CAMBOYA - Angkor y Siem Reap

Bayon: el templo de las mil caras

Bayon es de esos lugares en el mundo que uno debería, casi por obligación, pisar alguna vez en la vida. Aunque la fama de Angkor recaiga en Angkor Wat, basándome en mi experiencia he de decir que los demás templos que visitamos el resto de los días no creo que tengan mucho que envidiarle. Ni en grandiosidad ni en conservación ni en elegancia. Además, tienen a su favor que hay muchísimos menos turistas, por lo que podrás disfrutarlos con más calma. Entre todos estos templos, uno de los que más me gustó, con diferencia, fue Bayon.

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Considerada una de las construcciones religiosas más enigmáticas del mundo, Bayon no sólo es complejo en lo que a su planteamiento arquitectónico se refiere sino también por las diferentes fases que ha vivido a lo largo de su longeva historia. Se construyó en el siglo XII bajo el mandato del rey Jayavarman VII y logró sobrevivir a la llegada de nuevos monarcas debido a que se encontraba tan bien fortificado que era esfuerzo inútil diseñar uno nuevo que lo mejorara. Era la gran joya arquitectónica de la antigua capital, Angkor Thom, y también el último de los templos en construirse: inexplicablemente, fue abandonado años después, junto al resto de la ciudad, y durante tres siglos permaneció escondido en mitad de la jungla, lo que ha contribuido a su impecable estado de conservación. Esto ha sido de gran ayuda para los restauradores ya que pese a la tecnología con la que contamos ahora, el cómo se construyó Bayon continúa siendo un enigma: aunque quisiéramos, no podríamos construir un templo igual sin utilizar un solo gramo de cemento. Aunque a nivel de extensión es menor que Angkor Wat, el aura de misterio que le envuelve hace de él un lugar aún más fascinante que el propio templo principal.

Bayon Camboya

Bayon cumplió varias funciones, desde panteón de los dioses a lugar de culto del hinduismo y templo budista. Aunque Jayavarman VII construyó Bayón con la intención de venerar a Buda, los monarcas que le sucedieron fueron adaptando el templo a sus respectivas creencias religiosas, casi siempre asociadas al hinduismo. Su estructura se basa en dos gigantescas galerías concéntricas, superpuestas en tres niveles y con varias torres. La visita resulta más excitante por la confusión continua en la que te hayas inmerso al deambular por corredores, escaleras y pasillos oscuros: proponer un itinerario está fuera de lugar, lo recomendable es dejarse perder por este laberinto de piedra en el que la magia casi se puede palpar con los dedos.

Además Bayon tiene la particularidad de que al ser observado desde el exterior parece mucho menos impactante de lo que en realidad es: cuando caminas por si interior es cuando eres realmente consciente de la singularidad de este templo único. Ya el puente que precede a su entrada, custodiado por decenas de figuras de piedra, nagas (las serpientes de las que yo os hablamos en la entrada de Angkor Wat), los devas (dioses) y asuras (demonios), deja adivinar lo que nos está esperando. Esta entrada, situada en la parte sur, se llama Yashodharapura. En total hay cinco entradas pero en mi opinión esta es la más espectacular, precisamente por las estatuas que flanquean el puente; en las demás puertas, la mayoría han sido robadas.

Bayon Camboya

Puerta de entrada a Bayon

Más de cuarenta torres rodean a la torre principal, la Gold Tower, de casi 45 metros de altura y que simboliza el centro del universo. Cada una de estas torres menores cuenta con una cara tallada en piedra en cada lado y alcanzan los dos metros de longitud. Se cree que los rostros de piedra imitaban la imagen del rey (este se consideraba a sí mismo un devaraja, un rey-dios) pero inspiradas en el bodhisattva Avalokiteshvara, quien se ocupaba de atender las plegarias de los creyentes antes de que alcanzaran el nirvana; para escuchar y ver a tanta gente se necesitaban muchos oídos y muchos ojos, de ahí la presencia de tantas caras. Todas parecen iguales y sin embargo no lo son; dependiendo de cómo refleje la piedra los rayos de sol, su expresión puede variar, dando la sensación de que son humanas.

Aunque no se ha confirmado, muchos historiadores creen que al estar entonces el imperio khmer dividido en 54 provincias, estas caras observaban a cada una de ellas desde la distancia, vigilándolas y protegiéndolas al mismo tiempo. Otro gran misterio, que se suele equiparar al de la Mona Lisa, es el por qué de sus sonrisas: supongo que es algo que no descubriremos nunca. Lo que sí sabemos con seguridad es que los khmeres creían que Bayon era un lugar tan sagrado que pensaban que era una puerta entre el cielo y la tierra.

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Bayon, al igual que Angkor Wat, está también caracterizado por la importancia que se dio en su momento a la elaboración de los bajorrelieves, que en este caso ocupan metros y metros de galerías. Los que mejor se han conservado son los del piso inferior, en los que se alternan escenas bélicas con otras referidas a la vida cotidiana y en las que el rey y los personajes importantes siempre son representados a un mayor tamaño, para resaltar las diferencias sociales. Uno de los mejores paneles es el de la Batalla Naval que se llevó a cabo en el lago Tonle Seap y que, evidentemente, acabó con la victoria de los khmeres sobre el ejército cham. Para celebrar dicha victoria, se esculpió en roca el ambiente festivo que se vivió tras la contienda, con gente jugando y mujeres preparando banquetes. En Bayon hay representadas en total más de 11.000 figuras, lo que da fe de la relevancia que el complejo obtuvo en su época.

Bayon Camboya

Aunque los restauradores no han escatimado esfuerzos (ni dinero) en intentar arreglar, respetando la estructura original, lo que erosionó siglos de abandono, al pasear por Bayón la impresión de encontrarse en un templo milenario es mucho más fuerte que en otros rincones de Angkor. Muchos muros se han derrumbado, incapaces de resistir el paso del tiempo, y las puertas de acceso a las galerías en la mayoría de los casos son marcos rocosos cubiertos de musgo. A esta sensación se le une el desconcierto de no saber muchas veces por donde tirar, ya que los reyes de tiempos pasados fueron añadiendo corredores sin ningún orden lógico. De repente, sin saber cómo, aparecerás en una estancia donde verás a camboyanos arrodillados ante estatuas de Buda, recordándonos que pese a que Bayon sea antiquísimo, continua siendo un lugar sagrado para los que aquí viven y es lugar de peregrinación para miles de fieles. Y como tantas otras veces que he viajado a Asia, vuelvo a vivir esa sensación de deja vu en la que creyentes y turistas se mezclan, con la más normal naturalidad, entre ruinas milenarias.

Continuamos yendo hacia el templo de Phimeanakas, otro de los más impresionantes de Angkor y que debido a su forma piramidal me recordó vagamente a cuando en México estuve recorriendo las ruinas mayas. El Templo Celestial formaba parte del recinto del palacio real, se habría utilizado como área de recepción y alojamiento de visitantes extranjeros y santuario de segundo orden: es uno de los más altos de todo el complejo (cuarenta metros). Rodeado por una muralla de seiscientos metros y precedido por estanques en los que se bañaban y aseaban los miembros de la familia real, separados por sexos, cuenta con cinco puertas de acceso: por la puerta este entraban el rey y los personajes importantes y por la norte sólo accedían los carruajes.

La leyenda cuenta que la pirámide estaba coronada por una torre de oro en la que vivía una naga, una serpiente de nueve cabezas que cada noche se convertía en mujer y a la que a diario el rey visitaba. Si una noche la naga no aparecía, era sinónimo de que los días del soberano estaban contados. Se puede ascender hasta la cima de la pirámide por la escalera oeste (la única que se mantiene en buen estado); desde arriba se observa mejor la curiosa distribución del templo, con cuatro vestíbulos orientados a los puntos cardinales. La parte superior de Phimeanakas ha desaparecido pero eso no resta importancia a su valor arqueológico.

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La Terraza de los Elefantes, que se encuentra a la espalda del templo de Bayon, era usada en la antigüedad como testigo de los eventos más importantes de Angkor Thom, como festividades, juegos, procesiones o los desfiles de las tropas cuando regresaban de la guerra. También era utilizada por el rey para hablar a los súbditos y recibirles en audiencia pública: todo el mundo podía plantearle sus quejas y peticiones. La terraza se compone de decenas de figuras de piedra de elefantes y sus correspondientes cuidadores pero también representaciones de apsaras, guerreros o animales mitológicos como los garudas, esos pájaros-dioses que eran capaces de tapar la luz del sol.

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La Terraza del Rey Leproso se cree que se construyó representando al Monte Meru como centro del universo. La estatua en homenaje al rey Yasovarman I (que era, efectivamente, leproso) se asociaba con Yama, el dios de la muerte; la original que se encontró en el yacimiento hoy se encuentra expuesta en el Museo Nacional de Pnomh Penh. La función de esta plataforma era como crematorio de los cadáveres de los reyes.

Terraza del Rey Leproso

Cerca de esta terraza, para ir finalizando el recorrido, tenemos el santuario Preah Pithu, que ha sido abierto al público hace poco tiempo debido al precario estado de conservación de estos cinco templos, en prevención de derrumbes. Ahora tenemos la suerte de poder verlos más de cerca pues cuentan con algunas de las esculturas mejor talladas de todo el imperio khmer.

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