Viaje a Atenas, la cuna de la civilización

Pocas ciu­dades en el mun­do tan mal­tratadas como Atenas.Quizás actual­mente todavía más,fiel a su tradi­ción de pueblo sufri­do y sufridor (ahí teníamos a los espartanos).Son tiem­pos difí­ciles para los grie­gos, ellos, que fueron el cen­tro del mundo.Tal vez por ello aho­ra sea el momen­to idó­neo para que pas­es unos días en la cap­i­tal grie­ga y entre todos pong­amos nue­stro gran­i­to de are­na para lev­an­tar un poco su mal­trecha economía… ellos,que tan­to depen­den del tur­is­mo… Que no es que en España este­mos para tirar cohetes, des­de luego, pero cuan­do vuelves de Ate­nas habi­en­do vis­to cómo les han roba­do casi todo su pat­ri­mo­nio arque­ológi­co y aho­ra están hacien­do lo mis­mo con sus arcas del Esta­do, entien­des que aho­ra más que nun­ca Gre­cia nece­si­ta vis­i­tantes. Asi que apún­tatela como próx­i­mo des­ti­no en la agen­da.

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Aproveché para pasar unos días en Ate­nas ya que en uno de mis incon­ta­bles via­jes a Ale­ma­nia, me dí cuen­ta de que había bajo coste con Easy­jet des­de allí y una de mis asig­nat­uras pen­di­entes era vis­i­tar el Partenón. Además, me motiva­ba que fuera invier­no para pre­cisa­mente no encon­trarme la Acrópo­lis ati­bor­ra­da de tur­is­tas (mis padres estu­vieron años después y me con­taron que aque­l­lo en ver­a­no es hor­ro­roso de la gente que hay). Y qué queréis que os diga,me encan­ta dis­fru­tar de las ciu­dades en invier­no, cuan­do lle­van su rit­mo de vida nor­mal y son mucho más autén­ti­cas.

Cuan­do lleg­amos al aerop­uer­to Eleft­he­rios Venize­los, teníamos inten­ción de haber ido has­ta el cen­tro en metro pero resultó que esta­ban de huel­ga. Vaya casu­al­i­dad. El caso es que luego, char­lote­an­do con los grie­gos, nos con­ta­ban que en Gre­cia al lev­an­tarse lo primero que hay que hac­er es pon­er la radio para saber qué huel­ga te toca ese día. Lo que dice mucho de lo poco con­tenta que está la población con sus diri­gentes. En cualquier caso, cuan­do ater­rices, si el metro fun­ciona con nor­mal­i­dad, la línea 3 te lle­va has­ta al cen­tro (si no recuer­do mal, unos 6 euros el bil­lete). Tam­bién tienes la opción de los autobuses,que fun­cio­nan las 24 horas y el bil­lete cues­ta 3,20. El más solic­i­ta­do suele ser el X95, que deja en la Plaza Syn­tag­ma, pero tam­bién tienes el X94, que te lle­va a Eth­ni­ki Amy­na, y el X96, que te deja en el Pireo, des­de donde salen los fer­ries a las islas. Nosotros las islas las desechamos por ser invier­no y porque en esta ocasión sólo teníamos unos cuan­tos días para una escapa­da.

El caso es que com­par­ti­mos taxi con un chaval ital­iano que tam­bién iba para el cen­tro y menos mal,que si no la bro­ma te sale por cer­ca de 30 euros .Nos quedamos en el Dori­an Inn , un tres estrel­las muy cerqui­ta de la Plaza Omo­nia. Bas­tante majo, nos costó por aquel entonces hace siete años 30 euros la doble con desayuno. El baño un poco viejo (ya íbamos avisa­dos de que en los WCs ate­niens­es mejor no echar ni papel ya que las tuberías grie­gas se encuen­tran en muy mal esta­do y los atas­cos son con­tin­u­os) pero a cam­bio com­pens­a­ba que el buf­fet del desayuno era abun­dante y vari­a­do. El úni­co pero es que la primera noche nos tocó lla­mar a recep­ción porque había un via­je de estu­di­antes búl­gar­os y esta­ban mon­tan­do un pifos­tio en los pasil­los de tres pares de narices. Por cierto,aviso de que lle­gar a la Plaza Omo­nia por la noche,cuanto menos impresiona.En cuan­to se va la luz del día, aque­l­lo se llena de dro­ga­dic­tos (es increíble la can­ti­dad de junkies que quedan en Gre­cia), pros­ti­tu­tas, chap­er­os, camel­los y gen­tuza que va a hac­er allí sus trapicheos. Menudo recibimien­to tuvimos.La ver­dad es que me llamó la aten­ción porque es uno de los primeros sitios que ves cuan­do lle­gas a la ciu­dad y se te cae el alma a los pies.Pero bueno,también es cier­to que si te alo­jas cer­ca, con irte a cenar a tres o cua­tro calles de esa zona prob­le­ma resuel­to. Aún así,bastante pena da ver ese panora­ma (suma­do a que Omo­nia está lleno de per­ros abandonados,ya para rematar). Muy a mi pesar,tengo que recono­cer que lo que se cuece por Omo­nia es un poco rep­re­sen­ta­ti­vo de para lo que ha queda­do Ate­nas con el paso de los años:una ciu­dad sucia de trá­fi­co infer­nal con pocos atrac­tivos turís­ti­cos (esto últi­mo no es cul­pa suya sino de los país­es que les han expoliado).Con esto no quiero quitarte las ganas de que ven­gas pero quiero que ten­gas en cuen­ta que del esplen­dor que goz­a­ban hace dos mile­nios ya que­da muy poco.

Vamos a empezar el recor­ri­do de la cap­i­tal grie­ga por una de las calles más con­cur­ri­das y con más vida de la ciu­dad: la calle Athi­nas. Te recomien­do que te lev­antes pron­to y te pas­es por el Mer­ca­do Cen­tral (Ken­tri­ki Ago­ra) a primeras horas de la mañana; el ambi­ente es muy pare­ci­do al de los españoles aunque aquí es más habit­u­al ten­er la carne tira­da de cualquier man­era pero los gri­tos y el vocerío es algo que ten­emos en común ambos país­es. Por den­tro es super bonito,ya que lo acoge un edi­fi­cio neo­clási­co con enormes vidri­eras en el techo. Dentro,cientos de tien­das donde podrás aprovechar para traerte algunos pro­duc­tos para España (ellos mis­mos te envasan al vacío el que­so feta para que lo puedas meter en la male­ta sin prob­le­mas). Recuer­da que sue­len cer­rar para com­er a mediodía, pese a que abren a las 07:00 (domin­gos cer­ra­do). Pero insis­to en que cuan­do más ambi­ente hay es por la mañana tem­pra­no. En la parte de aba­jo tienen restau­rantes de comi­da tipi­ca­mente grie­ga (y bara­ta), si optas por com­er aquí. Y no olvides darte una vuelta por los puestos de las espe­cias, que seguro que encuen­tras un mon­tón que aquí son imposi­bles de hac­erse con ellas.

Sigu­ien­do por la mis­ma calle Athi­nas, lleg­amos a la Plaza Kotzia, donde se encuen­tra tam­bién el Ayun­tamien­to, con­struí­do en 1874, el Dimarcheio (hog­ar del pueblo en griego). En su siglo y medio de his­to­ria ha sufri­do un mon­tón de restau­ra­ciones pero den­tro se siguen man­te­nien­do las pin­turas de Gior­gos Gounaropou­los y Fotis Kon­toglou (puedes pasar a ver­lo, la entra­da es gra­tui­ta). Des­gra­ci­ada­mente, el ayun­tamien­to ate­niense ha sido noti­cia los últi­mos meses, cuan­do miles de man­i­fes­tantes inten­taron asaltar­lo debido a la cri­sis económi­ca que sufre el país. Y es que habi­en­do esta­do en Ate­nas, sobrecogía ver después por tele­visión las imá­genes de la ciu­dad en lla­mas. Lo curioso es que cuan­do fuimos a vis­i­tar esta zona, nos encon­tramos con una man­i­festación de agricul­tores. Así que cuan­do pre­gun­ta­mos y nos expli­caron lo que reivin­di­ca­ban, decidi­mos unirnos a ellos. Lo mío es encon­trarme con situa­ciones atípi­cas siem­pre que via­jo. Estu­vi­mos un rato has­ta que vimos que la cosa empez­a­ba a pon­erse fea, que no veáis cómo se las gas­tan los policías grie­gos.

Esta­mos ya en la pre­ciosa Plaza Mona­s­ti­ra­ki. No sólo es de las más boni­tas de Ate­nas, tam­bién de las más bul­li­ciosas. La pre­side la Mezqui­ta Tzis­darakis, con­stru­i­da por los tur­cos en 1759 (antigua­mente se conocía como Mezqui­ta del Bazar) y se llegó inclu­so a usar como prisión. Actual­mente, alber­ga el Museo del Arte Pop­u­lar Griego (Kyri­zopou­los), tras haber sido restau­ra­da después de los daños oca­sion­a­dos por el ter­re­mo­to de 1981.

Plaza Monastiraki

Si has venido has­ta Mona­s­ti­ra­ki en metro, ya te habrás dado cuen­ta de que más que un metro es un museo. En muchas esta­ciones (Mona­s­ti­ra­ki incluí­da) se expo­nen los difer­entes restos arque­ológi­cos que se han ido hal­lan­do en el sub­sue­lo según se con­struían los túne­les.

Mona­s­ti­ra­ki era el antiguo bar­rio tur­co y hoy en día es una de las zonas más com­er­ciales de todo Ate­nas. La calle Ifestou está pla­ga­da de tien­das de todo tipo, des­de sou­venirs a ropa de segun­da mano, músi­ca, libros… aquí todo se com­pra y se vende, rega­teo de por medio. Además, en la plaza Abisinia se insta­la cada domin­go un mer­cadil­lo, el Pazari (el Mer­ca­do de las Pul­gas), donde puedes encon­trar abso­lu­ta­mente de todo, así que inten­ta que te coin­ci­da. En la calle Pan­drossou tam­bién hay un mon­tón de tien­das interesantes,sobre todo de antigüedades.En la zona de Mona­s­ti­ra­ki te puedes tirar horas y horas bus­can­do chol­los.

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Nos vamos ya al pre­cioso bar­rio de Pla­ka. Des­de aquí se sube al pequeño vecin­dario de Anafi­oti­ka. Parece men­ti­ra que un lugar tan pin­toresco y tan rep­re­sen­ta­ti­vo de la Gre­cia mediter­ránea pue­da encon­trarse enclaustra­do en el corazón de una ciu­dad tan caóti­ca y con­t­a­m­i­na­da pero así es, para deleite de locales y vis­i­tantes. Esta es la parte más antigua de Ate­nas y además el pun­to de entra­da a la Acrópo­lis, ya que hay que ascen­der sus emp­inadas escaleras para lle­gar has­ta el Olimpo de los Dios­es. Aunque parez­ca difí­cil de creer vien­do esas pre­ciosas escaleras empe­dradas, esas taber­nas hele­nas, este área era antes el bar­rio rojo de la ciu­dad. Sin embar­go, en los años 70 el gob­ier­no se dio cuen­ta del poten­cial turís­ti­co de Pla­ka y Anafi­oti­ka y´“limpió” toda la zona, con­vir­tién­do­lo en en un lugar encan­ta­dor para perder­se entre sus calle­jue­las. Es cier­to que actual­mente, entre todas esas casitas bajas, se amon­to­nan los restau­rantes y las tien­das de sou­venirs. Pero al mis­mo tiem­po el bar­rio se encuen­tra inun­da­do de músi­cos calle­jeros y puestos de flo­res, con­sigu­ien­do que Pla­ka aún man­ten­ga su aire bohemio.

De todos modos,no descartes echarle un ojo a los establec­imien­tos que aquí se agol­pan porque hay var­ios bien intere­santes. Por un lado, el cine Paris, el de más sol­era de Ate­nas, donde podrás com­prar un rega­lo orig­i­nal ya que venden carte­les retro de vie­jas pelícu­las grie­gas. Si bus­cas parafer­na­lia musi­cal que se sal­ga de la nor­ma, acude a Remem­ber, yo com­pré allí un par de camise­tas bas­tante chu­las. Si quieres hac­er un alto para comer,dirígete entonces a Vyzan­ti­no Taber­na: si vienen a com­er aquí muchos locales, es por algo. La comi­da no es bara­ta (tam­poco carísi­ma, pre­cio medio) pero es de cal­i­dad exce­lente. Tomé el mejor yogur griego que he proba­do jamás. Hablan­do de gas­tronomía grie­ga, no te quedes sólo en las famosas mousakkas y gyros porque hay otros platos excep­cionales: tyro­pi­ta (pas­ta rel­lena de que­so feta), dol­mades (hojas de par­ra rel­lenas de carne, arroz o veg­e­tales), el mezze (selec­ción de aper­i­tivos vari­a­dos), la melitzanos­ala­ta (ensal­a­da de beren­je­na) y, sobre todo, probad algu­na vez el ouzo, un poten­tísi­mo licor de sabor dulce y aro­ma a regal­iz.

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En Pla­ka se encuen­tra la Torre de los Vien­tos, en la calle Aeolou, cerqui­ta de la calle Adri­anou, una de las prin­ci­pales vías del bar­rio. Des­de su con­struc­ción en el año 50 AC por Andróni­cus de Kyrrhos , ha pasa­do de ser una torre-reloj (reloj de sol, aclaro, en griego se la conoce como Herolo­gion) a igle­sia por obra de los cris­tianos, monas­te­rio musul­mán gra­cias a los otomanos e inclu­so pos­te­ri­or­mente ocu­pa­da por der­vich­es, quienes gira­ban y gira­ban alrede­dor de la torre para lle­gar al cen­it místico.Los relieves tal­la­dos en su facha­da rep­re­sen­tan los ocho vien­tos que azotan Ate­nas, tan­tos como lados tiene la torre.

 

Y si hemos lle­ga­do a la Torre de los Vien­tos es porque nos encon­tramos en el Ágo­ra Romana de Ate­nas, aunque esta sea sólo un pequeño reduc­to de lo que fue ya que sólo se con­ser­van algu­nas colum­nas y las ruinas de los baños públi­cos. La mandó con­stru­ir el emper­ador Augus­to y era aquí donde se ubi­ca­ba el antiguo mer­ca­do y dig­amos que vino a susti­tuir a la ante­ri­or ágo­ra grie­ga. Es una lás­ti­ma que que­den tan poquitos restos, quizás los más impor­tantes la propia torre y la Puer­ta de Ate­nea Archegetis, ded­i­ca­da a la diosa Ate­nea.

 

Atenas

 

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Hablan­do de ágo­ras, vámonos a la antigua ágo­ra grie­ga. En esta afor­tu­nada­mente sí hay muchas más ruinas, aunque bas­tantes menos de las que deberían per­manecer aquí. El ágo­ra era el cen­tro social abso­lu­to de la ciu­dad: aquí se cel­e­bra­ban las elec­ciones, ritos reli­giosos, mer­ca­dos, com­peti­ciones deporti­vas u obras teatrales. Aquí se reunían los grie­gos para rendir cul­to a sus dios­es y debatir la vida políti­ca. Y aquí se encuen­tra el Museo del Ágo­ra, fun­da­do en 1957. La entra­da cues­ta 4 euros y aquí se pueden encon­trar un mon­tón de obje­tos extraí­dos de las excavaciones,sobre todo piezas de cerámi­ca. El pro­pio edi­fi­cio del Museo (Stoa de Atta­los), de dos plan­tas, es del siglo II, Cer­ca está el nue­vo recin­to donde tam­bién se expo­nen restos arque­ológi­cos y una de las cosas que más impre­siona es, en su inte­ri­or, darse de bruces con una sala enorme total­mente vacía, con un car­tel que expli­ca que está reser­va­da para cuan­do el British Muse­um devuel­va los frisos del Partenón que les robaron. Da mucha lás­ti­ma ver algo así pero al mis­mo tiem­po me parece que es la mejor for­ma de sug­erir a los tur­is­tas que hagan pre­sión para que Gre­cia recu­pere todo su pat­ri­mo­nio. Vis­i­tan­do el Museo, me vino a la cabeza cuan­do vis­ité por primera vez en el Museo de Lou­vre parisi­no, vi la Venus de Milo y pen­sé “¿por qué no está en tier­ras griegas,que es donde le cor­re­sponde?”.

La Vía Panate­naica dividía el ágo­ra en dos mitades,atravesándola en diag­o­nal.

 

Atenas Via Panatenaica

 

Den­tro del ágo­ra tam­bién se encuen­tra el Tem­p­lo de Hefesto (Hefesteion), el mejor con­ser­va­do de toda la antigüedad grie­ga e influ­en­ci­a­do clara­mente por el Partenón (no se sabe quien fue el arqui­tec­to pero se sospecha que Icti­no, el mis­mo del Partenón).

 

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Bien­venidos ya a la Acrópo­lis, uno de los recin­tos mon­u­men­tales más vis­i­ta­dos del mun­do. Te recomien­do que antes de subir a la “ciu­dad alta” (que es, en real­i­dad, lo que sig­nifi­ca Acrópo­lis) te des un paseo para ver el Tem­p­lo de Zeus (el Olimpieon), que está a sólo 500 met­ros. En su época, llegó a ser el tem­p­lo más grande del mun­do (medía 96 met­ros de largo y 40 de ancho). Con­sta­ba de 104 colum­nas de 17 met­ros de altura pero a la actu­al­i­dad sólo han lle­ga­do 16. La dec­i­mo­sex­ta fue der­rib­a­da durante un tem­po­ral en 1852 y está todavía tum­ba­da donde cayó. Al noroeste del tem­p­lo se encuen­tra la Puer­ta de Adri­ano; su gran curiosi­dad es que antigua­mente poseía dos inscrip­ciones. Una,la que mira­ba hacia la Acrópo­lis, decía “Esta es Ate­nas, la ciu­dad de Teseo”; la que mira­ba hacia la ciu­dad rez­a­ba “Esta es la ciu­dad de Adri­ano y no la de Teseo”.

 

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Antes de que subas a la Acrop­o­lis, es impre­scindible que te acerques al Odeon de Herodes Ati­co (el Hero­di­on), que prob­a­ble­mente fue una de las con­struc­ciones que más me gustó de toda Ate­nas. Se encuen­tra, efec­ti­va­mente, a los pies de la Acrop­o­lis, jus­to deba­jo del Peri­patos, el sendero que rodea la Acrópo­lis. Actualmente,sólo se abre para actua­ciones musi­cales (Nana Mousko­ri can­tó aquí tras veinte años de ausen­cia) o rep­re­senta­ciones teatrales. Fue con­stru­i­do por Tiberio Clau­dio Herodes Ati­co en hom­e­na­je a su mujer fal­l­e­ci­da Aspa­sia y tenía una capaci­dad de cin­co mil espec­ta­dores sen­ta­dos.

 

Odeon Herodes Atico

 

Jus­to al lado y comu­ni­ca­dos ambos por un inmen­so pór­ti­co, la Stoa de Eumenes, se encuen­tra el Teatro de Dion­isos, el teatro más grande de la antigua Gre­cia (17.000 personas).Está con­stru­i­do con el mis­mo mate­r­i­al que el Col­iseo de Roma (traverti­no). En aque­l­la época las obras podían lle­gar a ten­er una duración de has­ta seis horas. Las más acla­madas fueron las obras de Sófo­cles, Esqui­lo y Eurípi­des.

 

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La Acrópo­lis se encuen­tra en una mese­ta que dom­i­na des­de las alturas la ciu­dad de Ate­nas. Cuan­do vin­i­mos des­de el aerop­uer­to por la noche ya vimos al entrar en la ciu­dad el Partenón ilu­mi­na­do y, fran­ca­mente, es espec­tac­u­lar. Para lle­gar has­ta aquí lo ide­al es que tomes la calle peaton­al Dionis­siou Are­opag­i­tou, que ofrece unas vis­tas fan­tás­ti­cas de la Acrópo­lis según te vas acer­can­do. Quizás una de las cosas más boni­tas de la Acrópo­lis es acced­er a ella pre­cisa­mente por los Propileos, unas puer­tas mon­u­men­tales que mandó lev­an­tar Per­i­cles. Son un prodi­gio arqui­tec­tóni­co ya que se tuvieron que sal­var los desnive­les pro­pios de la col­i­na. Antigua­mente daban acce­so a una pina­cote­ca donde se exponían pin­turas real­izadas en pla­cas de madera y a la sala que pre­cedía al Tem­p­lo de Ate­nea Niké.

 

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Como os comenta­ba antes, lo bueno de venir a Ate­nas en invier­no es que no te encuen­tras prac­ti­ca­mente a nadie.Como podéis ver en las fotos, casi estábamos nosotros solos, menu­da deli­cia. ¡Y encon­trarse el impo­nente Partenón sin un alma es algo inde­scriptible!

 

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El Partenon no es sólo la ima­gen más cono­ci­da de Gre­cia sino tam­bién el mon­u­men­to más grandioso de toda su his­to­ria. Si impre­siona ver las ruinas, no quiero ni imag­i­nar cómo sería écon­stru­i­do, alber­gan­do una escul­tura de la diosa Ate­nea, a quien se dedicó el tem­p­lo, de doce met­ros de altura y con sus puer­tas de bronce. Es el may­or expo­nente del arte dóri­co pero, sobre todo, una obra maes­tra de la inge­niería arqui­tec­tóni­ca. Los arqui­tec­tos Icti­no y Calícrates bus­ca­ban la armonía visu­al, por lo que se con­struyeron las colum­nas de un modo que no fuera com­ple­ta­mente rec­to sino lig­era­mente incli­nadas hacia den­tro. En la antigüedad,estaba com­ple­ta­mente recu­bier­to de már­mol blan­co.

 

El otro “edi­fi­cio estrel­la” del com­ple­jo es el Erecteion. Es la cum­bre máx­i­ma del esti­lo jóni­co y fue con­stru­i­do entre el 421 y el 406 AC para reem­plazar al tem­p­lo de Ate­nea Polias, arrasa­do por los per­sas durante las guer­ras médi­cas. Su nom­bre sig­nifi­ca “el que sacude la tier­ra” (en hon­or a Posei­dón, dios del mar y los ter­re­mo­tos). Den­tro se rendía cul­to al pro­pio Posei­dón, Ate­nea Polias,Efesto y Erecteo, este últi­mo el míti­co rey de Ate­nas que fue ful­mi­na­do por Posei­dón y cuyos restos se supone que reposan aquí.

 

Erecteion

 

Detalle de la famosa Tri­buna de las Car­iátides. Todas son repro­duc­ciones cal­cadas a las orig­i­nales (cin­co se encuen­tran en el Museo del Ágo­ra y la últi­ma en el British Muse­um).

 

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Acaba­da de recor­rer la Acrópo­lis, lo que te lle­vará una mañana larga, te recomien­do que si tienes tiem­po lo dediques a acer­carte al Monte Lica­beto (Likav­itós). Se puede ir en coche o en tele­féri­co pero nosotros prefe­r­i­mos hac­er­lo cam­i­nan­do, aunque nos lle­vara más rato. Des­de aquí tienes unas vis­tas mag­ní­fi­cas de Ate­nas y si la con­t­a­m­i­nación lo per­mite, podrás admi­rar las cer­canas islas de Salam­i­na y Egi­na. Antiguamente,en su cima se lev­anta­ba el Tem­p­lo de Zeus; en la actualidad,su lugar lo ocu­pa la igle­sia de Agios Gior­gios (San Jorge) y un teatro abier­to con capaci­dad para 3000 espec­ta­dores.

 

Volve­mos de nue­vo hacia la zona de Mona­s­ti­ra­ki para vis­i­tar la Bib­liote­ca de Adri­ano. Aunque son pocos los restos que guar­da en com­para­ción a su época de plenitud,es una visi­ta indis­pens­able en la cap­i­tal grie­ga. Este era un edi­fi­cio enor­mísi­mo donde se con­serv­a­ba la exten­sa colec­ción de libros del emper­ador, aunque tam­bién se uti­lizó como cen­tro de con­ven­ciones. A su alrede­dor se lev­anta­ban majes­tu­osas cien colum­nas (hoy quedan bas­tante menos). Está abier­ta de 08:00 a 15:00 y la entra­da cues­ta 2 euros.

 

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Nos vamos a ir aho­ra hacia la calle Ermou y para ello ten­emos que pasar por otro de los edi­fi­cios más boni­tos de Ate­nas: la igle­sia Kap­nikarea. De ori­gen bizan­ti­no, está ded­i­ca­da a San­ta María y se cree que su nom­bre viene de la pal­abra “kap­nikon” (un antiguo impuesto de Bizan­cio). No dejes de vis­i­tar su inte­ri­or y admi­rar los mosaicos. Des­de allí podemos ir de com­pras por la calle Ermou, la prin­ci­pal aveni­da peaton­al de la ciu­dad, reple­ta de tien­das de todo tipo. Ya que estás en Ermou, no pier­das la ocasión de vis­i­tar Ker­ameikos (El Cerámi­co), donde se encon­tra­ban los talleres de los alfareros. Con el paso del tiem­po, y ya que se con­struyó una mural­la para pro­te­ger al Ago­ra, pasó a con­ver­tirse en el cemente­rio de Ate­nas, ya que los grie­gos enterra­ban a sus muer­tos en las afueras de las ciu­dades. La entra­da sólo cues­ta 2 euros y te per­mite vis­i­tar el pequeño Museo Arque­ológi­co que hay en su inte­ri­or (abre de 08:00 a 15:00 y cier­ra los lunes).

 

Kapnikarea Atenas

 

Subi­en­do Ermou,llegaremos a la Plaza Syn­tag­ma (o Plaza de la Con­sti­tu­ción). Es el cen­tro neurál­gi­co de la ciu­dad y aquí se encuen­tran el Par­la­men­to y el Mon­u­men­to al Sol­da­do Descono­ci­do. El Par­la­men­to es un impo­nente edi­fi­cio con­stru­i­do entre 1836 y 1842 por el arqui­tec­to bávaro Von Gart­ner y en un prin­ci­pio iba a ser el Pala­cio Real para Otón, primer rey de Gre­cia. Des­de 1935 es la sede del par­la­men­to griego.

 

Plaza Syntagma

 

El Mon­u­men­to al Sol­da­do Descono­ci­do está jus­to frente al Par­la­men­to y fue inau­gu­ra­do el 25 de mar­zo de 1932, Día de la Inde­pen­den­cia de Gre­cia. Se tra­ta de un relieve de un hopli­ta (sol­da­do) mori­bun­do que está flan­quea­do por tex­tos de la famosa oración fúne­bre de Per­i­cles. El mon­u­men­to está con­tin­u­a­mente cus­to­di­a­do por la Guardia Nacional, los evzoni. Te acon­se­jo que te acerques a ver su cer­e­mo­ni­oso cam­bio de guardia, que acon­tece cada hora en pun­to.

 

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Otro lugar que no hay que dejar de vis­i­tar en Ate­nas es el Jardin Nacional. Es grandísi­mo (160.000 met­ros cuadra­dos) y es una mar­avil­la pasear por allí y admi­rar su estanque o algu­nas ruinas des­perdi­gadas. Además, así aprove­chas y te acer­cas a ver el Esta­dio Panate­naico, donde se cel­e­braron los primeros Jue­gos Olímpi­cos en 1896. En el mis­mo lugar,en el año 330 AC, se con­struyó el primer esta­dio de la His­to­ria de la Humanidad. Las com­peti­ciones deporti­vas se cel­e­bra­ban durante las Panate­neas, cel­e­bra­ciones reli­giosas que aunque se orga­ni­z­a­ban anual­mente, era cada cua­tro años cuan­do alcan­z­a­ban su máx­i­mo esplen­dor. La entra­da cues­ta 3 euros y se abre de 08:00 a 17:00 (en ver­a­no has­ta las 19:00).

 

Estadio Panatenaico

 

Normalmente,la gente que visi­ta Ate­nas lo suele hac­er como parte de algún via­je que luego incluye crucero por las islas, por lo que se cuen­ta con la desven­ta­ja de estar muchas veces sólo un día en la cap­i­tal, por lo que va a ser imposi­ble ver todos los sitios aquí reseña­dos. Si por el con­trario pasas más días en la cap­i­tal grie­ga, algo que te acon­se­jo, te recomien­do entonces que gastes algu­na de las mañanas en vis­i­tar el Pireo,el puer­to de Ate­nas. Puedes venir en metro (estación de Faliro) y será tu mejor des­pe­di­da de la cap­i­tal de Gre­cia.


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