El lugar más triste de Japón : Hiroshima

Para ir des­de Osa­ka a Hiroshi­ma, obvi­a­mente uti­lizamos nue­stro JR Pass. Osa­ka e Hiroshi­ma están conec­tadas por la línea JR Sanyo. El Nozo­mi tar­da 80 min­u­tos en lle­gar a Hiroshi­ma des­de Shin-Osa­ka. El tren Hikari, tam­bién cono­ci­do como “Hikari Rail­star”, requiere algunos min­u­tos más que el Nozo­mi. Es una excur­sión que yo recomien­do se com­bine con Miya­ji­ma, ya que pre­cisa­mente des­de aquí es de donde salen los fer­ries y madru­gan­do y metién­dote un poco de caña, puedes ver ambas cosas en el mis­mo día.

Lo mejor para moverte den­tro de Hiroshi­ma (que no es una ciu­dad tan enorme, un mil­lón de habi­tantes, y además lo que hay que ver se encuen­tra todo en la mis­ma zona) es moverte en tran­vía, que además es una bue­na opción para ir vien­do la ciu­dad. Hay ocho líneas de tran­vía y el trayec­to cues­ta 150 yenes, que deberás abonar al bajarte. Si vas a hac­er var­ios via­jes, prue­ba a com­prar la tar­je­ta des­cuen­to de 600 yenes que te ofrece via­jes ilim­i­ta­dos durante un día com­ple­to.

Lo cier­to es que Hiroshi­ma, además de su castil­lo, tiene poco más que vis­i­tar aparte de toda la zona que recuer­da al fatídi­co 6 de Agos­to de 1945, fecha maldita en que cayó la bom­ba atómi­ca, y en esa parte fue en la que nos cen­tramos. Mien­tras preparábamos la ruta por Japón en Madrid, antes de venir, mis com­pañeras de via­je insistían en sac­ri­ficar Hiroshi­ma en ben­efi­cio de algu­na otra excur­sión. Pero para mí era una visi­ta total­mente indis­pens­able vista su impor­tan­cia, por des­gra­cia, a niv­el históri­co e inclu­so las pro­puse hac­er el via­je a Hiroshi­ma yo sola si ellas prefer­ían ir a algu­na otra ciu­dad. Pero era algo que no quería (ni debía) per­derme en mi via­je a Japón y al final deci­dieron acom­pañarme. Cuan­do esa noche regre­samos a Osa­ka, reconocieron que había sido la visi­ta más emo­ti­va de todo el via­je.

Siem­pre que voy a algu­na ciu­dad de nuevas, inten­to leerme libros que me empa­pen de lo que voy a encon­trarme, ya no sólo por cul­tura gen­er­al sino porque tus sen­sa­ciones se incre­men­tan cuan­do lle­gas al lugar en cuestión. En esta ocasión devoré antes del via­je dos libros mag­ní­fi­cos (y crudísi­mos):“Las flo­res de Hiroshi­ma” y “Diario de Hiroshi­ma de un médi­co japonés”. Os recomien­do ambos porque os va a hac­er una idea muy níti­da del infier­no que supu­so encon­trarse aquí durante el bom­bardeo. Os ase­guro que 70 años después esa sen­sación de dolor y tris­teza aún per­du­ra en Hiroshi­ma.
 
Iróni­ca­mente, el nom­bre de la bom­ba atómi­ca lan­za­da des­de el Eno­la Gay era Lit­tle Boy (Niño Pequeño),la mis­ma que bor­ró del mapa a miles de niños japone­ses inocentes. A las 08:15 de la mañana del 6 de Agos­to de 1945 se real­iz­a­ba el primer ataque nuclear de la His­to­ria de la Humanidad (jun­to al de Nagasa­ki tres días después, estos han sido los úni­cos ataques nuclear­es que ha sufri­do nue­stro planeta).La Segun­da Guer­ra Mundi­al se encon­tra­ba en pleno apo­geo, tras la declaración ofi­cial de guer­ra entre Japón y Esta­dos Unidos después del ataque a la base de Pearl Har­bour. Hiroshi­ma fue “elegi­da”, según los amer­i­canos, por ser un depósi­to de armas y su posi­ción estratég­i­ca entre col­i­nas, que harían el efec­to rebote y con­tribuirían a que la explosión nuclear fuera mucho más dañi­na.
 
Aunque los radares japone­ses aler­taron a la población horas antes de un posi­ble bom­bardeo esta­dounidense, la may­oría de la población ignoró la alar­ma y con­tin­uaron con sus que­hac­eres cotid­i­anos. En aquel entonces, vivían en Hiroshi­ma 244.000 per­sonas. Más de 140.000 murieron en el bom­bardeo o como con­se­cuen­cia de las enfer­medades oca­sion­adas por la explosión. En sólo 55 segun­dos, Esta­dos Unidos asesinó a más de la mitad de los habi­tantes de la ciu­dad.
 
La bom­ba cayó en la clíni­ca quirúr­gi­ca de Shi­ma, en una explosión equiv­a­lente a 13 kilo­tones de TNT, provo­can­do que instan­tánea­mente la tem­per­atu­ra ascendiera a más de un mil­lón de gra­dos cen­tí­gra­dos. Fue entonces cuan­do mien­tras el Eno­la Gay se ale­ja­ba de su obje­ti­vo, el capitán Robert Lewis sol­lozó una frase que pasó a los libros de His­to­ria: “Dios mío ¿qué hemos hecho???”.Mientras tan­to, cien­tos de met­ros más aba­jo, todas las ven­tanas estal­la­ban en más de 15 kilómet­ros a la redon­da y el rui­do de la explosión se escuchó a 60 kilómet­ros. Más de 12 kilómet­ros cuadra­dos de Hiroshi­ma quedaron instan­tánea­mente cal­ci­na­dos (el 80% del territorio).En algunos lugares las silue­tas de las per­sonas quedaron eter­na­mente delin­eadas en los muros al ser pul­ver­iza­dos de for­ma instan­tánea. Min­u­tos después,la llu­via áci­da hacía su apari­ción y los pocos super­vivientes se encon­tra­ban desam­para­dos: más del 90% de los médi­cos y enfer­meras de la ciu­dad habían fal­l­e­ci­do por el impacto. A ello hay que sumar que los pocos doc­tores que sobre­vivieron no sabían cómo tratar a los pacientes porque jamás se había usa­do este tipo de arma y no se conocían las con­se­cuen­cias de la radiación. El resul­ta­do fue que muchos de los super­vivientes con­traerían leucemia en los meses pos­te­ri­ores al bom­bardeo.
 
Los super­vivientes de la explosión se lla­man hibakusha, que en japonés sig­nifi­ca “per­sona bom­bardea­da”. No sólo tuvieron que car­gar con sus propias enfer­medades sino tam­bién con la mar­ginación del resto de la sociedad, que se nega­ban a dar­les tra­ba­jo ni con­traer mat­ri­mo­nio con ellos ya que creían que la radiación era con­ta­giosa. Tsu­to­mu Yam­aguchi fue el primer hibakusha de la His­to­ria que sobre­vivió a ambas explo­siones atómi­cas, la de Hiroshi­ma y la de Nagasa­ki.
 
Para con­mem­o­rar la que prob­a­ble­mente ha sido la may­or bar­barie cometi­da por el ser humano,l os japone­ses han lev­an­ta­do en Hiroshi­ma el Hiroshi­ma Hei­wa Kinen Kōen (el Par­que Con­mem­o­ra­ti­vo de la Paz). Y es que Hiroshi­ma per­dona pero no olvi­da. Este par­que de más 122.000 met­ros cuadra­dos se con­struyó en una zona arrasa­da por la bom­ba que antaño había sido el dis­tri­to de Naka­ji­ma, el cen­tro neurál­gi­co de la ciu­dad de Hiroshi­ma y el corazón políti­co, admin­is­tra­ti­vo y com­er­cial de la ciudad.Allí se encon­tra­ba el Ayun­tamien­to, la Ofic­i­na Pre­fec­tur­al así como insta­la­ciones cen­trales de dis­tribu­ción de pro­duc­tos. En 1949 se decidió que todo el dis­tri­to se dedi­caría a insta­la­ciones memo­ri­ales por la paz, lo que fue el ger­men de lo que hoy es el Par­que Con­mem­o­ra­ti­vo de la Paz.
 

2

 

Den­tro del par­que, desta­ca como un espec­ta­dor mudo del hor­ror la Cúpu­la Gen­baku, el úni­co edi­fi­cio que sobre­vivió a la catástrofe pese a que la explosión ocur­rió a poco más de 150 met­ros. Orig­i­nal­mente este edi­fi­cio, inau­gu­ra­do en 1915 y dis­eña­do por el arqui­tec­to checo Jan Let­zel, era la Exposi­ción Com­er­cial de la Pre­fec­tura de Hiroshi­ma y tenía como obje­ti­vo pro­mover la ven­ta de bienes pro­duci­dos en Hiroshi­ma. El edi­fi­cio, de esti­lo europeo y 25 met­ros de alto, tenía tres plan­tas con­stru­idas a base de ladrillo más un núcleo cen­tral de 5 plan­tas, y esta­ba coro­n­a­do por una cúpu­la en cobre sobre un entra­ma­do de acero.

Curiosa­mente, cuan­do se empezó a plan­i­ficar la recon­struc­ción de la ciu­dad, la idea era demol­er este edi­fi­cio, al igual que el resto de ruinas que habían queda­do en la ciu­dad. Pero entonces empezó la con­tro­ver­sia, ya que había quienes querían demol­er­lo mien­tras que otros querían man­ten­er­lo en pie como un sím­bo­lo de paz y de recuer­do a las víc­ti­mas. El edi­fi­cio se ha con­ser­va­do en el mis­mo esta­do des­de aquél momen­to, y aho­ra sirve de recorda­to­rio de la dev­astación nuclear y como sím­bo­lo de esper­an­za y paz para la elim­i­nación de las bom­bas nuclear­es. Es Pat­ri­mo­nio de la Humanidad. Y aña­do que prob­a­ble­mente el lugar más triste y depri­mente donde he esta­do en toda mi vida, sobre todo si tienes en cuen­ta que es tal el respeto de los japone­ses a sus muer­tos que cuan­do lo visi­ta­mos no se escuch­a­ba en el par­que ni el piar de los pájaros, todo el mun­do pasea por allí cabizba­jo y sin emi­tir una pal­abra.

 

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El Museo de la Paz de Hiroshi­ma fue fun­da­do como lugar de con­mem­o­ración en el Par­que de la Paz en 1955 después del bom­bardeo atómi­co. El edi­fi­cio prin­ci­pal fue planea­do por el arqui­tec­to Ken­zō Tange. La fun­dación que dirige el museo reúne obje­tos de recuer­do de los inci­dentes y nar­ra­ciones de expe­ri­en­cia de los víc­ti­mas y par­tic­i­pa en el movimien­to inter­na­cional de la paz. El museo no sólo expone detal­lada­mente la catástrofe del 6 de agos­to, sino que tam­bién mues­tra infor­ma­ción sobre las armas atómi­cas en el mun­do. Hay expuestos obje­tos reales que pertenecieron a per­sonas que murieron tras la bom­ba, con expli­ca­ciones muy duras de los sín­tomas que tuvieron a los pocos días de la explosión, entre ellos relo­jes que quedaron para­dos a las fatídi­cas 08:15.

 

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Des­de 1964 arde en Hiroshi­ma la Lla­ma de la Paz, lla­ma que sim­boliza el rec­ha­zo a las armas nuclear­es y que per­manecerá encen­di­da has­ta que estas desa­parez­can. Tat­suo Yamamo­to fue a Hiroshi­ma en bus­ca de su tío y encon­tró una lla­ma de la que­ma de la bom­ba atómi­ca en las ruinas de la casa de su tío. Lo tra­jo de vuelta a Hoshi­no-mura, su ciu­dad natal en la pre­fec­tura de Fukuo­ka. La man­tu­vo ardi­en­do en su casa como recuer­do de su tío y una expre­sión de su resen­timien­to. Pero pasaron los años, el sen­ti­do de la lla­ma se con­vir­tió en un sím­bo­lo de su deseo de abolir las armas nuclear­es y por la paz. El pueblo Hoshi­no-mura con­struyo una antor­cha y la lla­ma fue traslada­da a Hiroshi­ma el 6 de agos­to de 1968. Se ha man­tenido la lla­ma des­de entonces como la lla­ma de la paz, con el apoyo de los aldeanos.Parece que, des­de la caí­da de la URSS y la desapari­ción de la políti­ca de blo­ques, el debate acer­ca del arma­men­to nuclear ha desa­pare­ci­do de la agen­da políti­ca mundi­al. Sin embar­go, siguen estando ahí. Es más, nuevos país­es se han incor­po­ra­do o van a hac­er­lo muy pron­to al selec­to (o más bien sinie­stro) club nuclear. Pero prefe­r­i­mos mirar hacia otro lado, obvian­do la exis­ten­cia de esta espa­da de Damo­cles glob­al.

El Ceno­tafio está com­puesto por una estruc­tura de piedra que con­tiene los nom­bres de todas las per­sonas que murieron a causa de la bom­ba, inde­pen­di­en­te­mente de su nacional­i­dad. Los nom­bres se van aña­di­en­do cuan­do alguien rela­ciona­do con alguno de los muer­tos lo solici­ta. En 2001, el reg­istro de nom­bres con­tenía 77 volúmenes y un total de 221.893 nom­bres. Lo que pasa es que no toda la gente que murió tiene su nom­bre inclu­i­do en este ceno­tafio porque o bien murió sin famil­ia o bien todos los famil­iares murieron en la explosión, con lo que siem­pre estará incom­ple­to. Por enci­ma, cubrién­do­lo, hay una estruc­tura de cemen­to con for­ma de arco que sirve para dar cobi­jo a las almas de las víc­ti­mas. El ceno­tafio tiene tal­la­da una inscrip­ción que dice “des­cansad en paz pues el error jamás se repe­tirá”.
 

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Chil­dren’s Peace Memo­r­i­al, inspi­ra­do en la niña Sadako, vic­ti­ma de la leucemia provo­ca­da por la explosión y que hizo la prome­sa de fab­ricar 1000 grul­las de papel para recu­per­arse de su enfer­medad. En Japón, la grul­la es un ser mitológi­co que vive 1.000 años, y de ahí surge la cos­tum­bre del sen­bazu­ru, que tam­bién se regala cuan­do hay un nacimien­to, porque otor­ga una vida larga y próspera o en una boda, porque otor­ga mil años de feli­ci­dad conyu­gal. Sadako murio en la numero 644.Desde entonces, miles de niños de todo el mun­do envían sus grul­las de papel para expon­er­las jun­to al mon­u­men­to.

 

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