Cómo preparar la escapada romántica perfecta

Las pare­jas que via­jan a menudo tienen una vida sex­u­al más grat­i­f­i­cante. Ojo que no lo dec­i­mos nosotros sino un estu­dio de la U.S. Trav­el Asso­ci­a­tion, que ha anal­iza­do los hábitos de 500 pare­jas y ha demostra­do que las  que via­jan con fre­cuen­cia no sólo gozan de rela­ciones más longevas sino que además estas son de mucha mejor cal­i­dad. El estu­dio defiende que el hecho de enfrentarse jun­tos a expe­ri­en­cias nove­dosas y des­cubrir des­ti­nos inex­plo­rados supone un subidón de adren­a­li­na que no sólo incre­men­ta los nive­les de pasión y enam­oramien­to sino que además reafir­ma los vín­cu­los de unión y con­fi­an­za.

Escapada romantica perfecta

Bue­na parte de los psicól­o­gos creen que si un via­je no puede arreglar una pare­ja agon­i­zante, en pare­jas sanas el hecho de via­jar es un incen­ti­vo para con­sol­i­dar los lazos afec­tivos, una especie de test que mida la com­pat­i­bil­i­dad. Y que las pare­jas que a menudo están dis­pues­tas a coger la male­ta sue­len ten­er rela­ciones mucho más duraderas y sin­ceras, pre­cisa­mente porque al estar solos los dos en des­ti­nos lejanos depen­demos el uno del otro. Los via­jes ayu­dan a com­par­tir afi­ciones, a darte cuen­ta de lo mucho que tienes en común con la per­sona que quieres. De los via­jes en pare­ja hablam­os ya en el artícu­lo Via­jar en pare­ja (y volver sanos y salvos) ,  dán­dote un mon­tón de recomen­da­ciones, las que nosotros mis­mos usamos, para que los via­jes con tu media naran­ja se con­vier­tan en algo úni­co. Y en el artícu­lo de hoy incidi­re­mos en todos esos tru­cos que te ayu­darán a preparar la escapa­da román­ti­ca que siem­pre has soña­do.

Viaje romantico

Como de estu­dios va la cosa, vayá­monos de nue­vo a escuchar la voz de los cien­tí­fi­cos, quienes han lle­ga­do a la con­clusión que el sexo en los hote­les es infini­ta­mente mejor que en tu habitación de siem­pre (aunque para afir­mar esto no sé yo si era nece­sario hac­er un estu­dio). El caso es que esto no es una hipóte­sis sino una real­i­dad: cuan­do se prac­ti­ca sexo en los hote­les (acon­se­jamos mejor en la intim­i­dad del cuar­to que en los pasil­los), se dis­paran los nive­les de dopam­i­na, neu­ro­trans­misor respon­s­able de las emo­ciones que nos pro­por­cio­nan plac­er, como dar­le un boca­do a una bar­ri­ta de choco­late o escuchar nues­tra can­ción favorita. Y no es sólo porque el “esce­nario” sea una novedad sino porque aso­ci­amos éste al relax, la feli­ci­dad de las vaca­ciones y el olvi­darnos de la respon­s­abil­i­dad del tra­ba­jo. Además, los hote­les siem­pre han ido lig­a­dos a la lujuria, a las escapadas furtivas y a las noches de desen­freno. Por lo tan­to, si en un deter­mi­na­do momen­to no te puedes per­mi­tir via­jar pero quieres revivir dicha sen­sación, lo tienes fácil: alquilad una habitación de hotel aunque sólo esté a unas cuan­tas paradas de metro de casa.

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Infinidad de hote­les saben que son muchas las pare­jas que les eli­gen para cel­e­brar momen­tos espe­ciales. Por eso la may­oría de ellos sue­len ofre­cer paque­tes espe­ciales, sobre todo en fechas como San Valen­tín o Navi­dad. Aunque pagues más, podrás dormir en la suite nup­cial (que, evi­den­te­mente, no sólo está reser­va­da para recién casa­dos), dis­fru­tar del desayuno en la habitación o encon­trarte la cama cubier­ta de péta­los de rosas. Algu­nas habita­ciones has­ta incluyen músi­ca ambi­en­tal o luz tenue.

Si estáis de via­je en Japón, os recomen­damos aprovechar la ocasión para vis­i­tar un love hotel, hote­les temáti­cos que usan las pare­jas japone­sas los fines de sem­ana (aunque abren a diario). Las habita­ciones pueden alquilarse por horas o por noches com­ple­tas y tam­poco creáis que son demasi­a­do caros: una noche puede salir por unos 70 euros. Hote­les como el Sara Sweet, el Zebra, el Pub­lic Jam o el Renais­sa os brindarán la ocasión de dormir en un camarote marinero, en un aula de cole­gio, en la cel­da de una prisión, en la habitación de un hos­pi­tal, en una nave espa­cial o en un vagón de metro: dejad volar vues­tra imag­i­nación.

Hoy en día parece que lo de encon­trar lugares que no estén ates­ta­dos de tur­is­tas palo-de-self­ie-en-mano es una utopía. Pero sí, exis­ten mul­ti­tud de rin­cones que os per­mi­tirán desconec­tar del mun­do exte­ri­or. ¿Cuál es el secre­to? Inten­tar via­jar fuera de tem­po­ra­da alta. Y si no te que­da más reme­dio que via­jar en ver­a­no, no te emper­res en ir a Benidorm: hay pueblecitos minús­cu­los con mucho encan­to donde ape­nas hay gente inclu­so en pleno Agos­to. En ver­a­no huye de las playas y refú­giate en aldeas del inte­ri­or o en cabañas per­di­das en mitad del bosque. La torre Eif­fel es pre­ciosa y el lugar elegi­do por muchos amantes para pedirse mat­ri­mo­nio pero esto con­ll­e­va esper­ar colas kilo­métri­c­as, pagar 20 euros y arries­garse a que tan espe­cial momen­to se vea ensom­bre­ci­do por los empu­jones de un grupo de tur­is­tas core­anos. ¿A que ya no lo ves igual de romántico?¿Y a que sí te parece un plan mucho más sug­er­ente el ver anochecer a las oril­las de cualquier riachue­lo asturi­ano?

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Si unas líneas antes os hablábamos del mor­bo que dan cier­tos hote­les (no la pen­sión Con­chi­ta, obvi­a­mente, aunque hay gus­tos para todo), nos parece igual de román­ti­co alquilar una casita ale­ja­da de todo y de todos. Con una coci­na para prepararos vues­tra propia cena a la luz de las velas y un buen porche donde dis­fru­tar una copa de vino bajo las estrel­las. La com­pra la podréis hac­er en algu­na aldea cer­cana, en una de esas tien­das minús­cu­las donde una abuelil­la vende a pre­cio de risa tomates recogi­dos en su propia huer­ta y se amon­to­nan en la ala­ce­na los tar­ros de mer­me­la­da casera. Si en vues­tra cabaña no tenéis cober­tu­ra, mejor que mejor: ya ojearéis el correo elec­tróni­co cuan­do volváis a casa.

La may­oría de la gente parece empeñarse en quer­er salir en ver­a­no, darse de coda­zos en una playa ates­ta­da de som­bril­las y esper­ar media hora para con­seguir un hela­do. Pero las vaca­ciones inver­nales tienen tam­bién mucho encan­to, si no más. Además, en invier­no las tar­i­fas tien­den a bajar e inclu­so hay pueb­los que los encon­trarás desier­tos y con todo cer­ra­do (como nos ocur­rió a nosotros cuan­do recor­ri­mos en pleno mes de Enero los pueblecitos france­ses de la región de Midi Pyre­nees). Esa sen­sación de “estar solo en el mun­do” no hay quien la pague. Aunque haga frío, pasear entre la nieve con tu pare­ja o sen­taros a char­lar por la noche frente al fuego de una chime­nea pueden ser expe­ri­en­cias igual de pla­cen­teras que cualquiera que se dis­frute en man­ga cor­ta. Y si como nosotros vives en Madrid, sólo ten­drás que desplazarte con el coche una o dos horas para encon­trar aldeas escon­di­das en las mon­tañas donde huele a leña y pan recién hecho.

Ya que hemos bara­ja­do des­ti­nos ¿bus­cas inspiración de cuáles pueden ser los lugares más román­ti­cos de Europa para plan­ear un via­je en pare­ja? Una bue­na opción pueden ser las islas más tran­quilas de Gre­cia pero tam­bién incluiríamos en el lis­ta­do la bel­lísi­ma Bru­jas (mejor en invier­no que hay menos tur­is­tas y es una deli­cia encon­trar­la con los canales cubier­tos de nieve), los pueb­los de la Toscana ital­iana, la boni­ta región de Alsa­cia en Fran­cia o la ele­gante Budapest. Si tuviéramos que escoger un lugar en España para gri­tar­le al mun­do lo enam­ora­dos que estáis, lo ten­emos claro: nos quedamos con Grana­da.

Alhambra Granada
Pasear por La Alham­bra de Grana­da: una de las expe­ri­en­cias más román­ti­cas del mun­do

Si decides quedarte en España, una bue­na alter­na­ti­va puede ser dormir en un castil­lo. Sí, sí, has leí­do bien: más de uno se ha recon­ver­tido en hotel. Tienes el Castil­lo del Buen Amor en Sala­man­ca, el de Artea­ga en Viz­caya, los paradores de Sigüen­za, Alcañiz o Jarandil­la de la Vera, el Castell d’Em­pordá en Girona, el castil­lo Curiel de Val­ladol­id, el de Grisel en Tara­zona o el de Col­la­do en Ála­va. Los fines de sem­ana es com­pli­ca­do reser­var a no ser que lo hagas con mucha antelación pero si puedes coger un par de días libres entre sem­ana, verás que no sólo hay hue­co sino que además las tar­i­fas bajan notable­mente.

Como veis, no hay que dejarse un ojo de la cara para orga­ni­zar una escapa­da román­ti­ca. Pero si puedes per­mi­tirte darte un capri­cho de may­or cal­i­bre, la com­pañía Princess Cruis­es, espe­cial­iza­da en cruceros, ofrece paque­tes exclu­sivos para pare­jas como el de Aniver­sario (con botel­la de cham­pagne, choco­late, cena para dos y foto de recuer­do), Luna de Miel (con cir­cuito ter­mal y cena en bal­cón) o el de Ren­o­vación de Votos, con una cer­e­mo­nia prepara­da espe­cial­mente para vosotros.

Si antes hablábamos de des­ti­nos inver­nales, quer­e­mos tam­bién pro­poneros algu­nas de las islas más román­ti­cas del mun­do para los que améis la playa y queráis tostaros al sol. Para nosotros (y para miles de pare­jas que vienen aquí a pasar su luna de miel) la isla per­fec­ta es Bali: aquí puedes leer el via­je que hici­mos a Bali por libre : os ase­gu­ramos que es un des­ti­no mucho más bara­to que lo que creéis. Las Mal­divas, Fiji, Sey­chelles, Hawaii, Tahi­ti, Mauri­cio o San­ta Lucía siem­pre han ido lig­adas a los deseos amorosos via­jeros de muchas pare­jas. Pero si el pre­supuesto no te da para tan­to, Madeira, las Azores o las Canarias, de las que esta­mos pro­fun­da­mente enam­ora­dos des­de hace años, son opciones más económi­cas, están más cer­ca y no tienen nada que envidiar a esas otras islas par­a­disi­a­cas.

Madeira
Madeira: una isla bel­lísi­ma a ape­nas dos horas de avión

Después de que Elvis y Priscil­la se dier­an el “sí quiero” en el hotel Aladdin, han sido miles las pare­jas que han via­ja­do a Las Vegas para casarse en una cer­e­mo­nia express, con un imi­ta­dor de Elvis ejer­cien­do como tes­ti­go (y en algu­nas capil­las tam­bién cuen­tan con imi­ta­do­ras de Priscil­la). Las opciones son infini­tas: des­de bodas hawai­ianas con chi­cas bai­lan­do a cer­e­mo­nias en el minigolf de KISS (con un imi­ta­dor de Gene Sim­mons hacien­do de cura y sí, puedes casarte maquil­la­do), paseos en Cadil­lac rosas, bodas en lo alto de la torre Eif­fel del hotel Paris Vegas, paseos en las gón­dolas del Venet­ian, sesiones de fotos bajo el sím­bo­lo de “Wel­come to Las Vegas”, en un bar­co pira­ta en el Trea­sure Island, con ambi­ente mar­i­huanero en la Cannabis Chapel (lo pro­mo­cio­nan como “weed-ings”) o inclu­so en mitad del Gran Cañón del Col­orado, a donde os trasladará un helicóptero des­de la ciu­dad de los casi­nos. Opciones orig­i­nales que no fal­ten.

¿Has pen­sa­do en que el via­je en sí sea una sor­pre­sa? Más de una vez le he regal­a­do a Juan un via­je: si tu pare­ja es viajero/a como tú, lo dis­fru­tará un mon­tón. Hace tiem­po una ami­ga me con­ta­ba cómo su her­mano daba una sor­pre­sa a su cuña­da lleván­dola al aerop­uer­to, entre­gan­do él mis­mo los pas­aportes y las tar­je­tas de embar­que de ambos (para que ella no supiera donde iban) y murién­dose de la risa cuan­do la llevó a la sala de embar­que y su chi­ca se quedó con la boca abier­ta cuan­do en la pan­talla del mon­i­tor leyó “Egip­to”. Esos momen­tos no se olvi­dan jamás. Eso sí, has de ten­er muy, muy claro que el des­ti­no elegi­do es del gus­to de tu com­pi, no vaya a estar el pobre soñan­do con un via­je a las islas Sey­chelles y tú le metas a hac­er tur­is­mo rur­al en un pueblo de Bur­gos. Si no estás segu­ra de qué le gus­taría, prepara una lista de difer­entes des­ti­nos y déjale que eli­ja cin­co o seis para que se man­ten­ga el fac­tor sor­pre­sa pero vayas a tiro hecho. Hablan­do de sor­pre­sas, cuan­to tu novio (o novia) ten­ga la male­ta prepara­da, aprovecha en un des­cui­do para meter­le un pequeño regal­i­to. Seguro que cuan­do lleguéis al hotel y empiece a sacar la ropa, no se espera encon­trarse un detal­li­to.

A la hora de pro­gra­mar una escapa­da, siem­pre, sieeeem­pre, pen­sad en lo que le gus­ta al otro, no sólo lo que te gus­ta a ti. Tu chico puede ser un loco del para­pente, lo que a pri­ori no parece muy román­ti­co, pero aquí lo impor­tante es hac­er al otro feliz. En nue­stro caso, sole­mos reírnos mucho con estos temas porque somos bas­tante freakies y nos encan­tan las cosas ter­rorí­fi­cas: mucha gente no vería muy román­ti­co eso de hac­er tours noc­turnos vis­i­tan­do cemente­rios pero a nosotros nos encan­ta. Lo que no está reñi­do con haber dis­fru­ta­do de casas par­adis­ía­cas con su pisci­na propia, en la que podías bañarte desnudo bajo la luz de la luna. Por cier­to, bañarse desnudo en el mar de noche tam­bién mola un mon­tón, aunque yo me quedé algo trauma­ti­za­da con las pelícu­las de “Pirañas” y “Tiburón” y des­de entonces me da algo de yuyu (si lo pien­sas bien, lle­var biki­ni tam­poco te pro­tege de nada).

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Si tu escapa­da es para rela­jarte y huir del estrés, es el momen­to ide­al para una bue­na sesión de spa y masajes. Es algo que nosotros inten­ta­mos hac­er en Madrid pero sobre todo cuan­do esta­mos de vaca­ciones: te quedas como nue­vo tras unas horas entre bur­bu­jas, chor­ros y vapores. ¿Y qué puede haber más román­ti­co que regre­sar a tu habitación envuel­to en un  espon­joso albor­noz blan­co?

Y el ulti­mo con­se­jo, total­mente impre­scindible: si estás en un hotel, cuel­ga del pomo de la puer­ta el car­tel de “No molesten”. ¡Es vue­stro momen­to!


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8 Comments

  1. Me lo apun­to!

  2. Que artic­u­lo tan chu­lo, Gra­cias! Me encan­taron las fotos 🙂

  3. Silvia

    at

    Tomo nota !! Gra­ci­asss !!

  4. Me encan­ta, Yo lo hago de vez en cuan­do nos escapamos mi mari­do y yo Será por eso lle­va­mos casi 30 años casa­dos? Tomo nota de los lugares prop­uestos Te seguirè, via­jar es una de mis pasiones

  5. Hola Esther! Pues prob­a­ble­mente sí, ese sea el secre­to: via­jar une. Me ale­gra que me sigas ¡un abra­zo!

  6. Reblogueó esto en HOTELERIA PAGGUS.

  7. Genial!! me encan­ta tu filosofía de vida, muy sim­i­lar a la mía, a si que me resul­tan muy útiles muchos de tus con­se­jos y reflex­iones. Tomo nota.
    Muchas gra­cias
    Salu­dos

  8. Mil y un Viajes por el Mundo

    at

    Gra­cias a ti por seguirnos y qué bien que te haya servi­do el artícu­lo. ¡Un abra­zo!

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