Oak Alley Plantation: la mansión de “Entrevista con el vampiro”

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Esa preciosa imagen de Oak Alley con la avenida de robles, de 240 metros, llegando a la entrada principal ha sido inmortalizada varias veces en televisión, como en la serie “True Detective”, y en el cine, en películas como “Primary Colors”, “El largo y cálido verano” o “Entrevista con el vampiro”, que fue la que más la popularizó (era la casa del vampiro Lestat). Se encuentra en Vacherie, a las orillas del río Mississippi, y los terrenos fueron adquiridos a principios del siglo XIX con la intención de acoger una plantación gigantesca de caña de azúcar. Su propietario, Valcour Aime, era uno de los hombres más ricos de su época, aunque fue su cuñado, Jacques Roman, quien supervisó la construcción de la mansión. El arquitecto Joseph Pilié se inspiró en los antiguos edificios griegos para su diseño: destacan las 28 columnas dóricas que simbolizan los 28 árboles del camino de entrada y sus cuidados jardines, a los que se conoce como El Pequeño Versalles.

Oak Alley es el mejor ejemplo de la época dorada del sur profundo pero también el doloroso recuerdo de uno de los periodos más negros de la historia norteamericana: el de la esclavitud. Aquí llegaron a trabajar más de 200 esclavos negros, quienes no sólo tenían que luchar contra las duras condiciones laborales sino también contra las plagas de cólera, extendidas por los miles de mosquitos que habitan los humedales y pantanos de Louisiana. Mientras la casa iba cambiando de dueños, se mantenía el sistema feudal que explotaba a familias enteras. Hasta que comenzó la Guerra Civil y los grandes terratenientes vieron como sus imperios comenzaban a desmoronarse: las leyes de Louisiana exigían a las plantaciones con más de 20 esclavos contar con capataces preparados y eran muchos los esclavos que conseguían escapar y huir de una vida llena de miserias. La puntilla llegaría en 1863, cuando Abraham Lincoln consiguió devolver la libertad y sus derechos como ciudadanos a miles de personas. Las grandes plantaciones comenzaban a agonizar económicamente ya que si precisamente habían logrado lucrarse era gracias a la supresión de salarios durante tantos años. Además, muchos terratenientes se negaban a pagar a los esclavos aunque se lo impusiera la ley, pues lo consideraban una deshonra al clasificarles como una raza inferior. Su orgullo y tozudez les condujo a la bancarrota. Muchos ex-esclavos abandonaron las fincas y emigraron a las ciudades en busca de un futuro más próspero.

Las deudas de la familia Roman, propietaria de Oak Valley, rondarían en la actualidad los tres millones de dólares, por lo que acabaron perdiendo la casa y los terrenos. Oak Alley fue pasando por las manos de diferentes familias pero hasta principios del siglo XX no comenzaron las tareas de restauración: años de abandono y penurias económicas habían dejado la mansión en un pésimo estado. La última familia residente fueron los Stewart, quienes precisamente pusieron en marcha la Fundación Oak Alley, que se encarga de su conservación y mantenimiento. Gracias a ellos, hoy en día se puede visitar una exposición sobre la esclavitud que intenta devolver la dignidad a los que durante tantos años enriquecieron a los propietarios sin ningún tipo de agradecimiento y sobreviviendo en condiciones infrahumanas. La mansión carga con una leyenda negra que habla de almas en pena que vagan por los pasillos y son muchos los guías y trabajadores que declaran haber notado presencias inexplicables, otorgando a Oak Alley una atmósfera de misterio tremendamente acusada. Quien quiera sentir en sus carnes dicha experiencia, puede dormir en algunas de las cabañas cercanas a la mansión principal: no son baratas (165 dólares la más económica) pero merecen la pena si buscas emociones fuertes. Si, por el contrario, sólo quieres hacer una visita diurna, te recordamos que Oak Alley está abierta al público de 9 de la mañana a 5 de la tarde, la entrada cuesta 20 dólares y el tour no suele durar menos de dos horas. Puedes contratar la excursión en Nueva Orleans (hay un montón de agencias que la ofrecen) o acercarte en coche (calcula una hora de camino). Lo importante es que no te pierdas un lugar único que describe como pocos uno de los periodos más convulsos de la historia de Estados Unidos.

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