Girona en un fin de semana

Girona

Como organizar un viaje a Girona

En los últi­mos meses, hemos via­ja­do un par de veces a Girona, una ciu­dad pre­ciosa que pese a estar a ape­nas una hora de tren de Barcelona (o pre­cisa­mente por ello), se encuen­tra eclip­sa­da por Barcelona, su her­mana may­or. Sin embar­go, es el con­tra­pun­to per­fec­to para Bar­na: acoge­do­ra, tran­quila y cómo­da para el vis­i­tante ya que se puede ir a todos los sitios andan­do. Así que si no la cono­ces, apún­ta­la en la lista de los des­ti­nos pen­di­entes, ya que voy a darte todos los detalles para exprim­ir Girona en un fin de sem­ana.


📍 Un poco de historia

📜 Época romana: los cimientos de la ciudad

Más de 2000 años. Esa es la edad que tiene a las espal­das la mar­avil­losa ciu­dad por la que estás pase­an­do. La fun­daron los romanos, que se dieron cuen­ta que este era un lugar estratégi­co en muchos aspec­tos para con­stru­ir una de sus muchas ciu­dades-colo­nias. Así nació Gerun­da, allá por el siglo I a.C. Era pequeña pero bien for­ti­fi­ca­da porque ya en aque­l­la época las inva­siones esta­ban a la orden del día. Con­struyeron un cas­trum (una especie de base mil­i­tar) y unas mural­las que, aunque fueron ampli­adas después, siguen en pie. De hecho, las mural­las de Girona son algu­nas de las mejor con­ser­vadas de España. 


⚔️ Visigodos, musulmanes y el ajedrez de la Edad Media

Cuan­do el Impe­rio Romano se vino aba­jo, lle­garon los visigo­dos y tomaron el con­trol. ¿Duró mucho la tran­quil­i­dad? Por supuesto que no. En el siglo VIII los musul­manes entraron a la Penín­su­la y Girona cayó en sus manos. Pero los fran­cos de Car­lo­mag­no no esta­ban por la labor de com­par­tir, así que la recon­quis­taron en el 785. Des­de entonces, Girona pasó a for­mar parte de la Mar­ca His­páni­ca, una especie de zona de seguri­dad crea­da para evi­tar que los musul­manes volvier­an a subir. Fue una época de castil­los, caballeros y espadas en alto. Girona siem­pre ha esta­do muy solic­i­ta­da por inva­sores var­ios. Ha sufri­do has­ta 25 ase­dios a lo largo de su his­to­ria.


🏰 La Edad Media: murallas, judíos y un crecimiento imparable

El siglo XII fue un boom para Girona. Se con­vir­tió en un cen­tro com­er­cial y cul­tur­al impor­tante, y su bar­rio judío, el Call Jueu, llegó a ser uno de los más influyentes de Europa. Aquí vivieron rabi­nos y eru­di­tos que dejaron un lega­do históri­co impre­sio­n­ante. Pero como la his­to­ria nun­ca es solo col­or de rosa, en el siglo XV los Reyes Católi­cos expul­saron a los judíos (aún puedes ver una mezuzá, una pequeña caja con escrit­uras sagradas, en una de las puer­tas de las antiguas casas judías, se cree que es una de las pocas que sobre­vivieron a la expul­sión) y el bar­rio quedó en el olvi­do durante sig­los. Hoy, sin embar­go,  es uno de los lugares más deslum­brantes de Cataluña.


💥 Época moderna: invasiones y resistencia épica

Si Girona tuviera un lema, sería algo como “aquí no se rinde nadie”. En los sig­los XVII y XVIII sufrió ataques y ase­dios con­stantes, sobre todo de los france­ses. Pero el peor fue en 1809, durante las Guer­ras Napoleóni­cas. Las tropas de Napoleón estu­vieron siete meses inten­tan­do tomar la ciu­dad. Los gerun­dens­es aguan­taron lo indeci­ble, aunque al final la fal­ta de comi­da y las enfer­medades les hicieron sucumbir. Pero el espíritu de resisten­cia de la ciu­dad quedó graba­do ya para  la his­to­ria.


🏡 Del siglo XX a la actualidad: guerra, reconstrucción y Juego de Tronos

En el siglo XX, Girona sufrió la Guer­ra Civ­il Españo­la y la dic­tadu­ra fran­quista, como toda España. Pero con la lle­ga­da de la democ­ra­cia, la ciu­dad empezó a renac­er como des­ti­no turís­ti­co y cul­tur­al. La gran explosión turís­ti­ca llegó en 2015, cuan­do Juego de Tronos decidió que Girona era per­fec­ta para rep­re­sen­tar Braavos y Desem­bar­co del Rey. Des­de entonces, ha sido un imán para via­jeros y fans de la serie.

 


🚗 Cómo llegar a Girona 

  • En avión: El aerop­uer­to de Girona-Cos­ta Bra­va es pequeño pero fun­cional. Tam­bién puedes volar a Barcelona y des­de ahí tomar un tren o bus.

    Aeropuerto de Girona-Costa Brava (GRO)

    • Ubi­cación: A 12 km del cen­tro de Girona.
    • Aerolíneas low cost: Ryanair, entre otras, opera vue­los a este aerop­uer­to des­de varias ciu­dades euro­peas.
    • Pre­cio aprox­i­ma­do del vue­lo:
      • Des­de Madrid: 30–70 € (solo ida, depen­di­en­do de la tem­po­ra­da).
    • Trans­porte des­de el aerop­uer­to al cen­tro de Girona:
      • Auto­bús: Línea 607 (aprox­i­mada­mente 2,75 €, 25 min­u­tos).
      • Taxi: 20–25 € (15 min­u­tos).
  • En tren: Des­de Barcelona, el AVE te deja en Girona en unos 40 min­u­tos. Rápi­do, cómo­do y sin estrés.

    Estación de Girona (Renfe)

    • Des­de Barcelona:
      • Trenes de alta veloci­dad (AVE o Avant): 40 min­u­tos, 16–25 € (solo ida).
      • Trenes regionales (Rodalies): 1 hora 20 min­u­tos, 8–12 € (solo ida).
    • Des­de Madrid:
      • AVE: 3 horas 30 min­u­tos, 60–120 € (solo ida, depen­di­en­do de la antelación).
    • Des­de otras ciu­dades:
      • Des­de Valen­cia: 4–5 horas, 40–80 € (solo ida).
      • Des­de Sevil­la: 6–7 horas, 70–130 € (solo ida)

        En coche / autobús

  • Des­de Barcelona: 1 hora 15 min­u­tos (100 km) por la AP‑7. Pea­je aprox­i­ma­do: 10–15 €.
  • Des­de Madrid: 6–7 horas (700 km) por la A‑2 y AP‑2. Pea­je aprox­i­ma­do: 50–70 €.
  • Des­de Valen­cia: 5–6 horas (500 km) por la AP‑7. Pea­je aprox­i­ma­do: 40–60 €.En auto­bús: Opción económi­ca pero más lenta. Sirve si no tienes prisa y quieres dis­fru­tar del paisaje. 
  • Des­de Barcelona:
    • Empre­sas: Sagalés, Moven­tis, FlixBus.
    • Duración: 1 hora 30 min­u­tos.
    • Pre­cio: 10–15 € (solo ida).
  • Des­de Madrid:
    • Empre­sas: ALSA, FlixBus.
    • Duración: 8–9 horas.
    • Pre­cio: 30–50 € (solo ida).
  • Des­de otras ciu­dades:
    • Des­de Valen­cia: 7–8 horas, 35–60 € (solo ida).
    • Des­de Zaragoza: 5–6 horas, 25–40 € (solo ida).

🎭 Qué ver en Girona

🏰 El Barri Vell: el casco antiguo de Girona

El Call de Girona fue uno de los bar­rios judíos más impor­tantes de Europa durante la Edad Media. La comu­nidad judía de Girona flo­re­ció entre los sig­los IX y XV, con­vir­tién­dose en una de las más influyentes de la penín­su­la ibéri­ca. Aquí vivieron rabi­nos y eru­di­tos de renom­bre como Nah­mánides (Ram­ban), un desta­ca­do filó­so­fo y cabal­ista. Sin embar­go, en 1492, con el Edic­to de Expul­sión de los Reyes Católi­cos, la comu­nidad fue forza­da a aban­donar la ciu­dad, ponien­do fin a sig­los de con­viven­cia.

El Call es un déda­lo de calle­jue­las estre­chas, escaleras emp­inadas y pasadi­zos que pare­cen saca­dos de un cuen­to de hadas (o de una pelícu­la de ter­ror, depen­di­en­do de la hora). Si te pierdes, no te pre­ocu­pes, es parte de la expe­ri­en­cia. Den­tro de él desta­ca la Casa Bonas­truc ça Por­ta, que hoy alber­ga el Museo de His­to­ria de los Judíos. Bonas­truc ça Por­ta era un filó­so­fo y médi­co judío del siglo XIII y su casa es un via­je en el tiem­po. 

🏛️Museo de Historia de los Judíos

El Museo de His­to­ria de los Judíos de Girona es un lugar impre­scindible para com­pren­der la his­to­ria y el lega­do de la comu­nidad judía en Cataluña. Ubi­ca­do en el corazón del Call Jueu, uno de los bar­rios judíos mejor con­ser­va­dos de Europa, este museo per­mite sumer­girse en la vida, tradi­ciones y per­se­cu­ciones que mar­caron la pres­en­cia judía en Girona durante sig­los.

📍 Ubi­cación, horar­ios y pre­cio

El museo se encuen­tra en la Car­rer de la Força, 8, en pleno cas­co antiguo de Girona. Está abier­to todos los días y abre de 10:00 a 18:00 (en ver­a­no cier­ra una hora más tarde). La entra­da cues­ta 4 euros.

El museo ocu­pa el antiguo edi­fi­cio de la sin­a­goga y la escuela rabíni­ca, lo que lo con­vierte en un espa­cio de gran val­or históri­co y sim­bóli­co.

El recor­ri­do del museo está divi­di­do en varias salas temáti­cas que expli­can la vida cotid­i­ana, la cul­tura y la heren­cia de la comu­nidad judía en Girona:

📜 Orí­genes y asen­tamien­to: Des­cubre cómo la comu­nidad judía se estable­ció en Girona y su evolu­ción a lo largo de los sig­los.

🕍 Vida reli­giosa y cul­tur­al: Se exhiben obje­tos litúr­gi­cos, doc­u­men­tos y man­u­scritos que refle­jan la riqueza int­elec­tu­al de la comu­nidad.

🗿 Láp­i­das hebreas medievales: Una de las colec­ciones más impre­sio­n­antes del museo, con inscrip­ciones que dan tes­ti­mo­nio de la vida de los judíos en la ciu­dad.

📖 El lega­do de Nah­mánides: Una sala ded­i­ca­da a este influyente rabi­no y su impacto en la filosofía y la cábala.

⚖️ Per­se­cu­ción y expul­sión: Relatos sobre las difi­cul­tades que enfrentaron los judíos, des­de la dis­crim­i­nación has­ta su expul­sión defin­i­ti­va en 1492.

🌿 Patio de la Estrel­la: Un her­moso espa­cio que forma­ba parte de la sin­a­goga, ide­al para reflex­ionar sobre la his­to­ria que encier­ra este lugar.

En el corazón del Call esta­ba la sin­a­goga, que después de la expul­sión de los judíos se con­vir­tió en una igle­sia (sí, los cris­tianos medievales tenían un gus­to espe­cial por reci­clar edi­fi­cios). Hoy, si bus­cas bien, puedes encon­trar los restos de la mikve, el baño rit­u­al judío. Imagí­nate a la gente de la época yen­do allí para purifi­carse: un spa medieval. Aunque aho­ra parez­ca pequeño, el Call era mucho más grande. Con el paso del tiem­po, muchas casas y pasadi­zos quedaron enter­ra­dos o inte­gra­dos en edi­fi­cios pos­te­ri­ores. Quién sabe, quizá alguien esté vivien­do enci­ma de una sin­a­goga sin saber­lo.

¿Sabías que…?

Si miras bien, en algu­nas casas del Call verás sím­bo­los que pare­cen estrel­las de David. No siem­pre son judíos; a veces son mar­cas de can­teros.

Se dice que en el Call hay un pasadi­zo secre­to que conecta­ba las casas de los judíos más ricos con la sin­a­goga. 

En la Edad Media que las calles fuer­an tan emp­inadas tenía un propósi­to: difi­cul­tar la entra­da a posi­bles ata­cantes. Hoy en día, es ide­al para jus­ti­ficar el segun­do desayuno después de la cam­i­na­ta.

🌉 Los puentes sobre el río Onyar

Si esta ciu­dad tuviera una tar­je­ta de pre­sentación, sin duda serían sus puentes sobre el río Onyar.

Puente de Piedra: Cono­ci­do tam­bién como Puente de Isabel II. Es el más tradi­cional y sóli­do, hecho de piedra, como su nom­bre indi­ca (porque en el siglo XIX no se and­a­ban con metá­foras). Ofrece unas de las mejores vis­tas de las casas de col­ores del Onyar, que pare­cen sacadas de un cuadro.

El Puente de las Peix­e­ter­ies Velles (Puente Eif­fel): Sí, su estruc­tura de hier­ro rojo te recor­dará a un lugar muy famoso y con razón: fue dis­eña­do en 1877 por la empre­sa del mis­mísi­mo Gus­tave Eif­fel, el de la torre parisi­na. Es uno de los más fotografi­a­dos porque com­bi­na el esti­lo indus­tri­al con las vis­tas más pin­torescas del cas­co antiguo. Su nom­bre viene de las pescaderías que esta­ban cer­ca en la época medieval.

Puente de Sant Feliu: Jus­to al lado de la igle­sia de Sant Feliu y la cat­e­dral. Allí hal­lam­os a la Leona de Girona, cuya estat­ua está en una esquina. La tradi­ción dice que si besas su trasero, volverás a Girona.

🏰 Las casas de colores

Las casas de col­ores se alin­ean a lo largo del Río Onyar, que divide la parte antigua de Girona de la parte más mod­er­na. Estas casas, con­stru­idas entre los sig­los XVII y XIX, son famosas por sus fachadas pin­tadas en tonos bril­lantes: rojos, amar­il­los, azules, naran­jas, n arcoíris arqui­tec­tóni­co. En la época, no había reglas estric­tas sobre el col­or de las fachadas, así que cada famil­ia elegía el tono que más le gusta­ba (o el que tenía a mano). El resul­ta­do es este mosaico de col­ores que hoy es una de las postales más recono­ci­bles de Girona. Muchas de estas casas son increíble­mente estre­chas pero muy altas. Esto se debe a que, en la época, los impuestos se cal­cu­la­ban según el ancho de la facha­da. Así que, ¿para qué pagar más si podías con­stru­ir hacia arri­ba?

De todas las casas de col­ores, hay una que desta­ca por su his­to­ria: la Casa Masó. Esta fue la casa natal del arqui­tec­to Rafael Masó, uno de los máx­i­mos rep­re­sen­tantes del mod­ernismo catalán en Girona. Hoy es un museo que puedes vis­i­tar para ver cómo era la vida en una de estas casas a prin­ci­p­ios del siglo XX. La facha­da de Casa Masó es blan­ca, no de col­ores. Esto se debe a que Masó quería man­ten­er la tradi­ción de las casas nobles, que solían ser blan­cas. ¡Un rebelde con causa!

💒 La Catedral

Esta joya arqui­tec­tóni­ca es una mez­cla de esti­los:  empezaron con el románi­co pero luego con­tin­uaron con el góti­co y final­mente remataron con un toque bar­ro­co en la facha­da. El resul­ta­do: una de las naves góti­cas más anchas del mun­do (23 met­ros, casi como un cam­po de fút­bol). Den­tro, el ambi­ente es solemne, con vidri­eras que jue­gan con los rayos de luz y un claus­tro románi­co. Den­tro de la cat­e­dral se guar­da el Tapiz de la Creación, un bor­da­do medieval del siglo XI que es una especie de cómic de cómo se creó el mun­do. Es tan impre­sio­n­ante que parece más un lien­zo pin­ta­do que un bor­da­do. Y sor­pre­sa ¡aún no está acaba­do! Sí, lle­va mil años en pro­ce­so, superan­do inclu­so los retra­sos de la Sagra­da Famil­ia.

En una de las gár­go­las de la cat­e­dral hay una figu­ra curiosa: una bru­ja trans­for­ma­da en piedra. La leyen­da dice que era una mujer que se burla­ba de los reli­giosos y lan­z­a­ba maldiciones. Como cas­ti­go divi­no, la con­virtieron en piedra y aho­ra, ironías de la vida, su boca sigue abier­ta… pero solo para escu­pir agua cuan­do llueve.

🎬 Cuando Girona se convirtió en Desembarco del Rey (y Braavos)

Si en 2015 paseabas por Girona y te topaste con caballeros medievales, mendi­gos hara­pi­en­tos y algún que otro Lan­nis­ter, no estabas soñan­do. Juego de Tronos había deci­di­do que las calle­jue­las y mon­u­men­tos de esta joya cata­lana eran el esce­nario per­fec­to para su sex­ta tem­po­ra­da.

Los pro­duc­tores de la serie bus­ca­ban una ciu­dad con un aire medieval bien con­ser­va­do y Girona lev­an­tó la mano. Así, en sep­tiem­bre de 2015, desem­bar­có un ejérci­to de cámaras, téc­ni­cos, extras y algún que otro dragón dig­i­tal para trans­for­mar Girona en var­ios lugares clave de Poniente y más allá.

Si hay una esce­na que todo fan de Juego de Tronos recuer­da, es la de Cer­sei Lan­nis­ter subi­en­do la escali­na­ta de la cat­e­dral con cara de “voy a que­mar­lo todo”. Girona prestó su majes­tu­osa escali­na­ta para rep­re­sen­tar el Gran Sep­to de Baelor (antes de que lo hicier­an volar por los aires, claro).

Cuan­do Arya Stark decide que quiere aban­donar su “car­rera de cie­ga” en Braavos y retomar su fac­eta de asesina sin ros­tro, lo hace cor­rien­do por las calles estre­chas y som­brías del bar­rio judío de Girona. En la míti­ca per­se­cu­ción entre Arya y la Niña Aban­don­a­da, Girona se con­vir­tió en un laber­in­to de piedra por donde Maisie Williams tuvo que esprint­ar más que un corre­dor de maratón. Cuen­tan que, en los des­can­sos, Maisie se rela­ja­ba char­lan­do con los extras y sacán­dose fotos con los afor­tu­na­dos que logra­ban colarse en el roda­je. 

Si Arya tenía que huir a toda veloci­dad, era lógi­co que nece­si­tara un puente para cruzar y despis­tar a su perseguido­ra. Para eso, usaron el Pont de Gal­li­gants, una pasarela de piedra per­fec­ta para una esce­na de acción. Tam­bién los Baños Árabes de Girona hicieron su apari­ción, sirvien­do como uno de los escon­dites de Arya en su lucha por no ser apuñal­a­da (spoil­er: la apuñalaron igual pero sobre­vivió porque es Arya y Arya lo puede todo).

La igle­sia de Sant Pere de Gal­li­gants se uti­lizó tan­to para inte­ri­ores del Gran Sep­to como para la Ciu­dadela de Antigua, donde Samwell Tar­ly lle­ga con cara de “por fin me libro del frío del Muro”. Aquí es donde se encuen­tra con la gigan­tesca bib­liote­ca que parece saca­da de los sueños húme­dos de cualquier amante de los libros.

Rodar en Girona no fue solo colo­car cámaras y dejar que los actores hicier­an su magia. Hubo his­to­rias de lo más curiosas:

  • Cien­tos de locales se con­virtieron en extras. Algunos se lo tomaron tan en serio que después se pasea­ban por la ciu­dad con cara de “yo estuve en Desem­bar­co del Rey”.
  • El roda­je fue un abso­lu­to secre­to. Pero claro, cuan­do empiezas a ver gente dis­fraza­da de medieval y car­ros de madera por la ciu­dad, el secretismo se va al garete.
  • El “boom” turís­ti­co. Des­de que se emi­tieron los episo­dios, los tours de Juego de Tronos en Girona se dis­pararon. Aho­ra es común ver a guías con fotos de la serie en la mano, seña­lan­do que “aquí Arya casi muere” o “aquí Cer­sei plane­a­ba ven­garse del mun­do”.

Hoy en día, la ciu­dad sigue aprovechan­do su fama tele­vi­si­va. Hay rutas especí­fi­cas para recor­rer los esce­nar­ios de la serie, bares que han saca­do bebidas temáti­cas (sí, puedes tomarte un cóc­tel Fuego Valyrio) y tien­das con mer­chan­dis­ing para que te sien­tas como un ver­dadero Lan­nis­ter o Stark. Así que ya sabes, si vis­i­tas Girona, recuer­da que no solo es una ciu­dad pre­ciosa con sig­los de his­to­ria sino que tam­bién fue esce­nario de una de las series más extra­or­di­nar­ias de la tele­visión.

🕌 Los Baños Árabes 

Estos baños se con­struyeron en el siglo XII cuan­do la ciu­dad era parte del reino musul­mán de la zona. Así que en su época, Girona era como una especie de cen­tro de bien­es­tar árabe.  Cuan­do entras, parece que el tiem­po se detiene. Los baños están inspi­ra­dos en los romanos: tienes la sala de agua caliente (cal­dar­i­um), la sala de agua fría (frigi­dar­i­um) y las salas inter­me­dias para que el cuer­po notara tan­to  el cam­bio de tem­per­atu­ra. Las colum­nas de piedra, los arcos, el techo abovedado…es todo un via­je en el tiem­po.

🏰 Las Murallas de Girona

Las mural­las de Girona son como ese abue­lo que tiene mil his­to­rias que con­tar. Comen­zaron su vida en la época romana, allá por el siglo I a.C., cuan­do la ciu­dad se llam­a­ba Gerun­da. Los romanos, que eran unos cracks de la inge­niería, con­struyeron la primera mural­la para pro­te­ger su nue­vo asen­tamien­to. Pero como todo en la vida, las mural­las fueron evolu­cio­nan­do. Durante la Edad Media, entre los sig­los IX y XIV, Girona cre­ció y las mural­las tam­bién. Se ampli­aron, se reforzaron y se llenaron de tor­res y alme­nas. ¿Por qué? Pues porque la ciu­dad era un pun­to estratégi­co en el mapa y todo el mun­do quería quedársela. Des­de inva­siones musul­manas has­ta guer­ras feu­dales, las mural­las aguan­taron lo que les quisieron echar enci­ma.

 

Hoy en día, las mural­las son uno de los grandes atrac­tivos de Girona. No solo por su his­to­ria, sino porque ofre­cen un paseo úni­co con vis­tas que te dejan boquia­bier­to. Tres pun­tos clave:

  1. El Pas­seig de la Mural­la: Este es el nom­bre del recor­ri­do que puedes hac­er por lo alto de las mural­las. Son unos dos kilómet­ros de paseo, con escaleras, tor­res y miradores. 
  2. Vis­tas panorámi­cas: Des­de las mural­las, puedes ver toda la ciu­dad: la cat­e­dral de Girona, el río Onyar con sus casas de col­ores y has­ta las mon­tañas de fon­do. Las fotos aquí son oblig­a­to­rias.
  3. Tor­res y alme­nas: Las mural­las no son un sim­ple muro. Tienen tor­res defen­si­vas, alme­nas (esos hue­cos en lo alto donde los sol­da­dos se escondían) y pasil­los y recov­ecos.

Con el tiem­po, las mural­las perdieron su fun­ción defen­si­va. Las guer­ras cam­biaron, la artillería se volvió más potente, y las mural­las ya no eran tan útiles. Algu­nas partes se der­rib­aron, otras se inte­graron en la ciu­dad y así quedaron como un recuer­do del pasa­do. En el siglo XIX las mural­las fueron restau­radas y con­ver­tidas en un atrac­ti­vo turís­ti­co. Hoy son un sím­bo­lo de Girona y un lugar per­fec­to para pasear, apren­der y dis­fru­tar.

🏠 La plaza de la Independencia 

La Plaza de la Inde­pen­den­cia de Girona es uno de los lugares más emblemáti­cos y vibrantes del cas­co antiguo de la ciu­dad. Ubi­ca­da en pleno cen­tro, esta plaza se ha con­ver­tido en el corazón de Girona, donde con­ver­gen his­to­ria, cul­tura y vida cotid­i­ana de los locales.

La plaza surgió como respues­ta a las trans­for­ma­ciones urbanís­ti­cas del siglo XIX, un peri­o­do en el que la ciu­dad bus­ca­ba mod­ern­izarse sin perder su esen­cia históri­ca. Con el tiem­po, se con­solidó como un espa­cio de encuen­tro para la ciu­dadanía y como esce­nario de impor­tantes acon­tec­imien­tos sociales y cul­tur­ales. Su nom­bre, “de la Inde­pen­den­cia”, evo­ca un espíritu de lib­er­tad y reivin­di­cación, refle­jan­do momen­tos cru­ciales en la his­to­ria local.

La Plaza de la Inde­pen­den­cia desta­ca por su estéti­ca cuida­da y su ambi­ente rela­ja­do. Los edi­fi­cios que la flan­quean com­bi­nan esti­los clási­cos con toques mod­er­nos, lo que le con­fiere un encan­to úni­co y una armonía visu­al que enam­o­ra des­de el primer min­u­to. La dis­posi­ción abier­ta y el dis­eño de la plaza invi­tan a pasear, sen­tarse a dis­fru­tar de un café o sim­ple­mente con­tem­plar el ir y venir de la gente.

🛍️ Mercat del Lleó

El Mer­cat del Lleó es el mer­ca­do munic­i­pal más impor­tante de Girona y un autén­ti­co paraí­so para los amantes de la gas­tronomía. Está en pleno cen­tro, por lo que te darás de bruces con él de un modo u otro.

📍 Ubi­cación y Horar­ios

El Mer­cat del Lleó se encuen­tra en la Plaça Cal­vet i Rubal­ca­ba, a pocos min­u­tos de la Plaça de la Inde­pendèn­cia. Su horario habit­u­al es de lunes a sába­do de 08:00 a 14:00.

El mer­ca­do actu­al abrió sus puer­tas en 1944, aunque ya existía des­de finales del siglo XIX en otra ubi­cación. Recibe su nom­bre por la escul­tura de un león que había en una antigua fuente cer­cana. Des­de su inau­gu­ración, ha sido un pun­to de ref­er­en­cia para los gerun­dens­es, fun­cio­nan­do como el corazón com­er­cial y gas­tronómi­co de la ciu­dad. Cuen­ta con más de 60 puestos en los que podrás encon­trar:

🥩 Carnes y embu­ti­dos: Pro­duc­tos de primera cal­i­dad, incluyen­do la famosa buti­far­ra de per­ol, el fuet y el jamón ibéri­co.

🐟 Pesca­dos y mariscos: Direc­tos de la Cos­ta Bra­va, con una ofer­ta que incluye gam­bas de Palamós, anchoas de L’Escala y bacalao sal­a­do.

🍏 Fru­tas y ver­duras: Fres­cas y de prox­im­i­dad, muchas de ellas proce­dentes de agricul­tores locales de la comar­ca del Gironès.

🧀 Que­sos y lácteos: Gran var­iedad de que­sos arte­sanos, des­de los suaves y cre­mosos has­ta los cura­dos más inten­sos.

🥖 Pan y repostería: Panes tradi­cionales coci­dos en horno de leña y dul­ces típi­cos como los xuixos de cre­ma.

🍷 Vinos y licores: Espe­cial­mente los de la Denom­i­nación de Ori­gen Empordà.

🌿 Espe­cias y pro­duc­tos gourmet: Des­de aceite de oli­va vir­gen extra has­ta miel arte­sanal y setas de tem­po­ra­da.

Además de los puestos tradi­cionales, en el mer­ca­do hay espa­cios de degustación y pequeños bares donde puedes pro­bar pro­duc­tos fres­cos coci­na­dos al momen­to. Es un sitio per­fec­to para tomar unas tapas o desayu­nar. El mer­ca­do tam­bién orga­ni­za activi­dades gas­tronómi­cas, como degusta­ciones, show cook­ings y ferias de pro­duc­tos locales, sobre todo en épocas espe­ciales como Navi­dad o Sem­ana San­ta.


🍽️ Platos típicos

Escud­el­la i Carn d’Olla

Imag­i­na un pla­to que ha ali­men­ta­do a gen­era­ciones de gerun­dens­es. La escud­el­la es una sopa con­tun­dente, típi­ca de invier­no, que incluye gar­ban­zos, ver­duras y una pilota (una albóndi­ga gigante de carne). Pero el ver­dadero pro­tag­o­nista es el carn d’olla, un guiso de carne que se sirve aparte. Es como abrazar a tu abuela cata­lana en for­ma de comi­da.

Suquet de Peix

Orig­i­nario de la Cos­ta Bra­va, este guiso de pesca­do es un him­no al mar. Lle­va patatas, ajo, ñora (un tipo de pimien­to seco) y, por supuesto, pesca­do de roca: rape, gal­lo o lubi­na. El secre­to está en el all-i-oli que se añade al final. Per­fec­to para recu­per­ar fuerzas después de un día de playa.

Boti­far­ra amb Mon­getes

La boti­far­ra amb mon­getes es uno de los platos más rep­re­sen­ta­tivos y queridísi­mos de la gas­tronomía cata­lana. Esta rec­eta, sen­cil­la pero car­ga­da de sabor, com­bi­na la exquisi­ta botifarra—una salchicha de carne de cer­do condi­men­ta­da con hier­bas y espe­cias locales—con mon­getes, unas alu­bias blan­cas tier­nas que se coci­nan lenta­mente has­ta alcan­zar una tex­tu­ra cre­mosa. Servi­do caliente, este pla­to suele acom­pañarse de un buen tro­zo de pan rús­ti­co, ide­al para mojar en la sal­sa resul­tante de la coc­ción. Es fre­cuente encon­trar dicho pla­to en fes­ti­vales, reuniones famil­iares y en los menús de los restau­rantes locales, que bus­can man­ten­er viva la tradi­ción culi­nar­ia de la región.

Can­nel­loni de San Este­ban

No, no son los canelones ital­ianos. En Girona, este pla­to se come tradi­cional­mente el 26 de diciem­bre (San Este­ban). Los canelones se rel­lenan con restos del pol­lo o cer­do de Navi­dad, se grati­nan con bechamel y que­so y son una deli­cia que jus­ti­fi­ca quedarse con un poco de ham­bre el día 25.

Ratafía

Más que un licor, la ratafía es un sím­bo­lo cul­tur­al. Se elab­o­ra maceran­do nue­ces verdes, hier­bas y espe­cias en aguar­di­ente. Cada casa tiene su rec­eta sec­re­ta, y se sirve como diges­ti­vo o para brindar en fies­tas locales. Ide­al para los curiosos del sabor.

Xuixos

¡Aten­ción, amantes del azú­car! Los xuixos son una de las joyas de la repostería de Girona, un dulce que ha con­quis­ta­do pal­adares y se ha con­ver­tido en un sím­bo­lo de la iden­ti­dad culi­nar­ia cata­lana. Con su masa cru­jiente y su rel­leno de cre­ma pastel­era, este postre es mucho más que un sim­ple dulce: es una ver­dadera expe­ri­en­cia gas­tronómi­ca. En Girona, los xuixos se pueden encon­trar en numerosas pastel­erías y cafeterías, donde se han con­ver­tido en un impre­scindible para desayunos,ymeriendas.

🌸Festival de las Flores de Girona

El Fes­ti­val de las Flo­res de Girona es una de las cel­e­bra­ciones más vibrantes y esper­adas de la ciu­dad, donde la pasión por la nat­u­raleza y el arte se unen para trans­for­mar las calles y plazas en un ver­dadero espec­tácu­lo flo­ral. Cada año, Girona se viste de col­or y fra­gan­cia para dar la bien­veni­da a este even­to, que rinde hom­e­na­je a la belleza de la flo­ra y a la cre­ativi­dad de sus habi­tantes. Durante el fes­ti­val, la ciu­dad se con­vierte en un jardín viviente, donde cada rincón mues­tra arreg­los flo­rales y escul­turas nat­u­rales que cuen­tan his­to­rias de tradi­ción y cuida­do por el medio ambi­ente.

El fes­ti­val tiene sus raíces en la tradi­ción hortí­co­la local y en el deseo de la comu­nidad por embel­le­cer el espa­cio urbano. Con el paso de los años, lo que comen­zó como una ini­cia­ti­va mod­es­ta se ha trans­for­ma­do en un even­to emblemáti­co, impul­sa­do por el ayun­tamien­to y diver­sas aso­cia­ciones cul­tur­ales. La ini­cia­ti­va no solo cel­e­bra la diver­si­dad de las plan­tas y flo­res autóc­tonas sino que tam­bién pro­mueve el com­pro­miso con la sosteni­bil­i­dad y el respeto por la nat­u­raleza.

 

Unos cuan­tos apuntes mas… 

¿Sabías que la Plaça dels Raïms (la Plaza de las Uvas) es la más pequeña de Europa, con sólo 24 met­ros cuadra­dos de super­fi­cie? 

Aprovecha para hac­er un alto en el Jardín de los Ale­manes. Sus senderos arbo­la­dos abrazan un oasis de cal­ma en una ciu­dad de por sí bas­tante tran­quila.

Girona cuen­ta con su pro­pio Museo del Cine. Se encuen­tra en Car­rer de la Sèquia 1, la entra­da cues­ta siete euros y aunque es pequeñi­to, su exposi­ción es alta­mente intere­sante: cámaras, proyec­tores y otros equipos que han mar­ca­do la evolu­ción del cine, guiones, fotografías y doc­u­men­tos que nar­ran his­to­rias fasci­nantes de la indus­tria ciné­fi­la. Una de las sec­ciones más pop­u­lares es aque­l­la ded­i­ca­da a la post­pro­duc­ción, donde los vis­i­tantes pueden exper­i­men­tar con her­ramien­tas de edi­ción dig­i­tal, recre­an­do la magia del mon­ta­je y los efec­tos espe­ciales. Además de su colec­ción per­ma­nente, el museo acoge exposi­ciones tem­po­rales que abor­dan temas especí­fi­cos, como la ani­mación, el cine exper­i­men­tal o la evolu­ción de los efec­tos visuales, man­te­nien­do siem­pre fres­ca su ofer­ta cul­tur­al.


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1 Comment

  1. Hey que bueno! Me encan­taría regre­sar algún día a Girona. Anduve, jus­ta­mente, en febrero de 2015 cuan­do explotó allí la his­to­ria por Juego de Tronos. Me gustó la ciu­dad.

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