El Hotel Nacional de Cuba es con diferencia uno de mis lugares favoritos en La Habana. Su papel como refugio de los capos de la mafia durante las décadas de 1940 y 1950 es solo una parte de su rica historia pero sin duda una de las más intrigantes. Hoy en día, el hotel sigue siendo un símbolo de Cuba, un lugar donde el pasado y el presente se encuentran para ofrecer una experiencia inigualable a los que hemos tenido el honor de poder conocerlo.
Hotel Nacional de Cuba
Los inicios de un lugar único
El Hotel Nacional de Cuba es, sin lugar a dudas, uno de los símbolos más emblemáticos de La Habana y de toda la historia turística de la isla. Inaugurado en 1930, este majestuoso hotel ha sido testigo de importantes eventos históricos, ha acogido a figuras legendarias y ha desempeñado un papel clave en la vida política y cultural de Cuba. A lo largo de sus más de nueve décadas de existencia, ha resistido cambios de régimen, conflictos internacionales, huracanes y transformaciones en el mundo del turismo, manteniéndose siempre como un referente de elegancia y tradición.
La historia del Hotel Nacional de Cuba comienza en la década de 1920, cuando La Habana se estaba consolidando como un destino turístico de lujo, especialmente para los estadounidenses. Con la Ley Seca en vigor en el país vecino, la isla caribeña se convirtió en un paraíso para quienes buscaban diversión, juego y bebidas alcohólicas sin restricciones.
En 1929, el gobierno cubano concedió la construcción del hotel a la firma estadounidense Purdy and Henderson, en colaboración con la compañía estadounidense National City Bank de Nueva York. El diseño del edificio fue encargado a los arquitectos McKim, Mead & White, quienes optaron por un estilo ecléctico que fusionaba el Art Deco con influencias coloniales españolas y elementos neoclásicos. La construcción del hotel se completó en apenas 14 meses y fue inaugurado oficialmente el 30 de diciembre de 1930.
Desde sus inicios, el hotel atrajo a personalidades de todo el mundo, desde políticos y empresarios hasta estrellas de cine y artistas. Sin embargo, detrás de su fachada imponente y su lujoso interior, el Hotel Nacional también albergó secretos oscuros que lo vincularon con el mundo del crimen organizado.

La conexión con la Mafia
Cuando pensamos en la Cuba de los años 50, nos vienen a la mente imágenes de autos clásicos, música de mambo y noches interminables en clubes de La Habana. Pero lo que muchos no saben es que, detrás de todo ese esplendor, la mafia estadounidense manejaba los hilos de la ciudad como si fuera su propio casino privado.
La mafia ya tenía tentáculos en la isla desde la época de la Ley Seca (1920–1933). Mientras en Estados Unidos el alcohol estaba prohibido, en Cuba se servía a raudales. La isla se convirtió en el paraíso de la fiesta y los negocios turbios, con mafiosos como Meyer Lansky viendo el potencial que tenía el país para las apuestas y el turismo de lujo. Pero fue en los años 40 y 50 cuando la relación entre la mafia y Cuba se consolidó. Batista vivió un tiempo en Florida, donde conoció a los mafiosos más importantes del país, y comenzó a planificar con ellos la forma de explotar Cuba a todos los niveles pero, sobre todo, económicamente.
Lucky Luciano, sin ir más lejos, tenía a su “representante” más fiel haciendo negocios en La Habana. Este era Amleto Battisti Lora, un caballero de atractivo irresistible para las damas y diplomacia extrema. Muy unido a Batista, utilizó Cuba como destino para los cargamentos de heroína, que era lo que entonces más se consumía en Estados Unidos, y cocaína, que era el siguiente reto de los mafiosos: introducir esta droga en la sociedad norteamericana. Aeropuertos estatales y privados cubanos se convirtieron en la escala perfecta para desviar posteriormente aquellos cargamentos a Estados Unidos bajo el beneplácito del gobierno: las reuniones de mafiosos con Batista en la residencia presidencial eran cada vez más frecuentes; las fiestas, excesivas en todos los aspectos.
De hecho, eran estos propios gangsters los que animaban al dictador a seguir gobernando con mano de hierro. Intelectuales, socialistas y comunistas, sindicalistas o cualquier asociación que defendiera el movimiento obrero eran acallados rápidamente. Cuba se había convertido en el burdel y despensa de USA, la gallina de los huevos de oro, y nadie estaba dispuesto a que les quitaran su parte del pastel.
Los Casinos: El negocio de oro de la Mafia
Si había algo que le interesaba a la mafia era el dinero fácil y los casinos eran la apuesta ideal. Bajo el gobierno de Batista, los mafiosos recibieron concesiones para abrir y administrar hoteles y casinos en La Habana, lo que muchos consideraron un experimento previo a lo que sería posteriormente Las Vegas: una Sodoma y Gomorra donde los estadounidenses podían entregarse a sus más oscuros placeres y vicios. Sobre todo teniendo en cuenta que en su país regía la Ley Seca y estaban todos desesperados por ponerse hasta las trancas bajo una palmera, a sólo 200 kms. de casa.

Los casinos generaban millones de dólares y, por supuesto, las ganancias no iban precisamente a los bolsillos de los cubanos. El dinero circulaba entre Batista y sus aliados criminales, mientras los empresarios y turistas estadounidenses llegaban en masa a dejarse la fortuna en las mesas de juego. Durante las décadas de 1940 y 1950, Cuba se convirtió en un paraíso para los capos de la mafia estadounidense. El país ofrecía un entorno perfecto para sus negocios ilícitos: casinos, prostitución y tráfico de drogas florecieron bajo la mirada complaciente de un gobierno corrupto. El Hotel Nacional se convirtió en el epicentro de estas actividades, un lugar donde los líderes de la mafia podían reunirse, hacer negocios y disfrutar de los placeres de la vida.
El Hotel Nacional se convirtió en el epicentro del lujo y la exclusividad en La Habana. Por sus salones desfilaron celebridades del cine y la música como Frank Sinatra, Ava Gardner, Marlon Brando y Nat King Cole, quienes encontraron en el hotel un refugio de elegancia y comodidad. Sin embargo, su historia también está marcada por la influencia de la mafia estadounidense, que utilizó el hotel como un punto clave para sus operaciones en la isla.
Uno de los nombres más destacados asociados con el Hotel Nacional es el de Meyer Lansky, conocido como el “contable de la mafia”. Lansky fue uno de los principales arquitectos del imperio del crimen organizado en Cuba. Con su visión empresarial, transformó la isla en un centro de juego y entretenimiento, y el Hotel Nacional fue una pieza clave en su estrategia. Lansky no solo utilizó el hotel como un lugar para reuniones clandestinas sino que también lo convirtió en un símbolo de lujo y exclusividad. Bajo su influencia, el hotel se llenó de casinos de alta gama, salones de baile y restaurantes de lujo, atrayendo a una clientela adinerada y poderosa.
Muchos gangsters se habían mudado directamente a La Habana para estar más cerca de los negocios ilegales que manejaban. En el caso de Lansky, aunque no figuraba oficialmente como propietario, todo el mundo sabía que además era el dueño del casino del Hotel Capri, que se encontraba casi al lado del Hotel Nacional. Su Salón Rojo fue considerado durante toda esa época el mejor del país (y se dice que en sus reservados se vivían auténticas orgías). También bajo el ala de Lansky se encontraba el casino del Hotel Riviera con su correspondiente cabaret, el Copa Room. Por aquel entonces, era uno de los pocos hoteles de América que contaba con un invento extraordinario: el aire acondicionado.
Santos Trafficante Jr. fue otro de los capos que encontró en el Hotel Nacional un lugar seguro para sus operaciones. Trafficante, que controlaba gran parte del negocio del juego en Cuba, utilizó el hotel como base de operaciones durante años. Su influencia se extendió no solo en el mundo del crimen sino también en la política cubana, donde mantuvo estrechas relaciones con figuras clave del gobierno.
La mafia también controlaba el Habana Club, el Tropicana (que aún sigue en activo), el Baltimore, el Comodoro, el Deauville… Negocios que les permitían limpiar el dinero negro sin que la Agencia Tributaria de Estados Unidos les controlara sus tejemanejes.
La Conferencia de La Habana
En 1946, del 22 al 26 de Diciembre, el hotel fue sede de una famosa reunión de la mafia, en la que participaron jefes criminales como Lucky Luciano (recién deportado de Estados Unidos a Italia), el mencionado Meyer Lansky y Santo Trafficante Jr. También acudieron otros capos de la época como Albert Anastasia, Tony Accardo, Joseph Bonanno o Anthony Carfano. Este encuentro, conocido como la Conferencia de La Habana, se considera como el encuentro más importante desde la conferencia de Atlantic City de 1929 y congregó a más de 500 asistentes que prácticamente ocuparon el hotel al completo.. Tenía como objetivo fortalecer los lazos entre los distintos grupos mafiosos y consolidar el control de la mafia sobre los lucrativos casinos y clubes nocturnos de la ciudad. Este evento fue como una reunión de la ONU pero en vez de diplomáticos había jefes del crimen organizado.

La conferencia tuvo lugar en una suite privada del Hotel Nacional y aunque los detalles exactos de lo que se discutió siguen siendo un misterio, se cree que se tomaron decisiones cruciales sobre el futuro del crimen organizado en América. Lo que está claro es que la reunión no solo sirvió para afianzar sus negocios en los casinos sino también para coordinar el tráfico de drogas y reforzar el control sobre sus actividades en Estados Unidos y el Caribe. Este evento marcó un hito en la historia de la mafia y consolidó el papel del hotel como un refugio para los capos. La influencia de la mafia se mantuvo hasta finales de los años 50, cuando la Revolución Cubana cambió radicalmente el panorama político y económico de la isla. “El Padrino II” describió muy bien cómo los mafiosos tuvieron que huir del país cuando Castro y sus seguidores llegaron al poder.
La Revolución Cubana y el fin de una era
Batista no era tonto. Sabía que permitirle a la mafia operar libremente en Cuba traería consigo enormes beneficios económicos, tanto para él como para sus allegados. A cambio de su “hospitalidad”, Batista recibió sobornos millonarios que le ayudaron a mantenerse en el poder. Sin embargo, este modelo de negocio tenía un problema: dependía demasiado de la estabilidad política. Y justo en la otra esquina, la Revolución Cubana comenzaba a ganar fuerza.
Para finales de los años 50, el régimen de Batista ya tambaleaba. La corrupción había sido tan extrema que algunos mandatarios llegaban a ocupar 30 cargos (y sí, cobraban por todos ellos) mientras el pueblo llano se hundía en la miseria. La élite y la mafia disfrutaban de su paraíso tropical pero el pueblo cubano estaba cada vez más descontento con la corrupción política y la desigualdad. Hay que tener en cuenta que ya entonces USA controlaba todo lo que entraba y salía de la isla: los cubanos se veían obligados a adquirir el 50% de lo que necesitaban para vivir de las fábricas de sus vecinos (y a unos precios que rozaban la usura).
Fidel Castro y su ejército revolucionario avanzaban rápidamente y el 1 de enero de 1959, Batista huyó del país con las maletas llenas de dinero. Voló primero a la República Dominicana y después a España: el régimen franquista le recibió con los brazos abiertos. Mientras tanto, los revolucionarios llegaban al poder y lo primero que hicieron fue expulsar de la isla a los mafiosos que no habían huido todavía, cerrar los casinos y nacionalizar todos los hoteles. Desde entonces, se ha sabido mediante documentos secretos desclasificados que el trío mafia-CIA-narcotraficantes intentó asesinar hasta en tres ocasiones a Fidel Castro por haberles hecho perder miles de millones de dólares. En cuanto a Meyer Lansky, nunca se recuperó de la pérdida de sus negocios en Cuba. Años después, intentó reclamar su fortuna en tribunales internacionales pero sin éxito. Murió sin volver a ver La Habana.

Aunque la mafia desapareció oficialmente de la isla, su legado sigue vivo en la historia de Cuba: de hecho, en el Hotel Nacional exhiben orgullosos las fotos de aquellas reuniones de mafiosos. Hoy en día, los antiguos casinos y hoteles todavía son parte de la identidad de La Habana, aunque con un propósito muy distinto al de aquellos años. El mito de la Cuba de los años 50 sigue fascinando a historiadores y cineastas, con películas y libros que recuerdan esa época en la que la isla era un patio de juegos para gánsteres y millonarios.
Declive y Resurgimiento
Uno de los primeros actos del nuevo gobierno fue expropiar propiedades extranjeras, incluyendo los hoteles y casinos controlados por la mafia. El Hotel Nacional cerró sus puertas al juego y pasó de ser un refugio de magnates del crimen a una propiedad estatal. Sin el flujo de dinero proveniente del turismo estadounidense y el juego, el esplendor del hotel comenzó a desvanecerse.
Durante la década de 1960, el hotel fue convertido en una residencia temporal para figuras políticas y militares del gobierno revolucionario. También sirvió como cuartel durante la Crisis de los Misiles de 1962, cuando Cuba se convirtió en el epicentro de la Guerra Fría. Se cavaron túneles y trincheras en los jardines del hotel para resistir una posible invasión estadounidense, y aún hoy pueden visitarse como parte de su historia.
Los años 70 y 80 no fueron amables con el Hotel Nacional. Con el embargo estadounidense en plena vigencia y la falta de inversión extranjera, la otrora joya de La Habana cayó en un estado de abandono. Aunque todavía hospedaba a visitantes importantes de los países aliados al régimen cubano, su brillo y prestigio se desvanecieron. El mantenimiento era escaso, los muebles se desgastaban y su grandeza parecía cosa del pasado.

Durante estas décadas, el turismo en Cuba se redujo drásticamente, limitado principalmente a delegaciones soviéticas y visitantes de otros países comunistas. Sin embargo, el derrumbe de la Unión Soviética en 1991 y la crisis económica que siguió en Cuba marcaron un punto de inflexión en la historia del hotel. Con la caída del bloque soviético, el gobierno cubano tuvo que buscar nuevas fuentes de ingresos y el turismo internacional se convirtió en una prioridad. Fue entonces cuando el Hotel Nacional comenzó su resurgimiento. En la década de 1990, se iniciaron trabajos de restauración para devolverle su esplendor original y convertirlo en un símbolo del turismo de lujo en Cuba.
El hotel reabrió sus puertas avalado por una mezcla de historia y glamour. Se organizaron festivales, conferencias y eventos de alto perfil para atraer a turistas y personalidades del mundo entero. Artistas, políticos y empresarios volvieron a poblar sus habitaciones, devolviéndole su estatus de ícono habanero. Uno de los eventos más destacados de esta nueva era fue la creación de la Sala de la Fama, donde se exhiben fotografías y recuerdos de los ilustres huéspedes que han pasado por el hotel, desde Frank Sinatra y Ava Gardner hasta Winston Churchill y Nat King Cole.
El Hotel Nacional en la actualidad
Las habitaciones rinden homenaje a todas las grandes personalidades que han pasado por aquí, por lo que algunas de ellas tienen nombres como Fred Astaire, Errol Flynn (quien rodó en 1958 la película “ The Big Boodle” en el casino del hotel), Rita Hayworth, Mario Moreno “Cantinflas”, Gary Cooper, Lola Flores, Buster Keaton, Walt Disney… ¡y hasta encontramos una suite llamada Mafia!
En temporada baja (es decir, en Mayo y Junio, que aún no ha entrado el verano, y Septiembre, Octubre y Noviembre, que es cuando Cuba se encuentra en plena temporada de huracanes), puedes encontrar precio tan asequibles como 140 dólares la doble, desayuno incluido, por lo que siempre podrás permitirte el capricho de alojarte aquí al menos un par de noches.

Hoy en día, el Hotel Nacional de Cuba es más que un hotel; es un museo viviente. Declarado Monumento Nacional en 1998, su arquitectura sigue siendo un testimonio de la grandeza de La Habana de los años 30 y 40. Cada rincón del hotel cuenta una historia, desde sus lujosos salones hasta sus túneles subterráneos. A pesar de los desafíos económicos y políticos que enfrenta Cuba, el hotel ha sabido mantenerse como un referente del turismo en la isla. Aunque ya no es el epicentro del lujo desenfrenado ni de los negocios clandestinos, sigue atrayendo a viajeros que buscan experimentar la historia y el encanto de un pasado fascinante.
Curiosidades y secretos del Hotel Nacional
- Los túneles secretos: Construidos durante la Crisis de los Misiles, estos pasadizos subterráneos fueron diseñados para resistir una posible invasión. Hoy en día, los visitantes pueden recorrerlos como parte de un recorrido histórico.
- El misterio de la habitación 211: La leyenda cuenta que aquí vive el fantasma de un cliente que murió en circunstancias misteriosas… ¿te atreverías a dormir aquí?
- El mojito del Hotel Nacional: Su bar es famoso por servir algunos de los mejores mojitos de La Habana, preparados con una receta especial que ha permanecido intacta durante décadas.
- Las visitas de celebridades: Desde la Revolución, el hotel ha hospedado a figuras como Gabriel García Márquez, Diego Maradona y Robert De Niro, todos atraídos por su historia y sus inigualables vistas al Malecón.
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Lizette Martinez
atExcelente artículo. Me encantó