Belice: diminuto paraíso en Centroamérica

belice

 

Belice. Un minús­cu­lo país de Améri­ca Cen­tral con poco más de 300.000 habi­tantes, poco pop­u­lar entre los tur­is­tas europeos pero de irre­sistible atrac­ti­vo para los esta­dounidens­es, quienes por cer­canía (Belice se encuen­tra pega­do a Méx­i­co) han hecho de él uno de sus des­ti­nos favoritos a la hora de via­jar. Y tam­bién a la hora de blan­quear dinero, ya que como Suiza o las Bahamas, Belice no sólo es un paraí­so geográ­fi­co sino tam­bién fis­cal. Pero ¿es posi­ble via­jar a tan exóti­cas tier­ras sin dejarse por ello un ojo de la cara? Rotun­da­mente sí. Toma nota de nue­stros con­se­jos si el tit­u­lar de este artícu­lo te ha abier­to el apeti­to y quieres aven­tu­rarte en des­ti­nos que se sal­gan de los tópi­cos habit­uales.

Aunque de momen­to no exista una línea aérea que conecte direc­ta­mente España con Belice, por unos 600 euros puedes encon­trar vue­los, nor­mal­mente con escala pre­via en ciu­dades de USA como Atlanta o Mia­mi, que te lleven has­ta Ciu­dad de Belice, donde se encuen­tra el aerop­uer­to más impor­tante del país (aunque la cap­i­tal es Bel­mopán, esta es muy pequeña, sólo 16.000 habi­tantes). Tam­bién tienes la opción de via­jar has­ta Méx­i­co o Guatemala y trasladarte después en bus has­ta Belice, vista la prox­im­i­dad de ambos país­es. Te avisamos que al encon­trarse cer­ca de los trópi­cos, hay que ten­er tam­bién en cuen­ta la época elegi­da para via­jar y evi­tarte sor­pre­sas como hura­canes o tor­men­tas veran­ie­gas, que aquí más que chap­ar­rones son autén­ti­cos dilu­vios. Te recomen­damos por ello que vayas entre Diciem­bre y Abril, peri­o­do que coin­cide con su tem­po­ra­da seca, aunque ello tam­bién sig­nifique que haya más tur­is­mo y los pre­cios sean más altos. Los ciu­dadanos españoles no nece­si­ta­mos visa­do siem­pre que nues­tra estancia vaya a ser infe­ri­or a trein­ta días.

Belice

Es cier­to que debido a la deman­da norteam­er­i­cana de tur­is­mo que comen­tábamos antes, Belice no es tan bara­to como otros país­es cen­troamer­i­canos como Nicaragua o El Sal­vador. Hay que ten­er en cuen­ta que al con­tar con una población tan pequeña, poco más de 300.000 per­sonas, prác­ti­ca­mente cualquier pro­duc­to que se vende allí es impor­ta­do y mien­tras la gasoli­na en Esta­dos Unidos está a unos 40 cén­ti­mos el litro, en Belice puede lle­gar a costar más del doble. Pero hecha la ley, hecha la tram­pa: no hay nada como tirar de truquil­los para poder via­jar por poco dinero. De este modo, es fácil encon­trar hote­les modestos por unos 20 euros la noche en el inte­ri­or y por unos 30 en las islas y cayos. Os recor­damos que la mon­e­da ofi­cial es el dólar beliceño, que equiv­ale a unos 45 cén­ti­mos de euro. Algunos de los hostales y hote­les baratos que mejor relación cal­i­dad-pre­cio ofre­cen son Midas ResortCasa Blan­ca (San Igna­cio), Pedro’s Hotel, Ruby’s Hotel, Conch Shell Inn, Coro­na del Mar, Blue Tag Inn y Caribbean Vil­las (San Pedro) y Bare­foot Caribe, De Real Macaw, Igna­cio’s Cab­in, Trop­i­cal Par­adise, Sea Dreams y The Trop­ics en Cayo Caulk­er. Algunos de ellos incluyen tam­bién el desayuno.

Aunque el país en gen­er­al es bas­tante seguro si lo com­para­mos con otros cen­troamer­i­canos, caso de Hon­duras, no es muy recomend­able quedarse en Ciu­dad de Belice, por lo que utilíza­la úni­ca­mente como base para ater­riza­je y despegue. Aparte de que la ciu­dad es sucia, caóti­ca y tiene pocos atrac­tivos turís­ti­cos (poco más aparte del Museo de Belice, la des­til­ería de ron One Bar­rel y algu­nas casas de arqui­tec­tura británi­ca), si no te que­da más reme­dio que pasar algu­na noche allí, inten­ta no salirte de las calles prin­ci­pales y no pasear solo cuan­do caiga el sol: los pro­pios locales recomien­dan coger taxis aunque sólo vayas a un par de man­zanas de dis­tan­cia si el trayec­to ha de ser de noche. En Ciu­dad de Belice hay un serio prob­le­ma con el trá­fi­co de dro­gas, tan­to con el con­sumo como con el nar­cotrá­fi­co, dato que sin embar­go ape­nas afec­ta, al menos de cara a la galería, en otras áreas del país.

Quizás no sea la man­era más cómo­da de moverse por Belice pero sí la más bara­ta: el bus. Tenien­do en cuen­ta que las dis­tan­cias no son muy largas y si no eres muy tiquis­miquis con el tema (por propia expe­ri­en­cia digo que tomar un auto­bús local en este tipo de país­es puede ser una aven­tu­ra absoluta…y oji­to con los car­ter­is­tas), uti­lizar el bus como trans­porte puede supon­erte un ahor­ro con­sid­er­able y además te per­mite mezclarte con los locales. Los bus­es sue­len pasar cada media hora y tran­si­tan por las prin­ci­pales car­reteras del país: no obstante, es recomend­able que te acerques direc­ta­mente a las prin­ci­pales ter­mi­nales para com­pro­bar rutas y horar­ios y, de paso, ase­gu­rarte que coges asien­to. Los auto­bus­es, que se cono­cen pop­u­lar­mente como los chick­en-bus, sue­len ir has­ta los topes de gente. Si este no es tu tipo de via­je y vas en grupo, lo que siem­pre acor­ta costes, puedes con­tratar trans­fers, fur­gone­tas que real­izan deter­mi­na­dos trayec­tos: por pon­erte un ejem­p­lo, la ruta entre el aerop­uer­to y San Igna­cio suele costar unos 40 euros por per­sona (bas­tante más caro que un bus local). La otra opción, algo más bara­ta, es com­par­tir un taxi: incidi­mos en que en Belice es difí­cil dis­tin­guir­los ya que son coches nor­males y lo úni­co que los difer­en­cia de los demás es la licen­cia col­or verde que lle­van en el parabrisas. Por pon­erte otro ejem­p­lo, el trayec­to entre San Igna­cio y la fron­tera con Guatemala cues­ta una media de cua­tro euros por per­sona. Eso sí, ten en cuen­ta que al ser coches com­par­tidos, la ruta se puede hac­er más larga ya que habrá que dejar en sus respec­tivos des­ti­nos a los pasajeros que hayan subido antes que tú. No olvides tam­poco que lo mejor es entre­gar el pre­cio exac­to (los taxis­tas no sue­len acep­tar bil­letes de más de 20 dólares beliceños) y que muchos de ellos no cir­cu­lan a par­tir de las seis de la tarde, por lo que la mejor opción es que en tu pro­pio hotel te lla­men a uno de con­fi­an­za si has de moverte a algún sitio en horas noc­tur­nas.

A la hora de com­er, nues­tra recomen­dación de siem­pre: ve a los restau­rantes en los que son asid­u­os los locales y come lo que pidan ellos. Aunque la gas­tronomía beliceña sea bas­tante sen­cil­la, es muy apeti­tosa y com­parte platos con otros país­es cer­canos como el ceviche o el pico de gal­lo. Tacos, arroz con fri­joles, bol­los (sim­i­lares a los tamales), gar­nach­es, sopa de cebol­la o inclu­so armadil­lo y tor­tu­ga de río son algu­nas de las deli­cias más típi­cas. Por no hablar de los zumos nat­u­rales o el ron, que además de ser de bue­na cal­i­dad, es la bebi­da más con­sum­i­da. Un buen pla­to de comi­da en un restau­rante modesto no suele sobrepasar los cin­co euros. Aunque los restau­rantes no sue­len estar muy llenos, ya sabes que en estas lat­i­tudes todo se hace con mucha cal­ma y al ser comi­da casera, puedes ten­er que esper­ar unos veinte min­u­tos para que te sir­van, momen­to que puedes aprovechar para catar las cervezas locales: las más pop­u­lares son Belikin y Carib. Recuer­da que en muchos chirin­gui­tos de playa sue­len ofre­cer “hora feliz” de tres a seis de la tarde.

Aunque Belice sea un país pequeño, es recomend­able ir no menos de dos sem­anas para poder dis­fru­tar­lo con cal­ma. Cayo, en la fron­tera guatemal­te­ca y may­or dis­tri­to de Belice, es uno de sus prin­ci­pales atrac­tivos: allí se encuen­tran los acoge­dores pueb­los de San­ta Ele­na y San Igna­cio. Podrás darte un baño en las Cas­cadas de las Mari­posas, hac­er senderis­mo por la sel­va en el Moun­tain Pine For­est Reserve o vis­i­tar las ruinas mayas de Cara­col, Xunan­tu­nich y Cahal Pech; si estás muy intere­sa­do en las cul­turas pre­colom­bi­nas, otra bue­na opción es hac­er una excur­sión de un día a Tikal, ya en Guatemala, el que está con­sid­er­a­do el Angkor Wat de la cul­tura maya. En Cayo, además, se suele cel­e­brar los sába­dos un mer­ca­do local bas­tante intere­sante y puedes acer­carte a cono­cer la Cue­va del Sepul­cro de Cristal, donde los antigu­os mayas real­iz­a­ban sac­ri­fi­cios humanos. Para lle­gar a esta zona, puedes hac­er­lo por car­retera o en un cor­to vue­lo inte­ri­or con la aerolínea beliceña Trop­ic Air. Por cier­to, una curiosi­dad que se ve en la serie (y que no es fic­ti­cia sino muy real) es la pres­en­cia de menon­i­tas, un grupo reli­gioso pare­ci­do a los amish: en Belice viv­en casi 12.000. En el área de Cayo podrás encon­trar­los en el Span­ish Look­out. Aunque la may­oría de ellos hablan un dialec­to deriva­do del alemán, tam­bién uti­lizan el inglés (el idioma más habla­do en Belice ya que el país se inde­pen­dizó de Reino Unido a prin­ci­p­ios de los años 80) y el castel­lano. Se habla tam­bién el criol­lo ya que muchos beliceños, un 24%, son descen­di­entes de los antigu­os esclavos africanos que tra­jeron a estas costas los bar­cos negreros hace sig­los. La may­or parte viv­en en Ciu­dad de Belice y pueb­los cer­canos.

Belice PLaya

Belice cuen­ta con casi 400 kilómet­ros de cos­ta, más de 450 islas e islotes y la bar­rera de coral más grande de todo el hem­is­fe­rio occi­den­tal. Por ello, esto es el paraí­so de los sub­marin­istas y de los que gus­tan del buceo. Una de las islas más intere­santes es Cayo Caulk­er: aunque es pequeña (no se per­miten los coches par­tic­u­lares en su inte­ri­or) hay una bue­na var­iedad de hostales barati­tos si lo que bus­cas es relax y desconec­tar. Puedes realizar des­de allí la excur­sión al Great Blue Hole, que pop­u­lar­izó Jacques Cousteau con sus doc­u­men­tales acuáti­cos.

Cayo Amber­gris es la isla más grande, el prin­ci­pal des­ti­no turís­ti­co de Belice y ha sido elegi­da como una de las islas más boni­tas del mun­do. Cono­ci­da pop­u­lar­mente como San Pedro, aunque la población ha cre­ci­do mucho en los últi­mos años, se ha sido bas­tante respetu­oso con el fac­tor medioam­bi­en­tal, per­mi­tien­do man­ten­erse la sen­sación de lugar tran­qui­lo y pla­cen­tero. Des­de aquí se puede ir a bucear y nave­g­ar en la bar­rera de coral, la segun­da may­or del mun­do después de la aus­traliana y Pat­ri­mo­nio de la Humanidad de la UNESCO. Pre­ciosas playas de are­na blan­ca donde degus­tar otro de los grandes man­jares beliceños: la lan­gos­ta. Des­de aquí puedes hac­er excur­siones al atolón de Turn­effe.

Cayo Tobac­co es una isla aún más tran­quila: sólo tiene 25 habi­tantes (lo mejor es quedarse alo­ja­do en algu­na casa de hués­pedes). Des­de prin­ci­p­ios de Junio has­ta últi­mos de Octubre vienen a des­o­var las tor­tu­gas a las playas: obsér­valas des­de la dis­tan­cia para no molestar­las. Para lle­gar has­ta aquí puedes hac­er­lo en bote des­de el pequeño pueblo de Dan­gri­ga, la cap­i­tal cul­tur­al de Belice: salen todos los días a las nueve y media de la mañana. Una bue­na opción para moverse por la isla (aunque puedas ir andan­do a todos lados) es alquilar una bici­cle­ta.

Otro de los lugares recomend­ables es Pla­cen­cia, uno de los pueb­los con más encan­to en Belice. Situ­a­do en una penín­su­la al sur del país, uno de sus prin­ci­pales atrac­tivos es la posi­bil­i­dad de bucear para ver a los tiburones bal­lena, nave­g­ar por el Mon­key Riv­er en mitad de la sel­va o vis­i­tar el Laugh­ing Bird Nation­al Park. Aunque los hote­les en esta zona son bas­tante lujosos, hay muchas famil­ias locales que alquilan cabañas por un módi­co pre­cio.

Y más ruinas mayas: las de Lamanai, una de las más vis­i­tadas del país. El nom­bre sig­nifi­ca “coco­dri­lo sumergi­do” ya que es una zona de habi­tat de estos rep­tiles. Aunque la may­or parte del yacimien­to arque­ológi­co aún no está excava­do, se puede acced­er al tem­p­lo prin­ci­pal, al Tem­p­lo del Jaguar y al Tem­p­lo de la Más­cara.


Descubre más desde Mil y un viajes por el mundo

Suscrí­bete y recibe las últi­mas entradas en tu correo elec­tróni­co.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Descubre más desde Mil y un viajes por el mundo

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo