Alimentar las ganas de viajar sin moverte de casa

Más de una vez me han pre­gun­ta­do “si te tocara la lotería ¿te pasarías la vida via­jan­do?”. Y mi respues­ta es siem­pre “¿sin parar? ¡entonces no!” Puede pare­cer una parado­ja pero como se suele decir, lo poco gus­ta y lo mucho cansa. Hay muchas man­eras de via­jar, muchas for­mas de dis­fru­tar del mun­do, a cin­cuen­ta kilómet­ros de casa o al otro lado del Atlán­ti­co, per­di­do en una gran ciu­dad o cobi­ja­do en una aldea de mon­taña, cer­ran­do la puer­ta sin saber cuán­do se vuelve o tenien­do una fecha de regre­so, como es mi caso. Y sí, me encan­ta via­jar pero tam­bién dis­fru­to mucho cuán­do regre­so, desha­go la male­ta, me sien­to en mi sil­lón y sé que me quedan dos o tres sem­anas has­ta la próx­i­ma escapa­da.

Mi propia her­mana Sara es una nóma­da en el sen­ti­do más estric­to de la pal­abra (lle­va var­ios años viajando/viviendo en Asia y Sudaméri­ca) y cuan­do hablam­os por vide­ol­la­ma­da, entien­do en parte ese encan­to de via­jar sin saber cuán­do se regre­sa. Pero en mi caso (y supon­go que en el de la may­oría de los que ten­emos un tra­ba­jo fijo), dis­fru­to mucho via­jan­do de for­ma inter­mi­tente, sabi­en­do que hay un hog­ar con tres gatos que nos esper­an. Si, como comenta­ba antes, algu­na vez me tocara una mil­lon­a­da y dejara de tra­ba­jar, prob­a­ble­mente via­jaría mucho más a menudo, sin la pre­sión de ceñirte a los días de vaca­ciones. Pero seguiría año­ran­do mi casa, mis ami­gos, mi famil­ia y mi país cuan­do saliera y dis­fru­taría mucho de ese con­se­cuente reen­cuen­tro con mi hog­ar.

Se dice que un via­je se vive tres veces: una, cuan­do se prepara / dos, cuan­do se real­iza / tres, cuan­do se recuer­da. Y va a ser ver­dad. Porque aunque evi­den­te­mente la acción que más se dis­fru­ta es la segun­da (el pro­pio via­je en sí), no se hace menos plan­i­f­i­can­do dónde quieres ir y zam­bul­lén­dote en las inves­ti­ga­ciones pre­vias. Y aún menos cuan­do regre­sas, revisas las fotos y los recuer­dos y en mi caso, que luego os lo cuen­to en el blog, remem­o­ras las viven­cias delante del portátil. Hoy nos cen­tramos en esa primera tarea: la de ali­men­tar las ganas de via­jar.

Leer blogs de via­jes

Qué te voy a decir yo de los blogs de via­jes, si lle­vo uno des­de hace casi quince años. Como blog­ger, te puedo ase­gu­rar que la may­oría de los blogs que vas a encon­trarte por la red van a ofre­certe opin­iones ver­aces y con­trastadas. Impor­tantes ambas fac­etas, ya que el darte con una reseña no condi­ciona­da por pub­li­ci­dad allana el camino del lec­tor-via­jero, y por otro lado, siem­pre se agradece ten­er opin­iones de primera mano de alguien que ha dormi­do o comi­do en tal sitio (siem­pre mejor que el “es que el veci­no de mi pri­ma se alo­jó en el hotel X y sal­ió encan­ta­do”). Que vete tú a saber si dicho veci­no el cur­rícu­lum via­jero que tiene se limi­ta a un via­je todo inclu­i­do a Pun­ta Cana.

Por otro lado, una gran ven­ta­ja de los blogs de via­jes respec­to a las guías en papel (de las que te hablo ahí aba­jo) es que con­tin­u­a­mente nos esta­mos actu­al­izan­do (o al menos lo inten­ta­mos). Dig­amos que los blogs nos move­mos en tiem­po real y siem­pre ten­emos la opor­tu­nidad de cam­biar datos incor­rec­tos, tar­i­fas que hayan subido o baja­do, aper­tu­ra o cierre de atrac­ciones… Además, si tienes algu­na duda o sug­eren­cia, lo tienes fácil: siem­pre puedes enviarnos un e‑mail para acabar de dar for­ma a tu próx­i­ma escapa­da. Las his­to­rias de otros via­jeros, las descrip­ciones de paisajes impre­sio­n­antes o los relatos de cul­turas lejanas pueden des­per­tar en ti el deseo de cono­cer más lugares. 

Inspírate con guías via­jeras

Sí, es ver­dad, a estas alturas de pelícu­la las guías podrían pare­cer haberse queda­do obso­le­tas pero con­tinúan man­te­nien­do su encan­to (¿qué libro en papel no lo tiene?). leer sobre el lugar al que vamos puede trans­for­mar un via­je ordi­nario en una expe­ri­en­cia extra­or­di­nar­ia. Además, debe­mos enu­mer­ar unas cuan­tas ven­ta­jas.

La primera de ellas es que las guías de via­jes son una fuente exce­lente de con­se­jos prác­ti­cos. Des­de cómo moverse por la ciu­dad has­ta las mejores épocas para vis­i­tar­la. Pero tam­bién supo­nen un enorme aporte cul­tur­al. Via­jar no se tra­ta solo de vis­i­tar un lugar sino de com­pren­der su con­tex­to cul­tur­al. Las guías de via­jes sue­len pro­por­cionar infor­ma­ción sobre la his­to­ria, el arte, la arqui­tec­tura y las cos­tum­bres del lugar. Al leer sobre la cul­tura local antes de lle­gar, ten­drás un mejor entendimien­to y respeto por las tradi­ciones de la región, lo que te per­mi­tirá inter­ac­tu­ar de man­era más con­sciente con los locales y par­tic­i­par de man­era más sig­ni­fica­ti­va en la vida cotid­i­ana del lugar. La aven­tu­ra comien­za con el conocimien­to.

Des­cubre restau­rantes extran­jeros en tu propia ciu­dad

Se dice que a los hom­bres (y a las mujeres) se les gana por el estó­ma­go y lo mis­mo se podría decir de los via­jeros. La comi­da es una parte fun­da­men­tal de cualquier cul­tura, y explo­rar difer­entes gas­tronomías extran­jeras puede ser una de las expe­ri­en­cias más enrique­ce­do­ras que podemos ten­er. Si bien dis­fru­tar de la comi­da local es esen­cial cuan­do via­jamos, tam­bién es muy valioso salir de nues­tra zona de con­fort culi­nar­ia y pro­bar sabores de otras partes del mun­do sin ten­er que via­jar lejos.

Cada coci­na tiene ingre­di­entes y platos que no están disponibles o no son comunes en nues­tra gas­tronomía local. Des­de el uso de espe­cias y hier­bas exóti­cas has­ta téc­ni­cas culi­nar­ias tradi­cionales que se trans­miten de gen­eración en gen­eración, los restau­rantes de gas­tronomías extran­jeras nos ofre­cen la posi­bil­i­dad de des­cubrir ali­men­tos que jamás habríamos proba­do en nues­tra vida cotid­i­ana. Así, podemos exper­i­men­tar un pedac­i­to del mun­do sin salir de nues­tra ciu­dad. Com­er platos típi­cos de difer­entes país­es nos per­mite via­jar a través de los sabores, evo­can­do recuer­dos de lugares vis­i­ta­dos o des­per­tan­do el deseo de via­jar a esos des­ti­nos que aún no cono­ce­mos. En muchos sen­ti­dos, la gas­tronomía es la mejor for­ma de via­jar sin ten­er que coger un avión. Y eso podrás hac­er­lo en tu mis­ma ciu­dad: aprovecha para cono­cer los restau­rantes de otros lugares del mun­do que están a un paso de casa.

Pelícu­las que empu­jan a via­jar

Hace un tiem­po escribí un artícu­lo acer­ca de pelícu­las que empu­ja­ban a coger la male­ta. El cine ha sido des­de siem­pre el mejor medio para via­jar sin mover­nos del sil­lón. Las pelícu­las ali­men­tan nue­stro deseo de aven­turas, nos mues­tran paisajes deslum­brantes y nos ayu­dan a com­pren­der fac­tores de otras cul­turas que a pri­ori nos podrían pare­cer ajenos. Ver cómo los per­son­ajes de una pelícu­la exper­i­men­tan un des­ti­no o cul­tura nos per­mite vivir esas expe­ri­en­cias de for­ma indi­rec­ta. A veces, las pelícu­las cap­turan la esen­cia de un lugar de man­era tan vívi­da que sen­ti­mos que hemos esta­do allí. Ya sea explo­ran­do los tem­p­los de la India, cruzan­do la sel­va amazóni­ca o pase­an­do por las calles de París, las pelícu­las nos per­miten vivir esas expe­ri­en­cias como si fuéramos parte de la his­to­ria.

Las pelícu­las sobre via­jes tienen el poder de crear una comu­nidad entre los espec­ta­dores. Com­par­tir una pelícu­la inspi­rado­ra sobre un des­ti­no o aven­tu­ra puede ser el ini­cio de una con­ver­sación sobre lugares que todos quer­e­mos vis­i­tar. Por propia expe­ri­en­cia os digo que más de un via­je con ami­gos ha naci­do de com­par­tir una pelícu­la jun­tos.

Haz un tour vir­tu­al en el orde­nador

Hoy en día, con la tec­nología al alcance de todos, los tours vir­tuales han abier­to una ven­tana increíble para explo­rar el mun­do sin ten­er que salir de casa. Aunque no susti­tuyen la expe­ri­en­cia real de via­jar, pueden ser una exce­lente man­era de inspi­rarte. Los tours vir­tuales te per­miten via­jar a lugares lejanos sin ten­er que hac­er male­tas ni gas­tar dinero. A veces, todo lo que nece­si­ta­mos para pon­er­nos en modo via­jero es una dosis de inspiración. Si tienes dudas sobre un des­ti­no o una activi­dad, hac­er un tour vir­tu­al te ayu­da a reducir la incer­tidum­bre. Si algu­na vez has queri­do cam­i­nar por los pasil­los del Museo del Lou­vre, vis­i­tar el Machu Pic­chu o explo­rar las pirámides de Egip­to pero no sabías qué esper­ar, un tour vir­tu­al te ofrece una vista pre­via que puede hac­er que te sien­tas más prepara­do cuan­do llegue el momen­to de via­jar. Te da una idea clara de lo que vas a encon­trar, lo que elim­i­na miedos o dudas pre­vias.

Con la ayu­da de tec­nologías como la real­i­dad aumen­ta­da o 360°, los tours vir­tuales se vuel­ven increíble­mente inmer­sivos. Puedes sen­tirte como si real­mente estu­vieras pase­an­do por un calle­jón de una ciu­dad antigua o admi­ran­do una obra de arte famosa en un museo. Esta expe­ri­en­cia sen­so­r­i­al puede des­per­tar en ti un deseo aún más fuerte de vivir­lo en per­sona. La sen­sación de estar allí puede ser tan real que te dejará con ganas de hac­er­lo de ver­dad.

Revisa fotos de via­jes pasa­dos

Las fotos tienen una increíble capaci­dad para trans­portarnos en el tiem­po. Cuan­do miramos las imá­genes de un via­je, podemos revivir la emo­ción del momen­to: la ale­gría de des­cubrir un nue­vo lugar, la tran­quil­i­dad de un paisaje her­moso, o inclu­so la aven­tu­ra de perder­se en una ciu­dad descono­ci­da. Las fotos nos per­miten revivir esos sen­timien­tos y sen­sa­ciones, como si volviéramos a estar allí. En el día a día, podemos dar por sen­tadas las expe­ri­en­cias que vivi­mos pero al mirar las fotos de un via­je, somos más con­scientes de lo afor­tu­na­dos que fuimos al ten­er esa opor­tu­nidad. Nos hace apre­ciar los momen­tos, las per­sonas y los lugares que conoci­mos, inclu­so aque­l­los que pasamos por alto en el momen­to. El sim­ple hecho de ver esas imá­genes puede rea­v­i­var un sen­timien­to de grat­i­tud por todo lo vivi­do y nos recuer­da la impor­tan­cia de aprovechar al máx­i­mo cada expe­ri­en­cia.

A menudo, los via­jes se com­parten con ami­gos, famil­iares o seres queri­dos y, al ver las fotos, nos volve­mos a conec­tar con ellos. Al mirar esas imá­genes, recor­damos las risas, las con­ver­sa­ciones y las aven­turas que com­par­ti­mos con otros, lo que refuerza nues­tra relación con esas per­sonas. Inclu­so si ya no esta­mos en con­tac­to con­stante, las fotos de via­jes actúan como un recorda­to­rio de los lazos que creamos a lo largo de nues­tra vida.

Aprende un nue­vo idioma

El ben­efi­cio más obvio de apren­der un idioma para via­jar es que mejo­ra tu capaci­dad para comu­ni­carte con los lugareños. Si bien muchas per­sonas en des­ti­nos turís­ti­cos hablan inglés, el idioma local facili­ta las inter­ac­ciones cotid­i­anas y te hace sen­tir más cer­cano a los locales. Cuan­do hablas el idioma local, tienes más opor­tu­nidades para conec­tarte gen­uina­mente con la gente del lugar. Es mucho más prob­a­ble que los locales te abran sus puer­tas, te den recomen­da­ciones úni­cas y te com­par­tan aspec­tos de su vida y cul­tura que no podrías des­cubrir en un tour tradi­cional. Hablar su idioma mues­tra respeto e interés por su cul­tura, razón sufi­ciente para comen­zar a cha­purrear unas pal­abras.

Libros via­jeros: grandes ali­a­dos

¿Sabes que en el blog puedes encon­trar un aparta­do ded­i­ca­do a la lit­er­atu­ra de via­jes? Te acon­se­jo que ech­es un vis­ta­zo y después pas­es por la bib­liote­ca más cer­cana. Libros que nos nar­ran las aven­turas y desven­turas de via­jeros que viv­en las más extra­or­di­nar­ias situa­ciones a miles de kilómet­ros de ti y que, al igual que comenta­ba antes con las pelícu­las, son la inspiración per­fec­ta para soñar con un gran via­je. Además, los libros via­jeros ayu­dan a rela­jar ten­siones y desconec­tar de la monot­o­nía: su esti­lo ágil y fres­co empu­jan a devo­rar­los y nos ayu­dan a analizar el modo que ten­emos de com­pren­der el com­pli­ca­do mun­do que nos rodea. Puedes com­bi­na­r­los con escuchar pod­casts de via­je, por ejem­p­lo el nue­stro, Ruta 61 en Radio Via­jera

Prepara una lista de “lugares a los que ir”

Muy bien, ya estás inspiradísimo/a. Aho­ra toca hac­er un lis­ta­do de todos esos lugares que sueñas con recor­rer algún día. Y para que la labor sea más ame­na y com­ple­ta ¿por qué no clasi­fi­camos los des­ti­nos en gru­pos? Puedes dividir­los condi­ciona­dos por intere­ses (nat­u­rales, cul­tur­ales, gas­tronómi­cos, históri­cos), por activi­dades (hac­er senderis­mo, cruceros, relax en la playa, cir­cuitos por difer­entes ciu­dades), por cli­ma (¿qué meses son los idó­neos para vis­i­tar­los?), por pre­supuesto (en primer lugar los más ase­quibles y en últi­mo los que te van a exi­gir var­ios meses de sac­ri­fi­cios económi­cos) e inclu­so puedes dejar un grupo abier­to para esos des­ti­nos en los que no habías pen­sa­do pero que de repente un día ¡plas! surge la opor­tu­nidad de ir: ami­gos que te invi­tan a unirte a un via­je, ofer­tas de bil­letes de avión ines­per­adas, un via­je de tra­ba­jo, vol­un­tari­a­do, ir a un fes­ti­val de músi­ca…

Para moti­varte más, puedes crear un pequeño col­lage en el que añadas fotografías de esos lugares (la estim­u­lación visu­al es todopoderosa), com­prar una hucha para ir metien­do las mon­edas que te sobran de la com­pra, hac­erte un cal­en­dario de escapadas anuales (algu­nas cer­canas y el “gran via­je largo” del año) y ante todo, dis­fru­tar de con­tar con una lista com­ple­ta­mente abier­ta en la que puedes añadir des­ti­nos nuevos siem­pre que quieras. Soñar es abso­lu­ta­mente gratis y los límites los pone (o no) tu imag­i­nación.


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3 Comments

  1. Anónimo

    at

    Mar­avil­losa la redac­ción, estoy de acuer­do, la lib­er­tad de via­jar es lo mejor. 😘😘

  2. Me encan­tó lo que escribiste. Me sen­tí súper iden­ti­fi­ca­do porque me pasa lo mis­mo y, de hecho, escribí al respec­to en mi blog. Te man­do un abra­zo des­de Tucumán.

  3. Mil y un Viajes por el Mundo

    at

    Muchas gra­cias!

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