­ba Paquir­rín en la por­ta­da”. Lo raro es que no te hagan un top man­ta en mitad del pasil­lo. Aho­ra su nue­va ini­cia­ti­va es vender a través de la web entradas para espec­tácu­los: de aquí a los pro­duc­tos de todo un euro sólo hay un paso. Y menos mal que no ha pros­per­a­do aquel plan de alquil­er de pelícu­las porno, que ya lo úni­co que nos falta­ba es un avión lleno de pasajeros onanistas.

El “chonismo” en su máxima expresión

Sí hay una cosa que debe­mos agrade­cer­le a Ryanair: que por fin hayan deja­do de des­per­tarnos con esa melodía de cor­ne­tas a todo vol­u­men que tan hor­ri­bles recuer­dos traerá a los que tuvieron la mala suerte de hac­er la mili. Ahí estabas tan feliz dur­mien­do, después de haber logra­do echar un sueñecito pese al frío que siem­pre hace en los aviones, que parece que estás ali­catan­do un iglú, y de repente te des­perta­ban con ese soni­quete dia­bóli­co. Fijo que han deci­di­do suprim­ir­lo porque a alguno le ha dado un infar­to. Que hablan­do de infar­tos, aún recuer­do en un vue­lo des­de Dublín que a un pasajero le dio un ama­go de infar­to y la azafa­ta en vez de lla­mar a la cal­ma, sal­ió cor­rien­do histéri­ca por el pasil­lo: nos sen­ti­mos todos de lo más pro­te­gi­dos.

No es el úni­co caso, a una pasajera británi­ca que vola­ba a Budapest una azafa­ta la tiró enci­ma una taza de té hirvien­do e ignor­a­ba cómo dar­le los primeros aux­il­ios. Unido a que en el respal­do del asien­to que tienes delante te plan­tan ahí bien vis­i­ble los dibu­jos de qué hac­er en caso de acci­dente, no nos extraña que los pasajeros aplau­dan cuan­do el avión toca tier­ra. Y no besan el sue­lo de la pista porque está muy sucio, no por fal­ta de ganas, ya os lo digo yo. La aerolínea ya estu­vo en boca de todos en 2012 cuan­do se supo que tres aviones tuvieron que ater­rizar en situación de emer­gen­cia ante lo ajus­ta­do que lle­van el com­bustible y que habían sufri­do episo­dios de despresur­ización en las cab­i­nas.

Si antigua­mente el ofi­cio de azafa­ta era uno de los más anhela­dos por las jovenci­tas, por ese esta­tus que parecía otor­gar tra­ba­jar en un avión, tan ele­gantes y tan guapísi­mas ellas, con Ryanair nos pre­gun­ta­mos muchas veces dónde hacen las entre­vis­tas de tra­ba­jo ¿en las Tres Mil Vivien­das? Porque hay que ver qué choni y qué male­d­u­ca­do es el 90% de la plan­til­la. Les hablan con unos mal­os modales a los pasajeros que te da miedo pre­gun­tar cualquier cosa. Claro que por lo que les pagan, tam­poco se puede pedir peras al olmo. El que quiera tra­ba­jar para la aerolínea, ha de pagarse el cur­so de for­ma­ción (alo­jamien­to inclu­i­do) y has­ta el uni­forme. En el momen­to en que las ruedas del avión tocan el sue­lo, el per­son­al deja de cobrar, pese a que cuan­do sal­gan todos los pasajeros les toque quedarse a limpiar. Algu­nas azafa­tas han denun­ci­a­do en diver­sos foros que más de un com­pañero ha lle­ga­do medio bor­ra­cho a tra­ba­jar y la respues­ta de la aerolínea ha sido “hala, lávate un poco la cara y a cur­rar”. No lo dec­i­mos nosotros, lo dicen ellas. Al menos aho­ra no las oblig­an a posar liger­i­tas de ropa para los cal­en­dar­ios de la com­pañía, algo que sí hicieron en el pasa­do, en un deplorable detalle de machis­mo y mal gus­to.

Pasajeros que deberían quedarse en tierra

Al per­son­al de vue­lo de Ryanair hay que enten­der­le porque lidiar con muchos de los pasajeros que usan Ryanair es para lle­var un machete y un bardeo bajo la fal­da. Hooli­gans bor­ra­chos que van de fies­ta a Ibiza, domingueros que no han cogi­do un avión en su vida y se creen que van en un auto­bús de La Sepul­vedana, gente que le da igual el des­ti­no mien­tras el bil­lete haya sido bara­to, lec­toras de “Cin­cuen­ta som­bras de Grey” camino de cel­e­brar des­pe­di­das de soltera… la creme de la creme. Hace sólo unos días un avión debía ater­rizar de emer­gen­cia en San­tander por cul­pa de dos pasajeros que iban con unas cuan­tas copas de más. Y como vimos en un vídeo hace unos meses, has­ta pare­jas for­ni­can­do que puedes encon­trarte en el asien­to de al lado. O azafatos como el gadi­tano que estas últi­mas navi­dades ameniz­a­ba los vue­los hacien­do su propia ver­sión del “Despaci­to”, en esta ocasión lla­ma­da “Dos euri­tos”.

Al per­son­al de vue­lo estas ini­cia­ti­vas pachangueras les pare­cerán gra­ciosísi­mas pero he vis­to a cien­tos de pasajeros echán­dose las manos a la cara, sus­pi­ran­do mien­tras susurran “¿en serio ten­emos qué aguan­tar esto?”. Lo raro es que no haya azafa­tas hacien­do mal­abares o con unos bon­gos pero tran­qui­los: todo lle­gará. Si hay algo que Ryanair te garan­ti­za es que en sus vue­los nun­ca vas a abur­rirte. Lo que no te garan­ti­zan es que vayas a lle­gar a tu hora, pese a que se echen flo­res engañán­donos y dicien­do que son súper pun­tuales: el año pasa­do casi 43.000 vue­los suyos en España ater­rizaron con más de 15 min­u­tos de retra­so.

Y si cancelan ¿qué pasa?

Com­prar un bil­lete con Ryanair no te ase­gu­ra en ningún caso que vayas a volar. Que se lo pre­gun­ten a esos miles de pasajeros que se han queda­do recien­te­mente en tier­ra tras las can­cela­ciones por la hui­da de pilo­tos a otras com­pañías que les trataran mejor, esas que les pagan suel­dos en condi­ciones y no les ponen todas las pegas del mun­do para con­seguir rep­re­sentación sindi­cal (algo que se ha logra­do tras muchas que­jas de los tra­ba­jadores). Por supuesto, Ryanair se guardó muy mucho de infor­mar a esos pasajeros de que tenían dere­cho a com­pen­sa­ciones y que inclu­so esta­ba cobran­do por los gas­tos de gestión de los cam­bios de reser­va y por un telé­fono 902 de aten­ción al cliente que va con­tra la ley, situación que denun­ció FACUA.

No son pocos los pasajeros que a lo largo de todos estos años se han queda­do en tier­ra o han sufri­do retra­sos de varias horas sin que nadie de las com­pañía les infor­mara del prob­le­ma o les diera unos míseros vales para com­er. Hace sólo unos días, un pasajero, cansa­do de este tra­to veja­to­rio, se subió a protes­tar al ala de avión en el aerop­uer­to de Mála­ga porque ya no aguanta­ba ni un min­u­to más. Le enten­demos después de la de veces que nosotros mis­mos hemos esta­do esperan­do en las pis­tas muer­tos de frío, sin enten­der por qué esa espera no podíamos hac­er­la en las salas calen­ti­tos.

Conclusión: tragamos con todo

Pero si Rynair apes­ta tan­to y si des­de hace ocho años es la aerolínea peor val­o­ra­da entre los pasajeros españoles ¿por qué sigue sien­do líder abso­lu­ta entre todas las com­pañías de nue­stro país, con más de 38 mil­lones de bil­letes ven­di­dos el pasa­do año? ¿Por qué tras las can­cela­ciones la mitad de los pasajeros reconocieron que aún así tenían inten­ción de volver a volar con la com­pañía? Pues por lo que lo hace­mos todos: porque siguen tenien­do unas tar­i­fas imbat­i­bles. No sabéis la de veces que he dicho “¡no vuel­vo a volar con esta gen­tuza!” y unos días después veía una ofer­taza de vue­lo y volvía (de nue­vo) a caer: es como cuan­do en mitad de la resaca, te prom­etes a ti mis­mo que no volverás a toma una cerveza, no te lo crees ni tú.

Aho­ra la difer­en­cia es que se nos ha agudiza­do la picardía y nos sabe­mos las tre­tas para que ese vue­lo a Irlan­da o Bél­gi­ca te cueste real­mente trein­ta euros. Aunque sea a cos­ta de apañarte con una male­ta minús­cu­la, lle­van­do tu comi­da en tu pro­pio tup­per o dur­mien­do de mala man­era en aerop­uer­tos de tres al cuar­to. Pero si ellos son tozu­dos, nosotros lo somos más. Eso sí, ante su “ame­naza” de vue­los char­ter a Esta­dos Unidos, con­mi­go que no cuenten, por muy baratos que sean los bil­letes. Vale que una pue­da hac­er el esfuer­zo de sopor­tar un par de horas apri­sion­a­da en un asien­to que parece una sil­la de tor­tu­ra de la Inquisi­ción. Pero ¿ocho horas aguan­tan­do a azafa­tas aspi­rantes a Operación Tri­un­fo, vendién­dome bole­tos de tóm­bo­la y sin­tién­dome como en el avión de “Ater­riza como puedas”? Ni har­ta de vino.


Descubre más desde Mil y un viajes por el mundo

Suscrí­bete y recibe las últi­mas entradas en tu correo elec­tróni­co.

14 Comments

  1. Jaja­ja­ja es total­mente cier­to. Hemos vola­do con Ryan­er y nos hemos dado cuen­ta que la gan­ga esa no existe, a veces por los horar­ios, que te hacen salir a las 5 am a cualquier aerop­uer­to que que­da a 100 o más kilómetros…con decir que tam­bién hemos tenido que pagar un hotel para pasar la noche cer­ca del aeropuerto(París—Beauvais)…muchas veces recuer­do y me río…pero cuan­do esta­mos vivien­do todos esos momen­tos que cuen­tas, me digo «por favor ni sueñes en com­prar más a Ryan­er». He vivi­do todas esas expe­ri­en­cias, la de pagar, 15€ por no imprim­ir el bil­lete, la del equipa­je de mano que te metían a pre­sión un bol­so en la male­ta, cuan­do las azafa­tas son más pequeñas que yo de estatu­ra y te tiran enci­ma la cha­que­ta que has guardado…etc…así que nada, a veces nos sale más cara la oferta…y real­mente por tiem­po y como­di­dad pre­fiero un bus o un tren.…saludos y a seguir via­jan­do…

  2. El gran prob­le­ma es que hay rutas que las tienen a pre­cios inigual­ables, si volar con ellos te cues­ta 30 euros y la sigu­iente aerolí­na hace el mis­mo trayec­to por 150… de eso se aprovechan. Un salu­do y gra­cias por pasarte por aqui!

  3. Yo pre­fiero pagar el doble con cualquier otra com­pañía que ir con ellos.
    Y no es una for­ma de hablar, que lo he hecho varias veces..

  4. Nun­ca he via­ja­do por Ryanair, y real­mente lo esta­ba con­sideran­do por los pre­cios pero ya me dio miedo!

  5. Pues yo mis peo­res expe­ri­en­cias fue con Iberia,es la que ten­go total­mente tacha­da. Lo que nun­ca me pasó con Ryanair me pasa con Iberia: que te cam­bi­en el horario de vue­lo que me costó un pastón ( por ser Iberia) reser­va­do un mes antes con todo ya orga­ni­za­do para coger un crucero en Vene­cia y un par de días te avisan de que la opción es un A. Nos­trum o sea su low cost ( y por su puesto no a menor pre­cio) y a un horario que imposi­ble lle­gar a tiem­po, y a demás me dicen que si no me va bien la úni­ca opción es que me devuel­ven el dinero, y solo fal­tan 2 días para el via­je!!!! así que a bus­car otra vez y pagar aún más pastón. Otra vez en Iberia, me lle­ga la male­ta fac­tura­da con el paque­te de un rega­lo que llev­a­ba (para un bau­ti­zo) den­tro roto y abier­to, lo habían abier­to!!!, en aten­ción al cliente no se hacen car­go pues es imposi­ble demostrar .
    Bueno la idea es que si voy aun ” McDon­alds” ya se lo que voy a encon­trar y no voy a que­jarme si no me ponen Del­i­cate­ses .…. y no puedo pedir más por el pre­cio.

    Pero si que Iberia me tiene mu que­maaaaaa, ¿aviones mejores que los de RYANIR ? ¿más cómo­d­os ? ¿ per­son­al más aten­to? ¿ mejor comi­da? para mi no, la peor relación calidad/ pre­cio sin ningu­na duda.
    Eso si una pena que Ryanair suela ten­er muy mal­os horar­ios y aerop­uer­tos en las quim­bam­bas, muchas veces hay que hac­er noche de hotel y el pre­cio ya no es tan gan­ga.

    Un salu­do a todos y que haya más com­pe­ten­cia entre aero­lin­eas para que cada vez mejoren más.

  6. Nuria

    at

    Me uno al grupo de los que via­jan con Ryanair solo porque es económi­co! Pero cada vez va a peor…¿y la manía de sep­a­rar a las per­sonas que han com­pra­do bil­lete jun­tas? No voy a morir por ir sep­a­ra­da de mi acom­pañante pero en los 3 últi­mos vue­los que he cogi­do he vis­to como la gente se senta­ba al lle­gar para luego, cuan­do cerra­ban puer­tas, cam­biarse si había sitio al lado de su acom­pañante o de otro, lo que nos hace perder más tiem­po. Así que…es una medi­da nefas­ta des­de mi pun­to de vista.

    PD: Tam­bién odio la gente que aplaude cuan­do ater­riza. ¿Esper­a­ban morir porque se quedara sin gasoli­na? U_U

  7. Nosotros siem­pre que podemos opta­mos por otras com­pañías, nos ocurre igual…

  8. Jaja que no cun­da el páni­co! El artícu­lo está redac­ta­do con mucho humor negro… pero es cier­to que dejan bas­tante que desear…

  9. Veo que cada uno habla des­de su expe­ri­en­cia, parece que todas las com­pañías dan que­braderos de cabeza… nosotros con Iberia tam­bién hemos tenido algu­na mala expe­ri­en­cia con el equipa­je… Te doy la razón en que la com­pe­ten­cia es bue­na para mejo­rar ser­vi­cios!

  10. Muy de acuer­do con lo de la sep­a­ración de asien­tos, sobre todo para quien via­ja con niños. Y como tú, tam­poco aguan­to a los que aplau­den cuan­do ater­rizas, a noso­tras nadie nos aplaude por hac­er bien nue­stro cur­ro jaja­ja­ja­ja

  11. Monty Peiró

    at

    Yo casi siem­pre vue­lo con Ryanair y la ver­dad es que nun­ca he tenido prob­le­mas: eso sí, siem­pre me he infor­ma­do mucho y como dices me las sé todas, mi male­ta cabe en el sitio ese donde te hacen meter­la para ver si vale, me miro mucho lo que me va a costar luego el bus o tren y me lo cojo siem­pre sabi­en­do qu eno voy a ten­er que can­ce­lar ni nada. En ese aspec­to me ha putea­do mil veces más TAP, por ejem­p­lo.

  12. Mon­ty, por eso comen­ta­mos que con Ryanair prac­ti­ca­mente hay que hac­er un cur­so antes de volar para cono­cer todas sus tre­tas jaja­ja­ja­ja! Efec­ti­va­mente, no es la úni­ca com­pañía que da prob­le­mas (por des­gra­cia): nosotros por ejem­p­lo evi­ta­mos volar con Air Europa porque en el últi­mo via­je a Cuba fueron tres horas de retra­so a la ida y otras tres a la vuelta (sin expli­cación ningu­na) y los peo­res aviones con los que hemos hecho vue­los trasatlán­ti­cos…

  13. Silvia

    at

    Es ver­dad que tienen algu­nas rutas a unos pre­cios tan bajos … Que cae­mos en sus redes !!!
    Yo he vola­do algu­na vez con ellos y todo bien, pero si puedo, inten­to bus­car otras com­pañías.

  14. Y seguire­mos cayen­do, Sil­via, yo de hecho este año ya ten­go cogi­do algún vue­lo con ellos. Pero lo mejor es tomárse­lo con humor, como cuen­to en el artícu­lo 😉

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Descubre más desde Mil y un viajes por el mundo

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo