La coqueta ciudad de Bratislava, capital eslovaca, es uno de esos destinos europeos que parecen pasar desapercibidos para muchos turistas y que, sin embargo y por derecho propio, se está convirtiendo en una de las ciudades de moda del Viejo Continente. Lejos queda ya ese halo de oscuridad que envolvía a la Europa del Este hasta hace sólo unas décadas. Bratislava, al igual que su vecina Praga, se abre al mundo tras tantos años escondida detrás del Telón de Acero. Y lo hace con optimismo y energías renovadas. Dispuesta a enamorar al visitante con un colorido y una frescura que llega a sorprender en dichas latitudes.

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A orillas de ese río mítico que es el Danubio, se ubica la pequeña Bratislava (Pressburg en alemán o Pozsony en húngaro), una ciudad que ha parecido cargar con el sambenito de «ciudad de paso». No obstante, esta situación parece estar cambiando en los últimos años: la capital eslovaca comienza a perfilarse como un destino turístico de lo más interesante, gracias a su animado centro histórico (peatonalizado casi en su totalidad), sus precios asequibles y el atractivo de ser una ciudad que aún no ha sido invadida por las hordas de turistas que pululan por otras urbes europeas.

Nosotros la incluimos en el itinerario que hicimos en un viaje que realizamos por centroeuropa y quedamos encantados con la decisión. Y es que esta villa, más que de las 3 bés, es la ciudad de las 4 bés: ¡Bratislava, buena, bonita y barata!

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Cómo llegar a Bratislava

La situación de Bratislava es atípica. Es la única capital del mundo que comparte frontera con dos naciones: Hungría y Austria. Paradójicamente, conviene más volar a alguno de estos dos países limítrofes que a la propia Eslovaquia, ya que actualmente (al menos en el momento de escribir este artículo), Madrid o Barcelona no tienen vuelos directos con la capital eslovaca (aunque curiosamente sí puedes volar con Ryanair desde Málaga o Palma de Mallorca por un módico precio). Por lo tanto, te proponemos unas cuantas opciones.

Desde Viena: La opción más cómoda ya que es la capital más cercana. Tardas sólo una hora viniendo en tren (12 euros). Los trenes parten de la estación central de Viena, la Wien Hauptbahnof, y llegan a la Hlavna Stanica de Bratislava (la frecuencia es de un tren cada 30 minutos). En autobús se tarda una hora y cuarto con Slovak Lines (10 euros) y si no te importa pagar 30 euros sólo por el trayecto de ida, puedes coger los barcos de Twin City Liner y llegar en ferry (75 minutos de trayecto). Esta línea de barcos sólo opera esta ruta entre Marzo y Diciembre por motivos climatológicos.

Desde Budapest: El modo más práctico de llegar desde la capital húngara es el tren. Apenas dos horas y veinte minutos de trayecto y un precio aproximado de 12 euros (sólo ida). Puedes venir también en autobús, ya que se tarda más o menos lo mismo y el precio es similar: algunas de las compañías que operan la ruta son Regiojet y Flixbus (aunque esta última sólo ofrece una frecuencia de dos viajes por semana).

Otra opción alternativa es venir desde Praga pero aquí el trayecto, tanto en autobús como en tren, ya se va a las cuatro horas ya que hay que cubrir una distancia aproximada de 350 kilómetros.

Nosotros, como teníamos coche de alquiler, optamos por la opción más cómoda y rápida: venir desde Austria por la autopista A4 (una hora). Una vez llegamos a Bratislava, dejamos el coche en un parking y nos olvidamos de él durante el tiempo que estuvimos en la ciudad ya que el centro histórico se puede conocer perfectamente caminando.

 

Nada más llegar a Bratislava os recomiendo acercaros a la Oficina de Turismo de la calle Klobunicka. Es curioso que las señoras que trabajan allí tengan fama de antipáticas porque a nosotros nos atendieron maravillosamente. Nos dieron mapas, folletos y nos informaron de las atracciones más interesantes de la ciudad. También nos propusieron hacernos con la Bratislava Card aunque no nos interesaba porque íbamos a estar en Bratislava sólo un día, tiempo más que suficiente para recorrer una ciudad bastante pequeña, pese a ser una capital. De hecho, una de las curiosidades de Bratislava es que es de las pocas capitales europeas que no tiene metro, aunque sí tranvía (el precio de los tickets va conforme a los minutos que dure el trayecto).

No obstante, si te interesa o vas a pasar más tiempo aquí, recuerda que hay tres modalidades (un día, dos o tres) y que con ella no sólo te puedes beneficiar de importantes descuentos en entradas a monumentos y museos sino que además puedes usar tantas veces como quieras el transporte público (el nocturno también) e incluso apuntarte a los tours guiados que se organizan varias veces al día: el único requisito es que te apuntes un par de horas antes.

Lo bueno de venir a Eslovaquia, y más si lo haces en otoño, es que es un país en el que apenas encontrarás turistas, al contrario que en su antigua hermana, la República Checa, donde en verano cuesta pasear por las calles de Praga de la gente que hay. En Bratislava el fenómeno es a la inversa: el 99% de los transeúntes con los que te cruzarás son eslovacos. Y la verdad, se agradece. En una época en que el turismo se cuela como los tentáculos de un pulpo en cualquier lugar, encontrar un rincón en la Vieja Europa donde los turistas sean una excepción y no abarroten calles y comercios, hace el viaje mucho más placentero. Y eso que, de largo, Bratislava es el sitio más visitado del país. Suponemos que en verano encontraréis más turismo pero os aseguro que cuando estuvimos nosotros, éste prácticamente era inexistente.

Aunque no tuvimos ningún problema con el idioma y prácticamente todo el mundo al que nos dirigimos en inglés supo contestarnos, no está de más que sepas algunas frases en eslovaco:

Dobry den: Buen día

Ahoj!: Hola

Prosim: Por favor

Dobré ráno: Buenos días

Dakujem: Gracias

Dobrú noc: Buenas noches

Prepácte: Perdón

Otra de las cosas que me encantó de Bratislava es que, pese a que los europeos orientales suele echárseles en cara su carácter arisco, aquí nos fuimos con la sensación de que todo el mundo era de lo más hospitalario; de hecho, hay un refrán eslovaco que dice «un huésped en el hogar es un dios en la casa». Y eso pese a que el país ha estado cerrado tantos años al visitante foráneo, por lo que es habitual que a veces les falte práctica en lo de manejarse con el inglés o acostumbrarse a las extrañas manías de los extranjeros que venimos de fuera.

Bratislava

Hemos de comenzar la visita a Bratislava por el corazón de la ciudad, Staré Mesto, la Ciudad Vieja, siguiendo las calles Michalská y Ventúrska, lo que se conoce como zona del Korzo. Es aquí donde se amontonan los restaurantes, las cafeterías y las tiendas de souvenirs. Y también podemos encontrar la Lekáren U Cerveného Raka (Langosta Roja), la farmacia más antigua de Bratislava (data del siglo XIV), ahora convertida en un museo. Cerca se encuentra el Museo de la Ciudad (cerrado los lunes), que recorre la historia de las fortificaciones y tiene una exposición de armas.

En la calle Ventúrska, en el número 10, se encuentra el Palacio Pálffyho, aunque casi todo el mundo lo conoce como la Mozartov Dom (Casa Mozart), por la visita que hizo el compositor siendo niño acompañando a su padre Leopold. Esta calle, una de las más animadas de Bratislava, está plagada de palacetes de hace tres siglos. Acaba en la Puerta de San Miguel, una de las cuatro que existían para acceder al casco histórico (esta es la única que se conserva). Aquí ahora encontramos la sede del Museo de Armas y un mirador situado a más de 50 metros de altitud.

En su parte inferior hay un circulo dorado, la Rosa de los Vientos que señala la distancia desde Bratislava a 29 ciudades del mundo: está considerado el punto cero de la capital eslovaca. La leyenda dice que si logras cruzar la puerta sin nadie al lado, se te cumplirá el deseo en el que pienses en ese momento.

Puerta San Miguel Bratislava

La Plaza Mayor, la Hlavné Námestie, es el lugar más importante del centro histórico. Aquí se celebraba antaño el mercado municipal (y también las ejecuciones); ahora, cada año se instala el mercado navideño al que llegan eslovacos venidos de todas las partes del país, es donde se celebran éxitos deportivos y manifestaciones, la fiesta de Año Nuevo y donde si el tiempo lo permite, se amenizan algunas tardes de verano con conciertos al aire libre o se proyectan películas en pantallas enormes.

Curiosamente, aunque esa torre con reloj parezca una iglesia, en realidad es una parte del Ayuntamiento Viejo, el Stara Radnica,  y servía como casa del alcalde en el siglo XIV (el Ayuntamiento Nuevo se encuentra en una plaza muy cerquita). Los edificios actuales son de estilo barroco (vinieron a sustituir a otros góticos más antiguos) y acogen el Museo Municipal, donde se repasa la historia de la ciudad.

Bratislava Plaza Mayor

En el centro de la plaza encontramos la Fuente de Maximiliano, que los locales conocen como la Fuente de Roland por la estatua del soldado, protagonista de una leyenda que cuenta que el rey Maximiliano instaló esta fuente tras sufrir Bratislava un incendio que no se pudo sofocar por falta de agua. Ahora dicha fuente está rodeada de terracitas de cafeterías: a los austriacos les encanta venir aquí de turismo a comer dulces eslovacos. Viendo lo cerca que está Bratislava de Viena, entendemos lo de acercarse a pasar aquí el día.

La iglesia de San Francisco, de la que se dice que es el edificio más antiguo de Bratislava, está bastante descuidada en su exterior.

Iglesia San Francisco Bratislava

El Palacio del Primado (visitable de martes a domingo) es uno de los mejores ejemplos de estilo neoclásico de Eslovaquia y lo construyó un obispo para sí mismo. Se encuentra en una plaza contigua a la Plaza Mayor y fue donde se firmó la paz en 1805 por parte del emperador Francisco I y Napoleón Bonaparte. En su interior destaca el Salón de los Espejos y una soberbia colección de tapices británicos del siglo XVII que se descubrió por casualidad, oculta en las paredes, cuando se restauró el palacio a principios de siglo. Estos tapices cuestan más que el propio palacio.

Palacio Primado Bratislava

Aquí tenemos el Slovenské Národné Divadlo, el Teatro Nacional. Un edificio precioso: si os fijáis atentamente, observaréis que en la parte superior se encuentran los bustos de personajes conocidos como Goethe, Shakespeare o Mozart. Frente al teatro podéis ver también la Fuente de Ganymed, que fue la primera fuente de agua potable de la ciudad. Si os gusta la ópera o el ballet, habitualmente se representan obras en el teatro y también en otro teatro nuevo cerca del centro comercial Eurovea: aquí puedes ver la programación. Las entradas son bastante económicas en comparación con otras óperas europeas.

Teatro Bratislava

El Teatro Nacional se encuentra en la plaza Hviezdoslavovo, llamada así en honor al poeta Pavol Országh Hviezdoslav, cuya colosal estatua se halla en esta misma plaza. Aquí podemos observar así mismo la elegante fachada del hotel Radisson Blu Carlton, considerado uno de los mejores del país (dormir en Bratislava no es caro, en temporada baja puedes alojarte en hoteles de cinco estrellas por unos 90 euros la doble). En la plaza Hviezdoslavovo también están algunas embajadas como las de Estados Unidos o la de Alemania. Si vienes en invierno, podrás disfrutar de una pista de hielo si te gusta patinar.

Esta de aquí abajo es la vistosa iglesia de Santa Isabel (conocida popularmente como la iglesia azul), en honor a Isabel de Hungría, que creció en el castillo de la ciudad. Se encuentra en la parte este del casco histórico, cerca de la calle Bezrucova. Es una de las representaciones más extraordinarias que existen del llamado art nouveau húngaro (hay listas de espera de años para poder casarse aquí) y no sólo es azulado el exterior, también el interior, de forma ovalada. Precisamente esta iglesia es la encargada de representar a Eslovaquia en su versión miniatura en el parque Mini Europe de Bruselas.

Iglesia Azul

Los eslovacos se refieren a ella como la «oooh fooh» (¡o algo así!) pero en realidad están hablando de la UFO Tower (anteriormente se llamaba Bystrica), una torre con pinta de nave alienígena (de ahí su nombre) que se sitúa sobre el Puente del Levantamiento, también conocido como Puente Nuevo. Este puente es el séptimo puente colgante más largo del mundo.

El mayor atractivo de la torre es que en su cima tiene un observatorio (entrada 7,40 euros) y un restaurante con precios bastante inflados. Por lo tanto, en mi opinión no merece mucho la pena subir sino más bien admirar la torre desde abajo.

Bratislava
Nuestra amiga Bea observando a lo lejos la Torre UFO

Fuimos dándonos un agradable paseo hasta la joya de Bratislava: el castillo. Se encuentra en lo alto de una colina, a casi cien metros de altura, desde donde se obtienen unas bonitas panorámicas del Danubio. Esta parte de la ciudad ya estaba ocupada en época romana; el actual castillo data del siglo X y se le conocía como Castillo de Brezalauspurch (probablemente de ahí derive el nombre de Bratislava). Se encuentra junto al Parlamento Eslovaco. Un parlamento muy joven: nació en el año 1993.

El castillo (del que se dice que parece una mesa patas arriba) está flanqueado por cuatro torres. Y aunque todas parecen iguales, la de la izquierda es ligeramente más grande. En esa torre se guardaron las joyas de la corona del Reino de Hungría durante más de 200 años. Las escaleras interiores son muy planas porque la emperatriz María Teresa de Hungría (madre de la malograda María Antonieta) era muy caprichosa y se empeñaba en subirlas a caballo.

Actualmente dentro del castillo hay una interesante exposición histórica ubicada en lo que es el Museo Nacional. Detrás del castillo puedes acercarte a ver el cementerio militar de Slavín, donde reposan los restos de 7000 soldados rusos que fallecieron defendiendo a Bratislava de las tropas nazis. Lo preside un enorme obelisco con la estatua de un soldado soviético pisando una esvástica.

Castillo Bratislava

La Catedral de San Martín, cuya torre de 80 metros sobresale entre los tejados de las casas cercanas, es la mayor iglesia de Eslovaquia. Y además la más antigua. Se sitúa a los pies del castillo y durante tres siglos, del XVI y XIX, fue el lugar elegido por los monarcas húngaros para su coronación (tanto en el interior como en el exterior pueden observarse coronas representadas). La iglesia actual, de tres naves, se había quedado pequeña para tanta población y comenzó a reconstruirse en el siglo XIII: las obras duraron un par de siglos más. Actualmente, el intenso tráfico y la vibración de los coches que pasan por el Puente Nuevo está afectando a los cimientos del templo. Pese a que, tras el castillo, es el lugar más visitado de Bratislava.

Catedral Bratislava

Otra de las curiosidades de Bratislava es la cantidad de estatuas, a cuál más sorprendente, que puedes encontrar escondidas en sus calles. De hecho, más de un viajero se ha planteado como un reto el conocerlas todas. En un país que durante años la oscuridad del comunismo dio a la ciudad un tono grisáceo y mortecino (lo aburridos que tenían que ser aquí los domingos), la llegada de estas estatuas tan alegres supuso una bocanada de aire fresco al casco antiguo.

Bratislava Estatua

La más conocida es la de Čumil, en el cruce de las calles Panská y Sedlarská, un hombre que asoma de una alcantarilla y que está señalizada («hombre trabajando») para que los coches no pasen por encima. Pero también podemos encontrar a un par de chicas junto a un buzón de correos, la de Ignacio el Guapo, un famoso Don Juan que perdió a su novia a mano de los nazis (y que espera el regreso de su amada mientras saluda y sonríe a los transeúntes) o la del soldado napoleónico apoyado en un banco (la leyenda cuenta que este soldado se enamoró de una joven eslovaca, se quedó en el país y creó el vino más famoso de Eslovaquia, Hubert) .

Bratislava Estatua

Hay una estatua que representa a un paparazii que antiguamente se encontraba entre las calles Radničná and Laurinská pero los dueños se lo llevaron al restaurante de la UFO Tower (y el Ayuntamiento está intentando devolverlo a su ubicación original). Otra estatua muy entrañable es la del escritor danés Hans Christian Andersen, quien visitó Bratislava en 1841.

Ya que estás aquí, aprovecha para dar un paseo por las orillas de ese río mítico, el Danubio, arteria de agua indispensable en la vida de Bratislava (su puerto comercial es fundamental para la economía de la ciudad y aquí también atracan muchos cruceros turísticos). Al atardecer el Danubio está precioso con los barcos surcando sus aguas. Otros están anclados en las orillas y se conocen como «boteles«, ya que son barcos-hoteles donde puedes alojarte (nosotros ya hemos vivido esa experiencia en ciudades como Budapest, también bañada por el Danubio, o Estocolmo y merece mucho la pena). En el margen derecho del río tienes Eurovea, el que está considerado el centro comercial más moderno de la ciudad, totalmente acristalado. Dentro tienes a tu disposición cerca de 180 tiendas.

Bratislava

Puedes relajarte un poco más adelante en uno de los parques municipales más antiguos de Europa, el Sad Janka Král’a (llamado así en homenaje al poeta romántico Janko Kráľ, quien tiene aquí una estatua en su honor). Y te llamará la atención ver cómo los eslovacos, ya que tienen poco sol, aprovechan cada vez que este asoma y por ello han creado a orillas del Danubio una pequeña playita de arena blanca, con sus tumbonas y todo (y hasta un par de canchas de voleiboll y chiringuitos para tomar un piscolabis). Es la playa urbana de Tyrsak, situada cerca del Puente Viejo y la plaza Safarikovo, ocupando lo que era el aparcamiento de un parque de atracciones. En verano es común que haya música en directo. Eso sí, está prohibido bañarse en el Danubio ya que las corrientes son muy fuertes.

Pese a lo pequeñita que es Bratislava (no llega al medio millón de habitantes), en la ciudad se pueden encontrar más de 50 iglesias y capillas. La iglesia de San Esteban (llamada así en homenaje al que fue el primer rey de Hungría), aunque bastante modesta (la orden que la mandó construir, la de los Capuchinos, eran bastante fieles al voto de pobreza), tiene mucho encanto. Frente a ella, en medio de la plaza Rybné (donde se quemó por primera vez a una bruja en Bratislava), se levanta la Columna de la Peste, que recuerda a las casi 4000 personas que fallecieron víctimas de la epidemia a principios del siglo XVIII.

Iglesia San Esteban Bratislava

El Palacio Grassalkovich antiguamente era el lugar donde se reunía la aristocracia húngara y actualmente es el Palacio Presidencial. Lamentablemente el único día que se puede visitar por dentro es el 1 de Enero, que es fiesta nacional, pero siempre puedes darte un paseo por sus jardines de inspiración francesa, estos sí abiertos al público.

Palacio

Bratislava durante casi medio siglo formó parte del bloque oriental, un puñado de países que vivieron bajo el gobierno y la influencia cultural y social de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Por aquel entonces, Bratislava formaba parte de Checoslovaquia (el país después se partiría en dos, la República Checa y Eslovaquia) y en 1989 fue punto clave en la conocida como Revolución del Terciopelo, cuando miles de personas salieron a las calles, a protestar pacíficamente en contra de un gobierno totalitario. Poco tiempo después, abandonaba el poder el partido comunista checo, abrumado por la caída del Muro de Berlín. Una nueva era llegaba a Bratislava.

En la capital eslovaca aún se conservan, tres décadas después, muchos vestigios de la era comunista, hasta el punto de que algunas agencias realizan tours a bordo de camionetas de la época (las Skoda) y te muestran fábricas abandonadas, viviendas comunistas (todo el mundo tenía derecho a una casa gratuita) o líneas de búnkeres construidos para luchar contra las tropas alemanas. En la época comunista estaba prohibido no trabajar y para fomentar la natalidad, a los solteros/as se les cobraba un impuesto especial (se conocía como «impuesto solterón»).

Algunas zonas están bastante céntricas. Es el caso del antiguo barrio judío, donde el gobierno comunista decidió en los años 70 demoler la judería, incluida una importante sinagoga (aunque permanece otra  en la calle Heydukova ), para construir un puente. Una auténtica pena que se perdieran edificios históricos que ya nunca podrán recuperarse. Han sobrevivido muy pocas viviendas, una de ellas la Casa del Buen Pastor. Es uno de los edificios más estrechos de Europa, de estilo rococó y con una vistosa fachada color limón. Actualmente acoge un museo de relojes antiguos, la mayoría de ellos fabricados hace más de tres siglos.

Bratislava
Ecos comunistas en las calles de Bratislava

Bratislava

 

Gastronomía de Eslovaquia

 

La cocina eslovaca al principio puede parecer sencilla, poco espectacular, pero te aseguramos que la calidad de sus materias primas es indiscutible y lo que te vayan a preparar, te lo van a preparar muy bien. Condicionada por su situación geográfica (inviernos fríos que exigen platos contundentes, con un alto valor proteico) y la presencia húngara en tiempos pasados, que dejó como legado el uso de la paprika o que el goulash se haya convertido en un plato imprescindible dentro de las casas eslovacas. Aún así, también pueden encontrarse influencias de la cocina austriaca, checa e incluso la otomana.

Los eslovacos suelen tomar tres comidas principales al día, añadiendo la desiata («el desayuno de las once y diez») y el olovrant (merienda), aunque es cierto que los más adictos a estos tentempiés son los niños. Aún son muchos los hombres que en ayunas y antes del desayuno se meten un buen lingotazo de aguardientes de frutas como el borovicka para «facilitar la digestión», lo que se dice comenzar el día con energía). El pan y las gachas son desde hace siglos la base de los desayuno eslovacos, especialmente en invierno. Cada vez son más los eslovacos que están retomando las viejas costumbres de preparar su propio pan en casa.

Comida eslovaca

El queso de oveja, la miel o los huevos revueltos son habituales en los desayunos. Pero si hay algo que les vuelve locos en Eslovaquia es el bacon. Antiguamente los campesinos no tenían acceso a él con la misma facilidad que ahora, por lo que casi era considerado un «producto gourmet» y se reservaba para festividades y bodas. Tener bacon en casa (o lo que es lo mismo, tocino) era signo de riqueza y abundancia, por eso se le tenía en tan alta estima. Suele comerse con pan, cebolla y un poco de mostaza.

El plato nacional eslovaco (aparte del guiso de oca) es el bryndzové halušky, que nos recordaron muchísimo a los pierogi polacos. Son una especie de gnocchi de patata que suelen servirse calientes y acompañados de queso, preferiblemente de oveja, y cachitos de carne ahumada.  

Comida eslovaca

Las sopas son otro de los básicos de la cocina eslovaca. Nosotros, que somos soperos a tope, pues encantados que estábamos. Estas suelen ser bastante contundentes, hasta el punto de que pueden llegar a constituir un plato único por sí solas, aunque lo habitual es que sean el primer plato del menú diario. De hecho, para los eslovacos es tan común comer sopa como inicio de la comida que dan por sentado que si alguien no lo hace es porque es extranjero.

Sopa eslovaca

Para ellos es tan importante una buena sopa que en las bodas, la pareja come del mismo cuenco para sellar su estrenado matrimonio. La sopa más popular es la kapustnica, a base de chucrut, patatas, cebolla y salchichas. En cada región de Eslovaquia se prepara de una forma diferente (y en todas se asegura que ellos tienen la mejor versión). Y no hay celebración navideña que se precie sin un plato de kapustnica en la mesa. 

Después de la sopa, el plato principal suele ser consistente, dándose una importancia importante a la carne o al queso (o a ambas cosas). Mucha manteca, carne de ganso, venado, ternera, cordero o conejo, patatas y repollo como acompañamiento y un buen trozo de pan de centeno con bryndza (queso de oveja salado). A los eslovacos les flipa el queso, suele servirse a menudo en las cervecerías como aperitivo, frito y acompañado de patatas (es un plato muy popular entre los estudiantes). Otro plato que merece la pena catar es el asado gitano, un sandwich de carne de cerdo marinada en leche, ajo y mostaza y que aquí se conoce como la hamburguesa eslovaca.

Una curiosidad de Eslovaquia es la cantidad de langoš que vas a encontrar en el país. ¿Y que son los langoš? Pues la street food eslovaca (aunque su origen, como el goulash, sea húngaro y pueda encontrarse en otros países como Croacia, Serbia o Rumanía). Estos puestecillos no sólo pueden encontrarse en ferias o festivales sino también en estaciones de tren o de autobús. Un tentempié rápido y sabroso a base de pan plano aderezado con salsa y complementos a escoger. Casi siempre salados pero a veces también dulces, lo que le da un sabor parecido a los churros.

Slovak Food

Pancakes de patata, albóndigas con todo tipo de salsas, bollos con chicharrones y crema agria, lokše (pan relleno de paté, manteca o queso), diversos tipos de embutido y chorizos… en Eslovaquia picar entre horas se ha convertido en un hábito. Por eso no te será difícil encontrar lugares donde tomar un aperitivo entre paseo y paseo.

Para el final dejamos los postres, un apartado en el que encontrarás cantidad de alternativas ya que los eslovacos son exageradamente golosos. El strudel (postre húngaro que después adoptaron los austriacos y que llegó a Eslovaquia en el siglo XVIII) es el rey y existen multitud de variedades: con semillas de amapola, nueces, cacao, con fruta… Uno de los más apreciados es el strudel de cereza ácida. Otros postres muy populares son las patas de oso (no literal, claro, así se llaman estas deliciosas pastas), manzanas cubiertas de canela, pasteles de frutas, el tredelnik (un rollo caliente y hueco que encontrarás en muchos puestos callejeros) y los rollitos de Bratislava que se venden en los mercadillos navideños. 

 

Dónde comer en Bratislava

Después de este amplio repaso a la gastronomía eslovaca, comprenderás que es imperdonable largarse de la capital sin haber disfrutado una experiencia culinaria en un «slovenská reštaurácia«. Nuestra recomendación está clara: Slovak Pub. En nuestra opinión es el mejor exponente de lo que se puede comer en Eslovaquia, con el aliciente de que el local es grandísimo, (el mayor de Bratislava, con once estancias, una de ellas decorada con madera de hace 200 años) y realmente precioso. Hasta cuentan en el sótano con un inmenso almacén de barriles de cerveza.

Cada saloncito homenajea a diferentes personajes relevantes de la historia de Eslovaquia: al grupo de intelectuales del siglo XIX que  dio forma al idioma oficial del país, a los Caballeros de Pribina (una especie de templarios eslovacos), a los poetas y escritores nacionales… Nosotros comimos en el que está dedicado a Janosik, un bandolero que según cuenta la leyenda, robaba a los ricos para dárselo a los pobres, el Robin Hood eslovaco

Como nosotros lo visitamos en Octubre, cuando lejos queda ya la temporada alta del verano, no compartimos restaurante con un solo turista, la única clientela que había allí era eslovaca. Nos sorprendió para bien constatar que los precios eran de lo más populares: salimos a unos 20 euros por cabeza y comimos a la carta. Y no sólo eso: el restaurante cuenta con su propia granja, garantizando que todo lo que te van a servir proviene de productos ecológicos.

Slovak Pub

Del goulash ya os hablamos en nuestro viaje a Budapest. Un imprescindible de la gastronomía de Europa del Este. Aún siendo de origen húngaro, en Eslovaquia es altamente popular, un plato clave en cualquier celebración, fiesta o verbena. En el país se considera que si se prepara al aire libre, en un caldero sabe mejor. Y aunque el schnitzel es un plato austriaco, lleva tantos siglos dentro de la cultura culinaria eslovaca que en el país se considera uno de los platos nacionales. Nosotros no quisimos perder la ocasión de probarlo (y bien que acertamos). Estaba igual de bueno que los que habíamos probado en Austria.

Bratislava Beer Bar

En cuanto a beber, os recomendamos una cervecería artesanal chulísima que encontramos paseando por Bratislava, con una carta amplia de referencias, música rock y buenos precios. Se llama Be Unorthodox Craft Beer y se encuentra en el 13 de la calle Panská. Es pequeñita pero muy agradable. Y además también sirven cervezas para llevar, por si te quieres coger alguna para tomártela luego en el hotel o apartamento (que fue lo que hicimos nosotros). Y así nos despedíamos de una ciudad ciertamente encantadora.

 

3 comentarios

  1. Author

    El Slovak es un mítico, nos encantó! Los de Flixbus son como el Ryanair de los autobuses no? Jajajajaja me alegro que te haya gustado el artículo!

  2. Que buenos recuerdos del Slovak Pub!!! Y que malos del viaje con Flixbus! ajaja Muy buen post! Super completo!

  3. Flixbus es muy barato y está muy bien nivel calidad-precio. Pero en un trayecto con ellos entre 2 países, me robaron la maleta hace unos años y la atención al cliente y el proceso de reclamación fueron pésimos!

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