Bayon: el templo de las mil caras

Bay­on es de esos lugares en el mun­do que uno debería, casi por obligación, pis­ar algu­na vez en la vida. Aunque la fama de Angkor recaiga en Angkor Wat, basán­dome en mi expe­ri­en­cia he de decir que los demás tem­p­los que visi­ta­mos el resto de los días no creo que ten­gan mucho que envidiar­le. Ni en grandiosi­dad ni en con­ser­vación ni en ele­gan­cia. Además, tienen a su favor que hay muchísi­mos menos tur­is­tas, por lo que podrás dis­fru­tar­los con más cal­ma. Entre todos estos tem­p­los, uno de los que más me gustó, con difer­en­cia, fue Bay­on.

PC050868 - copia_Easy-Resize.com

Con­sid­er­a­da una de las con­struc­ciones reli­giosas más enig­máti­cas del mun­do, Bay­on no sólo es com­ple­jo en lo que a su planteamien­to arqui­tec­tóni­co se refiere sino tam­bién por las difer­entes fas­es que ha vivi­do a lo largo de su longe­va his­to­ria. Se con­struyó en el siglo XII bajo el manda­to del rey Jayavar­man VII y logró sobre­vivir a la lle­ga­da de nuevos monar­cas debido a que se encon­tra­ba tan bien for­ti­fi­ca­do que era esfuer­zo inútil dis­eñar uno nue­vo que lo mejo­rara. Era la gran joya arqui­tec­tóni­ca de la antigua cap­i­tal, Angkor Thom, y tam­bién el últi­mo de los tem­p­los en con­stru­irse: inex­plic­a­ble­mente, fue aban­don­a­do años después, jun­to al resto de la ciu­dad, y durante tres sig­los per­maneció escon­di­do en mitad de la jungla, lo que ha con­tribui­do a su impeca­ble esta­do de con­ser­vación. Esto ha sido de gran ayu­da para los restau­radores ya que pese a la tec­nología con la que con­ta­mos aho­ra, el cómo se con­struyó Bay­on con­tinúa sien­do un enig­ma: aunque quisiéramos, no podríamos con­stru­ir un tem­p­lo igual sin uti­lizar un solo gramo de cemen­to. Aunque a niv­el de exten­sión es menor que Angkor Wat, el aura de mis­te­rio que le envuelve hace de él un lugar aún más fasci­nante que el pro­pio tem­p­lo prin­ci­pal.

Bayon Camboya

Bay­on cumplió varias fun­ciones, des­de pan­teón de los dios­es a lugar de cul­to del hin­duis­mo y tem­p­lo bud­ista. Aunque Jayavar­man VII con­struyó Bayón con la inten­ción de vener­ar a Buda, los monar­cas que le sucedieron fueron adap­tan­do el tem­p­lo a sus respec­ti­vas creen­cias reli­giosas, casi siem­pre aso­ci­adas al hin­duis­mo. Su estruc­tura se basa en dos gigan­tescas galerías con­cén­tri­c­as, super­pues­tas en tres nive­les y con varias tor­res. La visi­ta resul­ta más exci­tante por la con­fusión con­tin­ua en la que te hayas inmer­so al deam­bu­lar por corre­dores, escaleras y pasil­los oscuros: pro­pon­er un itin­er­ario está fuera de lugar, lo recomend­able es dejarse perder por este laber­in­to de piedra en el que la magia casi se puede pal­par con los dedos.

Además Bay­on tiene la par­tic­u­lar­i­dad de que al ser obser­va­do des­de el exte­ri­or parece mucho menos impac­tante de lo que en real­i­dad es: cuan­do cam­i­nas por si inte­ri­or es cuan­do eres real­mente con­sciente de la sin­gu­lar­i­dad de este tem­p­lo úni­co. Ya el puente que pre­cede a su entra­da, cus­to­di­a­do por dece­nas de fig­uras de piedra, nagas (las ser­pi­entes de las que yo os hablam­os en la entra­da de Angkor Wat), los devas (dios­es) y asur­as (demo­ni­os), deja adiv­inar lo que nos está esperan­do. Esta entra­da, situ­a­da en la parte sur, se lla­ma Yashod­hara­pu­ra. En total hay cin­co entradas pero en mi opinión esta es la más espec­tac­u­lar, pre­cisa­mente por las estat­uas que flan­quean el puente; en las demás puer­tas, la may­oría han sido robadas.

Bayon Camboya
Puer­ta de entra­da a Bay­on

Más de cuarenta tor­res rodean a la torre prin­ci­pal, la Gold Tow­er, de casi 45 met­ros de altura y que sim­boliza el cen­tro del uni­ver­so. Cada una de estas tor­res menores cuen­ta con una cara tal­la­da en piedra en cada lado y alcan­zan los dos met­ros de lon­gi­tud. Se cree que los ros­tros de piedra imita­ban la ima­gen del rey (este se con­sid­er­a­ba a sí mis­mo un devara­ja, un rey-dios) pero inspi­radas en el bod­hisatt­va Aval­okitesh­vara, quien se ocu­pa­ba de aten­der las ple­garias de los creyentes antes de que alcan­zaran el nir­vana; para escuchar y ver a tan­ta gente se nece­sita­ban muchos oídos y muchos ojos, de ahí la pres­en­cia de tan­tas caras. Todas pare­cen iguales y sin embar­go no lo son; depen­di­en­do de cómo refle­je la piedra los rayos de sol, su expre­sión puede vari­ar, dan­do la sen­sación de que son humanas.

Aunque no se ha con­fir­ma­do, muchos his­to­ri­adores creen que al estar entonces el impe­rio khmer divi­di­do en 54 provin­cias, estas caras observ­a­ban a cada una de ellas des­de la dis­tan­cia, vig­ilán­dolas y pro­te­gién­dolas al mis­mo tiem­po. Otro gran mis­te­rio, que se suele equiparar al de la Mona Lisa, es el por qué de sus son­risas: supon­go que es algo que no des­cubrire­mos nun­ca. Lo que sí sabe­mos con seguri­dad es que los khmeres creían que Bay­on era un lugar tan sagra­do que pens­a­ban que era una puer­ta entre el cielo y la tier­ra.

Bayon2_Easy-Resize.com

Bay­on, al igual que Angkor Wat, está tam­bién car­ac­ter­i­za­do por la impor­tan­cia que se dio en su momen­to a la elab­o­ración de los bajor­re­lieves, que en este caso ocu­pan met­ros y met­ros de galerías. Los que mejor se han con­ser­va­do son los del piso infe­ri­or, en los que se alter­nan esce­nas béli­cas con otras referi­das a la vida cotid­i­ana y en las que el rey y los per­son­ajes impor­tantes siem­pre son rep­re­sen­ta­dos a un may­or tamaño, para resaltar las difer­en­cias sociales. Uno de los mejores pan­e­les es el de la Batal­la Naval que se llevó a cabo en el lago Ton­le Seap y que, evi­den­te­mente, acabó con la vic­to­ria de los khmeres sobre el ejérci­to cham. Para cel­e­brar dicha vic­to­ria, se esculpió en roca el ambi­ente fes­ti­vo que se vivió tras la con­tien­da, con gente jugan­do y mujeres preparan­do ban­quetes. En Bay­on hay rep­re­sen­tadas en total más de 11.000 fig­uras, lo que da fe de la rel­e­van­cia que el com­ple­jo obtu­vo en su época.

Bayon Camboya

Aunque los restau­radores no han esca­ti­ma­do esfuer­zos (ni dinero) en inten­tar arreglar, respetan­do la estruc­tura orig­i­nal, lo que ero­sionó sig­los de aban­dono, al pasear por Bayón la impre­sión de encon­trarse en un tem­p­lo mile­nario es mucho más fuerte que en otros rin­cones de Angkor. Muchos muros se han der­rum­ba­do, inca­paces de resi­s­tir el paso del tiem­po, y las puer­tas de acce­so a las galerías en la may­oría de los casos son mar­cos rocosos cubier­tos de mus­go. A esta sen­sación se le une el desconcier­to de no saber muchas veces por donde tirar, ya que los reyes de tiem­pos pasa­dos fueron aña­di­en­do corre­dores sin ningún orden lógi­co. De repente, sin saber cómo, apare­cerás en una estancia donde verás a cam­boy­anos arrodil­la­dos ante estat­uas de Buda, recordán­donos que pese a que Bay­on sea antiquísi­mo, con­tin­ua sien­do un lugar sagra­do para los que aquí viv­en y es lugar de pere­gri­nación para miles de fieles. Y como tan­tas otras veces que he via­ja­do a Asia, vuel­vo a vivir esa sen­sación de deja vu en la que creyentes y tur­is­tas se mez­clan, con la más nor­mal nat­u­ral­i­dad, entre ruinas mile­nar­ias.

Con­tin­u­amos yen­do hacia el tem­p­lo de Phimeanakas, otro de los más impre­sio­n­antes de Angkor y que debido a su for­ma pirami­dal me recordó vaga­mente a cuan­do en Méx­i­co estuve recor­rien­do las ruinas mayas. El Tem­p­lo Celes­tial forma­ba parte del recin­to del pala­cio real, se habría uti­liza­do como área de recep­ción y alo­jamien­to de vis­i­tantes extran­jeros y san­tu­ario de segun­do orden: es uno de los más altos de todo el com­ple­jo (cuarenta met­ros). Rodea­do por una mural­la de sei­scien­tos met­ros y pre­ce­di­do por estanques en los que se baña­ban y asea­ban los miem­bros de la famil­ia real, sep­a­ra­dos por sex­os, cuen­ta con cin­co puer­tas de acce­so: por la puer­ta este entra­ban el rey y los per­son­ajes impor­tantes y por la norte sólo accedían los car­ru­a­jes.

La leyen­da cuen­ta que la pirámide esta­ba coro­n­a­da por una torre de oro en la que vivía una naga, una ser­pi­ente de nueve cabezas que cada noche se con­vertía en mujer y a la que a diario el rey vis­ita­ba. Si una noche la naga no aparecía, era sinón­i­mo de que los días del sober­a­no esta­ban con­ta­dos. Se puede ascen­der has­ta la cima de la pirámide por la escalera oeste (la úni­ca que se mantiene en buen esta­do); des­de arri­ba se obser­va mejor la curiosa dis­tribu­ción del tem­p­lo, con cua­tro vestíbu­los ori­en­ta­dos a los pun­tos car­di­nales. La parte supe­ri­or de Phimeanakas ha desa­pare­ci­do pero eso no res­ta impor­tan­cia a su val­or arque­ológi­co.

PC050893_Easy-Resize.com

La Ter­raza de los Ele­fantes, que se encuen­tra a la espal­da del tem­p­lo de Bay­on, era usa­da en la antigüedad como tes­ti­go de los even­tos más impor­tantes de Angkor Thom, como fes­tivi­dades, jue­gos, pro­ce­siones o los des­files de las tropas cuan­do regresa­ban de la guer­ra. Tam­bién era uti­liza­da por el rey para hablar a los súb­di­tos y recibir­les en audi­en­cia públi­ca: todo el mun­do podía plantear­le sus que­jas y peti­ciones. La ter­raza se com­pone de dece­nas de fig­uras de piedra de ele­fantes y sus cor­re­spon­di­entes cuidadores pero tam­bién rep­re­senta­ciones de apsaras, guer­reros o ani­males mitológi­cos como los garu­das, esos pájaros-dios­es que eran capaces de tapar la luz del sol.

elephants_Easy-Resize.com

La Ter­raza del Rey Lep­roso se cree que se con­struyó rep­re­sen­tan­do al Monte Meru como cen­tro del uni­ver­so. La estat­ua en hom­e­na­je al rey Yaso­var­man I (que era, efec­ti­va­mente, lep­roso) se aso­cia­ba con Yama, el dios de la muerte; la orig­i­nal que se encon­tró en el yacimien­to hoy se encuen­tra expues­ta en el Museo Nacional de Pnomh Penh. La fun­ción de esta platafor­ma era como cre­ma­to­rio de los cadáveres de los reyes.

Terraza del Rey Leproso

Cer­ca de esta ter­raza, para ir final­izan­do el recor­ri­do, ten­emos el san­tu­ario Preah Pithu, que ha sido abier­to al públi­co hace poco tiem­po debido al pre­cario esta­do de con­ser­vación de estos cin­co tem­p­los, en pre­ven­ción de der­rumbes. Aho­ra ten­emos la suerte de poder ver­los más de cer­ca pues cuen­tan con algu­nas de las escul­turas mejor tal­ladas de todo el impe­rio khmer.

preah_Easy-Resize.com


Descubre más desde Mil y un viajes por el mundo

Suscrí­bete y recibe las últi­mas entradas en tu correo elec­tróni­co.

  1. Me encan­to el post, unas fotos pre­ciosas. Espero que estés tenien­do un buen miér­coles car­iño mío!! Muchos besi­tos!!!😘😘😘

  2. Gra­cias!

  3. Guau! Hace tiem­po que ten­go ganas de via­jar a Cam­boya, pero aho­ra ya sien­to que es una obligación!

  4. Lo de los tem­p­los cam­boy­anos es de lo mejor que he vis­to en Asia ¡muy recomend­ables!

Comments are closed.

Descubre más desde Mil y un viajes por el mundo

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo