Viaje a la República Checa : Praga y Karlovy Vary

Lo malo de las ciu­dades tan boni­tas como Pra­ga es que pre­cisa­mente por eso,por su encan­to irre­sistible, atraen a mil­lones de tur­is­tas haga frío o haga calor (en invier­no porque gus­ta ver­las nevadas,en ver­a­no porque apetece pasear a pleno sol y en man­ga cor­ta por las calles).En el caso de Praga,su atrac­ti­vo turís­ti­co se incre­men­ta porque estu­vo veta­da al tur­is­mo occi­den­tal mien­tras la Repúbli­ca Checa se encon­tra­ba tras el Telón de Acero,como tan­tas y tan­tas ciu­dades del este europeo.Asi que la caí­da del muro y la desapari­ción del comu­nis­mo con­virtieron a Pra­ga en el pas­tel al que quería hin­car­le el diente todo viajero.Y eso puede ser algo incó­mo­do a la hora de visitarla,la ver­dad sea dicha.Pero inclu­so con ese incon­ve­niente (incon­ve­niente que lle­vo muy mal,no puedo evitarlo,cada vez me acos­tum­bro menos a encon­trarme en sitios tur­is­ti­cos mul­ti­tudes vociferantes),sigo pen­san­do que Pra­ga merece la pena el esfuerzo.Para mi gusto,junto a París,continúa sien­do la ciu­dad más bel­la de toda Europa.

Recopi­lan­do fotos para el blog,me he dado cuen­ta de que hice este via­je hace ya más de ocho años,por lo que espero que muchos datos no hayan cam­bi­a­do demasiado.Lo cier­to es que casi llegué a este via­je por casualidad,ya que en un prin­ci­pio iba a ir en un via­je de últi­ma hora a Nue­va York con tres ami­gas pero el pre­cio de los vue­los se nos disparó.Asi que decidi­mos pospon­er­lo para el año siguiente…el prob­le­ma es que teníamos sólo dos sem­anas de már­gen y estábamos en ple­na tem­po­ra­da de alta,a finales de Julio,por lo que con los pre­cios de bil­letes por las nubes,decidimos que la opción más inteligente era acer­carse a algu­na agen­cia y ver si nos ofrecían algún paque­te intere­sante de vuelo+‘hotel.Después de ojear unas cosas y otras, tiramos por la Repúbli­ca Checa,en lo que iba a ser nue­stro primer con­tac­to real con la antigua Europa del Este.Particularmente,me encan­tan las vie­jas ciu­dades euro­peas y Pra­ga era una asig­natu­ra aún pen­di­ente.

Antes de nada,quiero desacon­se­jar a todo el mun­do que se quede en el Hotel Hilton.Que mucho cin­co estrel­las pero vaya gentuza.Antes de volar, les avisamos de que una de mis ami­gas está en sil­la de ruedas y la habitación debía estar mín­i­ma­mente acondicionada.“Sin prob­le­ma ninguno”, nos dijeron.Y como era un cin­co estrellas,nos lo creímos.Para empezar,el Hilton tiene de cin­co estrel­las el hall y poco más,las habita­ciones son minús­cu­las (más propias de un tres estrel­las que un cin­co) y en la habitación de mi ami­ga la sil­la no cabía en el servicio,con eso os digo todo.Insistimos para que la cam­biaran de la habitación y ni caso.Pero eso no es lo peor.Es que enci­ma son unos ladrones.El últi­mo día le robaron a una de mis ami­gas un bote de per­fume y como ya nos volvíamos a España,nuestras que­jas no servían de mucho.Claro,que si os cuen­to que el día ante­ri­or teníamos en la nev­era unos bocadil­los de pol­lo y cuan­do volvi­mos por la noche se habían lle­va­do ¡el pollo!¡ni siquiera el bocadil­lo entero! O las limpiado­ras pasan mucho ham­bre o es sim­ple­mente por fastidiar.Pero vamos,que la anéc­do­ta es sur­re­al­ista.

Hacien­do bal­ance gen­er­al del viaje,ahora lo recuer­do y me doy cuen­ta de que pese a que estu­vi­mos ocho días en Praga,pateando todos des­de por la mañana has­ta por la noche sin parar,aún así se me quedó la impre­sión de que nos qued­a­ban un mon­tón de cosas por ver, fijaos si da la ciu­dad de sí.Por eso me lla­ma la aten­ción mucha gente que sólo va un par de días.Porque o pasan deprisa y cor­rien­do por los mon­u­men­tos o entonces no aca­ban vien­do casi nada.Pero Praga,en mi opinión,es una ciu­dad que hay que degus­tar sin prisas, saboreán­dola, deján­dose empa­par por las esen­cias de sus barrios,tan difer­entes unos de otros.Praga es una ciu­dad donde con­viv­en todo tipo de etnias des­de tiem­pos antiquísimos.Praga tiene mil y una caras que,aún así, siguen cam­bian­do con­stan­te­mente.

Pra­ga fue fun­da­da por los eslavos hace ya más de once siglos,cuando estos pueb­los se per­cataron de que las dos col­i­nas rocosas de la ciu­dad per­mitían un acce­so inmejorable al río Moldava.Al norte de la oril­la occi­den­tal se con­struyó el hrad (castil­lo) y cua­tro kilómet­ros al sur,en la oril­la ori­en­tal, el vysehrad (castil­lo “en lo alto”).Fue entonces cuan­do aquí empezaron a lle­gar hor­das de rusos, musul­manes y turcos.Y después,los judíos,una pieza impor­tan­tísi­ma en el desar­rol­lo de la ciu­dad.

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Para lle­gar has­ta la ciu­dad des­de el aeropuerto,a noso­tras en el paque­te de vuelo+hotel nos incluían el traslado,asi que nos lle­varon en una fur­gone­ta con otros viajeros.En el vehícu­lo iba una guía cubana para ofre­cer excur­siones e infor­ma­ción y fue ella la que nos avisó de que,siendo latinos,notaríamos muchísi­mo la fama de desagrad­ables que tienen los checos,quienes pare­cen ten­er una relación de amor-odio con el turista:por un lado,le nece­si­tan imperiosamente,ya que Pra­ga vive de un modo casi exclu­si­vo del tur­is­mo pero por otro,no les hace ni puñetera gra­cia que ellos,tras salir del comu­nis­mo, ten­gan que mal­vivir con suel­dos de 300 euros mien­tras via­jeros de todo el mun­do vienen aquí a derrochar.No he vis­to otra ciu­dad del mun­do donde sean desagrad­ables has­ta los de las tien­das de souvenirs.Parecen estar har­tos de tan­to vis­i­tante en su ciudad,pese a que sean su prin­ci­pal sustento.En cualquier caso,creo que ese es el úni­co pun­to neg­a­ti­vo que le pon­dría al viaje.Por lo demás, Pra­ga me pare­ció una ciu­dad mar­avil­losa como pocas.

Pra­ga es una ciu­dad que se puede recor­rer a pie sin prob­le­ma ninguno, noso­tras ape­nas usamos el trans­porte público.También es cier­to que como era pleno ver­a­no y nos hizo un tiem­po espléndido,era lo que más apetecía:caminar.Lo bueno además es que la may­or parte del cas­co históri­co (o cas­cos históricos,hablemos en plur­al) está cer­ra­do al trá­fi­co roda­do y la may­oría son zonas peatonales.Aun así,la línea de tran­vía más usa­da es la del número 22;desde Pohor­elec, cer­ca del castil­lo, se dirige hacia Brevnov y Bilá Hora (en un sen­ti­do) y hacia Nar­o­d­ní en el otro.Un últi­mo apunte:cuando cojais el metro,el avi­so que se oye en cada para­da es “ukon­cete vyst­up a nastup,dvere se zavíra­jí (“dense prisa en bajar,las puer­tas se cierran”),seguido del nom­bre de la “pristi stan­ice” (próx­i­ma estación).

Como Pra­ga es una ciu­dad con tan­tísi­mos lugares para visitar,os voy a pro­pon­er dis­tin­tos itin­er­ar­ios para que os podais ir repar­tien­do los días.Y es impre­scindible empezar por Staré Mesto (la Ciu­dad Vie­ja), el autén­ti­co corazón de la cap­i­tal checa.

A Praga,aparte de la Ciu­dad Dorada,se la conoce como la Ciu­dad de las Cien Torres,y cuan­do deam­bules por sus calles viejísi­mas enten­derás por qué.Los orí­genes del cen­tro históri­co se remon­tan al siglo XI,cuando los prin­ci­pales edi­fi­cios de la ciu­dad se fueron lev­an­tan­do en torno a la Staromest­ské Namestí:primero fueron los mercados,luego el ayun­tamien­to y,por último,la Uni­ver­si­dad que fundó Car­los IV y los cen­tros de la igle­sia nacional husita.En los alrede­dores se insta­laron pos­te­ri­or­mente los jesuitas,quienes ubi­caron su cuar­tel gen­er­al entre las nuevas igle­sias católi­cas (barrocas),mientras que las antiguas igle­sias góti­cas se iban adap­tan­do al esti­lo arqui­tec­tóni­co ital­iano que pre­dom­ina­ba entonces.El remate lo daría la nobleza del Sacro Impe­rio Romano,que comen­zó a lev­an­tar aquí sus res­i­den­cias.

El núcleo abso­lu­to del cen­tro es la Staromest­ské Namestí,la Plaza de la Ciu­dad Vieja.Dentro de este inmen­sísi­mo espa­cio abier­to (la plaza es gigante,una de las más grandes de Europa), desta­ca el mon­u­men­to a Jan Hus, del escul­tor Ladislav Jan Saloun,que se con­struyó entre 1900 y 1905.Jan Hus, con­sid­er­a­do el pre­cur­sor de la refor­ma protes­tante, acabó que­ma­do en la hoguera acu­sa­do de herejía,y su mon­u­men­to fue tes­ti­go durante su inau­gu­ración de vio­len­tas revueltas en con­tra del catoli­cis­mo y los Hab­s­bur­go.

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Como la plaza es tan enorme,voy a detal­larte algunos de los sitios más intere­santes para visitar.Y voy a comen­zar por la Casa al Min­u­to (o Dum u Min­u­ty), donde vivió la famil­ia Kaf­ka des­de 1889 has­ta 1896.Franz Kaf­ka, el céle­bre autor de “La Meta­mor­fo­s­is” (uno de los mejores libros que he leí­do jamás, una críti­ca voraz a todos los que mar­ginan a los “difer­entes”), es el autén­ti­co orgul­lo de los checos, el mejor escritor que ha vis­to nac­er el país y su mejor embajador.En la Casa del Min­u­to tenía su padre la tien­da (la famil­ia se mudó de res­i­den­cia catorce veces pero siem­pre den­tro de esta zona).Los Kaf­ka bus­ca­ban la cer­canía del bar­rio judío,ya que ellos eran sefarditas,pese a que luego no eran demasi­a­do prac­ti­cantes y a Frank había que lle­var­le a la sin­a­goga casi a rastras.La vida de Kaf­ka estu­vo llena de sins­a­bores y mar­ca­da por la enfer­medad (murió con sólo 40 años a causa de una pul­monía) y aunque la obra que dejó como heren­cia no es muy exten­sa, se la con­sid­era uno de los grandes tesoros lit­er­ar­ios europeos,asi que te recomien­do que no te pier­das la visi­ta a su casa por nada del mundo.Si eres muy fan de Kaf­ka, te acon­se­jo entonces que pas­es tam­bién a rendirle hon­ores en su tum­ba en el cemente­rio de Praga-Zizkov.Praga es la ciu­dad kafkiana por excelencia:hay un museo ded­i­ca­do a él (en Cihel­ná 2b — Malá Strana, entra­da 120 coro­nas checas), una plaza, var­ios mon­u­men­tos, cafés,restaurantes… el que sea seguidor de Kaf­ka va a encon­trar en Pra­ga su par­tic­u­lar paraí­so.

Casa del Min­u­to

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Con­tin­uan­do en la Plaza Vieja,uno de los edi­fi­cios más boni­tos es la igle­sia de la Madre de Dios de Tyn, pop­u­lar­mente cono­ci­da como el Tem­p­lo de Tyn (en checo Kos­tel Matky Boží před Týnem).Los 80 met­ros de altura de las tor­res geme­las (no son exac­ta­mente idén­ti­cas, si os fijais bien la de la derecha es un poco más ancha) son un ejem­p­lo fan­tás­ti­co de la belleza del esti­lo gótico.La gran curiosi­dad es que la igle­sia se empezó a con­stru­ir den­tro del patio de una casa,ya que al prin­ci­pio iba a ser una igle­sia de “poca importancia”;dicho patio esta­ba des­ti­na­do a alo­jar a mer­caderes que esta­ban de paso por Praga.En su inte­ri­or se encuen­tran las tum­bas de miem­bros de la aris­toc­ra­cia checa,la del astrónomo Ticho Bahe, unas cam­panas desco­mu­nales per­ma­nen­te­mente vig­i­ladas por guardias (sus pre­de­ce­so­ras fueron robadas por los nazis para fab­ricar armas).No es la úni­ca anéc­do­ta sinies­tra de la iglesia:las vigas de madera fueron usadas para ahor­car a más de 50 husitas,tras la caí­da de Sión.Posee además el órgano más antiguo de toda la ciu­dad y está abier­ta de 10:00 a 13:00 y de 15:00 a 17:00 (los domin­gos sólo de 10:30 a 12:00).

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La otra gran joya de la plaza vie­ja es el Staromest­s­ka Rad­nice, es decir, el Ayuntamiento.Se puede vis­i­tar (excep­to los lunes) de 09.00 a 17:30.En realidad,hoy en día uni­ca­mente se uti­liza para cel­e­brar bodas (todas sus fun­ciones admin­is­tra­ti­vas fueron trasladadas al nue­vo edi­fi­cio munic­i­pal de la Mar­i­an­ské Nemestí) pero aun así,todo el mun­do sigue vinien­do a admi­rar el fab­u­loso Reloj Astronómi­co. Des­de las 08:00 has­ta las 21:00,cada hora en pun­to se abren dos ven­tanas y des­fi­lan difer­entes estat­uas policromadas;las que siem­pre están a la vista son las que rep­re­sen­tan a La Muerte, El avaro, El Vanidoso y El Tur­co, y en su parte infe­ri­or hay un cal­en­dario zodiacal.Podéis subir a la Torre del Reloj, pre­vio pago de 60 coro­nas, para ten­er unas inmejorables vis­tas de la ciu­dad.

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En cuan­to al resto de las con­struc­ciones destaca­bles, yo os recomen­daría unas cuan­tas: la Casa del Zor­ro Rojo (mez­cla de románi­co y bar­ro­co con una ima­gen dora­da de la Vír­gen), la Casa del Uni­cornio Dora­do (donde Kaf­ka y sus ami­gos cel­e­bra­ban sus reuniones literarias),la casa rena­cen­tista del peletero Mikés,el pala­cio de Goltz-Kin­sky (uno de los mejores edi­fi­cios rococó de toda Praga),la Casa de la Mesa de Piedra o la Casa del Gallo,donde os pro­por­cionarán infor­ma­ción turística.Detrás del Pala­cio de Goltz se encuen­tra la igle­sia Sv. Jakub,cuya visi­ta tam­poco deberíais perderos.

Para ir a la Namesti Republiky,lo mejor es que cojais la calle Celetná,que des­de la Edad Media es una de las más impor­tantes de Pra­ga y que for­ma parte de la antigua Calle Real, esa que recor­rían los monar­cas has­ta el castil­lo cuan­do iban a ser coronados.La calle es una acu­mu­lación deli­ciosa de edi­fi­cios rel­e­vantes: el castil­lo de Car­ret­to de Millesimo,la Casa de Salomón, la Casa de la Madre de Dios (uno de los más impor­tantes sím­bo­los cubistas),el pala­cio Pachta,que antigua­mente se usa­ba para acuñar mon­edas y ya casi al final, la Pras­na Brana,la Torre de la Pólvo­ra, una especie de arco del tri­un­fo, der­rui­do, restau­ra­do y con­ver­tido pos­te­ri­or­mente en depósi­to de municiones.Si quieres visitarla,abre de 10:00 a 18:00 y la entra­da cues­ta 70 coro­nas.

Lleg­amos ya a la Namesti Repub­liky, donde su edi­fi­cio más esplen­doroso es la Obec­ní Dum, la Casa de Cultura.El inte­ri­or incluye un mon­tón de mobil­iario y vidri­eras que hacen de éste uno de los mejores expo­nentes del esti­lo Secese.Recuerda que en sus taquil­las puedes reser­var entradas para la Orques­ta Filar­móni­ca Checa o tomarte un café en la cajov­na a kavár­na, abier­ta de 07:00 a 23:00.Justo enfrente se sitúa la Casa de los Irlandeses,un com­ple­jo monás­ti­co de los fran­cis­canos irlandeses,que fueron quienes intro­du­jeron en el país el cul­ti­vo de la pata­ta.

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Cer­ca de aquí,no dejes de vis­i­tar el Clementinum,el com­ple­jo históri­co más grande de la ciu­dad vie­ja (cubre dos hectáreas),donde han estu­di­a­do alguno de los más impor­tantes filó­so­fos, músi­cos y cien­tí­fi­cos checos.En la mis­ma plaza (Mar­i­anske Namestí) se ubi­ca el Nova Radnice,el Ayun­tamien­to Nue­vo.

Den­tro de Stare Mesto se encuen­tra tam­bién un bar­rio único:Josefov, la Ciu­dad Judía.Aquí empezaron a con­cen­trarse hace diez sig­los difer­entes comu­nidades judías pero los gob­er­nantes comen­zaron a arrin­conar­los y a rodear­los de murallas;la jud­ería nun­ca alcanzó los 100.000 met­ros cuadra­dos y tuvo que verse oblig­a­da a cre­cer entre calle­jones laberín­ti­cos, dejan­do como úni­co “espa­cio verde” el cemente­rio judío.Durante siglos,a los judíos no se les per­mitía salir de la zona a no ser que lle­varan unos gor­ros amar­il­los que les iden­ti­ficaran y el racis­mo hacia ellos era tal que los judíos, acos­tum­bra­dos a que en su ghet­to fuer­an con­tín­u­os los incen­dios provo­ca­dos, pasaron a hac­er muchas veces de “bomberos” en los bar­rios cris­tianos colindantes.Por fin,en 1850 se per­mi­tió a la Ciu­dad Hebrea entrar a for­mar parte de la admin­is­tración de Pra­ga de un modo oficial.Aun así,poco a poco se fue expul­san­do a los judíos de este area, instalán­dose en su lugar famil­ias bur­gue­sas, y uni­ca­mente quedaron aquí dos tipos de judíos: los más pobres o los más orto­dox­os (en algunos casos,ambas cosas).La pun­til­la la dieron los nazis cuan­do en sólo seis años, entre 1939 y 1945, hicieron desa­pare­cer a los pocos super­vivientes.

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Den­tro de Jose­fov, desta­ca el Zidovske Muse­um (Museo Judío),que agru­pa las con­struc­ciones más rel­e­vantes de la judería.Por un lado, la Klau­zo­va (sin­a­goga de Klaus), por el otro, el Antiguo Cemente­rio Judío (Stary Zidovsky Hrbitov),con once mil sepul­turas amon­ton­adas unas sobre otras por la fal­ta de espacio.Te lla­mará la aten­ción que por todos lados se encuen­tran notas de papel suje­tadas por piedras,que son men­sajes que dejan los judíos a sus difuntos.Dentro de Jose­fov se encuen­tra tam­bién el bar­rio del Golem (el Golem es un per­son­aje fic­ti­cio de la cul­tura judía, hecho de bar­ro y al que los rabi­nos dieron vida para que ayu­dara en las tar­eas domés­ti­cas y defendiera a los judíos de sus perseguidores).Aquí se encuentra,al sur del cementerio,la sin­a­goga Pinkasova,que ha pasa­do a con­ver­tirse en el memo­r­i­al de los casi 80.000 judíos asesina­dos por los nazis en Bohemia, la sin­a­goga Starono­va (el edi­fi­cio más antiguo de Jose­fov) y al lado la sin­a­goga Vysoká.Los nazis no ter­mi­naron de arrasar Jose­fov porque querían hac­er de él “un museo exóti­co de la raza extin­gui­da”.

Una de las calles prin­ci­pales de la jud­ería es Maislova,donde aún per­manece el ayun­tamien­to hebreo: allí puedes dis­fru­tar en su restau­rante de la comi­da kosher (la aproba­da por las autori­dades israelitas).Muy cerqui­ta se encuen­tra la sin­a­goga Maislova,con la may­or colec­ción a niv­el mundi­al de piezas de pla­ta de cul­to hebreo.Otra de las calles rel­e­vantes es Parizská,una ele­gante aveni­da del siglo XIX lev­an­ta­da tras las demo­li­ciones de antiguas casas en Josefov.A poca dis­tan­cia se hal­la la Span­el­ská, la Sin­a­goga Española,de esti­lo árabe y situ­a­da en el 12 de la calle Dusní.Su nom­bre se debe a que aquí se refu­gia­ron los judíos expul­sa­dos por los Reyes Católicos.En la mis­ma calle se lev­an­tan las igle­sias del Espíritu San­to y la de San Sal­vador.

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Nos vamos ya a la pre­ciosa zona de Malá Strana (“parte pequeña”).Ésta se extiende a lo largo de la oril­la occi­den­tal del río Moldava,a los pies de la col­i­na del castillo.Está llena de zonas verdes y su gran tesoro es el Puente de Car­los, el Kar­luv Most.El puente tuvo una impor­tan­cia vital en la vida de Praga,ya que aquí se real­iz­a­ban las negociaciones,se recaud­a­ban los impuestos e inclu­so se eje­cuta­ba a los condenados.Actualmente,se encuen­tra siem­ple pla­ga­do de vis­i­tantes y sirve pun­tual­mente como esce­nario de actua­ciones musi­cales (aparte de los músi­cos perennes que te vas a encon­trar a lo largo de su más de medio kilómetro de longitud.El puente está lleno de estat­uas (algu­nas las susti­tuyeron debido a des­bor­damien­tos del Mol­da­va) y entre ellas desta­ca el Tur­co del Puente,que vig­i­la una cel­da con tres pri­sioneros cristianos,la del caballero Bruncvik,la de Juan Nepo­mu­ceno (quien según cuen­ta la leyen­da fue arro­ja­do al río) y la de San Vito.

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Igle­sia de Sv. Mikulás (San Nicolás).A sus pies se encuen­tra la Mal­ostran­ské Namestí,donde se encuen­tra el antiguo ayun­tamien­to de Malá Strana,que actual­mente se uti­liza como teatro y cen­tro cul­tur­al, el pala­cio Smiricky,el de los Liecht­en­stein y la Colum­na de la Peste.Muy cer­ca se encuen­tra la calle Neru­do­va, en hom­e­na­je al escritor Jan Neru­da (y sí,lo habéis adiv­ina­do, Pablo Neruda,que en real­i­dad se llam­a­ba Ricar­do Eleci­er, tomó su pseudón­i­mo de este poeta).Aquí desta­can el Morzin­sky Palac,actual sede de la emba­ja­da de Rumanía, y el pala­cio Thun Hohenstein,donde se ubi­ca la emba­ja­da de Italia.

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Subi­en­do por la cita­da Neru­do­va lle­gare­mos a la zona de Hrad­cany y Strahov.Este bar­rio recu­peró su ele­gan­cia después del colos­al incen­dio de 1541 y pasó a con­ver­tirse en una de las areas más boni­tas de Praga.Dentro desta­ca el Pala­cio Arzo­bis­pal (Arcibiskup­sky Palac) y casi pegado,el pala­cio Sternberg,la sede de la Galería Nacional de Pra­ga (la may­or colec­ción artís­ti­ca de Chequia).No dejes de darte una vuelta por la Plaza de Lore­to antes de subir al castil­lo, que tiene con­struc­ciones muy intere­santes (la igle­sia de la Nativi­dad o el pala­cio Czernin).

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Más que un castil­lo, es con­sid­er­a­do una for­t­aleza, la may­or for­t­aleza medieval de toda Europa,con más exactitud.La entra­da cues­ta entre 250 y 350 coro­nas (depen­di­en­do del tour que eli­jas) y per­mite el acce­so a todo el recinto,que es grandísimo.Tiene mil años de antigüedad y recor­rerlo te va a ocu­par una mañana larga.El Pala­cio cuen­ta con var­ios patios:en el primero de ellos, exterior,montan guardia los centinelas;en el segundo,se ubi­ca­ban los fos­os para las labores defensivas;en el ter­cero se con­cen­tran los más impor­tantes edi­fi­cios políti­cos y religiosos.Aparte de la Capil­la de la Cruz (Kaple Sv. Krize),aquí se encuen­tra tam­bién la Real Escuela de Equitación,la Basíli­ca de San Jorge, la antigua prisión (Torre Dal­i­bor­ka) y la admirable Cat­e­dral de San Vito,una de las más impor­tantes de toda Europa.

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Cuan­do ter­mines la visita,no dejes de pasear por el Calle­jón de Oro bajo las mural­las del castillo.Es un encan­ta­dor bar­rio pop­u­lar del siglo XIX donde tam­bién residió Kaf­ka (en el número 22 exactamente).Parecen pequeñas casitas de muñecas,ahora recon­ver­tidas en tien­das y flan­queadas por la Torre Blan­ca y la Torre Dal­i­bor.

Es turno ya para Nové Mesto (Ciu­dad Nue­va), la parte mod­er­na de Praga,aunque lo de mod­er­no es rel­a­ti­vo ya que su fun­dación data del siglo XIV.Su cen­tro es la Plaza de Wenceslao,donde se encuen­tra el Museo Nacional.

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Si quieres ir de compras,estás en el lugar ideal:la Na Prikope,la aveni­da peaton­al más grande de toda Pra­ga, está llena de tien­das de todo tipo.Aquí se encuen­tra tam­bién la estación cen­tral de Pra­ga (muy cerqui­ta la Jerusalemská,una curiosa sin­a­goga de esti­lo árabe de prin­ci­p­ios de siglo),la Asam­blea Federal,la Igle­sia de San Enrique y el Teatro Nacional.En la zona meridional,tengo que decir que nos encan­taron los Jar­dines de Karlovo,preciosísimos..

Por últi­mo, no olvides acer­carte a la col­i­na de Vysehrad para vis­i­tar el antiguo castillo;según cuen­ta la leyenda,de aquí viene el nom­bre de Pra­ga (Praha),cuando la prince­sa Libuse ordenó a un carpin­tero que con­struy­era un umbral (prah).

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La Casa Dan­zante. ¡Un edi­fi­cio fran­ca­mente excep­cional!

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Ya que estábamos ocho días en Praga,decidimos dedicar uno de ellos a vis­i­tar la pre­ciosa ciu­dad de Karlovy Vary, o más cono­ci­da como Karls­bad (“Ter­mas de Car­los”, fue el emper­ador Car­los IV,o más exac­ta­mente su perro,quien des­cubrió el primer manantial).Durante años fue uno de los may­ores bal­n­ear­ios del mundo,ubicado en un para­je único:los pre­ciosos bosques de Bohemia, exac­ta­mente a los pies de los Montes Metáli­cos y extendién­dose en el estre­cho valle del río Teplá (que lit­eral­mente quiere decir “caliente” porque en los meses de invier­no no se hiela).

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Aunque la ciu­dad no es muy grande,poco más de 50.000 habi­tantes, os recomien­do que si tenéis tiem­po sufi­ciente ven­gais a gas­tar un día aquí,ya que sólo se encuen­tra a unas tres horas en coche de Praga.La ciu­dad vive prac­ti­ca­mente del turismo,que es el que copa sus hoteles.Aquí los via­jeros bus­can los efec­tos ben­efi­ciosos de los más de 80 man­an­tiales que ofrece Karlovy Vary (15 son de libre acce­so). La tem­per­atu­ra del agua puede lle­gar has­ta los 73º, da miedo has­ta acer­carse.

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Lo bueno es que prác­ti­ca­mente todo el cen­tro de la ciu­dad está cer­ra­do al tráfico,por lo que es un gus­ta­zo poder pasear por allí,aunque casi todo Karlovy Vary esté en cuesta.Aunque la ciu­dad es pequeñita,la ver­dad es que es muy acoge­do­ra y ele­gante, en espe­cial el Grand Hotel Pupp (del 1700), que puedes entrar a vis­i­tar aunque no te alo­jes allí.

En las calles Stará Iou­ka y Nová Iou­ka se con­cen­tra el may­or número de tiendas.Te acon­se­jo que si quieres lle­varte a casa algo típi­co de la zona,aproveches para com­prar aquí algu­na pieza del rep­uta­do cristal de Bohemia (es caro,sí,pero tam­bién venden fig­u­ri­tas pequeñas más asequibles),los sabrosísi­mos bar­quil­los dul­ces (lazen­ské oplatky) o el Becherovka,un licor súper potente (yo me tra­je unas cuan­tas botel­las a España y no veais cómo pega).No desaprovech­es tam­poco la ocasión para pasear por Sado­va, la calle del par­que, flan­quea­da por antiguas casas pertenecientes a los curas y donde se encuen­tra la bel­lísi­ma igle­sia ruso-orto­doxa de los san­tos Pedro y Pablo, o los paseos por Puski­no­va Stez­ka, un boule­vard que dis­curre para­le­lo al río.Puedes ter­mi­nar la visi­ta en el Vrid­lo (el Surtidor),de donde sur­gen cada día tres mil­lones de litros de aguas ter­males expul­sa­dos a más de doce met­ros de altura.

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Por último,no quiero ter­mi­nar sin recomen­darte que logres encon­trar hue­co para pasarte por alguno de los numerosos mer­cadil­los calle­jeros de Pra­ga (el mejor es el Mer­ca­do de la calle Havelská).Yo aproveché para traerme a España uno de los pro­duc­tos más típi­cos checos (y más entrañables):una mar­i­one­ta de una bru­ja total­mente artesanal.Si no te con­ven­cen las de los mercadillos,dirígete entonces a la tien­da Antik­va Burg­er en Betlem­ská Náměstí (entre la Plaza de la Ciu­dad Vie­ja y el Puente de Carlos):¡te las quer­rás lle­var todas!


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  1. Mar

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    Gra­cias por el artícu­lo, me encan­ta Pra­ga, una de las ciu­dades más fotogéni­cas en las que he esta­do. Lo malo es la can­ti­dad de vis­i­tantes, que se está volvien­do exager­a­da. Yo estuve hace muchos años y en tem­po­ra­da baja. La ver­dad es que no había tan­to tur­ista, pero parece que ya no es así, una pena. Me gus­taría recomen­dar una expe­ri­en­cia de las que más me gustó en la ciu­dad, que fue asi­s­tir a una obra de teatro negro. Me pare­ció fan­tás­ti­co.

  2. Mar, lo del tema de los tur­is­tas aquí lo comen­tábamos: espe­cial­mente en ver­a­no, hay zonas de Pra­ga donde no se puede andar. Aún así, es una ciu­dad pre­ciosa que bien merece una visi­ta. Lo del teatro negro no lo conocía ¡voy a mirar­lo!

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