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Little Odessa: el barrio ruso de Nueva York

matrioshkas

Al sur de Brooklyn, entre Coney Island y Manhattan Beach, se encuentra el vecindario de Brighton Beach, que guarda en sus entrañas un rincón de lo más especial: la Pequeña Odessa o lo que es lo mismo, el barrio ruso de Nueva York. Aunque es cierto que aquí viven inmigrantes de todo el mundo, la gran mayoría provienen de tierras rusas: algunas familias llegaron aquí a principios de 1800 y sus descendientes han intentado mantener intactas sus tradiciones. Después llegaría una segunda oleada de inmigrantes, con judíos rusos que escapaban de las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial. Como ocurre en Chinatown, no es raro que entres en una tienda y el dependiente deba llamar a alguno de sus hijos para que ejerza de traductor. Curiosamente, hoy la ciudad de Odessa, conocida como la Perla del Mar Negro y que da nombre al barrio,  pertenece a Ucrania y no a Rusia, tras la desaparición de la unión Soviética.

Little Odessa es el vecindario ruso más grande de todo Occidente. Los inmigrantes han llegado en flujo continuo desde hace dos siglos y hoy en día el barrio continúa acogiendo a los recién llegados, incrementando una población que ya sobrepasa en la ciudad los 700.000 inmigrantes rusos; sin embargo, al vecindario no se le comenzó a conocer como Little Odessa hasta principios de los años 70. Aunque no es el único barrio ruso de Nueva York (pueden encontrarse colonias rusas también en Sheepshead Bay o Bath Beach y en East Village se encuentran unos baños rusos que datan de 1892 y aún están en activo), es aquí donde se concentra el mayor número de inmigrantes.

Nada más salir de la estación de Brighton Beach, uno se dará de bruces, en pleno corazón de Estados Unidos, con las herencias culturales del que fue el principal enemigo del país durante la Guerra Fría. Brighton Beach Avenue, la calle principal, concentra un buen número de comercios rusos, desde restaurantes a inmobiliarias, tiendas de licores e incluso locales donde podrás alquilar en DVD las versiones rusas de películas como “Mary Poppins”. También hay multitud de farmacias donde se siguen elaborando, a la antigua usanza, pociones y pócimas a base de hierbas. El RAAC, el Russian American Cultural Center, se ocupa de dar apoyo a los artistas locales que no saben cómo dar a conocer sus obras y en el Russian Heritage Center se intenta preservar un legado apegado fuertemente a tradiciones milenarias.

Babushkas, caviar, vodka de mil y una marcas, el cabaret Rasputín, que ofrece shows de lo más atípicos… Visitar Little Odessa significa trasladarse a las frías estepas rusas sin salir de Nueva York. La mafia rusa sigue operando en las sombras en estas calles (recordemos la película “El señor de la guerra”, que se ambientó en este barrio, aunque no es la única, Tim Roth protagonizó “Little Odessa” hace unos años), aunque eso no se traduce en una mayor inseguridad urbana: Little Odessa es un barrio tan tranquilo como otros cercanos. Al mismo tiempo, teatros como el Millenium ofrecen obras de grupos teatrales rusos, principalmente musicales y comedias. También aquí se encuentra el Brighton Ballet Theater, una de las mejores escuelas de danza de Estados Unidos: ya sabéis que rusos y cubanos son los mejores bailarines de ballet del mundo.

Los residentes cuentan con sus propios canales de televisión y radio (en ruso, obviamente) y mercados, como el Taste of Russia, con productos típicos de su tierra, imposibles de encontrar en otras partes de la ciudad. Existen tiendas como el St. Petersburg Bookstore, donde se importan libros y DVD’s rusos, quioscos que ofrecen prensa rusa y ucraniana, locales donde venden matrioshkas de todos los tipos y tamaños: los 150.000 inmigrantes rusos que viven aquí han logrado crear un micromundo que poco tiene que ver con la estética neoyorkina, un  acogedor barrio periférico en el que se puede ver a los ancianos rusos jugando en la calle al dominó o al ajedrez los días que sale el sol. Lo ideal es venir aquí a pasear un sábado por la tarde, cuando a lo largo de Brighton Beach Boulevard se dan cita los vendedores callejeros, que muestran en tenderetes improvisados su parafernalia comunista y tazas con la cara del presidente Putin.

Gente de toda Nueva York se acerca hasta los bazares para comprar productos de importación rusos, especialmente vodka, del que se pueden encontrar más de 50 marcas diferentes. Uno de los almacenes más importantes es el M. I. International Food, un enorme local de dos pisos especializado en alimentos soviéticos. Lo mejor aquí son los pescados ahumados. En Vintage Gourmet Food se pueden adquirir los más sabrosos caramelos y pasteles.

Quien quiera degustar auténtica comida rusa (blinis, pollo al estilo Kiev, sopa borsch, Stroganoff…), aquí lo tiene fácil ya que hay decenas de restaurantes: eso sí, la mayoría ofrecen los menús escritos en cirílico y deberás preguntar por la versión en inglés. Muchos de ellos tienen precios realmente bajos y se puede comer o cenar por menos de diez dólares. Entre los favoritos de los locales se encuentra el Kashkar Cafe, Azerbaijan House o el Romanoff. La decoración de la mayoría de los restaurantes tiene un toque bastante kitch, con multitud de espejos y ornamentaciones doradas. Muy ruso todo. En ese aspecto, el club Tatiana es uno de los más demandados (y también de los más caros): es famoso en todo Nueva York por los saraos “a la soviética” que duran hasta bien entrada la madrugada y que incluyen números musicales de todo tipo, a cual más excéntrico. Todo con un  ambiente muy a lo gangsters de los años treinta.

Contradiciendo a la fama de reservados que tienen los rusos, los vecinos de Little Odessa se caracterizan por su hospitalidad y su apertura de mente: mientras en su país natal gays y lesbianas son socialmente condenados (hasta 1999 en Rusia la homosexualidad era considerada una enfermedad mental), aquí se ha organizado por primera vez una Fiesta del Orgullo Gay, dando una lección de tolerancia a los gobernantes de su país de origen. Muchos vecinos de Brighton Beach se alegran de la llegada de la inmigración rusa ya que esta ha traído alegría al barrio: ahora se pueden encontrar pubs abiertos más allá de las once de la noche.

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