Destinos caribeños más allá de Punta Cana

 

Sois muchos los que a veces me preguntáis:”¿por qué tienes tan­ta tir­ria a los via­jes caribeños?”. Y mi respues­ta siem­pre es la mis­ma: mi aver­sión no tiene nada que ver con el des­ti­no en sí sino con la for­ma en que se plantean la may­oría de estos via­jes. Muchos tur­is­tas pre­fieren la como­di­dad de acer­carse a la agen­cia de via­jes más próx­i­ma y que se lo den todo hecho: meterte en un vue­lo char­ter con un mon­tón de gente que ya lle­ga al aerop­uer­to de Bara­jas en chan­clas aunque este­mos en pleno Diciem­bre y recluirte después en un resort de cin­co estrel­las del que no sal­drás en toda la sem­ana ya que la pulseri­ta del “todo incluí­do” te da acce­so a una playa pri­va­da y a com­er y beber todo lo que te apetez­ca. Evi­den­te­mente, no es el con­cep­to de vaca­ciones que sole­mos fomen­tar en este blog.

Nos encan­ta preparar nosotros mis­mos nue­stros via­jes y que el des­ti­no elegi­do sea el Caribe, no impli­ca que hayas de encer­rarte en un hotel con la de lugares asom­brosos que esconde uno de los mares más cáli­dos del plan­e­ta. De hecho, en dos de mis via­jes he esta­do en el Caribe (en Méx­i­co y en Cuba) y me parece no sólo un lugar fasci­nante sino tam­bién un sitio donde se puede hac­er todo por cuen­ta propia sin depen­der de guías ni via­jes orga­ni­za­dos. Y pese a la creen­cia pop­u­lar de que es un des­ti­no carísi­mo, que es lo que pub­lic­i­tan las agen­cias para meterte por los ojos sus ofer­tas, nada más lejos de la real­i­dad: si plan­i­fi­cas el via­je por tí mis­mo, te darás cuen­ta de que puedes ahor­rarte bas­tante dinero y que hay muchas islas pre­ciosas donde te gas­tarás menos que si decides quedarte en casa. Por dicho moti­vo, hemos pen­sa­do que sería bue­na idea escribir un artícu­lo, una pequeña guía de via­jes, detal­lán­dote cuáles son los des­ti­nos caribeños más ase­quibles a la hora de plantearte un via­je a aque­l­las par­a­disi­a­cas playas de are­na blan­ca, aguas turque­sas y cocoteros bajo los que con­tem­plar la pues­ta de sol.

Santa Lucía

Comen­zamos pues con San­ta Lucía. Esta pequeña isla que en el pasa­do estu­vo bajo gob­ier­no de france­ses y británi­cos (el idioma ofi­cial a día de hoy con­tinúa sien­do el inglés) es, pese a sus pequeñas dimen­siones, uno de los des­ti­nos más román­ti­cos del mun­do. Situ­a­da muy cerqui­ta de Mar­tini­ca y San Vicente, no sólo es atrac­ti­va por sus playas sino tam­bién por su exu­ber­ante veg­etación y las mon­tañas Pitons, Pat­ri­mo­nio de la Humanidad de la UNESCO: estas son tan impor­tantes para los locales que has­ta apare­cen rep­re­sen­tadas en la ban­dera nacional.

Santa Lucia

Puedes volar direc­ta­mente has­ta uno de sus dos aerop­uer­tos o has­ta algu­na de las islas cer­canas y allí coger un fer­ry (aunque esta opción al final sale más cara). A la hora de plan­ear un via­je aquí, ha de ten­erse en cuen­ta que la tem­po­ra­da seca, en la que te evi­tas llu­vias y hura­canes, va des­de Enero a Abril, lo que te garan­ti­za buen tiem­po pero tam­bién un incre­men­to en el pre­cio de los alo­jamien­tos. Aún así, en la cap­i­tal, Cas­tries, puedes encon­trar hote­les y aparta­men­tos en dicha época por unos 60 euros la habitación doble: buenos ejem­p­los son el hotel Chez Marie Alish o los aparta­men­tos Poin­set­tia Vil­la. En la isla prac­ti­ca­mente no hay hostales pero otra bue­na opción son las casas de hués­pedes, que per­mi­tirán que tu dinero vaya a manos de una famil­ia local y cuyos pre­cios comien­zan a par­tir de unos 30 euros la habitación.

A la hora de com­er, lo tienes fácil: tira de la infinidad de puestos calle­jeros que encon­trarás des­perdi­ga­dos por San­ta Lucía, una bue­na comi­da criol­la no te costará al cam­bio más de cin­co euros. Inclu­so cenar en un restau­rante de alta gama no suele pasar de los 25 euros por cabeza. A la hora de moverte por tu cuen­ta, evi­ta los taxis, que son carísi­mos (una car­rera des­de el aerop­uer­to a las playas supone un gas­to de 50 euros) y alquilar coche, ya que los pre­cios son tam­bién bas­tante altos, unos 60 euros diar­ios: usa por tan­to los bus­es locales, el bil­lete no cues­ta más de 60 cén­ti­mos, por lo que podrás recor­rer la isla entera por menos de cin­co euros y además en unos auto­bus­es de lo más exóti­cos, pues los con­duc­tores los dec­o­ran de las for­mas más estrafalar­ias y van con la músi­ca a todo trapo. Eso sí, ten en cuen­ta que has de lle­var el pre­cio jus­to ya que los con­duc­tores no lle­van cam­bio y que los domin­gos las líneas no sue­len fun­cionar con la mis­ma asiduidad que el resto de la sem­ana.

A la hora de las com­pras, la arte­sanía local es bue­na y bara­ta (aquí, al igual que en Bali, tam­bién son típi­cos los batik): en La Place Care­nage, en el puer­to prin­ci­pal de Cas­tries, podrás encon­trar un out­let grandísi­mo donde apro­vi­sion­arte de sou­venirs y recuer­dos. Y si quieres pro­bar el ron local, de bue­na rep­utación y cuyas mejores mar­cas son Ele­ments 8, Admi­ral Rod­ney y Chair­man’s Reserve, com­pra las botel­las en los super­me­r­ca­dos, que es donde están mejor de pre­cio. La cerveza local, la Piton, tam­poco es cara: menos de un euro la botel­la. Y un últi­mo dato de lo más impor­tante: todas las playas de San­ta Lucía son públi­cas y, por tan­to, gra­tu­itas.

Curacao

Cura­cao, nue­stro sigu­iente des­ti­no, tiene a niv­el cli­ma­tología un pun­to a su favor: al encon­trarse más cer­ca de las costas de Venezuela, se des­mar­ca del cono­ci­do “cír­cu­lo de los hura­canes”, la zona donde estos azotan en los meses veranie­gos. Llueve, sí, pero no son esas tor­men­tas dev­as­ta­do­ras que se dan en otras zonas caribeñas. La tem­po­ra­da seca se extiende des­de Diciem­bre has­ta Abril. Esta pequeña isla, que pertenece al archip­iéla­go de Sotaven­to, estu­vo bajo tutela holan­desa has­ta hace sólo seis años, que fue cuan­do se inde­pen­dizaron. A niv­el cul­tur­al, Cura­cao es una mez­cla de influ­en­cias holan­desas, france­sas y españo­las, lo que la con­vierte en un des­ti­no de lo más intere­sante. Aunque casi todo el mun­do habla inglés, debe­mos recor­dar que el idioma orig­i­nal de Cura­cao es el papi­a­men­to, una mez­cla de lenguas africanas y por­tugués.

Curacao

Los ciu­dadanos de la Unión Euro­pea nos ahor­ramos los trámites de visa­do, lo cual es otra ven­ta­ja a añadir. Lo habit­u­al será que ater­rices en el Hato Inter­na­tion­al Air­port, en el norte de la isla: coger un bus has­ta la cap­i­tal, Willem­stad, cues­ta menos de 50 cén­ti­mos. Escoger la cap­i­tal como base para dormir no es mala idea ya que la ciu­dad cuen­ta con una arqui­tec­tura colo­nial pre­ciosa, lega­do de los col­o­nizadores holan­deses, y museos tan intere­santes como el Kurá Hulan­da, donde se repasa ese aci­a­go peri­o­do en el que en estas islas se trafi­ca­ba con esclavos africanos.

A la hora del alo­jamien­to, en Cura­cao salen mucho más baratos los aparta­men­tos que dormir en un hotel: puedes encon­trar­los por unos 50 euros la noche, algunos de ellos con pisci­na. Los Ter­rako­ta, AVM y Dominick son los mejores en cuan­to a cal­i­dad-pre­cio. Para moverte, el alquil­er de los coches esta vez es más bajo que en San­ta Lucía (aquí unos 45 euros por día) pero espe­cial­mente en la cap­i­tal, pese a que es pequeña, la con­duc­ción puede ser caóti­ca (y no olvides que si sufres algún acci­dente las leyes locales te oblig­an a inmov­i­lizar el vehícu­lo). Los taxis tam­bién resul­tan bas­tante caros, pese a que sus tar­i­fas están reg­u­ladas por el gob­ier­no: muchos taxis­tas fun­cio­nan tam­bién como guías pero sus pre­cios no son baratos, unos 50 euros por hora para cua­tro per­sonas. Por ello, volve­mos a ani­marte para que uses el trans­porte públi­co: lo recomend­able es que en Willem­stad te acerques a una de las dos esta­ciones prin­ci­pales, las de Otroban­da y Pun­da. La primera da ser­vi­cio a la parte oeste de la isla y la segun­da a la ori­en­tal. Los bil­letes sue­len costar unos 60 cén­ti­mos y los bus­es en real­i­dad no son tales sino fur­gone­tas para entre 9 y 12 pasajeros. Aunque las tar­i­fas no son nego­cia­bles, sí lo son las rutas: pese a que los itin­er­ar­ios estén pre­fi­ja­dos, habla con el con­duc­tor para que intente dejarte lo más cer­ca posi­ble del pun­to al que vayas. Nor­mal­mente fun­cio­nan entre las seis de la mañana y las ocho de la tarde.

Com­er en Cura­cao, si lo haces en la calle en mer­cadil­los locales, suele ser bas­tante bara­to pero cuen­tas tam­bién con la opción de los snacks, pequeños restau­rantes asiáti­cos que tam­bién fun­cio­nan como tien­das y bares. Un pla­to prin­ci­pal puede costar sólo entre dos y tres euros, los mejores se encuen­tran en el bar­rio de Pun­da, en la Plasa Brieu. Otra bue­na cos­tum­bre de los locales es orga­ni­zar bar­ba­coas en la playa, así que imí­tales y com­erás bueno y bara­to en un esce­nario incom­pa­ra­ble.

Jamaica

Sigu­iente des­ti­no: Jamaica. Esta isla al sur de Cuba ha arrastra­do durante años su fama de peli­grosa e inse­gu­ra (se dice que en la cap­i­tal, Kingston, la población negra suele ser bas­tante racista con los blan­cos) pero en la prác­ti­ca, si evi­tas cier­tos bar­rios con­flic­tivos de Kingston como el down­town y el Span­ish Town o el bar­rio de Flankers en Mon­tego Bay, te puedes mover por el resto de la isla sin prob­le­mas. Quizás a esta fama ha con­tribui­do que la mar­i­hua­na, pese a ser en la prác­ti­ca ile­gal, ha atraí­do, jun­to a la figu­ra de Bob Mar­ley, a via­jeros de todo el mun­do, que vienen aquí a fumar mien­tras se rela­jan bajo las palmeras y desean vis­i­tar la casa-mau­soleo del míti­co can­tante en Nine Mile. No obstante, insis­ti­mos en que son miles los via­jeros que se mueven por su cuen­ta en tier­ras jamaicanas. Eso sí, evi­ta alquilar coche: las car­reteras están llenas de cur­vas peli­grosas (recuer­da que Jamaica es un país muy mon­tañoso) y los jamaicanos son cono­ci­dos por su temeri­dad al volante. Mejor nego­ciar con los taxis­tas locales las tar­i­fas diarias. Para enten­derte con ellos, recuer­da que el idioma ofi­cial es el inglés: después de USA y Canadá, es el país con may­or población anglopar­lante de Améri­ca.

jamaica

La may­oría de las veces los autos no tienen taxímetro, por lo que hay que apal­abrar el pre­cio antes: lo recomend­able es que tires de los taxis guber­na­men­tales ya que los de la Unión Jamaicana de Taxis­tas sue­len ser uti­liza­dos por tur­is­tas y nor­mal­mente son más caros. Moverse en bus es muy bara­to (puedes atrav­es­ar Jamaica de pun­ta a pun­ta por unos 4 euros) pero los horar­ios son impre­vis­i­bles, no hay aire acondi­ciona­do y no sería raro que tuvieras que via­jar jun­to a una seño­ra que lle­va enci­ma un par de gal­li­nas. Tienes tam­bién la alter­na­ti­va de los taxis com­par­tidos, que uti­lizan muchos jamaicanos y son súper económi­cos (suele costar menos de un dólar por cabeza por un trayec­to de 25 kilómet­ros). Otra opción para ir de un modo rápi­do y cómo­do de una pun­ta a otra del país es coger un vue­lo de Air Jamaica: no son exce­si­va­mente caros, la aerolínea suele ofre­cer vue­los inte­ri­ores por unos 60 euros el trayec­to.

La mejor época para via­jar aquí es entre Diciem­bre y Mayo (y la peor, debido al cli­ma, entre Agos­to y Octubre). Las mejores zonas para alo­jarse son Mon­tego Bay (la más cer­cana al aerop­uer­to), Negril, Ocho Ríos y Port Anto­nio, sus pun­tos más turís­ti­cos y con may­or ofer­ta hostel­era. Sin embar­go, nosotros os recomen­damos un tesori­to escon­di­do, Fal­mouth, un pueblo colo­nial pre­cioso de casitas de col­ores que data del año 1700 y donde podrás refu­gia­rte en un ambi­ente de lo más tran­qui­lo de las hor­das de tur­is­tas.

Aunque la comi­da jamaicana tiene fama de ser muy picante (y de hecho lo es), atre­verse con la gas­tronomía local es indis­pens­able. Pesca­do fres­co, carne de cer­do y pol­lo, marisco, pan­cakes de piña, plá­tano frito… en cualquier restau­rante local pequeñi­to podrás com­er por unos cin­co euros y tomarte una cerveza nacional, la Red Stripe, por sólo uno.

Barbados

Nos vamos aho­ra a las Islas Bar­ba­dos, cono­ci­das como la Lit­tle Britain del Caribe por haber sido durante muchos años colo­nia ingle­sa. Los españoles tam­poco nece­si­ta­mos visa­do para entrar al país, lo que alig­era los trámites. Gen­eral­mente los vue­los más baratos sue­len encon­trarse con British Air­ways y Vir­gin Atlantic, pre­via escala en Lon­dres.

Como en otras áreas del Caribe, la tem­po­ra­da alta sin llu­vias va de Diciem­bre a Abril (de nue­vo, pre­cios más altos). Los pre­cios de muchos hote­les en dicha época se pueden ir fácil­mente a los 300 dólares por noche por lo que volve­mos a recomen­dar el alquil­er de aparta­men­tos (una bue­na opción son los Knights and Queens Apart­ments en Christchurch por unos 50 euros apartamento/noche). Las casas de hués­pedes, como Vil­la Marie o Rio Guest­house, tam­bién pueden supon­er una alter­na­ti­va económi­ca a la hora de dormir.

Barbados

Aunque los taxis­tas locales sue­len ser bas­tante hon­estos, es acon­se­jable pre­gun­tar en tu hotel cuales son los pre­cios aprox­i­ma­dos de las tar­i­fas entre un pun­to y otro ya que la may­oría no usan taxímetro. Alquilar un coche es caro e incó­mo­do, no olvides que se con­duce por la izquier­da. Algu­nas com­pañías privadas tam­bién ofre­cen fur­gone­tas com­par­tidas (las recono­cerás porque son amar­il­las) que pueden ser otra bue­na opción para moverte por la isla.

En Bar­ba­dos se puede fun­cionar per­fec­ta­mente con dólares pero es acon­se­jable que te mane­jes con la mon­e­da local, el dólar de Bar­ba­dos (cam­bio 1 euro=2 dólares). Pueden encon­trarse cajeros por todos sitios pero las comi­siones son ele­vadas, no sue­len bajar de los cin­co euros por transac­ción, por lo que aca­so sea mejor cam­biar en mon­e­da local cuan­do ater­rices en el aerop­uer­to. La may­oría de las playas son públi­cas aunque te cobran por usar las som­bril­las. Para com­er, lo mejor el pesca­do fres­co: un buen pla­to con guar­ni­ción a pie de playa puede costarte menos de seis euros. Y no olvides lle­varte de sou­venir una botel­la de ron Mount Gay, con­sid­er­a­do uno de los mejores del mun­do.

Granada

Nue­stro últi­mo des­ti­no nos lle­va a Grana­da, un minús­cu­lo país insu­lar tam­bién perteneciente a las Antil­las Menores. Con una exten­sión aprox­i­ma­da de 350 kilómet­ros cuadra­dos (un poco más grande que Mal­ta) un via­je de una sem­ana de duración nos dará tiem­po de sobra para recor­rer la isla en su total­i­dad. El país está for­ma­do por tres islas: la prin­ci­pal, Grana­da, y Car­ri­a­cou y la Pequeña Mar­tini­ca. En esta últi­ma ape­nas viv­en un mil­lar de per­sonas. Lo mejor de Grana­da es que es un archip­iéla­go ape­nas explota­do turís­ti­ca­mente en com­para­ción con otras islas caribeñas y es posi­ble encon­trar muchas playas que se encuen­tran semi­desier­tas.

Granada

Al ater­rizar, si eres europeo no te exi­girán visa­do pero sí que muestres el bil­lete de vuelta. Grana­da cuen­ta sólo con un aerop­uer­to inter­na­cional, el Mau­rice Bish­op, a cin­co kilómet­ros de la cap­i­tal, Saint George. La cap­i­tal es el lugar donde puede encon­trarse más alo­jamien­to pero tam­bién el más caro, a una media de unos 70 euros por noche. En áreas más remo­tas los pre­cios bajan bas­tante pero esto te obligará a alquilar coche. La may­oría de los atrac­tivos turís­ti­cos se encuen­tran al sudoeste de Grana­da, ten­lo en cuen­ta a la hora de bus­car alo­jamien­to.

La cono­ci­da como Isla de las Espe­cias tiene en Saint George la que está con­sid­er­a­da una de las cap­i­tales más boni­tas de todo el Caribe, con coque­tas man­siones de la época colo­nial y que funde la arqui­tec­tura euro­pea que llegó de mano de españoles, france­ses y británi­cos con la explosión de col­or tan típi­ca de los trópi­cos. Grand Anse y Morne Rouge son algu­nas de las playas cer­canas más atrac­ti­vas a la hora de atre­verse a bucear (la segun­da algo más tran­quila que la primera). Y hablan­do de buceo, otra activi­dad que puedes hac­er por tu cuen­ta y gra­tuita­mente es la del Par­que Sub­mari­no de Molinere, con un mon­tón de escul­turas bajo el agua (para lle­gar has­ta aquí, has de ir a Drag­on Bay). Otra excur­sión intere­sante es a la isla de Car­ri­a­cou y sus inter­minables playas de are­na albi­na: el fer­ry de ida y vuelta cues­ta aprox­i­mada­mente unos 30 euros. Además, en Car­ri­a­cou puedes acam­par gratis en la playa de Anse la Roche.

Por últi­mo, comen­ta­mos que de los des­ti­nos reseña­dos, Grana­da prob­a­ble­mente sea el más caro a la hora de sen­tarte en un restau­rante, por lo que, de nue­vo, os volve­mos a recomen­dar que tiréis de los chirin­gui­tos calle­jeros, donde puedes encon­trar rotis de pol­lo por unos 3 euros (y llenan un mon­tón). Y un últi­mo con­se­jo antes de acabar con las recomen­da­ciones en Grana­da: que tú estés de vaca­ciones no quiere decir que los granadi­nos tam­bién lo estén. Saint George, pese a ser pequeña, está llena de ban­cos y ofic­i­nas y los locales no ven bien que te pasees en bañador y toal­la en mano por las calles de la cap­i­tal. Deja esa indu­men­taria para las playas y, sobre todo, sé respetu­oso con las cos­tum­bres locales.


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