Viaje a Malasia — Kuala Lumpur y Malacca

La visi­ta a la cap­i­tal de Mala­sia, y en aña­didu­ra a Malac­ca, a dos horas de Kuala Lumpur y con­sid­er­a­da una de las ciu­dades colo­niales más boni­tas del sud­este asiáti­co, con­sti­tuía el trayec­to final de mi quin­to via­je a Asia. Aprovechamos la opción que te da la aerolínea Emi­rates Air­lines para, por el mis­mo pre­cio que un vue­lo nor­mal, ater­rizar en una ciu­dad y a la vuelta despe­gar des­de otra. Así, comen­zamos nue­stro perip­lo asiáti­co en Sin­ga­pur y regre­samos des­de Kuala Lumpur, ahor­rán­donos un vue­lo inte­ri­or y, sobre todo, volver a una ciu­dad-esta­do que ya habíamos esta­do recor­rien­do al prin­ci­pio del via­je.

Volábamos des­de el aerop­uer­to de Den­pasar en Bali has­ta Kuala Lumpur con Air Asia (pre­cio del trayec­to 60 euros al cam­bio). Tuvi­mos algún prob­lemil­la a la sal­i­da por ines­per­a­dos cam­bios de puer­tas de embar­que pero lo cier­to es que siem­pre que via­jo a Asia, realizar los vue­los inte­ri­ores con Air Asia me ha ahor­ra­do siem­pre un mon­tón de tiem­po y dinero. Des­de mi primera expe­ri­en­cia con ellos en el 2006, debo recono­cer que en via­jes pos­te­ri­ores he com­pro­ba­do que la com­pañía ha mejo­ra­do una bar­bari­dad tan­to en aten­ción como en ser­vi­cio y lo cier­to es que en los últi­mos años ha sido escogi­da en varias oca­siones como la mejor com­pañía de bajo coste del mun­do. Actual­mente no sólo conectan por medio de incon­ta­bles rutas muchos país­es asiáti­cos sino que sus redes se extien­den ya inclu­so has­ta a Aus­tralia. Tienen un mon­tón de horar­ios disponibles (por poneros un ejem­p­lo, de Bali a Kuala Lumpur real­iz­a­ban tres vue­los diar­ios, nosotros escogi­mos el de las 14,00 para no darnos el madrugón ni perder el día en Kuala volan­do a las 19,00), ulti­ma­mente sue­len ser bas­tantes pun­tuales, su per­son­al es de lo más agrad­able y al con­trario que otras aerolíneas, no te cla­van con los pre­cios de la comi­da y bebi­da en el vue­lo (al cam­bio un refres­co te suele salir por euro y medio y un pla­to de pol­lo al cur­ry con arroz por tres).

Kuala Lumpur cuen­ta con dos aerop­uer­tos, aparte del de Sub­ang, a 20 kms. de la ciu­dad. Uno de ellos,KLIA (Kuala Lumpur Inter­na­tion­al Air­port) es el que uti­lizamos para volver a Madrid al final del via­je. Grandísi­mo, bien equipa­do y con wifi gra­tu­ito en todas sus insta­la­ciones. Sin embar­go, los vue­los de Air Asia lle­gan al aerop­uer­to LCCT o lo que es lo mis­mo, Low Cost Car­ri­er Ter­mi­nal. Aquí oper­an las prin­ci­pales com­pañías de bajo coste como Cebu Pacif­ic o Tiger Air­ways.

Para acer­carte a la ciu­dad des­de allí, lo mejor es que a la sal­i­da te acerques a alguno de los numerosos mostradores que ofre­cen trasla­dos a Kuala tan­to en taxi como en van (fur­gone­ta). Nosotros al ir cua­tro con nues­tras respec­ti­vas male­tas (los taxis sólo admiten has­ta tres pasajeros) opta­mos por con­tratar una van. Nos sal­ió a once euros por per­sona. En el mostrador te dan un tick­et con el des­ti­no, lo pagas y le das el tick­et cor­re­spon­di­ente al con­duc­tor de la fur­gone­ta en cuestión. Pese a que el trayec­to has­ta la ciu­dad es todo por autopista, recuer­da que está situ­a­do a más de 70 kilómet­ros. Sin trá­fi­co, el trayec­to dura aprox­i­mada­mente una hora pero si te topas con alguno de los caóti­cos atas­cos malayos, el tiem­po de recor­ri­do se puede ir has­ta el doble. Cal­cu­la con tiem­po tu hora de sal­i­da si has de volar des­de Kuala Lumpur: dos horas mejor que una. Recuer­da tam­bién que hay un tren, el KLIA Express, que des­de el aerop­uer­to KLIA te lla­va en media hora has­ta KL Sen­tral y cues­ta 35 ring­gits por trayec­to pero como a nosotros sólo nos ahorra­ba dos euros respec­to a la van y además debíamos coger un bus, el NadiK­lia, des­de el LCCT has­ta el KLIA, nos decanta­mos por la fur­gone­ta, que enci­ma nos deja­ba en la mis­ma puer­ta del hotel.

Por medio de Book­ing habíamos reser­va­do el Sun­way Putra Hotel. Aprovechamos que inclu­so sien­do un cin­co estrel­las, ofrecía una ofer­ta de pre­cios fan­tás­ti­ca (45 euros la doble sin desayuno). Al con­trario que en otras reser­vas con Book­ing, donde pagas cuan­do lle­gas el hotel y no antes, en esta ocasión te car­gan en la tar­je­ta unos días antes de la lle­ga­da la primera noche, tened­lo en cuen­ta. La ofer­ta venía porque jus­to al lado del hotel están con­struyen­do un gigan­tesco cen­tro com­er­cial y los rui­dos que puedan provo­car las obras les han oblig­a­do a bajar los pre­cios pero lo cier­to es que entre que no comen­z­a­ban a tra­ba­jar has­ta las nueve de la mañana y nosotros en real­i­dad pasábamos todo el día fuera hacien­do vis­i­tas, cuan­do regresábamos por la noche todo era tran­quil­i­dad y ape­nas nota­mos los incon­ve­nientes.

Las habita­ciones muy acoge­do­ras (el baño algo antic­ua­do, nue­stro secador no fun­ciona­ba) y con todo tipo de detalles en def­er­en­cia al cliente, des­de que te dejaran cada mañana el per­iódi­co en la puer­ta (edi­ción en inglés), cafetera con té que reponían a diario, botel­li­tas de agua, var­ios canales en la tele­visión de habla ingle­sa, wifi gra­tui­ta que iba de mar­avil­la… Se pueden tam­bién reser­var habita­ciones para fumadores y ponen a tu dis­posi­ción sauna, gim­na­sio, una pisci­na olímpi­ca enorme y jacuzzi con vis­tas a las Tor­res Petronas. Lo cier­to es que nosotros las veces que bajamos al jacuzzi / pisci­na tuvi­mos suerte y lo encon­tramos prac­ti­ca­mente vacío, a excep­ción de algu­na famil­ia malaya a la que parecía hac­er­le poca gra­cia ver­nos tat­u­a­dos y desa­parecían ensegui­da, deján­donos el jacuzzi para nosotros solos. Hablan­do de eso, os dejo una foto muy rep­re­sen­ta­ti­va que tiré des­de la ven­tana de nues­tra habitación. Mirad la parte infe­ri­or de la foto: los mari­dos bañán­dose tan rica­mente, las mujeres tapadas con bur­ka observán­doles des­de la oril­la. Las injus­ti­cias que acar­rean cier­tas reli­giones.

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Vis­tas des­de nue­stro hotel de Kuala Lumpur, con las Tor­res Petronas desta­can­do impo­nentes en el sky­line

Kuala Lumpur

Antes de que comen­ceis a moveros por la ciu­dad: tema dinero. Nosotros cam­bi­amos en el aerop­uer­to las rupias que nos habían sobra­do de Bali pero el resto del via­je fuimos sacan­do sin prob­le­ma en los cajeros automáti­cos. Hay ATMs por todos lados y como la comisión que nos cobra­ba la tar­je­ta era bas­tante pequeña, aparte de garan­ti­zarnos el mejor cam­bio del día, fue el méto­do que uti­lizamos a niv­el económi­co.

La mon­e­da ofi­cial es el ring­git o dólar malayo: en el momen­to de nue­stro viaje,el cam­bio ofi­cial aprox­i­ma­do era 1 euro=4,5 ring­gits (verás muchos pre­cios indi­ca­dos como RM, ring­git malayo).Malasia no es un país tan baratísi­mo para moverse como por ejem­p­lo Tai­lan­dia o Indone­sia pero la ver­dad es que sus pre­cios, por for­tu­na, aún se encuen­tran a años luz de los europeos. Com­er en un puesto calle­jero suele costar entre tres o cua­tro euros y puedes dormir en hostales bas­tante decentes con baño pri­va­do por unos doce. Sigue sien­do una opción de lo más intere­sante para via­jar por el sud­este asiáti­co, nosotros al día gastábamos por per­sona una media de unos 20 euros sin ten­er que pri­varnos de abso­lu­ta­mente nada.

El metro de Kuala Lumpur, el LRT Mono­rail, no sólo es súper efi­ciente (se tar­da super poco en lle­gar de un pun­to a otro): cubre más de 60 esta­ciones, está limpísi­mo, no suele sufrir aglom­era­ciones exce­si­vas, lle­ga a todos los pun­tos de interés, tiene aire acondi­ciona­do y enci­ma es baratísi­mo, el trayec­to suele costar una media de 50 cén­ti­mos de euro. Para sacar los bil­letes, acér­cate a las taquil­las que se encuen­tran a la entra­da de las esta­ciones, donde has de selec­cionar tu pun­to de des­ti­no y con­forme a eso te cobran el bil­lete. La máquina expende­do­ra te da una ficha pare­ci­da a la que se uti­lizan en las ver­be­nas en los coches de choque: recuer­da guardar­la has­ta tu des­ti­no porque a la sal­i­da has de intro­ducir­la en una ranu­ra para poder salir por los torni­quetes per­ti­nentes.

Por cier­to, una de las cosas que te lla­mará la aten­ción en el fer­ro­car­ril malayo es que exis­ten vagones exclu­sivos para mujeres. En un país donde más del 60% de la población se declara musul­mana prac­ti­cante y los acosos están a la orden del día (en los esta­dos de Per­ak y Selan­gor, gob­er­na­dos por el con­ser­vador Par­tido Pan-Islámi­co, se pro­híbe a las mujeres pin­tarse los labios, lle­var zap­atos de tacón en sus puestos de tra­ba­jo o no uti­lizar velo fuera de casa o la ofic­i­na) fueron las propias mujeres las que exigieron a la empre­sa nacional de fer­ro­car­riles de Mala­sia, Malaysian Rail­way, la insta­lación de dichos vagones, prác­ti­ca que tam­bién he pres­en­ci­a­do en país­es como Méx­i­co o Japón y que de musul­manes tienen poco: la dis­crim­i­nación hacia la mujer ya no es sólo una cuestión de religión sino de men­tal­i­dad.

Vagones para mujeres Malasia

Nue­stro hotel se encon­tra­ba en Putra World Trade Cen­tre, el prin­ci­pal dis­tri­to com­er­cial de la ciu­dad. Jus­to al ladi­to teníamos la estación de PWTC, lo que nos venía de lujo para mover­nos en metro por Kuala. Para los que no seais mucho de comi­da asiáti­ca, recor­daros que en esta zona es un poco difí­cil encon­trar restau­rantes de comi­da occi­den­tal, excep­tuan­do algún Piz­za Hut por ahí per­di­do. Para nosotros no suponía prob­le­ma ya que somos muy fans de la asian food y el bar­rio esta­ba pla­ga­do sobre todo de restau­rantes malayos, chi­nos e hin­dues, además a pre­cios muy económi­cos. Nue­stro gran des­cubrim­ien­to fue un restau­rante hindú mar­avil­loso muy cer­cano a nue­stro hotel, Hyder­abad Recipes (direc­ción 78–1 Jalan Putra), has­ta el pun­to de que cen­amos allí varias noches. Parecíamos ser los úni­cos clientes extran­jeros (si vas a un restau­rante y está has­ta arri­ba de locales…buena señal!) y los camareros nos hacían bro­mas en plan de que deberían hac­er­nos des­cuen­tos por ser tan buenos clientes. Allí cenábamos rodea­d­os de famil­ias hin­dues y vien­do por las noches pelícu­las de Bol­ly­wood ;te recomien­do que no dejes de pro­bar su fan­tás­ti­co chick­en tik­ka masala (de los mejores que he proba­do jamás!) y el achari chiken. Picantes a tope y eso que los incluyen en el aparta­do de los “no spicy” (cuan­do ojees la car­ta, recuer­da que los que vienen en la lista Mut­ton son los que se supone que pican más). Por cier­to, sus bati­dos arte­sanales de fru­tas, fran­ca­mente espec­tac­u­lares, sobre todo los de man­zana y piña. De pre­cio fab­u­loso, un pla­to prin­ci­pal con arroz, varias piezas de tan­doori naan y gar­lic naan (el pan hindú, el segun­do de ellos con toque a ajo) y bebidas solía salirnos a unos siete euros por per­sona. Eso sí, no sir­ven alco­hol. Pero quién lo nece­si­ta tenien­do esos extra­or­di­nar­ios bati­dos!!;)

El primer bar­rio al que te recomien­do que te acerques en tu recor­ri­do por Kuala Lumpur es el siem­pre vibrante Chi­na­town. Para ello has de bajarte en la estación más cer­cana, Pasar Seni, y te encon­trarás en el autén­ti­co corazón de la ciu­dad. Todo gira en torno a Petal­ing Street (Jalan Petal­ing). Es el bar­rio más com­er­cial de la ciu­dad, lleno de puestos de fal­si­fi­ca­ciones de todo tipo (algu­nas la ver­dad que mere­cen muchísi­mo la pena) y donde el rega­teo se hace una cos­tum­bre impre­scindible: no com­pres nada sin antes haber dis­cu­ti­do el pre­cio.

Estas bul­li­ciosas calles com­er­ciales son fre­cuen­tadas prin­ci­pal­mente por locales, ape­nas se ven tur­is­tas, y es aquí donde se con­cen­tra la población chi­na de la ciu­dad, por lo que tam­bién está pla­ga­da de restau­rantes donde poder degus­tar el archicono­ci­do pato laque­a­do (roast­ed duck), el pla­to estrel­la de la gas­tronomía chi­na, o los beef noo­dles (fideos con tern­era). Es otra bue­na opción para alo­jarse ya que en este área los hote­les sue­len estar bas­tante bien de pre­cio. A niv­el de mon­u­men­tos lo cier­to es que Chi­na­town tiene poco que ofre­cer a excep­ción del tem­p­lo hindú Sri Mahamari­amman Tem­ple o algunos chi­nos como el Kuan Ti o el Wei Zhen Gong Guan Yin Si pero es un bar­rio muy intere­sante para vivir de cer­ca la Kuala Lumpur más autén­ti­ca.

Jalan Petaling Kuala Lumpur

Hablan­do de com­pras, otro lugar que te recomien­do vis­i­tar es el Cen­tral Mar­ket, aprovechan­do que no coge muy lejos de aquí. Se encuen­tra en Jalan Tun Tan Cheng Lock y aparte de ser menos caóti­co que Chi­na­town, más orde­na­do y con pre­cios fijos, la ofer­ta es mucho más vari­a­da y no se limi­ta a zap­atil­las de deporte y bol­sos de imitación de Guc­ci o Armani. Lle­va fun­cio­nan­do des­de 1888, cuan­do lo con­struyeron los británi­cos, y a día de hoy es un lugar super espe­cial, reple­to de pre­ciosas tien­das. Aquí podrás encon­trar arte­sanía malaya a muy buen pre­cio y es pun­to de encuen­tro de muchos de los artis­tas locales (el edi­fi­cio fue cat­a­lo­ga­do como Pat­ri­mo­nio Nacional por el gob­ier­no malayo). A nosotros nos encan­tó pasear por sus entrañas.

Lleg­amos a Merde­ka Square, la Plaza Merde­ka, y el impre­sio­n­ante Sul­tan Abdul Samad Build­ing, situ­a­do frente a la Plaza de la Inde­pen­den­cia (Dataran Merde­ka), una enor­mísi­ma explana­da verde donde emerge orgul­losa la ban­dera malaya, que ondea aquí des­de 1957, cuan­do los malayos lograron su inde­pen­den­cia, en lo alto de un mástil de 95 met­ros, uno de los más altos del mun­do (los malayos tienen un pro­fun­do sen­timien­to patrióti­co, sólo tenéis que echar un vis­ta­zo a las fotos de los edi­fi­cio cer­canos). Este edi­fi­cio, uno de los más boni­tos de toda Kuala Lumpur, alber­ga actual­mente las ofic­i­nas del Min­is­te­rio de Infor­ma­ción, Comu­ni­ca­ciones y Cul­tura de Mala­sia y data del año 1894, cuan­do fue lev­an­ta­do durante la leg­is­latu­ra del Impe­rio Británi­co. Inspi­ra­do en la arqui­tec­tura morisca, cuen­ta con una torre de más de 40 met­ros de altura y cada 31 de Agos­to pres­en­cia los des­files del Merde­ka Day, cuan­do rep­re­sen­tantes de los 13 esta­dos de Mala­sia y los ter­ri­to­rios fed­er­a­dos, así como múti­ples gru­pos étni­cos, se reú­nen aquí en unas cel­e­bra­ciones mul­ti­tu­di­nar­ias que no pil­lam­os por sólo unos días.

Dataran Merdeka Kuala Lumpur

Dataran Merdeka Kuala Lumpur

Dataran Merdeka

Otro de los lugares más boni­tos de Kuala (y sor­pren­dente, yo sin­ce­ra­mente no me esper­a­ba un bar­rio así en mitad de la ciu­dad) es el Roy­al Selan­gor Club (en malayo se le conoce como Kelab Di-Raja Selan­gor). Con más de un siglo de vida, el Roy­al es un club social fun­da­do por los ingle­ses que sobre­vivió a los años de ocu­pación japone­sa, un incen­dio atroz hace casi cin­cuen­ta años y que a día de hoy es uno de los may­ores orgul­los de la cap­i­tal de Mala­sia. Con­stru­i­do como pun­to de reunión y cen­tro educa­ti­vo de los miem­bros de la clase alta británi­ca, se le conocía antigua­mente como The Spot­ted Dog debido a los dos per­ros dál­matas de la mujer de uno de los fun­dadores y actual­mente tam­bién acep­ta miem­bros malayos, aunque injus­ta­mente tiene veta­da la entra­da a las mujeres a la zona del bar. Es famoso por haber orga­ni­za­do impor­tantes tor­neos de rug­by y crick­et y con­tin­ua sien­do pun­to de reunión exclu­si­vo de la clase alta de la sociedad malaya.

Royal Selangor Club Kuala Lumpur

Más vis­i­tas ineludibles:la mezqui­ta de Masjid Jamek, una de las más antiguas de Kuala Lumpur. Es cono­ci­da pop­u­lar­mente como la Mezqui­ta del Viernes y tiene más de un siglo de antigüedad. Lam­en­ta­ble­mente, cuan­do nos acer­camos esta­ba veta­da la visi­ta a los no musul­manes, aunque nor­mal­mente te dejan recor­rerla sin pagar entra­da (se acep­tan dona­tivos, eso sí) a excep­ción de la sala de oración (las mujeres han de entrar con el cabel­lo cubier­to), y sólo la pudi­mos admi­rar des­de fuera. Su exte­ri­or de esti­lo hindú-musul­mán (se inspi­raron para dis­eñar­la en los tem­p­los de la India) es fran­ca­mente pre­cioso, muchísi­mo más her­mosa que la otra gran mezqui­ta de Kuala, la Masjid Negara, esta últi­ma de corte mucho más mod­er­no.

Mezquita Masjid Jamek Kuala Lumpur

Por las calles de Kuala Lumpur puedes encon­trar aún ves­ti­gios de la época colo­nial real­mente boni­tos

Kuala Lumpur

La moda malaya:una ima­gen dice más que mil pal­abras

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Hag­amos aho­ra un alto en el camino para parar a com­er en el Col­i­se­um Cafe, uno de los restau­rantes con más sol­era de todo Kuala Lumpur. Que no te echen para atrás sus man­te­les con lam­parones ya que este es uno de los lugares para com­er más entrañables de la ciu­dad: fun­cio­nan­do des­de 1921, con un ambi­ente colo­nial que casi recuer­da al de muchos rin­cones de La Habana, con esos míti­cos ven­ti­ladores de techo, el Coliseum,junto a los cines del mis­mo nom­bre (98 – 100, Jalan Tuanku Abd Rah­man, abier­to has­ta las diez de la noche) es un local históri­co que nos encan­tó vis­i­tar y en el que aprovechamos para catar algunos de los platos más típi­cos de la gas­tronomía malaya, caso del hainanese fried mee.

La pub­li­ci­dad malaya… ¡otro mun­do!

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La Menara Kuala Lumpur (Torre de Comu­ni­cación) es otro de los sím­bo­los más recono­ci­bles de Kuala Lumpur.Está edi­fi­ca­da en la col­i­na de la reser­va fore­stal Buk­it Nanas, alcan­za los 421 met­ros de altura y es la cuar­ta torre de comu­ni­ca­ciones más alta del mun­do.

Menara Kuala Lumpur Tower

Si hay algo que car­ac­ter­i­za a Kuala Lumpur,esta es la fusión y con­viven­cia de cul­turas de todo tipo. Bue­na prue­ba de ello es encon­trar entre sus calle­jones la Cat­e­dral de San Juan.

Catedral San Juan Kuala Lumpur

Y sí, no nos habíamos olvi­da­do de ellas…¿cómo hac­er­lo si cada noche las veíamos ilu­mi­nadas des­de la ven­tana de nue­stro cuar­to, lucien­do en la oscuri­dad como dos dia­mantes gigan­tescos pun­ti­agu­dos? Es hora de irnos a las Tor­res Petronas, el sím­bo­lo que ha hecho famoso el nom­bre de Kuala Lumpur en todo el mun­do. Una obra de inge­niería mar­avil­losa, las tor­res geme­las más altas del mun­do (88 pisos, 452 met­ros y una pasarela que las une en las alturas,entre los pisos 41 y 42). Mi recomen­dación es que te acerques a vis­i­tar­las al final de la tarde, para poder admi­rar­las tan­to de día como de noche. Por cier­to, no pier­das la ocasión,ya que estás allí,de darte una vuelta por el Suria KLCC, el inmen­so cen­tro com­er­cial que se encuen­tra a sus pies y donde podrás encon­trar abso­lu­ta­mente de todo. Nosotros pasamos nues­tra bue­na tarde recor­rien­do sus tien­das.

 

Torres Petronas Kuala Lumpur

Si te sobran días libres, una de las excur­siones que te recomien­do que hagas des­de Kuala Lumpur es la de las Batu Caves. Situ­adas en las afueras de la ciu­dad, a 13 kilómet­ros, su acce­so a ellas es muy fácil, sólo has de coger el tren Komuter (recuer­da que es una línea difer­ente al metro, lo equiv­a­lente a nue­stros trenes de cer­canías), direc­ción Port Klang (ojo tam­bién a eso, ya que hay otro tren que cubre la mis­ma línea, fíjate bien al mon­tarte que sea el ade­cua­do) y bajarte en la últi­ma para­da, el tick­et del trayec­to cues­ta menos de un euro y te plan­tas allí en poco más de veinte min­u­tos (en unos vagones mod­ernísi­mos, aña­do, que con­stan­te­mente están bar­rien­do con escobas seño­ras de la limpieza cubier­tas con velo). Tam­bién se puede ir en el auto­bús 11D des­de Cen­tral Mar­ket, aunque se tar­da más y a nosotros nos cogía más a mano la línea de fer­ro­car­ril, ya que teníamos la estación a diez min­u­tos y además era línea direc­ta (en nue­stro caso era la estación de Putra).

Se cuen­ta que las col­i­nas de piedra cal­iza que alber­gan las Batu Caves tienen una antigüedad de ¡400 mil­lones de años! Sí, sí, has leí­do bien. En el siglo XIX, un com­er­ciante hindú, Tham­boosamy Pil­lai, soñó que debía con­stru­ir allí un san­tu­ario hin­duista en hon­or al dios Muru­gan y des­de entonces este es pun­to de pere­gri­nación para mil­lones de per­sonas. A nosotros nos tocó vis­i­tar­las un día de calor húme­do sofo­cante, de esos que sólo vas a vivir en el sud­este asiáti­co, pero la ver­dad es que mere­ció un mon­tón la pena gas­tar allí la mañana,nos encan­taron.

En el complejo,que es grandísi­mo y cuya entra­da es gra­tui­ta, se amon­to­nan un mon­tón de tem­p­los ded­i­ca­dos a difer­entes dei­dades hin­duis­tas, vas a nece­si­tar varias horas si quieres recor­rer­los con deten­imien­to. Está lleno de famil­ias hin­dues que vienen has­ta aquí a hac­er sus ofren­das (la ver­dad que este curioso lugar te trans­porta total­mente a la India más ances­tral) y entre dichos tem­p­los, desta­ca sin duda algu­na el cono­ci­do como La Cat­e­dral, ubi­ca­do den­tro de una cue­va de más de cien met­ros de altura, pre­si­di­do por una estat­ua de 42 met­ros del dios Muru­gan (el dios guer­rero al que ven­er­an más de 25 mil­lones de fieles y que se rep­re­sen­ta con una lan­za capaz de matar demo­ni­os) y a la que se accede tras subir los 272 escalones de ascen­so (ojo con los monos que pul­u­lan por allí libre­mente, que en cuan­to te des­cuidas te roban cualquier cosa que lleves en la mano). En la entra­da del tem­p­lo tam­bién podemos encon­trar otra impo­nente estat­ua del Dios Mono, otro de los dios­es más sagra­dos de la mitología hin­duista y que da la bien­veni­da cada año a más de mil­lón y medio de fieles que pere­gri­nan has­ta las Batu Caves durante el fes­ti­val Thai­pusam. Los más devo­tos se cla­van en la carne obje­tos pun­zantes y se cuel­gan garfios en la espal­da en una orgía mís­ti­ca de dolor y san­gre.

Batu Caves Kuala Lumpur

Batu Caves Kuala Lumpur

Batu Caves Kuala Lumpur

Batu Caves Kuala Lumpur

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Otra excur­sión muy recomend­able des­de Kuala, aunque esta te lle­vará al menos un día entero,es a la pre­ciosa ciu­dad colo­nial de Malac­ca, situ­a­da a unas dos horas en coche. Puedes hac­er­lo en trans­porte públi­co pero como nosotros íbamos con el tiem­po algo apre­ta­do y no queríamos depen­der de horar­ios, decidi­mos aprovechar que entre cua­tro nos sal­dría bas­tante bara­to alquilar un coche con con­duc­tor para el día entero (recuer­da que en Mala­sia con­ducen por la izquier­da, si el alquil­er de coche te incluye el chófer, la gasoli­na y los peajes,te quitas de his­to­rias). Al cam­bio nos sal­ió super bien, unos 20 euros por per­sona por todo el día. Y fue una de las vis­i­tas que más nos gustó de todo el via­je, no os vayáis sin visitarla,es como un pedac­i­to de Europa allí en mitad de Asia.

Supon­go que a la may­oría de vosotros os sonará lo del Estre­cho de Mela­ka de cuan­do estudiábamos en el cole­gio y en las clases de His­to­ria la maes­tra nos con­ta­ba que por esta zona pasa­ba la ruta de las especias,una de las rutas com­er­ciales más antiguas e impor­tantes del mun­do. Pues bien, a día de hoy Malac­ca es una ciu­dad que en abso­lu­to se parece a Kuala Lumpur y sus mas­todón­ti­cos ras­ca­cie­los. Más bien parece un pueblecito chiq­ui­tín (aunque tiene una población de más de 700.000 per­sonas pero se res­pi­ra una tran­quil­i­dad y un sosiego que se echa de menos en las ates­tadas avenidas de la cap­i­tal malaya). La ciu­dad tiene restos colo­niales tan impor­tantes que la UNESCO le con­cedió el títu­lo de Pat­ri­mo­nio de la Humanidad.

Su estratég­i­ca posi­ción geográ­fi­ca, como digo, la con­vir­tió en la antigüedad, jun­to a Goa, en el epi­cen­tro del com­er­cio entre Chi­na, India, Tai­lan­dia e Indone­sia, con­vir­tien­do a su puer­to en uno de los más impor­tantes a niv­el mundi­al. Es por ello que aquí se instaló el Sul­tana­to, que gob­ernó durante muchos años el sur de Mala­sia y parte de Suma­tra. Por ello pre­cisa­mente una de las vis­i­tas más intere­santes es la del Pala­cio del Sultán (entra­da un euro) y que en real­i­dad es una répli­ca del antiguo Pala­cio pero que recon­struye de un modo bas­tante fiel cómo era la vida en pala­cio en el siglo XV, en los tiem­pos del sultán Mansur Shah.

Hoy en día el Pala­cio alber­ga el Museo de Cul­tura y a través de sus pre­ciosas insta­la­ciones puedes via­jar en el tiem­po e imag­i­narte cómo era la vida de la realeza de antaño (hay que entrar descal­zo, eso sí).En el Pala­cio se pueden admi­rar más de 1300 obje­tos que describen la his­to­ria de Malac­ca, des­de mobil­iario, pin­turas, armas, her­ramien­tas de tra­ba­jo a cerámi­ca o uten­sil­ios de coci­na. La visi­ta nos pare­ció super didác­ti­ca y aprendi­mos un mon­tón de cosas de la his­to­ria de Mala­sia.

Palacio Sultan Malacca

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En Malac­ca no se and­a­ban con chiq­ui­tas a la hora de cas­ti­gar a los pri­sioneros

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Jardín Pro­hibido del Pala­cio del Sultán,con un mon­tón de especies veg­e­tales expor­tadas des­de Chi­na

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A prin­ci­p­ios del siglo XVI los por­tugue­ses inten­taron estable­cer rela­ciones com­er­ciales con el sul­tana­to, sien­do los primeros europeos en lle­gar al sud­este asiático,pero se encon­traron con una acti­tud hos­til por parte de los locales y deci­dieron tomar las cosas por la fuerza, algo que se esti­l­a­ba mucho en aque­l­la época, la ley del más fuerte. En agos­to de 1511 y tras varias sem­anas de batal­la, Por­tu­gal col­o­nizó ofi­cial­mente estas tier­ras. Es por ello que algu­nas de las ruinas históri­c­as que han logra­do sortear el paso del tiem­po y las col­o­niza­ciones pos­te­ri­ores datan pre­cisa­mente de la época de la Malac­ca por­tugue­sa. Este es el caso de la cono­ci­da Por­ta da San­ti­a­go, cono­ci­da tam­bién como A Famosa, uno de los reduc­tos más antigu­os de todo el sud­este asiáti­co. Esta era parte de una for­t­aleza que pre­tendía defend­er a la ciu­dad de sus ata­cantes.

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Ruinas de la St. Paul’s Church y el antiguo fuerte de San Juan, con­stru­i­do por los col­o­nizadores holan­deses. Cada 23 de Junio, y aunque parez­ca increíble, aquí tam­bién se cel­e­bra San Juan, cuan­do los habi­tantes del bar­rio llenan las calles de velas y can­diles.

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Esto de aquí aba­jo es la Por­tuguese Square, prob­a­ble­mente el rincón más boni­to de toda la ciu­dad. Cono­ci­da car­iñosa­mente como Mini Lis­boa, se encuen­tra siem­ple pla­ga­da de visitantes,que recor­ren la Jonker Street a cualquier hora del día. Cer­ca se encuen­tra otro de los edi­fi­cios más impor­tantes de Malac­ca, The Stadthuys, este de fac­tura holan­desa.

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Los pre­ciosos canales que hacen de Malac­ca una Vene­cia a la asiáti­ca

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¿Moli­nos en Mala­sia? ¡Pues claro!

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Y como últi­ma imagen,las curiosas bici­cle­tas turís­ti­cas que recor­ren la ciudad.Por supuesto,no mon­ta­mos ¡pero tenía que subir la instan­tánea!

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