Las ciudades más frías del mundo donde vivir es un desafío extremo

Exis­ten ciu­dades en el mun­do donde el invier­no no dura unos pocos meses, sino casi todo el año. Lugares donde las tem­per­at­uras pueden bajar de los ‑40 o inclu­so los ‑50 gra­dos y donde la vida cotid­i­ana se con­vierte en un autén­ti­co desafío. A pesar de estas condi­ciones extremas, miles de per­sonas siguen vivien­do en algu­nas de las ciu­dades más frías del mun­do, adap­tán­dose a un cli­ma que para la may­oría de los via­jeros resul­taría casi inso­portable. En este artícu­lo recor­re­mos algu­nas de las ciu­dades habitadas más frías del plan­e­ta y des­cub­ri­mos cómo se vive en ellas.

 

Oymyakon (Rusia)

Oymyakon, un pequeño pueblo de Siberia fun­da­do en los años 20 por pas­tores de renos, osten­ta el títu­lo de ser el lugar más frío habita­do en el plan­e­ta (sólo super­a­do por la Antár­ti­da, donde no exis­ten pobla­ciones propi­a­mente dichas sino bases cien­tí­fi­cas). Esto se debe a su par­tic­u­lar ubi­cación geográ­fi­ca, que prop­i­cia que en este área los vien­tos sean inclu­so más fríos que los del Polo Norte. En 1926 aquí se tuvo con­stan­cia de la tem­per­atu­ra más baja jamás reg­istra­da en el hem­is­fe­rio norte: ‑71,2°C. El invier­no dura nueve meses, las tem­per­at­uras medias oscilan entre los ‑40°C y ‑50°C y durante sem­anas se vive en la más abso­lu­ta oscuri­dad (en Enero sólo hay unas 30 horas de luz).

Así es de dura la vida en este pueblo en el que sobre­viv­en 500 valientes: no se puede salir a la calle con las gafas pues­tas porque las patil­las se quedan pegadas a la piel, la agri­cul­tura es inex­is­tente (se sobre­vive a base de carne de reno y cabal­lo, leche, bayas recolec­tadas en el ver­a­no y pesca­do), sólo puedes vestir en el exte­ri­or con pren­das de piel de ani­males (la piel sin­téti­ca se con­gela), un humano desnudo se con­ge­laría en menos de un min­u­to y se viv­en situa­ciones tan sur­re­al­is­tas como que si lan­zas un filete con­tra una faro­la, éste se que­da pega­do instan­tánea­mente o que se con­gele la tin­ta de los bolí­grafos. Otra de las com­pli­cadas tar­eas a la que han de enfrentarse en Oymyakon es al hecho de enter­rar a sus muer­tos , ya que el sue­lo se encuen­tra per­ma­nen­te­mente con­ge­la­do. Han de hac­er hogueras, cavar durante días una zan­ja e intro­ducir el ataúd. Se da por supuesto que aunque pasen los años, los cadáveres se encon­trarán en el mis­mo esta­do que cuan­do los metieron bajo tier­ra.

Aún así, pese a todas estas difi­cul­tades, la vida se lle­va a cabo como en los demás lugares del mun­do: los niños asis­ten a la escuela a no ser que el ter­mómetro baje de los ‑55º y jue­gan al aire libre por cor­tos peri­o­dos de tiem­po, se uti­lizan vehícu­los (que deben per­manecer siem­pre encen­di­dos para que no se con­gele el com­bustible), la comu­nidad se reúne a menudo bajo techo para activi­dades colec­ti­vas como asam­bleas o con­ser­vación de ali­men­tos, las mujeres se jun­tan para con­fec­cionar abri­gos y en los últi­mos tiem­pos se ded­i­can a una labor ines­per­a­da: dar la bien­veni­da a tur­is­tas que bus­can exper­i­men­tar cómo es vivir en un frío tan extremo.

© Ilya Var­lam­ov

Ulabaatar

Nues­tra segun­da invi­ta­da es la cap­i­tal mon­go­la, que los his­pano par­lantes cono­ce­mos como Ulán Bator. Por curiosi­dad acabo de mirar qué tem­per­atu­ra hace allí aho­ra mis­mo: 16 gra­dos bajo cero de nada (y digo de nada porque den­tro de una sem­ana la pre­visión vatic­i­na ‑29º). El invier­no aquí es tan severo que cues­ta creer cómo el ser humano logra sobre­vivir en seme­jantes condi­ciones. Porque actual­mente cuen­tan con casas acondi­cionadas y cale­fac­ción pero imag­i­narse cómo era la vida aquí hace sólo un par de sig­los provo­ca escalofríos (y nun­ca mejor dicho).

Actual­mente, con tem­per­at­uras que mar­can records y que ron­dan en invier­no los ‑40º (la tem­per­atu­ra más baja reg­istra­da fue de ‑49º), los mon­goles han de salir a la calle para sus que­hac­eres diar­ios. Para ello, se vis­ten con abri­gos de lana y piel (tan efi­cientes que han crea­do escuela en otros lugares del mun­do) y cubren sus cabezas con gor­ros de piel de ove­ja. Es su for­ma de com­bat­ir un frío infer­nal que se recrudece aún más por el vien­to seco que suele azo­tar las calles de la ciu­dad.

Lo curioso es que pese a estas condi­ciones climáti­cas, Ulán Bator recibe cada año miles de inmi­grantes de las estepas que bus­can una vida mejor en la cap­i­tal del país. Como podéis obser­var en la foto de aquí aba­jo, muchos de ellos no pueden per­mi­tirse el alquilar una casa y viv­en como siem­pre lo han hecho, en yur­tas tradi­cionales, bebi­en­do té con leche al que añaden sal porque así se con­ser­va mejor el calor. Y cel­e­bran­do cada año el Tasagaan Sar, el fes­ti­val del año nue­vo, en el que los mon­goles brin­dan por la lle­ga­da de la pri­mav­era y el adiós al largo y crudo invier­no.

Astaná (Kazajistán)

La cap­i­tal del país cen­troasiáti­co (que es, además, la segun­da cap­i­tal más fría del mun­do) ha de lidiar con unos invier­nos tan duros que hace unos años su estrafalario pres­i­dente llegó a bara­jar el con­stru­ir una bur­bu­ja gigante de var­ios kilómet­ros cuadra­dos que ais­lara del frío un mini-paraí­so con canales vene­cianos, par­ques acuáti­cos y cam­pos de golf (que yo sepa, el proyec­to al final no llegó a cua­jar). Es sólo un ejem­p­lo más de el cli­ma extremo de Kaza­jistán, con invier­nos que pueden ver tem­per­at­uras de ‑40º y ver­a­nos hiper calurosos en los que se super­an los 35º. Con­trastes de una inhóspi­ta ciu­dad azo­ta­da durante muchos meses del año por los inten­sos vien­tos siberi­anos, que dejan calles desier­tas y la sen­sación de encon­trarse en una local­i­dad fan­tas­mal.

Estas cir­cun­stan­cias atípi­cas han provo­ca­do que los habi­tantes desar­rollen un hon­do sen­ti­do de la sol­i­dari­dad. En los días más fríos, muchos se brin­dan a lle­var en el coche a sus veci­nos para que no se vean oblig­a­dos a cam­i­nar al aire libre y las far­ma­cias cuel­gan carte­les en los que se invi­ta a los transeúntes a entrar a tomar un té caliente. Es muy impor­tante además la labor lle­va­da a cabo por la Media Luna Roja kaza­ja, que se pre­ocu­pa de las per­sonas sin hog­ar o famil­ias sin recur­sos, dis­tribuyen­do ropa de abri­go y comi­da caliente.

Moscú (Rusia)

Moscú, la cap­i­tal de Rusia, es cono­ci­da por sus invier­nos lar­gos y severos. La ciu­dad lidia con tem­per­at­uras que ron­dan entre los ‑15° y los ‑20º durante los meses más fríos pero las sen­sa­ciones tér­mi­cas pueden ser aún mucho peo­res debido al vien­to que se mete has­ta el últi­mo rincón de la urbe. Aunque los moscov­i­tas estén acos­tum­bra­dos a estos atro­ces invier­nos, han debido encon­trarse a situa­ciones extremas, como la Navi­dad de 2017, cuan­do se alcan­zaron los ‑29º y se avisó a la población del ries­go de coger el coche y se mov­i­lizaron más de un cen­te­nar de auto­bus­es para recoger a vagabun­dos y que pudier­an dormir den­tro de las igle­sias.

No obstante, el aumen­to de las tem­per­at­uras en los últi­mos años en el plan­e­ta han provo­ca­do situa­ciones descono­ci­das para los rusos, como que este últi­mo mes de Enero, con­sid­er­a­do siem­pre el más frío del año, haya lle­ga­do con tem­per­at­uras más cál­i­das y los jar­dines botáni­cos hayan vis­to la apari­ción de las primeras cam­panil­las sil­vestres mucho antes de lo habit­u­al. 

Tashkent, Uzbekistán

Tashkent, la cap­i­tal de Uzbek­istán, se encuen­tra en una región de cli­ma con­ti­nen­tal extremo. En invier­no, las tem­per­at­uras pueden caer por deba­jo de los ‑20°C, lo que con­vierte a la ciu­dad en una de las cap­i­tales más frías de Asia Cen­tral. Las noches son espe­cial­mente frías y la nieve cubre la ciu­dad con una capa blan­ca. Hay que añadir que por causa del cam­bio climáti­co (sí, el cam­bio climáti­co existe pese a que muchos cenu­trios se empeñen en negar­lo), los invier­nos son aún más severos. Al igual que en Kaza­jistán, las varia­ciones entre invier­no y ver­a­no son ter­ri­bles: los ver­a­nos en Tashkent son tam­bién inso­porta­bles.

Durante el invier­no, algunos de los mer­ca­dos más grandes de Tashkent, como el famoso mer­ca­do Chor­su, tienen sec­ciones sub­ter­ráneas para escapar del frío. Estos mer­ca­dos bajo tier­ra mantienen tem­per­at­uras más agrad­ables durante el invier­no, con­vir­tién­do­los en lugares esen­ciales tan­to para tur­is­tas como para locales.

© Aza­matjon Mirzamah­mu­dov

Urumqi (China)

Urumqi, una ciu­dad de cua­tro mil­lones de habi­tantes del oeste de Chi­na en el área de Xin­jiang, ve cada invier­no como entre Noviem­bre y Mar­zo las tem­per­at­uras se desplo­man, caen inten­sas nevadas y en Enero se bat­en records de tem­per­atu­ra mín­i­ma media: ‑16º. De hecho, lo que pudiera pare­cer un incon­ve­niente en el desar­rol­lo de la vida diaria ha supuesto un incen­ti­vo en la economía local, ya que han pasa­do a con­ver­tirse en uno de los des­ti­nos de “nieve y hielo” que bus­can los mil­lones de tur­is­tas chi­nos en esta época del año. Sus pis­tas de esquí están abar­ro­tadas y cada vez se con­struyen más hote­les des­ti­na­dos a acoger a los vis­i­tantes, que lle­gan tam­bién para dis­fru­tar del Fes­ti­val de Hielo y Nieve de la Ruta de la Seda, que se cel­e­bra des­de hace más de veinte años.

Y es que en Chi­na en invier­no hace mucho, mucho frío. Lo hemos com­pro­ba­do este Diciem­bre pasa­do cuan­do estu­vi­mos en Shang­hai. Y eso que tuvi­mos bas­tante suerte y la media diaria era de seis o siete gra­dos y hacía sol pero sor­prendía ver en los escaparates de las tien­das abri­gos plumífer­os (de mar­cas chi­nas) que se jacta­ban de aguan­tar tem­per­at­uras de has­ta ‑50º. Y si los fab­ri­can es porque real­mente la gente los nece­si­ta.

Barrow, Alaska (Estados Unidos)

Bar­row, cono­ci­da hoy en día como Utqi­aġvik y con ape­nas 4500 habi­tantes, es la ciu­dad más septen­tri­on­al de los Esta­dos Unidos. Este pequeño asen­tamien­to ubi­ca­do en el Árti­co exper­i­men­ta un cli­ma extremada­mente frío durante gran parte del año. Las tem­per­at­uras inver­nales ron­dan los ‑30°C pero las condi­ciones extremas se inten­si­f­i­can debido a su ubi­cación en el Cír­cu­lo Polar Árti­co.

La ciu­dad es famosa por sus lar­gos perío­dos de oscuri­dad en invier­no, lo que los locales cono­cen como la “noche polar”, ya que el sol no aparece durante casi 70 días (¡cuán­to me recuer­da esto a una de mis pelícu­las favoritas, “Trein­ta días de oscuri­dad”!). Este fenó­meno tam­bién se da en algu­nas otras local­i­dades de Norue­ga, Rusia o Canadá y afec­ta al esta­do aními­co de los que lo sufren, que recur­ren a lám­paras de luz ultra­vi­o­le­ta y reuniones comu­ni­tarias para estar algo más opti­mis­tas y reg­u­lar sus rit­mos cir­ca­di­anos. Esto se puede com­pro­bar bas­tante bien en la cuar­ta tem­po­ra­da de la serie “True Detec­tive”, cuyo pueblo fic­ti­cio, Ennis, se inspiró pre­cisa­mente en Bar­row.

©War­ren McKen­zie

Yellowknife, Canadá

Yel­lowknife, la cap­i­tal de los ter­ri­to­rios del noroeste de Canadá, se encuen­tra en una región de cli­ma sub­ár­ti­co, a 400 kilómet­ros del Cír­cu­lo Polar Árti­co,  y está con­sid­er­a­da una de las ciu­dades más frías de Norteaméri­ca. Aunque su frío no alcan­za los extremos de algu­nas ciu­dades siberi­anas, Yel­lowknife se car­ac­ter­i­za por invier­nos muy fríos con tem­per­at­uras que pueden bajar has­ta ‑40°C en enero. La ciu­dad es famosa por ser uno de los mejores lugares del mun­do para obser­var la auro­ra bore­al entre Sep­tiem­bre y Abril.

Pese a este cli­ma géli­do en el que el invier­no puede exten­der­se des­de Octubre has­ta Mayo, sus habi­tantes pasan mucho tiem­po al aire libre (abri­gadísi­mos, claro). La cer­canía del lago Great Slave (el más pro­fun­do de Norteaméri­ca y el déci­mo más grande del mun­do) es la excusa per­fec­ta para venir a ver sus boni­tas casas flotantes, usar el kayak y prac­ticar la pesca cuan­do el agua se descon­gela y cada vez son más los tur­is­tas que via­jan has­ta este antiguo pueblo minero rodea­do de mon­tañas. Aquí podrán no sólo dis­fru­tar de los deportes de invier­no con los que se pub­lici­ta Yel­lowknife (esquí, hock­ey sobre hielo, pati­na­je) sino tam­bién apren­der algo más de los pueb­los aborí­genes como los inu­it, dene, métis o inu­vialuit, cuya his­to­ria se expone en el Prince of Wales Her­itage Cen­ter, o dis­fru­tar de fes­ti­vales inver­nales como el Snowk­ing, el Cari­bou Car­ni­val . Además, aquí se encuen­tran algunos de los par­ques nat­u­rales más atrac­tivos de Canadá como el Nahan­ni, cuna de las cataratas Vic­to­ria, o el Par­que Nacional Wood Buf­fa­lo, el más exten­so del país, donde se encuen­tra la may­or pre­sa de cas­tores del mun­do, con 850 met­ros de lon­gi­tud, y man­adas de miles de búfa­los, que a menudo cruzan la car­retera y dejan atóni­tos a los con­duc­tores.

Cómo se vive en las ciudades más frías del mundo

Vis­i­tar algu­nas de las ciu­dades más frías del mun­do puede pare­cer una aven­tu­ra extrema, pero para miles de per­sonas estas tem­per­at­uras for­man parte de la vida cotid­i­ana. Lugares como Yakut­sk, Noril­sk o Oymyakon reg­is­tran invier­nos que duran la may­or parte del año y tem­per­at­uras que pueden bajar fácil­mente de los ‑40 gra­dos. Aun así, estas ciu­dades siguen habitadas y cuen­tan con escue­las, hos­pi­tales, com­er­cios y todo tipo de ser­vi­cios.

Una de las primeras cosas que sor­pren­den a los via­jeros que vis­i­tan estas regiones es la man­era en que todo está adap­ta­do al frío. Las vivien­das sue­len estar muy bien ais­ladas y muchas tienen sis­temas de cale­fac­ción cen­tral que fun­cio­nan las vein­tic­u­a­tro horas del día. En algu­nas ciu­dades rusas, por ejem­p­lo, las tuberías de agua caliente recor­ren las calles ele­vadas sobre estruc­turas metáli­cas para evi­tar que el sue­lo hela­do las rompa. Sin cale­fac­ción con­stante sería prác­ti­ca­mente imposi­ble vivir allí.

Los coches tam­bién requieren cuida­dos espe­ciales. En ciu­dades extremada­mente frías es habit­u­al ver vehícu­los aparca­dos con el motor en mar­cha durante horas o conec­ta­dos a enchufes eléc­tri­cos que mantienen caliente el bloque del motor. Si el motor se enfría demasi­a­do puede resul­tar imposi­ble arran­car­lo. En Yakut­sk, con­sid­er­a­da una de las ciu­dades habitadas más frías del plan­e­ta, muchos con­duc­tores dejan el coche encen­di­do mien­tras tra­ba­jan o hacen reca­dos para evi­tar prob­le­mas.

El frío extremo tam­bién afec­ta a los obje­tos cotid­i­anos. Las baterías de los telé­fonos móviles se descar­gan muy rápi­do cuan­do la tem­per­atu­ra baja mucho, y los dis­pos­i­tivos elec­tróni­cos pueden dejar de fun­cionar si se expo­nen demasi­a­do tiem­po al aire libre. Inclu­so cosas aparente­mente sim­ples como lle­var gafas pueden resul­tar incó­modas, ya que el met­al puede con­ge­larse y pegarse a la piel.

Salir a la calle en invier­no exige una preparación cuida­dosa. La ropa suele lle­var varias capas y está dis­eña­da especí­fi­ca­mente para sopor­tar tem­per­at­uras extremas. Abri­gos grue­sos, botas for­radas, guantes tér­mi­cos y gor­ros de piel for­man parte del equipamien­to habit­u­al. En algunos lugares la gente ape­nas deja expues­ta una pequeña parte del ros­tro, porque el con­tac­to direc­to con el aire hela­do puede causar con­gela­ciones en pocos min­u­tos.

A pesar de estas condi­ciones tan duras, la vida sigue con rel­a­ti­va nor­mal­i­dad. Los niños van al cole­gio inclu­so cuan­do las tem­per­at­uras son extremada­mente bajas. En algu­nas regiones de Siberia las escue­las solo cier­ran cuan­do el ter­mómetro baja de los ‑50 gra­dos, algo que para la may­oría de los via­jeros resul­taría difí­cil de imag­i­nar.

Lo más sor­pren­dente es que muchos habi­tantes de estas ciu­dades ase­gu­ran que el frío ter­mi­na for­man­do parte de la ruti­na diaria. La adaptación es pro­gre­si­va y quienes han vivi­do siem­pre en estos lugares sue­len tol­er­ar tem­per­at­uras que resul­tarían inso­porta­bles para la may­oría de los vis­i­tantes. Para ellos, el invier­no no es una excep­ción sino la nor­ma.

Curiosidades sobre las ciudades más frías del planeta

Las ciu­dades más frías del mun­do están llenas de situa­ciones que resul­tan sor­pren­dentes para los via­jeros. El frío extremo provo­ca fenó­menos curiosos que for­man parte de la vida cotid­i­ana y que con­vierten estos des­ti­nos en lugares úni­cos.

Uno de los más cono­ci­dos es el vapor que se for­ma al res­pi­rar cuan­do la tem­per­atu­ra es muy baja. En algu­nas mañanas espe­cial­mente frías, el alien­to se con­gela casi al instante for­man­do pequeñas nubes de hielo que flotan breve­mente en el aire. Es una ima­gen habit­u­al en ciu­dades siberi­anas durante el invier­no.

Tam­bién es fre­cuente que el pelo o las pes­tañas se con­ge­len si per­manecen demasi­a­do tiem­po al aire libre. La humedad del alien­to se deposi­ta sobre el cabel­lo y puede for­mar pequeñas capas de hielo en cuestión de min­u­tos. Muchos via­jeros que vis­i­tan estos lugares en invier­no ter­mi­nan sor­pren­di­dos al des­cubrir que su bufan­da o su gor­ro se han endure­ci­do por el frío.

Otro fenó­meno curioso es la man­era en que los ali­men­tos se con­ser­van al aire libre. En algu­nas ciu­dades extremada­mente frías es posi­ble uti­lizar el exte­ri­or como si fuera un con­ge­lador nat­ur­al. La carne o el pesca­do se con­ge­lan ráp­i­da­mente y pueden man­ten­erse en per­fec­to esta­do durante mucho tiem­po sin necesi­dad de refrig­eración arti­fi­cial.

En algunos mer­ca­dos de Siberia es habit­u­al ver pesca­do o carne com­ple­ta­mente con­ge­la­dos expuestos sobre los puestos. Los vende­dores los cor­tan con her­ramien­tas espe­ciales porque el frío los vuelve extremada­mente duros. Para los vis­i­tantes resul­ta una esce­na muy lla­ma­ti­va que demues­tra has­ta qué pun­to el cli­ma condi­ciona la vida cotid­i­ana.

El frío tam­bién influye en la arqui­tec­tura. Muchas vivien­das están con­stru­idas sobre pilares para evi­tar que el calor del inte­ri­or der­ri­ta el per­mafrost, la capa de sue­lo per­ma­nen­te­mente con­ge­la­do que car­ac­ter­i­za a muchas regiones del norte. Si el ter­reno se descon­ge­lara podría provo­car inesta­bil­i­dad en los edi­fi­cios.

La luz es otro fac­tor que mar­ca la vida en estas ciu­dades. Durante el invier­no los días pueden ser muy cor­tos, con ape­nas unas pocas horas de clar­i­dad. En ver­a­no ocurre lo con­trario, y el sol puede per­manecer vis­i­ble durante casi todo el día. Estos cam­bios extremos afectan al rit­mo de vida y for­man parte de la expe­ri­en­cia de vivir en lat­i­tudes tan altas.

Viajar a las ciudades más frías del mundo

Vis­i­tar algu­nas de las ciu­dades más frías del mun­do es una expe­ri­en­cia muy difer­ente a cualquier otro via­je. No se tra­ta solo de ver paisajes neva­dos, sino de des­cubrir cómo el ser humano ha con­segui­do adap­tarse a condi­ciones extremas.

Muchos via­jeros pre­fieren vis­i­tar estos des­ti­nos en invier­no pre­cisa­mente para exper­i­men­tar el frío en su for­ma más inten­sa. Sin embar­go, es impor­tante ir bien prepara­do. La ropa tér­mi­ca ade­cua­da es fun­da­men­tal, y con­viene lle­var varias capas para poder adap­tarse a los cam­bios de tem­per­atu­ra entre inte­ri­ores y exte­ri­ores.

Tam­bién es recomend­able lim­i­tar el tiem­po de exposi­ción al frío inten­so y pro­te­ger espe­cial­mente las manos, los pies y el ros­tro. En condi­ciones extremas la con­gelación puede pro­ducirse con rapi­dez si no se toman pre­cau­ciones.

A pesar de las difi­cul­tades, via­jar a estas regiones puede ser una expe­ri­en­cia inolvid­able. Los paisajes neva­dos, los ríos con­ge­la­dos y la vida cotid­i­ana en condi­ciones extremas ofre­cen una per­spec­ti­va difer­ente del mun­do. Son lugares donde el cli­ma sigue imponien­do sus reglas y donde la adaptación humana alcan­za nive­les sor­pren­dentes.

Para muchos via­jeros, vis­i­tar algu­nas de las ciu­dades más frías del plan­e­ta no es solo un via­je geográ­fi­co, sino tam­bién una for­ma de com­pren­der mejor has­ta dónde puede lle­gar la resisten­cia humana frente a la nat­u­raleza.


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