BÉLGICA — Cinco viajes al país de la cerveza

En realidad,mis via­jes a Bél­gi­ca han sido más de cin­co pero como algunos fueron para via­jes de tra­ba­jo o fes­ti­vales de músi­ca y ape­nas hice turismo,los dejo aparte.Aún así,estuvieron bien para cono­cer la Bél­gi­ca más rur­al y dis­fru­tar acam­pan­do en la hierba,que con esos para­jes tan verdes da gus­to insta­lar la tien­da de cam­paña…

Vámonos a Bélgica.¿Cómo? En avión,que es lo más rápi­do y lo más bara­to, con com­pañías como Vuel­ing o Ryanair puedes pre­sen­tarte allí por menos de 100 euros ida y vuelta.No conoz­co el aerop­uer­to secun­dario de Charleroi pero aunque está más ale­ja­do, hay bus­es que te acer­can a la ciu­dad por poco más de 30 euros ida y vuelta. Nor­mal­mente he vola­do al Aerop­uer­to de Bruselas-Zaventem,uno de los mejores de Europa y con mul­ti­tud de conex­iones a otros países.Está muy bien comu­ni­ca­do con Bruse­las ciudad,un tren te deja en pleno cen­tro en 20 min­u­tos al módi­co pre­cio de 5 euros (el aerop­uer­to está a sólo 12 kilómet­ros).

Bruselas

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Vamos con los hoteles.En general,en Bruse­las son caros. Daos cuen­ta que no es sólo una ciu­dad muy turís­ti­ca sino que además aquí vienen a tra­ba­jar miles de eurodiputa­dos por lo que no es mala idea que tires por opciones más baratas como hostales y bed & break­fast. En ese sentido,aprovecho para recomen­daros los Euro­pean Union Flats ‚unos aparta­men­tos muy acoge­dores en el Bar­rio Europeo que os sal­drán por menos de 50 euros la noche (sin desayuno,eso sí).Están a una media hora andan­do del cen­tro pero muy bien comu­ni­ca­dos por metro.

Otro de los hote­les barati­tos en el que me he queda­do en alguno de mis via­jes es el Hotel Mirabeau. Está algo más cén­tri­co, incluye el desayuno (que tam­poco es nada del otro mun­do pero te hace un apaño) y sale a unos 65 euros la habitación doble. Está algo vieji­to pero la ver­dad que coge a mano de todo y es una bue­na opción.

Antes de seguir nues­tra ruta por las ciu­dades belgas,vamos a hac­er un alto en el camino para hablar de la cerveza,una deli­cia para el pal­adar que ya por sí sola jus­ti­fi­ca un via­je a Bélgica.Y es que la cerveza bel­ga prob­a­ble­mente sea la mejor del mundo.Para mí,que soy una sibari­ta del zumo de ceba­da y más si este es arte­sanal, cada via­je a Bél­gi­ca ha supuesto un des­cubrim­ien­to ya que para los bel­gas la elab­o­ración de la cerveza es todo un arte.Según el últi­mo censo,en el país hay cer­ca de 1.500 tipos de cervezas difer­entes (al menos las oficiales),fíjate si tienes para elegir.Las más famosas, obviamente,son las trapens­es, las trappe: datan de la época de las Cruzadas, se elab­o­ran en monas­te­rios (en un prin­ci­pio las vendían para recau­dar fon­dos) y hoy en día sólo seis monas­te­rios en toda Bél­gi­ca las con­tin­u­an fab­ri­can­do. Estos monas­te­rios son Achel, Chi­may, Orval, Rochefort, West­malle y West­vleteren.

Pero aunque las trapens­es sean las cervezas bel­gas más cono­ci­das y de may­or pedigrí,sus com­pañeras no se quedan atrás.Puedes optar además por las Leffe, que son de abadía y tienen un mon­tón de vari­antes (rubia, negra, triple, Radieuse.…), las ale (que aunque son de orí­gen británico,en Bél­gi­ca son muy pop­u­lares), las stout (cerveza negra con un ligero sabor achocolatado),las lager (cervezas de baja fer­mentación), cervezas de tri­go (tam­bién las hay de mijo, arroz o maíz) o mis favoritas,las lam­bic, que sue­len ser de tri­go y muy afrutadas,se elab­o­ran con levaduras silvestres.Mi marido,que le gus­tan las más cañeras,siempre me dice que estas últi­mas son “cervezas para chi­cas” por su baja graduación,que no sue­len super­ar los 5º, pero a mí me encan­tan! Mi favorita es la Kriek,que se elab­o­ra con cerezas agrias,sabrosísima!!

En este sentido,y si eres cerve­cero, te recomien­do entonces que si pasas por Bruse­las no dejes de vis­i­tar el Delir­i­um Cafe , prob­a­ble­mente mi cerve­cería favorita en toda Europa (el nom­bre viene de la cerveza Delir­i­um Tremens). Se encuen­tra en la calle Impasse de la Fidelite, muy cerqui­ta del Grand Palace, ubi­ca­da en una cav­er­na del siglo XVIII, con su car­ac­terís­ti­co ele­fante rosa dán­dote la bien­veni­da, y más que una cerve­cería es un museo. Posee el record Gui­ness de may­or var­iedad de cerveza por metro cuadra­do (más de 2.000 var­iedades para escoger de 60 país­es difer­entes) y aunque la may­oría de las veces es com­pli­ca­do coger sitio ya que está has­ta arri­ba de gente (vienen cerve­ceros de toda Europa) es un lugar en mi opinión indis­pens­able.

De todos modos,aunque la Delir­i­um sea mi cerve­cería favorita,hay muchas otras que puedes visitar.¿Mis recomen­da­ciones? En primer lugar, el Lit­tle Delir­i­um Cafe, que es una pequeña “sucur­sal” del Delir­i­um situ­a­da en Rue du Marche aux Fro­mages. En segundo,la cerve­cería-teatro Toone (Impasse Sainte-Pétron­ille 66), donde se hacen espec­tácu­los de mar­i­one­tas. La Mod­er Lam­bic, en la Place Fontainas 8, donde además puedes cenar y hay un mon­tón de bir­ras para ele­gir. Pero para curiosa Le Cer­cueil, una cerve­cería que nació inspi­ra­da en la pelícu­la “El Exorcista”,con una dec­o­ración súper macabra y donde las cervezas se sir­ven en cra­ne­os (de mentira,claro XD). Después de la Delir­i­um, mi favorita!

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Y si hemos habla­do de la cerveza,ahora nos vamos a ir al tema gas­tronómi­co.Y comen­zamos con los moules, los mejil­lones, el pla­to típi­co por excelencia.Se preparan de mil y una maneras,aunque la más habit­u­al es al vapor acom­paña­dos de patatas fritas.Ojo que las raciones son enormes:te los sir­ven en cazuela y suele ron­dar el kilo / kilo y medio por per­sona (luego hay que descon­tar el peso de las cáscaras,eso sí). Lo bueno es que tam­poco son exce­si­va­mente caros:si te sales de las zonas más turísticas,calcula unos 10 euros por per­sona. Por cierto,si en España echas de menos los mejil­lones bel­gas, cuan­do vayas a Barcelona pásate por La Mus­cle­ria (Car­rer Mal­lor­ca 290).Fuera de Bélgica,es el lugar donde mejores mejil­lones bel­gas he proba­do.

Nadie puede irse de Bél­gi­ca sin pro­bar unas bue­nas patatas fritas.Y es que aunque parez­ca un pla­to muy sim­ple, lo cier­to es que allí las preparan riquísimas.Se venden en los fritkot o fri­ter­ies, te las sir­ven para lle­var con difer­entes sal­sas y ya puedes recor­rer Bruse­las mien­tras vas picote­an­do patatas.Los bel­gas dan tan­ta impor­tan­cia a sus patatas fritas que inclu­so les han ded­i­ca­do dos museos en Amberes y en Brujas.En cuan­to a donde degustarlas,como os he comen­ta­do la ciu­dad está llena de pueste­cil­los donde las venden,aunque a mí me gusta­ba ir a com­er­las a la Fri­terie Tab­o­ra, que a día de hoy espero que con­tin­ue abier­ta.

En cuan­to a más platos típi­cos, imper­don­able que regre­ses sin haber proba­do los deli­ciosos gofres (ya,ya,los venden en toda Europa pero en ningún lugar se hacen como aquí!), los embu­ti­dos (a mí lo que mas me gus­ta es el boudin),el water­zooi (un esto­fa­do de carne o pesca­do con ver­duras), sus deli­ciosas sopas, las albóndi­gas… y sobre todo el choco­late, rival­izan­do en cal­i­dad con el suizo. Bruse­las está llena de bom­bon­erías y pastel­erías y una bue­na caja de bom­bones es el mejor rega­lo que puedes traerte de regre­so a España.

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Vamos ya con la visi­ta a Bruse­las. Para moverte,mejor los tran­vías que el metro, cubren mejor la ciudad.Los taxis inten­ta evi­tar­los todo lo que puedas:son de los más caros de Europa y puedes moverte en trans­porte públi­co sin prob­le­mas.

Un via­je a Bruse­las no puede comen­zar por otro lugar que no sea la Gran Place (en fla­men­co cono­ci­da como la Grote Markt). La plaza más impor­tante de la ciu­dad (y prob­a­ble­mente de Europa) es Pat­ri­mo­nio de la Humanidad de la UNESCO y está siem­pre has­ta arri­ba de locales y visitantes.Si vienes en Agos­to, podrás admi­rarte con la gigan­tesca alfom­bra de flo­res que con­fec­cio­nan los bel­gas y que te dejará con la boca abierta,una mar­avil­la.

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La Grand Place es el corazón de Bruselas.Acoge algu­nas de las con­struc­ciones más boni­tas de la ciu­dad, como el Ayuntamiento,con su torre de casi 100 met­ros de altura, la Casa del Rey (que en sus ini­cios era una panadería), Le Pigeon, la casa donde vivió Víc­tor Hugo mien­tras se exil­ió de Fran­cia y las res­i­den­cias de los antigu­os gremios de lecheros, bar­queros y ebanistas.Comenzó sien­do el lugar donde se ubi­ca­ba el mer­ca­do cen­tral, ha sido tes­ti­go de decap­ita­ciones de reos,ha sufri­do bom­bardeos que obligaron a su reconstrucción…y a día de hoy sigue lucien­do majes­tu­osa.

Este de aquí aba­jo es el Pala­cio Real de Bruse­las. Ten­go que con­fe­sar que pese a haber ido varias veces a Bél­gi­ca nun­ca he encon­tra­do momen­to para vis­i­tar­lo por den­tro (de julio a sep­tiem­bre las vis­i­tas son gra­tu­itas). Con­struí­do en el siglo XIX, actual­mente no es la res­i­den­cia de la famil­ia real pero se usa para recep­ciones oficiales.Justo al ladi­to tienes el Par­que de Bruselas,el más grande de la ciu­dad y una deli­cia para pasear en días solea­d­os.

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Las dos estat­uas más famosas de Bruse­las:Manekken Pis y Jeanekke Pis, ambas entrañables. Es cier­to que la primera vez que las ví me sor­prendí porque me las esper­a­ba mucho más grandes pero son el prin­ci­pal sím­bo­lo de la cap­i­tal bel­ga. Por cier­to, es habit­u­al que al Manekken Pis se le “dis­frace” con dis­tin­tos trajes,yo he lle­ga­do a ver­le vesti­do de Elvis y de jugador del Barcelona.Manekken se encuen­tra pega­di­to a la Grand Place y Jeanekke muy cerqui­ta del Delir­i­um Cafe. Cuan­do vayas a rendir tus respetos a Jeanekke,te acon­se­jo que te des un paseo por las Galerías Saint Hubert: son super ele­gantes aunque las tien­das tienen pre­cios pro­hibitivos.

Manekken Pis

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Jeanekke Pis

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Atom­i­um de Bruse­las, otra de las imá­genes más cono­ci­das de la ciu­dad des­de que lo lev­an­taran a finales de los años 50.Se con­struyó para una exposi­ción y aquí se ha queda­do. Tiene más de 100 met­ros de altura y rep­re­sen­ta los nueve áto­mos del cristal del hier­ro.

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Jun­to al Atom­i­um, tienes otra visi­ta bas­tante intere­sante y que,sin embargo,mucha gente obvia:la del par­que Mini Europe. Tiene cer­ca de 400 maque­tas que rep­re­sen­tan ciu­dades de toda Europa y están curradísimas,son autén­ti­cas obras de arte.La entra­da es algo cara,casi 15 euros,pero en mi opinión es una visi­ta que bien merece la pena.Sobre todo si llevas niños.

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Notre Dame du Sablon:una de las igle­sias más boni­tas de toda Europa

Notre Dame, Brussels

En cuan­to al cono­ci­do como Bar­rio Europeo, aquí se amon­to­nan las insti­tu­ciones euro­peas pero para mi gus­to tam­poco ofrece gran cosa.Si vas algo ajus­ta­do de tiempo,te recomien­do que pas­es y gastes el día en algu­na ciu­dad cercana,que te com­pen­sará más.Y a ello vamos,a ver el resto de Bél­gi­ca…

Gante

He con­tin­u­a­do nues­tra ruta por Bél­gi­ca yen­do a Gante (y no a Bru­jas) porque en mi opinión es igual de boni­ta que Brujas,a la que lle­gare­mos después,y no está tan peta­da de turistas.Está muy cerqui­ta de Bruselas,a sólo 50 kilómet­ros (puedes ir en tren, 30 min­u­tos, 12 euros por trayec­to) y bien merece una escapa­da de un día. Aunque es pequeñi­ta (no lle­ga al cuar­to de mil­lón de habi­tantes) es una ciu­dad muy viva por su car­ac­ter universitario:sus calles siem­pre están reple­tas de estudiantes.Es una ciu­dad que se puede recor­rer comoda­mente a pie pero es tam­bién bue­na opción hac­er­lo en bicicleta:puedes alquilar­las en la mis­ma estación de Sint Peeters. Por cierto,muy cerqui­ta de la estación tienes el Par­que de la Ciu­dadela si quieres dar un paseo.

La primera vez que vis­ité Gante fue con 17 años y me quedé enam­ora­da de sus canales.Desde entonces,he vuel­to un par de veces más y me con­tin­ua pare­cien­do una ciu­dad espectacular.Su mon­u­men­to estrel­la es el Castil­lo de los Con­des de Gante (Castil­lo de Graven­steen), en pleno cen­tro urbano. Con­stru­i­do por Felipe de Alsacia,a día de hoy con­tin­ua sien­do una for­t­aleza medieval excep­cional, man­te­nien­do intac­to el foso que les pro­tegía de los inva­sores y brindán­dote unas boni­tas vis­tas de la ciudad.La entra­da cues­ta 8 euros.

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Ya que has ido has­ta el castillo,es bue­na idea que con­tin­ues el recor­ri­do por el bar­rio de Pater­shol, el Bar­rio de los Teje­dores.Con una estruc­tura típi­ca­mente medieval y sus calles empe­dradas, actual­mente es una de las zonas más chic de Gante,aunque no ha per­di­do en abso­lu­to el encan­to de antaño.La visi­ta no te lle­vará mucho tiem­po pero será real­mente intensa.Eso sí,tiene aún más vidil­la cuan­do cae la tarde.

Gante es,sobre todo,una ciu­dad de igle­sias y entre ellas desta­ca la de San Nicolás. Perteneció en sus ini­cios al gremio de los comerciantes,fue asalta­da por protes­tantes que destruyeron sus orna­menta­ciones góticas,se llegó a usar como cabal­ler­iza pero a día de hoy es la más vis­i­ta­da de la ciu­dad.

Uno de los lugares más fotografi­a­dos de Gante: la Casa de los Albañiles. Se sitúa jus­to enfrente de la Igle­sia de San Nicolás y su facha­da es de las más orig­i­nales de Bél­gi­ca (curiosamente,hasta 1976 no se encon­tra­ba a la vista de los viandantes).Los bufones que apare­cen en la fotografía son como lig­eras vele­tas que se mueven a merced del vien­to.

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Otro de los lugares que más inmor­tal­izan los vis­i­tantes: Graslei o Muelle de las Hier­bas. Es un puer­to medieval rodea­do de con­struc­ciones de época que luce inclu­so más boni­to de noche,con los canales ilu­mi­na­dos (des­de el Puente de San Miguel es donde con­seguirás mejores fotos).Hablando de puentes,si tienes opor­tu­nidad acér­cate a ver el puente Rabot en el canal de La Señora:es la últi­ma puer­ta medieval que que­da en pie en Gante.

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Castil­lo de Ger­ar­do el Dia­blo: una deli­cia arqui­tec­tóni­ca que pasa desapercibi­da para muchos visitantes,quedándose sólo con el Castil­lo de los Con­des de Flan­des. Pero efectivamente,Gante cuen­ta con dos castil­los y el Geer­aard de Duiv­el­steen bien merece una visita.No es que den­tro quede gran cosa pero lo impor­tante es el edi­fi­cio en sí,que des­de que se lev­an­tara en el siglo XII ha servi­do como res­i­den­cia de la famil­ia real, escuela, monasterio…e inclu­so cár­cel y orfana­to.

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Y dejamos para el final el Ayun­tamien­to,una de las mejores obras del góti­co europeo.Se puede vis­i­tar por den­tro de Mayo a Octubre,aunque son casi igual de intere­santes y car­ac­terís­ti­cas las calle­jue­las que lo rodean.

Unos apuntes adi­cionales antes de aban­donar Gante.Al ser una ciu­dad tan cer­cana a Bruselas,no os he recomen­da­do alo­jamien­to ninguno ya que es una visi­ta que se puede hac­er per­fec­ta­mente en el día.Sin embargo,sí os voy a recomen­dar una visi­ta bas­tante curiosa:el Cafe Trol­lenkelder.Es una taber­na medieval pre­ciosa sita en Bij Sint-Jacobs 17,decorada con cien­tos de trolls y un catál­o­go de más de 200 cervezas. Inmejorable lugar para parar a hac­er un des­can­so entre ruta y ruta.

Otra cosa que no debes perderte si via­jas a Gante son sus pastelil­los más típicos,los mas­tellen. Tienen una antigüedad de 900 años y aunque a sim­ple vista parez­can donuts,por for­tu­na no lo son:estos son unos bol­los tiernísi­mos adereza­dos con anís o canela.Aprovecha para catar­los aquí ya que no se encuen­tran en otros lugares de Bél­gi­ca.

Brujas

Aunque como os comenta­ba antes,sigo pre­firien­do Gante por no estar tan ates­ta­da de turistas,las cosas como son:Brujas es maravillosa.Aquí sí os recomien­do que hagais noche y así la podreis dis­fru­tar con más calma.Pese a que la ciu­dad es bas­tante pequeña (poco más de 100.000 habitantes),tiene muchos rin­cones intere­santes y,sobre todo,merece la pena recor­rerla de noche porque es inclu­so más boni­ta que cuan­do la empa­pa la luz diurna.Tampoco es una ciu­dad bara­ta para alo­jarse (los hote­les no sue­len bajar de los 100 euros la noche) por lo que te recomien­do que intentes reser­var en el Char­lie Rock­ets Youth Hos­tel , que aparte de bas­tante cén­tri­co, está muy limpio y es económico,si no recuer­do mal no lle­ga­ba a los 60 euros la doble.Eso sí,el baño es com­par­tido pero para dormir y dejar las mochi­las cumple de sobra su función.Otro dato más:el tren ida y vuelta des­de Bruse­las cues­ta unos 35 euros.

Bru­jas, cono­ci­da como Ams­ter­dam o como la Vene­cia del Norte por los canales que la surcan,es en el siglo XXI una ciu­dad que,sin embargo,parece haberse queda­do ancla­da en el tiempo.Es increíble el buen esta­do de con­ser­vación que mantienen la may­oría de los edi­fi­cios y el mimo con que el gob­ier­no cui­da al may­or tesoro bel­ga, con­scientes de que gente de todo el mun­do viene a conocerla.La mejor emba­jado­ra de Bélgica,pese a que en el pasa­do llegó a pertenecer al antiguo reino de Francia,es a día de hoy el may­or orgul­lo nacional.

Aún así,Brujas es tan pequeñi­ta que es difí­cil que llegues a usar el trans­porte públi­co ya que irás a todos los sitios andando.Además,esta es una ciu­dad pen­sa­da para cam­i­nar y de paso irte delei­tan­do con lo que te vayas encontrando.Para ello,lo mejor es que comiences tu ruta en la Grote Markt, lo que en la antigüedad era la plaza prin­ci­pal de Bru­jas cuan­do esta era una población aún más pequeña.Aquí se orga­ni­z­a­ban los mer­ca­dos medievales pero tam­bién las ferias y las eje­cu­ciones públicas,que era algo muy en boga en Europa,lo de car­garse a los reos a la vista de todo el mun­do y que era un macabro espec­tácu­lo que nadie quería perderse.Hoy en día,de los mer­ca­dos los úni­cos restos que quedan los vas a encon­trar los miércoles,que es cuan­do se orga­ni­za un mer­cadil­lo que pre­tende remem­o­rar épocas pasadas (y de paso recor­dar que Bél­gi­ca fue una de las grandes poten­cias euro­peas antaño).

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Las col­ori­das casas que rodean esta plaza (que no es tan pequeña,cubre una hec­tárea) en el pasa­do eran res­i­den­cias de famil­ias pudi­entes pero hoy en día basi­ca­mente lo que aco­gen es restaurantes,tiendas de sou­venirs y sobre todo chocolaterías.Lo mejor es que,a excep­ción de los bus­es urbanos,el trá­fi­co está pro­hibido en sus entrañas por lo que es un gus­ta­zo deam­bu­lar tran­quil­a­mente, en espe­cial si el tiem­po acompaña:Brujas es una ciu­dad muy llu­viosa aunque yo he tenido bas­tante suerte y las veces que he ido no nos ha caí­do ni una gota.Aparte de las vis­tosas vivien­das, desta­ca el cam­pa­nario Belfort (con casi 50 cam­panas y 90 met­ros de altura).Y una curiosidad:las leyes y nor­mas de Bru­jas, cono­ci­das como “Hal­lege­bo­den”, se proclam­a­ban des­de el bal­cón ante los ciu­dadanos que eran con­vo­ca­dos a través de las campanas.No obstante,justo donde aho­ra se lev­an­ta el cam­pa­nario se cel­e­bra­ba el mer­ca­do local (Les Halles).

La segun­da plaza en impor­tan­cia de Bru­jas (y muy cerqui­ta de esta) es la Plaza de Burg, donde se encuen­tra el Ayun­tamien­to (se puede vis­i­tar por dentro,precio de la entra­da 2 euros).Justo al lado tienes la Heil­ing Bloed, la Basíli­ca de la San­gre, cuya entra­da es gratuita,y el Civiele Griffie, el antiguo Reg­istro Civ­il. Des­de el Reg­istro puedes atrav­es­ar el Blinde Ezel Straat,el calle­jón del Asno Ciego,para lle­gar has­ta el Vismarkt,el mer­ca­do de pesca­do que aún con­tin­ua en funcionamiento.Muy cer­ca tam­bién tienes el Muelle Verde,donde se hal­la la Casa del Pelí­cano,un antiguo hos­pi­tal que es de los edi­fi­cios más queri­dos por los habi­tantes de Brujas,la zona donde mejor puedes degus­tar uno de los platos más típi­cos de la región de Flandes:los tomates rel­lenos de camarones.Después de la comida,y dejan­do atrás el Vis­markt, aprovecha para hac­er la sobreme­sa en la recogidi­ta Huiden­vet­ter­splein, la Plaza de los Cur­tidores. Antiguamente,aquí se vendía el pesca­do de menor cal­i­dad que sobra­ba en Vis­markt para cubrir las necesi­dades de las famil­ias más pobres.

Nos vamos ya a recor­rer los canales,ya que Bru­jas es la ciu­dad acuáti­ca por excelencia,hasta su pro­pio nom­bre proviene del voca­blo vikingo Bryg­gia, que sig­nifi­ca­ba “lugar de atraque”.Es una boni­ta for­ma de cono­cer la ciu­dad y los paseos náu­ti­cos tam­poco son demasi­a­do caros, aprox­i­mada­mente unos 5 euros por unos 45 min­u­tos de recorrido.Los canales a lo largo de la his­to­ria de Bru­jas no sólo han servi­do para el trá­fi­co de mer­cancías sino tam­bién para que la gente de a pie pudiera trasladarse con como­di­dad y más rap­i­da­mente a cualquier otro pun­to de la urbe.Los canales más pop­u­lares son el Groenerei-Steen­houw­ers­dijk, que cruza los puentes de piedra más antigu­os de la ciudad,el canal Augusti­j­nen­rei, que tam­bién atraviesa puentes como Augusti­j­nen y Spaanse Loskaai, el canal Djiv­er, que tiene en sus oril­las los museos Groeninge y Gru­uthuse, y el canal Rozen­hoed­kaai.

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Sig­amos “en el agua” para irnos has­ta Min­newa­ter,el lago más impor­tante de Bru­jas y al que se conoce como el Lago del Amor.Lo ide­al es que aprovech­es las bue­nas tem­per­at­uras veran­ie­gas para visitarlo,aunque en Bél­gi­ca inclu­so en ver­a­no hay que echar mano de la cha­que­ta cuan­do cae la noche.El lago está lleno de cisnes,uno de los grandes sím­bo­los de la ciudad:cuenta la leyen­da que el admin­istrador de la ciu­dad Pieter Lanchals,apodado el Cuel­lo Largo y cuyo escu­do famil­iar esta­ba pre­si­di­do por un cisne, fue eje­cu­ta­do en Bru­jas y como castigo,el rey Max­i­m­il­iano de Aus­tria ordenó a los bru­jens­es llenar el lago de cisnes y que se ocu­paran de su bien­es­tar.

Des­de el norte del lago se lle­ga a la plaza de Wijn­gaard­plein,que une el lago y el cas­co antiguo.Allí se lev­an­ta la impo­nente igle­sia de Nues­tra Seño­ra de Bru­jas,un edi­fi­cio del siglo XIII que aunque nació sigu­ien­do al esti­lo románico,con el paso de los años añadió ele­men­tos góti­cos como la torre ya que era la cor­ri­ente que imper­a­ba entonces.Después del Chrysler Build­ing de Nue­va York, es el edi­fi­cio con­struí­do entera­mente de ladril­los más alto del mun­do.

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La otra igle­sia más impor­tante la ciu­dad es la de Sint Sal­va­tor,más antigua que la ante­ri­or cita­da (esta data del siglo X).Sustituyó a la de Sint Donato,el antiguo patrón local y cuyo tem­p­lo fue destru­i­do durante la ocu­pación francesa.A sólo unos met­ros te darás con la plaza T Zand, la más grande de Bru­jas aunque esta de un corte más moderno.Tampoco tiene mucho que reseñar,a no ser el feísi­mo impacto visu­al que desprende el con­traste entre esa mole lla­ma­da Concertgebouw,el audi­to­rio de conciertos,y lo que es la parte antigua de Brujas.Como la noche y el día.

Hay otro pequeño bar­rio no muy vis­i­ta­do (aprovecha!) que se encuen­tra muy cer­ca de la igle­sia de Sint-Annakerk y es una especie de pueblecito for­ma­do por las Casas de Dios (en fla­men­co God­shuizen), pequeñas casitas del siglo XVII des­ti­nadas a la gente más pobre o enfer­ma y que se han con­ser­va­do en un exce­lente estado.Estas casas cre­cen en torno a la igle­sia de Jeruza­lemk­erk.

En Bru­jas no hay que olvi­dar tam­poco el ir a ver sus mag­ní­fi­cas mural­las. Man­dadas con­stru­ir por los Con­des de Flan­des, aún con­ser­van en acti­vo cua­tro de sus puer­tas más importantes.Precisamente des­de la zona noreste de las mural­las puedes llegar,caminando entre verdes praderas, a los poquitos moli­nos, sólo cua­tro (no de vien­to sino des­ti­na­dos a mol­er hari­na) que aún se mantienen en Brujas.Es la pre­ciosa zona de Kruisvest.

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Y antes de acabar con Brujas,unos apuntes. Si tienes tiem­po, sal a las afueras y pasa una mañana en el pueblo de Domme, que está a esca­sos kilómet­ros y tiene unas calles medievales pre­ciosas (puedes ir en bar­co des­de Bru­jas, muelle Noorweegsekaai,ida y vuelta 8 euros). Otra excur­sión tam­bién muy recomend­able es al Castil­lo de Loppem, al que se puede lle­gar en bus des­de la ciu­dad, es uno de los castil­los más boni­tos que he vis­to en Centroeuropa.Y no olvides,ya en Bru­jas, pasarte por el Museo del Choco­late en la Res­i­den­cia Croone y el Dia­mant­mu­se­um, donde te mostrarán por qué Bru­jas ha sido durante sig­los la cap­i­tal por exce­len­cia del tal­la­do y ven­ta de diamantes.Aunque para dia­mante en bruto…¡Brujas entera!

Amberes

Amberes quizás no sea tan cono­ci­da a niv­el turís­ti­co como Bruse­las, Gante y espe­cial­mente Bru­jas pero aun así,al ser Bél­gi­ca un país tan pequeñín,si cuen­tas con var­ios días yo sí dedi­caría uno de ellos a Amberes. Si antes hablábamos en Bru­jas de la impor­tan­cia de la figu­ra del dia­mante en la fisionomía bel­ga, en ese sen­ti­do Amberes la supera:aquí se fab­ri­ca un 85% de la pro­duc­ción mundial,lo que ha prop­i­ci­a­do que se la conoz­ca como la Ciu­dad de los Dia­mantes.

Amberes es la segun­da ciu­dad de Bél­gi­ca después de Bruselas,con casi medio mil­lón de habi­tantes (de los que 35.000 tra­ba­jan pre­cisa­mente en la indus­tria del diamante).Situada a oril­las del río Escalda,su puer­to es el segun­do más impor­tante de Europa y esto la ha con­ver­tido en una de las ciu­dades más cos­mopoli­tas del país,con gente de cien­tos de nacional­i­dades difer­entes y una impor­tan­tísi­ma comu­nidad judía,que fue la que pre­cisa­mente intro­du­jo en la ciu­dad el nego­cio de los diamantes.Hoy en día,funcionan cien­tos de talleres donde se enseña el arte de pulir el dia­mante a los aprendices,amen de las dece­nas de joy­erías que te encuen­tras cada dos pasos.Qué suerte que a mí las joyas me lla­men poco la aten­ción porque Amberes es para volver a tu país con la tar­je­ta de crédi­to en números rojos.

Antwerp

Esta de aquí arri­ba es la bel­lísi­ma Grote Markt (en Bél­gi­ca lo de Grote Markt es como para nosotros Plaza Mayor).Es el cen­tro de la ciu­dad, aquí se ubi­ca el Stad­huis, el Ayun­tamien­to, la famosa estat­ua de Sil­vius Brabo,el sol­da­do romano que,según cuen­ta la leyen­da, impidió la invasión de Amberes al cor­tar la mano del gigante Druoon Anti­goon que con­tro­la­ba la lle­ga­da de los barcos.De hecho,en la escul­tura se puede ver a Brabo lan­zan­do la mano al río,escoltado por la diosa de la justicia.Pero no es el úni­co monumento-homenaje.También hay una escul­tura de una gigan­tesca mano y otra en el Castil­lo de Het Steen,del que jus­to os voy a hablar aho­ra.

El castil­lo es uno de los edi­fi­cios más antigu­os de Amberes.Se con­struyó en el año 1200 y aunque su papel ini­cial era el de servir como fortaleza,con el paso del tiem­po sus fun­ciones derivaron en un rol más siniestro:la de prisión para los con­de­na­dos a muerte.Lo curioso es que a los pri­sioneros se les dividía por esta­tus social (los ricos en un ala y los pobres en otro) aunque su des­ti­no era el mismo:que les decap­i­taran. A su entrada,como podeis ver,se encuen­tra la estat­ua del malé­fi­co gigante que tenía ater­ror­iza­da a la ciu­dad.

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Aunque naci­do en Alemania,el hijo más ilus­tre de Amberes es Rubens,ya que este pasó la may­or parte de su vida aquí ya que era el hog­ar de sus padres.Erigido como el pin­tor más impor­tante de la escuela fla­men­ca, su antigua res­i­den­cia se ha con­ver­tido en uno de los edi­fi­cios más vis­i­ta­dos de la ciu­dad.

La casa se encuen­tra en la calle Wapper.Y es una pre­ciosi­dad en sí,no sólo por su exposi­ción interior.De hecho,Rubens se tra­jo de su estancia en Italia la inspiración para el dis­eño de su palacio,que tiene unos rin­cones fran­ca­mente fabulosos.Dentro se guardan cuadros impor­tan­tísi­mos de Rubens como “Adan y Eva en el paraíso”,“La batal­la de Ivry” o el “Oleo con tri­un­fo de San­ta Clara”.La entra­da cues­ta 6 euros y es una cita indis­pens­able para los amantes de las pina­cote­cas.

Aunque es más pequeña que la Grote Markt, la Groen­plaats o Plaza Verde tam­bién se merece un buen rato.Aunque cueste creer­lo vis­tas las ter­razas y cafés que aho­ra se amon­to­nan aquí,antiguamente esto era la sede del cemente­rio local has­ta que el emper­ador Jose II instaló los cam­posan­tos fuera de las murallas.La pre­side una enorme estat­ua de,como no…Rubens.

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Lovaina

Lovaina es otra de las ciu­dades que puedes vis­i­tar facil­mente des­de Bruse­las ya que se encuen­tra a sólo 27 kilómet­ros de la capital.Como nues­tra Salamanca,es la ciu­dad uni­ver­si­taria por exce­len­cia (Eras­mo de Rot­ter­dam fundó la Uni­ver­si­dad en el año 1425).Yo siem­pre he dicho que para mí Lovaina es como Bru­jas pero aún más pequeñi­ta. Sal­van­do las distancias,claro está,pero es un des­ti­no que los via­jeros pare­cen pasar por alto y es una autén­ti­ca lás­ti­ma.

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Si hay un edi­fi­cio que desta­ca por enci­ma de todos los demás este es el Ayun­tamien­to.Se encuen­tra ¡como no! en la Grote Markt y como veis en la fotografía, es ver­dadera­mente impresionante.Recargado has­ta la exten­uación (pero qué fachada!!!),justo enfrente de la Igle­sia de San Pedro y con un aspec­to más de igle­sia que de edi­fi­cio oficial,para mí su sola pres­en­cia ya jus­ti­fi­ca una escapa­di­ta a Lovaina ¿no creeis?

Cer­ca del Ayuntamiento,se encuen­tra un edi­fi­cio bas­tante sin­gu­lar: el Tafel­rond, la Mesa Redon­da de Lovaina,donde a lo largo de los años se han reunido los gremios de los trabajadores.Actualmente pertenece al Ban­co de la Nación.Desde aquí puedes acer­carte andan­do a la Ladeuzeplein, la plaza más grande de la ciudad,donde cada viernes se orga­ni­zan mer­cadil­los de mer­ca­dos arte­sanales.

Hay un lugar bas­tante curioso en Lovaina que no debes perderte:el Beat­e­rio Grande (Groot Begijnhof).Es como si fuera un pequeño pueblo den­tro de la ciudad,casi un cen­te­nar de casa de pare­des rojizas de más de siete sig­los, pro­te­gi­das por una mural­la y que se codean con igle­sias y jardines.Los beat­e­rios de Flan­des son unos de los más impor­tantes del mundo,no obstante este es Pat­ri­mo­nio de la Humanidad por la UNESCO. Gen­eral­mente los hab­it­a­ban beguinas, reli­giosas que ded­i­ca­ban su vida a la fe pero tam­bién a los enfer­mos y los desvalidos.Con el tiempo,estos beat­e­rios pasaron a con­ver­tirse en res­i­den­cias estudiantiles,con más moti­vo en una ciu­dad uni­ver­si­taria como Lovaina. Actualmente,el acce­so es total­mente gratuito,por lo que su visi­ta es impre­scindible.

Recor­darte tam­bién que a niv­el cerve­cero, Lovaina es otro pun­to impor­tante en la geografía belga.Constantemente se orga­ni­zan Rutas de la Cerveza (con guía inclu­i­do). De hecho, muy cer­ca de la estación de tren se encuen­tra la fábri­ca de Stel­la Artois, que lle­va seis sig­los en fun­cionamien­to y donde te enseñan cómo es el pro­ce­so de elaboración,aparte de poder degus­tar sus sabrosos pro­duc­tos.

Jus­to a las afueras de Lovaina,a muy pocos kilómetros,tenemos el Castil­lo de Horst. Escon­di­do en las verdes campiñas de Flan­des, este palacete rena­cen­tista parece estar flotan­do sobre un estanque (en real­i­dad está pega­do a un lago) y tiene una antigüedad de casi nueve siglos.Tiene fama de castil­lo encan­ta­do (al pare­cer el fan­tas­ma de un conde merodea por las noches) y aunque el inte­ri­or no tiene mucho que ofrecer,se encuen­tra en un para­je tan idíli­co que os recomien­do que gasteis aquí unas horas, ya vereis como merece un mon­tón la pena.

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Región de Valonia

He queri­do dejar para el final quizás una de las zonas más descono­ci­das de Bél­gi­ca, Val­o­nia, y que para mí sin embar­go es un para­je súper interesante.Aquí se encuen­tra Lie­ja, con su pre­cioso cas­co antiguo y sus casas de época,la Cat­e­dral de San Pablo y y la boni­ta Plaza de Saint Lambert.Su visi­ta no requiere más de una mañana pero si te coge cer­ca yo no la suprim­iría.

Uno de mis lugares favoritos en este area:Bouil­lon. Aquí se hal­la uno de los castil­los más impo­nentes de Bél­gi­ca, claro refle­jo de lo que era el sis­tema feu­dal antigua­mente y que se ele­va en lo alto de una col­i­na. Puedes com­bi­na­rlo con una visi­ta a La Roche en Ardenne, que tam­bién tiene intere­santes ruinas medievales.

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Lo cier­to es que la zona de Val­o­nia está has­ta arri­ba de pequeñas pobla­ciones encantadoras.Decantarse por unas u otras ya va en el gus­to de cada uno.Yo sue­lo recomen­dar Mons, que aunque es bas­tante chiquitita,da mucho de sí y además te pil­la cer­ca el Castil­lo de Havré, que es espec­tac­u­lar y no sólo por su extra­or­di­nario jardín lleno de ros­aledas.

¿Que tienes aún tiem­po? Pues entonces acér­cate a Rochefort,con el castil­lo de Lavaux en los alrede­dores y el Museo del Mun­do Sub­ter­ra­neo (muy interesante!),la pena que a mí en el via­je a Val­o­nia no me dió tiem­po a vis­i­tar la Abadía de Notre Dame de Saint Remy, donde se elab­o­ra la cerveza trapense pero te lo recuer­do por si te intere­sa tam­bién. Tour­nai o Namur son dos pobla­ciones que tam­bién se mere­cen una visi­ta y que a mí fueron de las que más me gustaron.Eso sí,un últi­mo apunte:si quieres recor­rer Val­o­nia, haz­lo en coche.Aparte de que te cundirá más el viaje,hay paisajes tan embria­gadores que parar donde a uno le apetez­ca para deleitarse ante las estam­pas bel­gas bien merece la pena!


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2 Comments

  1. Me ha encan­ta­do!! Más com­ple­ta no podía ser!!

  2. Me ale­gro que te haya servi­do!

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