Cosas que deberías evitar meter en la maleta al salir de viaje

Kilos y kilos de ropa

Sé hon­esto con­ti­go mis­mo: cuan­do regre­sas a casa ¿cuán­tas veces admites que la mitad de la ropa que has echa­do en la male­ta al final no la has usa­do… y en algunos casos ni siquiera des­dobla­do? Como se suele decir, las male­tas se llenan de “por si aca­sos”: por si aca­so llueve, por si aca­so voy a cenar a algún sitio for­mal, por si se me rompen los pan­talones, por si hace más calor del que pronos­ti­ca el hom­bre del tiem­po. Total, que el resul­ta­do final es que lle­gas a come­ter la inutil­i­dad de incluir en una mis­ma male­ta ropa de invier­no y de ver­a­no (sea la estación que sea) y al final te acabas ponien­do siem­pre el mis­mo pan­talón y la mis­ma camise­ta porque es con lo que estás más cómo­do. Y ya ni te cuen­to si estás en un des­ti­no playero, de esos que vas sólo a tirarte a la bar­to­la. Vas del bañador al pija­ma y vicev­er­sa y tiro porque me toca. Hazme caso: la próx­i­ma vez que apiles el mon­tón de ropa para un via­je, divide y déja­lo en un ter­cio. Si te quedas cor­to, aprovecha si estás en un aparta­men­to para usar la lavado­ra y si no, tienes serias prob­a­bil­i­dades de encon­trar algu­na lavan­dería por el camino.

Guías de via­je a tuti­plén

Guias viaje

Os he dicho varias veces, lo reconoz­co, que soy de las de old school de toda la vida (lo cual muchas veces no sé si es bueno o malo). El caso es que esto a veces afec­ta al modo que ten­go de via­jar. Y uno de estos aspec­tos es que me encan­ta via­jar con guías de papel: me resul­tan más útiles de mane­jar, con sus post-it de col­ores pega­dos y sus sub­raya­dos flu­o­res­centes, y por qué no decir­lo, tam­bién me pare­cen más moti­vado­ras. Pero sien­do prác­ti­ca, tien­do a usar­las en dicho for­ma­to si son capaces de cubrirme un des­ti­no com­ple­to (vamos, que si via­jo a Por­tu­gal, lle­vo la de Por­tu­gal y lis­to). En el caso de que via­je por var­ios país­es en un solo via­je, inten­to entonces descar­gar­las en for­ma­to elec­tróni­co y tirar de Kin­dle. Que a lo mejor es un medio menos bohemio pero en este caso es bas­tante más prác­ti­co (y pesa menos que un maza­cote de guías).

Zap­atos de tacón

Tacones

Sí, sí, seguro que más de una pen­sáis “¿pero quién puede ser tan idio­ta para lle­varse de via­je un par de zap­atos de tacón?” (a no ser que sea un via­je de tra­ba­jo o de pro­to­co­lo-de-vete-tú-a-saber-qué y no te quede más reme­dio). Yo, al menos, soy de las que lo pien­sa. Pero de todo en esta vida te puedes encon­trar. Y si no, que nos lo digan a nosotros en nue­stro via­je por Cam­boya, cuan­do allí, en mitad de la sel­va, con los tem­p­los de Angkor devo­ra­dos por la veg­etación, surgió de la nada un auto­car lleno de chi­nas, con sus larguísi­mos vesti­dos de noche y sus tacona­zos de doce cen­tímet­ros. Y allí que se liaron todas a hac­erse self­ies. Nues­tra cara era de enmar­car.

Echar unos zap­atos de tacón en la male­ta, insis­to, no es bue­na idea (y no sólo por lo mucho que ocu­pan). Lo lógi­co y nor­mal es que vayas de via­je para hin­charte a hac­er kilómet­ros andan­do, por lo tan­to nada mejor que un buen calza­do cómo­do. Y no unos zap­atos que te vas a pon­er un par de veces cuan­do bajes a cenar al restau­rante de enfrente. Y de ahí pasamos a nues­tra sigu­iente recomen­dación: los artícu­los que vas a usar nada y menos.

Cosas que sólo usarás una o dos veces

Paraguas

A no ser que vayas a Mawsyn­ram en la India, donde al año caen 12.000 litros de agua de llu­via, es ton­tería que car­gues con un paraguas enorme dos sem­anas “por si aparece un nubar­rón”. Que tam­bién os digo que yo soy de las que gus­ta echar en el bol­so un paraguas de esos minús­cu­los porque no abul­tan nada (y tam­poco duran nada, al más mín­i­mo sop­lo de vien­to, adiós a las var­il­las, por lo que al final no pare­cen muy renta­bles). Pero he puesto el ejem­p­lo del paraguas gigante porque se puede asim­i­lar a cualquier obje­to que vayas a usar una o como mucho dos veces en todo el via­je: mas­car­il­las faciales, com­ple­men­tos innece­sar­ios para la cámara (a no ser que cur­res como pro­fe­sion­al ¿merece la pena car­gar con zooms pesadísi­mos?), almo­hadas para el avión o un mon­tón de acce­so­rios baratos que podrás com­prar en el des­ti­no y que si me apuras, has­ta podrás dejar allí después de usar­los.

Un mon­tón de pas­ta

Dinero

A lo mejor es ton­tería decir­lo a estas alturas pero nun­ca está de más: no cometas el error de meter dinero en la male­ta. El dinero, tan­to en efec­ti­vo como en for­ma­to tar­je­ta, ha de lle­varse siem­pre enci­ma, bien local­iza­do. No es sólo que te puedan robar la male­ta, es que es de lo más común que se extravíe en una escala y acabe en en aerop­uer­to dis­tin­to a miles de kilómet­ros. Imagí­nate la gra­cia estar en un país extraño sin un duro enci­ma. Eso por no hablar de que no todos los que tra­ba­jan en dichos aerop­uer­tos son los más hon­estos del mun­do y puede tocarte un lis­to que des­cubra en el neceser tu fajo de bil­letes. Pasa de jugártela: la pas­ta en el bol­sil­lo guarda­di­ta.

Acce­so­rios fotográ­fi­cos

Lo comen­tábamos ahí arri­ba. ¿Da o no da fati­ga ver a esos pobres que van car­ga­dos con un camarón de 15 kilos y sus zooms y trípodes cor­re­spon­di­entes, sudan­do la gota gor­da para sacar la foto per­fec­ta? Con lo mucho que ha avan­za­do la tec­nología, aho­ra que los móviles tienen unas cámaras y una res­olu­ción del copón (e inclu­so si eres de los puris­tas, se te per­mite lle­var una cámara com­pacta y menos aparatosa), a no ser que tra­ba­jes para Nation­al Geo­graph­ic , puedes pre­scindir de ir car­ga­do como una mula para lle­varte unas fotos de recuer­do.

Botas de mon­taña

Las botas de trekking pueden ser muy útiles en deter­mi­nadas situa­ciones pero tienen un serio incon­ve­niente: sue­len pesar bas­tante y ocu­par mucho espa­cio. Tam­bién es cier­to que otra opción es direc­ta­mente lle­var­las pues­tas todo el via­je pero si te toca un día de mucho calor o en los que direc­ta­mente no vayas a pegarte grandes cam­i­natas, al final puedes acabar con los pies coci­dos. Mi con­se­jo es que en el caso de que sean abso­lu­ta­mente nece­sarias (pon­go el ejem­p­lo de que en el via­je que hici­mos por Cos­ta Rica era el úni­co calza­do ase­quible para meterse por la sel­va), opta por ver­siones lig­eras pero resistentes, imper­me­ables y que cubran el tobil­lo.

Sábanas y toal­las

A no ser que via­jes a Escan­di­navia var­ios días, donde es de lo más común que te cobren entre 10 y 15 euros por el alquil­er de un juego de sábanas o toal­las (vamos, lo que cues­ta en una tien­da españo­la ese mis­mo juego), inten­ta no copar la male­ta con ropa de cama. Com­pren­do que hay gente muy escrupu­losa con eso de dormir en camas aje­nas pero para eso está la alter­na­ti­va de ele­gir hote­les decentes y limpi­tos donde cam­bian las sábanas a diario (y las toal­las tam­bién, aunque sé sol­i­dario a niv­el medioam­bi­en­tal e inten­ta usar esa toal­la dos o tres días). En cuan­to a las toal­las de playa, sue­lo echar­la si voy a un des­ti­no playero en el que prác­ti­ca­mente baje a bañarme casi a diario; si no es el caso, la com­pro allí, que por cua­tro o cin­co euros las hay monísi­mas.

Más de un libro

Me encan­ta leer en papel y casi siem­pre inten­to lle­var algún libro físi­co en los via­jes pero hay que ten­er en cuen­ta que los libros pesan (y a veces mucho, sobre todo si llevas maza­cotes como “Los pilares de la tier­ra”). Por dicho moti­vo, si eres de los que lee bas­tante y con un libro te vas a quedar cor­to, recomien­do el libro elec­tróni­co. En casa ten­emos un par de Kin­dle Fire que han cumpli­do diez años y fun­cio­nan per­fec­ta­mente; casi siem­pre via­jan con nosotros porque además, al ser en col­or, puedes nave­g­ar y ver pelícu­las, lo que le da un atrac­ti­vo extra respec­to al libro elec­tróni­co puro y duro.

Todo lo que puedas com­prar en des­ti­no

Y que, por supuesto, sea bas­tante más bara­to que en tu país de ori­gen. Porque ya hablam­os de este tema en el via­je a Cos­ta Rica. Cuan­do via­jas a des­ti­nos muy caros, merece la pena hac­er enca­jes de bolil­l­los en la male­ta y meter todo lo que puedas. Pero si vas a sitios más económi­cos que tu país de ori­gen, a lo mejor te merece la pena com­prar allí mis­mo el des­odor­ante, la pas­ta de dientes, el gel, el cham­pú y la cre­ma solar.

Aparatos elec­tróni­cos (a los que des poco uso)

Ordenador portatil

Aparte de los Kin­dle, ten­emos una tablet bas­tante maja que nos ha hecho más de un apaño cuan­do por lo que sea no hemos podi­do conec­tar el Chrome­cast en la tele del hotel (que a veces pasa) o para ir vien­do pelícu­las en algún via­je en avión. Pero con­fieso que la echamos en la mochi­la porque abul­ta poco y pesa aún menos. Dicho sea de paso que nun­ca, que yo recuerde, nos hemos lle­va­do de via­je el orde­nador portátil. A veces, para pasar el tiem­po en los aerop­uer­tos nos bas­ta y nos sobra con el telé­fono y con platafor­mas como la de un Casi­no Movil para entreten­er­nos con algunos de nue­stros jue­gos favoritos.

Secador de pelo

Secador pelo

Hace tiem­po leí un artícu­lo que comenta­ba que de todos los ele­men­tos de uso común que puedes encon­trarte en la habitación del hotel de turno, des­de el mano a dis­tan­cia a las per­chas o el hervi­dor, el más sucio de todos es, sor­pren­den­te­mente, el secador de pelo. Al pare­cer, los san­i­tar­ios, bañeras y lava­bos se limpian a diario con tesón pero los secadores sue­len desin­fec­tarse muy de tarde en tarde y esto empu­ja a mucha gente a lle­var su pro­pio secador de pelo. Tam­bién se da el caso de que direc­ta­mente no haya secador en la habitación y entien­do que en lugares como Fin­lan­dia, salir a la calle con el pelo moja­do a diez gra­dos bajo cero, mola poco. Pero si puedes pre­scindir del secador, espa­cio que te ahor­ras. Y si te es indis­pens­able, escoge uno portátil y ple­gable.

Una tonela­da de maquil­la­je

Com­pren­do que las influ­encers con mil­lones de seguidores han de salir monísi­mas requete­monísi­mas en sus fotos de Insta­gram para pro­mo­cionar las cremi­tas que las pagan las vaca­ciones. Pero tú no nece­si­tas lle­var tres nece­seres de potingues a un via­je en el que es muy prob­a­ble que la may­or parte del día estés cam­i­nan­do a pleno sol y sudan­do la gota gor­da, las cosas como son. Que a todo el mun­do le gus­ta salir bien en las fotos pero estás de via­je, no en la pasarela Cibeles, así que sé prác­ti­ca y coher­ente. Con un poquito de rim­mel y una bar­ra de labios, que mira qué poco ocu­pan, estarás de lo más deslum­brante.


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