Begur: un pueblo “cubano” en Girona

 

Begur, un pequeño pueblecito de poco más de 4.000 habi­tantes situ­a­do en la región del Bajo Ampur­dán en Girona, no sólo cuen­ta con el atrac­ti­vo de sus boni­tas calas y playas o su pat­ri­mo­nio históri­co, que incluye castil­los como el de Esclanyá o su intere­sante nucleo románi­co; además, cada primera sem­ana de Sep­tiem­bre orga­ni­zan una de las fes­tivi­dades más curiosas de nue­stro país, la Feria de los Indi­anos, de la que jus­ta­mente te vamos a hablar hoy.

A prin­ci­p­ios del siglo XIX, fueron muchos los begurens­es — se cal­cu­la que unos 500, una cuar­ta parte de la población de entonces — que, emu­lan­do a otros 40 mil­lones de europeos y al igual que hicieron sus veci­nos de Palafrugell o Sant Feliu de Guixols, deci­dieron mon­tarse en un bar­co con sus escasas perte­nen­cias guardadas en una male­ta y tras varias sem­anas de nave­gación, desem­bar­car en tier­ras cubanas con la esper­an­za de hac­er for­tu­na. Algunos de ellos, tras 15 o 20 años de mucho tra­ba­jo, que era el tiem­po que solían per­manecer lejos de la patria, lo con­sigu­ieron y regre­saron a Begur con las ganan­cias acu­mu­ladas. Estas las des­ti­naron a con­stru­irse mag­ní­fi­cas man­siones colo­niales con porch­es y bal­cones cor­ri­dos que les sirvier­an de res­i­den­cia y, de paso, para restre­gar sus riquezas a sus veci­nos. A estos begurens­es comen­zó a conocérse­les como indi­anos o amer­i­canos y muchas de sus casas aún se mantienen en pie: algu­nas de ellas, como el Cluc Hotel Begur, ofre­cen al vis­i­tante la boni­ta expe­ri­en­cia de alo­jarse en una casa indi­ana que ha sabido con­ser­var todo el encan­to de antaño. Una de las más boni­tas del pueblo es la casa de Pere Roger, quien curiosa­mente no emi­gró a Cuba sino a Puer­to Rico. Fue con­struí­da en 1860, con pare­des reple­tas de fres­cos y jar­dines llenos de palmeras inspi­ra­dos en los más bel­los de Cuba. Otras man­siones rel­e­vantes son las de Pere Pont (quien se tra­jo de Cuba la cos­tum­bre de insta­lar un huer­to en la parte sur de la casa), la de Can Sora, con sus pin­turas inspi­radas en paisajes caribeños, la casa Bonaven­tu­ra Caner Bataller, la de Sebastiá Puig Car­reras (quien pese a no haber hecho las Améri­c­as, decidió emu­lar a los que emi­graron), la de Paco Font, la últi­ma casa indi­ana con­struí­da en Begur, o la de Vicenc Fer­rer Bataller, quien se enrique­ció en Cuba gra­cias a la indus­tria del taba­co. La belleza de las casas indi­anas es de tal cal­i­bre que las pocas que se han puesto a la ven­ta han lle­ga­do a alcan­zar los tres mil­lones de euros.

Con estos antecedentes, no es de extrañar por tan­to que a Begur se la conoz­ca como La Habana españo­la. Por este moti­vo, para cel­e­brar cada otoño el amor que los begurens­es sien­ten por Cuba, gra­cias a la cual el pueblo con­sigu­ió pros­per­ar, Begur orga­ni­za des­de hace 13 años la Feria de los Indi­anos, aprovechan­do que aún son muchos los tur­is­tas que via­jan por la Cos­ta Bra­va en los últi­mos cole­ta­zos del ver­a­no. Así, cada primer fin de sem­ana de Sep­tiem­bre los locales sacan de los armar­ios sus tra­jes de época, los som­breros y los paraguas de pun­til­la, otros tan­tos se vis­ten de blan­co (el col­or más usa­do en el Caribe) y se pasean por las calle­jue­las medievales inten­tan­do revivir la época de esplen­dor de las Antil­las.

Gen­eral­mente, se suele realizar una jor­na­da de puer­tas abier­tas en algu­na de las man­siones colo­niales para explicar al públi­co el peso que tuvo la arqui­tec­tura indi­ana en el desar­rol­lo urbanís­ti­co de Begur. Se real­izan con­fer­en­cias basadas en la influ­en­cia cubana en Cataluña, talleres donde igual te enseñan a preparar moji­tos que a degus­tar los sabrosos pro­duc­tos que los indi­anos se tra­jeron de tier­ras amer­i­canas como el ron o el choco­late, o con­cur­sos de habaneras. Las habaneras fueron melodías cubanas que los emi­grantes se ocu­paron de traerse a España y que se pop­u­larizaron espe­cial­mente en el País Vas­co y Cataluña, can­tadas en las vie­jas taber­nas por los ancianos del lugar, dejan­do un lega­do fol­clóri­co tan impor­tante que com­pos­i­tores tan rel­e­vantes como Manuel de Fal­la o Rav­el se inspi­raron en ellas a la hora de crear su músi­ca. En Cataluña están tan pro­fun­da­mente arraigadas que un dicho reza “si nos une la sar­dana, la habanera nos her­mana”.

En la Feria de los Indi­anos es tam­bién posi­ble degus­tar algunos de los mejores platos de la gas­tronomía criol­la, como los moros y cris­tianos, pro­bar algu­nas de las mejores cervezas cubanas como Cristal y Bucanero, con­tar con la pres­en­cia de cubanos nota­bles (en los últi­mos años fue muy aplau­di­da la pres­en­cia de la escrito­ra Zoe Valdés) o bailar al rit­mo de los muchos gru­pos de músi­ca cubana que amenizan las fies­tas. Asi que si este año quieres pro­bar una expe­ri­en­cia exóti­ca y orig­i­nal en tier­ras cata­lanas, apun­ta estas fechas: 2, 3 y 4 de Sep­tiem­bre.


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