Viaje a la Selva Negra de Alemania

Es hora ya de irse a la Sel­va Negra en Alemania,la zona que los ger­manos cono­cen como Schwarzwald y cuyo nom­bre responde a la oscuri­dad de sus bosques,tan tupi­dos que ape­nas deja­ban pasar la luz del sol. La ver­dad es que me recordó un mon­tón a Baviera (que,a fin de cuen­tas, limi­ta con esta región),un mon­tón de bosques pre­ciosos salpic­a­dos de pueb­los que pare­cen saca­dos de los cuen­tos de los Her­manos Grimm.Es una de las zonas de Ale­ma­nia donde mejor se han sabido con­ser­var las tradiciones,incluso hay muchas mujeres que aún vis­ten los típi­cos tra­jes regionales,con sus car­ac­terís­ti­cos som­breros que indi­can si la mujer es soltera o casa­da. La Sel­va Negra no es sólo uno de los prin­ci­pales des­ti­nos turís­ti­cos para los alemanes,que vienen aquí en cualquier época del año, sino para vis­i­tantes de todo el mun­do que lle­gan para cono­cer sus encan­ta­dores pueb­los y prac­ticar senderis­mo.

Nues­tra primera para­da sería Fribur­go, la ciu­dad más impor­tante de la comarca.Lo cier­to es que nota­mos muchísi­mo el cam­bio respec­to a Fran­cia, donde la gente es muy hog­a­reña y en las pobla­ciones medi­anas y pequeñas no se ve un alma por la tarde. En Ale­ma­nia es todo lo contrario,a los ale­manes les encan­ta la calle y aunque haga mucho frío, mien­tras no llue­va, ahí los tienes siem­pre dis­puestos a cerve­cear en las ter­razas y salir de compras.Como se junt­a­ba que era día festivo,las calles esta­ban has­ta arri­ba de paseantes.De hecho,en los alrede­dores de la cat­e­dral se había mon­ta­do un mer­cadil­lo enorme de pro­duc­tos de todo tipo y no cabía ni un alfil­er…

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Fribur­go de Bris­govia está, además, con­sid­er­a­da la ciu­dad de Ale­ma­nia con el cli­ma más benigno,por lo que este trasiego de gente es algo habit­u­al. El corazón de la ciu­dad se encuen­tra en la Mün­ster­platz, la plaza donde se ubi­ca la cat­e­dral, una igle­sia mas­todón­ti­ca con vidri­eras impre­sio­n­antes don­adas por famil­ias ric­as y dis­tin­tos gremios locales (merece mucho la pena vis­i­tar­la por den­tro).

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Estos de aquí aba­jo son los His­toriche Kaufhaus, los Almacenes Históri­cos de Friburgo.Se con­struyeron para que fuera la sede de las ofic­i­nas de adu­a­nas aunque actual­mente sus cua­tro salas históri­c­as se uti­lizan para acoger difer­entes even­tos oficiales.Por cierto,cuando pasees por la ciudad,te lla­mará la aten­ción ver que está pla­ga­da de canalil­los por donde corre el agua,los bäch­le, y que antigua­mente servían para abaste­cer de agua a las casas, para que el gana­do bebiera o para usar el agua con­tra incen­dios pero nun­ca, con­trari­a­mente a lo que se cree, como alcan­tar­il­las. Ten cuida­do cuan­do pasees por la ciu­dad porque no es difí­cil meter el pie en alguno…y la leyen­da cuen­ta que el que lo hace aca­ba casán­dose con una chi­ca de Fribur­go!

Friburgo

Esta de aquí aba­jo es la Puer­ta de San Martín, la Martinstor.Es una de las mejores heren­cias del Fribur­go medieval, aunque antigua­mente su com­posi­ción esta­ba com­ple­men­ta­da por un puente levadi­zo que per­mitía cruzar el foso.Mide 60 met­ros de altura y es la puer­ta más antigua de toda la ciu­dad.

Friburgo

Típi­co sou­venir ger­mano…

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Estu­vi­mos dan­do un largo paseo por todo el cen­tro históri­co pero la ver­dad es que había tan­tísi­ma gente que decidi­mos bus­car para­jes más tran­qui­los y coger el coche para irnos a ver algún pueblecito. De camino aprovechamos para parar a com­er en un restau­rante tur­co y,por recomen­dación de nue­stros ami­gos, opta­mos por pro­bar los pides;es curioso que pese a haber esta­do en Turquía no los hubiéramos comi­do nun­ca pero están sabrosísimos,es una especie de pan plano esti­lo pizza.Y ya,de paso,a degus­tar las afamadas cervezas ale­m­anas.

Por cierto,si entras a Ale­ma­nia con el coche, es bue­na opción la de avi­tu­al­larte en los super­me­r­ca­dos locales,que sue­len ser más baratos que los france­ses y además,si bus­cas alcohol,aquí tienes muchísi­ma más var­iedad para ele­gir (de la cerveza ya ni hablamos,en Ale­ma­nia las tienes de mil­lones de mar­cas y a pre­cios muchísi­mo mejores). Nosotros carg­amos el coche de comi­da y botel­las en una cade­na que se lla­ma Nor­ma, muy pare­ci­da al Lidl.

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Lleg­amos a nue­stro destino:las Triberg­er Wasser­fälle. Estas pre­ciosas cataratas de casi 200 met­ros de altura,repartidas en siete niveles,unas de las más altas de Ale­ma­nia e inm­er­sas en el río Gutach, con­sti­tuye una postal idílica,fiel rep­re­sentación de lo que son los bosques de la Sel­va Negra. El paseo entre esos árboles gigantes nos encantó.La entra­da cues­ta 4 euros pero nosotros entramos hacien­do el trayec­to inverso,por el final,y al final no pag­amos tick­et.

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De allí nos fuimos al pre­cioso pueblecito de Triberg, famoso por sus relo­jes gigantes de cuco. Lo cier­to es que el pueblo es bas­tante pequeñi­to pero merece la pena dar un paseo por sus calles y vis­i­tar las tien­das de relo­jes porque los hay pre­ciosísi­mos. Eso sí, a pre­cios muy caros, el más pequeñito,que no lle­ga al medio pal­mo, puede costarte 30 euros.

Triberg

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Nues­tra últi­ma para­da del día, tenien­do en cuen­ta que ya esta­ba empezan­do a hac­er bas­tante frío pese a ser Abril, sería en el encan­ta­dor pueblecito de Gen­gen­bach. Es bas­tante chiq­ui­tín (11.000 habi­tantes) pero su belleza es tal que el pro­pio Tim Bur­ton lo eligió para rodar los exte­ri­ores de la pelícu­la “Char­lie y la fábri­ca de chocolate”.Y es que si Rothen­burg ob der Tauber está con­sid­er­a­do el pueblo más bel­lo de toda Baviera, Gen­gen­bach es su répli­ca en la Sel­va Negra.

Puer­ta de entra­da a Gen­gen­bach

Gegenbach

El Ayun­tamien­to de Gen­gen­bach, el Rathaus, tiene la pecu­liari­dad de ser un cal­en­dario en sí mis­mo y cada una de sus ven­tanas sim­boliza un día menos en el cal­en­dario de advien­to.

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Las calles Höl­len­gasse y Engel­gasse son las más boni­tas del pueblo y las que ofre­cen imá­genes más pin­torescas…

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Y, para curiosi­dad, esta:encontrarnos en sus calles una cel­e­bración con moti­vo de la sem­ana san­ta donde los locales esta­ban que­man­do zarzas que traían del cemente­rio. Una boni­ta estam­pa para acabar un pre­cioso via­je por una de las zonas más boni­tas de toda Europa.

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