Burdeos

 

Burdeos, esa preciosa ciudad que conocí por primera vez hace muchísimos años y a la que aún tenía pendiente dedicar un buen artículo. La quinta ciudad más importante de Francia y pese a ello, no una urbe excesivamente grande, ideal para gastar un fin de semana viendo lo cerquita que coge de España. Mundialmente conocida por la calidad de sus vinos, de los que también hablaremos en este reportaje, es una ciudad a la que desde Madrid fácilmente se puede llegar en coche (685 kilómetros nos separan, siete horas de trayecto), en tren (10 horas, unos 150 euros ida y vuelta) o en avión (trayectos combinados con Volotea e Iberia por unos 80 euros ida y vuelta). Desde el aeropuerto Bordeaux Merignac, la línea de autobuses Liane I te deja en el centro de la ciudad por sólo un euro y medio, bastante más barato que los 7 euros que te cobra el autobús express.

Capital del departamento de Gironde, perteneciente a la región de Aquitania, es curioso que Burdeos no esté considerada como uno de los lugares más turísticos de Francia, pese a que en el 2015 fue elegida uno de los destinos más atractivos del mundo. De ella, conocida como Puerto de la Luna, el escritor Víctor Hugo decía que era “una maravillosa mezcla entre Amberes y Versalles” y su centro histórico, que ocupa casi la mitad de Burdeos, es tan bonito que se le concedió el título de Patrimonio de la Humanidad. Pero Burdeos también es famosa por su diversidad étnica, su filosofía del “vive y deja vivir” y su tolerancia: a nadie parece importarle la raza, las creencias religiosas o la orientación sexual del vecino. Sus habitantes dicen vivir en una “pequeña París” y la rivalidad sana entre ambas ciudades es un hecho que lejos de separarlas, ha logrado traer a Burdeos los aires cosmopolitas parisinos.

Lo bueno de Burdeos, la moderna Burdigala, es que al contrario que otros sitios del interior de Francia, donde en invierno hace un frío que pela, cuenta con un benigno clima oceánico que la hacen visitable en cualquier época del año. Quizás sea mejor evitar Julio y Agosto, cuando se suelen rondar los 40 grados y el factor humedad puede sumar bastante incomodidad al viaje, y decantarnos por la primavera y el otoño, cuando además las tarifas hoteleras son más asequibles. Por poneros un ejemplo, en el mes de Noviembre hoteles bastante céntricos como el Ibis Budget, el Coeur de Bastide o el Ténéo cobran menos de 60 euros por la habitación doble. Volvemos a insistiros, como ya hicimos en el artículo Poitiers: una entrañable sorpresa al oeste de Francia , en lo de que Francia no es nada cara si se viaja fuera de temporada alta, a excepción de París, claro está, cuyos hoteles cobran un dineral en cualquier época del año.

Burdeos

Y una recomendación para el que busque una propuesta de alojamiento diferente (¡y gratuita!): Les Refuges Périurbains son unas curiosas estructuras de madera, obra del arquitecto Yvan Detraz y situadas a las afueras de la ciudad, en las que puedes dormir sin pagar un duro durante sólo una noche y donde la única pega es que no hay agua corriente ni electricidad. Debes llevar además tus propias sábanas pero es una forma cuanto menos original de descubrir Burdeos desde una perspectiva diferente.

Antes de comenzar a desgranar Burdeos, te recordamos que, como muchas otras ciudades, la Oficina de Turismo pone a disposición de los visitantes una City Pass válida para 24, 48 o 72 horas (29 euros / 39 euros / 43 euros) y que da acceso ilimitado a tranvías, autobuses, más de 20 museos, La Cité du Vin y descuentos en cruceros, visitas a bodegas y diferentes actividades. Si llegas a Burdeos en coche, recomendamos olvidarte de él y dedicarte a caminar ya que es bastante complicado aparcar. El centro histórico se puede recorrer perfectamente andando y muchas de las calles son peatonales. Si aún así quieres usar los tranvías y no te compensa comprar la City Pass, las líneas A, B y C de tranvía cobran 1,50 euros por billete y este te permite viajes ilimitados durante una hora. Otros muchos turistas, aprovechando que la ciudad cuenta con muchos carriles-bici, optan por alquilar bicicletas: cuestan sólo un euro y medio al día.

Los vinos de Burdeos, que han dado fama a la ciudad a nivel mundial y se elaboran en más de 9.000 bodegas, son tan importantes para el desarrollo económico de Burdeos (y también para el turismo) que se ha creado La Cité du Vin (La Ciudad del Vino), un gigantesco espacio, con forma de decantador, al que se conoce como el Guggenheim del vino y que costó construir casi cien millones de euros. Con una extensión de más de trece kilómetros cuadrados en el que se ofrecen visitas guiadas (aunque también se puede recorrer por libre), la entrada cuesta veinte euros y de esta forma se nos permitirá descubrir el pasado, presente y futuro de una de las regiones vinícolas más importantes del mundo. En el museo se puede elegir entre más de 800 variedades de vino diferentes: la botella más cara cuesta 2.500 euros.

Teniendo en cuenta que Burdeos cuenta en su haber con 57 denominaciones de origen y produce más de 700 millones de botellas al año (cuatro mil millones de euros anuales), entendemos que era más que necesario un espacio dedicado al vino, tanto para expertos como para los que no lo son. Si aún no te has atrevido con los vinos de Burdeos, qué mejor lugar para tu primera cata en este curioso museo a orillas del río Garona, con unas estupendas vistas panorámicas de la ciudad.

Vinos de Burdeos

No obstante, hay otro pequeño museo dedicado al vino, el Musée du Vin et du Négoce, ubicado en un edificio antiquísimo en el distrito de Chartrons. Chartrons ha pasado de ser un vecindario de almacenes semi abandonados y antiguas mansiones a uno de los barrios más trendies de Burdeos, con boutiques y tiendas gourmet a lo largo de la rue Notre Dame y hogar del Museo de Arte Contemporáneo. Los fines de semana se celebra un animado mercadillo al aire libre. En Chartrons también está el Jardín Público, ideal para pasear en días soleados.

En cualquier caso (era previsible) Burdeos está plagado de bares donde probar los vinos locales, lo difícil es decantarse por uno solo. Ahora entenderás por qué, aparte del problema del aparcamiento, te recomendamos olvidarte del coche: vas a tomarte unas cuantas copas así que recuerda este lema ¡si bebes, no conduzcas! Las copas, dependiendo de donde decidas tomártelas y la calidad del vino escogido, suelen tener un precio de entre dos y ocho euros. Algunos de los bares más recomendados son Vins Urbains, Les Chantiers de la Garonne (situado en un viejo astillero remodelado para la ocasión), La Ligne Rouge y Le Millésime.

¿Que aún no has tenido suficiente vino? Entonces acércate a la Oficina de Turismo ya que se ofrecen infinidad de tours (a partir de unos 35 euros) por las bodegas cercanas, los chateaus: lo curioso de Burdeos es que los viñedos se hallan a un paso del centro urbano. No sólo te mostrarán las entrañas de las bodegas sino que además te darán a probar sus sabrosos vinos y si te coincide la época, hasta podrás ver con tus propios ojos el proceso de la vendimia, cuando miles de trabajadores, muchos de ellos portugueses y rumanos, vienen a estos campos a recoger la uva. Algunas de las bodegas mejor reputadas son Medoc y Saint Emilion; estos chateaus (palacetes) en algunas ocasiones también ejercen como hoteles y salones de bodas. También tienes la opción de hacer un crucero por el río mientras participas en una cata, los precios rondan los veinte euros por un crucero de hora y media. Después de todas estas propuestas, lo raro es que vuelvas al hotel derecho y sin hacer eses.

Dejamos atrás las catas (o puedes reservarlas para el final y antes patearte la ciudad, opción quizás más recomendable) y nos vamos a descubrir algunos de los rincones más bonitos de Burdeos…

Place de la Bourse: El corazón de Burdeos, su plaza más importante, la Plaza de la Bolsa. En su centro, la Fuente de las Tres Gracias. No os perdáis los mascarones de los edificios cercanos, esas grotescas caras de piedra que a veces pasan desapercibidas para los turistas: a mí me encantaron. Aquí se encuentra el espejo de agua más grande del mundo (más de tres kilómetros cuadrados); especialmente en verano, son muchos los niños que corretean entre sus chorros de agua y niebla. No nos extraña que sea el lugar más fotografiado de Burdeos.

Place de la Bourse Burdeos

Place de la Victoire: La Plaza de la Victoria, cuyas esculturas de tortugas son de las más solicitadas para fotografiarse, no es sólo de las más animadas de la ciudad sino también uno de los mejores lugares para venir a comer y tomarse una copa. Frecuentada por locales, turistas y sobre todo estudiantes, es habitual que sirva como sede de conciertos y actos culturales. Destaca la Puerta de Aquitania con su frontón con dioses marinos. Burdeos conserva otras cinco puertas, pertenecientes a las antiguas murallas: la de San Eloy (la más antigua), la de Cailhau (la más bonita y bajo la que accedían las familias más importantes), la puerta Dijeaux, la de Borgoña y la puerta de la Moneda.

Monumento a los Girondinos: Otro de los lugares más fotografiados de Burdeos. Y es comprensible: la escultura es magnífica. Los girondinos, los diputados del departamento de la Gironda, fueron uno de los grupos políticos que más activamente influyeron en el desarrollo de la Revolución Francesa. Sin embargo, fueron injustamente acusados por los jacobinos de traición a la República y una veintena de sus miembros fueron condenados a morir en la guillotina. Hoy la ciudad les recuerda con un monumento francamente excepcional en la Place des Quinconces, la más grande de Francia.

Monumento Girondinos Burdeos

Gran Teatro de Burdeos: Uno de los más bonitos de Europa, coronado por doce estatuas que representan a las musas. En él se inspiró Garnier para construir la Ópera de París. La sala principal tiene capacidad para más de mil espectadores y destaca su espectacular cúpula. El Gran Teatro llegó a ser sede del Parlamento ya que durante un breve periodo de tiempo, durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial, Burdeos pasó a convertirse en la capital de Francia ante el temor de que París cayera en manos enemigas.

Pont Pierre: El puente de Piedra, construido bajo orden de Napoleón, es el más antiguo de Burdeos, durante siglo y medio fue la única vía de comunicación entre ambas orillas del río. Por la noche, cuando se iluminan sus arcos, es cuando luce más bonito.

Pont Pierre Burdeos

Galerie Bordelaise: Al igual que en París, del que nos fascinan sus elegantes galerías, en Burdeos pervive esta galería señorial que aunque no es demasiado extensa, conserva impecablemente el encanto de antaño.

Mercado de los Capuchinos: Abre de martes a domingo y es uno de los mejores lugares para venir a comer, especialmente para probar queso: los franceses tienen más de mil variedades distintas de queso.

Torre de Grosse Cloche: Se la conoce como la Gran Campana y es el campanario más antiguo de Francia. En tiempos pasados se usó también como cárcel; se puede visitar por dentro pero con guía. Podrás entrar en las viejas celdas, que ejercieron como tales hasta el siglo XVIII. La campana más grande de Francia, con ocho mil kilos de peso, sólo suena cinco veces al año.

Torre de Grosse Cloche Burdeos

Rue Sainte Catherine: Es la calle comercial más larga de Europa, con tres kilómetros de longitud, y una de las más antiguas de Burdeos.

Estatua de el León de Burdeos: Representa a Ricardo Corazón de León, hijo de Eleanor de Aquitania.

Muelles: Casi siete kilómetros de paseo en lo que fue el puerto más importante de Europa gracias al tráfico de esclavos, práctica que  por fortuna acabó desapareciendo. Lo recomendable es venir los domingos, cuando se llenan de puestos y podrás probar las deliciosas brochetas de pescado y los canelés, esos riquísimos bizcochos tan típicos de Burdeos. Otros platos que no te puedes ir sin probar son el poule au pot (pollo relleno de legumbres), la sopa de Tourin, las coles a la bordelesa y la ensalada de las Landas.

Catedral de San Andrés: Forma parte del Camino de Santiago y está considerada una de las iglesias más bonitas del este de Francia.

Triángulo de Oro: Burdeos es una ciudad muy burguesa (bastante pija, para que nos entendamos) y cuenta con su particular Triángulo de Oro, donde se agrupan las tiendas más caras. Probablemente no te podrás permitir comprar nada pero es una zona muy bonita para pasear.

Barrio de Saint Michel: Construido alrededor de la basílica del mismo nombre, antiguamente era donde vivían los españoles, hasta que en los años 70 comenzaron a llegar inmigrantes de otros países. Los fines de semana se hace un mercado callejero de comida, principalmente fruta, verduras y queso. Hay un montón de restaurantes étnicos, principalmente hindúes y africanos.

Palacio Rohan: O lo que es lo mismo, el Ayuntamiento. Un edificio del siglo XVIII que en el pasado fue sede del arzobispado.

Tour de Goya por Burdeos: Como ya os comenté en el artículo 10 cuadros que me fascinan del Museo del Prado , Goya es uno de mis pintores favoritos. Y también uno de los personajes más queridos de la ciudad, ya que murió aquí en el año 1828. Su figura es tan importante que el propio Instituto Cervantes (la sede está precisamente en la última residencia de Goya en Cours de l’intendance) organiza visitas guiadas para recorrer los rincones que presenciaron los últimos años de su vida pero nosotros os damos las claves para que sigáis el itinerario por vuestra cuenta. Vivió en el número 38 de Le Cours Georges Clemenceau, le gustaba ir a tomar chocolate caliente al salón Ailleurs a Bordeaux y la estatua en su honor, réplica de la que se encuentra frente al Museo del Prado, podemos encontrarla junto a la iglesia de Notre Dame. También hay una calle con su nombre y en el cementerio La Chartreuse hay un cenotafio rindiéndole homenaje (Goya se encuentra enterrado en la madrileña ermita de San Antonio de la Florida aunque falta su cráneo, que se perdió durante un enterramiento anterior en Burdeos).

A sólo 70 kilómetros de Burdeos se encuentra la Duna de Pilat, la más alta y la más grande de Europa: más de cien metros de altura, tres kilómetros de largo y 600 metros de ancho. Es el monumento natural más conocido de Francia y el lugar más visitado de Aquitania, con un millón y medio de visitas al año. Quién iba a decir que en Francia te ibas a sentir en mitad del desierto. Podemos completar la excursión acercándonos a la bahía de Arcachon, famosa por sus playas larguísimas, sus casas señoriales y su producto más típico: las ostras. Y no, no son caras: puedes comerte una docena por apenas cinco euros, mucho menos de lo que cuestan en España. Lo recomendable es acompañarlas con pan y mantequilla y una copa de vino blanco.

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