Guía del Algarve

No se cansa una de escaparse a Portugal.Pero hay que recono­cer que si hay una zona priv­i­le­gia­da den­tro del país luso (y no me refiero sólo a niv­el económico,que tam­bién) esta es toda la zona sur, es decir, el mar­avil­loso Algarve. Quizás aho­ra no pue­da ir allí con la mis­ma asiduidad que antaño,que ya me gustaría.Pero haber vivi­do cua­tro años en Huelva,que está a sólo cuarenta min­u­tos de la fron­tera en coche, me per­mi­tió escaparme a este paraí­so dece­nas de fines de sem­ana. Y así lo fuí des­cubrien­do poco a poco,unas veces des­cubrien­do unas zonas y otras recreán­dome con las restantes. El Algarve es un lugar fasci­nante que,por muchas veces que vayas, siem­pre sigue ofre­cien­do rin­cones encantadores.Y ya veis, tan cerqui­ta de España,con la gente en nue­stro país lev­an­tán­dose a las siete de la mañana para coger sitio en una ati­bor­ra­da playa de Benidorm mien­tras en el Algarve hay infinidad de calas de pelícu­la con cua­tro gatos (sí,incluso en verano,si te lo cono­ces bien, puedes encon­trar playas con muy poqui­ta gente).Pues peor para ellos.No saben lo que se están per­di­en­do. Yo la primera vez que ví la cos­ta del Algarve me creía que esta­ba en Esco­cia.

El Algarve (del árabe al-Garb, el este u Occidente,aunque lit­eral­mente los árabes lo conocían como “garb al-Andalus”, el este de Andalucía) es la región más vis­i­ta­da de Por­tu­gal (nueve mil­lones de vis­i­tantes anuales) pero tam­bién es el lugar escogi­do por miles de extran­jeros para com­prarse una casita y gas­tar aquí sus años de jubilación.Es por ello que pese a que el aerop­uer­to de Faro (la cap­i­tal de la región) es bas­tante pequeñito,el trá­fi­co de via­jeros es desco­mu­nal; cuan­do vivía allí cer­ca y quería volar a algún lado,me resulta­ba más ven­ta­joso volar des­de Faro,que ofrecía un mon­tón de vue­los al norte de Europa,que des­de la propia Sevilla,incluso sien­do esta una ciu­dad más grande.Hasta hace no mucho Ryanair tenía una ruta de bajo coste Madrid-Faro (yo la he usa­do varias veces) pero en la actu­al­i­dad no estoy segu­ra de si siguen operan­do. En cualquier caso, siem­pre tienes la opción del coche,que además te per­mite cruzar por Ayamonte,que es un pueblo bien boni­to y tiene la espec­tac­u­lar playa de Isla Canela y su inigual­able ambi­ente marinero.Aparte de que,siendo prác­ti­cos, el Algarve es un lugar para recor­rerlo con coche e ir paran­do donde a tí te apetezca.Puedes tirar de trans­porte públi­co pero en esta zona no es para tirar cohetes y hay algunos puebli­tos a los que sólo va un bus diario.Eso sí,acuérdate de llenar el depósi­to antes de pasar la frontera:en Por­tu­gal el pre­cio de la gasoli­na es un 20% may­or que en España.

Si os parece,vamos a comen­zar el recor­ri­do por estric­to orden geográfico.Tras cruzar la desem­bo­cadu­ra del Gua­di­ana, que en el sur ejerce como fron­tera nat­ur­al entre Por­tu­gal y España,uno de los primeros pueb­los que te encuen­tras es el acoge­dor Vila Real de San Anto­nio (cap­i­tal de la zona de Tras-ó-Montes,la zona nordeste del Algarve,y sí,siempre lleno de españoles yen­do a por toal­las y albornoces!),que aunque no es exce­si­va­mente grande, tiene unas cuan­tas igle­sias bas­tante reseñables (la de Sao Anton, la igle­sia dos Clerigos,la de San Pedro).No dejes de tomarte un café (una “bica”, no te dejes engañar por su tamaño,que el café por­tugués es fortísi­mo) en la boni­ta plaza cen­tral, la del Mar­qués de Pom­bal (impul­sor del crec­imien­to de la local­i­dad, Vila Real basó sus ganan­cias en la indus­tria pesquera,en clara com­pe­ten­cia hacia su veci­na españo­la de Isla Cristi­na) y darte un paseo por su puer­to deportivo,desde el que podrás ver las costas ayamontinas.Desde la plaza te recomien­do que te des una vuelta por la calle más impor­tante de la ciu­dad, la Rua Teó­fi­lo Bra­ga, donde se agol­pan todas las tien­das de tex­til, aunque en mi opinión com­prar toal­las y man­te­les ya no es el chol­lo de antes,con la lle­ga­da del euro los pre­cios se han equi­li­bra­do mucho.Y dos vis­i­tas imprescindibles,ya que quedan muy cerqui­ta de Vila Real. Una,la del pueblo de Monte Gor­do, una antigua vil­la de pescadores, con una playa espec­tac­u­lar. Y tam­bién muy cerca,a unos tres kilómet­ros, se encuen­tra el pala­cio de Mateus (en ver­a­no abiero de 09:00 a 19:30),una de las mejores mues­tras del arte bar­ro­co por­tugués y que en la actu­al­i­dad se uti­liza como sede de exposiciones.Podeis lle­gar a esta mar­avil­la del siglo XVIII cat­a­lo­ga­da como Mon­u­men­to Nacional por la N‑322 y dis­fru­tar de sus ele­gantes jar­dines (la fin­ca es grandísima).La entra­da cues­ta 5 euros (7,50 si con­tratas la visi­ta guia­da) y la úni­ca pena es que no se puede fotografi­ar el interior.Por cierto,a Vila Real se puede lle­gar tam­bién en fer­ry des­de Aya­monte (salen cada 30 min­u­tos y el trayec­to cues­ta 1,50 euros).

Lleg­amos aho­ra a Tavi­ra,uno de los pueb­los con más encan­to de toda la zona sur.Y el primer sitio a donde te voy a man­dar es la pequeña isla de Tavira,a la que se puede lle­gar a través de unos botes que salen des­de el pueblo (no recuer­do el pre­cio pero son súper baratos).La isla es reser­va nat­ur­al y refu­gio de muchos tipos de aves,por lo que aquí no hay hote­les mas­todón­ti­cos (afor­tu­nada­mente) y los paseos en bar­ca por la ría For­mosa te per­mi­tirán dis­fru­tar de las maris­mas en un para­je estec­tac­u­lar magnífico.Hay has­ta algún pequeño chirin­gui­to donde poder tomarte un café,asi que aprovecha para acer­carte a últi­ma hora de la tarde y dis­fru­tar de unos anocheceres inolvidables.Además,no pier­das la opor­tu­nidad de,ya que estás aquí,acercarte al Cemente­rio de Anclas en la Pra­ia do Barril,donde reposan más de doscien­tas anclas aban­don­adas pertenecientes a los antigu­os atuneros,que ya no oper­an en esta zona.

Tavi­ra aún con­ser­va su impor­tan­cia históri­ca (fue el prin­ci­pal puer­to del Algarve en el siglo XVI) y es que este area ya esta­ba pobla­da por feni­cios hace más de dos mil años.Se la conoce como la Vene­cia del Algarve (debido a que el río Gilao for­ma canales) y cuen­ta en su haber con nada más y nada menos que 37 igle­sias y las ruinas de un castil­lo musul­mán del siglo XII.Puedes pasear además por el agrad­able Jardin de Core­to (una especie de jardín botáni­co en ple­na vía pública),acercarte a la Pla­ca da Repub­li­ca para cruzar por su puente romano,pasear a ver sus famosas salinas…la ver­dad que Tavi­ra da un mon­tón de juego.Un últi­mo consejo:de camino de Vila Real a Tavi­ra desvi­ate a la pequeña aldea de Cacela Vel­ha. Nosotros íbamos muchas veces allí a com­er porque el pueblecito, minúsculo,aún no ha sido ape­nas des­cu­bier­to por el tur­is­mo y con­ser­va unas pre­ciosas casas típi­cas de fachadas blan­cas y ven­tanales añiles.Eso sí,sólo hay dos restaurantes,pero en ambos se come de fábu­la (imper­don­able que te vayas de aquí sin tomar un buen arroz cal­doso).

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De camino hacia Faro,te recomien­do que hagas tam­bién una para­da en el pueblo de Olhao.En ver­a­no está un poco peta­do de gente pero tiene una playa bas­tante maja,la Pra­ia da Fuseta,y está muy próx­i­mo al Par­que Nat­ur­al Ría Formosa.En mi opinión,lo más boni­to de Olhao es su pecu­liar bar­rio de pescadores,con sus calle­jones estre­chos, y la isla de Armona, a la que se puede acced­er en bar­co en un trayec­to de quince min­u­tos (hay var­ios al día).

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Pese a que Faro sea la ciu­dad más grande del Algarve (tam­poco tan­to, 65.000 habi­tantes), aquí pre­cisa­mente lo que más enam­o­ra es que son pobla­ciones pequeñas),para mi gus­to no tiene tan­tos atrac­tivos como otras local­i­dades cer­canas, o al menos,las que cor­re­spon­derían a una ciu­dad de su cat­e­goría. Además,este es el pun­to aéreo de entra­da al Algarve,por lo que en ver­a­no aquí sí que hay un mon­tón de turistas.Aun así,merece la pena pasear por su cas­co antiguo,con sus calles adoquinadas,darse una vuelta por la cat­e­dral (o como ellos la cono­cen, la Sé);.Hablando de igle­sias, aquí la curiosi­dad es que hay una pequeña capil­la con hue­sos y crá­neos de los mon­jes fallecidos,la Capela dos Ossos (no es la úni­ca en el Algarve, tam­bién hay otra aún más tet­ri­ca en Alcan­tar­il­ha, aunque la más famosa del país es la de Evora,ya en el Alentejo).Desde Faro,puedes hac­er tam­bién una pequeña escapa­da a Estoi, que está a sólo diez kilómet­ros y tiene unas ruinas romanas bas­tante intere­santes.

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Por cierto,para los amantes del rock,uno de los motivos por los que yo iba tan­to al Algarve es porque entre Faro y Loule, en la aldea de San­ta Bar­bara de Nexe, se encuen­tra el Eddie’s Bar, el club que abrió Steve Har­ris de Iron Maid­en y que todos los fines de sem­ana está has­ta arri­ba de fans de todo el con­ti­nente que vue­lan has­ta aquí sólo para tomarse unas cervezas en un lugar de culto.A Har­ris es difí­cil que te le encuen­tres porque siem­pre está de gira pero aun así,a fuerza de intentarlo,nosotros hemos coin­ci­di­do algu­na noche allí con él.Lo curioso es que las camaer­aras son ingle­sas y pese a que estés en una pequeña aldea portuguesa,te tocará pedir “beers!”.Y otra recomen­dación: el Motor Club de Faro. El Algarve es una zona en la que existe mucha cul­tura motera ya que los paisajes de acan­ti­la­dos marí­ti­mos son de ensueño y el más pres­ti­gioso club motero de Por­tu­gal es el lugar ide­al para ir a tomar una bue­na cerveza Sagres (los dueños son majísi­mos y hay muy buen ambiente).Además,en ver­a­no orga­ni­zan su con­cen­tración anuel,donde han venido a tocar gente tan impor­tante como Joe Cock­er o Scor­pi­ons. 

(* Actu­al­ización: el Eddie’s Bar cer­ró per­ma­nen­te­mente)

Con­tin­u­amos nue­stro via­je. Vil­am­oura como pueblo en sí no tiene mucho (basi­ca­mente es una vil­la de vaca­ciones con un mon­tón de hote­les) pero allí se encuen­tran en el Cer­ro da Vila otras ruinas romanas que si te gus­ta la His­to­ria te dejarán más que complacido.El horario es en ver­a­no de 10:00 a 13:00 y de 16:00 a 21:00, lo que hay prin­ci­pal­mente son antigu­os baños,mosaicos y un museo donde se expo­nen las piezas encon­tradas.

Y lleg­amos a el que sin lugar a dudas es mi pueblo favorito de todo el Algarve. Albufeira. Albufeira, cuyo nom­bre sig­nifi­ca en árabe “castil­lo del mar”, es otro de los sitios preferi­dos por los extranjeros,y no sola­mente porque en sus alrede­dores haya un mon­tón de hote­les, sino porque pre­cisa­mente a pesar de eso, Albufeira ha sabido,no sin esfuer­zo, res­guardar su iden­ti­dad como pueblo pes­quero. Inde­pen­di­en­te­mente de que su caso antiguo es súper bonito,con casas blan­quísi­mas en cues­tas emp­inadas, en ver­a­no he tenido ocasión de asi­s­tir varias veces a la Fies­ta del Pesca­do que orga­ni­zan cer­ca de las playas,donde puedes com­er pesca­di­to al aire libre mien­tras escuchas músi­ca tradi­cional por­tugue­sa y enci­ma costán­dote cua­tro duros.Los platos estrella,el bacalao y las sar­di­nas (por cierto,otra cosa muy típi­ca de Por­tu­gal que está exquisita,el paté de sardinas,que allí uti­lizan de aper­i­ti­vo como nosotros las aceitunas,no olvides traerte unas cuan­tas latas cuan­do vuel­vas a España).No obstante,uno de los lugares más pin­torescos de Albufeira es la Pra­ia dos Barcos,donde reposan las bar­cas de madera de los pescadores.Y un últi­mo consejo:si quieres huir de las aglom­era­ciones, acér­cate a la Cala do Coel­ho. Está un poco escon­di­da pero aquí inclu­so en ver­a­no hay poquísi­ma gente y es una preciosidad.Nosotros siem­pre que vamos a Albufeira acabamos res­guarda­dos allí. Y otros dos secre­tos: la playa de San Rafael (¡pre­ciosa!) y la espec­tac­u­lar de Benag­il en Lagoa.

De camino hacia Lagos, te recomien­do que hagas otra pequeña para­da en el pueblo de Por­ti­mao, otro pueblo de pescadores donde viene a hac­er surf gente de todo el mundo,ya que cuen­ta con unas playas estu­pen­das, sobre todo la Pra­ia da Rocha. Eso sí,a la hora de bañarte,asimila que el agua del Atlán­ti­co en esta zona está fría de narices y muchas veces las olas vienen con tan­ta fuerza que lan­zan rocas de tamaño considerable,aparte del peli­gro de las cor­ri­entes en el Algarve,realmente traicioneras. Oji­to cuan­do te quieras dar un cha­puzón. No te vayas de Por­ti­mao sin haber pasea­do por el Forte de San­ta Cata­ri­na,un fuerte medieval bas­tante bien con­ser­va­do des­de donde se defendía a la ciu­dad de los piratas de aque­l­la época.Y ya que hablam­os de for­t­alezas, tam­poco te pier­das el Forte de São João do Arade, este ya más cer­ca de Lagoa (que no de Lagos).

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Pues bien, ya esta­mos en Lagos, prob­a­ble­mente el pueblo del Algarve con playas más espec­tac­u­lares. Aquí puedes encon­trar un mon­tón de calas a las que sólo se puede acced­er bajan­do por unas escaleras tal­ladas en la piedra pero merece la pena el esfuer­zo si con ello ganas en tran­quil­i­dad y aislamiento.La playa de los Estu­di­antes, Burgau,la de San­ta Ana, la de Donana, la de la Luz,la de Batata…hay un mon­tón para ele­gir y todas hermosísimas,con unos acan­ti­la­dos de roca como pocos verás en el mun­do y que poco tienen que envidiar a Los Doce Após­toles en Australia.Además,Lagos sabe de su poten­cial marí­ti­mo y de las bellezas de sus paisajes,por lo que una de las cosas que no debes perderte es un paseo en bar­ca has­ta la Pon­ta da Piedade (el recor­ri­do vale diez euros, dura aprox­i­mada­mente una hora y te va lle­van­do por todas las playas del litoral,a cual más espectacular,aparte de hac­erte una pequeña excur­sión (tam­bién en bar­ca) por las gru­tas de los acantilados.La Pon­ta da Piedade es uno de los sitios más boni­tos de todo LagosPara bajar has­ta aquí,has de dejar el coche en un aparcamien­to en mitad del cam­po que hay en la parte de arriba,eso sí. No olvides traerte tam­poco calza­do adecuado.Como te digo,el acce­so es un poco com­pli­ca­do pero claro,cuando lle­gas aba­jo y te encuen­tras con esas playas col­or turquesa,te das cuen­ta que merece la pena y mucho.Aunque luego ten­gas que volver a ascen­der los casi 200 escalones.

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Y esta­mos ya en el pun­to más septen­tri­on­al de todo el con­ti­nente europeo, el Cabo de San Vicente.Para lle­gar has­ta aquí,hemos tenido que venir has­ta Sagres.Desde el cabo podrás dis­fru­tar de unas vis­tas que ponen el corazón en un puño (eso sí,traete abri­go aunque sea verano,que aquí no veas cómo corre el vien­to) y dis­fru­tar del faro situ­a­do más al este de toda Europa.Lo mejor es que os acerqueis por la tarde,ya que los anocheceres aquí son de quitar el hipo.Y es que a par­tir de aquí,lo úni­co que hay por delante es el inmen­so Atlántico,asi que enten­derás muy bien cómo se sen­tían los antigu­os mari­nos cuan­do ote­a­ban el hor­i­zonte des­de aquí y pens­a­ban que más allá sólo existía el fin del mun­do… Pocos sitios en el mun­do más embria­gadores que éste para pon­er pun­to final a un viaje.¡Maravilloso Algarve!


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