Viaje a Nueva York, la ciudad de los rascacielos

Esta entra­da de blog sobre el via­je a Nue­va York va a tocar ir hacién­dola en var­ios días, por un lado, por la can­ti­dad de infor­ma­ción a ofrecer,y por otro,porque fui a Nue­va York hace ya siete años y voy a ten­er que tirar bas­tante de guías para refres­car muchos recuerdos.Aun así,espero servir de ayu­da para los que vayais por primera vez.

Como os digo,fuí en Agos­to del 2005 pero como ya he comen­ta­do en otras entradas de blog, no creo que la may­oría de los datos prác­ti­cos hayan vari­a­do mucho des­de entonces. Estu­vi­mos casi dos sem­anas y las dedicamos ínte­gras al recor­ri­do de Manhattan;es increíble la de sitios que hay para vis­i­tar en la isla,y los que nos quedaron… Nue­va York,al menos en mi caso,ha sido una de las ciu­dades que más me ha fasci­na­do de los cien­tos que he cono­ci­do y me encan­taría volver en un futuro,precisamente para dedi­carme a esos sitios que nos dejamos en el tin­tero.

Un avi­so a los que como hice yo vayáis en pleno ver­a­no: en Nue­va York hace un calor de mil demo­ni­os. A eso se le suma la humedad que desprende la bahía del Hud­son y prepárate a sudar la gota gor­da. Fue salir del aerop­uer­to y abofetearnos una bocana­da de calor infer­nal, nue­stro primer pen­samien­to fue “ay,madre,así va a ser todos los días?” Luego el taxista nos aclaró que habíamos tenido la bue­na suerte de lle­gar jus­to el día que las tem­per­at­uras habían alcan­za­do records históri­cos. Aun así, lo anoto para que vayáis prepara­dos, ya que andaréis muchísi­mo, y sobre todo,para que tengáis en cuen­ta los bru­tales cam­bios de tem­per­atu­ra, de más de 20 gra­dos, de la calle respec­to a los com­er­cios, donde ponen el aire acondi­ciona­do tan fuerte que pasas has­ta frío y den­tro tienes que echar mano de la cazadora.Vamos,que pese a ser pleno Agosto,lo raro es que no te traigas de sou­venir un buen con­sti­pa­do.

El taxi des­de el aerop­uer­to nos salía bas­tante bara­to entre las tres ami­gas que íbamos, unos 35 euros al cam­bio, que vis­to donde cae el aerop­uer­to JFK tam­poco era mucho. El aerop­uer­to es un bunker abso­lu­to tras los aten­ta­dos del 11S y te harán pasar un mon­tón de con­troles y scaners, ya ni hablar del coña­zo de la adu­a­na, que allí se hace pesadísi­ma. Entonces no tuvi­mos que pagar la tasa de entra­da — unos doce euros — que aho­ra te piden por acced­er al país. Recor­dad que tenéis antes de ir que solic­i­tar el for­mu­la­rio ESTA. En mi últi­ma entra­da a USA el año pasa­do ya la pagué,aunque lo bueno es que te sirve para dos años. Recor­dad que tenéis que pagar­la pre­vi­a­mente por Inter­net o te man­dan de vuelta a casa.

Nue­stro hotel era el Wol­cott, a ape­nas dos calles del Empire State Build­ing (no sabéis qué impre­sión cuan­do, con el jetlag,la primera mañana me des­perté como un buho al amanecer, abrí la corti­na y le ví allí ilu­mi­na­do por los primeros rayos de sol). En NY el gran prob­le­ma de los hote­les es que son muy caros: si quieres dormir en uno cén­tri­co, limpio, con habitación amplia y baño pri­va­do, ve preparan­do la cartera.A noso­tras nos habían habla­do del Penn­syl­va­nia, el más cogi­do por los mochileros, y nos habían con­ta­do pestes respec­to a temas de suciedad. Así que prefe­r­i­mos irnos al Wol­cott, que era gas­tarse un poco más (120 euros la triple por aquel entonces, aho­ra creo que es lo que pagas por una doble) pero estar más a gus­to y enci­ma en pleno cen­tro. El hotel es muy antiguo, más de un siglo, lo que le da un ambi­ente encan­ta­dor ya que está dec­o­ra­do con un aire muy clási­co, las habita­ciones son espa­ciosas, esta­ba limpio,aunque el mobil­iario era antic­ua­do, eso sí, pero en gen­er­al sal­imos muy con­tentas. Buenísi­ma elec­ción.

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¿Por dónde empieza una a relatar un via­je a Nue­va York? Resul­ta difí­cil ele­gir cuan­do todo te ha gus­ta­do tan­tísi­mo. Optaré por el Empire State Build­ing, pre­cisa­mente por pil­larnos tan cerqui­ta del hotel, como comen­té antes. La recomen­dación que te hago es que subas como una media hora antes de que anochez­ca, que fue lo que hici­mos noso­tras, así ves Nue­va York des­de el cielo tan­to de día como de noche. En ambos casos es una expe­ri­en­cia espec­tac­u­lar.

El Empire ya hace mucho tiem­po que dejó de ser el ras­ca­cie­los más alto del mun­do pero aún así, subir a la cima de sus 443 met­ros (ante­na de tele­visión inclu­i­da) sigue sien­do una de las mejores cosas que me ha pasa­do estando de via­je. Entonces pagabas 10 dólares por la entra­da (en realidad,por el uso del ascen­sor; el tramo final se hace por escalera) pero la verdad,es que merece mucho la pena. Vis­i­tar NY y no admi­rar la ciu­dad des­de aquí es un peca­do mor­tal.

Parece men­ti­ra pero esta inmen­si­dad fue con­struí­da en un tiem­po record, sólo dos años, y se llevó con­si­go la vida de catorce tra­ba­jadores ago­b­i­a­dos por las prisas. Se inau­guró en 1931, jus­to en la depre­sión pos­te­ri­or al crack del 29, y les costó hor­rores ter­mi­nar de alquilar las incon­ta­bles ofic­i­nas. Actual­mente tiene en fun­cionamien­to 80 ascen­sores que dan uso las más de 40.000 per­sonas (tra­ba­jadores y vis­i­tantes) que se acer­can a diario al edi­fi­ci ‚y que se ele­van a una veloci­dad de casi 400 met­ros por minuto,daba vér­ti­go a la veloci­dad que iban los números del pan­el de las plan­tas. Son mil­lones las pare­jas que sueñan con casarse pre­cisa­mente en su mirador pero sólo se con­cede al hon­or a siete al año; ellas podrán vana­glo­ri­arse de haber con­traí­do mat­ri­mo­nio en un lugar que ter­minó de pop­u­larizar aún más el cine por medio de “King Kong”, donde el gran gori­la lucha­ba con­tra los aviones agar­ra­do a su ante­na.

Empire State Build­ing al anochecer

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Vamos con el segun­do mon­u­men­to más emblemáti­co de la Gran Man­zana, para muchos inclu­so el primero: la Estat­ua de la Lib­er­tad. Para acced­er a ella,tienes que acer­carte has­ta el embar­cadero de Bat­tery Park, al sur de Man­hat­tan, y que es este que os mue­stro aquí.

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Os acon­se­jo que cuan­do planeéis la visi­ta, tengáis en cuen­ta ir lo más tem­pra­no posi­ble, ya que las colas que se for­man para coger los bar­cos son kilo­métri­c­as (los fer­ries comien­zan a oper­ar a las 08,30 y el últi­mo bar­co de regre­so es a las 16,30). Los tick­ets los podéis sacar en Clin­ton Cas­tle, en el mis­mo embar­cadero, valen unos 13 dólares y especi­fi­cad que queréis los que incluyen para­da en Lib­er­ty Island y Ellis Island, la Isla de los Inmi­grantes, ya que conoz­co gente que han cogi­do bar­cos que ni siquiera les per­mitían desem­bar­car en las islas, les daban una vuelta para que la admi­raran de lejos y pun­to. Este es el caso del fer­ry de Stat­en Island, que sí, es gra­tu­ito pero vais a ver todo des­de la dis­tan­cia.

¿Lo mejor del via­je en bar­co? ¡Que te obse­quia con unas vis­tas sober­bias del sky­line neoy­orki­no!

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La Estat­ua de la Lib­er­tad, o Miss Lib­er­ty como la lla­man car­iñosa­mente los locales, es el sím­bo­lo más cono­ci­do de la ciu­dad y prob­a­ble­mente de todo el país. Fue un rega­lo de Fran­cia; en la rev­olu­ción france­sa de 1789, los galos reconocieron haberse sen­ti­do “empu­ja­dos” por la Guer­ra de Inde­pen­den­cia de EEUU. En 1871,un comité de nobles france­ses se reunió para pen­sar en la idea de cel­e­brar de algún modo dicho “her­manamien­to” y le encar­garon el proyec­to de la estat­ua a Barthol­di, quien ante­ri­or­mente ya fue con­trata­do para una estat­ua-faro en el Canal de Suez. Barthol­di con­tó con la colab­o­ración de Gus­tave Eif­fel, que por entonces aún no había dis­eña­do la famosa torre, y en 1886 se inau­gura­ba por fin estas costas este céle­bre mon­u­men­to. Por entonces la isla aún no se llam­a­ba Lib­er­ty Island sino Bed­loe Island (el nom­bre cam­bió en 1956).

Las dimen­siones de la Estat­ua de la Lib­er­tad son colos­ales. Hay mucha gente que dice “huy!yo me la esper­a­ba más grande!” pero en mi caso fue jus­to lo con­trario, me quedé con la boca abier­ta al ver su mag­ni­tud. Mide casi 50 met­ros que, suma­dos a los del pedestal donde se ubi­ca, logran que la antor­cha se eleve casi cien met­ros por enci­ma del mar. Sólo el dedo índice mide dos met­ros y su peso total es de 200 toneladas.

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Como os comenta­ba antes, el via­je en fer­ry os incluye tam­bién una para­da en Ellis Island,para mi gus­to un lugar intere­san­tísi­mo. La habréis vis­to inmor­tal­iza­da en dece­nas de pelícu­las, ya que era aquí donde lle­ga­ban en bar­co mil­lones de inmi­grantes atraí­dos por el sueño americano.En 1954 dejó de fun­cionar como adu­a­na ofi­cial de Nue­va York pero has­ta entonces, 17 mil­lones de per­sonas pasaron por sus estric­tas reglas de admisión (cualquiera sospe­choso de por­tar enfer­medades, era depor­ta­do sin con­tem­pla­ciones). El 40% de la población esta­dounidense es descen­di­ente direc­ta de los que lograron la aprobación de los severos agentes de inmigración.En este edi­fi­cio de la foto es donde se monta­ban esas colas inter­minables de “aspi­rantes” y allí te puedes infor­mar medi­ante una exposi­ción de cómo ha evolu­ciona­do la población has­ta lle­gar a la actu­al y como se exter­mi­naron de man­era san­gri­en­ta los cin­co mil­lones de indios nativos que pobla­ban estas tier­ras (aunque en las pelícu­las del Oeste se pon­ga a los indios como “los mal­os”, está claro que fue al contrario).En el exte­ri­or se encuen­tra el Muro de Inmi­gración, con mil­lones de nom­bres de recién lle­ga­dos.

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Pre­cisa­mente un poco más al norte del embar­cadero (puedes aprovechar la vuelta de la estat­ua para vis­i­tar­lo) tienes uno de los bar­rios más famosos de NY, Wall Street, o lo que es lo mis­mo, donde se ubi­ca la Bol­sa. Y sí, el dis­tri­to financiero es tal y como te lo imag­i­nas, con sus miles de ejec­u­tivos maletín y móvil en mano y sus ejec­u­ti­vas con tra­je, zap­atil­las deporti­vas y los zap­atos de tacón en el bol­so, para ponérse­los en cuan­to entren en la ofic­i­na. Des­de los aten­ta­dos del 11S la Bol­sa no se puede vis­i­tar por den­tro pero sí el Fed­er­al Hall, el edi­fi­cio más impor­tante de todo el bar­rio y que durante un año fun­cionó como Capi­to­lio.

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En este área tam­bién se encuen­tra la tris­te­mente cono­ci­da como Zona Cero. Los que hemos cono­ci­do Nue­va York ya sin las Tor­res Geme­las tras los aten­ta­dos del 11 de Sep­tiem­bre, nos hemos topa­do con un panora­ma des­o­lador. La Zona Cero ocu­pa un área inmen­sísi­ma que cuan­do yo fuí se encon­tra­ba total­mente val­la­da. Un agu­jero de pro­por­ciones gigan­tescas que da idea de la masacre que sufrieron los neoy­orki­nos y el infier­no que debió supon­er edi­fi­cios tan gigan­tescos desplomán­dose y cobrán­dose tan­tas vidas humanas.

Vis­tas de la Zona Cero

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El encan­to de NY: encon­trarte una pequeña igle­sia entre ras­ca­cie­los futur­is­tas

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Aquí se encuen­tra tam­bién la igle­sia más impor­tante de Man­hat­tan, la Trin­i­ty Church, que además con­ser­va el úni­co cemente­rio en acti­vo de toda la isla. Aho­ra rodea­da de edi­fi­cios mas­todón­ti­cos, cues­ta creer que en su momen­to fuera la con­struc­ción más alta de Nue­va York. La visi­ta es gratuita…aunque acep­tan dona­ciones.

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Y hablan­do de iglesias,os dejo aquí una foto,cuanto menos,sorprendente. Fijaos en la parte de aba­jo de la foto, a la izquier­da, la calav­era “de humo” que sor­pren­den­te­mente no salía en las fotos de las cámaras de mis amigas,que las sac­aron en el mis­mo momen­to y en idén­ti­co lugar…

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Esta de arri­ba es la colos­al Cat­e­dral de San Patri­cio (St. Patrick­’s Cathe­dral), el edi­fi­cio neogóti­co más grande de toda Améri­ca y ded­i­ca­do al patrón de Irlan­da. Se encuen­tra en la Quin­ta Aveni­da y se puede vis­i­tar has­ta cer­ca de las nueve de la noche.

Ban­deras yan­kees a rau­dales

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Recuer­da que en esta zona tam­bién puedes darte un buen paseo por la zona del puer­to y Ful­ton Fish Mar­ket, el mer­ca­do de pesca­do, en el que sin duda es el área más marinera de todo Man­hat­tan.

Y aho­ra nos vamos a otra ima­gen incon­fundible de Nue­va York:el puente de Brook­lyn.

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El mejor acce­so a la pasarela que une Man­hat­tan y Brook­lyn se encuen­tra cruzan­do Park Row des­de el par­que del Ayun­tamien­to (puedes bajarte en la estación Brook­lyn Bridge-City Hall, si quereis hac­er el recor­ri­do a la inver­sa, bajaos en Brook­lyn Brige-High Street). Este puente emblemáti­co durante años fue el puente col­gante más largo del mun­do (dos kilómet­ros) y aun hoy en día no ha per­di­do ni un ápice de su grandeza y ele­gan­cia. Lo mejor es que, como veis en la fotografía, os acerquéis al atarde­cer, que es cuan­do las vis­tas son más boni­tas. Y cuida­do por el car­ril de ciclis­tas y pati­nadores, que van que pare­cen relám­pa­gos.

Ya que esta­mos en el puente de Brooklyn,nos pil­la no muy lejos el que es uno de mis bar­rios favoritos en Nue­va York: Chi­na­town. No hay más que ver el McDon­alds para saber donde nos encon­tramos.

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Mon­u­men­to a Con­fu­cio

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Chi­na­town no es sólo el bar­rio chi­no, un ghet­to que nació para pro­te­gerse del racis­mo de antaño y que hoy en día es el primer lugar donde recaen los nuevos inmi­grantes chi­nos que van lle­gan­do a Nue­va York. Es tam­bién el paraí­so de las com­pras, basi­ca­mente el de las fal­si­fi­ca­ciones, aunque obvi­a­mente puedes encon­trar todos los pro­duc­tos chi­nos que quieras,sobre todo de ali­mentación. Y todo se regatea, tened­lo en cuen­ta, pero puedes con­seguir chol­la­zos a pre­cios irriso­rios. Yo me vine car­ga­da de pren­das a un dólar, no veáis luego la odis­ea para cer­rar las male­tas a la vuelta. Y es que si no quieres fal­si­fi­ca­ciones chi­nas, las mar­cas tipo Con­verse tam­bién intere­san un mon­tón (com­pré pares a 20 euros) y los Lev­i’s tres cuar­tas de lo mis­mo, salían como a 25 euros por pan­talón. Eso sí, si com­práis var­ios, acor­daos de quitar­les las eti­que­tas y arru­gad­los para que parez­can algo usa­dos, que si no os los pueden echar los de adu­a­nas para atrás y a pagar arance­les.

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Aunque sea más pequeño que el Chi­na­town de San Fran­cis­co, la ver­dad que el que guste de la comi­da chi­na autén­ti­ca, es el sitio ide­al para com­er y además por cua­tro duros, noso­tras sal­imos como a cin­co dólares por cabeza, eso sí, en un local super cutre pero la comi­da esta­ba insu­per­a­ble. A lo largo y ancho de Mott Street, Pell, Bayard y Canal encon­trarás un mon­tón de restau­ran­til­los de este tipo, no dejes pasar la opor­tu­nidad. Y si te gus­tan las com­pras, insis­to, date tiem­po, noso­tras gas­ta­mos un día entero pero nos vin­i­mos has­ta arri­ba de bol­sas. Si tienes la suerte de via­jar aquí entre finales de Enero y medi­a­dos de Febrero, podrás dis­fru­tar de las cel­e­bra­ciones del Año Nue­vo Chi­no, con un mon­tón de des­files.

Por cierto,justo al lado de Chi­na­town se encuen­tra Lit­tle Italy, que a mí par­tic­u­lar­mente fue de los pocos sitios que me decep­cionó. Quizás yo me esper­a­ba algo más rol­lo “La coci­na del infier­no” pero lo cier­to es que el bar­rio es enano y lo úni­co que le encon­tré de “ital­iano” fueron cua­tro pizzerías. A comien­zos de Junio (San Anto­nio de Pad­ua) y medi­a­dos de Sep­tiem­bre (San Genaro) se cel­e­bran fies­tas aquí en hon­or a ambos san­tos y parece ser que es cuan­do hay más ambi­ente pero ya os digo que nada que ver con Chi­na­town.

Nos vamos aho­ra al Soho (SOuth of HOus­ton), un bar­rio que hace cuarenta años estu­vo a pun­to de desa­pare­cer ya que por aquí se plane­a­ba que pasara la nue­va autovía pero que fue defen­di­do con uñas y dientes por los con­ser­va­cionistas, que pre­tendían sal­var los car­ac­terís­ti­cos edi­fi­cios de hier­ro cola­do y vaya si lo con­sigu­ieron. Hoy en día, jun­to a Green­wich Vil­lage, del que hablaré después, es el bar­rio de los artis­tas por exce­len­cia en Nue­va York. Está lleno de galerías de arte y aquí se ubi­ca el New Muse­um of Amer­i­can Art, además del pres­ti­gioso Guggen­heim, her­mana­do con el de Bil­bao.

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Y sí, el otro bar­rio bohemio por exce­len­cia, más refi­na­do que el Soho, es Green­wich Vil­lage, uno de los mejores lugares de Nue­va York para pasear. Prue­ba de ello es encon­trarte a las ardil­las pase­an­do a sus anchas por las aceras. No fue el úni­co ani­mal­i­to que vimos en Man­hat­tan. Curiosa­mente, en NY eso de los con­tene­dores para basur­as no se esti­la mucho, por lo que los restau­rantes dejan bol­sas inmen­sas de basura en mitad de la calle en espera de que las reco­jan, sí, tam­bién en pleno ver­a­no. Así que no te extrañe que se te cruce por la noche en mitad de la calle una rata del tamaño de un gato,que a noso­tras nos pasó más de una vez. Dicen que en las alcan­tar­il­las viv­en nada más y nada menos que ocho mil­lones de estos roe­dores y el paso del huracán Sandy hace pocos meses provocó que tomaran las calles de la ciu­dad. NY tiene zonas muy limpias pero tam­bién otras inex­plic­a­ble­mente sucias.

Lleg­amos, pues, al “bar­rio de los artis­tas” de Man­hat­tan: Green­wich Vil­lage. Entre sus primeros e ilus­tres moradores se encon­tra­ba gente tan impor­tante como Edgar Allan Poe o Mark Twain (actual­mente gente como Uma Thur­man o Julianne Moore).La his­to­ria del Vil­lage se remon­ta a cuan­do era una zona pan­tanosa que acondi­cionaron los colonos holan­deses para sus cultivos,que pos­te­ri­or­mente sirvió de refu­gio a miles de famil­ias que huían de la epi­demia de fiebre amar­il­la y cólera que arrasó NY en el siglo XIX y hoy en día es un vecin­dario tran­qui­lo (en com­para­ción con lo que le rodea), lleno de galerías, tien­das entrañables (mucha segun­da mano), casas de pocos pisos de altura y mucho ambi­ente uni­ver­si­tario debido al cam­pus de la NY Uni­ver­si­ty.

El Vil­lage tiene fama de ser el bar­rio más izquier­doso de Nue­va York (no obstante, en el East Vil­lage vivía una bue­na comu­nidad de hip­pies y punks, aún hoy aquí se pueden encon­trar exce­lentes tien­das de dis­cos) y ha sido pop­u­lar­iza­do por la serie “Friends”, si quieres vis­i­tar el edi­fi­cio donde se rod­a­ba, se encuen­tra entre Bed­ford St. y Grove St. Si via­jas a la ciu­dad en Junio, es bue­na opor­tu­nidad para que dis­frutes en sus calles de la mar­cha del orgul­lo gay que se cel­e­bra anual­mente. Tam­bién es muy pop­u­lar la fies­ta que cel­e­bran en Hal­loween, que lle­ga a con­gre­gar a más de dos mil­lones de per­sonas.

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Wash­ing­ton Square no es sólo donde nace la archi­famosa Quin­ta Aveni­da sino tam­bién el corazón de Green­wich Vil­lage. Durante años,aquí se reunían los hip­pies de la ciu­dad y sigue sien­do pun­to de reunión de los neoy­orki­nos más pro­gre­sis­tas, de hecho,nos encon­tramos una man­i­festación anti-Bush,como podéis ver en las fotos. Es un lugar muy agrad­able para pasear, ver como la gente se rela­ja jugan­do al aje­drez, en con­traste con lo que suponía esta zona en los 80, cuan­do aquí se con­gre­ga­ba la may­or parte de los traf­i­cantes. No dejes de vis­i­tar la estat­ua de Garibal­di, heroe de la inde­pen­den­cia ital­iana. Y si quieres com­prar buenos vini­los, acér­cate a East Village,a St. Marks Place, donde tam­bién se encuen­tra Lit­tle India (no es un bar­rio hindú real­mente pero hay un mon­tón de restau­rantes de ese tipo) y Lit­tle Ukraine en la 1ª y 2ª aveni­da. Des­de aquí puedes subir andan­do al pre­cioso bar­rio res­i­den­cial de Chelsea, con sus edi­fi­cios de ladrillo rojo y sus calles arbo­ladas.

En Chelsea se encuen­tra tam­bién la con­cur­ri­da estación cen­tral de Nue­va York, la Penn­syl­va­nia Sta­tion, que no debes dejar de vis­i­tar, cojas trans­porte aquí o no,es increíble el trasiego de pasajeros.Justo al lado se encuen­tra el míti­co Madi­son Square Gar­den, que ocu­pa una man­zana entera, y donde se cel­e­bran impor­tan­tísi­mos even­tos de balon­ces­to (NY Knicker­box­ers), de hock­ey sobre hielo (NY Rangers) y han actu­a­do los artis­tas más impor­tantes del mun­do. Además, cuen­ta con una gigan­tesca bol­era de 48 pis­tas .Entre la 8ª Aveni­da y el Hud­son se encuen­tra tam­bién Hel­l’s Kitchen, La Coci­na del Infier­no, que tan bien recreó la pelícu­la “Sleep­ers” y en los que se mostra­ba como los delin­cuentes ital­ianos e irlan­deses vaga­ban a sus anchas por esta zona a prin­ci­p­ios de siglo.

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Nos vamos aho­ra a East 42nd Street para poder bor­dear el río Hud­son y dis­fru­tar de la ciu­dad por sus oril­las. Aquí se ubi­ca el enor­mísi­mo edi­fi­cio de Naciones Unidas.Si quieres ten­er una bue­na panorámi­ca de la calle 42, te recomien­do entonces que te acerques al Tudor City Place, un paso ele­va­do al lado de los Tudor City, una urban­ización de aparta­men­tos de lujo. Aquí se encuen­tra además la Grand Cen­tral Sta­tion y el cono­cidísi­mo Chrysler Build­ing. Este mar­avil­loso ras­ca­cie­los, expre­sión abso­lu­ta del art decó, pre­tendía sim­bolizar el poderío de los coches Chrysler, pese a que la fir­ma nun­ca se asen­tó aquí.

Edi­fi­cio de la ONU

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Chrysler Build­ing

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Hora de irnos al lugar más chic de todo Nue­va York: la Quin­ta Aveni­da. La ver­dad que es un plac­er recor­rerla, ya no sólo por la sen­sación de sen­tirse como una hormi­gu­i­ta entre tan­to ras­ca­cie­los, sino porque aquí se con­cen­tran algunos de los pun­tos más intere­santes de todo Man­hat­tan, desta­can­do entre ellos la Mil­la de los Museos.

Vamos a ir des­granan­do esta aveni­da descomunal,probablemente la calle más cono­ci­da de todo el mun­do. Obvian­do el Empire State Build­ing, del que ya hemos habla­do largo y ten­di­do, uno de los edi­fi­cios impre­scindibles en un via­je a Man­hat­tan es el Rock­e­feller Cen­ter. Su nom­bre creo que ya lo dice todo. El sinón­i­mo abso­lu­to de lujo y riqueza. Se encuen­tra entre la Quin­ta y las calles 47 y 52 oeste y en real­i­dad no es un edificio…¡sino un com­ple­jo de diecin­ueve! Estos se encuen­tran unidos por The Con­course, una galería sub­ter­ranea de tien­das lujosísi­mas y siem­pre es un hervidero de gente, espe­cial­mente en Navi­dad, cuan­do se insta­la un árbol de pro­por­ciones gigan­tescas que atrae a tur­is­tas de todo el mun­do. Cer­ca se encuen­tran los Chan­nel Gar­den y la Chan­nel Plaza (Pista de Hielo),abier­ta des­de octubre a primavera,y donde en navi­dades se orga­ni­zan recitales de vil­lan­ci­cos.

Estat­ua de Atlas en el Inter­na­tion­al Build­ing

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Una de las entradas al Rock­e­feller Cen­ter

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El Radio City Music Hall es otro de los locales de espec­tácu­los más míti­cos de la Gran Man­zana, no obstante se le con­sid­era el teatro más impor­tante de todo Esta­dos Unidos. Se puede vis­i­tar de 10:00 a 17:00 y es famoso en el mun­do entero por su grupo femeni­no de baile, las Rock­ettes.

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En la Quin­ta Aveni­da merece tam­bién mucho la pena entrar a ver por den­tro la Trump Tow­er (721 5th Ave. con la calle 56). Aunque no es muy antigua, ya que se con­struyó en 1973, sus 58 pisos son un prodi­gio de la arqui­tec­tura y refle­jan fiel­mente la inmen­sa riqueza de su men­tor, el mul­ti­mil­lonario Don­ald Trump. Por den­tro es real­mente boni­ta, con unas cristaleras de cor­tar la res­piración. Aprove­cho para recor­darte que la zona más exclu­si­va de la Quin­ta Aveni­da es pre­cisa­mente la que tran­scurre entre las calles 34 y 59 y es pre­cisa­mente en la calle 57 donde se encuen­tra la pres­ti­giosa Tiffany’s, la joy­ería más rep­uta­da del mun­do y que tan bien pop­u­lar­izó Audrey Hep­burn en “Desayuno con dia­mantes”. Jun­to a ella,un mon­tón de tien­das lujosísi­mas de mar­cas como Guc­ci, Pra­da, Her­més o Chris­t­ian Dior, vamos, de esas que el pre­cio de una cha­que­ta equiv­ale a cua­tro suel­dos nue­stros. Aun así,tengo que recono­cer que me sor­prendió que, sin embar­go, en la Quin­ta Aveni­da (y sobre todo en las calles que la cruzan) puedes encon­trar cien­tos de tien­das de ropa baratísi­ma, yo me tra­je un mon­tón de fal­das a tres dólares la unidad.

En la Fifth Avenue se encuen­tra tam­bién la rep­uta­da Bib­liote­ca Públi­ca de Nue­va York, quizás una de las vis­i­tas que más me gustó de todo Man­hat­tan. Curiosa­mente, y pese a lo de “públi­ca”, no se per­miten sacar libros, sólo su con­sul­ta, pero tienes bas­tante para ele­gir entre sus más de tres mil­lones de ejem­plares. Se encuen­tra en el cruce entre la calle 42 y la Quin­ta Aveni­da y ya a la entra­da te recibe una deslum­brante escalera de már­mol con dos leones (Leo Astor y Leo Lenox) como los de nue­stro Con­gre­so; en la sala de infor­ma­ción de la entra­da puedes solic­i­tar planos para recor­rer las dis­tin­tas salas repar­tidas en tres plan­tas. Las salas de lectura,con techos de madera tallada,son bel­lísi­mas. Se cuen­ta que en ellas el propìo Trot­sky ger­minó aquí la idea de la rev­olu­ción comu­nista. Para hac­erte idea de la ampli­tud del recin­to, que ocu­pa dos man­zanas, te doy el dato de que si se pusier­an sus estanterías en fila, estas medirían más de 140 kilómet­ros. Y un últi­mo apunte: man­tén silen­cio abso­lu­to. Aquí la gente viene a leer y estu­di­ar.

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Y por fín…¡la míti­ca Times Square!

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Sin lugar a dudas,este es el autén­ti­co corazón pal­pi­tante de Man­hat­tan. Ante­ri­or­mente cono­ci­da como Plaza Lon­gacre, cam­bió su nom­bre debido a que en uno de sus edi­fi­cios se ubi­ca­ban las ofic­i­nas del per­iódi­co The New York Times. Y con Times Square se quedó. Cono­ci­da mundial­mente sobre todo por ser el lugar donde los neoy­orki­nos dan la bien­veni­da al año nue­vo (todos los 1 de Enero es una ima­gen fija en la tele­visión), hoy en día ha vis­to resur­gir su boa­to de mano de las incon­ta­bles obras de teatro y musi­cales que a diario aquí se rep­re­sen­tan pero lo cier­to es que durante varias décadas esta zona era famosa por sus altos nive­les de delin­cuen­cia ‚a los que puso fin el alcalde Rodolph Giu­liani, quien se esforzó en con­ver­tir este área en uno de los prin­ci­pales atrac­tivos turís­ti­cos de Nue­va York. Te acon­se­jo que te pas­es por el Times Square Vis­i­tors Cen­ter, en el antiguo Embassy Movie The­atre, donde podrás obten­er un mon­tón de fol­letos infor­ma­tivos.

Y haber lle­ga­do a Times Square,significa estar en el bar­rio de espec­tácu­los más famoso del mun­do:Broad­way

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En la actu­al­i­dad, Broad­way es el lugar del mun­do más caro para alquilar un local. Aquí se agru­pan casi una vein­te­na de teatros y se con­sid­era que cualquier actor que se precie,si no ha tri­un­fa­do aquí,poco impor­ta que lo haga en Hol­ly­wood (y estoy total­mente de acuerdo,donde real­mente se ve la valía de un actor o actriz es en el teatro).

Si quieres ver alguno de los numerosos espec­tácu­los (prin­ci­pal­mente se rep­re­sen­tan óperas y musi­cales) y vis­to los altos pre­cios que se esti­lan, que sue­len rodar los 100 dólares, te acon­se­jo que te pas­es por las taquil­las de TKTS (cruce de Broad­way con la W47th St. en Duffy Square), te expli­camos todo en el artícu­lo cómo ver una obra en Broad­way a mitad de pre­cio. Sue­len ser a horas-no-pun­ta (nosotros entramos a la sesión de las 16,00 pero qué más da si al cam­bio puedes ver un musi­cal mag­ní­fi­co por unos 40 euros!!). Yo tuve la suerte de poder pil­lar en aquel momen­to el musi­cal “All shook up!”, cuyo títu­lo viene de un tema de Elvis Pres­ley y ambi­en­ta­do en el rock­a­bil­ly de los años 50, salí encantadísima.Además, ya veréis como el públi­co yan­kee sí que vive a tope los musi­cales, se lev­an­tan, bailan, vitorean,en una comu­nión increíble con los pro­pios actores. De veras, mar­avil­loso. No vuel­vas de NY sin haber degus­ta­do un musi­cal en Broad­way ¡son los mejores del mun­do!!

El musi­cal que vimos, “All shook up!”…¡ALUCINANTE!

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El mas­todón­ti­co Toys’R’Us

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Hard Rock Cafe

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Lim­ou­si­nas. La ciu­dad está pla­ga­da. Entre var­ios sale muy a cuen­ta alquilar­las, la gente las usa, entre otras cosas, para fies­tas en las que quieren beber y no conducir.¡Buena cos­tum­bre!

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Antes de irnos a Cen­tral Park, un apunte.En NY puedes com­er todo lo que quieras,esto es el paraí­so de la diver­si­dad. Pero hay una opción muy bue­na que te recomien­do y de la que nosotros tiramos bas­tante: los restau­rantes Sbar­ro. Verás que hay unos cuan­tos repar­tidos por la zona de Broad­way, aunque nosotros siem­pre íbamos al que nos cogía más cer­ca del hotel, uno pega­di­to al Empire State Build­ing (supon­go que seguirán abier­tos pese a que la empre­sa se declaró en ban­car­ro­ta hace dos años,al menos la web sigue en acti­vo). Son una opción inmejorable ya que se sirve la comi­da al peso y por una ban­de­ja has­ta arri­ba de menú vari­a­do cobra­ban entre 7 y 8 dólares, pre­cio más que ase­quible. Como ten­tem­pié, tam­bién puedes tirar de los famosos hot­dogs de los puestos calle­jeros (pre­cio aprox­i­ma­do dos dólares) o de los bagel, muy pop­u­lares tam­bién en Nue­va York. Si comes en restau­rantes, recuer­da que el 15% de propina es prac­ti­ca­mente oblig­a­to­rio ya que los suel­dos de los camareros son real­mente bajos.

En cuan­to a compras,yo la ver­dad que me tra­je prac­ti­ca­mente de todo, a excep­ción de DVD’s porque el for­ma­to era el amer­i­cano. La elec­tróni­ca, por mucho que digan, está más o menos al pre­cio de aquí pero la ropa ya es otro can­tar. Cer­ca de nue­stro hotel teníamos un Macy’s gigan­tesco (y tan­to, estos están con­sid­er­a­dos los almacenes más grandes del plan­e­ta) y aque­l­lo era la locu­ra. Aun así, com­pré muchas cosas en los puestos de la calle y en las cer­canías del Flat­iron Build­ing, donde hay un mon­tón de tien­das de hin­dues y pak­istaníes con mil­lones de barati­jas. Te recomien­do tam­bién que te pas­es por el Urban Out­fi­iters de Broad­way, en el 628, donde tienen ropa para gente joven super chu­la o por algu­na de las tien­das orig­i­nales de Lev­i’s, donde has­ta te pueden hac­er unos pan­talones a medi­da.

Tiem­po ya para uno de los par­ques más boni­tos (y grandes, ocu­pa el doble que Móna­co) del mun­do:Cen­tral Park. Pese a que abre has­ta medi­anoche, te acon­se­jo, eso sí, que intentes pasear por aquí aún con la luz del día pues después puede ser algo peli­groso. Por aquí pasan todos los años 25 mil­lones de vis­i­tantes, con­vir­tién­do­lo en el par­que más vis­i­ta­do de todo USA (cin­co veces más que los que van al Gran Cañón del Col­orado). Es un área inmen­sa con un mon­tón de lagos, el más impor­tante el Reser­voir, rodea­do de una pista de atletismo de más de dos kilómet­ros donde la gente va a hac­er foot­ing, y algo más “pequeños” The Lake y The Pond. Por cier­to, un truquil­lo para no perder­se en Cen­tral Park: las faro­las tienen una pla­ca de iden­ti­fi­cación y sus dos primeros números cor­re­spon­den a los de la calle más cer­cana.

Estat­ua de Alice in Won­der­land en Cen­tral Park, uno de mis rin­cones favoritos del par­que (esta foto la hice sólo un min­u­to antes de que se pusiera a dilu­viar, menos mal que ya habíamos acaba­do el recor­ri­do, que nos llevó una mañana entera).

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El Castil­lo Belvedere,otro lugar mági­co den­tro de Cen­tral Park. De esti­lo vic­to­ri­ano, actual­mente acoge el Obser­va­to­rio Mete­o­rológi­co y has­ta aquí se acer­can mil­lones de tur­is­tas ya que ofrece unas vis­tas del par­que total­mente espec­tac­u­lares.

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Vis­tas de Cen­tral Park.En el cen­tro mis­mo del par­que, en el Dela­corte The­ater, todos los meses de ver­a­no se real­izan rep­re­senta­ciones de obras de Shake­speare, con un poco de suerte coges algu­na. Tam­bién merece la pena la visi­ta al Carousel, el tio­vi­vo antiquísi­mo que se encuen­tra a la altura de 64th Street. Por cier­to, te recuer­do que en Cen­tral Park no se puede fumar bajo pena de mul­ta de 500 dólares.

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Straw­ber­ry Fields, mosaico hom­e­na­je a John Lennon, asesina­do en el cer­cano edi­fi­cio Dako­ta. Se encuen­tra a la altura de W72nd Street y es un pre­cioso jardín con 161 plan­tas difer­entes, una por cada nación del plan­e­ta. Has­ta aquí se acer­can fans de todo el mun­do a deposi­tar flo­res y rega­los var­ios.

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El edi­fi­cio Dako­ta, otro de los lugares que más ganas tenía de vis­i­tar. Aquí se desar­rol­ló el roda­je de la claus­trofóbi­ca pelícu­la de Roman Polan­s­ki basa­da en dicha obra (una autén­ti­ca mar­avil­la del cine),rodaje que se vió salpic­a­do por mul­ti­tud de fenó­menos inex­plic­a­bles que acabaron provocán­dole a Mia Far­row una cri­sis de ansiedad mien­tras aso­cia­ciones satanistas se con­gre­ga­ban a la puer­ta del edi­fi­cio para exi­gir que Polan­s­ki dejara de grabar.Y vaya si cumpli­eron sus amenazas.Entre este grupo de tara­dos man­i­fes­tantes se encon­tra­ba Charles Manson,quien poco tiem­po después asesinó a Sharon Tate,que llev­a­ba en sus entrañas al hijo de Polanski,y a un grupo de ami­gos en una de las matan­zas más san­gri­en­tas que ha pres­en­ci­a­do Hol­ly­wood.

Pero estos no son los úni­cos episo­dios oscuros del Dako­ta. Si el edi­fi­cio se hizo real­mente famoso fue porque allí murió asesina­do John Lennon (Yoko Ono aún sigue vivien­do en uno de los áti­cos). Curiosamente,se le llamó Dako­ta porque cuan­do se con­struyó en 1880 esta­ba tan ale­ja­do del cen­tro de la ciu­dad que ni lle­ga­ba la elec­t­ri­ci­dad “y parecía estar en Dako­ta del Norte,lindando con Canadá”.Luego Man­hat­tan se expandiría hacia el norte y el Dako­ta pasó a con­ver­tirse en un edi­fi­cio para gente mul­ti­mil­lonar­i­aA prin­ci­p­ios del siglo XX vivió allí tam­bién el gran rey de la magia negra, Aleis­ter Crow­ley, quien llevó a cabo en su inte­ri­or var­ios rit­uales satáni­cos, y pos­te­ri­or­mente el “vam­piro” más famoso del cine,Boris Karloff,quien solía orga­ni­zar jor­nadas de espiritismo,y cuyo espíritu,según var­ios testigos,aún sigue vagan­do por los lúgrubes pasil­los del Dakota.También el sumo sac­er­dote de la bru­jería ingle­sa, Ger­ald Brossau Gard­ner, se alo­jó en este edi­fi­cio cuan­do vis­itó Nue­va York. En él cele­bró rit­uales mági­cos invo­cadores de los poderes del Más Allá.Leyendas o chismes,habladurías o realidades,el caso es que tiene fama de ser el edi­fi­cio encan­ta­do por exce­len­cia y dudo mucho de que yo pasara una noche allí dentro,por muy boni­ta que me pre­sen­taran la vela­da…

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Calles de NY

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Otro de los lugares impre­scindibles en Manhattan:el Museo Amer­i­cano de His­to­ria Nat­ur­al. La entra­da es algo cara (19 dólares) pero os ase­guro que merece un mon­tón la pena. Eso sí, es enorme, así que elige bien qué es lo que quieres ver exac­ta­mente (estu­vi­mos una mañana entera y aún así nos dejamos bas­tantes salas). Se encuen­tra en el Upper West Side de Man­hat­tan, se com­pone de 25 edi­fi­cios nada más y nada menos y si hay una sala que siem­pre está has­ta los topes,sobre todo de vis­i­tas escolares,es la de los dinosaurios.

No muy lejos,se encuen­tra el otro museo más vis­i­ta­do de NY, el Met­ro­pol­i­tan (por detrás del Lou­vre parisi­no, es el más vis­i­ta­do del mun­do) y entre sus dos mil­lones de piezas, desta­ca el tem­p­lo egip­cio de Den­dur, traí­do expre­sa­mente de Egip­to y rega­lo de las autori­dades egip­cias como agradec­imien­to a USA por haber ayu­da­do a sal­var Abu Sim­bel. El otro ter­cer museo en impor­tan­cia, tam­bién en la Quin­ta Aveni­da, es el MoMA, el museo de arte mod­er­no más impor­tante del mun­do (no olvides que para ahor­rarte unos dólares puedes pasarte a vis­i­tar­lo los viernes por la tarde, ya que de 16,00 a 20,00 la entra­da es gra­tui­ta).

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En cuan­to a los bar­rios aledaños,la ver­dad que pese a estar dos sem­anas, Man­hat­tan nos demandó tan­to tiem­po (si quieres ver las cosas bien, no que­da otra) que uni­ca­mente nos acer­camos a pasar un día a Brook­lyn (se puede lle­gar allí cruzan­do el puente sin prob­le­ma). No es que ten­ga mucho para vis­i­tar, aparte de la playa, el par­que de atrac­ciones y algún museo pero es un sitio tam­bién muy agrad­able para pasear. Al Bronx no nos acer­camos ya que ni nos apetecía ver el zoo (lo sien­to, odio los zoos y todo lo que sig­nifique ten­er a los ani­males encer­ra­dos) ni el esta­dio de los Yan­kees, que es lo úni­co que tiene de interés, y más sabi­en­do que a día de hoy sigue sien­do uno de los bar­rios más peli­grosos del mun­do. En cuan­to a Harlem, tres cuar­tas de lo mis­mo, el bar­rio sigue sien­do muy inse­guro y nos parecía muy arti­fi­cial con­tratar una excur­sión para que te metan en una fur­gone­ta, te lleven a una misa de gospel super tur­is­ti­za­da y ni te dejen andar por las calles, así que preferí dejar lo de la misa gospel para otra visi­ta pos­te­ri­or a los USA; años después estuve en una misa en Port­land (Ore­gon), una misa de gospel real puro y duro, y en otro via­je en Nue­va Orleans tam­bién y han sido unas de las expe­ri­en­cias más grat­i­f­i­cantes de mi vida.

Prob­a­ble­mente, mi foto favorita de todo el via­je, en el entrañable CBGB, sólo unos meses antes de que lo cer­raran. Inau­gu­ra­do en 1973, a niv­el de rock prob­a­ble­mente haya sido el bar más famoso del mun­do, por lo que para mí fue un autén­ti­co hon­or poder tomarme una cerveza allí tras tan­tos años deseán­do­lo. Aunque cueste creer­lo ya que el local tam­poco era exce­si­va­mente grande, aquí han toca­do ban­das de la tal­la de AC/DC, Ramones, Sex Pis­tols, The Clash o Pink Floyd. La noche que estu­vi­mos allí toca­ba una ban­da local de punk y había bas­tante ambi­en­til­lo pero eran ya las últi­mas cole­tadas de un pub total­mente mítico.El alcalde Giu­liani, en su ansia por limpiar la ciu­dad de “inde­seables” (hay que ver cómo se ceban los políti­cos con los mendi­gos) forzó su cierre en Octubre de 2006, argu­men­tan­do que en el piso supe­ri­or vivían un mon­tón de home­less. Se habla de que un grupo de empre­sar­ios tiene planes para abrir un nue­vo CBGB en NY en otro sitio pero sin­ce­ra­mente, ya nun­ca será lo mismo.¡Considerémonos afor­tu­na­dos los que lo conoci­mos en vida!

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Ya por últi­mo, si quieres ampli­ar aún más la infor­ma­ción para un futuro via­je a Nue­va York, no olvides echar un ojo a nue­stro artícu­lo Rin­cones secre­tos de Nue­va York de los que no te hablan las guías

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