Lord Howe Island: aquí se rodó “Infierno Azul”

 

Sien­to una devo­ción adic­ti­va por las pelícu­las de tiburones, no lo puedo evi­tar. La obra maes­tra del género, “Tiburón”, quizás la mejor pelícu­la de Steven Spiel­berg (a día de hoy me sigue pare­cien­do un clási­co insu­per­a­ble) se estren­a­ba jus­to el año que yo venía al mun­do, 1975. Mis padres me con­ta­ban como fueron a ver­la al cine y ese ver­a­no se desa­ta­ba en las playas españo­las una psi­co­sis colec­ti­va que impedía a muchos bañis­tas entrar al agua, condi­ciona­dos por el ter­ror desme­di­do que les había des­per­ta­do el film. A par­tir de entonces, las pelícu­las de tiburones-asesinos fueron tan­tas que ellas mis­mas dieron orí­gen  a un nue­vo género con fans repar­tidos en todo el mun­do. Aunque ningu­na con­sigu­ió super­ar a la “Jaws” orig­i­nal, ni siquiera sus propias secue­las, hay que recono­cer que se han fil­ma­do muy bue­nas his­to­rias pos­te­ri­ores, caso de “Deep Blue Sea”, “Open Water” o “La playa del ter­ror”.

Otras muchas, la may­oría, han sido pro­duc­ciones de serie B con bue­nas inten­ciones pero sin sufi­cientes medios. Y ya entramos en lo que yo denomi­no serie Z, cas­pa pura y dura, par­o­dias como las cua­tro de “Shark­na­do” (reconozcá­moslo, son gra­ciosísi­mas!), la infum­able “Tiburones en Vene­cia” con el dese­cho de los Bald­win, Stephen, la sur­re­al­ista “Megasharks Vs. Cro­cosaurus” o “El ataque del tiburón de dos cabezas”, cuya pro­tag­o­nista es Car­men Elec­tra, e inclu­so uno de tres (con Dan­ny Tre­jo). Muta­ciones imposi­bles en “Shark­to­pus”, tiburones-dinosaurios en “Dinoshark”, otros que como si tal cosa rep­tan por la are­na de la playa (“Sand Shark”) o la nieve “Avalanche Sharks”), escua­los que se zam­pan a apren­dices de Gran Her­mano (“Jer­sey Shore Shark Attack”), tiburones fan­tas­mas, tiburones zom­bies, tiburones poseí­dos (“Shark Exor­cist”, rizamos el rizo), tiburones nazis… y ojo al más reciente estreno, “Sharken­stein”, el tit­u­lo lo dice todo. Ten­go que recono­cer que mi freak­ismo me ha hecho adic­ta a todas estas pelícu­las: no hago ascos a nada.

Sin embar­go, entre tan­to desvarío, se agradece recibir el estreno de una pelícu­la seria, caso de “The Shal­lows” y tra­duci­da en nue­stro país como “Infier­no Azul”. La críti­ca cin­e­matográ­fi­ca se la dejare­mos a los blogs espe­cial­is­tas en el tema y nosotros nos cen­traremos en lo que real­mente nos intere­sa y se nos da bien: el tras­fon­do via­jero. Y es que cuan­do anoche ví la pelícu­la, me quedé mar­avil­la­da con la playa donde se ha roda­do. Aunque el argu­men­to fic­ti­cio la sitúa en Méx­i­co, indagué y com­pro­bé que, sin embar­go, esta playa de postal se encuen­tra real­mente en Aus­tralia. Y este paraí­so, por tan­to, será el ver­dadero pro­tag­o­nista de este artícu­lo.

La isla de Lord Howe se encuen­tra a ape­nas un par de horas de vue­lo de Syd­ney y es Pat­ri­mo­nio de la Humanidad gra­cias a su impre­sio­n­ante belleza. Se encuen­tra en el Mar de Tas­ma­nia, en Nue­va Gales del Sur, y al ser un para­je alta­mente pro­te­gi­do, pre­cisa­mente por lo sin­gu­lar de su flo­ra y fau­na (con más de 130 especies dis­tin­tas de aves), sólo se per­miten 400 vis­i­tantes diar­ios, por lo que cuan­do hablam­os de vergel no lo hace­mos en sen­ti­do fig­u­ra­do. Tenien­do en cuen­ta que además en la isla sólo hay 300 habi­tantes cen­sa­dos, la cir­cu­lación en coche está restringi­da (pero podrás moverte en bici­cle­ta) y sólo existe una calle prin­ci­pal, com­pren­derás que pon­er los pies en esta pequeña isla de ape­nas 11 kilómet­ros de lon­gi­tud es un autén­ti­co priv­i­le­gio reser­va­do a sólo unos pocos. Aún así, pese a que el alo­jamien­to en la isla en gen­er­al es bas­tante caro, hemos logra­do encon­trar aparta­men­tos, los Hide­away, a unos 100 euros la noche, lo cual está muy bien si con­sid­er­amos el paraí­so donde dormire­mos.

Lord Howe, isla de ori­gen vol­cáni­co, pese a sus minús­cu­las dimen­siones cuen­ta con dos mon­tañas prin­ci­pales, Lidg­bird y Mount Gow­er, ide­ales para prac­ticar alpin­is­mo, y una bar­rera de coral que hará las deli­cias de los buceadores. Tienes once playas de are­na blan­ca y aguas turque­sas para escoger (una de las más boni­tas es Blinky Beach), podrás explo­rar las cav­er­nas de Pyra­mid’s Ball (un islote vol­cáni­co famoso en el mun­do por la difi­cul­tad de su escal­a­da, pro­hibi­da ya des­de 1982), podrás hac­er snorkel en Erscot­t’s Hole o bañarte en Mal­abar Hill, uno de sus rin­cones más bel­los y autén­ti­ca descrip­ción de lo que sig­nifi­ca el paraí­so.

A ten­er en cuen­ta que algunos hote­les cier­ran en Julio y Agos­to (recor­dad que nue­stro ver­a­no es su invier­no) y que el mejor mes para vis­i­tar­la es Febrero, cuan­do ape­nas hay llu­vias. Tenien­do en cuen­ta la escasa población, com­pren­derás que ape­nas hay cua­tro tien­das reseñables y con pre­cios altos, aunque no ten­drás prob­le­ma en encon­trar restau­rantes.


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