Bavaria Filmstadt: Visita los estudios de “La Historia Interminable”

bavaria
Foto: Emmanouil Kampitakis
Para la gente de mi quinta, los que ya hemos entrado en la década de los 40, parece que no haya pasado el tiempo desde aquella época en que, de niños, el estreno en el cine de una película infantil constituía el acontecimiento del año. En una era en la que internet era un invento diabólico del futuro y ni siquiera habían llegado a nuestras casas los primeros Spectrum, los niños de antaño no jugábamos con móviles ni tablets sino que dejábamos volar nuestra imaginación de la mano de los libros de Barco de Vapor y de las películas que con cuentagotas llegaban a las pantallas de nuestros cines de barrio. En mi caso, aún recuerdo como si fuera ayer el fenómeno sociológico que supuso (no sólo para los más pequeños sino también para los adultos) el estreno de “E.T., el extraterrestre” en España: mi padre se tuvo que ir a hacer cola cuatro horas antes al cine Cristal (desgraciadamente hoy ya cerrado) para obtener entradas y que mi hermana y yo pudiéramos disfrutar del estreno en Madrid de la que probablemente ha sido la película más entrañable de toda la filmografía de Steven Spielberg.

Pero si junto a “E.T.” hubo otra película que nos marcó de por vida en nuestra infancia y con la que volvieron a abarrotarse los cines de todo el mundo esta fue “La Historia Interminable”, basada en la bellísima novela de Michael Ende, un libro que a día de hoy aún sigue ocupando un lugar privilegiado entre los libros de mis estanterías. Llegó a nuestro país en 1984, cuando yo tenía nueve años, y supuso un antes y un después en el cine de fantasía: yo la tengo tanto cariño que aún tengo por casa la edición en VHS que compré cuando se editó en vídeo. Contrariamente a lo que la mayor parte de la gente creía, quizás debido a unos efectos especiales a los que no estábamos acostumbrados, la película no había nacido en unos estudios de Hollywood sino que era alemana, como el autor del libro, y en su momento se consideró “la mayor super producción que se hubiera rodado nunca en el país teutón”, con un coste de más de sesenta millones de marcos. Aunque Michael Ende no quedó satisfecho con la versión cinematográfica, que cubría sólo la primera mitad de la novela, somos muchos los que aún nos emocionamos al escuchar “The Never Ending Story”, la canción de la banda sonora que popularizó Limahl, por la cantidad de recuerdos que nos llegan asociados a su melodía.

Ya que hablamos de recuerdos y nos domina la nostalgia, a muchos os alegrará saber que los que somos muy fans de la película y teniendo la suerte de tener Alemania a poco más de dos horas de avión, contamos con la oportunidad de revivir aquellos gloriosos tiempos visitando a las afueras de Munich (más concretamente en Geiselgasteig) los Bavaria Filmstadt, unos estudio-museos creados por Bavaria Film, los estudios más importantes del país y en funcionamiento desde el año 1919. Aquí han grabado directores míticos como Alfred Hitchcock, Stanley Kubrick, Elia Kazan, Billy Wilder, Orson Wells, los Monthy Python, Igmar Bergman o Win Wenders. Y además, fue donde se filmó “La Historia Interminable”, en una época en que los efectos especiales no dependían de las computadoras y la mayoría de los monstruos y personajes mitológicos que veíamos en la gran pantalla eran de verdad (bueno, de corcho y tela) y no creados por ordenador. Por dicho motivo, afortunadamente, muchos de ellos han permanecido intactos hasta nuestros días.

Los Bavaria están considerados la versión germana de los Universal Studios americanos y no es para menos. Las reliquias de anteriores rodajes se guardan como oro en paño, lo que no impide que sean mostrados al público en una exposición inolvidable. Podrás cabalgar encima de Fujur, el precioso dragón blanco de la suerte con el que soñábamos de niños y sobre el que surcaba los cielos Atreyu, el protagonista, mientras intentaba que el mítico reino de Fantasía no desapareciera devorado por la falta de sueños de la gente (además, te graban la experiencia en vídeo para que puedas llevarte a casa el recuerdo), tocar con tus propias manos al Comedor de Rocas, el caracol parlanchín o a la anciana tortuga Morla y admirar el precioso Oráculo del Sur, probablemente uno de los escenarios más bonitos de todo el film. Todo por el módico precio de 13 euros los adultos y 11 euros los niños y con fácil acceso en transporte público desde Munich (puedes coger el cable-car número 25): cumplir uno de tus sueños cinematográficos ahora está al alcance de tus manos.

Un comentario Agrega el tuyo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s