Viaje a Alsacia, una de las regiones más bonitas de Francia

Aprovechan­do que esta Sem­ana San­ta íbamos a via­jar a la región de la Alsa­cia para asi­s­tir a la boda de unos buenos ami­gos que actual­mente están vivien­do en Mul­house, opta­mos por añadir algún día más de vaca­ciones y así poder recor­rer tam­bién parte de la Sel­va Negra en Ale­ma­nia, vista la prox­im­i­dad entre ambas regiones.Lo cier­to es que esta zona tiene un mon­tón de lugares intere­san­tísi­mos para vis­i­tar, tan­to a niv­el nat­u­raleza como cul­tur­al, y te cunde un mon­tón el tiem­po ya que está pla­ga­da de pueblecitos encan­ta­dores. Yo,que me he recor­ri­do Europa durante muchos años,me he venido con la gratísi­ma sen­sación de haber cono­ci­do por fin una de las regiones más boni­tas de todo el con­ti­nente y sin dudar­lo os ani­mo a que si no tenéis aún demasi­a­do claros los planes de vues­tras próx­i­mas vaca­ciones, incluyáis a la Alsa­cia y la Sel­va Negra como una de las opciones a ten­er en cuen­ta. ¡Seguro que no os arrepen­tiréis!

Alsacia

Alsa­cia, cono­ci­da en francés como Alsace y en alsa­ciano como Elssas (el alsaciano,pese a estar muchos años prác­ti­ca­mente pro­hibido, es un dialec­to que en la actu­al­i­dad está volvien­do a resur­gir, pasan­do de hablarse úni­ca­mente en las aldeas o en el entorno famil­iar a uti­lizarse en tele­vi­siones locales, aunque aún no en doc­u­men­tos ofi­ciales) es una región del este de Fran­cia que limi­ta con Ale­ma­nia y con Suiza. De hecho, nosotros volam­os con Easy­jet al aerop­uer­to de Basel-Mul­house-Friburg (Basilea pertenece a Suiza, Mul­house a Fran­cia y Fribur­go a Ale­ma­nia), por lo que es real­mente curioso ater­rizar y encon­trarte con que tienes tres sal­i­das en el aerop­uer­to a tres país­es difer­entes. El aerop­uer­to, aunque pequeñi­to, está per­fec­ta­mente comu­ni­ca­do por bus con var­ios pun­tos de Suiza, Ale­ma­nia y Fran­cia, por lo que des­de aquí se te abren un mon­tón de posi­bil­i­dades para recor­rer esta región cen­troeu­ro­pea. Tras sólo dos horas de vue­lo y sin con­tratiem­pos, a nosotros nos venía a bus­car en coche el ami­go que vive en Mul­house y mien­tras hacíamos tiem­po para que lle­garan el resto de ami­gos españoles que ven­drían a la boda, aprovechó para lle­varnos a un mirador en la zona ale­m­ana des­de el que se podían divis­ar los Montes Vos­gos, el cau­daloso Rin, pueb­los des­perdi­ga­dos por valles verdísi­mos e incluso,a lo lejos en el hor­i­zonte, los Alpes neva­dos. Insis­to que para los amantes de la nat­u­raleza, este des­ti­no es ide­al para dejaros con la boca abier­ta. Es una pena que el día nos pil­lara con algo de bru­ma pero aún así creo que esta ima­gen rep­re­sen­ta bas­tante bien los bel­lísi­mos paisajes con los que íbamos a encon­trarnos los sigu­ientes días.

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Como esa noche lle­garon el resto de mis amigos,que se habían hecho en coche más de 1.500 kilómet­ros des­de España y vinieron reven­ta­dos, decidi­mos mon­tarnos la fies­ta en casa para estar algo más fres­cos el día sigu­iente. Qui­tan­do el viernes, que a últi­ma hora de la tarde comen­zó a llover y bajaron bas­tante las tem­per­at­uras, hemos tenido suerte con el cli­ma y hemos podi­do vis­i­tar un mon­tón de lugares sin prob­le­mas. No obstante, aunque ven­gas en ver­a­no, ten en cuen­ta que nun­ca está de más echarse algo de abri­go, sobre todo para las zonas de bosque y montaña,que siem­pre son más fres­cas.

La región de Alsa­cia ha sido siem­pre moti­vo de dis­putas san­gri­en­tas entre france­ses y ger­manos. A lo largo de la his­to­ria, ha alter­na­do su perte­nen­cia a uno y otro país. Durante muchísi­mos años, fue una ciu­dad ale­m­ana en toda regla y forma­ba parte del Sacro Impe­rio Ger­máni­co y aunque en la actu­al­i­dad pertenece a Fran­cia, en la Alsa­cia se sigue res­pi­ran­do a cada paso su ilus­tre pasa­do ger­mano, del que los locales pare­cen sen­tirse muy orgullosos,aunque esto implicara su adhe­sión oblig­a­da a Ale­ma­nia durante un peri­o­do no muy largo tras la invasión de los nazis. Durante esa época, se pro­hibió tajan­te­mente la uti­lización del francés o el uso de la boina vas­ca, inten­tan­do que los alsa­cianos absorbier­an sí o sí las imposi­ciones del Ter­cer Reich. Tras duras batal­las, en Mayo de 1945, se fir­mó la ren­di­ción de la región y la Alsa­cia volvió a ser france­sa con todos sus cor­re­spon­di­entes dere­chos y obliga­ciones. Pero insis­to en que han sido tan­tos los años que han vivi­do bajo la sober­anía ger­máni­ca que muchas tradi­ciones ale­m­anas se siguen con­ser­van­do, por lo que la fusión cul­tur­al de ambos país­es cobra en este área dimen­siones épi­cas. Muchas de las clases de la uni­ver­si­dad aún se con­tinúan impar­tien­do en alemán y a niv­el gas­tronómi­co la may­oría de los platos típi­cos tienen ori­gen alemán, caso del baeck­e­offe (esto­fa­do de patatas), el chou­croute (col fer­men­ta­da) y la flam­mekueche o tar­ta flam­bea­da, una especie de piz­za en la que la panc­eta, la cebol­la y el que­so son los ingre­di­entes prin­ci­pales. A prin­ci­p­ios de pri­mav­era comien­za tam­bién la tem­po­ra­da de espár­ra­gos, otro de los pro­duc­tos estrel­la de la Alsa­cia.

Por algo por lo que tam­bién es muy famosa la Alsa­cia es por sus cervezas y sus vinos. En el primer caso, Alsa­cia es la región france­sa cerve­cera por excelencia:aquí es de donde son orig­i­nar­ias la Kro­nen­bourg (que has­ta tiene su pro­pio museo), la Fis­ch­er o la Mete­or. Schiltigheim, un pequeño pueblo cer­ca de Estras­bur­go, acoge algu­nas de las fábri­c­as cerve­ceras más cono­ci­das de todo el ter­ri­to­rio francés.

En cuan­to a los vinos, Alsa­cia está con­sid­er­a­da como uno de los áreas viní­co­las mejor rep­uta­dos del mun­do, espe­cial­mente por el vino blan­co y has­ta el pun­to de que existe la denom­i­na­da Ruta de los Vinos (La Route des Vins d’Al­sace), la cual recorre algunos de los viñe­dos más impor­tantes a lo largo de 170 kilómetros.En el pueblo de Kientzheim es donde mejor te podrás infor­mar de los afama­dos vinos alsacianos,cuya estrel­la es el blan­co ries­ling, ya que has­ta tienen un museo ded­i­ca­do al tema.De todos modos,a lo largo del año se suce­den uno detrás de otro los fes­ti­vales viní­co­las, por lo que si tu interés va por ese ter­reno, cualquier época es bue­na para lan­zarse a la cata de los vinos locales. Por cierto,los mejores lugares para atre­verte a des­cubrir­los son los win­stub, restau­rantes típi­cos alsa­cianos (lo que sería a Inglater­ra sus céle­bres pubs), donde antigua­mente los vitic­ul­tores vendían el exce­dente de la cosecha y que a día de hoy son una de las grandes atrac­ciones turís­ti­cas de la Alsa­cia.

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La ciu­dad donde nos alo­jábamos (sien­to no poder recomen­daros hote­les ya que nos quedábamos en casa de mis amigos,aunque otro de mis ami­gos se alo­jó en el Ibis y pagó unos cor­rec­tos 60 euros por noche) es Mul­house, una pequeña ciu­dad de poco más de 100.000 habi­tantes donde lo más destaca­ble son sus museos, en espe­cial la Ciu­dad del Automóvil o el Museo del Papel Pin­ta­do. Mis ami­gos pre­cisa­mente se casaron en lo que era el antiguo Ayun­tamien­to, un pre­cioso edi­fi­cio rosa­do de cin­co sig­los de antigüedad que actual­mente es el Museo Históri­co de la Ciu­dad. Como mi novio y yo éramos los tes­ti­gos de la boda y tuvi­mos que ir con los novios un rato antes de la cer­e­mo­nia, pudi­mos ver­lo un poquito por den­tro y la ver­dad que es una autén­ti­ca preciosidad,ya le gus­taría a mucha gente casarse en un lugar tan boni­to y con seme­jantes raíces históri­c­as. La ver­dad que fue toda una expe­ri­en­cia pres­en­ciar una boda “a la france­sa” en un salón bur­gués tan impeca­ble­mente dec­o­ra­do.

Antiguo Ayun­tamien­to de Mul­house

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Tem­p­lo de Saint Eti­enne. Aunque muchos se refieren a ella como “catedral”,lo cier­to es que esta impo­nente edi­fi­cación de casi 100 met­ros de altura es una igle­sia protes­tante.

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En la Place de la Reunión, el corazón de Mul­house, aún se con­ser­van intac­tas muchas casitas de hace cua­tro siglos.Cada año se cel­e­bra aquí uno de los mer­ca­dos navideños más intere­santes de toda la Alsa­cia.

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Antes de seguir con nue­stro viaje,una recomen­dación: alquila un coche. En nue­stro caso no nos hizo fal­ta ya que nue­stros ami­gos nos lle­varon con el suyo a todos los sitios pero lo cier­to es que te va a cundir mucho más el tiem­po y algunos de los pueb­los a vis­i­tar son pequeñi­tos y a lo mejor sólo estás una o dos horas,por lo que es mejor que no depen­das de trans­porte públi­co. Además, esto te per­mite parar donde quieras y no estar pen­di­ente de horar­ios.

Col­mar no sólo está con­sid­er­a­da una de las ciu­dades más impor­tantes de la Alsa­cia sino que tam­bién es una de las más atrac­ti­vas a niv­el visu­al. Y es que he vis­to muy pocos lugares en Europa donde se haya sabido con­ser­var de una man­era tan efi­ciente y pul­cra todas las casas de época. No obstante, el tur­is­mo es su prin­ci­pal fuente de ingre­sos y siem­pre está ati­bor­ra­da de vis­i­tantes. Pese a haber pade­ci­do en sus carnes la Guer­ra de los Trein­ta Años y las inva­siones nazis (en dicho peri­o­do se denom­inó Kol­mar), lo cier­to es que su pat­ri­mo­nio per­manece impo­lu­to y es una goza­da pasear por sus calle­jue­las tan pin­torescas.

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Esta de aquí aba­jo es la famosa Casa Pfis­ter, uno de los edi­fi­cios más bel­los de Col­mar y per­fec­to rep­re­sen­tante del esti­lo rena­cen­tista renano.Se con­struyó en 1537 y su dueño era Louis Pfister,un empre­sario que se enrique­ció gra­cias a las minas de plata.En la facha­da se pueden admi­rar varias esce­nas bíbli­cas.

Colmar

El cas­co históri­co de Col­mar se puede recor­rer per­fec­ta­mente a pie, por lo que lo recomend­able es que aparquéis el coche y os dediquéis a patear. A la entra­da de la ciu­dad se encuen­tra una pequeña Estat­ua de la Lib­er­tad ya que aquí nació Auguste Barthol­di, el céle­bre escul­tor que creó la estat­ua regal­a­da por Fran­cia a Esta­dos Unidos. La Fontaine Schwen­di que veis aquí aba­jo tam­bién es obra suya. Entre los ciu­dadanos ilus­tres que vivieron en Col­mar se encuen­tra tam­bién el rep­uta­do filó­so­fo Voltaire.

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Église des Domini­cains (Igle­sia de los Domini­cos). Data de finales del siglo XIII, su con­struc­ción fue orde­na­da por Rodol­fo I de Hab­s­bur­go (aunque fun­da­da por dos viu­das de la nobleza) y en su inte­ri­or se encuen­tra el cuadro “La Vir­gen del Ros­al Silvestre”,una de las obras más impor­tantes del medie­vo francés.

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El bar­rio más boni­to de todo Col­mar es lo que se conoce como la Pequeña Vene­cia (la Petite Venise). Comien­za en el pre­cioso Muelle de la Pois­son­ner­ie, que es esta pre­ciosi­dad de aquí aba­jo.

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La Pequeña Vene­cia, sur­ca­da por los román­ti­cos canales del río Lauch, es un oasis de tran­quil­i­dad, incrus­ta­do entre casas de col­orines, con sus vigas vis­tas (la típi­ca arqui­tec­tura alsa­ciana) que antigua­mente servían de res­i­den­cia a pescadores y cur­tidores. Ven­tanas con flo­res, puentes de ensueño, calle­jones empe­dra­dos y canales de aguas en cal­ma que hace sig­los sur­ca­ban los hort­e­lanos en bar­cas para trans­portar sus fru­tas y ver­duras.

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Algu­nas imá­genes más de Col­mar. ¡La ciu­dad es de autén­ti­co cuen­to!

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Como veis,las calles esta­ban dec­o­radas por la fes­tivi­dad de Pas­cua…

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Antes de Col­mar, habíamos esta­do por la mañana en Hart­mannswillerkopf, en lo alto de una mon­taña de los Montes Vos­gos, a casi mil met­ros de altura. Aquí se encuen­tra un memo­r­i­al que con­mem­o­ra las fieras batal­las que tuvieron lugar en 1915 y en las que fal­l­ecieron a lo largo de 18 meses más de 30.000 com­bat­ientes. Hoy en día aún se mantienen var­ios bunkers y zan­jas uti­liza­dos por los sol­da­dos en la Primera Guer­ra Mundi­al. Hart­mannswillerkopf está con­sid­er­a­do Mon­u­men­to Nacional por el esta­do francés y es una mues­tra bien triste de la mis­e­ria y dolor que traen con­si­go las guer­ras.

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Nos vamos a Kay­sers­berg, otro de los pueblecitos más boni­tos de todo el Alto Rin. Casi me gustó más que Col­mar ya que cuan­do fuimos ape­nas se veía un alma por las calles, estábamos prác­ti­ca­mente solos. Se encuen­tra en el valle del Weiss, rodea­do por hec­táreas de viñe­dos (no obstante,es pun­to clave en la Ruta de los Vinos y en 1975 el Schloss­berg de Kay­sers­berg fue el primer vino que con­tó con la denom­i­nación “gran vino de Alsa­cia”). Su nom­bre, Kay­sers­berg, sig­nifi­ca Monte del César,ya que en época romana pertenecía a una impor­tante vía de comu­ni­cación entre las Galias y el valle del Rin.

Kaysersberg

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Esta de aquí aba­jo es una ima­gen áerea de la ciu­dadela de Neuf-Brisach, que, como podeis ver, tiene sus mural­las en for­ma de estrel­la. El Mar­qués de Vou­van y el inge­niero Jacques Tarade plan­i­fi­caron la estruc­tura de la ciu­dad a par­tir de un octá­gono estrel­la­do: la plaza cen­tral era donde se ubi­ca­ba el mer­ca­do. Las calles del pueblo for­man todas ángu­los de 90º entre ellas. Los blo­ques, de 50x50 met­ros, son todos iguales. Todo en este pueblo, inclu­so la igle­sia, está sub­or­di­na­do a un propósi­to mil­i­tar. El mer­ca­do y el ayun­tamien­to están en la per­ife­ria de la Plaza de Armas, de la que salen cua­tro avenidas prin­ci­pales a cada una de las cua­tro puer­tas. Los bar­ra­cones esta­ban ubi­ca­dos a lo largo de la ciu­dad, detrás de las mural­las. Jun­to a otras for­t­alezas france­sas, las For­ti­fi­ca­ciones de Vauban, esta de Neuf-Brisach está con­sid­er­a­da Pat­ri­mo­nio de la Humanidad por la UNESCO. A nosotros nos encan­tó pasear por el perímetro de las mural­las y cer­ti­ficar la grandiosi­dad de la obra, que a día de hoy se sigue con­ser­van­do en bas­tante buen esta­do.

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Y lleg­amos a Estras­bur­go, la may­or ciu­dad de la Alsa­cia y la primera de Fran­cia en recibir en 1988 el títu­lo de Pat­ri­mo­nio de la Humanidad. Su cen­tro históri­co es fran­ca­mente espec­tac­u­lar, aquí no se cumple la tóni­ca de que las grandes ciu­dades aca­ban devo­ran­do sus raíces cul­tur­ales sino más bien todo lo con­trario: Estras­bur­go ha sabido con­ser­var como pocas ciu­dades en el mun­do su cas­co antiguo y pase­an­do por sus calle­jue­las, te per­sigue la sen­sación de estar hacién­do­lo por cualquier pequeño pueblecito alsa­ciano.

El bar­rio más boni­to de todo Estras­bur­go es la Petite France. Como comen­to, este rincón peatonal­iza­do ha sabido man­ten­erse al mar­gen de la mod­ernidad y el trá­fi­co de vehícu­los y ofrece al vis­i­tante una estam­pa típi­ca­mente france­sa. Aunque curiosa­mente, el nom­bre de Pequeña Fran­cia no responde a nada que ten­ga que ver con el país galo sino a que allí se lev­an­tó un hos­pi­tal donde se cur­a­ba el mal francés (una epi­demia de sífil­is que tra­jeron los sol­da­dos de las tropas y que las pros­ti­tu­tas de Estras­bur­go ayu­daron a exten­der).

La Petite France se encuen­tra en la Isla Grande, atrav­es­a­da por el río III, un aflu­ente del Rin, y es un pequeño con­glom­er­a­do de pre­ciosas casas de madera que datan del siglo XVI. Antigua­mente era el bar­rio de los cur­tidores,por ello las casas tenían tan­tas ven­tanas, para poder airear­las y que el olor del cuero fuera más soportable. Aún en muchas fachadas se pueden admi­rar los difer­entes escu­d­os de los dis­tin­tos gremios que fueron ocu­pan­do la zona,como los pescadores y los molineros. Hoy en día los canales sólo son uti­liza­dos por bar­quitos turís­ti­cos y las calles están llenas de restau­rantes alsa­cianos pero per­mite hac­erse una idea muy clara acer­ca de cómo era la vida aquí hace var­ios siglos.Y es que si Estras­bur­go se lla­ma pre­cisa­mente así, la Ciu­dad de las Calles, es porque en su inte­ri­or se encuen­tran algu­nas de las más boni­tas del mun­do.

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Estrasburgo

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La Cat­e­dral de Estras­bur­go, la de Notre Dame, tardó cua­tro sig­los en con­stru­irse y su final­ización no se pro­du­jo has­ta 1439. Es un buen ejem­p­lo del denom­i­na­do góti­co tardío y en su creación tra­ba­jaron un buen puña­do de arquitectos.Su úni­ca torre cam­pa­nario mide 142 met­ros de altura que la con­virtieron en la cat­e­dral más alta del mun­do has­ta que llegó la de Colo­nia (no veáis lo que impre­siona admi­rar­la des­de aba­jo, te sientes una hormi­gu­i­ta) y aunque ha sufri­do incen­dios, bom­bardeos durante la Segun­da Guer­ra Mundi­al e inclu­so un inten­to de aten­ta­do en 2001, a día de hoy luce fran­ca­mente esplen­dorosa.

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Una de las imá­genes más famosas de Estrasburgo:la de la Casa Kam­merzell. Se con­struyó a medi­a­dos del siglo XV y actual­mente sus tres plan­tas aco­gen un hotel-restau­rante.

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Algu­nas fotografías más de la bel­la Estras­bur­go

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