Pros y contras de alojarse en un hostal

Hace poco, en el artícu­lo que escribi­mos de Así se via­ja­ba antes de que existiera inter­net , hablábamos de lo mucho que nos gusta­ba alo­jarnos en hostales. Y no es algo que haya queda­do en el olvi­do, pese a que en muchas oca­siones uti­lizamos los hote­les y las casas par­tic­u­lares de Airbnb, nos sigue encan­tan­do ese aro­ma que despren­den los hostales de toda la vida. Abrir el ojo y que te llegue el olor a café, los desayunos com­par­tidos con descono­ci­dos con los que al final acabas char­lan­do o la hos­pi­tal­i­dad que suele car­ac­teri­zar a los que allí tra­ba­jan son ven­ta­jas a ten­er muy en cuen­ta. Atrás ha queda­do esa idea gen­er­al­iza­da de que los hostales sólo esta­ban des­ti­na­dos a mochileros: aho­ra es habit­u­al cruzarte por los pasil­los con famil­ias con niños pequeños y mat­ri­mo­nios jubi­la­dos. Hay hostales encan­ta­dores que nos han gus­ta­do muchísi­mo más que hote­les de varias estrel­las donde nos hemos alo­ja­do.

Hostal alojamiento

Alo­jarse en un hostal la may­oría de las veces nos ha dado un mon­tón de sat­is­fac­ciones. Son la mejor opción en país­es donde los pre­cios de los hote­les son pro­hibitivos, caso de Dina­mar­ca o Norue­ga, y hemos de recono­cer que la mala fama que pre­cede a muchos hostales la may­or parte de las veces está injus­ti­fi­ca­da. Sin embar­go, supon­go que como todos, tam­bién hemos tenido algu­nas malas expe­ri­en­cias y aquí os las hemos nar­ra­do. Lo bueno de lle­var un blog es que igual que alabas y recomien­das los sitios que mere­cen la pena, no te tiem­bla el pul­so al desacon­se­jar muchos otros que en abso­lu­to valen el dinero que pagas. Y eso que antes de con­tratar cualquier alo­jamien­to, ten­emos la pre­cau­ción de ojear comen­tar­ios pre­vios en difer­entes pági­nas. Pero de este tipo de sor­pre­sas ines­per­adas nadie se sal­va, por lo que ten­er en mente unas cuan­tas recomen­da­ciones antes de decidirte por un hostal nun­ca está de más.

La may­oría de las veces el pre­cio de los hostales suele ser, de media, un 50% menor que los hote­les cer­canos. Pero que un hostal ten­ga pre­cios imbat­i­bles no quiere decir que estos hayan de ir aso­ci­a­dos a una mala cal­i­dad. Ten en cuen­ta tam­bién que a veces lo bara­to sale caro y es obvio que según bajan las tar­i­fas, para­le­la­mente tam­bién lo hacen los ser­vi­cios. No quieras ahor­rar has­ta lo injus­ti­fi­ca­ble ni ajus­tar tan­to el pre­cio que cor­ras el ries­go de encon­trarte con una pocil­ga. Sé coher­ente y muévete den­tro de unas tar­i­fas razon­ables: a veces una can­ti­dad mín­i­ma de cin­co o seis euros de difer­en­cia puede ser un mun­do en lo que a como­di­dad se refiere.

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Puedes encon­trar hostales con muchísi­mo encan­to si sabes bus­car…

¿Habitación común o pri­va­da? Eso ya va a gus­to del con­sum­i­dor pero yo siem­pre pre­fiero gas­tarme un poco más y dormir en una pri­va­da. No porque ten­ga ningún miedo (los hostales son igual de seguros que un hotel, de eso doy fe) sino porque nun­ca sabes los com­pañeros que te pueden tocar. Y es habit­u­al que muchos ven­gan de fies­ta con ganas de char­la a las tres de la madru­ga­da o lo que es peor, que la propia fies­ta la quier­an mon­tar en la habitación sin impor­tar­les que los demás duer­man. Tam­bién hay que con­tar con el tema de la higiene, que no todo el mun­do tiene la bue­na cos­tum­bre de ser tan asea­d­os como nosotros ni ducharse todos los días. Por no hablar de los ron­qui­dos. Y el ter­cer pun­to, y no menos impor­tante, es el de la intim­i­dad. Que te ten­gas que estar metien­do al baño a vestirte es un rol­lo. Y las cosas como son, ten­er baño pro­pio para ti siem­pre te va a garan­ti­zar un may­or niv­el de limpieza. En mi caso la opción está clara: hostal sí pero con habitación y baño pri­va­do.

Algunos hostales (los menos) incluyen desayuno pero en gen­er­al este suele ser bas­tante fru­gal: tostadas, cereales y poco más. A cam­bio podrás con­ver­sar con tus com­pañeros de mesa e inter­cam­biar impre­siones acer­ca de las rutas que haréis ese día, seguro que te sug­ieren algo intere­sante. Algo que es común en algunos hostales es dispon­er de coci­nas comu­ni­tarias. Esto sig­nifi­ca que tú mis­mo te ten­drás que preparar tu pro­pio desayuno (es decir, lo mis­mo que haces en casa) pero a cam­bio desayu­narás o cenarás lo que real­mente te apetez­ca. No olvides pon­er un post-it con tu nom­bre cuan­do guardes tu comi­da en la nev­era (y aún con más moti­vo si es bebi­da, que las cervezas son muy golosas). Sé respetu­oso con los demás: lo que ensu­cies, lo reco­ges. Y tam­bién gen­eroso: si te sobra comi­da, déjala en la nev­era con una nota aclaran­do que es gratis y para uso comu­ni­tario.

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Los hostales son el lugar ide­al para cono­cer a otros via­jeros

La may­or parte de los hostales, pese a sus bajos pre­cios, suele ten­er una buenísi­ma local­ización, cén­tri­ca, cer­cana a los mon­u­men­tos más impor­tantes o al menos próx­i­ma a una para­da de metro o auto­bús que te comu­nique ráp­i­da­mente con los lugares más turís­ti­cos. Podrás per­mi­tirte el lujo de estar bien situ­a­do sin ten­er que pagar pre­cios des­or­bita­dos pero eso sí, con­fir­ma qué tipo de clien­tela es la habit­u­al, que muchas veces los hostales cén­tri­cos tam­bién acos­tum­bran a ser pic­a­deros. Aún recuer­do uno en el que estu­vi­mos hace muchos años, en las Ram­blas de Barcelona, que parecía el set de roda­je de una pelícu­la de Roc­co Siffre­di: el hilo musi­cal eran los gemi­dos que se escapa­ban de las habita­ciones.

En los hostales la aten­ción que se da en recep­ción no tiene nada que envidiar a la de los hote­les: gen­eral­mente te dan un mapa gra­tu­ito de la ciu­dad y sue­len ten­er cupones-des­cuen­to para restau­rantes cer­canos, ya que pre­cisa­mente estos se nutren de los clientes del hostal. Son muchos los hostales que ofre­cen, tam­bién gra­tuita­mente, tours a pie o músi­ca en direc­to por las noches. Muchos de estos hostales son nego­cios famil­iares por lo que es común que la madre atien­da y el padre haga las camas o vicev­er­sa: ten eso en cuen­ta a la hora de hac­er una críti­ca pos­te­ri­or porque esa famil­ia depende por com­ple­to de los suel­dos que vienen del hostal y puedes hac­er­les mucho daño. No te pas­es tam­poco de pun­til­loso que en muchos casos la gente lo hace lo mejor que puede y con el may­or de los car­iños.

El com­par­tir tan­ta cer­canía con tus com­pañeros de hostal tam­bién tiene sus pros y sus con­tras. No sería la primera vez que te ha toca­do pon­er cara de cir­cun­stan­cias porque la pare­ja de al lado esta­ba dis­cutien­do a gri­to pela­do (nun­ca he enten­di­do a esa gente que lava sus tra­pos sucios en públi­co sin ningún tipo de miramien­to), te toca uno de los que habla,habla y habla como una cotor­ra cuan­do a tí no te ha dado tiem­po a quitarte las legañas, el que se va tiran­do pedos por el pasil­lo sin ningún tipo de pudor (sí, sí, este tipo de especímenes existe, nace, crece y se repro­duce) o el que va con su gui­tar­ra car­ga­do a todos sitios y se empeña en deleitarte con sus últi­mas com­posi­ciones.

Pero no nos quedemos con ellos sino con la can­ti­dad de gente ama­bilísi­ma y estu­pen­da que he cono­ci­do en muchos hostales. Sobre todo cuan­do estás en la otra pun­ta del mun­do y de repente escuchas a alguien hablar en castel­lano: parece ser que lo de ser del mis­mo país nos ani­ma a pre­gun­tar al de enfrente cómo le está yen­do el via­je. Tam­bién recomien­do los hostales cuan­do uno via­ja solo: es mucho más fácil rela­cionarte y cono­cer gente nue­va. Hay mucha gente que tam­bién via­ja sola y (te lo digo por expe­ri­en­cia) no es raro que acabes cenan­do algu­na noche con otra per­sona que via­je sin com­pañeros de cuar­to. Lo bueno es que cono­cerás gente de todas las partes del mun­do: en pocos lugares se fun­den tan­tas cul­turas dis­tin­tas como en los hostales. Y no sólo eso: te toparás con muchos via­jeros que te ayu­darán a dar difer­entes enfo­ques a tu pro­pio via­je.

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Si via­jas solo, en un hostal ten­drás más opor­tu­nidades de diver­tirte que en un hotel: está com­pro­ba­do.

Después de todo un día pate­an­do (el podómetro está que hecha humo), lle­gas por la tarde hecha pol­vo y resul­ta que enci­ma se pone a llover. No tienes ganas ni de salir a cenar al restau­rante de enfrente, sólo darte una ducha y pon­erte cómo­da. El hostal te per­mite no ten­er que recluirte en tu habitación. Casi siem­pre hay una estantería has­ta arri­ba de jue­gos de mesa, muchas noches se proyectan pelícu­las, el café y el té es gra­tu­ito y en muchos casos cuen­tas con una mini-bib­liote­ca que ha ido cre­cien­do a base de los libros que iban donan­do los hués­pedes: no es raro que puedas tomar presta­da algu­na guía de la ciu­dad. Has­ta hay hostales que les gus­ta ir más allá y ten­er detalles con sus clientes tales como ofre­cer clases gra­tu­itas de un mon­tón de activi­dades, des­de idiomas a man­u­al­i­dades. Yo una vez estuve en un hostal en el que has­ta enseña­ban lengua­je de sig­nos para sor­dos: qué boni­ta ini­cia­ti­va.

Que en el hostal se esté tan a gus­to impli­ca que hay un tipo de via­jero, bas­tante pecu­liar, que nun­ca sale de allí. A cualquier hora del día que pas­es, ahí que te lo encuen­tras. Que digo yo que para eso mejor te quedas en casa ¿no? De este tipo de huésped siem­pre hay tres o cua­tro ejem­plares en cualquier buen hostal que se pre­cie. Los dueños optan con mirar­les con indifer­en­cia, como si fuer­an una pieza más del mobil­iario. Gen­eral­mente no son nocivos para el resto de clientes, sim­ple­mente están ahí, perennes, como la lám­para de la esquina.

Si antigua­mente los hostales no con­ta­ban con ningún tipo de extras, en los últi­mos tiem­pos se han mod­ern­iza­do muchísi­mo. Wifi gra­tu­ito, tele­visión den­tro de las habita­ciones, pisci­na, bar­ba­coa… depen­di­en­do de donde te hos­pedes, podrás dis­fru­tar de un mon­tón de opciones. En muchos hostales los ser­vi­cios de pago son más baratos que en los hote­les, los de lavan­dería o alquil­er de bici­cle­tas, sin ir más lejos. Otros a veces no están inclu­i­dos, como el que te limpi­en la habitación. Algunos hostales ofre­cen tam­bién ges­tionar excur­siones, com­prar bil­letes de avión o de tren o asi­s­tir a espec­tácu­los: ojea dichas ofer­tas porque sue­len ser bas­tante intere­santes.

Al igual que harías al ir a un hotel, ver­i­fi­ca que la entra­da (el check-in) no sea muy tardía ni la sal­i­da (el check-out) demasi­a­do tem­prana. En cualquier caso, casi todos los hostales tienen una consigna donde te guardarán tu equipa­je sin cobrarte un duro: mi con­se­jo es que con­firmes que te den una ficha o papel que iden­ti­fique tu male­ta para que no pue­da coger­la cualquiera y que la consigna se cier­ra con llave. Para estar más seguro, pon un can­da­do a tu equipa­je, aunque lo recomend­able es que si llevas algo de val­or, como dis­pos­i­tivos elec­tróni­cos, mejor los lleves con­ti­go.

Si es recomend­able echar can­da­dos, tam­poco sobran unos tapones para los oídos. Créeme, en los hostales me ha toca­do usar­los algu­na vez. Hay mucha gente a la que le impor­ta poco ir andan­do con tacones por los pasil­los o pegan­do gri­tos a las tan­tas de la noche: esta es una de las desven­ta­jas, el rui­do. Luego tam­bién depende de lo rec­tos que sean los dueños con este tema, que tam­bién (por suerte) he vis­to a muchos de ellos pon­erse serios con los hués­pedes que monta­ban escán­da­lo. En cualquier caso, si ves que la fies­ta se va de madre y no hay quien duer­ma, no dudes primero en dar un toque a los pachangueros (muchas veces con bue­nas pal­abras se solu­ciona todo) y si no hacen caso, te vas a que­jar a recep­ción. El hostal es el primer intere­sa­do en que el cliente se vaya sat­is­fe­cho.

Alo­jarse en cualquier cade­na de hote­les puede ser más cómo­do pero al final es cier­to que en muchos casos son todos clones unos de otros. Sin embar­go, la may­oría de los hostales tienen per­son­al­i­dad propia y a los dueños les encan­ta dejar su toque per­son­al en las habita­ciones. No caig­amos en el error de creer que el pro­totipo de hostal es ese con dece­nas de lit­eras amon­ton­adas como en los bar­ra­cones mil­itares; hay hostales ver­dadera­mente pre­ciosos que cumplen con cre­ces el cometi­do para el que fueron crea­d­os: hac­erte sen­tir como en casa.


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4 Comments

  1. ME ENCANTA!!!! Un post pre­cioso😍 😍❤️❣️❤️❣️😘 Muy feliz dia mi niña 😘😘😘😍😍

  2. Muy buen post! Yo lle­vo dos meses de hostales y la ver­dad que estoy empezan­do a echar de menos mi casa… Jaja­ja pero tiene su encan­to! Yo tam­bién pre­fiero habitación indi­vid­ual y baño pro­pio… La ver­dad que soy un poco escrupu­losa, pero esta vez estoy com­par­tien­do, es un poco un reto per­son­al que me he prop­uesto, ya que la fal­ta fe higiene tam­bién la encuen­tras en la calle, sobreto­do cuan­do via­jas. Los pre­cios están de lujo, la ver­dad que dormir en hostales puede hac­er que alargues el via­je con todo lo que ahor­ras. Tam­bién es cier­to la de gente que cono­ces, de hecho, mucha gente con la que he com­par­tido mi via­je, ha sido gra­cias al hostal. En resumen, me que­do con hostal siem­pre, a no ser que ten­ga que quedarme por un tiem­po largo en un sitio (ahí si miraría algo más cómo­do e ínti­mo).

  3. Los hostales tienen un encan­to espe­cial y te per­miten cono­cer mucha gente intere­sante. Y como bien dices, te per­miten ahor­rar y esti­rar los días 😉

  4. Reblogueó esto en HOTELERIA PAGGUS.

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