Luis Calero

La cara de Luis Calero es una de las más populares en el mundo de la televisión. Gracias a su labor en programas como «Españoles por el mundo» o «Viajeros Cuatro» hemos viajado a países tan lejanos como Corea del Sur, Haití, Nueva Zelanda o Chile. Ahora combina sus aventuras televisivas con la colaboración en uno de los mejores programas radiofónicos de viajes de este país, «Nómadas» de Radio Nacional. Para hablarnos de su apasionante trayectoria viajera, contactamos con este intrépido valenciano que semana tras semana nos invita a soñar con recorrer el mundo.

 

Avion

 

Antes de meternos con lo que ha sido tu trayectoria profesional, me gustaría saber cuándo comienza a forjarse en Luis Calero ese germen viajero. ¿Venía de familia? ¿Qué recuerdos guardas de tus primeros viajes de joven?

Sí, sí que viene un poco de familia. He tenido la suerte de que a mis padres, desde que éramos pequeños (yo tengo dos hermanas), les gustaba viajar dentro de sus posibilidades. Viajaban sobre todo por Europa: Francia, Italia, Alemania… fui afortunado de conocer estos lugares siendo niño.

Luego, ya estando en la carrera, me fui con tres amigos a Estados Unidos, estuvimos un verano en Nueva York buscando allí trabajo, como buenamente podíamos, y pasamos todo el verano por allí. Así que sí, desde muy jovencito cogí la afición de viajar. Después me vendría a vivir a Madrid con 23 años y me salió la oportunidad de trabajar en algunos programas de viajes. A los pocos meses de estar aquí me surgió participar en «Supervivientes», para irme a África como redactor y estar tres meses en Kenia, lo que fue un auténtico subidón. Sería después cuando llegaría a mi vida «Españoles por el mundo», que fue el que me permitió ampliar el horizonte viajero e hincharme a dar vueltas por el mundo, y actualmente estoy trabajando con «Viajeros Cuatro».  

Luis Calero

Desde hace muchos años he seguido puntualmente los programas de “Españoles por el mundo”. Cuando grabáis ¿tenéis tiempo libre para hacer turismo o es todo trabajo?  

Lo cierto es que las jornadas son bastante intensas. Hacer turismo como tal suele ser poco habitual ya que lo normal es que si no acabas muy tarde, lo que te apetezca es tomarte una cerveza y estar de charla con tu compañero el cámara. En realidad, el turismo lo hacemos con el propio programa, cuando vamos visitando diferentes lugares. 

También es verdad que yo ya llevo muchos años, al igual que otros compañeros míos, y ya le tienes pillado el punto al programa, por lo que todo sale más de corrido, intentas que las jornadas no sean eternas y si te vas a tomar algo al acabar, sabes al menos que va a ser en un sitio muy bonito. Terminar el día en una playa de Indonesia, evidentemente, es algo fantástico.

Luis Calero

¿Se quedan muchas ganas de regresar a países donde no se ha disfrutado todo lo que quisieras?

Absolutamente. De hecho he vuelto a muchos. A Uganda, donde conocí a mi buen amigo Patxi, que fue uno de los entrevistados; ahora es guía y se montó su propia empresa de viajes por el país, Mogambo . Con ellos precisamente regresé dos veces a Uganda, una con mi padre y otra con mis hermanas. He vuelto a Turquía, a Estocolmo varias veces, sitios que me han encantado y que he tenido la opción de volver. Si por mí fuera, te aseguro que regresaría aún a muchos más sitios, el problema es la falta de tiempo!

¿Has cumplido algún sueño viajero en particular gracias al programa que aún te cueste creer? ¿Y alguno que quede pendiente?

Muchos. Y han superado de largo las expectativas de lo que yo pudiera imaginar cuando era más joven. Nunca hubiera creído que acabaría viajando a Groenlandia, recorrer Nueva Zelanda, estar en Java, Costa Rica varias veces… Todos ellos fueron sueños cumplidos pero me quedan aún muchos, Islandia, Alaska… ¡tantos y tantos lugares! El mundo es inabarcable en una sola vida: necesitaríamos varias vidas o darnos mucha prisa.  

Luis Calero

A lo largo del programa, te habrás topado con cientos de historias personales diferentes. ¿Recuerdas alguna que te haya impactado especialmente?

Me he encontrado con muchas. Como te comentaba antes, ahí están las historias de Patxi, a quien conocí en Uganda y que hoy por hoy es un íntimo amigo mío, o Jesús del Río, un fotógrafo al que conocí en la Provenza francesa, un personaje extraordinario, muy humilde pese a los miles de vivencias que atesoraba. Me impactó mucho la vida de José Damián, un hombre que vivía en Groenlandia, en un pueblo muy chiquitito, y había montado un museo de cultura inuit. Y él era de Girona, lo que resultaba bastante sorprendente.

Recuerdo también el caso de Fabián, un señor de Valencia con el que grabamos en Ghana y al que en un pequeño pueblecito le habían coronado como jefe de la tribu. Los sabios del pueblo habían decidido que él era el elegido y allí todo el mundo le trataba como a un rey. A lo largo de todos estos años han sido miles las historias que hemos escuchado, incontables, me han marcado muchas de ellas.

Luis Calero

Has estado también trabajando en el programa “Viajeros Cuatro”. ¿Encontraste muchas diferencias respecto a la forma de trabajar en “Españoles por el mundo”?

Más que diferencias diría que son pequeños matices. He tenido la suerte en ambos de coincidir con grandísimos compañeros y compañeras, muy buenos profesionales, y el formato es bastante parecido. No es exactamente igual, en «Viajeros Cuatro» nos centramos acaso más en el destino que en las historias personales pero al mismo tiempo contamos con algo más de tiempo para tratar las cosas y eso es lo que cambia un poco el modo de trabajo pero en esencia no hay grandísimas diferencias.

Luis Calero

Eres colaborador habitual de uno de mis programas favoritos de radio, «Nómadas» de RNE. ¿Cómo comenzaste con ellos y qué es lo que aportas al programa?

«Nómadas» ha sido un regalo de la profesión, conocer a Álvaro y a Carmen me ha permitido abrirme al mundo de la radio. Hice mis pinitos radiofónicos con 18 años en una radio local de Valencia pero desde entonces no había vuelto a trabajar en una emisora. Me hace muy feliz formar parte de este equipo, estoy súper orgulloso de que me acogieran en  «Nómadas» porque me parece que trabajo con gente con mucho talento y con una humanidad tremenda. Es un programa muy bonito, además en la radio pública…

Comencé con ellos de casualidad, de esos golpes del azar que parece que nunca ocurren. Me fui a la web de «Nómadas», busqué el email de contacto (al que tiene acceso todo el mundo), les escribí y les conté básicamente la verdad, que me encantaba el programa, que lo escuchaba siempre con mucha ilusión y que si algún día necesitaban ampliar el equipo, me encantaría formar parte de dicha familia. Al día siguiente me contestó Álvaro, que justo esa semana había comenzado a buscar un colaborador y según me dijo, «le había caído del cielo». Así que esa fue la bonita historia de cómo nos encontramos en el camino. Desde entonces suelo hacer un pequeño reportaje por programa, de temáticas variadas, y podría resumir la experiencia en una frase: estoy muy feliz.

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Este año has estado cubriendo un Fitur de lo más atípico, yo misma no he asistido por el tema de la exigencia de la PCR. ¿Cómo ha sido la experiencia, algo desangelada o has encontrado a gran parte de los profesionales con la moral intacta y también esperanzados?

Debo reconocer que este año la edición podía partir de un punto algo desolador, era muy triste ver esos pasillos y esos pabellones vacíos. Pero por otro lado ahí teníamos la ilusión de que volvía a organizarse la Feria Internacional de Turismo. Lo hablábamos todos los que estábamos allí, que el mérito ya en sí mismo era hacerla. Nadie esperaba que estuviera abarrotada de gente pero que al menos se abrieran las puertas ya era muy buena señal. En general predominaba el sentimiento de esperanza e ilusión. 

Has colaborado en algunos proyectos humanitarios, como la grabación de documentales sobre zonas de conflicto o rescate de refugiados. Haber viajado tanto es indudable que te ha acercado a la cara más dura de muchas sociedades. ¿Es cierto eso de que “el racismo se cura viajando” o crees que hay gente que, por más que viaje, no cambia de mentalidad retrógrada? 

Es complicada la respuesta. Es cierto que viajar a menudo te puede ayudar a tener una mentalidad más abierta, a conocer más modelos de estilos de vida, formas de entender el mundo, todo eso siempre ayuda. Pero al mismo tiempo creo que uno tiene que salir con esa mente abierta desde casa, autoeducarse en su propio barrio, con la gente que te rodea, con internet… Ayuda mucho el salir de viaje ya con esas ganas de aprender, de impregnarte, de respetar, de no juzgar, de recibir todo lo que te da un viaje.

Claro que hay mucha gente que viaja y eso no le sirve para cambiar de mentalidad, si te encierras en un todo incluido con una pulserita en el Caribe y no sales de tu hotel, evidentemente no vas a conocer nada de la cultura del país… Oye, que está muy bien, cada uno que se plantee su viaje como quiera pero está claro que no todos los viajes te transforman igual.

Luis Calero

Estuviste en la Escuela Internacional de Cine de Cuba, en mi opinión un país único en el mundo. ¿Qué recuerdos te dejó tu estancia allí y cómo ves el futuro cubano a nivel político y social?

Para mi fue, sin dudarlo, la mejor experiencia que he tenido en un viaje, primero por lo que supuso conocer Cuba, un país con una historia tan interesante, que te provoca tantas contradicciones, y segundo por todo lo que conseguí aprender en la Escuela de Cine, conocí gente fantástica que compartía anhelos, interés por el cine pero también por la política o por temas sociales. Allí se suele dar cita gente que trabaja en un cine mucho más de autor, más reivindicativo, menos comercial, y estar con personas así era maravilloso.

¿El futuro cubano? No me quiero pillar los dedos, ojalá las cosas vayan mejorando interna y externamente, no sólo por cómo funciona el propio país sino también por cómo se le condiciona desde fuera en el panorama político internacional, sobre todo por sus vecinos más cercanos. 

Coincidimos una tarde en un restaurante filipino de Madrid. ¿Te gusta explorar la gastronomía de fuera cuando estás en España? ¿Algún restaurante que te haya sorprendido en nuestro país por su originalidad?

Me gusta muchísimo probar gastronomía de otros lugares ¡los mexicanos me encantan! Hay uno impresionante en el Mercado de Vallecas, no recuerdo el nombre pero lo lleva un señor majísimo, Vicente. El Gumbo de la calle del Pez me encanta, me recuerda mucho a Nueva Orleans, que fue una ciudad que me fascinó, estuve grabando allí justo cuando estalló la pandemia, aún no se ha emitido el programa, se hará en breve. Tuvimos que regresar cuando se proclamó el estado de alarma pero nos dio tiempo a disfrutar de la ciudad, del jazz y de, por supuesto, la gastronomía. Eso sí, no te voy a negar que vengo a mi Valencia natal, me como una paella y me quedo tan a gusto. 

Luis Calero

Eres valenciano. Si te dieran a elegir lo mejor de tu tierra ¿con qué te quedarías? ¿Y qué lugar recomendarías al visitante que no aparezca en las guías turísticas, ese del que sólo parecen disfrutar los locales?

A Valencia cada vez la quiero y la valoro más. Precisamente cuanto más la echo de menos, cuanto menos la tengo por vivir en Madrid. Igual cuando vivía allí no iba a ver el mar cada día, ahora si puedo, lo hago. Adoro el barrio del Cabañal, la playa de la Patacona, no es tan conocida como la de la Malvarrosa pero está ahora en un momento estupendo porque están abriendo sitios muy chulos, cuidando y respetando esa zona. El barrio del Carmen, Ruzafa… son sitios por los que me gusta pasear cada vez que regreso a Valencia.

Tras este año largo de parón que hemos tenido todos por culpa de la pandemia, supongo que estarás como loco por volver a darte un viaje largo. ¿Tienes algo en mente?

Después de toda esta locura de la pandemia, no veo la hora de irme de viaje. El que tengo en mente es Argentina, estuve en Buenos Aires grabando pero me gustaría regresar con más tiempo, aprovechar para extender el viaje a Uruguay, conocer Montevideo ya que tengo una buena amiga allí… Pero sobre todo Argentina, a ver si puedo pasarme un mes, recorrer el país y especialmente la Patagonia, ese es mi próximo destino en mente.

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