Kiev:guía para conocer la capital de Ucrania

Kiev Ucrania

Ha vivi­do la may­or parte de su his­to­ria pertenecien­do a la Unión Soviéti­ca, eclip­sa­da por la alarga­da som­bra de Moscú y San Peters­bur­go. Mate­ri­al­iza­da la inde­pen­den­cia de Ucra­nia hace ya 25 años, su cap­i­tal, Kiev, gozó de un resur­gir turís­ti­co al abrirse las puer­tas del Este a ciu­dadanos de todo el mun­do. Pero, por des­gra­cia, la con­vul­sa situación políti­ca que azo­ta al país en los últi­mos tiem­pos ha vuel­to a espan­tar a los via­jeros, temerosos de que la ciu­dad no sea total­mente segu­ra y se puedan encon­trar con alter­ca­dos.

 

No obstante, la Ofic­i­na de Tur­is­mo ucra­ni­ana dupli­ca sus esfuer­zos a la hora de pre­sen­tar a Kiev como una de las urbes más intere­santes de Europa y razón no les fal­ta. Por dicho moti­vo, creemos que es el momen­to idó­neo para romper una lan­za a favor de una de las ciu­dades más boni­tas del Viejo Con­ti­nente y que sus bajos pre­cios te ani­men a coger la male­ta y embar­carte hacia un des­ti­no que para muchos occi­den­tales aún con­tinúa sien­do una incóg­ni­ta.

Primeros pasos para nue­stro via­je. Si tu estancia va a ser infe­ri­or a 90 días, despre­ocú­pate porque no nece­si­tas visa­do. Eso sí, tu pas­aporte ha de ten­er validez como mín­i­mo un mes después de que regre­ses. De todos mod­os, como la situación políti­ca es algo inestable, no está de más que con­tactes con la emba­ja­da antes de via­jar para allá y te infor­men de si ha habido algún cam­bio en los trámites. Otra recomen­dación impor­tante es via­jar con seguro médi­co: pese a que si tienes algún per­cance, te aten­derán en cualquier hos­pi­tal, Ucra­nia sufre muchas caren­cias a niv­el Seguri­dad Social, por lo que no está de más lle­var las espal­das cubier­tas. El agua es preferi­ble con­sumir­la embotel­la­da y evi­tar las bebidas con hielo. En la may­oría de las tien­das el agua que se vende es con gas.

En cuan­to a los vue­los, dos son las com­pañías que ofre­cen trayec­to direc­to Madrid-Kiev: Iberia y Ukraine Air­lines. Los de la primera aerolínea sue­len ser más caros pero con la com­pañía ucra­ni­ana no es raro encon­trar vue­los de ida y vuelta por unos 250 euros. El trayec­to se puede abaratar aún más si no te impor­ta hac­er escalas, ya que aerolíneas como Lufthansa o Air France vue­lan a Kiev. Sólo es cuestión de estar aten­to a las ofer­tas, ojear el cal­en­dario y ten­er en cuen­ta que en ver­a­no es cuan­do los pre­cios se dis­paran. Sin embar­go, nosotros recomen­damos las fechas entre Mayo y Sep­tiem­bre para via­jar a Kiev, cuan­do el cli­ma es más benig­no. Y lo de benig­no no es un decir: hay días en los que de largo se super­an los 30 gra­dos, pese a que siem­pre nos imag­inemos a los ucra­ni­anos con una bufan­da y rodea­d­os de nieve.

Una vez en el país, lo impre­scindible es con­tar con mon­e­da local. Lo recomend­able es que nada más ater­rizar saques dinero en los cajeros (lo que ellos cono­cen como banko­mat) y lleves siem­pre dinero en efec­ti­vo ya que son muchos los locales que no acep­tan tar­je­ta de crédi­to. Además, se han denun­ci­a­do muchas estafas a la hora de pagar con tar­je­ta, por lo que inten­ta uti­lizarla lo menos posi­ble y si has de cam­biar dinero, haz­lo sólo en ban­cos y casas de cam­bio ofi­ciales. La mon­e­da ofi­cial es el griv­na; a la hora de escribir el artícu­lo, el cam­bio ofi­cial aprox­i­ma­do es de 1 euro=28 griv­nas.

El aerop­uer­to de Kiev, el Boryspil Air­port, es el más impor­tante del país: por aquí pasan dos ter­cios de los via­jeros que lle­gan a Ucra­nia. Se encuen­tra a 35 kilómet­ros de la cap­i­tal y el trayec­to entre éste y Kiev lle­va aprox­i­mada­mente media hora. El auto­bús que conec­ta el aerop­uer­to con la estación cen­tral de Kiev, el Sky Bus, fun­ciona las 24 horas (aunque por la noche con menor fre­cuen­cia) y el bil­lete cues­ta sólo dos euros. Si quieres ir en taxi, para no estar pre­cu­pa­do por car­gar male­tas, el trayec­to tam­poco es caro: unos diez euros por la car­rera has­ta el cen­tro. Comen­tar que hay un aerop­uer­to secun­dario, Zhulyany (que alber­ga un museo de temáti­ca mil­i­tar), en el que gen­eral­mente oper­an com­pañías de bajo coste como Wizz Air y de donde tam­bién parten bus­es hacia la estación cen­tral. Pero lo más prob­a­ble es que ater­rices en el de Boryspil.

La estación cen­tral de Kiev, la Kiev Pas­sazhyrskyi, es de donde salen los trenes para otras partes del país. Los bil­letes han de com­prarse por ade­lan­ta­do y no olvi­dar que los revi­sores te pedirán el pas­aporte. Des­de la estación tam­bién parten muchos bus­es hacia dis­tin­tos des­ti­nos inter­na­cionales, por lo que puede con­sti­tuir una bue­na base de opera­ciones si quieres explo­rar esta parte de Europa.

Antes de irnos hacia nue­stro hotel o hostal, un apunte: inten­ta traer con­ti­go un pequeño dic­cionario de ruso y otro de ucra­ni­ano. La población habla ambas lenguas pero es muy difí­cil encon­trar a alguien que entien­da el inglés, debido al ais­lamien­to durante años de Ucra­nia y el esca­so tur­is­mo que aún hoy en día traspasa sus fron­teras. La may­oría de los carte­les e indi­ca­ciones están en ciríli­co (inclu­so las paradas de metro), por lo que cualquier ayu­da extra nun­ca va a sobrar. En cualquier caso, y pese a que no te entien­dan, los ucra­ni­anos tienen fama de amables y hos­pi­ta­lar­ios, por lo que inten­tarán ayu­darte aunque sea medi­ante gestos.

Alo­jamien­to: igual que en otros país­es con may­or niv­el de vida acon­se­jamos tirar de hostales o casas de Airbnb, en Ucra­nia, gra­cias a sus pre­cios económi­cos, merece la pena dormir en buenos hote­les sin dejarse por ello un ojo de la cara. Además, al igual que en otras ciu­dades como Roma o París, aquí un dos estrel­las no tiene nada que ver con lo que es un dos estrel­las en España, por lo que com­pen­sa tirar por lo alto. Lo ide­al, eso sí, es que intentes quedarte en una zona cén­tri­ca para que te pille todo a mano. Bue­nas opciones son los hote­les Pre­mier Hotel Rus (31 euros la habitación doble), el Dnipro (33 euros), Gold­en Gate Inn (35 euros) o el Ibis Kieve City Cen­ter (43 euros). Ya de cua­tro estrel­las, el Ukraine Hotel y el Nat­sion­al­ny ofre­cen habita­ciones por unos 45 euros la noche.

Lo más prác­ti­co para moverse en Kiev es el metro. Cubre un total de 52 esta­ciones (cuen­ta con algu­nas de las más pro­fun­das del mun­do) y es baratísi­mo: ape­nas 25 cén­ti­mos y el bil­lete te sirve para todo el día. Si no hablas ucra­ni­ano, que es lo más prob­a­ble, com­pra las fichas en las máquinas expende­do­ras en vez de en las ven­tanil­las ya que en dichas máquinas las instruc­ciones sí vienen en inglés. El metro fun­ciona des­de las seis de la mañana has­ta las doce de la noche. Es recomend­able que via­jes en vagones donde haya más pasajeros, sobre todo a últi­ma hora de la noche, cuan­do hay menos trán­si­to de via­jeros, y los fines de sem­ana, cuan­do es habit­u­al encon­trarse a mucha gente ebria en el metro. Más vale pre­venir que curar.

En cuan­to a los taxis, lo cier­to es que son muy baratos: una car­rera urbana puede costarte como máx­i­mo tres euros. Eso sí, inten­ta coger los ofi­ciales, que sue­len encon­trarse a las puer­tas de los hote­les, y no dudes en regatear el pre­cio con el con­duc­tor antes de mon­tarte en uno. Como en muchos otros país­es del Este (nosotros mis­mos los usamos en Rumanía), tam­bién hay taxis no-ofi­ciales, bási­ca­mente usuar­ios par­tic­u­lares que te lle­van por un módi­co pre­cio si les das el alto, pero vis­to lo baratos que son en Kiev, insis­ti­mos en que uses siem­pre los ofi­ciales. Los auto­bus­es son la últi­ma opción y sólo si no te que­da más reme­dio, ya que sue­len ir llenísi­mos, las fre­cuen­cias de paso son muy ambiguas y es difí­cil ori­en­tarse y saber en qué para­da has de bajar.

Com­er en Kiev es muy bara­to si se com­para con el pre­cio de otros país­es europeos. Un menú medio en cualquier restau­rante local puede salirte por sólo cua­tro euros. Una de las cade­nas más pop­u­lares es Puza­ta Kha­ta, que tiene var­ios locales repar­tidos por la ciu­dad y ofrece sabrosísi­ma comi­da ucra­ni­ana a pre­cios real­mente bajos: una sopa o medio litro de cerveza cues­tan sólo 50 cén­ti­mos y un pla­to prin­ci­pal rara­mente sobrepasa el euro. Aprovecha para pro­bar aquí las deli­cias locales como el pol­lo de Kiev, las sopas borsch y solian­ka o las deli­ciosas varenyky, unas empanadil­las rel­lenas de carne o pata­ta muy pop­u­lares entre los ucra­ni­anos y sim­i­lares a los piero­gi pola­cos. Otros restau­rantes de comi­da ucra­ni­ana a pre­cios pop­u­lares son Domash­nia Kukhnia (ofre­cen buf­fet libre), Korch­ma Bud­mo (acep­tan tar­je­tas de crédi­to), Shvy­d­ko (con más de 30 var­iedades de patatas) y Chacha­puri, espe­cial­iza­do en gas­tronomía geor­giana.

En Kiev es muy pop­u­lar tam­bién el kvas, una mez­cla de cerveza y refres­co que los vende­dores ambu­lantes ofre­cen por la calle a los vian­dantes. La cerveza en los super­me­r­ca­dos tam­bién es muy bara­ta: una botel­la de dos litros rara vez supera el euro. Las cade­nas de super­me­r­ca­dos más impor­tantes son Mega­Mar­ket, Fur­shet, Vely­ka Kyshenya y Silpo. Y no olvi­dar que el mejor sou­venir que puedes traerte de tier­ras ucra­ni­anas es una botel­la de buen vod­ka.

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Nos vamos ya a recor­rer la ciu­dad. Y comen­zamos por los museos, entre los que desta­ca, lam­en­ta­ble­mente, el Museo de Cher­nobyl. El 26 de Abril de 1986 los tele­vi­sores de todo el mun­do retrans­mitían la peor noti­cia a niv­el medioam­bi­en­tal de la his­to­ria de la humanidad: se liberó un niv­el de radi­ac­tivi­dad 500 veces supe­ri­or al de la bom­ba atómi­ca de Hiroshi­ma y más de 600.000 per­sonas se vieron afec­tadas por el acci­dente de un modo u otro. Los ucra­ni­anos, pese a haber tran­scur­ri­do 30 años des­de la trage­dia, aún tienen muy intac­to el recuer­do, por lo que los prin­ci­pales vis­i­tantes del museo son tur­is­tas. En el edi­fi­cio se expo­nen los coches que se usaron en las primeras tar­eas de emer­gen­cia, fotografías del desas­tre, tra­jes usa­dos por los oper­ar­ios, obras que difer­entes artis­tas han crea­do como hom­e­na­je a las víc­ti­mas y miles de fotografías de afec­ta­dos. A día de hoy, aún con­tinúan nacien­do muchos niños con mal­for­ma­ciones.

En cuan­to a Cher­nobyl, que se encuen­tra a sólo 150 kilómet­ros de Kiev, un apunte: aunque parez­ca difí­cil de creer, se ha crea­do un “tur­is­mo de ries­go” que per­mite a los curiosos, por unos 120 euros, hac­er excur­siones orga­ni­zadas para vis­i­tar el área donde acon­te­ció la explosión nuclear, así como recor­rer ciu­dades fan­tas­ma como Pryp­i­at, donde vivían 50.000 per­sonas (casi todos tra­ba­jadores del reac­tor jun­to a sus famil­ias) y que hubo de ser desa­lo­ja­da pre­cip­i­tada­mente tras el desas­tre. En este área aún viv­en 200 ancianos que deci­dieron regre­sar a sus aldeas porque no tenían otro lugar a donde ir y prefer­ían enfrentarse a la radi­ac­tivi­dad que aban­donar sus hog­a­res. Y más de mil emplea­d­os que con­tinúan tra­ba­jan­do en el reac­tor que, pese a su peli­grosi­dad, sigue fun­cio­nan­do. Cada cual es muy libre de tomar la decisión que le plaz­ca pero nosotros desacon­se­jamos total­mente realizar dicha excur­sión: los nive­les de radi­ac­tivi­dad son altísi­mos.

Otro de los museos reseñables es el Museo de la For­t­aleza de Kiev, la enorme for­ti­fi­cación del siglo XIX con­struí­da por el ejérci­to impe­r­i­al ruso (es el segun­do museo de este tipo más grande del mun­do). Durante muchos años se usó como prisión políti­ca (sus primeros “hués­pedes” fueron los rev­olu­cionar­ios pola­cos de la revuelta de 1863) y aunque en la actu­al­i­dad han sobre­vivi­do menos edi­fi­cios de los que desearíamos, tenien­do en cuen­ta lo bara­ta que es la entra­da (50 cén­ti­mos), merece la pena recor­rer las mural­las y pres­en­ciar las difer­entes exposi­ciones de temáti­ca mil­i­tar.

El Museo Nacional de la His­to­ria de Ucra­nia, fun­da­do en 1899, es otra bue­na for­ma de acer­carse al pasa­do del país. Con una gigan­tesca exposi­ción que abar­ca des­de her­ramien­tas proce­dentes de la Edad de Piedra has­ta los tiem­pos con­tem­porá­neos, su exhibi­ción estrel­la es los Tesoros Dora­dos de Ucra­nia, que han sido expuestos en difer­entes lugares del mun­do. El Museo de Arte Ruso, el Museo de la Lit­er­atu­ra Ucra­ni­ana o el Gold­en Gate Muse­um son otras de las paradas oblig­a­to­rias si tienes tiem­po sufi­ciente en tu via­je a Kiev.

La calle prin­ci­pal de Kiev (oji­to con el nombre,que se las trae) es Khreshchatyk. Con más de un kilómetro de lon­gi­tud y total­mente recon­stru­i­da tras la Segun­da Guer­ra Mundi­al, lo ide­al es recor­rerla los fines de sem­ana, cuan­do se cier­ra al trá­fi­co y puedes pasear tran­quil­a­mente sin pre­ocu­parte de los coches. Y atrac­ciones para vis­i­tar no te fal­tan. Aquí se encuen­tra el Ayun­tamien­to, el Mer­ca­do Besarab­sky, la Plaza de la Inde­pen­den­cia (donde se hal­la el Con­ser­va­to­rio de Kiev), los Grandes Almacenes Cen­trales, el Museo de la Agri­cul­tura, la Plaza Euro­pea con su Edi­fi­cio de la Filar­móni­ca y el Mon­u­men­to del Arco del Pueblo. Es la gran arte­ria com­er­cial de la cap­i­tal ucra­ni­ana y donde se lle­van a cabo todas las cel­e­bra­ciones impor­tantes y tam­bién las protes­tas, como la Rev­olu­ción Naran­ja de 2004.

El Monas­te­rio de las Cuevas, el Kiev Pech­er­sk Lavra, es uno de los más impor­tantes de la extin­ta Unión Soviéti­ca. Con casi mil años de antigüedad, es Pat­ri­mo­nio de la Unesco y abar­ca un total de casi 30 hec­táreas. Dis­tin­tos edi­fi­cios como monas­te­rios, igle­sias, museos y las cuevas donde vivían los mon­jes, que datan del Neolíti­co, están hoy abier­tas al públi­co, aunque hay que reseñar que al ser edi­fi­cios reli­giosos (orto­dox­os más conc­re­ta­mente) las mujeres han de acced­er con cabezas y pier­nas cubier­tas. El recin­to (cuya entra­da cues­ta 2 euros) es tan grande y ofrece tan­to para recor­rer que recomen­damos que dediquéis al menos medio día para su visi­ta. La para­da más cer­cana de metro es Arse­nal aunque luego se tar­da unos veinte min­u­tos en lle­gar andan­do has­ta el monas­te­rio. A otra media hora andan­do tenéis el gigan­tesco Mon­u­men­to a la Patria (que hom­e­na­jea a la Madre Rusia), el Museo de la Gran Guer­ra y el Calle­jón de las Ciu­dades Hero­icas, donde se repasa la resisten­cia soviéti­ca frente a las inva­siones nazis.

La Cat­e­dral de San­ta Sofía, tam­bién Pat­ri­mo­nio de la Unesco, es la más antigua de Kiev. Data del siglo XI y en 1934 cam­bió sus fun­ciones reli­giosas para acabar con­vir­tién­dose en un museo, aunque en su inte­ri­or se exige un respeto máx­i­mo (¡nada de fotografías!) ya que está con­sid­er­a­do uno de los edi­fi­cios más sagra­dos del país. La entra­da cues­ta dos euros. Puedes aprovechar para tomar un café en las coque­tas ter­rac­i­tas que hay en sus jar­dines. Des­de allí puedes ir andan­do al Monas­te­rio de las Cúpu­las Doradas de San Miguel, con su impac­tante facha­da col­or azul. Abre todos los días has­ta las siete de la tarde. Otra de las igle­sias más boni­tas de la ciu­dad es la de San Andrés, que además te per­mi­tirá deam­bu­lar por Podil, uno de los bar­rios más antigu­os de Kiev, donde se acu­mu­lan los mer­cadil­los (bue­na ocasión para com­prar unas matroshkas) y se res­pi­ra el aire bohemio de un vecin­dario que siem­pre fue refu­gio de artis­tas. Des­de San Andrés podéis ir a Andr­riyivskyy Descent, cono­ci­da como el Mont­martre de Kiev, donde hay un mon­tón de puestecitos donde com­prar parafer­na­lia de la antigua Rusia comu­nista; en esta calle tam­bién se encuen­tran las dos casas que habitó el escritor Mikhail Bul­gakov (a quien tam­bién hay ded­i­ca­do un museo y una estat­ua) y el One Street Muse­um.

El Pala­cio Mariyin­s­ki es la res­i­den­cia ofi­cial del pres­i­dente de Ucra­nia y tam­bién merece una visi­ta. se encuen­tra jun­to a un exten­so par­que, uno de los preferi­dos por los locales para venir a pasear, y des­de el que se obtienen fan­tás­ti­cas vis­tas del río Dnieper. Hablan­do del río, hay difer­entes agen­cias que ofre­cen tours en bar­co. Si quieres con­tratar alguno, ve a Riv­er Port, a diez min­u­tos andan­do de la estación de metro Pochto­vaya Ploshchad: los via­jes cues­tan cua­tro euros y sue­len ten­er una duración de hora y media. Y volvien­do a los par­ques, en Kiev tienes var­ios y además enormes (por algo se la conoce como la “ciu­dad-jardin”): el Druzh­by Nar­o­dov, los Jar­dines Botáni­cos, el par­que Golo­sivskyi, los Jar­dines de Askold, el bar­ran­co de Babi Yar (tris­te­mente recor­da­do por los judíos asesina­dos por los nazis), el Hidropark, donde has­ta se han crea­do playas arti­fi­ciales… Kiev vive en una per­fec­ta comu­nión con la Madre Nat­u­raleza.

El Museo de la Arqui­tec­tura Folk­lóri­ca y la Vida Rur­al se encuen­tra al sudoeste de Kiev, en el pin­toresco pueblo de Pyro­hiv (puedes coger el bus 172 enfrente del cen­tro com­er­cial Ocean Plaza). Es grandísi­mo y den­tro de él se han restau­ra­do nada más y nada menos que seis antiguas aldeas que mues­tran cómo era la vida de los ucra­ni­anos en el siglo XIX. Este museo al aire libre, que cubre un total de 160 hec­táreas, per­mite vis­i­tar más de 200 edi­fi­cios, des­de casas tradi­cionales a tien­das de arte­sanía, restau­rantes con gas­tronomía local, igle­sias de madera y difer­entes exposi­ciones. En otra sec­ción del museo, se puede ver cómo era la vida ya en época de la Rev­olu­ción Social­ista, con edi­fi­cios que datan de mitad del siglo XX. La entra­da es muy bara­ta, poco menos de un euro, y puede con­sti­tuir el remate per­fec­to para la visi­ta a Kiev, una ciu­dad semi­descono­ci­da para el via­jero occi­den­tal y que, paradóji­ca­mente, tan­to tiene que ofre­cer.


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