Guía indispensable para viajar a Berlín

Como siem­pre digo, puedes ir un mil­lón de veces a Ale­ma­nia y aún así,te seguirán fal­tan­do mil sitios por descubrir.Pocos país­es en Europa cuen­tan con el desco­mu­nal pat­ri­mo­nio históri­co que con­ser­va el país ger­mano y,sobre todo,hay que val­o­rar con el mimo y cuida­do que se mantienen pueb­los y mon­u­men­tos de var­ios sig­los (ya podían apren­der otros).Pero si hay una visi­ta nece­saria e ine­ludi­ble, fun­da­men­tal para cono­cer a la que es hoy en día la nación más poderosa de todo el con­ti­nente, esta es su cap­i­tal y corazón del país:la siem­pre vibrante Berlín. Una ciu­dad que enam­o­ra des­de el primer momen­to que la pisas y a la que hay que inten­tar volver una y otra vez,siempre que dinero y tiem­po te lo permitan.Una urbe úni­ca en el mun­do.

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Berlín ha vivi­do un desar­rol­lo históri­co peculiar.Después de más de cin­cuen­ta años, ha recu­per­a­do su títu­lo de cap­i­tal abso­lu­ta (antes com­par­tido con Bonn), algo que merecía tras décadas de dolor y de sufrimiento.Una ciu­dad que,de la noche a la mañana,y nun­ca mejor dicho,se encon­tró frac­tura­da en dos mitades que no sólo sep­a­raron a sus habi­tantes a niv­el físi­co sino tam­bién a niv­el ide­ológi­co. Mien­tras la Ale­ma­nia Occi­den­tal se sub­ía al car­ro del pro­gre­so y el desar­rol­lo, la Ale­ma­nia Ori­en­tal agon­i­z­a­ba bajo el yugo comu­nista y veía como sus lib­er­tades se iban recor­tan­do de un día para otro.Y si estas difer­en­cias eran nota­bles en todo el país, imag­i­naos en una ciu­dad dom­i­na­da por el Muro.Dos mun­dos tan cer­canos y a la vez tan ale­ja­dos el uno del otro.

Vamos con algunos datos prác­ti­cos antes de empezar a recor­rer la ciudad.En cuan­to al tema alojamiento,en Berlín tienes de todo tipo,desde los hote­les más lujosísi­mos has­ta los alber­gues más básicos.A mí uno de los que más me gus­ta es el Agon am Alexan­der­platz, lo primero por la situación, en pleno bar­rio de Mitte (luego os con­taré por qué me encan­ta quedarme en este bar­rio) y a dos min­u­tos andan­do de Alexanderplatz,donde puedes coger los trenes para el aeropuerto.Ultimamente han subido un poco los pre­cios (80 euros la doble con desayuno) pero la habitación es grandísi­ma y tiene has­ta coci­na por si algu­na noche con el frío te da pereza cenar fuera.

Tema aeropuerto:Berlín has­ta hace mucho tenía nada más y nada menos que tres.Sin embargo,el más antiguo, el de Tem­pel­hof, tras la caí­da del Muro pasó a ser usa­do sólo por aviones comerciales,acabó clausurán­dose y hoy en día se ha con­ver­tido a cam­bio en uno de los par­ques más grandes del mun­do, superan­do en exten­sión a Cen­tral Park.Asi que te quedan dos aerop­uer­tos, Schoene­feld y Tegel.Desde Schoenefeld,donde oper­an la may­oría de com­pañías de bajo coste,puedes venir en el Air­port Express,un tren que te plan­ta en el cen­tro en una media hora.Tegel está un poco más cerca,sólo ocho kilómetros,y lo mejor es que uses el bus Jet Express, que sale cada 15 min­u­tos des­de Alexan­der­platz (horario de 04:00 a 23:00).Calcula tam­bién unos trein­ta min­u­tos de trayecto.En cuan­to a com­pañías aereas,son varias las que vue­lan a la cap­i­tal alemana:Vueling des­de Barcelona y Bilbao,Easyjet des­de Barcelona, Madrid, Mála­ga, Ibiza y Mal­lor­ca y Ryanair des­de Málaga.Otras como Iberia o Lufthansa tam­bién enlazan en vue­lo direc­to Berlín con varias ciu­dades españo­las pero sale más caro.Con las de bajo coste,si lo pil­las con un poco de tiem­po, puedes venir a Berlín por unos 60 euros ida y vuelta.

Berlín es una ciu­dad grandísima.884 kilómet­ros cuadra­dos y casi cua­tro mil­lones de habitantes.Rica aún así en zonas verdes (los par­ques de Belín son espectaculares),que no te asuste recorrerla:el trans­porte públi­co fun­ciona de maravilla.Como casi todo en Alemania.Puedes tirar de sus nueve líneas de metro (el U‑Bahn),de sus trenes de cercanías,el S‑Bahn,que recor­ren la ciu­dad y que además te lle­van a local­i­dades cer­canas, de sus tran­vías y auto­bus­es (tam­bién hay bus­es noc­turnos cada media hora entre las 00:00 y las 04:30).A todos estos trans­portes puedes acced­er pagan­do bil­letes sencillos,cuyo pre­cio varía depen­di­en­do de la zona ( zonas A‑B: 2,30 euros, zonas B‑C: 2,70 euros , zonas A‑B-C:3 euros).Existen tam­bién abonos de un día (pre­cio sobre unos 7 euros) y de una sem­ana (27 euros aprox­i­mada­mente), que os per­miten usar el trans­porte que querais las veces que os apetez­ca.

Ya que Berlín es tan grande y prob­a­ble­mente te alo­jes por sus alrededores,lo mejor es que comence­mos el recor­ri­do por el cen­tro, es decir, la plaza de Alexanderplatz.Con su torre de tele­visión, la Fernse­hturm, dom­inán­do­lo todo.

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Estos impo­nentes 368 met­ros de altura (se dice pron­to) se lev­an­taron en 1969 con la inten­ción de demostrar lo fortísi­mo que se encon­tra­ba el comu­nis­mo frente al sis­tema capitalista.Aunque la entra­da para subir a su mirador es algo cara, 12 euros, te acon­se­jo que no te pier­das la experiencia.Incluso puedes com­er o cenar alli ya que hay un restau­rante que abre has­ta las doce de la noche.

Si esta­mos en Alexan­der­platz sig­nifi­ca que nos hal­lam­os en lo que era el corazón del antiguo Berlín Ori­en­tal, es decir, la parte ex-comu­nista de la ciudad.Por eso me encan­ta alo­jarme aquí.Porque se sigue olien­do en cada esquina,pese a la con­struc­ción de un mon­tón de edi­fi­cios mod­ernísi­mos aquí y allá, a ese Berlín añejo,practicamente veta­do a los occi­den­tales no hace tan­tos años.Aquí se amontonan,además,las partes más intere­santes de la ciu­dad, aquí es donde apetece com­er, cenar, deam­bu­lar por sus mil recovecos,mezclarse con los berlineses.Asi que, en mi humilde opinión, ¿para qué dormir en otro lado que en el Mitte, donde en Noviem­bre del ’89 más de 500.000 ale­manes se man­i­fes­taron y forzaron cin­co días después la caí­da del Muro?

Pues empezamos a des­glosar Mitte, que ya veréis todo lo que da de sí,por Alexanderplatz.Aunque en la teoría Alexan­der­platz es sólo la plaza que está detrás de la torre, en la prác­ti­ca y real­i­dad se lla­ma Alexan­der­platz a un area mucho más extensa.Aquí se encuen­tra uno de mis mon­u­men­tos favoritos,la Fuente de Neptuno.Originariamente se encon­tra­ba situ­a­da frente al antiguo Pala­cio Real (fue un rega­lo al kaiser Guiller­mo II) pero al quedar el Pala­cio destroza­do tras los bom­bardeos de la Segun­da Guer­ra Mundi­al y la fuente, mila­grosa­mente, sobre­vivir intacta,se decidió transladar a esta ulti­ma frente al ayuntamiento,del que os voy a hablar jus­to aho­ra.

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El Rotes Rathaus, La Alcaldía Roja,el Ayun­tamien­to de Berlín.Durante la eta­pa comunista,estuvo ocu­pa­do por los soviéti­cos y actual­mente es la sede ofi­cial del gob­ier­no federal.Este ayun­tamien­to con aire de for­t­aleza y una torre de 74 met­ros de altura.Normalmente,a no ser que haya asun­tos estatales que por seguri­dad recomien­den la ausen­cia de vis­i­tantes, puedes pasarte a ver­lo de lunes a viernes de 09:00 a 18:00.En la mis­ma plaza se encuen­tra la igle­sia de San­ta María,la más antigua de Berlin.No dejes de entrar a ver las vidrieras,que las fig­uras rep­re­sen­tadas son súper siniestras.Y por cierto,antes de ter­mi­nar con esta zona,quiero recomen­dar la lec­tura antes de via­jar a Ale­ma­nia de “Berlin Alexan­der­platz” de Alfred Doblin;aparte de ser una obra maestra,os va a meter total­mente en el ambi­ente berlinés de los años 20.

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El prinic­i­pal boule­vard de Berlín se en cuen­tra a pocos pasos de Alexan­der­platz y responde al nom­bre de Unter den Liden (se podría tra­ducir “bajo los tilos”).Es el equiv­a­lente a Pica­dil­ly Cir­cus en Lon­dres o Times Square en New York y ya tiran­do por gus­tos personales,es mi aveni­da favorita de toda la cap­i­tal. Además,es la puer­ta de entra­da a un mon­tón de pun­tos intere­santes por lo que es lógi­co que siem­pre esté llena de gente.Si vas en invier­no, te encon­trarás además todas sus cafeterías con ter­razas ati­bor­radas (ponen unas estu­fi­tas en el exterior,a los ale­manes lo de que haga frío no les echa para atrás,y si enci­ma lo com­bi­nan con su famoso Glüh­wein, el vino caliente con canela…) Esa es otra de las cosas que recomiendo:venir a Ale­ma­nia en épocas navideñas.Te encuen­tras toda la ciu­dad llena de case­tas, los edi­fi­cios adornados…se vive un ambi­ente úni­co! Los mer­ca­dos navideños ale­manes (Wei­h­nachtsmärk­te) son famosos en toda Europa;yo he podi­do dis­fru­tar de var­ios en dis­tin­tas ciu­dades ale­m­anas y no tienen com­para­ción posible.En Berlín, durante un mes entero (de últi­mos de Noviem­bre a Navi­dad) se cel­e­bran más de 50.El más grande, en el bar­rio de Spandau;los más bonitos,en mi opinión los de la plaza de Gen­dar­men­markt (ahí ponen has­ta atracciones),donde además podrás pro­bar el sabroso Stollen (pan dulce navideño).Y hablan­do de comidas,no dejes de atre­verte con lo más típi­co de Berlín, el Berlin­er Schnitzel (codil­lo de cer­do con puré de patatas y chu­crut).

Ya que Unter den Liden arran­ca pre­cisa­mente en el mon­u­men­to más cono­ci­do de la ciu­dad, la Puer­ta de Bran­dem­bur­go, vamos a irnos has­ta allí para comen­zar nue­stro recor­ri­do por la ani­ma­da calle berlinesa.La Bran­den­burg­er Tor,como la cono­cen los ger­manos, es un colos­al mon­u­men­to de 26 met­ros de altura inspi­ra­do en las con­struc­ciones clási­cas grie­gas, con un cier­to regustil­lo al Partenón ate­niense. Lev­an­ta­da des­de 1791, bajo ella han cruza­do miem­bros de la famil­ia real (los úni­cos que orig­i­nar­i­a­mente esta­ban autor­iza­dos a atrav­es­ar­la), las tropas napoleóni­cas, el ejérci­to nazi…La Puer­ta de Bran­dem­bur­go ha sido tes­ti­go mudo de todos los avatares históri­cos que han sacu­d­i­do Berlín e inclu­so ella mis­ma ha sufri­do los sins­a­bores bélicos:durante la Segun­da Guer­ra Mundi­al, la cuá­dri­ga que se encuen­tra en su parte supe­ri­or (la diosa Vic­to­ria subi­da a un car­ro) fue seri­amente daña­da por los bom­bardeos y hubo de ser susti­tu­i­da por una réplica.Para más inri,cuando la ciu­dad quedó divi­di­da, la Puer­ta quedó en tier­ra de nadie,sin que prac­ti­ca­mente nadie pudiera acced­er a ella.Sin embargo,hoy en día es el sím­bo­lo más cono­ci­do de Berlín y luce majes­tu­osa a los pies de la Paris­er Platz.

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Uno de los edi­fi­cios más impor­tantes de Unter den Liden es la Nue­va Guardia.Construído en con­mem­o­ración de la vic­to­ria sobre Napoleón y,posteriormente,en hom­e­na­je a todos los fal­l­e­ci­dos en las guerras.Dentro se encuen­tra una con­move­do­ra estat­ua de una madre abrazan­do a su hijo,símbolo del sufrim­ien­to del pueblo alemán.No muy lejos se encuen­tra la Bebelplatz,con su impo­nente edi­fi­cio de la Opera.La plaza se hizo famosa en 1933 por la que­ma de miles de libros de autores como Marx o Freud,en uno de los hechos más ver­gonzosos pro­tag­on­i­za­dos por los nazis.

Hemos lle­ga­do ya a la gran per­la de Berlin:la Muse­um­sislen o Isla de los Museos.Situada sobre el río Spree y con­sid­er­a­da uno de los con­jun­tos museís­ti­cos más impor­tantes de todo el plan­e­ta (fue declar­a­da Pat­ri­mo­nio de la Humanidad),acoge cin­co museos en los que facil­mente podrás gas­tar un par de días si lo tuyo son los restos arqueológicos.El más impor­tante es el Museo de Pérg­amo, el Perga­mun­mu­se­um (entra­da 13 euros,abre todos los días has­ta las 18:00).En su inte­ri­or se encuen­tra el Museo de Ori­ente y el Museo de Arte Islámi­co y ya en la entra­da te dan una bien­veni­da que te dejará con la boca abierta:el Altar de Pérgamo,que se tra­jeron por toda la cara de Gre­cia (y se nie­gan a devolverlo,obviamente).En la sala de la izquier­da se encuen­tra otro mon­u­men­to no menos fasci­nante, la Puer­ta del Mer­ca­do Romano de Mileto,con sus 17 met­ros de altura,y en la sigu­iente sala,la Puer­ta de Astarté, orig­i­nar­ia de la antigua Babilonia.Estos son los tres mon­u­men­tos más impor­tantes del museo pero te puedes tirar den­tro horas admi­ran­do los miles de obje­tos allí reunidos,la may­oría pertenecientes a las cul­turas sirias y mesopotámi­cas.

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Pese a ser el más destacado,el de Pérg­amo no es el úni­co museo de la isla.Aquí se encuen­tra tam­bién el Museo Antiguo,el Altes Muse­um (entra­da 8 euros),que acoge un mon­tón de piezas de Gre­cia y Egip­to. Jus­to detrás se situa el Museo Nue­vo, el Neues Muse­um, cuyo may­or tesoro es el archicono­ci­do bus­to de Nefer­ti­ti (entra­da 10 euros);no obstante,la plan­ta ded­i­ca­da a Egip­to es de las más impor­tantes del mundo,rivalizando inclu­so con el Museo Egip­cio del Cairo.Y aún te quedan la Antigua Galería Nacional (entra­da 8 euros), ded­i­ca­da sobre todo a pin­turas aunque tam­bién guar­da algu­nas escul­turas sobre­salientes, y el Bode Muse­um (entra­da 8 euros), que acoge la Colec­ción Bizan­ti­na, la de Escul­turas y el Gabi­nete Numismático.Vamos,que el que le guste el arte,en Berlín tiene donde entreten­erse.

Tras haber­nos meti­do una visi­ta cul­tur­al impor­tante (te recuer­do que la isla de los museos,si la quieres des­gra­nar bien,te va a lle­var un mon­tón de tiempo),llegamos al que es uno de mis edi­fi­cios favoritos de la ciudad:la Berlin­er Dom, es decir, la Cat­e­dral de Berlín.Aunque la entra­da cueste 7 euros,te acon­se­jo que no dejes de vis­i­tar­la porque es preciosa.Se encuen­tra frente al jardín Lutsgarten y fue erigi­da hace siglo y medio sobre los restos de una antigua igle­sia barroca.Fue seri­amente daña­da en la Segun­da Guer­ra Mundi­al (una bom­ba cayó sobre su cúpu­la ver­dosa) y los tra­ba­jos de restau­ración han dura­do nada más y nada menos que 27 años.Ya en el interior,puedes vis­i­tar el museo de la cat­e­dral, donde se expo­nen maque­tas que rela­tan el pro­ce­so de con­struc­ción, subir a tomar unas fotos des­de la cúpu­la (ya verás que vis­tas de Berlín después de los 276 pel­daños) y,por últi­mo, bajar a los sótanos donde se encuen­tran las crip­tas con las tum­bas de la dinastía Hohen­zollern (hay has­ta sar­cófa­gos de niños).Y una curiosi­dad más:la Berlin­er Dom es el tem­p­lo protes­tante más grande de toda Europa.

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En este mis­mo area se encuen­tra otro de los edi­fi­cios nota­bles berli­ne­ses, el Reich­stag, el Par­la­men­to Alemán.En su inte­ri­or hay una cúpu­la acrista­l­a­da dis­eña­da por el famoso arqui­tec­to Nor­man Fos­ter de las que cor­tan la respiración;aquí den­tro nada recuer­da al mis­te­rioso incen­dio que sufrió el edi­fi­cio en 1933.Por cierto,aunque la entra­da es gra­tui­ta, hay que reser­var­la con antelación a través de la pági­na Bundestag.de.

Supon­go que todo el mun­do que viene a Berlín lo primero que quiere vis­i­tar son los esca­sos restos que quedan del Muro.El may­or tramo, de kilómetro y medio,es cono­ci­do como la East Side Gallery y se encuen­tra en la Müh­len­strasse del dis­tri­to de Friedrichshain.Fue dec­o­ra­do en 1990 por más de 120 artis­tas de una vein­te­na de país­es, por lo que es con­sid­er­a­da la may­or galería al aire libre del mundo.La para­da de metro más cer­cana es la Warschauer Straße en la línea 1.

Durante la exis­ten­cia del Muro, más de 500 ciu­dadanos de la Ale­ma­nia Ori­en­tal inten­taron atravesarlo.El resul­ta­do fue casi 200 muer­tos por disparos;aún así, en 1964 lograron escapar 57 per­sonas a través de un túnel sub­ter­ra­neo de casi 150 metros.Hoy en día, se mantienen en pie estos restos como sím­bo­lo de la vergüen­za de tan­tos años de repre­sión.

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Jus­to al lado de la East Side Gallery se alza el Ober­baum­brücke, un puente for­ti­fi­ca­do que en la época comu­nista servía como paso de cruce, sobre todo para los ale­manes occidentales.Ha sido tes­ti­go de var­ios ahogamien­tos de per­sonas que intenta­ban cruzar al otro lado,entre ellos var­ios niños.Por la noche,se puede ver la obra Steien-Paper-Schere (Piedra,Papel,Tijera) a base de jue­gos lumi­nosos que sim­boliza que no puede haber vence­dores ni ven­ci­dos ya que todo en esta vida está en manos del azar.

Y hablan­do de pasos fron­ter­i­zos, lleg­amos al más famoso (tris­te­mente famoso):el Check­point Char­lie. lo cier­to es que durante la exis­ten­cia de las dos Ale­ma­nias, en Berlín había muy pocos pasos para cruzar de una parte de la ciu­dad a otra,solamente siete. Por ello,el alcalde quiso facil­i­tar el acce­so a los ale­manes occi­den­tales (no así a los orientales,que prac­ti­ca­mente bajo ningún con­cep­to podían venir al Berlín del Oeste) y creó este punto.Aun así, fueron var­ios ale­manes los que lograron engañar a los sol­da­dos para escaparse.Se encuen­tra en la calle Friedrich­straße y aunque ofi­cial­mente fue demoli­do en 1990,se recon­struyó una de las case­tas de con­trol como recorda­to­rio de lo que supu­so la Guer­ra Fría.La ver­dad que es un sitio bas­tante curioso para visitar,aunque en mi opinión lo de que hayan puesto a dos actores dis­fraza­dos de sol­da­dos soviéti­cos y amer­i­canos le qui­ta algo de seriedad al asunto.Que la tuvo y mucha.Te acon­se­jo por ello que te tomes de ver­dad en serio la his­to­ria berli­ne­sa y te acerques después a ver la Topografía del Ter­ror, un solar donde antigua­mente se ubi­ca­ba la sede de la GESTAPO y donde se tor­tura­ba y asesin­a­ba a los opos­i­tores del rég­i­men hit­le­ri­ano. Da pavor.

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Y seguimos con más recuer­dos, inevita­bles, de la barbarie:el Mon­u­men­to al Holo­caus­to. Cer­ca de la Puer­ta de Bran­dem­bur­go se erigieron casi 3.000 blo­ques de hormigón de difer­entes alturas, con­for­man­do un laber­in­to gigan­tesco en cuyo pun­to cen­tral se encuen­tra el puesto de infor­ma­ción, donde hay una exposi­ción per­ma­nente acer­ca de las famil­ias que fueron perseguidas por los nazis y una sala donde están todos los nom­bres de las víc­ti­mas (se cal­cu­la que se tar­daría 6 años en leer­los todos, fueron más de seis mil­lones de judíos asesinados).El col­or gris de los blo­ques sim­boliza las cenizas de los judíos incin­er­a­dos en los cam­pos de concentración.El mon­u­men­to ha gen­er­a­do mucha con­tro­ver­sia en Alemania,ya que por ejem­p­lo los gitanos,otro de los pueb­los más masacra­dos por las tropas nazis, con­sid­er­an que han sido total­mente marginados.Y yo has­ta cier­to pun­to les entien­do, pues aunque nadie duda del sufrim­ien­to del pueblo judío en la Segun­da Guer­ra Mundi­al, pare­cen haberse hecho dueños del tér­mi­no “geno­cidio” para ellos solos (se niegan,por ejem­p­lo, a que se denomine geno­cidio al asesina­to de más de un mil­lón de arme­nios o de casi tres mil­lones de cam­boy­anos), dejan­do de lado a otras minorías étni­cas que tam­bién sufrieron lo suyo.Por cierto,si te intere­sa este tema,puedes vis­i­tar tam­bién el Museo Judío (para­da de metro Hallesches Tor), entra­da 5 euros.

Hablan­do de judíos, impre­scindible tam­bién que te acerques a cono­cer la Nue­va Sin­a­goga Cen­trum Judaicum.Una “bet-ha-knes­set” (una sin­a­goga) nun­ca ha sido sólo un lugar para la oración sino que tam­bién han servi­do como cen­tro de reuniones, y debido a la can­ti­dad de judíos que vivían en Berlín, éste era uno de los edi­fi­cios más impor­tantes de toda la ciudad.Tiene influ­en­cias de la arqui­tec­tura islámi­ca y fue tris­te­mente cono­ci­da por ser asalta­da en la céle­bre Noche de los Cristales Rotos, cuan­do tropas de asalto y ciu­dadanos a títu­lo per­son­al arrasaron con var­ios edi­fi­cios sefarditas.Murieron casi un cen­te­nar de judíos en los ataques y fue el prin­ci­pio de la deportación de cien­tos de miles a los cam­pos de con­cen­tración.

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Como no quiero que te quedes con tan mal sabor de boca,vamos a dar­le un poco de ale­gría al via­je acer­cán­donos al Pala­cio de Charlottenburg.Tiene una antigüedad de más de tres sig­los y aunque fue bom­bardea­do en la Segun­da Guer­ra Mundi­al, hoy día luce como uno de los edi­fi­cios de may­or esplen­dor de todo Berlín.Los jar­dines en los que se asien­ta son igual de espec­tac­u­lares que el pala­cio en sí.La entra­da cues­ta 12 euros (lunes cer­ra­do) y la para­da de metro más cer­cana es Richard-Wag­n­er-Platz, en la línea 7.

Es hora de irnos aho­ra a Kur­fürs­ten­damm, o lo que es lo mis­mo, la otra gran aveni­da después de Unter den Liden.Con una lon­gi­tud de casi cua­tro kilómet­ros, se con­vir­tió en la prin­ci­pal calle com­er­cial del Berlin Occi­den­tal y hoy con­tinúa sien­do sede de tien­das, restau­rantes y algunos de los hote­les más reputados.Es aquí donde se encuen­tra la igle­sia Kaiser Wilhelm,construída en época del kaiser Guiller­mo II en hon­or a su abuelo.Esta igle­sia luter­ana fue par­cial­mente destru­i­da durante los bom­bardeos de la guer­ra y así se ha con­ser­va­do, como recorda­to­rio de lo que no debió ocurrir…pero ocurrió.La entra­da es gra­tui­ta y se puede vis­i­tar has­ta las seis de la tarde.

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Resul­ta que mi próx­i­ma recomen­dación iba a ser que vis­i­tarais Tacheles, el que era el emble­ma del Berlín oku­pa, pero he leí­do hace sólo unos días que el gob­ier­no alemán lo ha des­man­te­la­do tras 22 años de exis­ten­cia y planea recon­ver­tir­lo en un cen­tro cultural.La ver­dad es que es una pena; este edi­fi­cio, que se reocupó bajo el slo­gan “los ide­ales están arru­ina­dos, salve­mos la ruina”, acogió durante más de dos décadas un mon­tón de exposi­ciones y con­ta­ba con su pro­pio cine y café(el Zapata).Pero hoy en día aque­l­lo se va a quedar en el recuerdo,asi que debo con­sid­er­arme afor­tu­na­da por haber­lo vis­i­ta­do en su momen­to.

Hablan­do de recuerdos,el mejor sou­venir que puedes lle­var a tus famil­iares y ami­gos es un Ampelmän­nchen (hay de todo, camise­tas, llaveros, imanes, paraguas…es “la mas­co­ta berlinesa”).Le verás en un mon­tón de semá­foros, es el antiguo muñe­quito que se usa­ba en los semá­foros de la Ale­ma­nia del Este y pese a que en un prin­ci­pio se inten­tó eliminarlo,la gente le tenía mucho car­iño y hoy en día es la ima­gen por exce­len­cia de Berlín.

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Seguimos la visita,yéndonos esta vez has­ta la Post­damer Platz, una plaza que fue total­mente arrasa­da en la Segun­da Guer­ra Mundi­al y que hoy bril­la con luz propia.Durante la par­ti­ción, esto fue prac­ti­ca­mente un solar en ruinas por donde nadie deam­bu­la­ba pero con la caí­da del Muro pasó a con­ver­tirse en la viva ima­gen de la Ale­ma­nia del futuro.No hay más que echar un ojo a esta foto que hice des­de el inte­ri­or del Sony Center.Y para los afi­ciona­dos al cine,un apunte:en esta zona, en la plaza Mar­lene Diet­rich, es donde se cel­e­bra todos los años la Berli­nale, el famoso Fes­ti­val de Cine de Berlín.Y aquí tam­bién fue donde Win Wen­ders filmó una de sus mejores pelícu­las, “El cielo sobre Berlín”.

Aho­ra vamos a mi par­que favorito berlinés,el de Tiergarten,donde se lev­an­ta la Colum­na de la Vic­to­ria, de casi 70 met­ros de altura, en la inmen­sa Strasse 17 Juni,en una roton­da donde desem­bo­can las más impor­tantes avenidas de la ciudad.Conmemora las difer­entes vic­to­rias de Pru­sia con­tra otros impe­rios (Dina­mar­ca, Aus­tria, Fran­cia) y los pro­pios france­ses pre­tendieron demol­er­la tras perder Ale­ma­nia la Segun­da Guer­ra Mundi­al, menos mal que se negaron los amer­i­canos; aún así, no pudieron impedir que se lle­varan las pla­cas que record­a­ban sus der­ro­tas en el pasado.Hay que ver estos france­ses qué mal perder tienen.

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El par­que Tier­garten es con­sid­er­a­do el “corazón verde de Berlín” (es el segun­do más grande de la ciu­dad después de Grunewald).Conocido como el Jardín de los Ani­males ya que en época pru­siana esta­ba lleno de cier­vos y jabalíes en un gigan­tesco coto de caza, abar­ca una exten­sión grandísi­ma de más de 200 hec­táreas. Tras los bom­bardeos en Berlín, quedaron en pie sólo 70 árboles de los más de 200.000 que aquí crecían (la gente los taló para poder que­mar la madera y sobre­vivir al invier­no) y la población comen­zó a uti­lizar los ter­renos para la siem­bre de patatas y remolachas.Pero con el paso del tiem­po, y tras la donación de miles de árboles por parte del Ayun­tamien­to (el primero que se plan­tó fue un tilo), el par­que recu­peró su fun­ción como area de recreo y actual­mente es el favorito de las famil­ias ale­m­anas para pasar los fines de semana.Incluso durante bas­tantes años se cele­bró aquí el mundial­mente cono­ci­do Love Parade, el fes­ti­val de músi­ca elec­tróni­ca más impor­tante del mun­do.

Den­tro del par­que desta­ca el Memo­r­i­al Soviéti­co en hom­e­na­je a los caí­dos del Ejérci­to Rojo, con los dos tan­ques T‑34, que fueron los primeros en entrar en Berlín.

Por cierto,si te coin­cide que estás en Berlín en fin de sem­ana, acér­cate al par­que para dis­fru­tar del mer­cadil­lo que se cel­e­bra en la Strasse 17 Juni,el Kun­st- und Trödelmarkt.Yo encon­tré reliquias comu­nistas bas­tante interesantes.De todos modos,en Berlín se orga­ni­zan sem­anal­mente un mon­tón de mer­cadil­los; sobre todo en la Isla de los Museos,hay var­ios los fines de sem­ana.

No quiero ter­mi­nar esta entra­da de Berlín sin recomen­darte que gastes todas las tardes/noches que puedas en otro de los bar­rios más encan­ta­dores de la capital:Kreuzberg.El bar­rio bohemio por exce­len­cia, refu­gio de todo tipo de artis­tas y sede de una impor­tante comu­nidad inmi­grante (sobre todo tur­cos, en el Gor­l­itzer Park es habit­u­al que estén las famil­ias tur­cas hacien­do bar­ba­coas los fines de sem­ana). Tam­bién es intere­sante pasarse allí por el mer­ca­do tur­co, el May­bachufer, te sen­tirás como en las entrañas de Turquía (de hecho,se conoce a Kreuzberg como el Pequeño Estambul).El bar­rio está lleno de restau­rantes ori­en­tales; te acon­se­jo que cenes algu­na noche en el hindú Aap­ka Neukölln y te deci­das por el Tar­ka Dal (sopa de lente­jas rojas,la hacen sabrosísima).Y si te gus­ta el buen rock, te recomien­do entonces que bajes la cena en mis tres clubs favoritos berli­ne­ses: el Ramones Muse­um (que como veis en la foto, es un autén­ti­co museo rockero), el Wild At Heart y el SO36,con concier­tos prac­ti­ca­mente cada noche,la ver­dad que es adic­ti­vo ir allí… .Y es que no hay mejor for­ma de des­pedirse de Berlín que en Kreuzberg, refle­jo de la fusión de cul­turas y nacional­i­dades que hoy en día inun­da la cap­i­tal ger­mana.

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Aquí tenéis el pro­gra­ma que dedicamos a Berlín en nue­stro pro­gra­ma de radio Ruta 61 en Radio Via­jera

 


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