Entrevista a Miguel Nonay de Viajeros Sin Límite: el mérito de viajar por el mundo en silla de ruedas

Prob­a­ble­mente muchos de vosotros no conoz­cais la his­to­ria de James Hol­man, un teniente de la mari­na británi­ca que perdió la vista con 25 años debido al escor­b­u­to y no sólo se negó a quedarse reclu­i­do en casa sino que dedicó el resto de su vida a via­jar por el mun­do y relatar sus andan­zas, entre las que estu­vo subir a la cima del Vesubio, en var­ios libros. Fue la primera per­sona inv­i­dente que dió la vuelta al mun­do en bar­co y sus haz­a­ñas alcan­zaron tal cal­i­bre que el gob­ier­no británi­co decidió dar su nom­bre a un río de Guinea Ecu­a­to­r­i­al.  Está con­sid­er­a­do uno de los grandes via­jeros de la His­to­ria y su vida fue un ejem­p­lo de superación y tenaci­dad. No pude evi­tar recor­dar­le cuan­do me puse en con­tac­to con Miguel Non­ay, el respon­s­able del blog A Salto De Mata y la empre­sa Via­jeros Sin Límite, ori­en­ta­dos ambos a via­jeros dis­capac­i­ta­dos: recor­rer mun­do cuan­do físi­ca­mente no las tienes todas con­ti­go es un méri­to dig­no de aplaudir. La his­to­ria de Miguel es una de las más inspi­rado­ras que encon­trarás en la actu­al­i­dad: estar en una sil­la de ruedas no es imped­i­men­to para cumplir tus sueños. Teníamos muchas ganas de que nos con­tara de viva voz cómo han sido todos estos años recor­rien­do mun­do. Y os ase­gu­ramos que el resul­ta­do es emo­cio­nante: esta será indud­able­mente una de las entre­vis­tas más intere­santes que vas a encon­trar en nue­stro blog.

En primer lugar, me gus­taría felic­i­tarte por tu labor ya que hay muchas per­sonas en tu situación que seguro agrade­cen blogs como el tuyo. Nos gus­taría que nos con­taras cómo comen­za­ste con el blog “A Salto De Mata” y qué bal­ance haces de todos estos años escri­bi­en­do.

Con el blog, A Salto De Mata, comencé en Mar­zo de 2009; antes ya había esta­do inves­ti­gan­do por la red, que no era la de aho­ra, ya que había oído hablar de los blogs en series norteam­er­i­canas y siem­pre dibu­ja­ban a los blog­gers como gente freak, oscu­ra y rara. Sin embar­go, para mí escribir un blog era la ver­sión mod­er­na de lo que hacíamos en la infan­cia, cuan­do escribías un diario y lo guard­abas en un cajón bajo llave: aho­ra todas nues­tras viven­cias podían col­garse en inter­net. Des­cubrí que los blogs eran la entra­da a un mun­do apa­sio­n­ante y pen­sé “¿por qué no nar­rar mis via­jes?”. Y no porque estos fuer­an a lugares exóti­cos y muy lejanos sino porque yo los hacía en sil­la de ruedas. Me parecía una boni­ta de for­ma de ayu­dar a gente que se encon­trara en una situación sim­i­lar a la mía y que por fal­ta de infor­ma­ción o fac­tores que luego analizare­mos no se atrevían a via­jar. Pero no sólo iba dirigi­do a per­sonas dis­capac­i­tadas sino tam­bién a otros que no tuvier­an prob­le­mas físi­cos pero de pron­to se vier­an aními­ca­mente en un momen­to com­pli­ca­do de su vida y al verme a mí pen­saran “pues si el loco este con su sil­la de ruedas tira para ade­lante ¿por qué yo no?”. Además, empezar un blog no sólo era mostrar mis via­jes sino tam­bién apren­der yo mis­mo de otros com­pañeros.

Al prin­ci­pio reconoz­co que escribía muchísi­mo pero con el paso de los años he ido con­vir­tien­do en videoblog tan­to A Salto De Mata como Via­jeros Sin Límite. Pero me gus­ta seguir escri­bi­en­do porque aunque se dice que “una ima­gen vale más que mil pal­abras” a veces diez pal­abras valen más que dos horas de imá­genes. Además, parece una ton­tería pero el tex­to escrito te posi­ciona mucho más arri­ba en las búsquedas de Google: la prue­ba está en que si bus­cas des­ti­nos en sil­la de ruedas, verás que en los primeros puestos siem­pre apare­cen mis pub­li­ca­ciones.  Así que el bal­ance, respon­di­en­do a tu pre­gun­ta, es tremen­da­mente pos­i­ti­vo: hace ocho años no me hubiera imag­i­na­do estar donde me encuen­tro aho­ra.

Hable­mos de los primeros via­jes que hiciste. ¿A dónde fueron y cuáles fueron las prin­ci­pales difi­cul­tades que te encon­traste?

Sal­vo una excep­ción, me voy a ceñir a 2009, es decir, los via­jes que comencé a hac­er a par­tir de 2007, que fueron los primeros que comencé a pub­licar. Digo lo de una pequeña excep­ción porque he via­ja­do mucho con mis padres por España por temas médi­cos, ya que por las secue­las de la polio me tuvieron que hac­er varias inter­ven­ciones quirúr­gi­cas y me oper­a­ban en Barcelona: te con­fieso que has­ta los años noven­ta, el úni­co via­je que había hecho fuera del país era a Fran­cia. Pero en 1990 hice un via­je de tra­ba­jo, una expe­ri­en­cia fan­tás­ti­ca, en coche has­ta la Repúbli­ca Checa; después de ello, los primeros via­jes que hice fueron a Argenti­na, Túnez, Croa­cia y Fran­cia. Las prin­ci­pales difi­cul­tades no fueron tan­tas ya que entonces usa­ba aparatos ortopédi­cos en las pier­nas y bas­tones, por lo que si había algu­na bar­rera arqui­tec­tóni­ca tipo escalones, la salv­a­ba bien: la sil­la la usa­ba prin­ci­pal­mente para desplaza­mien­tos pero en dis­tan­cias cor­tas intenta­ba cam­i­nar.

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Nue­stro primer gran via­je fue a Argenti­na en 2007: era la primera vez que cruzaríamos el char­co. Pero al saber que íbamos a estar catorce horas en un avión, con la inco­mo­di­dad que ello me provo­caría, decidi­mos com­prar los bil­letes en busi­ness para poder esti­rar las pier­nas y nos dejamos un din­er­al. Aunque en gen­er­al guar­do un recuer­do fan­tás­ti­co, nos encon­tramos con el prob­le­ma de que en la agen­cia nos habían prometi­do hote­les que esta­ban adap­ta­dos y en muchos casos nos encon­tramos escaleras: luego la habitación esta­ba adap­ta­da pero la entra­da no. Me rompieron los repos­apies de la sil­la de ruedas en el aerop­uer­to de Ezeiza y nos tocó irla arreg­lan­do como bue­na­mente podíamos con cin­ta amer­i­cana. Esta mis­ma sil­la, en un vue­lo region­al de Ushua­ia a El Calafate, se la dejaron olvi­da­da y no me la enviaron has­ta el día sigu­iente; el penúl­ti­mo día volábamos de Iguazú a Buenos Aires y se quisieron quedar la sil­la en el aerop­uer­to, creyen­do que era de ellos. Y lo peor esta­ba por lle­gar: ater­rizábamos en Bara­jas un 20 de Noviem­bre (¡vaya fecha!) y nos encon­tramos con una llu­via tor­ren­cial. Al ir en busi­ness, teníamos pri­or­i­dad de sal­i­da pero no habían venido los de asis­ten­cia a bus­carme y yo pro­puse salir el últi­mo. Me dijeron que no, les pedí que al menos les dijer­an a los de clase tur­ista que esper­aran a que yo pudiera bajar despa­cio y a mi rit­mo, no lo hicieron, empezó la gente a empu­jar y al final se cayeron var­ios rodan­do por las escaleras, aunque yo no fui uno de ellos. Quizás ese fue el via­je en el que me encon­tré más prob­le­mas pero no por el via­je en sí sino por diver­sas neg­li­gen­cias, por lo que des­de ese mis­mo momen­to decidí que jamás volvería a via­jar con una agen­cia y a par­tir de entonces via­jaríamos por nues­tra cuen­ta. Nos infor­maríamos nosotros mis­mos de cómo esta­ban los país­es a niv­el movil­i­dad y con­tac­taríamos con hote­les y restau­rantes: date cuen­ta que en aque­l­la época aún no existía el boom de las redes sociales, yo no me abrí una cuen­ta en Face­book has­ta el 2009 y en Twit­ter en el 2010, por lo que la infor­ma­ción era escasa.

Seguimos con tu recor­ri­do por el mun­do. ¿Cuen­tas con algún tipo de patrocinio?

Cuan­do comencé con el blog, me invi­taron a var­ios blogtrips, algunos por España y otros a país­es como Por­tu­gal, Mal­ta o Croa­cia. Pero reconoz­co que para el tema de los patrocin­ios soy bas­tante exi­gente. Cuan­do entras en la pági­na prin­ci­pal de A Salto De Mata, verás que apare­cen varias mar­cas como Quick­ie o Rodem; me pro­po­nen muchos patrocin­ios y artícu­los patroci­na­dos pero no acep­to ninguno, ni escribir­los yo y mucho menos que los escrib­an otros en mi blog. Y los patrocin­ios, los úni­cos que ten­go, se los pro­pon­go yo a las mar­cas cuan­do con­sidero que pueden ser útiles para per­sonas con cualquier tipo de dis­capaci­dad. A excep­ción de Pana­ma Jack, que me enviaron un par de botas, y a par­tir de ahí me di cuen­ta que fun­ciona­ban muy bien para las per­sonas que ten­emos prob­le­mas de cir­cu­lación, suje­tan muy bien el pie, y soy de los pocos blog­gers que con­tinúan con ellos en una relación de patroci­nador-patroci­na­do. Quiero aclarar tam­bién que tam­poco acep­to que estos patroci­nadores me paguen: es un ser­vi­cio que les doy a cam­bio de la relación que ten­emos y me rijo por util­i­dad: si cier­tos pro­duc­tos son intere­santes para per­sonas dis­capac­i­tadas, me ofrez­co a hablar de ellos pero porque la real­i­dad es que yo los uso y a mí me van bien, no porque me hayan con­trata­do. Quick­ie y Rodem se ded­i­can a las sil­las de ruedas y las hand­bikes; en el caso de Polartec, que es ropa téc­ni­ca de alta mon­taña, podría pare­cer que no tuviera que ver con las per­sonas que esta­mos en sil­la de ruedas y nada más lejos de la real­i­dad. Nues­tra situación nos obliga a hac­er mucho stop and go, dar­le a la rue­da, sudar, pararnos y en con­se­cuen­cia enfri­arnos, por lo que la ropa tér­mi­ca de mon­taña, que va expul­san­do el sudor hacia fuera y sólo mantiene el calor de tu pro­pio cuer­po, nos viene de fábu­la. Además es un tipo de ropa muy lig­era, por lo que a los que usamos sil­la o mule­tas nos per­mite una may­or lib­er­tad de movimien­to.

Pero por otro lado, y esto no tiene que ver con patrocin­ios, aclaro que todos los via­jes que he real­iza­do des­de el 2011, a excep­ción de alguno pri­va­do por tema de vaca­ciones, han sido de empre­sas o des­ti­nos turís­ti­cos que quieren dar a cono­cer cier­tos lugares como des­ti­nos acce­si­bles para per­sonas en mi situación: me hacen una prop­ues­ta de pro­gra­ma que pre­vi­a­mente estu­dio, ya que siem­pre me gus­ta dejar hue­co para la aven­tu­ra y la gas­tronomía, nos ponemos de acuer­do a niv­el económi­co y esa es la for­ma en la que me mue­vo des­de hace cin­co años.

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Estu­viste via­jan­do por Cos­ta Rica, un des­ti­no en el que pre­dom­i­nan las reser­vas nat­u­rales. ¿Cómo fue la expe­ri­en­cia de moverse por ter­renos tan com­pli­ca­dos y qué con­se­jos darías a alguien que, en tu situación, quiera hac­er un via­je a ple­na sel­va?

A pri­ori puede pare­cer un país difí­cil para alguien como yo pero tan­to para Eva como para mí ha sido uno de los mejores via­jes de nues­tra vida. En el año 2008 estu­vi­mos en Túnez y conoci­mos a otra pare­ja, decidi­mos alquilar un coche jun­tos y comen­zó una boni­ta amis­tad a par­tir de entonces. Pasamos jun­tos la Nochevie­ja y entre copa y copa de cham­pán y entre uva y uva, sal­ió la idea de mon­tar otras vaca­ciones jun­tos. Yo pro­puse Irlan­da, que es un via­je que aún ten­emos pen­di­ente hac­er, y ellos dijeron “¿y por qué no Cos­ta Rica?”. Para mí sig­nifi­ca­ba cumplir uno de los sueños de mi vida y me encar­gué yo de orga­ni­zar­lo: yo había per­di­do el miedo al saber que iba con otras tres per­sonas y podrían ayu­darme en lo que nece­si­tara. Así que empecé a bus­car infor­ma­ción en inter­net, me metí en var­ios foros y conocí a Tatiana, que a día de hoy es una bue­na ami­ga, quien llev­a­ba una agen­cia de via­jes y se ofre­ció a orga­nizárnoslo, cobran­do lo que tuviera que cobrar, claro. Al prin­ci­pio esta­ba un poco rea­cio tras la expe­ri­en­cia en Argenti­na pero tras pre­gun­tar­la “yo por mi situación ¿qué puedo hac­er?” y que ella me con­tes­tara que infinidad de activi­dades, des­de buceo a raft­ing, snorkel o mon­tar a cabal­lo, lo vi claro. Además, me comen­tó que en Cos­ta Rica tenía un cono­ci­do con una sil­la de ruedas espe­cial, prepara­da para moverse por ter­renos com­pli­ca­dos, y nos orga­nizó un via­je de quince días extra­or­di­nario.

Me sen­tí libre, y eso que a niv­el tec­nológi­co Cos­ta Rica no esta­ba muy avan­za­da en lo que a bar­reras arqui­tec­tóni­cas se refiere, pero luego la pre­dis­posi­ción a colab­o­rar de los costar­ri­cens­es fue lo que hizo del via­je algo muy espe­cial. Hice canop­ing en Tor­tuguero, cayén­donos una llu­via tor­ren­cial, con cin­co per­sonas a mi dis­posi­ción, uno de ellos lanzán­dose con una sil­la de PVC para que cuan­do yo lle­gara al sigu­iente árbol, me quitaran los arnés, me sen­tara y poder hac­er el sigu­iente salto. Hice raft­ing en Puer­to Viejo; me pre­gun­taron ¿qué nece­si­tas para hac­er raft­ing seguro?” y les dije “¡agar­rarme!”. Yo no puedo remar por lo que nece­sita­ba unas cuer­das para suje­tarme y les faltó tiem­po para conseguirlas.Con el cabal­lo lo mis­mo, mi his­to­ria se solu­ciona­ba atán­dome a la sil­la para que las pier­nas no se movier­an y no me dese­qui­li­brara. Y gra­cias a la sil­la pude ver des­o­var tor­tu­gas o cono­cer la cas­ca­da del río Celeste, que se lla­ma así porque según una leyen­da de los indios nativos, cuan­do los dios­es acabaron de pin­tar el mun­do, limpiaron los pince­les en el río y por eso se quedó con ese col­or: en real­i­dad, es azul por los mate­ri­ales que desprende el vol­cán Teno­rio. Una anéc­do­ta muy bue­na fue cuan­do en mitad de la sel­va nos encon­tramos con una ser­pi­ente coral, una de las más venenosas del mun­do, el guía la tocó con el bastón, des­ori­en­ta­da se vino hacia nosotros, la sil­la se dese­qui­li­bró y jus­to caí al lado de la ser­pi­ente. Así que luego en algu­na ponen­cia he comen­ta­do medio en bro­ma que yo sí que he tenido frente a mis propias narices a una ser­pi­ente coral.

En defin­i­ti­va, no hubo excusas ni imped­i­men­tos por ningún lado, además, los hote­les eran de gente de allí, alo­jamien­tos pequeños y famil­iares con mucho encan­to. Ten­go inten­ción de regre­sar algu­na vez ya que Tatiana está inten­tan­do con­seguir una sub­ven­ción del gob­ier­no para hac­er un via­je de explo­ración y difusión en el que grabe­mos var­ios vídeos y podamos divul­gar los lugares acce­si­bles de este país que de algu­na for­ma ya sien­to como mío.

Otro de los artícu­los que más me ha gus­ta­do ha sido en el que hablas de tu expe­ri­en­cia hacien­do trekking por el desier­to del Sahara…

Este via­je le hice en 2011, me invitó una empre­sa de tur­is­mo y aven­tu­ra , Yokmok. Me pro­pusieron hac­er un via­je de aven­tu­ra y mi inten­ción era hac­er­lo al Polo Norte pero los médi­cos me lo desacon­se­jaron porque la polio me había deja­do secue­las con prob­le­mas de cir­cu­lación y existía ries­go de con­gelación, así que decidi­mos cam­biar­lo por un via­je al Sahara. Fuimos a las dunas de Chega­ga, que están menos masi­fi­cadas que otras a niv­el turís­ti­co. Y el tema del trans­porte lo solu­cionamos con tres drom­e­dar­ios, uno sobre el que iba yo, otro en el que llev­a­ba la sil­la de ruedas, que en real­i­dad sólo uti­liz­a­ba para sen­tarme cuan­do acam­pábamos, y en el ter­cero lo que yo llam­a­ba la “toi­lette inclu­si­va”, que no era otra cosa que mi baño, una sil­la a la que habíamos cam­bi­a­do el asien­to por una sil­la de WC ya que yo no me puedo pon­er en cuclillas.¡El caso es que a mis com­pañeros les pare­ció un inven­to tan cómo­do que tam­bién acabaron usán­dola ellos!

Dormi­mos dos noches en el desier­to de piedra, donde eres con­sciente de la tremen­da rad­i­cal­i­dad del paisaje; debido a los bru­tales cam­bios de tem­per­atu­ra, por la noche, en efec­to, escuchas sonidos que pare­cen piedras chocan­do. Yo al prin­ci­pio lo acha­ca­ba a que estábamos rodea­d­os de ser­pi­entes y escor­pi­ones, aunque en real­i­dad no vimos ninguno, pero los pro­pios pas­tores bere­beres nos con­fir­maron que era por el cam­bio de tem­per­atu­ra. Llevábamos sacos que aguanta­ban has­ta cin­co gra­dos bajo cero, lo que nos per­mitía dormir a la intem­perie, y vivi­mos una expe­ri­en­cia bas­tante curiosa porque aunque sólo nos cayeron cua­tro gotas, vimos llover en el desier­to.

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Eran jor­nadas de nueve o diez horas que nos coin­cidían con que era el mes de Abril, época de tor­men­tas de are­na, lleg­amos a ten­er cua­tro diarias. Ten­go fotografías en las que se com­prue­ba que ape­nas había cua­tro o cin­co met­ros de vis­i­bil­i­dad y aún así los pas­tores que nos guia­ban jamás se perdieron, era algo increíble. Dormi­mos en sus jaimas, que esta­ban tan ajadas que podías ver per­fec­ta­mente los agu­jeros en los costa­dos, y comíamos lo que ellos comían: los dos primeros días cordero y pol­lo, que era el tiem­po máx­i­mo que se con­serv­a­ba la carne, y el resto del via­je latas, ensal­adas o espár­ra­gos. Volvería ya mis­mo a repe­tir este via­je: para mí fue todo un reto ya que aunque no lo reg­istró ningún libro Guin­ness de los Records, era la primera vez que una per­sona en sil­la de ruedas se sumergía en las dunas del Sahara.

¿Cuáles han sido los país­es que te han sor­pren­di­do para bien a la hora de mejo­rar la acce­si­bil­i­dad?

Curiosa­mente, país­es que se encuen­tran en fase de desar­rol­lo como Mar­rue­cos, Jor­da­nia, Túnez, Cos­ta Rica o Repúbli­ca Domini­cana. Estos país­es, que a pri­ori pare­cerían más prob­lemáti­cos, viv­en la paradóji­ca situación de que en muchos lugares, espe­cial­mente en las med­i­nas, no tienen aceras, por lo que ya nos hemos evi­ta­do el incon­ve­niente de ten­er que subirnos a una acera cuan­do pasa un coche. Pero es aún más impor­tante la dis­posi­ción y ama­bil­i­dad de la gente: a Mar­rue­cos, por pon­er un ejem­p­lo, he regre­sa­do cua­tro veces y volvería otras cua­tro más.

En cuan­to a las com­pañías aéreas ¿cuáles son las mejores y las peo­res con las que has vola­do y en qué aspec­to crees que deberían mejo­rar?

Sien­do sin­cero ¡deberían mejo­rar en todo! No he vola­do con una com­pañía, a excep­ción de Roy­al Jor­dan­ian, que sea un ejem­p­lo a la hora de la acce­si­bil­i­dad. La gente que vamos en sil­la de ruedas y evi­den­te­mente no nos podemos lev­an­tar, ten­emos un prob­le­ma serio: ir al baño. En vue­los de dos o tres horas, los que con­tro­lam­os el esfín­ter, lo puedes lle­var más o menos, y los que no lo con­trolan, lle­van una son­da o un pañal. Pero si el via­je es más largo ¿qué haces? Los aviones no lle­van sil­las espe­ciales para que en vue­lo puedas ir al ser­vi­cio y yo me veo oblig­a­do a lle­var un tup­per en for­ma de vaso y hac­er pis en el asien­to tapán­dome con una cazado­ra. Y si el prob­le­ma son las aguas may­ores, con perdón, no me que­da más reme­dio que com­er ape­nas nada antes del via­je porque no hay man­era de poder ir al ser­vi­cio. Sin embar­go, todas las com­pañías que vue­lan a Norteaméri­ca están oblig­adas a lle­var este tipo de sil­las que nos per­mi­tiría desplazarnos al baño. Cuan­do tú subes a un avión, tus pier­nas te acom­pañan pero mis pier­nas, que es la sil­la de ruedas, se las lle­van a la bode­ga. Y a veces se las lle­van has­ta dos o tres horas antes de entrar al avión.

He via­ja­do varias veces con ami­gas que están en sil­las de ruedas y uno de los prin­ci­pales prob­le­mas que nos hemos encon­tra­do ha sido reser­var en hote­les que se anun­cia­ban como acce­si­bles para per­sonas con movil­i­dad reduci­da y en la prác­ti­ca no era así. Supon­go que te habrá ocur­ri­do varias veces. ¿Qué medi­das se pueden tomar con­tra este tipo de establec­imien­tos?

A mí par­tic­u­lar­mente me pasó en Argenti­na. Después, al ser via­jes especí­fi­cos en los que las empre­sas con las que tra­ba­jo se ase­gu­ran de que los hote­les estén per­fec­ta­mente adap­ta­dos, casi siem­pre me encuen­tro bien en ese aspec­to. Muchas veces no están al cien por cien de cómo yo desearía pero no sue­lo ten­er prob­le­mas para ducharme, entrar al baño, moverme por la habitación o servirme yo mis­mo en el buf­fet libre. Pero sí que es cier­to que hay un grave prob­le­ma con ello: muchas veces reser­vas en las pági­nas, te pone que los hote­les son acce­si­bles y lle­gas y te encuen­tras escalones. Aún así, creo que la may­or parte de las veces no está hecho con mala fe, el prob­le­ma es que gente que no tiene dis­capaci­dad no cae en ese tipo de cosas. A menudo me ha ocur­ri­do pre­gun­tar a alguien por un restau­rante para saber si este tiene escalones y la gente se que­da sin saber que decir porque no es en el tipo de detalles que te fijas cuan­do sales a com­er pero a mí no me que­da otro reme­dio.

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En ese sen­ti­do, en el tema de los hote­les, es fun­da­men­tal ofre­cer una infor­ma­ción fiable. Yo he dado el vis­to bueno a niv­el acce­si­bil­i­dad a más de sete­cien­tos hote­les en España y más de quinien­tos en el extran­jero. Hago fotos al baño y las insta­la­ciones y que ya cada uno, depen­di­en­do de su gra­do de movil­i­dad, deci­da si en dicho hotel va a estar cómo­do o no. Cada dis­capaci­dad es difer­ente, hay ram­pas per­fec­ta­mente legales que yo no puedo usar porque ten­go los hom­bros daña­dos y sin embar­go gente con otro tipo de dis­capaci­dad sí puede uti­lizarlas. Mi inten­ción en ese aspec­to es ser lo más útil posi­ble a los demás: no soy par­tidario de tomar repre­salias con­tra los hote­les porque como te comen­to, creo que la may­oría de las veces no se hace con mala inten­ción. Yo me he encon­tra­do hote­les en los que no me he podi­do duchar, he lla­ma­do al direc­tor, le he pedi­do que se sen­tara en la sil­la espe­cial y se imag­i­nara que no podía mover las pier­nas ¿cómo coger la ducha si está en la pared de enfrente? El hom­bre, muer­to de vergüen­za, se pone de todos los col­ores y te dice “¡pero si el baño me lo hizo un exper­to en duchas adap­tadas!” Las medi­das, por lo tan­to, habría que tomar­las con­tra los que dis­eñan, con­tra esos despa­chos de arqui­tec­tos que en vez de pen­sar en las per­sonas, pien­san en ellos mis­mos. Cualquier arqui­tec­to o inge­niero debería ten­er una sil­la de ruedas en su estu­dio y cuan­do tienen dudas de a qué altura hay que colo­car un inter­rup­tor, que se sien­ten y lo com­prueben por ellos mis­mos: donde ellos no lleguen, yo no lle­garé tam­poco.

Da la impre­sión, errónea­mente, de que el via­jero con dis­capaci­dad tiene siem­pre la necesi­dad de via­jar acom­paña­do, cuan­do en la prác­ti­ca es un mito injus­ti­fi­ca­do. ¿Qué con­se­jo darías al que aún no se atreve a via­jar solo?

Por cues­tiones de tra­ba­jo, hay muchos via­jes que hago solo. A veces me acom­paña el cámara pero otras veces, si ten­go que dar algu­na con­fer­en­cia o un cur­so, voy solo. Se via­je solo o acom­paña­do, sólo nece­si­tas tres cosas: ganas, decisión e infor­ma­ción. Si dispones de la infor­ma­ción, te va a servir igual aunque no ten­gas una per­sona al lado.

Muchos via­jeros con dis­capaci­dad aún siguen pre­firien­do via­jar por España, cuan­do en la prác­ti­ca muchos lugares están menos adap­ta­dos aquí que en otros país­es. ¿Qué nota le pon­drías a nue­stro país?

He recor­ri­do más de ochen­ta país­es y en Europa los que mejor adap­ta­dos están son Ale­ma­nia y Aus­tria pero no te creas que el resto, lugares como Bél­gi­ca, Suiza, Fran­cia, Holan­da o Italia, pueden darnos muchas lec­ciones. En los últi­mos quince o veinte años España ha avan­za­do muchísi­mo en lo que acce­si­bil­i­dad se refiere. Hablo des­de el pun­to de vista de acce­si­bil­i­dad turís­ti­ca, ojo. A niv­el de vida nor­mal en una ciu­dad vas a seguir encon­trán­dote mil prob­le­mas: yo vivo en Zaragoza y a diario me encuen­tro con bar­reras arqui­tec­tóni­cas pero no en lugares turís­ti­cos. Ese es el prob­le­ma con­tra el que más hay que luchar, la acce­si­bil­i­dad cotid­i­ana, fal­ta mucha impli­cación por parte de todos. Yo ya ten­go una edad, voy a cumplir cin­cuen­ta y seis años, y he cono­ci­do la España de los sesen­ta, cuan­do los veci­nos se ayud­a­ban unos a otros, algo que sí sigue existien­do en país­es menos desar­rol­la­dos pre­cisa­mente por la fal­ta de medios. En Europa rozaríamos la per­fec­ción si la gente se pusiera en los zap­atos de las per­sonas dis­capac­i­tadas. Redes sociales, ofic­i­nas de tur­is­mo, son las que han de dar la infor­ma­ción a los que más la nece­si­tan. Y para eso está mi blog, para resolver tan­tas y tan­tas dudas.

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Hable­mos de tu empre­sa Via­jeros Sin Límite. Cuén­tanos cuál es su propósi­to, cómo te planteaste fun­dar­la, lo que ofrecéis y cuál ha sido la respues­ta has­ta el momen­to.

Fun­dar­la no fue una idea mía. En Mar­zo del 2009 abrí el blog y en Octubre del mis­mo año, una ami­ga, Inés, de Mis Via­jes Por Ahí, me llamó para ver si la podía susti­tuir en un even­to con Javier Reverte al que la habían invi­ta­do en el madrileño bar­rio de Chue­ca. Ten­go un Scoot­er que uti­liz­a­ba entonces porque aún cam­ina­ba con los aparatos y pen­sé en traérme­lo en el AVE para no depen­der de taxis ni trans­porte públi­co. Mi sor­pre­sa fue que al reser­var el bil­lete en el vagón adap­ta­do me dicen que no puedo lle­var el Scoot­er. Y aunque podía venirme en coche, decidí escribir un post en el blog porque habría un mon­tón de gente que se encon­traría con dicho imped­i­men­to. España no se podía per­mi­tir el lujo de detalles tan feos con los dis­capac­i­ta­dos. El post lo com­par­tió los pocos seguidores que en aque­l­la época tenía en Google y en pocas horas se pusieron en con­tac­to con­mi­go des­de Aten­do, que es la gente de RENFE que nos sube y nos baja de los trenes, pidién­dome dis­cul­pas y dicién­dome que era un malen­ten­di­do. Les exigí que se com­pro­metier­an a cam­biar las cosas pero como no me fia­ba, me puse en con­tac­to con el Defen­sor del Pueblo, quien a su vez les puso un pla­zo límite, Sep­tiem­bre de 2010, para pon­er un telé­fono para aten­der a las per­sonas dis­capac­i­tadas que nece­si­taran lle­var un Scoot­er, una sil­la eléc­tri­ca más grande de lo habit­u­al o her­ramien­tas espe­ciales y se infor­mara de si el mod­e­lo de AVE esta­ba prepara­do para trans­portar­los.

A par­tir de entonces, la gente me comen­tó que sería bue­na idea proyec­tar mis esfuer­zos a inten­tar cam­biar las cosas para nosotros, así que con la ayu­da de gente de otros blogs, entre las que esta­ban Lau­ra de Via­je Al Atarde­cer, me aseso­raron para crear otra web, Via­jeros Sin Límite,  que ayu­dara e infor­mara a los via­jeros dis­capac­i­ta­dos. La pági­na ha ido pasan­do por difer­entes eta­pas y a finales de 2011 decidí con­ver­tir ambas pági­nas, A Salto De Mata y Via­jeros Sin Límite, en videoblogs. La respues­ta mejor no ha podi­do ser:  des­de que creé Via­jeros Sin Límite me han con­trata­do para 125 des­ti­nos nacionales y fuera de España han sido más de 80. Cada año voy obte­nien­do cosas nuevas, nor­mal­mente sue­lo dejar cer­ra­dos los con­tratos en Enero o Febrero con las dis­tin­tas empre­sas turís­ti­cas en FITUR.

Hace poco me instalé en el móvil una apli­cación, “Be My Eyes”, para ayu­dar a per­sonas cie­gas que nece­si­tan que les lean carte­les, calles o cosas tan bási­cas como fechas de caduci­dad por medio de vide­ol­la­ma­da. ¿En qué sen­ti­do crees que han ayu­da­do las nuevas tec­nologías a las per­sonas con dis­capaci­dad a la hora de via­jar?

Si te soy sin­cero, no sue­lo usar apli­ca­ciones para dis­capac­i­ta­dos ya que las que he inten­ta­do uti­lizar, para inscribirme prac­ti­ca­mente me piden has­ta la tal­la de camise­ta. Así que a cam­bio yo no ofrez­co apli­ca­ciones en mi blog pero sí mi tra­ba­jo: sé comu­nicar, sé trans­mi­tir y sé dis­fru­tar. Eso es a lo que me dedi­co.

Veo que eres una per­sona súper acti­va en lo que even­tos se refiere: con­gre­sos, ponen­cias, pro­gra­mas de radio… ¿Podrías hac­er­nos un resumen de cómo ha sido la expe­ri­en­cia de pro­mo­cionar el blog durante todos estos años?

He par­tic­i­pa­do en mucho even­tos y yo mis­mo he orga­ni­za­do otros tan­tos. Más bien ha sido el blog el que me ha pro­mo­ciona­do a mí: muchas empre­sas y agen­cias me han cono­ci­do gra­cias a él y me han lla­ma­do para hablar de tur­is­mo acce­si­ble o expe­ri­en­cias en otros país­es. La respues­ta tan­to de organ­is­mos públi­cos como pri­va­dos ha sido fan­tás­ti­ca. Y no sólo en España, en Croa­cia me dieron el pre­mio Gold­en Pen en un cer­ta­men en el que par­tic­i­pa­ban más de cien peri­odis­tas. Es un pre­mio muy pres­ti­gioso que en España sólo había recibido La 2 de Tele­visión Españo­la.

No sue­lo colab­o­rar con otras webs pare­ci­das a la mía por un moti­vo: pre­fiero una ram­pa mal hecha a una ram­pa que no exista. En una ram­pa en mal esta­do, podré subir con la ayu­da de alguien pero en la que no existe es imposi­ble. Esto a otras aso­cia­ciones como ONCE o COCEMFE no les gus­ta, por lo que no sólo no quieren saber nada de mí sino que además van crit­i­can­do mi tra­ba­jo. Así que mi filosofía es “mejor solo que mal acom­paña­do”. Ten­go más opciones de colab­o­ración con blog­gers que no tienen ningún tipo de dis­capaci­dad que con este tipo de aso­cia­ciones que, para más inri, muchas veces pla­gian mi tra­ba­jo y enci­ma lo hacen mal.

Ya por últi­mo: después de toda una vida via­jan­do ¿cuál es el via­je que más te ha mar­ca­do a niv­el per­son­al?

Más que uno han sido dos. El trekking por el Sahara y sobre todo Cos­ta Rica. Viví tan­tas expe­ri­en­cias, me gustó tan­to, que lloré mucho cuan­do me sub­ían al avión y me agarra­ba a todo lo que podía porque quería quedarme. Espero algún día volver y pasar los últi­mos años de mi vida en Cos­ta Rica.

Os ani­mamos a que sigáis a Miguel Non­ay y su fan­tás­ti­ca labor en las sigu­ientes pági­nas:

A Salto De Mata 

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Via­jeros Sin Límite 

 


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2 Comments

  1. Hola Mari­bel.
    Me encan­ta la entre­vista, cuan­do me lo pro­pu­siste me apete­ció des­de el prin­ci­pio, leyén­dola aho­ra me estoy emo­cio­nan­do porque has toca­do los temas que más me gus­tan y que tan pocas veces ten­go ocasión de con­tar.
    Gran tra­ba­jo el que hacéis en el blog y un fiel seguidor des­de ya 🙂

  2. Gra­cias Miguel! Todo el méri­to es tuyo: es admirable la de años que le has echa­do a ani­mar a per­sonas dis­capac­i­tadas a via­jar. Y no sólo a ellos sino a cualquier via­jero. Seguía tu blog des­de hace mucho tiem­po y tenía ya ganas de que aparecieras por aquí ¡nos encan­taron todos tus relatos y nos inspi­raste muchísi­mo! Un abra­zo!

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