Guía imprescindible de Kyoto

 

¿Es Kyoto la ciu­dad más bel­la de todo nue­stro plan­e­ta? Pues para gustos,los colores.Pero para los míos,sin dudarlo,sí.Andar por sus callejuelas,por las emp­inadas cues­tas del cas­co antiguo,dejarse lle­var entre esas pequeñas casas de madera,es como hac­er­lo por un museo al aire libre.Y más si vienes de una urbe ultra­mod­er­na como Tokio.Pese a que en Kyoto viv­en más de mil­lón y medio de personas,la impre­sión al lle­gar allí es la de haber cam­bi­a­do la gran ciu­dad por un pueblo,grande,pero pueblo.Qué mar­avil­la.

Vamos con el tema del Japan Rail.En un mon­tón de esta­ciones de Tokio podrás acti­var­lo (te lo hacen en un momen­to) y a par­tir de entonces,tienes 7,14 o 21 dias con­sec­u­tivos para gas­tar­lo y hala,ya sólo que­da coger el petate y zam­bul­lirte en la deli­ciosa aven­tu­ra que es recor­rer Japón en tren.Como os comen­té anteriormente,ya sólo el tren entre Tokio y Kyoto vale 120 dólares por trayecto,por lo que la adquisi­ción del Japan Rail es casi imprescindible.Con este pase puedes via­jar ilim­i­tada­mente por todo Japón en las líneas JR, incluí­dos algunos trenes expre­so, trenes locales y algunos auto­bus­es de la línea JR,aparte de que incluye tam­bién el fer­ry a Miyajima,por lo que compensa,claro que compensa.Eso sí,para curaros en salud,el día antes de via­jar acer­caos a reser­var plaza,sobre todo si vais en tem­po­ra­da alta,ya que si el tren va lleno y no habeis reservado,el Japan Rail no os da dere­cho a asien­to si no habeis reser­va­do previamente.Nosotras no tuvi­mos prob­le­mas porque en Diciem­bre van muchos trenes semivacíos,daos cuen­ta que no es época turís­ti­ca y el pre­cio es des­or­bita­do inclu­so para los japoneses,por lo que la may­oría de los via­jeros sue­len ser hom­bres de nego­cios a los que paga el bil­lete su respec­ti­va empre­sa.

El via­je en tren bala de Tokio a Kyoto es de dos horas y media y es comodísimo.Los vagones son muy modernos,pasan camar­eras a ofre­certe desayunos y enci­ma te das el gus­ta­zo de tomar des­de la ven­tanil­la una foto como la que hice al Monte Fujiyama.Descartamos la visi­ta al Fuji, que ha con­segui­do hace unos días el títu­lo de Pat­ri­mo­nio de la Humanidad,por var­ios motivos:nos quita­ba al menos tres o cua­tro días de viaje,en invier­no subir a la cum­bre neva­da imag­i­naos lo que impli­ca y enci­ma me habían comen­ta­do ami­gos que lo habían vis­i­ta­do que había tan­tos tur­is­tas y tan­tos puestos de sou­venirs que aque­l­lo parecía más un mer­cadil­lo que el monte más sagra­do de todo Japón.Aún así,una maravilla,como os digo,admirarlo en la lejanía via­jan­do en tren.Creo que ha sido uno de los momen­tos más boni­tos de mi vida via­jera.

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Tema alojamiento.Habíamos reser­va­do por medio de Hostel­book­ers en el Chi­ta Guest Inn,un ryokan abso­lu­ta­mente encantador,a razón de unos 50 la doble y 70 la triple.El sitio fue un acierto,la verdad.Lo primero,su ubicación,a cin­co min­u­tos de la estación de metro de Gojo,que es donde tam­bién se encuen­tra el impre­sio­n­ante edi­fi­cio de la Estación Cen­tral de Kyoto.Es grandísima,como digo,con sus enormes galería sub­ter­raneas (las Por­ta) reple­tas de establec­imien­tos de todo tipo,y la vais a uti­lizar un montón,más para moveros a las afueras que por den­tro de Kyoto.A los tem­p­los se lle­ga mucho mejor en las rutas de autobus,lo bueno es que los bus­es puedes coger­los al ladi­to jus­to de la esta­cion de tren.La red de auto­bus­es es muy amplia y cubre prac­ti­ca­mente toda la ciudad,pese a que sor­pren­den­te­mente los bus­es son bas­tante vieji­tos y siem­pre van has­ta los topes,más de una vez ten­drás que dejar pasar alguno ante la imposi­bil­i­dad de hac­erte hueco.Os recuer­do que al con­trario que aquí,se accede a ellos por la puer­ta cen­tral y se baja por la delantera.Normalmente se paga un pre­cio fijo pero si vais a algún lugar más alejado,debeis tomar un tick­et con el número de la para­da y en un mar­cador elec­tróni­co situ­a­do jun­to al con­duc­tor sabréis cuán­to ten­dréis que abonar.

Como os digo,el Chi­ta Guest Inn fue el ryokan que nos gustó más de todo el viaje.Está regen­ta­do por Kaori,una japone­sa que vive allí con su niña,majisima y con un sen­ti­do del humor impro­pio de los nipones,un encan­to de mujer!Nos ayudó un mon­tón a plan­i­ficar nues­tras rutas,todas las noches se toma­ba un té con noso­tras mien­tras la con­tábamos cosas de España (su sueño era vis­i­tar nue­stro país,supongo que el mis­mo que tienen el 90% de los japoneses,enamorados de la cul­tura españo­la) e inclu­so otra de las noches com­par­ti­mos con ella y Marc (un irlandés tro­ta­mun­dos que era un cachon­do y que pasa­ba unos días en Kyoto) una degustación de difer­entes tipos de sake que nos obligó a subir casi a gatas las escaleras que llev­a­ban a nues­tras habitaciones…Sobra decir que las habita­ciones son de tipo japonés,tienes a tu dis­posi­ción una coci­na común y lo que al prin­ci­pio parece un incon­ve­niente (ten­er baño com­par­tido) al final se con­vierte en una deli­ciosa expe­ri­en­cia al bañarte en una tina­ja y con un cazo,como antigua­mente! Un lugar encantador,de ver­dad. ¡Alo­jaos allí si cogéis plaza!

La región de Kansai,de la que Kyoto es la ciu­dad estrel­la, prob­a­ble­mente sea la más impac­tante a niv­el visu­al de todo Japón.El nom­bre de Kan­sai sig­nifi­ca en japonés “al oeste de la barrera”,recordad que has­ta que lle­garon los Toku­gawa al poder,el país nipón esta­ba sur­ca­do de fron­teras que frac­ciona­ban su territorio.A niv­el histórico,la impor­tan­cia de la región es impre­scindible en la enrevesa­da His­to­ria del Japón,hasta el pun­to de que Kyoto fue la cap­i­tal durante más de mil años (has­ta 1868,aunque la may­oría de los nipones siguen con­sid­erán­dola el corazón de la patria por enci­ma de la gran Tokio).A día de hoy,yo inclu­so recomen­daría al via­jero que sac­ri­ficara días de Tokio para dárse­los a Kyoto:aquí hay reunidos más de 2.000 templos.Se nece­si­tarían dos vidas para des­cubrir la ciu­dad al com­ple­to.

Como comprenderéis,con tan­to para ele­gir casi es una inso­len­cia sug­eriros un itin­er­ario a seguir.Está claro que hay vis­i­tas indis­pens­ables como el Castil­lo de Nijo-jo,el Tem­p­lo de Oro o el bar­rio de Gion pero depen­di­en­do de los días que tengas,el brío que te metas y tus gus­tos per­son­ales tirarás por unos o por otros.Yo,aparte de pro­pon­erte algunos de los lugares que más me gustaron,aprovecho para dejarte los 17 Pat­ri­mo­nios de la Humanidad con­ce­di­dos por la UNESCO en 1994,para que te vayas orientando:Santuarios de Kamig­amo-jin­ja, Shi­mog­amo-jin­ja, y Ujiga­mi-jin­ja, Castil­lo de Nijo-jo y los tem­p­los de Byo­do-in, Dai­go-ji, Enryaku-ji, Ginkaku-ji, Kinkaku-ji, Kiy­omizu-dera, Kozan-ji, Ninna-ji,Nishi Hon­gan-ji, Ryoan-ji, Sai­ho-ji, Ten­ryu-ji y To-ji.

Por empezar con el tem­p­lo más cer­cano a nue­stro ryokan (era salir y en dos pasos habíamos lle­ga­do) vamos con el impre­sio­n­ante Higashi Hon­gan­ji, el Tem­p­lo del Voto Orig­i­nal.

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Este enor­mísi­mo recin­to tiene el hon­or de alber­gar la estruc­tura de madera más grande de todo Kyoto y una de las may­ores del mundo,la colos­al Goei-do,de casi 4.000 met­ros cuadra­dos y 40 met­ros de altura..Junto al Nishi Honganji,es el tem­p­lo más impor­tante encomen­da­do a la Jodo Shin­shu (el bud­is­mo Shin o Bud­is­mo de la Ver­dadera Tier­ra Pura),cuyo líder era Shin­ran Shonin.El tem­p­lo original,Nishi,se lev­an­tó en 1591 y se añadió el Higashi once años después,bajo la orden del shogun Tokugawa,que temeroso del poder y dinero que esta­ba amasan­do esta sec­ta budista,decidió dividir el edi­fi­cio en dos para frac­cionar la fuerza de sus seguidores.Actualmente,no hace las fun­ciones de tem­p­lo sino de mau­soleo del líder Shinran.Shinran ha sido una de las per­sonas más influyentes den­tro de la his­to­ria japonesa,pese a que en sus orí­genes fuera sólo un sacerdote,y con­sigu­ió que a día de hoy casi seis mil­lones de japone­ses sigan sus enseñanzas.Casi se le ven­era a él más que al pro­pio Buda,ya que el hall ded­i­ca­do a Shin­ran es may­or y está mejor ubi­ca­do que el encomen­da­do a la propia dei­dad.

Una de sus may­ores curiosi­dades es con­ser­var una cuer­da fab­ri­ca­da con todo el cabel­lo don­a­do por mujeres devotas y que sirvió para trans­portar la madera durante la con­struc­ción del templo.Una excep­ción den­tro de la arqui­tec­tura tokiota,cuyos tem­p­los son en may­oría zen,el Higashi Hon­gan­ji ha sufri­do en sus carnes de madera infinidad de desgracias,principalmente incendios,por lo que la may­oría de sus insta­la­ciones son répli­cas clavadas a las originales.Es recomend­able que ya que estás aquí,te acerques a vis­i­tar el pre­ciosísi­mo jardín Sho­sei Gar­den, tam­bién cono­ci­do como Kikokutei.Se encuen­tra en la calle Karawa­machi y antes era gra­tu­ito como el tem­p­lo pero aho­ra sug­ieren para entrar la “donación vol­un­taria” de una can­ti­dad de 500 yenes.

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Este es el Nishi Hon­gan­ji, el “com­ple­men­tario” del Higashi Honganji.La Kara­mon Gate está con­sid­er­a­da uno de los Tesoros Nacionales de Japón.

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Otro de los tem­p­los más fasci­nantes de Kyoto,el To-ji.Se con­struyó nada menos que en el año 794,en el peri­o­do Heian, con la inten­ción de pro­te­ger a la ciu­dad y esta deslum­brante pago­da de cin­co plantas,una de las más boni­tas que dis­fruté en el país, ha ardi­do has­ta sus cimien­tos cin­co veces pero fue final­mente recon­stru­i­da en 1643 y actual­mente es la pago­da más alta de todo Japón,con unas dimen­siones que se van has­ta los 57 metros.El com­ple­jo de ele­gantes edi­fi­cios que con­for­man To-ji mere­cen sin duda su títu­lo de Pat­ri­mo­nio de la Humanidad,destacando entre ellos el Kon­do Hall,el Kodo Hall,que servía de sala de lec­tura y donde se con­ser­va una de las man­dalas más sagradas de todo Japón,y la propia pagoda,que es la ima­gen más cono­ci­da de Kyoto ya que prac­ti­ca­mente se puede vis­lum­brar des­de cualquier pun­to de la ciu­dad.

La admisión a los jar­dines es total­mente gra­tui­ta pero la entra­da al Kon­do y al Homot­sukan cues­ta 500 yenes.Calcula des­de la estación de Kyoto Sta­tion unos quince min­u­tos andando,se encuen­tra en la la inter­sec­ción de las calles Ōmiya y Kujō.Te acon­se­jo además que aprovech­es la visi­ta para dar una vuelta por un mer­cadil­lo cer­cano que orga­ni­zan el 21 de cada mes, el Kobo-san (creo que cier­ra sobre las 16:00) donde podrás encon­trar antigüedades y artícu­los de segun­da mano (el primer domin­go de cada mes tam­bién hacen cer­ca otro más pequeño tam­bién de obje­tos antigu­os).

Esta pago­da de aquí aba­jo fue con­stru­i­da por el Príncipe Taishi Shotoku en una fecha no demasi­a­do clara (el año 589 es una de las fechas más acep­tadas). Como muchas de las con­struc­ciones de la ciu­dad, fue víc­ti­ma de numerosos incen­dios, como cuan­do en 1179 fue una “víc­ti­ma” más de las dis­putas entre los monas­te­rios rivales de Kiy­omizu y Yasa­ka. Recon­stru­i­da nue­va­mente por el shogun Minamo­to Yorit­o­mo en 1191, sufrió nuevos incen­dios los años 1291 y 1436. La estruc­tura actu­al fue recon­stru­i­da el año 1440 por el shogun Ashik­a­ga Yoshi­nori, habi­en­do sobre­vivi­do des­de entonces.

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Nos vamos aho­ra a Gion,el que es con­sid­er­a­do el bar­rio de las geishas (y las maikos).Recalco lo de maikos porque prob­a­ble­mente sea las que,con un poco de suerte,veas por la calle ya que inde­pen­di­en­te­mente de que lle­gar a con­ver­tirse en geisha requiere años de ded­i­cación y sacrificios,su deman­da ha descen­di­do con­sid­er­able­mente debido a que poco a poco se va per­di­en­do la tradi­ción y los pre­cios desco­munables que cobran por las citas,por lo que se cree que en Kyoto ape­nas quedan ya un cen­te­nar de geishas auténticas.Eso sí,maikos hay muchas más y son las que ilus­tran esta entra­da de blog.Las que desa­parecieron con el cor­rer de los tiem­pos fueron las ori­an (corte­sanas japone­sas de alto rango),prostitutas que aparte de estar ver­sadas en los conocimien­tos sex­u­ales que ofrecían a sus clientes,además debían de saber de música,poesía y caligrafía.Su extinción,no obstante,es hon­ra­da con des­files anuales,los Oiran-dochu,donde niñas y mujeres se dis­frazan de ori­an para vener­ar su memoria.Entre ellos,el más impor­tante es el Bun­sui Saku­ra Mat­suri Oiran Dōchū,que es total­mente gra­tu­ito para los espec­ta­dores y se cel­e­bra cada mes de Abril en Tsub­ame y donde las verás des­fi­lar acom­pañadas de sus sirvientes,siempre mas­culi­nos.

Inci­do en el tema de la pros­ti­tu­ción ya que las ori­an sí lo eran,prostitutas de lujo pero pros­ti­tu­tas al fin y al cabo,mientras que con­trari­a­mente a lo que mucha gente erronea­mente cree,las geishas y sus aprendices,las maikos,no.Las geishas,en el comien­zo de esta tradi­ción en el siglo XVIII,surgieron debido a que los hom­bres japone­ses se cansaron de las cortesanas,ya que pese a que eran muy cultas,apenas podían salir de sus dis­tri­tos y algu­nas inclu­so de sus propias casas.Fue cuan­do aparecieron los geishas masculinos,los taiko­mochi, hom­bres que se dis­fraz­a­ban de fémi­nas y entretenían a sus clientes con sus conocimien­tos de arte,de literatura,de can­to y de música.Pero alrede­dor de 1800 las mujeres empezaron a ganarles ter­reno y aumen­tó la deman­da de las geishas femeninas,las onna geishas,condenando a la desapari­ción del papel del hom­bre en esta tradi­ción con más de tres sig­los.

Las geishas comen­z­a­ban su preparación a edades muy tempranas,siendo prac­ti­ca­mente unas niñas.Las vendían a las casas de geishas sus propias familias,unas por necesi­dad económica,otras bus­can­do el esta­tus que otor­ga­ba ten­er una geisha en la familia.El caso es que durante esa primera etapa,las minarai se veían oblig­adas a acar­rear con las tar­eas más onerosas,como la limpieza del hog­ar y cualquier reca­do que las encomendaran.Después,pasaban a ser maikos (maiko se podría tra­ducir en japonés como “la niña que baila”),aprendices de geisha. A niv­el de indumentaria,las difer­en­cias entre una maiko y una geisha son nota­bles. El kimono de las maikos es el furisode y el de las geishas el tome­sode. En las maikos,el eri (cuel­lo del kimono) suele ser rojo con bor­da­dos mien­tras las geishas lo lle­van blan­co sin bordar.Las geishas uti­lizan siem­pre peluca,las maikos,pese a lle­var peina­dos muy elaborados,siempre usan su pro­pio cabello.Además,las maikos usan para el peina­do muchos adornos flo­rales y abalorios,los kanzashi,mientras las geishas sue­len adornar sus moños uni­ca­mente con una peine­ta de aguja,en un esti­lo mucho más sobrio. En cuan­to al maquillaje,tres cuar­tas de lo mismo:las geishas ape­nas uti­lizan el maquil­la­je de pas­ta blan­ca (las maikos sí) y además,la maiko uti­liza mucho los tonos rosados,mientras que el maquil­la­je de la geisha suele ser mucho más aus­tero.

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Es fre­cuente ver a las maikos pase­an­do por Gion (no tan­to a las geishas,repito).Por favor,si os cruzais con alguna,no las molesteis.Vimos a gru­pos de guiris per­sigu­ién­dolas y la verdad,es una mues­tra de mala edu­cación que da vergüen­za ajena.A fin de cuen­tas están tra­ba­jan­do y no son monos de feria,asi que fotografi­ad­las disc­re­ta­mente y sed respetu­osos.

Gion es el bar­rio más vis­i­ta­do de todo Kyoto,obviamente.Puede pecar de estar pla­ga­do de tur­is­tas pero es el bar­rio más autén­ti­co de la ciu­dad y real­mente bonito.Su fun­dación se remon­ta a la Edad Media,cuando los pere­gri­nos per­nocta­ban aquí al venir a vis­i­tar el tem­p­lo Yasa­ka Shrine.Su calle prin­ci­pal es la Hanami-joki,una calle peaton­al que es ves­ti­gio del Japón más tradicional,con sus pre­ciosas casas de madera,antiguamente propiedad de com­er­ciantes japone­ses (los machiya) que hoy en día alber­gan restau­rantes, tien­das de sou­venirs y casas de té (las ochaya).

Aquí es donde se hal­la el Gion Corner,abierto des­de el año 1962,donde las maikos,previo pago,ofrecen espec­tácu­los y rep­re­senta­ciones de artes tradicionales,como el baile Kyo-mai,la Ike­bana (los arreg­los florales),el Cha­do (la cer­e­mo­nia del té,en Japón servir el té es un arte complicadísimo),conciertos de koto,una especie de arpas japone­sas de 13 cuer­das, o rep­re­senta­ciones de kyogen,el teatro cómi­co japonés.La entrada,al cambio,cuesta unos 20 euros.

Ya que le acabo de mencionar,uno de los tem­p­los más impor­tantes de Kyoto y pre­cisa­mente ubi­ca­do en Gion es el Yaka­ta Shrine, tam­bién cono­ci­do como Yakata-jinja.Se cree que este san­tu­ario fue con­stru­i­do en el año 656 en hon­or a Susanoo-no-mikoto,el dios de la pros­peri­dad y la bue­na salud.Tiene un papel fun­da­men­tal en la ciu­dad de Kyoto ya que des­de el año 869 es el núcleo de uno de los fes­ti­vales no sólo más impor­tante de la local­i­dad sino de todo Japón,el Gion Matsuri,que se cel­e­bra cada mes de Julio.Sus orí­genes se remon­tan al men­ciona­do siglo IX,cuando fatales epi­demias y diver­sas catástro­fes (incen­dios, inun­da­ciones, ter­re­mo­tos) aso­laron Kyoto.Los locales solic­ita­ban la clemen­cia de los dioses,ya que pens­a­ban que esta­ban provo­cadas por la dei­dad maligna Gozu Tenno.Hoy en día,dicho fes­ti­val con­cen­tra a miles de par­tic­i­pantes en múlti­ples eventos.Los dos más impor­tantes son el Yam­aboko Junko y el Yoiya­ma.

En el Yam­aboko des­fi­lan una especie de car­rozas gigantescas,que pueden lle­gar a alcan­zar los 25 met­ros de altura y las 12 toneladas de peso.Dichas car­rozas se div­i­den en dos gru­pos, las 23 de tipo Yama,que alber­gan imá­genes de per­son­al­i­dades famosas, y las 9 de tipo Hoko, que rep­re­sen­tan las 66 lan­zas uti­lizadas en el rit­u­al orig­i­nal de purifi­cación (una por cada provin­cia del antiguo Japón)..Todas las car­rozas están dec­o­radas con bel­los tapices,sobre todo del esti­lo nishijin,están cap­i­taneadas por artis­tas de dis­tin­ta índole y son arrastradas por entre 30 y 40 per­sonas.

Durante todo el mes de Julio se suce­den las celebraciones,siendo estas las más impor­tantes:

1 — 5 de julio: Kip­puiri, la cer­e­mo­nia de aper­tu­ra del fes­ti­val con la par­tic­i­pación de cada bar­rio de la ciu­dad.
2 de julio: Kuji­tor­ishi­ki, una lotería pop­u­lar que se cel­e­bra para la con­fec­ción del orden de las car­rozas en el des­file.
7 de julio: Visi­ta del San­tu­ario Yasa­ka.
10 de julio: Des­file de faro­lil­los para dar la bien­veni­da a los san­tu­ar­ios mikoshi.
10 de julio: Mikoshi arai, la limpieza de los mikoshi con el agua sagra­da del río Kamo.
10 — 13 de julio: Con­struc­ción de las car­rozas.
13 de julio: Por la mañana, nue­va visi­ta al san­tu­ario por el chico chi­go del Aya­gasaboko; por la tarde, el san­tu­ario vuelve a ser vis­i­ta­do por un chico del San­tu­ario Kuse.
14 de julio: Yoiy­oiy­oiya­ma.
15 de julio: Yoiy­oiya­ma.
16 de julio: Yoiya­ma.
16 de julio: Yoimiya shin­shin hono shin­ji.
17 de julio: Des­file de las car­rozas Yam­aboko.
17 de julio: Des­file de los mikoshi des­de el San­tu­ario Yasa­ka al cen­tro de la ciu­dad.
24 de julio: Des­file de los hana­gasa o las “Som­bril­las de flo­res”.
25 de julio: Des­file y retorno de los mikoshi des­de el cen­tro de la ciu­dad al San­tu­ario Yasa­ka.
28 de julio: Mikoshi arai, limpieza de los mikoshi con el agua sagra­da del río Kamo.

31 de julio: Acto de clausura en el San­tu­ario Eki.

Recor­darte tam­bién que si vis­i­tas este area en el mes de Abril,aproveches para pasarte por el cer­cano Maruya­ma Park (o Maruya­ma Koen),ya que te coin­cidirá la flo­ración de los cere­zos y podrás ver los hanami,fiestas que orga­ni­zan los japone­ses bajo sus ramas.

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Ya que estás en el dis­tri­to de Higashiyama,uno de los más ricos a niv­el cul­tur­al de Kyoto, acér­cate a ver otro de los tem­p­los más importantes:Kodaiji.Data de prin­ci­p­ios del siglo XVII y está rodea­do de unos jar­dines zen ver­dadera­mente impresionantes,con un estanque con una isla en for­ma de tor­tu­ga y un grupo de piedras rep­re­sen­tan­do una grul­la, el Kanget­su-dai (un pabel­lón dis­eña­do para admi­rar el refle­jo de la luna en las aguas del estanque),dos casas de té que se trans­portaron des­de el castil­lo de Fushi­mi (con techos de madera en los que las ramas de bam­bú se abrazan imi­tan­do a las som­bril­las japonesas),la Cabaña de la Fra­gan­cia Persistente,el Corre­dor del Dragón Recli­na­do y,sobre todo,el impre­sio­n­ante san­tu­ario y la Sala del Fundador.En este tem­p­lo la entra­da cues­ta 600 yenes.

Otro de los bar­rios más pop­u­lares de Kyoto,y segu­ra­mente el más cono­ci­do después de Gion,es Pontocho.Os recomien­do que lo vis­itéis caí­da la noche ya que es cuan­do lo encon­trareis en todo su esplendor.Muy cerqui­ta de Gion,justo al otro lado del río Kamo,entre los puentes que atraviesan el río por las calles Shi­jo-dôri y Sanjo-dôri,se extiende esta larguísi­ma aveni­da que tam­bién es con­sid­er­a­da un hana­machi (dis­tri­to de geishas).Está pla­ga­do de casas de geishas y restau­rantes carísimos,todas ellas estrechísi­mas debido a que se paga­ban los impuestos con­forme a la anchura,como tam­bién pres­en­cié en mi via­je a Vietnam.Los locales extien­den sus ter­razas sobre las már­genes del río y aunque no entramos a ningún local porque son famosos por la clava­da que te pegan,es impre­scindible en vue­stro via­je a Kyoto que os deis una vuelta por este bar­rio mágico.Lo mejor es aden­trarse en la infinidad de calle­jones que nacen en la aveni­da prin­ci­pal y que escon­den rin­cones muy especiales.Como en otros muchos lugares de Asia,observarás que el cablea­do en muchas calles es exterior,ya que debido a la fre­cuen­cia de los ter­re­mo­tos en esta zona,así es mucho más fácil su pos­te­ri­or reparación.

Teatro de kabu­ki en Pontocho.El kabu­ki es un esti­lo de teatro japonés muy par­tic­u­lar (de hecho,se cree que su nom­bre proviene del tér­mi­no kabuku,que sig­nifi­ca “estar fuera de lo ordinario”).Sería la ver­sión nipona de los musi­cales norteam­er­i­canos o la ópera euro­pea y se le conocía como “el teatro del pueblo”.Con una antigüedad de más de cua­tro siglos,destacan en él la per­fec­ta armonía entre maquil­la­je, ves­tu­ario, core­ografía, músi­ca y escenografía.

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Con­tin­uan­do en orden geográfico,desde Pon­to­cho puedes acer­carte a ver el Museo del Man­ga de Kyoto.Aunque no seas muy fan del género,considero que es una visi­ta bien intere­sante si per­noc­tas var­ios días en la ciudad,a mí al menos me gustó un montón.Actualmente,hay otros museos sim­i­lares en Takarazuka,Ishinomaki y Sakai-mina­to pero has­ta el 2006,curiosamente en Japón no había ningún recin­to ded­i­ca­do exclu­si­va­mente al manga.El museo de Kyoto fue el primero en inau­gu­rarse y se lev­an­tó en un edi­fi­cio que era una antigua escuela pri­maria.

Quizás lo mejor del museo es que no se ideó ori­en­ta­do a ser un lugar de mera exposición,con los comics enclaustra­dos en vitrinas,sino que aquí ponen a tu dis­posi­ción miles de tomos (pero miles!) para que los leas y los dis­frutes con toda la tran­quil­i­dad del mundo.Mientras el resto de nues­tras ami­gas se fueron a explo­rar los bosques de los alrede­dores de Kyoto,dos de noso­tras dedicamos la tarde a inmis­cuirnos en las entrañas de este curioso museo.Además,fue de las pocas tardes que nos hizo real­mente un frío géli­do en todo el via­je por lo que después de com­er­nos un ramen calen­ti­to en un local cercano,dedicamos toda la tarde a recor­rer la mul­ti­tud de salas del Museo del Manga.Independientemente del “mate­r­i­al fijo” del museo,constantemente se orga­ni­zan exposi­ciones temporales,hay salas para niños pequeñines donde les rela­tan los comics man­ga a través de cuen­tos (como nue­stros cuentacuentos,vamos),talleres donde te enseñan a dibu­jar manga…en fin,absolutamente de todo lo que puedas imag­i­nar rel­a­ti­vo a este esti­lo tan pecu­liar de comics que pese a ser aut­en­ti­ca­mente japonés,cuenta con mil­lones de fans en todo el mundo.Recuerda que aquí sí se puede lle­gar en metro,la para­da más cer­cana es la Kara­suma Oike.La entra­da es bas­tante barata,800 yenes.

A no mucha distancia,nos damos de bruces con otro de los lugares más vis­i­ta­dos de Kyoto:el Castil­lo Nijo,que es sen­cil­la­mente espectacular.Aquí tam­bién lle­ga el metro (estación Nijo­jo­mae) y la entra­da de acce­so cues­ta 600 yenes.Se comen­zó a con­stru­ir en el año 1601 por orden del shogun Toku­gawa Ieya­su para que fuera la res­i­den­cia del shogun en Kyoto pero lo que pre­tendía era sim­bolizar el poder total de los Toku­gawa después de la batal­la de Sekigahara.Fue propiedad impe­r­i­al has­ta que en 1939 fue don­a­do a la ciu­dad, momen­to en que recibió su nom­bre actu­al de Nijo.

Con una exten­sión total de 275.000 met­ros cuadra­dos (de los que 8.000 pertenecen a los edi­fi­cios) el Nijo cuen­ta con cin­co con­struc­ciones principales.Bansho,el cuer­po de guardia donde se con­tro­la­ba el acce­so de los vis­i­tantes del castil­lo (y que actual­mente es tam­bién por donde se entra y se sale).Palacio Ninomaru,con más de tres kilómet­ros cuadra­dos de exten­sión y com­puesto por cin­co edi­fi­cios de madera.Debido a que las pin­turas que res­guar­da son muy delicadas,no se per­mite realizar fotografías inte­ri­ores para no dañar­las y en muchas salas la luz es muy tenue por el mis­mo motivo.Jardines Ninomaru,de clási­co esti­lo japonés y con un gran lago cen­tral con tres islas.Seiryu-en,otro jardín que se uti­liz­a­ba para recep­ciones ofi­ciales y even­tos culturales.Y por último,el Honmaru,que es el el área rodea­da por el foso inte­ri­or del castil­lo. Orig­i­nal­mente era la res­i­den­cia del shogun y de sus seguidores.

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Tiem­po aho­ra para el Pala­cio Imperial,que aunque no es el edi­fi­cio original,sino uno de los pala­cios exte­ri­ores del pala­cio primario,constituye otra visi­ta ine­ludi­ble aunque sea para ver­lo des­de fuera,ya que para vis­i­tar­lo por den­tro hay que hac­er mil y un papeleos y solic­i­tar­lo pre­vi­a­mente por inter­net con unos tres meses de antelación y aun así,sólo te per­mi­tirán entrar en grupo y con un guía japonés.Aun así,el recor­ri­do de la visi­ta es total­mente exte­ri­or (no se pueden vis­i­tar los interiores,lástima).Los Emper­adores de Japón vivieron aquí has­ta que en 1868 se trasladó la cap­i­tal a Tokio.

Es tiem­po ya de la visi­ta a Kiyomizudera,probablemente el tem­p­lo más famoso de todo Kyoto (y que inclu­so llegó a ser prop­uesto como una de las Siete Nuevas Mar­avil­las del Mundo).El Tem­p­lo del Agua Pura,ubicado en las col­i­nas de Higashiyama,es no obstante Pat­ri­mo­nio de la Humanidad des­de 1994 y en mi opinión,fue uno de los lugares más her­mosos que dis­fruté en todo el via­je.

Kiy­omizud­era (recuer­da que la ter­mi­nación “dera” sig­nifi­ca tem­p­lo bud­ista) es más viejo que la propia Kyoto, y ya es decir.Cuenta la leyen­da que en el siglo XIII un mon­je que venía de Nara sigu­ió el ras­tro de un arroyo y así llegó a la cas­ca­da del monte Otawa,donde erigió una ermi­ta con­mem­o­ra­ti­va de la diosa Kan­non (la dei­dad de la bondad).Dos años después,en el 780,el famoso gen­er­al Tamu­ra­maro Sakanoue pasa­ba por el lugar bus­can­do cazar un vena­do para su esposa (se creía que la san­gre de vena­do era ben­efi­ciosa para la fer­til­i­dad) y el mon­je Enchin le reprendió por matar animales.El general,arrepentido,decidió entonces con­stru­ir un tem­p­lo en hon­or al agua pura de la cas­ca­da, el Kiyo Mizu.El edi­fi­cio orig­i­nal duró has­ta 1629 en que fue destruí­do por un incen­dio, sien­do recon­struí­do en 1633.

Para lle­gar al templo,que como digo se encuen­tra en lo alto de una colina,deberás hac­er­lo a través de unos emp­ina­dos calle­jones, los Ninen-zaka y San­nen-zaka (la tra­duc­ción es las Pen­di­entes de Dos y Tres Años,se cree que si se tropieza en alguno de ellos,estos son los años que cor­re­spon­derán de mala suerte).Si cuen­tas con buen clima,que es lo que nos ocur­rió a nosotras,es una deli­cia pasear por estas calle­jue­las cus­to­di­adas por casitas de madera de dos plan­tas que te trasladarán al autén­ti­co Japón feudal.Además,es un lugar ide­al para com­pras ya que aquí se amon­to­nan muchas tien­decitas de cerámi­ca kiy­omizu-yaki.

El recin­to de Kiy­omizud­era acoge nada más y nada menos que a una vein­te­na de templos.Uno de los más impre­sio­n­antes es la puer­ta de entrada,la Nio-mon o Puer­ta de los Dos Reyes,un bloque roji­zo de dos plan­tas con techo de madera de ciprés cus­to­di­a­do por dos leones koma-inu que ahuyen­tan a los mal­os espíritus.Tras ascen­der unas escali­natas, lle­gare­mos a la Sai-mon,la Puer­ta del Este,y con raíces en el bud­is­mo chino.A la izquier­da se encuen­tra Shoro,la Torre de la Cam­pana (aunque la cam­pana fue fun­di­da en el siglo XVI).

Otro de los edi­fi­cios que te dejarán con la boca abier­ta es la Sanju-no-to,una impo­nente pago­da de tres plantas.Detrás de ella,se acu­mu­lan una serie de edi­fi­ca­ciones que,por desgracia,en su gran may­oría no están abier­tas al público:el Kyo­do (una bib­liote­ca con tex­tos sagra­dos budistas),el Kaisan-do (el Salón del Fun­dador), y el Todor­o­ki-mon o Puer­ta Cen­tral.

El edi­fi­cio prin­ci­pal del Kiy­omizud­era es el Hon-do,una estruc­tura de casi 60 met­ros de largo con 139 colum­nas que se ele­van has­ta los 15 metros.En la ter­raza que sopor­tan se eje­cuta­ban antigua­mente dan­zas y las galerías aledañas eran para las orques­tas de los monjes.En el inte­ri­or del Hon-do se encuen­tran tam­bién dos san­tu­ar­ios.

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Sigu­ien­do con el recorrido,llegamos a la Otowa no taki, la Cas­ca­da del Sonido de las Plumas que dió orí­gen al tem­p­lo y de la que se dice que posee poderes curativos,por lo que es fre­cuente beber a muchos japone­ses bebi­en­do (como si fuera una especie de Lourdes).Quizás es el mejor indi­cio de cómo el Kiy­omizud­era se funde de un modo increíble con la nat­u­raleza que lo engulle y que pro­por­ciona unas vis­tas de Kyoto real­mente inolvid­ables.

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¿Os extraña no haber vis­to aún en esta entra­da de blog el Tem­p­lo de Oro,probablemente el más boni­to de todo Japón? Pues aquí le teneis:el fab­u­loso Kinkakuji.Conocido tam­bién como el Pabel­lón Dorado,es el edi­fi­cio más fotografi­a­do de toda la ciu­dad y es que cuan­do uno pien­sa en Japón,es una de las primeras imá­genes que vienen a la mente,su silue­ta es cono­ci­da en el mun­do entero.Y cuan­do comen­to que es el más fotografiado,recordad que está estric­ta­mente pro­hibido usar trípodes si quieres inmortalizarlo.Es tal la can­ti­dad de gente que se acer­ca a fotografi­ar­lo en cualquier época del año que es una bue­na for­ma de evi­tar aglom­era­ciones.

Hace unos años,se detec­tó que el del­i­ca­do laca­do que cubría el Kinkaku­ji se esta­ba dete­ri­o­ran­do y hubo que volver a recubrir­lo de pan de oro.Las obras ter­mi­naron en 2003 y a día de hoy mirad qué boni­to luce.El estanque que se encuen­tra a sus pies es el Kyôko-chi (el Estanque Espejo),ubicado en unos jar­dines que sólo emanan cal­ma y paz,no obstante fueron dis­eña­dos bajo las pau­tas del Feng Shui chi­no bus­can­do pre­cisa­mente esa sensación.Pese a que está pro­hibi­da la visi­ta al inte­ri­or del templo,has de pagar 400 yenes para acced­er al pre­cioso recin­to exterior.Para lle­gar al tem­p­lo deberás atrav­es­ar una gigan­tesca arbole­da que ya antic­i­pa que te espera uno de los recin­tos más sagra­dos de todo Japón.

En cuan­to al tem­p­lo en sí,se com­pone de tres plantas.El primer piso, lla­ma­do la Cámara de las Aguas, (Shin­den-zukuri), en esti­lo pala­cio impe­r­i­al, evo­ca la clási­ca dec­o­ración japone­sa mod­u­la­da, y es el úni­co que no está cubier­to en oro, lo que mar­ca un con­traste intere­sante entre lo más ter­reno y lo celes­tial. Se tra­ta bási­ca­mente una gran habitación rodea­da por una baran­da per­iféri­ca cuyas pare­des están divi­di­das en dos partes. Las partes supe­ri­ores pueden ser lev­an­tadas para per­mi­tir may­or ilu­mi­nación y las partes infe­ri­ores pueden retirarse.El segun­do, lla­ma­da la Torre de las Ondas de Vien­to (Buke-zukuri), es de esti­lo samu­rai, un recin­to cer­ra­do, con pan­tallas deslizantes, ven­tanas removi­bles y con una baran­da alrede­dor que alber­ga al Bod­hisatt­va Kannon.El ter­cero, con ven­tanas de esti­lo tem­p­lo Zen, es lla­ma­do Kukky­oo-choo, y alber­ga una tri­a­da de Budas y 25 fig­uril­las Bodhisattvas.Para lle­gar has­ta aquí,si i vienes des­de la estación JR de Kyoto, coge los auto­bus­es 101 ó 205, y baja en la para­da Kinkaku­ji-michi.

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Has­ta aquí algunos de los lugares más impor­tantes de la fisionomía de Kyoto.Y unas últi­mas fotos de nue­stros paseos por la ciu­dad para que os hagais una idea de la belleza aquí acu­mu­la­da y de la can­ti­dad de tem­p­los que recor­ri­mos aparte de los aquí cita­dos…

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