Por qué viajar es beneficioso para la salud

 

Ya lo decía Séneca: VIAJAR Y CAMBIAR DE LUGAR REVITALIZA LA MENTE. Somos nómadas por nat­u­raleza, lo lle­va­mos en los genes. No hace tan­tísi­mos años, via­jar era un priv­i­le­gio reser­va­do sólo a gente pudi­ente. Las clases más humildes bas­tante afor­tu­nadas se sen­tían si con­seguían un tra­ba­jo, ya ni hablam­os de dis­fru­tar de unas vaca­ciones y mucho menos pagadas. Sin embar­go, hemos tenido la suerte de vivir en una gen­eración en la que la may­oría de la gente puede darse el lujo (que ya no es tan lujo) de via­jar has­ta el otro pun­to del mun­do por un módi­co pre­cio. Y además, los ricos de antaño, por mucho dinero que tuvier­an, no con­ta­ban con los aviones de los que nosotros disponemos: sus trav­es­ías en bar­co podían alargarse var­ios meses y en unas condi­ciones higiéni­cas que deja­ban mucho que desear.

 

Via­jar no es sólo un plac­er sino casi un deber que ten­emos con nues­tra salud. Y es que cuan­do dec­i­mos “nece­si­to unas vaca­ciones!” no nos limi­ta­mos úni­ca­mente al deseo de parar de tra­ba­jar sino a las ganas de desconec­tar de nues­tra ruti­na diaria. En país­es como Japón, donde la may­oría de la población cuen­ta con sólo una sem­ana de vaca­ciones al año, más de un 60% de sus habi­tantes sufren prob­le­mas de estrés, con todos los efec­tos secun­dar­ios que ello con­ll­e­va. Está com­pro­ba­do cien­tí­fi­ca­mente que las per­sonas que via­jan al menos dos veces al año tienen un 50% menos de posi­bil­i­dades de sufrir un ataque al corazón que las que no lo hacen.

 
Pero, real­mente ¿qué ven­ta­jas nos pro­por­ciona cono­cer mun­do y por qué motivos?
 
Por qué viajar es beneficioso para la salud
 

 

- Desconec­tar de la ruti­na y, sobre todo, de los prob­le­mas. No hay nada mejor que pon­er tier­ra por medio para analizar los incon­ve­nientes de la vida des­de la dis­tan­cia y darnos cuen­ta de que nada tiene demasi­a­da impor­tan­cia. Sobre todo cuan­do via­jas a país­es donde la situación económi­ca es mucho peor que la nues­tra y te das cuen­ta de las penurias que han de pasar muchas per­sonas para sobre­vivir. Debe­mos sen­tirnos priv­i­le­gia­dos por poder gas­tar nue­stros ahor­ros en unas vaca­ciones cuan­do hay mil­lones de per­sonas sin saber cuan­do se lev­an­tan si ese día podrán echarse algo a la boca. Via­jar enseña tol­er­an­cia pero sobre todo sol­i­dari­dad: que ten­gas que lle­var el coche al taller es un prob­le­ma insignif­i­cante si lo com­paras con la vida de otras per­sonas.

 

- Car­gar las pilas. Cuan­do uno lle­va muchos meses segui­dos tra­ba­jan­do, el cuer­po se que­ja. Y la mente tam­bién. Saber que no tienes obligación de madru­gar y que la máx­i­ma pre­ocu­pación del día es qué palmera ele­gir para tum­barte deba­jo a leer un libro puede ser el mejor reme­dio que vayas a encon­trar. Regre­sar a casa con las baterías ren­o­vadas y con ilusión por abor­dar nuevos proyec­tos puede ser la mejor rec­om­pen­sa de unas vaca­ciones. Además, está com­pro­ba­do que la “sen­sación de estar vivo” que nos pro­por­ciona un via­je per­manece en nue­stro áni­mo varias sem­anas después de haber vuel­to. Esta sen­sación se mul­ti­pli­ca en las per­sonas de la ter­cera edad, que dis­fru­tan muchos de sus via­jes como si fuer­an el últi­mo.

 

- Via­jar ayu­da a cam­biar los hábitos. Ten­emos el defec­to de creer que lo nue­stro siem­pre es lo mejor, sin com­para­r­lo con lo que hay ahí fuera. ¿Te has para­do algu­na vez a con­trastar cómo comen, beben y dis­fru­tan el ocio en otros país­es? Per­catarse de que en otros lugares de Europa cenan ligero y a una hora tem­prana para favore­cer la digestión, los ben­efi­cios de las espe­cias y la ausen­cia de pro­duc­tos lácteos en muchos país­es de Asia o el con­tac­to con­stante con la nat­u­raleza en Escan­di­navia puede ayu­darte a cam­biar el chip cuan­do vuel­vas a casa y ani­marte a que lleves un modo de vida más salud­able. Muchos extran­jeros que via­jan a España ya han des­cu­bier­to los ben­efi­cios de la sies­ta: ¿por qué no haces tú lo mis­mo cuan­do vayas a Italia y te das una bue­na “passegia­ta”, el paseo que los ital­ianos dan después de cenar?

 

- Hac­er ejer­ci­cio. No hace fal­ta que escales el Ever­est para mejo­rar tu for­ma físi­ca mien­tras via­jas. Los via­jes nos empu­jan a cono­cer y des­cubrir. Y ello se con­sigue andan­do. Jor­nadas mara­to­ni­anas de 8 o 10 horas de paseos por las ciu­dades mejo­rarán tu cir­cu­lación san­guínea y per­mi­tirán que te de un poquito el sol, nosotros que tan­to lo echamos de menos en invier­no. Inclu­so la gente que elige des­ti­nos de playa para el des­can­so tiene una excusa para moverse: la nat­ación.

 

- Echar de menos a los tuyos. Hay un dicho que reza “no sabes lo que tienes has­ta que lo pierdes”. Quizás via­jan­do, dejan­do lejos a nue­stros ami­gos y famil­iares, val­o­ramos más que las pequeñas ren­cil­las que haya con ellos son en real­i­dad menuden­cias. Aprovecha para lle­var un sou­venir o man­dar una postal a las per­sonas que quieres. Sabrán que les recuer­das cuan­do estás a miles de kilómet­ros de dis­tan­cia. Y no pier­das la opor­tu­nidad de reunirte con ellos a la vuelta: la excusa de con­tar­les el via­je reforzará vue­stros lazos afec­tivos.

 

- Des­cubre nuevas cul­turas. Como explic­a­ba antes, un buen via­jero jamás ha de quedarse con lo de “más vale lo malo cono­ci­do que lo bueno por cono­cer”. La may­or parte de los via­jes tienen su orí­gen en la curiosi­dad: dis­fru­tar de otros mod­os de vida e inclu­so pres­en­ciar cier­tos ritos reli­giosos (pese a que como en mi caso seas ateo) puede ayu­darte a abrir la mente. Reli­giones como el bud­is­mo tienen un com­po­nente social mucho más impor­tante que el mís­ti­co: el respeto al próji­mo o darnos cuen­ta de lo efímero que es nue­stro paso por el mun­do puede ayu­dar a desem­barazarte de muchas car­gas emo­cionales que no ben­e­fi­cian y sí per­ju­di­can.

 

- Si via­jas con tu pare­ja, dis­fru­ta de ella el doble que cuan­do estáis en casa. Pasareis muchas más horas jun­tos (ocho de cada diez pare­jas recono­cen ten­er más sexo en vaca­ciones) y des­cubriréis nuevos des­ti­nos de la mano: remem­o­rar dichos recuer­dos cuan­do esteis frente a la chime­nea puede con­sti­tuir la mejor vela­da. Con­fec­cionar un álbum de fotos casero mien­tras remem­o­rais anéc­do­tas es un hob­bie muy pla­cen­tero. Dos de cada tres pare­jas recono­cen que un via­je es el mejor rega­lo que podría hac­er­les su cónyuge; un 86% de ellas con­fir­ma que tras un via­je román­ti­co su relación se siente reforza­da.

 

- Dis­fru­ta la gas­tronomía. Muchas veces, por prisas y fal­ta de tiem­po, no nos acor­damos de lo que es sen­tarse delante de un buen menú y alargar pos­te­ri­or­mente la sobreme­sa. Prue­ba platos que no puedes encon­trar en tu país de orí­gen, inclu­so los más exóti­cos y atre­v­i­dos: las expe­ri­en­cias culi­nar­ias son una parte más del via­je.

 

- Aprovecha para apren­der idiomas. Evi­den­te­mente, tres sem­anas de vaca­ciones no te van a con­ver­tir en polí­glota pero si apren­des a decir “hola”, “adios” y “por favor” en chi­no tal vez regre­ses con las ganas de dar algu­nas lec­ciones más. Poder comu­ni­carse con los locales, aunque sólo sea medi­ante unos cuan­tos voca­b­los, favorece el acer­camien­to entre via­jeros y autóctonos. Vencerás la timidez y ten­drás ocasión de cono­cer a muchas más per­sonas. Pien­sa que si aquí te hace ilusión que un extran­jero se te acerque esforzán­dose por cha­purrear en castel­lano para pre­gun­tar por una calle, en los demás país­es se sien­ten igual de agrade­ci­dos.

 

- Aprende a orga­ni­zarte. No es lo mis­mo ir a una agen­cia y que te lo den todo hecho a com­prarte tus guías, nave­g­ar por inter­net y plan­i­ficar tu propia aven­tu­ra. Todas esas horas que pasarás preparan­do rutas, bus­can­do alo­jamien­to y recopi­lan­do infor­ma­ción te per­mi­tirán abstraerte de la ruti­na. Leer libros acer­ca del des­ti­no elegi­do te enrique­cerá cul­tural­mente y ojear una guía después de cenar tras un largo día de tra­ba­jo puede supon­er el más rela­jante de los des­can­sos.

 

- Conoce a los que te rodean. Mark Twain decía que no hay mejor for­ma de cono­cer a una per­sona que irte de via­je con ella. Podrás dis­fru­tar de expe­ri­en­cias emo­cio­nantes con ami­gos a los que nor­mal­mente sólo ves delante de la bar­ra de un bar. O puede suced­erte lo con­trario, que des­cubras que no tienes nada que ver con tu com­pañero de via­je y no volvais a via­jar jun­tos. En cualquier caso, ambas situa­ciones tienen su lado bueno: saber con quién quieres empren­der la sigu­iente aven­tu­ra.

 

- Renue­va tu armario. Si vas a un sitio cáli­do, sal a com­prar chan­clas y un pareo; si via­jas a un lugar frío, hazte con un abri­go nue­vo y unas botas. Estre­nar ves­tu­ario te irá entre­nan­do para lo que te espera y te inyec­tará pos­i­tivis­mo.

 

- ¿Cuán­to hace que no te dejas lle­var por la impro­visación? Lle­var los planes abier­tos y amoldarse al via­je según vaya fluyen­do puede con­sti­tuir una expe­ri­en­cia mar­avil­losa. Se dice que los planes que no se preparan son muchas veces los que mejor salen. No saber dónde vas a dormir la sigu­iente noche incre­men­tará tus deseos de aven­tu­ra y además sen­tirás que eres auto­su­fi­ciente. ¡Que la vida son dos días!

 

- Dedí­cate a los plac­eres que la fal­ta de tiem­po no te per­mite. Darte un masaje, leer un libro, ir a la pelu­quería, rela­jarte en un spa, leer una nov­ela mien­tras via­jas en tren o sim­ple­mente dedi­carte a pen­sar en tí mis­mo ayu­dará a que tu mente se desin­tox­ique.

 

- Gas­ta lo que tan­to has tar­da­do en ahor­rar. Porque ello, no nos engañe­mos, tam­bién es un plac­er. Si te has pri­va­do de ir un par de días al cine para poder hom­e­na­jearte después con una cena al bor­de del mar, no te acor­darás de los esfuer­zos económi­cos que te supu­so en el pasa­do.


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6 Comments

  1. Rita Fonseca

    at

    me encan­ta esta pag­i­na

  2. Con­cuer­do con­ti­go en cada una de las pal­abras que usaste. Impro­vis­ar un via­je y sor­pren­derte a ti mis­mo, ¡mar­avil­loso!

  3. Mil gra­cias Rita, espero verte a menudo por aquí! Un abra­zo!

  4. Me ale­gra que coin­ci­damos. Via­jar es algo que da sat­is­fac­ciones como pocas cosas en el mun­do!

  5. Me encan­ta, me encan­ta esta pági­na!!!!!

  6. Muchísi­mas gra­cias!

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