Castillo de la Mota: una joya del medievo

A unos 50 kilómet­ros de Val­ladol­id y en pleno corazón de Castil­la, nos encon­tramos con uno de los castil­los más fasci­nantes de Europa: el Castil­lo de la Mota. Los que como nosotros seáis amantes de los castil­los, os acon­se­jo que algu­na vez inten­téis vis­i­tar­lo: son muchas las guías extran­jeras que le con­sid­er­an el mejor de nue­stro país. Aunque aho­ra parez­ca que se encuen­tra a las afueras (en real­i­dad nosotros ape­nas tar­damos 15 min­u­tos cam­i­nan­do des­de el cen­tro), en la antigüedad el castil­lo se encon­tra­ba en pleno corazón de la vil­la: de hecho se lla­ma así porque se conocía como La Mota a la parte vie­ja de Med­i­na del Cam­po (la mota es una leve incli­nación  del ter­reno sobre una lla­nu­ra).

Como cualquier castil­lo que se pre­cie, cuen­ta con una leyen­da respec­to a su ori­gen, la de un labrador adin­er­a­do que lev­an­tó la envidia entre sus veci­nos, quienes le acusaron fal­sa­mente de acuñar mon­e­da en la clan­des­tinidad. El rey quiso ver con sus pro­pios ojos qué se escondía en casa del labrador y allí des­cubrió a un mon­tón de lisi­a­dos a los que el hom­bre daba tra­ba­jo. Con­movi­do por esta bue­na obra, el monar­ca decidió per­donarle y el labrador quiso agrade­cer­le el gesto con­struyen­do para él un castil­lo que provo­caría la admiración de todo el que lo viera des­de la lejanía. Obvi­a­mente, la real­i­dad es otra: el castil­lo fue con­stru­i­do en el siglo XV sobre la base de una for­t­aleza ante­ri­or, prob­a­ble­mente fun­da­da tras la recon­quista cris­tiana en tier­ras del sur del Duero. El castil­lo actu­al aprovechó una antigua mural­la árabe para sen­tar sus bases.

Actual­mente está con­sid­er­a­da una de las mejores for­t­alezas de artillería de Europa, aunque en el pasa­do tam­bién sirvió como archi­vo, aco­gien­do los doc­u­men­tos impor­tantes de la Coro­na, y como prisión, donde se tuvo encer­ra­dos a per­son­ajes como César Bor­gia, quien según se cuen­ta logró escapar bajan­do por una cuer­da de sábanas. Tam­bién estu­vo pri­sion­era Jua­na I de Castil­la y fue aquí donde se ganó su apel­a­ti­vo de La Loca al desa­tarse sus delirios, provo­ca­dos por el encer­ramien­to. La reina Isabel la Católi­ca, que pasó la may­or parte de su vida entre Ávi­la y Val­ladol­id, tam­bién gastó años de su vida usan­do el castil­lo como res­i­den­cia. No le fue fácil hac­erse con la propiedad de La Mota, castil­lo que siem­pre fue moti­vo de dis­pu­ta entre los miem­bros de la Casa Real: su pro­pio her­mano Enrique IV hizo oidos sor­dos al Trata­do de Guisan­do y se lo entregó en 1470 a su hija Jua­na la Bel­trane­ja. Cin­co años después fue recla­ma­do por la Coro­na, después de que Fer­nan­do e Isabel, recién casa­dos en Val­ladol­id, solic­i­taran su devolu­ción al Duque de Alba. Des­de entonces la Mota se man­tu­vo fiel a la famil­ia real, pese a que Med­i­na del Cam­po se declar­a­ba comunera.

Sin embar­go, Isabel no murió aquí sino en otro edi­fi­cio de Med­i­na, el Pala­cio Tes­ta­men­tario. Isabel la Católi­ca es un per­son­aje de abso­lu­ta ref­er­en­cia en Med­i­na del Cam­po, has­ta el pun­to de que se han hecho recrea­ciones históri­c­as de lo que supu­so el últi­mo encuen­tro que la reina man­tu­vo con su hija Jua­na, cuan­do esta últi­ma inten­tó escaparse para reunirse en Flan­des con su mari­do, el príncipe Felipe el Her­moso. Isabel, pese a estar muy enfer­ma, se vio oblig­a­da a via­jar des­de Segovia para aplacar la ira de su hija, quien estu­vo afer­ra­da durante dos días enteros a la ver­ja, llo­ran­do, gri­tan­do y negán­dose a com­er o beber. Fue la últi­ma vez que ambas se vieron.

Castillo la Mota Valladolid

Tuvi­mos suerte de que pese a ser sába­do hubiera pocos vis­i­tantes, debido aca­so a lo tem­pra­no de la hora. Nos sor­prendió su con­struc­ción  en ladrillo rojo (típi­co de la región y sim­i­lar a otro castil­lo que nos encan­ta, el de Coca, difer­en­cián­do­lo de otros castil­los de la zona) y su exce­lente esta­do de con­ser­vación, debido a las difer­entes restau­ra­ciones que se lle­varon a cabo durante el siglo pasa­do, sobre todo a par­tir de 1904, cuan­do se declaró Mon­u­men­to Nacional y se recu­peró una for­t­aleza que había per­maneci­do aban­don­a­da durante demasi­a­dos años.

La recon­struc­ción prin­ci­pal fue en 1940 cuan­do en un sinie­stro giro de la His­to­ria, el castil­lo fue uti­liza­do como Escuela de Man­do de la Sec­ción Femeni­na de la Falange. Fran­co esta­ba fasci­na­do con  el Castil­lo de la Mota, has­ta el pun­to de que en Mayo de 1939 con­gregó aquí a 10.000 mujeres para que realizaran ejer­ci­cios gim­nás­ti­cos; se aprovechó la ocasión para abur­rir a los con­gre­ga­dos con uno de sus inter­minables ser­mones patrióti­cos. Tenien­do en cuen­ta que Isabel la Católi­ca era una heroí­na para los miem­bros de la Falange, no extraña que surgiera la idea de uti­lizar el castil­lo como sede de la Escuela Femeni­na. La Sec­ción  Femeni­na, impul­sa­da por Pilar, la her­mana de Pri­mo de Rivera dio sus primeros pasos colab­o­ran­do con el rég­i­men fascista, repar­tien­do pro­pa­gan­da y ayu­dan­do a los detenidos.Pero pron­to quedó claro que el papel de la mujer iba a ser mera­mente secun­dario (como siem­pre), bajo el lema“hay que ser femeni­nas y no fem­i­nistas”.  Para adoc­tri­nar a esas pobres mujeres que no tenían ni voz ni voto, se las recluía en el Castil­lo de la Mota, enseñán­dolas clases de coci­na, cos­tu­ra y laván­dolas el cere­bro para que jamás lev­an­taran la voz a sus futur­os mari­dos.

El castil­lo se divide en dos recin­tos en un traza­do bas­tante irreg­u­lar. Por un lado, la bar­ba­cana, donde se encuen­tra el foso que antigua­mente esta­ba cubier­to de agua y que aho­ra atraviesa un puente fijo (antaño levadi­zo), y por otro el recin­to inte­ri­or, al que se accedía por una puer­ta doble que incre­menta­ba las labores defen­si­vas: en el exte­ri­or aún se pueden con­tem­plar las huel­las dejadas por var­ios proyec­tiles.

En el inte­ri­or desta­ca la Torre del Hom­e­na­je, de casi 40 met­ros de altura (en su época llegó a ser la más alta de todas las tor­res castel­lanas). Dicha torre ha esta­do cer­ra­da más de 40 años, debido a su mal esta­do de con­ser­vación. Tras ardu­os tra­ba­jos, que han lucha­do con­tra la difi­cul­tad de subir los mate­ri­ales y que impi­den que las aves puedan anidar en su inte­ri­or, se volvió a abrir al públi­co en 2010. En su inte­ri­or se encuen­tra la sala del Peinador de la Reina, la estancia donde más tiem­po pasa­ba Jua­na la Loca, y el Salón de Hon­or: la torre se uti­lizó prin­ci­pal­mente como res­i­den­cia de los pre­sos más ilus­tres, como Her­nan­do Pizarro o el Conde Aran­da. Actual­mente se puede vis­i­tar sólo con guía (pre­cio 6 euros) y hay que fir­mar un papel acep­tan­do el ries­go que supone subir por unas escaleras que datan del siglo XV. Tam­bién se orga­ni­zan oca­sion­al­mente vis­i­tas teatral­izadas.

Las tar­eas defen­si­vas de La Mota son más que evi­dentes al con­statarse la exis­ten­cia de una galería sub­ter­ránea (algo no muy común en la época). El rey Fer­nan­do el Católi­co, al que la His­to­ria insiste en pre­sen­tar como un mero títere en manos de Isabel cuan­do en real­i­dad fue un gran estrate­ga béli­co y respon­s­able de impor­tantes vic­to­rias mil­itares, sabía que las alme­nas serían el pun­to débil de la for­t­aleza y el primer lugar que atacarían los ene­mi­gos. La solu­ción pasaría por con­stru­ir una galería sub­ter­ránea que recor­rería el perímetro del castil­lo, con difer­entes cámaras, y que per­mi­tiría atacar al ejérci­to rival a un niv­el bajo, men­guan­do sus posi­bil­i­dades de tri­un­fo. En esta mis­ma galería se encon­tra­ba el pudrid­ero, donde se arro­ja­ban los cadáveres de los ene­mi­gos apre­sa­dos en com­bate, y pozos de escucha des­de los que se espi­a­ba a los minadores que en el exte­ri­or con­fec­ciona­ban sus planes de ataque.

El Patio de Armas, cuyo dis­eño mues­tra una clara influ­en­cia musul­mana, fue con­sid­er­a­do en su época uno de los más boni­tos del reino: a día de hoy aún lo sigue sien­do. Des­de aquí unas escaleras nos diri­gen a la plan­ta baja, a la capil­la, ded­i­ca­da a San­ta María del Castil­lo. En el altar un  retablo rep­re­sen­ta de man­era sen­cil­la la figu­ra de var­ios san­tos y podemos encon­trar tam­bién una tal­la de San­ta Tere­sa. En el vestíbu­lo se expone una car­ta del nave­g­ante Juan de la Cosa y una tal­la de madera de Haití.

Infor­ma­ción:

Cen­tro de Recep­ción de Vis­i­tantes — Horar­ios

Del 1 de Octubre al 31 de Mar­zo (Invier­no)

De martes a sába­do 10:00 a 14:00  y 15:45  a 18:00
Domin­gos y fes­tivos 10:00  a 14:30

Del 1 de Abril al 30 de Sep­tiem­bre (Ver­a­no)

De martes a sába­do 10:00 a 14:00 y 15:45 a 19:00
Domin­gos y fes­tivos 10:00 a 14:30

Visi­ta libre (acce­so gra­tu­ito al patio de armas, capil­la y sala de Juan de la Cosa) / Vis­i­tas guiadas (de martes a domin­go, reser­va pre­via) — El horario habit­u­al de vis­i­tas guiadas de martes a sába­do es 11:00, 12:00, 13:00, 16:00 y 17:00  (en horario de ver­a­no a las 18:00  está pro­gra­ma­da la últi­ma visi­ta).

Por últi­mo, recomen­daros que para com­ple­tar la visi­ta, hagáis una para­da en las Reales Car­nicerías, el mer­ca­do de abas­tos más antiguo de España (data de 1562, cuan­do lo ordenaron con­stru­ir los Reyes Católi­cos). En su época fue uno de los más impor­tantes del reino, ya que aquí se cel­e­bra­ban mul­ti­tud de ferias ded­i­cadas al com­er­cio. Aprovechamos para echar en el maletero del coche “ver­du­ra de ver­dad” (¡cómo esta­ban esos tomates!) y com­prar tam­bién que­so de la comar­ca.


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2 Comments

  1. […] Castil­lo de la Mota: una joya del medie­vo | Mil y un via­jes por el mun­do […]

  2. […] El Castil­lo de la Mota, una de las may­ores joyas del medie­vo en la Penín­su­la Ibéri­ca. […]

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